Hola! Curly está aquí después de tanto tiempo!

Antes que nada, quiero aclarar que el cosplay está en camino, lo juro xD.

Y ahora, a agradecer todos los favoritos, followers y reviews. Parece que el magic trio y las italias ha sido lo que más ha triunfado.

Zomi-Nozi: Ooooh! Ya decía yo que los nombres eran parecidos... ¡Una amenaza menos por el momento! ¡Bien! Pronto llegará el momento de entrar a la acción...¡Gracias por el review!

DemonBlackStar: ¡Gracias por el review! Ooooh! una gran fan de Romanía! Me alegra que hayas tenido un momento feliz con eso xD. ¡Disfruta de este capítulo!

Damista: Bueno, parece que vas por el capítulo 12 y las amenazas aún no han llegado. Bien para nosotras, por el momento. ¡Esperamos que sigas disfrutando del fanfic!

XeliaNoctus: La verdad, las Italias dan un poco de miedo en ese estado, a saber que son capaces de hacer... Oooh alguien que se ha fijado en la música! Qué le habrá ocurrido a Prusia? Es aglo que aún no podemos responder... ¡Esperemos que este capítulo te ayude con la depresión y gracias por el review!

tamy-lovi: ¡Gracias por el review! Me parece que después de todo lo ocurrido en los capítulos anteriores y las amenazas, ya nos podemos considerar oficialmente malvadas (Rena: ¡Habla por ti!) ¿Y quien será esa chica...?

Luka-Lin: No sé si tomármelo como una amenaza o no... Pero ya era raro que en este capítulo no apareciera ninguna xD. ¡Otra fan del magic trio por aquí! ¡Gracias por el review!

Saiai-Kirkland: ¡Perdón por la espera! Pero teníamos varios puntos que teníamos que acabar de decidir para esta segunda parte... En todo caso ¡Gracias por el review! y quién será...?

Hitori-chan: ¡Gracias por el review! Aunque me extraña que habiéndote leído la primera parte no sea una amenaza xD. Y si, las Italias por fin demuestran su valía!

Y ahora, sin más demora, el capítulo de la semana!


THE LAST LIFE CAPÍTULO 02

-Inglaterra, tengo órdenes de mi superior. Necesito que vengas conmigo a cierto lugar

-¿A dónde?

-Decirlo ahora no te proporcionará ninguna información sobre mí, si es lo que pretendes-le contestó dejando a Inglaterra sin posibilidad de respuesta- Depende de ti. Puedes considerarnos o no tus enemigos pero… Nosotros también queremos acabar con ese ejército.

Ella hizo una pausa la cual Inglaterra no rompió. Dio por hecho que la nación se negaría a ir con ella y, haciendo una mirada algo decaída, indicó, sin palabras, a sus acompañantes que era hora de retirarse. Noruega y Romania lo entendieron al acto y empezaron a avanzar por el patio de la casa camino a la salida. Ella tardó algo más de tiempo, un par de segundos más, pero al igual que los otros dos también empezó a caminar hacia la salida.

Aquello era muy raro ¿Qué necesidad había de tirar la puerta al suelo si después se iba a ir sin insistir un poco más? Dijo que eran ordenes ¿No es así? Además… ¿Por qué Noruega y Romania la acompañaban? Aquella desconocida…

-¡Espera!-dijo el inglés-.

Ella volteó y lo miró algo sorprendida. No dijo nada, espero a él hablase primero y, al parecer, a él también le costaba tratar con alguien tan especial como ella lo parecía.

-¿Qué eres exactamente?

-El comentario es ofensivo-suspiró- Humana. No soy un país como vosotros.

-¿Y de verdad quieres meterte en esta guerra?-preguntó-.

-¿Qué razón tendría para no hacerlo?

-Si naciones han perdido la vida en esta guerra-la miró- Los humanos, que aún sois más frágiles

Ella se lo miró un par de segundos y, contra la respuesta que Inglaterra se esperaba, esbozó una sonrisa en su rostro.

-¿No me estas subestimando un poco?-preguntó como retándolo a ver su aguante- No te dejes engañar por las apariencias. De allí de donde vengo, eso no funciona.

-¿De dónde vienes?

-Acompáñame y lo sabrás-Inglaterra bajó la cabeza como negándose por segunda a vez a ir con ella- Aparte de mi hay otro miembro que está reclutando a ciertas personas… o sería más correcto decir, naciones.

