Hola! Curly está de vuelta!

Es miércoles, por lo que volvemos con un nuevo capítulo!

Este capítulo, estará muy centrado en el HIDE, pero prometemos que a partir del siguiente ya se volverá a centrar en las naciones, pero aquí se contarán cosas muy necesarias para entender los próximos capítulos.

Y después de esto, agradecer todos nuestro followers, favoritos y reviews!

Zomi-Nozi: (se esconde) El hacha no por favor… Q.Q Rumania y su vampirismo, si es que no puede evitarlo xD. Y en cuanto esa persona… Pronto se revelará su identidad… ¡Gracias por el review!

klaudia14: Mmm… Así que crees que está relacionado con Alemania… Interesante teoría… ¡Pronto sabrás la respuesta! ¡Gracias por el review!

Canada F. Williams: ¡Gracias por el review y por ampliar nuestro vocabulario! Con que micronaciones… Mmm… Interesante teoría, pero no te voy a decir si estás en lo cierto o no xD ¡Nos encanta que te guste esta historia y esperamos que la sigas disfrutando!

DemonBlackStar: Wiiii una seguidora de Facebook xD Suerte con los estudios y gracias por desatenderlos un momento para leer la historia. ¡Esperamos que te siga gustando la historia!

Hitori-chan: ¡Gracias por el review! Así que crees que el jefe es Prusia eh? Interesante… Pronto se descubrirá la identidad de esa persona, así que sigue atenta!

Luka-Lin: Si, por el momento el tema muertes parece que se ha calmado, pero no nos amenaces con el grifo! Entre una amenaza y la otra al final tendremos que hacernos con el arsenal que han encontrado las Italias para defendernos xD ¡Gracias por el review!

DilarisPersefone: ¡Gracias por el review! ¿En serio e suno de tus favoritos? No sabes la ilusión que hace leer eso… ¡Otra para el ejército de los lectores! Gracias por colaborar en la causa y esperamos que sigas disfrutando del fic! Y encuanto a la identidad del jefe… Pronto… pronto…

Y ahora, sin más demora, el capítulo de la semana!

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Inglaterra se sentó un poco incómodo en su silla. A su lado, se encontraba Romano intentando deshacerse de las cuerdas que le ataban los brazos a la suya, mientras que en el otro, Syra, la chica que le había llevado a la base, lo observaba divertida.

Tras el incidente, los habían llevado a todos en una sala que parecía de reuniones, donde había una simple mesa redonda con las típicas sillas incómodas y sin una sola ventana. A algunos, los habían dejado andar en paz, cono a él y a Noruega, que no habían hecho nada. Sin embargo, las dos Italias, Catalunya y Rumania ya era otro tema, al haber provocado todo es follón, les habían acabado llevando vigilados hasta allí y los habían atado a las sillas de una manera cuya única opción de soltarse era cortarlas. Cosa que había hecho que los cuatro integrantes del HIDE presentes en la sala, sentados en el otro de la mesa, se echaran unas risas cuando Rumania trató de liberarse a base de morderlas.

Pero Inglaterra perdió interés en seguida por esos cuatro, para centrarse en los cuatro que llevaban el uniforme blanco del HIDE. Al lado de Syra, se encontraba Leigh, el misterioso chico que había descubierto que sabía hacer magia, cosa muy rara en los humanos durante esos días. Pero su atención ahora iba para la persona que estaba sentada entre este y Robyn, cuya presencia aún no podía creer. Y las dos Italias tampoco y era por eso que Italia del Norte quería desatarse inmediatamente con una expresión furiosa en su cara. Inglaterra tampoco es que estuviera muy alegre por verle…

- Nunca me hubiera esperado que te encontraras un lugar como este – dijo al fin el inglés.

- Y yo nunca había pensado que las cosas llegaran a tal punto que tuviera que invitar a más naciones a mi preciada base – dijo el jefe -. Creo que es la primera vez en que tanta gente de fuera viene aquí y no es para quedarse.

- Para desgracia nuestra, tú no te vas – le espetó Syra a su jefe.

- Kesesese – dijo -. Como puedes ver mis subordinados me aman mucho.

