Hola! Rena al habla! ;)

De nuevo es miércoles, lo que significa que… ¡Traemos el nuevo capítulo! Este es un poco más largo de lo habitual ;)

Como siempre, muchas gracias por todos los favoritos, followers y reviews!

Y antes de pasar al capítulo ¡Contestación de reviews!

Zomi- Nozi: Teorias! Teoria! ¿Eh? ¿Prusia? ¿De verdad crees que es él? Mmmm… Interesante ¡En este capítulo sabrás la respuesta! ;) Bueno, te agradecemos mucho el review (aunque nuestra amenaza de muerte siga en pie xD) ¡Esperamos verte pronto! ^^

DemonBlackStar: ¡Nos alegra mucho que te haya gustado este capítulo! A ver que tal el siguiente! ^^ Veo que eres seguidora del Magic trio, puedo asegurarte que saldrán durante más capítulo! Hasta pronto! :D

Klaudia14: Nosotras también esperamos que los italianos se descontrolen! Xd Iríamos mal si lo hiciesen ¿La organización? Bueno, advierto que tiene un papel, relevante, en esta parte ;) ¡Gracias por el review y hasta pronto!

Tamy-lovi: ¡Ueeeee! No hay amenazas :DD HAHAHAHAHA Nos alegra que te haya gustado este capítulo y esperamos verte pronto ¡A ver si te gusta este nuevo capítulo!

Bueno, y hasta aquí la contestación de reviews (esta vez ha habido pocos xD) y, sin perder más tiempo…. ¡The Last Life. Capítulo 3!


Italia y Romano miraron a su alrededor.

Tras cruzar el bosque y la valla de hierro, llegaron a una especie de trampilla escondida entre hierbas y arbustos. Allí, la chica, llamada Robyn, les había hecho bajar por unas largas escaleras varios metros por debajo del suelo.

Una vez dentro, unos chicos que iban con uniforme militar extrañamente blanco, con un símbolo celta sobre el pecho de color rojo sangre, los habían registrado, por precaución, mientras Robyn los dejaba un momento para ir a ponerse el mismo uniforme, lo único que ella lo llevaba con decorado con unos parches que hacían referencia a series, una pajarita y un brazalete azul con una M negra.

Después de eso, les guió por los largos pasadizos de paredes blancas de metal, contándoles por encima que eso era el HIDE, una organización secreta que existía desde hacía mucho tiempo. Pero se negó a responder más preguntas, dijo que los detalles se los contaría su jefe cuando se encontraran con él.

Con todo, ambos hermanos y Catalunya tenían la sensación que estaban cayendo en una trampa.

Se detuvieron ante una puerta blanca, que ella abrió.

- Esperaos aquí un momento – les pidió la chica a los dos italianos y a Catalunya.

Allá dentro se encontraban Inglaterra, Rumania y Noruega con otra chica vestida de blanco, lo único que ella era la única que llevaba el uniforme limpio, sin ninguna decoración, exceptuando por el mismo brazalete con una M, pero de color verde.

- ¡Ya era hora que llegaras, Robyn! – exclamó la otra.

Ella sonrió.

- Oye, que yo he tenido que ir más lejos – se quejó –. Además tuve que infiltrarme en un campamento.

- Sí, sí, excusas – dijo la otra, Inglaterra creía recordar que su nombre era Syra-. El pelmazo del jefe quiere vernos antes de encontrarse con ellos.

Robyn suspiró.

- Qué se la va hacer…- dijo-. No os mováis de aquí mejor.

- ¿Por qué? – preguntó Catalunya-

- Porque la noche es oscura y llena de terrores* – respondió Robyn.

Ante el desconcierto de la nación, la chica empezó a reírse.

- Lo que ella quiere decir – dijo Syra-. Es que la base es muy grande y os podéis perder.

Catalunya asintió y luego las dos chicas se fueron encerrando la puerta tras de sí.

Las naciones estuvieron dos minutos en silencio, mirándose entre ellas sin saber muy bien qué decir. Hasta que Noruega se levantó y se dirigió hacia la puerta.

- ¿Adónde vas? – preguntó Rumania.

- A investigar – respondió con voz indiferente -. No pienso quedarme aquí sentado.

- Yo también voy - dijo Inglaterra.