-¡¿A quiénes?!-preguntó Inglaterra sobresaltado por la noticia-.

Ella se lo miró fijamente. No contestó pero Inglaterra rápidamente dedujo que ella no se lo diría. Tampoco le diría ella quien era o donde se dirigía junto con Noruega y Romania.

-¿Qué es lo que quieres?

-De nuevo-suspiró aburrida y, como si de nada se tratase, de una pequeña cinta que tenía atada en la pierna, sacó un cuchillo- Vas a obligarme a usar la fuerza, Inglaterra. Y yo que pensaba que la con la psicología inversa bastaría para que me acompañases.

Rápidamente el inglés se puso en guardia. Aquella chica empezaba a darle muy mala espina… ¡¿Y si ella fuese…?!

-¡Romania, Noruega ella es…!

No pudo terminar la frase. Si lo hacía, se arriesgaba a que aquel cuchillo cruzase su garganta. En efecto, en el tiempo que él tardó en parpadear, aquella chica se colocó detrás suyo e incluso tuvo tiempo a ponerle el cuchillo delante de su cuello.

Inglaterra no salía de su asombro ¡¿Quién era ella?! ¡¿Qué es lo que quería?!

-O-Oye…-murmuró Romania algo asustado por la violencia reacción de la joven-.

-No os preocupéis. Como es obvio no voy a decapitarlo-sonrió de forma escalofriante recordando aquellas sonrisas tenebrosas que Rusia hacía en ocasiones- Sin embargo… Me ha ofendido que me tomases por un enemigo

Inglaterra tragó en seco.

-Yo no soy tu enemigo pero parece que no quieres aceptar eso ¿Acaso quieres ser realmente mi enemigo?

-Hasta que no sepa quién eres no dejaré de desconfiar de ti-sentenció el inglés-.

-Muy bien-aceptó tranquilamente mientras retiraba su arma del cuello de Inglaterra- No puedo revelarte nada, por ahora. Si quieres saberlo tendrás que venir.

-Eres tozuda

-He aprendido del mejor-contestó ella con una media sonrisa-.

Inglaterra alzó una ceja y miró a las otras dos naciones.

-Está bien, aceptó… Iré con vosotros-cedió-.

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Catalunya hacía un buen rato que se paseaba por la sala mirando un mapa de Grecia tranquilamente y marcando los que serían los siguientes objetivos del ejército italiano. No lo había decidido él, sino los dos hermanos que ahora se encontraban un piso más abajo descansando mientras él le tocaba hacer todo el papeleo.

Debería haberme quedado con Francia en el Oeste de Europa, allí sería más útil.

Pero tal como eso vino a su mente, procuró borrarlo lo más rápidamente que pudo. Él y Grecia eran las únicas naciones que estaban en esa zona del Mediterráneo, y el griego no sabía como detener a las Italias en caso de que cruzaran algún límite, como ya había visto ocurrir en el pasado con Romano. Ese día había pensado que iba a matarle de verdad y había entendido el porqué Roma había educado a sus nietos de esa forma.

Cuando acabó con el mapa, se sentó en una silla y se puso a rellenar papeles con pereza. Si al menos tuviera algo de música de fondo…

El sonido de la puerta abriéndose y cerrándose un momento después, interrumpió su trabajo y alzó la cabeza, para encontrarse con un general italiano.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Catalunya.

Tenía que haber pasado algo, pues normalmente, la gente no se acercaba mucho a las naciones, ya que para los humanos eran algo distinto. Algunos los veían como herramientas, otros los miraban como si fuesen alienígenas, pero la mayoría los consideraban la máquina perfecta que tenía que solucionarlos todos los problemas y por eso, siempre les echaban las culpas cuando las cosas iban mal. Muchos, desconfiaban de ellos también y eso sucedía especialmente en el ejército y el gobierno.

El general asintió.

- Vengo a informar que hemos recuperado dos aldeas.

- Bien hecho – dijo Catalunya -. ¿Sabemos algo del origen del ejército desconocido?

- Nada, por el momento – respondió el general.

- Llevo oyendo la misma respuesta desde que la maldita guerra empezó – dijo Catalunya -. Algo se nos escapa.

- De la misma forma que a nosotros se nos escapan cosas sobre ti.

Catalunya lo miró sorprendido.

- ¿De mí?