- Tanto que en tu último cumpleaños te regalamos un muñeco de voodoo de ti mismo – dijo Robyn -. Y era de verdad, Leigh lo garantizó.

- Lástima que no caí, estoy demasiado acostumbrado a vuestras tretas – respondió sonriendo.

Italia se cansó de esa discusión que estaban teniendo entre ellos y los miró directamente, con una mirada desafiante.

- No me lo puedo creer…- dijo - ¡¿Cómo has podido estar escondiéndote aquí todo este tiempo mientras tu hermano se encuentra en coma al hospital por pelear, Prusia?!

El alemán, por primera vez, miró al italiano a los ojos.

- No he estado escondiéndome – dijo el prusiano -. He estado haciéndome cosas más útiles que la mayoría del resto de Europa. Y no soy yo el que no llegó a tiempo para ayudarle.

Italia se levantó, aún atado a la silla, amenazador.

- ¡Repite eso si te atreves!

- ¡Ya basta! – intervino Leigh por primera vez -. Prusia, ahora no es el momento para ir haciendo el idiota. No los hemos llevado aquí para que vayas provocándolos – le dijo a su jefe -. Italia, siéntate, muy a mi pesar, puedo garantizarte que este tipo dice la verdad.

- ¡Oye! – dijo el prusiano -. ¡Un poco de respeto hacia tu awesome jefe!

- El día que sirvas para algo más que beber cerveza me lo pensaré – le contestó el chico -. Pero tenemos cosas más importantes sobre las que hablar ahora mismo.

- Leigh tiene razón – dijo Syra -. Ya disfrutaremos en ver como te despelleja después.

Prusia los fulminó con la mirada.

- Yo también os adoro – dijo en tono irónico -. Tendréis preguntas…

- Ahora mismo – dijo Catalunya -. Estoy idolatrando a estos chicos, pero sí.

Inglaterra tosió.

- Por empezar, ¿qué demonios es todas esta organización?

Prusia sonrió.

- Buena pregunta por comenzar – dijo -. Os voy a contar gran parte de lo que consiste, pero no puedo revelarlo todo. Por empezar, esta organización se llama HIDE, no son siglas, simplemente alguien lo puso porque siempre estamos escondidos de todo el mundo, así que no os matéis en buscar otro significado. Yo quería cambiarlo, pero…

- No íbamos a llamarnos Prusianos Aunque Nuestro Pasaporte Diga Lo Contrario – dijo Syra -. Por empezar no tenemos ni pasaporte.

- Cierto – dijo Prusia -. Pero era un nombre guay para…

- Las pajaritas son guays – dijo Robyn poniéndose bien la que llevaba -. Tú y tus estúpidos nombres no. Si no sigues contando lo haremos nosotros.

- Está bien, está bien – dijo al ver la cantidad de cejas levantadas, caras de indignación y alguna que otra cara asesina entre sus invitados -. Como iba diciendo, nos escondemos de todo el mundo, por lo que somos una organización secreta. Muy secreta. Ni los gobiernos tienen conciencia de nuestra existencia. Fuimos creados hace miles de años, y nos encargamos de intervenir en los conflictos y lograr la paz, aunque de manera casi imperceptible…

- Pues vais un poco tarde con la gran cantidad de guerras que ha habido hasta ahora – dijo Inglaterra indignado.

- Por favor – dijo Prusia -. No me digas que sigues creyendo que aguantaste toda la Segunda Guerra Mundial sin ser invadido por las tropas alemanas estando completamente solo durante unos meses. No te creía tan inocente.

Inglaterra iba a contestarle, pero Prusia siguió hablando.

- Siguiendo con lo otro y esta fabulosa base que ahora me pertenece…- Robyn murmuró un por desgracia- El HIDE fue creado hace mucho tiempo, al margen del gobierno, pero con la única norma que una nación siempre sería quien lo gobernara, pero dicha nación no podía revelar su existencia.

- ¿Por qué? Alguien debe de haberse ido de la lengua… – preguntó Rumania.

- Porque ahora mismo estás sentado en la mesa con las únicas tres personas que tienen derecho a cargarse una nación sin miedo a condena alguna – dijo alegremente, mientras Robyn y Syra lo saludaban con una sonrisa sádica -. Duerme bien esta noche – añadió con una sonrisa burlona mientras el supuesto vampiro los miraba a todos con pánico.