- ¡Pero nos han pedido que no nos movamos! – dijo Rumania.

- Por lo que sabemos de ellos, ahora mismo podríamos estar en una base enemiga – dijo Italia -. Sería mejor saber más. No me fio de ellas ni de ese jefe suyo.

- Nosotros también nos vamos – dijo Romano.

- Vosotros no vais a ningún lado sin mí – dijo Catalunya precavido. No quería que los dos hermanos perdieran el control y causaran alguna desgracia por su cuenta.

Todos se dirigieron a la puerta y la abrieron.

- ¡Pues yo no me muevo de aquí! – dijo el rumano.

Pero un minuto después ya los estaba siguiendo.

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Inglaterra se separó de los demás nada más salir de la habitación. En su mayoría, no le molestaban, pero Rumania y Catalunya eran demasiado ruidosos y se había acostumbrado al silencio absoluto durante ese mes en el que apenas había salido de casa.

Se preguntó si había hecho bien de irse sin avisar a nadie, seguramente habrían empezado a buscarle. En un primer momento, pensarían que su desaparición sería producto de su locura y esperarían encontrarlo rápido, probablemente en algún lugar, hecho trizas por dentro. Cuando no lo encontraran, se lo tomarían más en serio y lo buscarían en un radio más amplio. Pero cuando aún así no apareciera, las alarmas sonarían en todo Europa, junto con las de las desapariciones del resto de naciones, porque quizás los habrían capturado sus enemigos.

Cosa que podría ser perfectamente posible pensó.

Empezó a vagabundear por los alrededores de esa misteriosa base, tan fría y metálica, pero enorme. Se debía extender a lo largo de quilómetros bajo el suelo, se preguntaba como nadie podía haberla encontrado aún.

Le sorprendió no encontrarse a nadie con uniforme blanco andando por allí cerca, tuvo suerte, le sería más fácil salir del lugar de donde estaban todas las habitaciones y explorar el resto de la base.

Pero se perdió. Todos los pasillos se veían iguales y luego de estar diez minutos andando de un lado a otro, ya no supo donde se encontraba. Genial, ahora tardaría una eternidad en volver… Y algo le decía que allí su condición de nación no era excepción para que le trataran mejor que el resto de soldados.

Una puerta le llamó la atención. Era mucho más grande que las demás y a diferencia de las otras, estaba hecha de madera, decorada de una manera muy exquisita. Le picó un poco la curiosidad, algo que no había sentido en un largo tiempo.

Lentamente, se acercó a la puerta y la abrió. Dentro se encontraba una biblioteca, enorme.
Dudoso, empezó a andar a través de las altas estanterías que contenían miles de libros.

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Italia no se sorprendió cuando vio que habían perdido a Catalunya, Noruega y Rumania de vista. Él y Romano habían optado por ir hacia otro lado, lo mismo que con Noruega. Los otros dos eran demasiado ruidosos, no tardarían en descubrirlos a ambos.

Lentamente, fueron caminando por los largos pasadizos de la base, mientras sus pasos resonaban por las paredes, tenían suerte de no encontrar a nadie. Pero era raro, demasiado extraño.

Si tal y como les había dicho esa chica que los había recogido (¿Robyn se llamaba?), ese lugar era alto secreto, ¿por qué no había ni guardias ni nada a su alrededor?. ¿O es que estaban tan seguros que nada ni nadie entraría allí que creían que ya no hacía falta.

Romano por su parte, examinaba cuidadosamente todas las puertas, la mayoría tenían un número, que servirían a los inquilinos del lugar para identificar qué era qué. No tardó mucho en llegar a la conclusión de que solo andando no descubrirían nada, de manera que se acercó a la primera puerta que parecía un poco distinta a las otras.

Italia observó como la abría y entraba sin dudar allí, sin pensar en lo que ocurriría si había alguien adentro. Por suerte, parecía vacía, pues las luces estaban apagadas y entró él también.
Buscó a tientas el interruptor, pero las luces se encendieron automáticamente, revelando el contenido de esa gran sala.

- ¿Pero qué…?