- Alguien que tuvo a Romano tanto tiempo bajo su cuidado…- dijo el general -. Probablemente usted e Italia sean las únicas personas que le conocen más, pero sin duda, tú eres más capaz de sacar lo que quieras de él. Hasta ahora, te hemos ignorado porque no eras ni un país – dijo -. Dime Catalunya ¿Qué estás planeando?

Ante eso, le siguieron unos segundo de suspenso, para que luego el catalán estallara a carcajadas sinceras. A veces, la guerra volvía tan paranoicos a la gente.

- ¿Por qué desconfías de mí? – dijo Catalunya -. Ahora mismo soy uno de los países más amenazados de Europa. ¿No puedo decir que simplemente hago lo que hago por defenderme?

El general lo siguió mirando de forma desconfiada y no respondió.

- En serio, soy de fiar – se defendió -. ¿O es que acaso no os he conseguido las dos personas más peligrosas para una guerra? – dijo refiriéndose a los dos italianos.

EL general sacudió la cabeza.

- Son peligrosos – dijo -. En cualquier momento podrían perder el control y…

- Sé muy bien que puede pasar general – dijo -. Y créeme, no es una situación tan difícil de manejar una vez lo has vivido un par de veces – no quiso seguir la conversación -. Puede retirarse.

El general asintió y salió por la puerta.

Catalunya, cansado, lanzó el bolígrafo que tenía en su mano en la mesa y miró por la ventana. Había dicho una mentira, pues no era nada sencillo controlar a esos dos hermanos cuando se ponían de esa forma, pero tenían que seguir así, sino, perderían la guerra.

De repente, oyó ruidos de disparos en el piso debajo de sus pies y salió de la habitación rápidamente.

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Italia acabó de limpiar la pistola que Alemania le había regalado tiempo atrás. El día en que le había asegurado que no iba a ocurrir nada, cuando aún no había guerra y la muerte de una nación parecía una cosa imposible. Pero ahora las cosas habían cambiado radicalmente. No solo con el hecho de que se encontraban tan en peligro como los humanos, sino que también con las naciones: ahora eran ellos los líderes de Europa.

Después de que Alemania cayera en coma, Francia y Suiza intentaron hacerse cargo de la situación desesperadamente, pues pocos días después, Inglaterra cayó en la locura y no podían contar con él. Canadá tampoco era mucho de ayuda, algunos lugares del sur de su país se había visto afectado por la radiación de las bombas y eso le había afectado bastante. Si no hubiera sido por las alianzas, en esos días los hubieran eliminado a todos.

Pero entonces, Romano e Italia empezaron a mover su ejército desoyendo las sugerencias del resto de europeos y ganaron varias batallas. En poco menos de dos semanas, habían ocupado el lugar de los que no se encontraban disponibles para luchar.

Pero, a pesar de todo, la pena de haber perdido a sus parejas no desaparecía y la venganza parecía ser la única cosa que les calmaba el dolor y a Italia, esa pequeña esperanza que se produjera un milagro y Alemania se despertara bien, aunque sabía que era prácticamente imposible.

Acabó de limpiar y se guardó la pistola escondida en su chaqueta. En el otro lado, llevaba otra. Hacía poco, había descubierto lo fácil que le resultaba apuntar bien.

Al otro lado de la sala, se encontraba Romano bebiendo un poco de vino, sin decir nada, con una mirada oscura, mientras planeaba con la mente donde deberían atacar después.

Alguien llamó a la puerta.

- Adelante – dijo el mayor de los italianos con una voz tranquila

- Con permiso – dijo una voz femenina.

Delante suyo, había una chica joven, con el uniforme italiano y el pelo recogido en una cola alta. Romano la miró de forma sospechosa.

- ¿Qué quieres? – dijo Romano con voz desconfiada.

Italia desvió su mirada hacia la conversación y enseguida se dio cuenta de lo mismo que Romano. Llevó una mano dentro de su chaqueta.

- Quería hablar con vosotros dos – dijo -. Vengo a haceros una propuesta.

Entonces, Italia agarró con fuerza una de sus pistolas, al tiempo que Romano cogía la arma que tenía más a mano, que resultó ser un cuchillo para abrir cartas bastante afilado.

La persona que acababa de entrar en la sala no era una nación, sin ninguna duda, la conocerían, ni tampoco italiana, su forma de hablar la había delatado, ni ningún soldado que hubieran visto antes en el campamento y mucho menos alguien que estuviera autorizado a acercárseles.