- Eso es imposible – dijo Noruega -. No te creas todo lo que dice.

- Para mi desgracia, no es una mentira – dijo Prusia -. Siguiendo por donde iba. Además de no poder revelar su existencia, dicha nación tenía que cumplir otra condición: tiene que ser una nación que esté a punto de desaparecer, así se llevará el secreto a su tumba.

- ¡Pero este tipo nunca se muere! – dijo Syra - ¡Lleva ya doscientos años! ¡Nadie ha estado tanto tiempo!

- Mejor para mí si después de la Segunda Guerra Mundial me convertí en Alemania del Este – respondió Prusia -. Y para vosotros, nadie tiene un jefe tan awesome como yo.

- Iba a decir algo, pero me voy a morder la lengua porque estaría insultando a las ratas.

- ¡Oye! – dijo Prusia.

- A todo esto – dijo Romano -. SI tu eres el jefe, ¿por qué están ellos tres aquí?

- ¿Ellos? – dijo Prusia – Porque son mis fans…- esquivó un bolígrafo que Leigh le había lanzado -. Son los Mariscales del HIDE, los que mandan después de yo – aclaró.

Inglaterra los examinó cuidadosamente. Eran jóvenes, quizás demasiado para pertenecer al ejército, y aún más por ser oficiales y mucho menos Mariscales.

- Es imposible sean Mariscales a su edad – dijo el inglés.

Los demás asintieron.

- Esto aquí no funciona como en el resto de los ejércitos – dijo Leigh -. Y sin embargo parece que es un sistema más efectivo.

Italia iba a contestarle, pero Prusia siguió.

- Esto es todo lo que debéis saber sobre el HIDE – acabó.

- Pero no nos has llevado aquí solo por eso – dijo Noruega.

- Cierto – dijo Prusia -. Como ya os he dicho, no he estado haciendo el vago durante todo este tiempo. Hemos estado buscando este ejército desconocido – hizo una pausa -. Y, aunque no hemos podido determinar quién es, hemos podido localizar su base principal, en una isla en el Atlántico, ataca esa base y perderán la guerra.

De repente, tuvo la atención completa de toda la sala.

- ¡¿Cómo?! – dijo Catalunya

- ¡Dime su punto exacto! – dijo Italia – ¡Voy a ir allí!

- Tú no vas a hacer nada por el momento – dijo Prusia -. Hemos investigado a fondo esa base y, como esta, no es un lugar de fácil acceso. Un gran ejército no podría hacer nada, solo lo cerrarían y huirían con todo, está preparada para eso.

- Entonces se envía un grupo pequeño y...- dijo Romano.

- Eso tampoco funcionaría – dijo Robyn -. Nosotros mismos estudiamos esa posibilidad. Pero no. No es una base que tenga un sistema informático que se pueda hackear o una estructura que se pueda derrumbar fácilmente.

- ¿Y entonces? – dijo Rumanía - ¿Qué sugerís?

- Leigh tiene un plan – dijo Prusia -. Y aquí es donde entráis vosotros. Así que os voy a pedir que escuchéis.

El chico se levantó y sacó lo que parecía un mapa de la base enemiga.

- Tenemos unos agente infiltrados allí que nos han conseguido todo esto – explicó -. Como ya ha dicho el pesado del jefe – Prusia tosió un poco -. La base no se puede derrumbar con explosivos o cualquier otro método convencional. Pero, hay algo que nosotros tenemos que ellos no tienen.

- ¿El qué? – dijo Romano.

- Tres naciones capaces de hacer magia y Leigh, que es muy bueno – dijo Syra.

Entonces Inglaterra ató cabos. Por eso les habían llamado, no era la primera vez que había ganado batallas mediante la magia y recordaba una ocasión en que una guerra se había decidido a su favor por ese factor. Pero desde hacía años que no usaba la magia para la lucha, desde que su simple uso había sido razón suficiente para que te quemaran en una hoguera. Solo el hecho de pensar en que volvería a usarla de esa forma le emocionaba y por la cara que ponían Noruega y Rumania, supo que estaban sintiendo lo mismo que él.