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Catalunya y Romania optaron por el destino sorpresa. Lo ideal sería que encontrasen el puesto de mando, un mapa del lugar… Pero, con lo grande que parecía aquella cosa, no lo contrarían ni por casualidad. Asumiendo ese hecho decidieron que, lo mejor, era dar vueltas a ver que se les aparecía. Caminaron por largos pasillos, abrieron puertas, cerraron tantas otras y lo más sorprendente:

-¿No hay guardias?-se extraño Romania-.

-Mejor así-comentó Catalunya algo harto de andar sin sentido- No tengo ganas de correr

A Romania le parecía que hablar con Catalunya era, en ocasiones, lo mismo que hacerlo con una pared. El nuevo país andaba como perdido en su mundo, sumergido en sus cosas. En conclusión, era imposible saber lo que pasaba por la cabeza del catalán.

Cuando Catalunya se sumergía en su mente se creaba un extraño clima que a Romania no le gustaba. Parecía que si no decía algo inteligente, Catalunya lo mandaría a tomar viento. Miró a su alrededor en busca de un tema de conversación. No lo había. Buscó más a fondo… Ya lo tenía.

Ambos avanzaron por el pasillo tranquilamente, igual como lo habían hecho hasta entonces. Romania espero hasta el momento de pasar a la acción y entonces…

-¡Ah! ¡El sol! ¡El sol! ¡Me quemo!-dramatizó delante de una ventana la cual dejaba ver una potente luz al otro lado-.

Catalunya volteó y se lo miró de reojo.

-Romania-el país se paralizó al escuchar a su compañero hablar- Estamos bajo tierra, no hay sol.

Mierda. Eso fue lo que Romania pensó ¡¿Por qué diablo no cayó en ese "pequeño" detalle?! Estaba seguro que ahora, a ojos de Catalunya, sería un loco que se había escapado del manicomio. Catalunya tenía la cara roja y esbozaba una sonrisa. Romania se lo quedó mirando hasta que el catalán no pudo más y estalló en risas.

-¡Como te gusta dar la nota!-rió Catalunya-.

Al principio Romania no entendía la reacción de aquella misteriosa y nueva nación pero luego esbozó una sonrisa, contagiado por las risas del otro.

-Vamos-sonrió el catalán- Que tenemos que investigar, vampiro-le dijo amigablemente-.

Romania asintió y junto con Catalunya siguió recorriendo más y más pasillos vacios.

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Inglaterra estaba sorprendido por los libros que tenían en ese lugar. Fue cogiendo uno tras otro y los hojeó.

Había libros que se consideraban desaparecidos desde hacía tiempo, libros prohibidos, otros que nunca se llegaron a publicar, libros de autores supuestamente desaparecidos misteriosamente, escritos sobre sucesos que los países habían mantenido en secreto, sobre hechos paranormales…

¿Qué demonios era ese lugar? ¿Quién demonios eran esas personas? Siguió buscando, quizás encontraría algo…

- Tú no deberías estar aquí.

Se giró de repente al oír una voz desconocida tras de sí.

Allí, de pie, se encontraba un chico de unos veinte años de edad, de pelo negro, con el mismo uniforme blanco que el resto de personas de la base: blanco con ese símbolo del amor eterno celta encima del pecho. Como los otros, este llevaba el uniforme un poso distinto al resto, llenándolo de distintos símbolos extraños, algunos de los cuales Inglaterra reconoció de unos libros que tenía en casa. Símbolos que la gente normal no conocía. Tenía un brazalete púrpura en el brazo derecho, como Syra y Robyn, debía tener algo de autoridad allí.

Pero es que sus ojos le decían que no era alguien normal. No con ese ojo amarillo y el otro violeta. Le sonaba haberlos visto antes, en alguna parte…

- Nadie me ha dicho lo contrario – respondió Inglaterra.

- Si no llevas el uniforme o eres un prisionero o un invitado – dijo él -. Y en ninguno de los dos casos estás autorizado en ir por la base si no es compañía de alguien del HIDE.

- Pero ahora tú estás aquí – dijo -. Y solo estoy mirando libros, ¿o acaso eso también está prohibido?

- Supongo que no – dijo agarrando el libro que tenía entre manos -. Disfruta lo que quieras de los libros, Inglaterra.

El susodicho sacudió la cabeza.

- Gracias… eh…

- Leigh – respondió el chico antes de sentarse en una de las mesas para leer.