- ¿Quién demonios eres? – preguntó Italia.

La chica puso cara de fastidio.

- No jodas que es tan fácil descubrirme – dijo tranquilamente mientras alzaba las manos -. Está bien, está bien. Me rindo – dijo -. ¿Ha sido por el acento verdad? – al no obtener respuesta, siguió hablando -. No soy una enemiga, en serio, solo quiero hablar con vosotros.

- Eso es difícil de creer teniendo en cuenta que llevas nuestro uniforme cuando no lo eres – dijo Romano.

La chica puso cara de asco.

- Créeme, si fuera por mí llevaría una cosa más cómoda – dijo -. ¿Cómo podéis enviar a los soldados a luchar con esto? Rendirían más si…

No acabó la frase, pues Italia disparó dos veces a la pared del fondo.

- No cambies de tema – dijo.

- De acuerdo – dijo ella, aunque no parecía muy preocupada -. Vengo a ofreceros un trato mientras mi compañera lo está ofreciendo a otras naciones.

- ¿Qué tipo de trato? - dijo Romano.

- Uno que por el momento no puedo contaros – dijo -. Pero que puede ayudaros a vengaros.

Eso hizo que los dos hermanos se empezaran a interesar.

- ¿Y por qué me tengo que fiar de ti? – dijo Romano.

- Vamos a ver… - dijo ella -. Nada. Simplemente he entrado en una sala donde hay dos hermanos medio pirados, sin armas y con el uniforme más incómodo que se ha hecho nunca, sabiendo que iban a sospechar de mí y quizás me intentaran matar. Solo me ha faltado gritar ¡Gerónimo! cuando he abierto la puerta. Pues sí, yendo tan segura hacia un suicidio como este, diría que soy de fiar.

Aunque Italia tenía ganas de pegarle un tiro, pero se contuvo al ver que no podía contrarrestar ese argumento.

- Ahora – dijo ella -. ¿Podéis bajar esas armas? Me están incomodando un poco…

Ambos se miraron y Romano asintió y se relajaron.

- Gracias – dijo -. Para el plan tendré que llevaros ante el escandaloso de mi jefe, del cual no puedo deciros el nombre, a nuestra base que no puedo deciros donde está…¿Sabéis que? Mejor olvidad lo que he dicho y me seguís.

- ¿Qué pasa aquí?

Catalunya acababa de entrar por la puerta.

- ¿Quién es ella?

- I l'altre que arriba tard… - dijo la chica en un perfecto catalán.

- ¿Es cosa tuya? – dijo Romano cabreado.

- ¿Quién demonios es? – preguntó Catalunya alarmado.

- No tengo nada que ver con él – aclaró la chica -. Pero como me ha visto, tendrá que venir si decidís acompañarme.

Los dos hermanos se volvieron a mirar, y casi como si lo decidieran telepáticamente, Romano dijo:

- Te acompañamos – Italia lo volvió a confirmar asintiendo con la cabeza.

- ¿Qué está pasando aquí…? – dijo Catalunya sin entender nada, a lo que la chica respondió con una sonrisa burlona.

- Entonces coged algunas cosas y nos vamos – dijo –- Voy a buscar mis cosas y os recojo en un rato. ¡Allons-y!

Entonces salió por la puerta dejando atrás a un perplejo Catalunya y a dos indiferentes Italias.

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Inglaterra miró a su alrededor. Después de estar un par días yendo de un transporte a otro, en los que la chica de pelo oscuro que los acompañaba había intentado desorientarlos, anunció que por fin llegaban a su destino después de cuatro horas de caminata por algún lugar de Europa. Lo había conseguido, no tenía ni la más remota idea de donde se encontraban. Solo podía afirmar que en un país cuya nación aún seguía con vida.

Apenas habían hablado unos con los otros durante el viaje, a pesar de los vagos intentos por parte de ella y Romania de empezar una conversación, pero había sido inútil. Noruega y él no estaban por hablar de ninguna trivialidad, Romania tenía demasiadas preguntas y la chica no quería contestarlas. Así que al final, solo conversaban cuando era estrictamente necesario.

Ahora, se encontraban cruzando un bosque en medio de unas montañas, a kilómetros del pueblo más cercano.

- ¡Por fin hemos llegado! – proclamó la chica con alegría en su voz.

Inglaterra alzó la cabeza para ver lo que tenía al delante.