- Tenemos que volar la base, ¿no? – dijo.

Leigh asintió.

- Acepto – dijo Inglaterra, mientras Noruega asentía marcando su aprobación.

- Digo lo mismo – dijo Noruega.

- ¿Y nosotros qué pintamos en esto? – dijo Italia.

- Vosotros dos – dijo Prusia -, ahora mismo sois la mayor fuerza militar que se encuentra en Europa, por lo que vuestra función es crear una batalla lo suficientemente grande para que la base esté mínimamente protegida.

- O sea, que básicamente tenemos que patearles el culo bien fuerte – dijo Romano.

- Exactamente – dijo Prusia -. Aunque nosotros os vamos a ayudar de forma encubierta.

- Por eso no hacía falta que nos reunieras aquí – añadió Romano -. Ya lo estábamos haciendo.

- Sí, pero Syra y Robyn quieren comentaros una estrategia concreta – dijo Prusia -. Y creo que puede funcionar.

- ¿Y yo? – dijo Catalunya - ¿Qué hago aquí?

- Simplemente – dijo Prusia -. Vigilar que estos dos no pierdan los nervios – entonces se relajó -. Con esto podemos dar la reunión por acabada – dijo -. Ya discutiremos los detalles de cada misión más tarde.

- ¡Por fin te callas! – exclamó Syra.

- Es que mi voz es tan awesome que nadie es digna de escucharla tanto rato – dijo a su subordinada.

- Claro, es tan awesome que ojalá te ahogues y así no la volvemos a escuchar – dijo Robyn mientras desataba a las naciones con un cuchillo.

- Por favor – dijo Prusia -. Llevadles a sus habitaciones, aunque tenéis permiso para entrar a la mayoría de lugares del HIDE. Aunque no me pasaría por los laboratorios, ni yo tengo estómago por lo que hacen allí… Ni a la cocina, os van a echar de mala forma. Y por lo que más queráis, no toquéis nada del arsenal sin permiso, que volverán a saltar las alarmas y la próxima vez no puedo garantizar que mis soldados sean tan compasivos…

- Eso es culpa tuya por insistir en no montar guardias – dijo Leigh.

- Como sea, no os metáis por estos sitios y todo bien – dijo Prusia -. Y por supuesto, cuando salgáis de aquí, no diréis ni una palabra del HIDE, de hecho, haréis como si nunca hubiera existido – dijo -. O no os van a gustar las consecuencias.

- ¿Es una amenaza? – dijo Inglaterra.

- Una advertencia – respondió Prusia.

Y dicho esto, abandonaron la sala lentamente.

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Tras terminar la reunión Prusia se marchó a su despacho. Por un instante temió haber dado demasiada información sobre el HIDE. HIDE, que organización tan misteriosa, ni él, siendo el líder, conocía todos sus secretos. Solo una persona, en toda la historia, sabe todos los secretos que el HIDE oculta. Y esa persona… más bien, esa nación… desapareció.

-Es raro que te dignes a pasar por tu despacho-le acusó una voz-.

Miró detrás suyo. Allí, apoyada contra la pared, justo al lado de la puerta por la que acababa de entrar, estaba Robyn.

-¿No deberías acompañar a todos esos a sus habitaciones?-le preguntó con una mueca de fastidio, él que ya se había hecho ilusiones de estar tranquilo, solo durante un tiempo y ahora tendría que aguantar a una de sus oficiales de mayor rango-.

-Le he dejado a Syra ese trabajo

-¿Y Leigh?-preguntó mientras se sentaba en la butaca de su escritorio-.

-A saber-suspiró- Ya sabes como es

Prusia asintió y volvió sus ojos al escritorio. Allí, donde estaba en perfecto orden, había algo que, desde luego, no estaba en su lugar. Era un cuaderno cubierto de piel marrón. Prusia lo tomó y lo abrió. Con cierta nostalgia empezó a reseguir las imágenes, escrituras, lo que allí había.

-¿Qué es eso?-preguntó Robyn tomando asiento-.

-Recuerdos-murmuró- Robyn ¿Sabes que nación fue líder del HIDE antes que yo?