Inglaterra siguió mirando por las estanterías en busca de libros. Mirando de no alejarse mucho del chico, pues si lo había dejado estar allí, era porque estaba seguro que podía obligarle hacer lo que él quisiera y ahora lo estaba vigilando. Lo mejor era no darle razones para desconfiar de él.

Se acercó a una de las estanterías y cogió un libro al azar, y su mano fue a parar a un antiguo libro de relatos, que conocía muy bien. Los ojos se le llenaron de lágrimas por un momento, al recordar ese libro, de hacía años, o más bien siglos, cuando Estados Unidos era solo una colonia en su cuidado. Su colonia más especial.

Para ese entonces, cuando se iba al Nuevo Mundo, por las noches solía leer cuentos a el pequeño, y más tarde, cuando Canadá pasó a su cuidado, también. Recordaba como los dos niños disfrutaban de ese rato, en el que abundaban los cuentos de hadas y las historias fantásticas, aunque Estados Unidos normalmente se dormía antes de que lo acabara y a la mañana siguiente siempre preguntaba como acababa el cuento. Muchas veces, si la historia era de aventureros, ambos niños jugaban haciendo ver que eran los protagonistas de la historia y siempre acababan metiéndose en problemas. A veces, Inglaterra iba a jugar con ellos, si no estaba muy ocupado, y siempre acababa haciendo de villano.

Una vez, les leyó ese libro de relatos, en el que había uno que trataba sobre un fantasma de una chica que no quería descansar en paz hasta que se hubiera casado, al final, la fantasma tomaba prestado el cuerpo de una princesa y se casaba, para luego irse para siempre. Ahora que lo miraba desde la distancia, no debería haberles leído ese cuento.

A la mañana siguiente, Estados Unidos oyó como una de las chicas de la cocina decía que estaba buscando una pareja para casarse. Eso lo asustó como nunca y corrió a buscar a Inglaterra, que intentó tranquilizarlo. Pero no sirvió de nada, estaba convencido que la chica estaba poseída por un fantasma y estuvo muerto de miedo unos días hasta que se le olvidó el tema.

Eso fue hasta que unas semanas más tarde, la misma chica le tocaba apagar todas las luces de la casa donde Estados Unidos vivía. Por si fuera poco, llevaba un vestido blanco y su piel era muy pálida. El pequeño se levantó para ir al baño y se cruzó con ella por el camino. Pegó un grito de terror y fue corriendo a la habitación de Inglaterra.

Los siguientes días fueron terribles por el pequeño, que además asustó a Canadá, y la cosa llegó a tal punto, que al final Inglaterra le tuvo que demostrar que era ella por medio de una pequeña actuación. Al final, lograron convencerle que no había ningún fantasma en la casa (aunque Inglaterra había visto unos cuantos) y Estados Unidos se olvidó del tema, pero Inglaterra nunca más le contó una historia de fantasmas hasta que fue mucho mayor. No era el mejor recuerdo que tenía de la infancia de Estados Unidos ni de lejos, pero nunca podría olvidarlo, porque iba el pequeño iba hacia él porque confiaba con que le salvaría, como si fuera una especie de héroe, y eso, secretamente, le gustaba, aunque no quería verlo asustado de esa forma.

El libro de relatos quedó escondido en algún lugar de la casa de Estados Unidos y nunca se preocupó por recuperarlo. Seguramente, estaría guardado en algún lugar o simplemente lo habría lanzado tras su independencia.

Inglaterra dejó el ejemplar que tenía en sus manos en la estantería, no quería que Leigh viese como un par de lágrimas le bajaban por la cara.

Entonces unas alarmas empezaron a sonar.

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Un viento movía aquella bola de polvo que daba algo de vida a ese desierto en el que habían terminado. Ni Romania y mucho menos Catalunya sabían cómo habían terminado en ese lugar. No recordaban haber subido ninguna escalera ni nada parecido y aún así lograron salir de la base.

-Lo hacemos expresamente y no nos sale-comentó Catalunya-.

Romania volteó y luego volvió la vista la frente nuevamente.

-¿Cómo hemos salido?-preguntó Romania-.

-Ni idea-respondió Catalunya automáticamente-.

-¡Eh! ¡Vosotros!

Ambos voltearon alarmados ante ese aviso. A sus espaldas, y acercándose con una velocidad vertiginosa, venían unos guardias de la base.