Pero quedó decepcionado al ver que solo era una valla de metal, posiblemente con corriente para que ningún animal y menos alguna persona pudiera atravesarla. Más allá de ella, solo seguía bosque y más bosque hasta donde él alcanzaba a ver.

Rodearon la valla durante media hora más, hasta que llegaron a una puerta hecha del mismo material, donde había unas pesadas cadenas que, junto a un candado de extraña forma, la cerraban. Pero eso no fue lo que le llamó la atención.

Fue el pesado cartel de hierro que colgaba de las mismas cadenas. En cualquier otro lugar, hubiera puesto Propiedad privada o quizás Peligro: no entrar y al menos le hubiera dado una pista por el idioma de donde se encontraban.

Pero en ese cartel solo había una palabra escrita en mayúsculas en unas letras que parecían estar echas de sangre:

HIDE.

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Hacía ya varias horas que habían abandonado el campo de batalla. Después de dejar que los generales de más alto rango se ocupasen de los soldados, ellos se fueron siguiendo a aquella chica. Italia sabía que habían cruzado ya varios países. Era evidente el cuidado que ella tenía, dando una gran vuelta pretendía desorientarlos para que así no supiesen en qué país se encontraban pero, aquel lugar, Italia lo conocía muy bien.

-Alemania…-reconoció rápidamente el paisaje que lo rodeaba-.

Su hermano lo miró algo confuso pero eso, Italia, no lo sintió. Su mente se encontraba inundada por recuerdos, sobre todo por lo que ocurrió aquel día.

Alemania respiró hondo. Sentía en sus pulmones la humedad que reinaba en la ciudad durante las noches. Las farolas alumbraban el camino y reflejaban su luz en los canales de la ciudad. Las góndolas, atadas, hacían un leve baile por el movimiento del agua.

Nunca pensó estar en aquella ciudad de noche. Se fijó en la única persona que, junto a él, paseaba por las desérticas calles de Venecia. Estaban algunos pasos más adelante, sonriente, contemplando la ciudad en la que había pasado parte de su infancia. En el fondo, todo y adorar Roma, echaba de menos aquella húmeda Venecia.

-¡Alemania!-llamó aquella persona volteándolo a ver. El alemán salió de sus pensamientos y se fijó en él. Como esperaba, tenía una gran sonrisa en su rostro- ¡Me ha picado otro mosquito!

Y como esperaba también, era evidente que le diría alguna cosa impredecible, después de todo era él.

-Ya te dije que te pusieras el repelente-le recriminó pues antes de salir Alemania se embadurno de repelente mientras, Italia, optó por no hacerlo- Veras cuando regresemos

-¡Esta bien!-sonrió- Tampoco me molesta

-Pero tampoco es cuestión de llegar con 20 picadas…

-Cuando era pequeño competía contra mi hermano a ver a quién le picaban más mosquitos… Siempre ganaba yo

-¡Que competiciones más raras!

Italia lo miró y sonrió radiante, iluminando aquella noche. El corazón de Alemania se sobresaltó al ver a Italia sonreír de ese modo. Sintió como su cuerpo se paralizaba por un instante ante aquella sonrisa. Después de todo, y aunque pareciese todo lo contrario, Italia era mucho más fuerte que él.

Consolado de su debilidad por su pareja se acercó hacía él y lo estrecho entre sus brazos. Parecía que Italia se sorprendía ante esa reacción ya que no se la esperaba para nada, aún así, era una sensación agradable que le gustaría sentir más veces. Aquella comodidad que sentía entre los brazos de Alemania no la sentía en ningún otro lugar. Italia recostó su cabeza en el pecho de su pareja y correspondió su abrazo. Alejo de su mente todo tema existente y dejó que Alemania acaparase toda su atención.

-Te quiero-le susurró Alemania al oído-.

Aquellas dulces palabras se encontraban, ahora, lejos del alcance de Italia. Aquel recuerdo parecía distante, extraño, una ilusión que la mente de Italia había creado.

-Veneciano-lo llamó Romano algo preocupado por el triste rostro que su hermano mostraba-.

Italia lo miró un instante y negó.

-Ya hemos llegado-anunció la chica-.


I l'altre que arriba tard - Y el otro que llega tarde

Allons-y! - Vamos! (referencia a Doctor Who)


Bueno, ¿qué les ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Amenazas? ¿Tomatazos? xD

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