Ella negó y miró, por un instante, la pagina del cuaderno que Prusia tenía abierto. Allí había una pequeña imagen de alguien, parecía una foto hecha a un cuadro muy antiguo. Además, encima de esa imagen había una bandera, la bandera de algún país…

-Heiliges Römisches Reich…-reconoció-.

Prusia la miró y asintió nostálgico. Deseando regresar, aunque solo fuese por un instante, a aquellos días en los que luchó a su lado.

-Sacro Imperio Romano Germánico-comenzó a decir Prusia- Fue por él que estoy aquí y, lo que debería haber sido mi perdición, terminó salvándome

Robyn lo miró extrañada. No sabía nada acerca de Prusia a pesar del tiempo que había pasado con él. Era misterioso aunque, siendo sinceros, tampoco se había molestado mucho a saber sobre él o sobre la organización que dirigía. Aun así, tras ver aquella especie de álbum de recortes, la curiosidad despertó en ella. Ya días anteriores, en una conversación con Leigh y Syra, la curiosidad había aparecido pero, tras ver aquella pagina del cuaderno, aún quiso saber más sobre lo que pasó para que Prusia terminase al frente del HIDE.

-¿Cómo paso?-Prusia la miró con cara de interrogante- ¿Cómo terminaste en el HIDE?

-Ahora te interesa ¡eh!-rió-.

-No, que va. Lo que pasa es que si sé quién te puso aquí, tendré a quién echarle las culpas por aguantarte cada día-le contestó tratando de parecer lo más indiferente posible-.

Prusia la miró de reojo y retrocedió varias páginas atrás en el cuaderno.

-Incluso cuando yo muera, Europa seguirá sumida en un caos constante. Ese es su destino, lo sé desde hace 1000 años. Roma.

-¿Roma?-se extraño Robyn-.

-Él fue el primer miembro y mi predecesor…-volvió a la pagina que estaba antes- Casi pude sentir a Roma cuando me dijo aquello

-¿Qué dijo?

Fue después de la paz de Westfalia. Para ese entonces, Sacro Imperio ya estaba bastante debilitado y las naciones que lo integrábamos estábamos en constante tensión. Se produjo la guerra de Sucesión Austriaca y la de los Siete años, guerra tras guerra, él se iba desgastando, iba muriendo lentamente. Hasta que al final, el 6 de Agosto de 1806…

Aún no podía creer como había dejado engañarme de ese modo por Francia. Al fin y al cabo él logró lo que quería, quedarse a solas con el Sacro Imperio. Fui al campo de batalla y, si pudiese cambiar el pasado, juro que me hubiese impedido llegar allí. Vi montones de soldados muertos de las formas más atroces, aldeas devastadas, algunas aún en llamas y, tras esa masacre, encontré al hombre que lo ocasionó todo.

-Napoleón-murmuré-.

Y frente a ese ambicioso hombre, únicamente había una persona. Un muchacho joven, de cabellos dorados el cual iba armado con una espada.

-Sacro Imperio…-le reconocí-.

Inmediatamente busqué su ejército. Los que huyeron, murieron y él, él se quedó solo ante aquella persona. Francia no estaba allí, de haber estado seguramente hubiese evitado aquello, después de todo, Francia también formó parte del Sacro Imperio alguna vez. Esta vez, el mérito era exclusivo de Napoleón.

-Ya eres mío

-¿Tú crees?-le preguntó él- ¿Acaso no te has dado cuenta, Napoleón?

-Acepta tú derrota

-Acepta-empuñó su espada y la dirigió hacía su estomago- que nunca me conquistaras…

-No lo harás-trató de convérsese Napoleón en voz alta-.

-Auf Wiedersehen*

Y tras esas dolorosas palabras se clavó la espada. Vi, con mis ojos llenos de lágrimas, como aquel inocente cuerpo se desplomaba en el suelo. Vi como la blanca capa que llevaba se teñía de rojo de la forma más trágica imaginable. Su espada, manchada por su sangre, cayó a su lado.

Napoleón lo maldijo y rápidamente se retiró junto a sus tropas. Ya no tenía nada que hacer allí. Corrí hasta donde Sacro Imperio yacía, agonizando, tomando sus últimos sorbos de aquella efímera vida que había tenido. Lo tomé entre mis brazos, tenía sus ojos cerrados pero, al notar mi calor, los abrió ligeramente, dejando entrever el azul profundo que sus ojos poseían.