-Oh oh…-hizo Romania mientras veía esos 10 guardias, como mínimo, correr hacía ellos armados hasta los dientes-.

-¡Romania, corre!-ordenó Catalunya-.

Romania le dirigió una mirada y extendió sus brazos en forma de cruz.

-Si me convierto en…

Catalunya no lo dejó terminar. Reculó un pasó, agarró a su compañero del brazo y junto a él empezó a correr. Nuevamente, y sin saber cómo, había regresado al interior de la base aún así aquellos guardias los seguían y, la verdad, no parecían tener intención de dejarlos tranquilos.

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Los dos italianos no podían creer lo que tenían delante suyo.

Allí solo había armas de todo tipo, millones de ellas. Había desde rifles a espadas que no se usaban desde hacía siglos, pero estaban en perfecto estado. También había cosas que no habían visto nunca, pero que tenían un aspecto muy letal.

- Esto es muy extraño – dijo Italia acercándose a unas armas que parecían pistolas, pero sin embargo no lo eran -. ¿Qué es todo esto?

Romano tardó un rato en contestar, pues estaba examinando otra estantería con aún más armas. Tenía un mal presentimiento sobre esto, algo le decía que no deberían estar allí.

- No lo sé. No tengo ni idea de que son estas armas ni que es esta base. Y algo me dice que no deberíamos saberlo y que es mejor que siga así – dijo -. Sea lo que sea es peligroso.
Italia asintió, pero ninguno de los dos se movió de la sala. Todo eso era demasiado curioso como para irse sin más.

- Con todo esto tendríamos suficiente armamento como para ganar esta maldita guerra de una vez por todas – dijo el menor.

- Eso sería si pudiéramos robarlo y llevárnoslo al exterior – dijo Romano -. Dudo mucho que este jefe suyo sea tan amigable que nos deje llevarnos las armas.

- Entonces solo tenemos que cogerlo – dijo Italia alargando la mano.

Romano iba a impedírselo, pero luego no vio el porqué. No había ningún guardia ni nada vigilándoles, estaban tan convencidos que nada saldría de allí que no vigilaban el lugar.
Italia cogió una arma extraña en un momento y sonrió. No sucedía nada…

Hasta que las alarmas empezaron a sonar por todo el edificio.
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Noruega andaba tranquilamente por el lugar. Le había parecido ver todo un escuadrón de soldados correr hacía algún lugar, lo hubiese seguido pero no le apetecía. Allí dentro había un perturbador silencio que a Noruega le recordaba la zona del cabo del norte, desértico y frío.

Siguió avanzando por los pasillos pero algo le llamó la atención. Algo estaba rompiendo aquel profundo silencio que reinaba en el lugar. Sintió acelerados pasos que venían desde atrás. Volteó. No vio nada pero cada vez sentía esos pasos más y más cerca hasta que, por la esquina, aparecieron Romania y Catalunya corriendo a toda prisa.

-¡Corre, Noruega! ¡Los guardias nos siguen!-le gritó Catalunya quien ni se detuvo a su lado-.

Noruega lo siguió con la mirada y levantó sus brazos.

-Yo me rindo-declaró. No tenía muchas ganar de empezar a correr-.

En ese momento, 20 guardias se unieron a la expedición de capturar a Catalunya y Romania. Corrían veloces y, tan preocupados estaban de los dos fugitivos involuntarios, que ni se percataron de que Noruega también estaba fuera de su habitación.

Por la mente del noruego pasó la posibilidad de alejarse de todo aquel espectáculo que Romania y Catalunya habían montado pero también era verdad que se aburría. Estar allí solo, en silencio, era aburrido. Buscando un poco más de diversión siguió a las guardias en absoluta calma, sin prisa.

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Empezaban a estar cansados de tanto correr. Sus perseguidores parecían estar en más buena forma que ellos y aún podían seguir corriendo 4 horas más si se lo proponían.

-No puedo más-suspiró Romania-.

-Mare meva! ¡¿Por qué no hice caso a Valencia y corrí algún maratón con él?! ¡Ahora estaría en más buena forma!-se lamentó-.

De pronto unas alarmas empezaron a resonar por todo el lugar. Catalunya y Romania cruzaron miradas y miraron hacia atrás. A pesar del ensordecedor ruido de la alarma, ninguno de sus perseguidores parecía tener intención de abandonar la carrera para ir a ver que ocurría.

-No parece que quieran dejarnos tranquilos-comentó Romania mientras aún corría sin mirar la frente, sino en dirección contraria-.

-¡Son pesadets els paios aquests!-dijo Catalunya harto de los guardias-.

Tanto Catalunya como Romania miraron nuevamente hacia adelante dándoles tiempo solo a ver como se chocaban, sin remedio, contra otras dos personas. Del golpe, los cuatro cayeron al suelo, medio confusos. Los guardias, algo decepcionados de la patosidad de esas naciones, se detuvieron a su alrededor haciendo un circulo.

Noruega, quien llegó a la zona de la catástrofe bastante rápido, se abrió paso entre los guardias y observo como Catalunya, Romania, Romano e Italia estaban tirados al suelo.

-Lo vuestro tiene merito-les comentó el noruego prácticamente sin inmutarse-.

-¿Qué ha pasado aquí?-preguntó otra persona-.

Noruega miró al frente. A pesar de que en su rostro no se reflejase, le extrañó ver a Inglaterra acompañado por alguien que vestía con el mismo uniforme que los guardias, algo cambiado por eso, no era exactamente igual.

-¿Será alguien de más nivel?-murmuró Noruega- Aunque es muy joven…

El noruego fijó su vista en el acompañante de Inglaterra tratando de analizarlo, tratando de descubrir quién era.

-¡Leigh!-llamó otra voz-.

Detrás suyo aparecieron dos chicas. A una de ellas la conocía, era quien los había reclutado, a Romania, a Inglaterra y a él. Si mal no recordaba, cuando llegaron, la llamaron por el nombre de Syra.

-¿Tanto costaba quedaros en vuestros cuartos?-preguntó la otra chica-.

-No-le contestó Syra divertida- Era más divertido colarse en el almacén de armas.

-Y en la biblioteca-corroboró Leigh con una sonrisa algo sarcástica- ¿No, Inglaterra?

Inglaterra desvió la mirada afirmando, silenciosamente, que había fallado en su empresa de colarse en algún lugar de la base y encontrar pistas sobre aquella misteriosa organización que los había reclutado.

-Ellos han salido del edificio-comentó Syra señalando hacía Romania y Catalunya- Aún no sé ni cómo se lo han hecho

-¿Han salido?-se extraño la otra chica-.

Syra suspiró profundamente y asintió a la pregunta de su compañera.

Noruega se fijo nuevamente en las naciones tumbadas en el suelo. Vio que Romano le hacía gestos a su hermano, algo planeaban.

-Veneciano-susurró Romano a su hermano quien yacía a su lado- Ahora están distraídos, podemos esca…

-¡A no!-le cortó Syra quien, al parecer, escuchó lo que hablaban los dos hermanos- Eso sí que no

-Te han pillado de lleno, Romano-rió Robyn- Leigh ¿Te importaría?

-¿De verdad?-preguntó a desgana. El chico estiró el brazo hacía adelante y, en un parpadeo, una serie de cadenas emanaron de su palma y envolvieron a las 4 naciones que estaban en el suelo aún-.

-¡¿Magia?!-gritó Inglaterra sorprendido de lo que acababa de ver-.

-¿No lo sabías?-le preguntó Robyn de brazos cruzados y un tanto sorprendida de aquella reacción que la nación tuvo-.

-¿No te has pasado un poco?-preguntó Syra al chico-.

-No, genial-le contestó Noruega desde el otro lado- Así no se moverán

-Leigh, Robyn, Syra ¿Qué ha pasado aquí?

Todas las naciones miraron detrás de aquellos chicos. Conocían aquella voz, era inconfundible. Catalunya lo conocía, Noruega lo conocía, Romania lo conocía, las dos Italias lo conocían e Inglaterra también, él también sabía quién era. Puede que, por esa razón de conocerlo, ninguno de los 6 salía de su sorpresa.

-¡¿Qué haces tú aquí?!-logró preguntar Romano-.

-¿Puede ser que estés aquí?-preguntó Italia más calmado pero igual de confuso que su hermano-.


¿Qué os ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Alguna amenaza? xDD

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