-¡¿Se puede saber que haces?!

-Prusia-puso su mano temblorosa y roja sobre la mía- ¿Puedo pedirte algo?

-¡¿Qué quieres?!-le grité enfadado por su suicidio y triste por su inevitable muerte-.

Él rió ante mi reacción y, haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban, se sacó un anillo dorado decorado con una piedra negra. Abrió mi puño y deposito la joya allí.

-¿Se puede saber que pretendes?

Sonrió.

-Puede que te esté condenando al darte esto pero-me miró con ojos tristes, arrepentidos incluso- eres en quien más puedo confiar ahora mismo

-Sacro…

-Tú también quieres evitar más sangre ¿no es así?

-¡Solo quiero que la gente cercana a mi deje de morir!

Sacro Imperio esbozó una sonrisa cargada de dolor.

-Es por eso… Busca en la cómoda de mi habitación. Allí encontraras un libreto de piel. Léelo atentamente y, por favor, no me odies por condenarte.

Escuché las tropas francesas acercarse. Si no salía rápido de allí podía terminar igual que el Sacro Imperio. Le miré y él sonrió.

-Ve…te-dijo débilmente-.

-¡¿Estás loco?! ¡No voy a dejarte aquí!

-No te preocupes. Yo ya estoy acabado, sálvate tú… Aún tienes que vivir un poco más…

Y a pesar de que mi corazón dictaba todo lo contrario, seguí las instrucciones de mi cabeza y me alejé del lugar. Sentía mi corazón hundirse en el más triste sentimiento que jamás hubiese conocido. Él murió y ahora, yo tenía que cumplir el favor que él me pidió.

Llegué a su habitación y, tal y como me dijo, en su cómoda había un cuaderno.

-¿No será este cuaderno?-preguntó Robyn algo sorprendida-.

-Emm… no ¡¿Cómo pretendes que dure tanto en cuaderno?! Este lo transcribí yo del antiguo. Fue justamente, al pasar de un cuaderno al otro que entonces-fue a la última de las páginas donde había un trozó de papel, amarillento por el paso del tiempo, allí pegado-.

-¿Alemán?

-Lo escribió Sacro Imperio en sus últimos días.

-¿Qué pone?

- Um zu vermeiden, eine blutige Europe-Robyn puso cara de interrogante- Que quiere decir… Para evitar una sangrienta Europa…

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-Hace tiempo que me sigues ¿Quieres algo?

Inglaterra se detuvo al sentir a Leigh hablarle. Maldita sea, había sido absolutamente silencioso, aún así, aquel chico joven que, con mirada perdida y expresión indiferente, volteaba a verle, lo había descubierto. Era inquietante el misterio que envolvía al joven mariscal llegando incluso a estremecerle, a desarrollar cierto miedo hacía él.

-Puedes hacer magia ¿no es así?-le preguntó la nación-.

-Depende de cómo lo mires. Como todo, mi habilidad por la magia es relativa.

-¡¿Cómo va a ser una habilidad relativa?! ¡Te vi usándola!

-Entonces, si sabes que puedo ¿Para qué me lo preguntas?

Las ganas de pegarle una paliza iban en aumento. Lo había observado a lo largo de la reunión. Leigh a pesar de lo poco que hablaba era capaz de, en una frase, dejar mal a todo aquel que fuese en contra de sus ideas las cuales nunca rebelaría abiertamente. El perfecto rompecabezas.

Inglaterra desvió la mirada y tosió tratando de disimular el duro golpe emocional que la contestación de Leigh le había provocado.

-Además-empezó a decir el mariscal- Creo que mi uso de la magia es bastante evidente

-¿Por qué?

Leigh lo miró y, sin decir palabra, apartó el cabello que ocultaba su ojo derecho. Inglaterra parpadeó ante ese curioso hecho. El ojo derecho, el que hasta ahora había estado oculto bajo el oscuro cabello de Leigh, era de color amarillo y el otro, violeta. Aún así, Inglaterra, estaba más sorprendido por lo que había producido esa consecuencia que no por la consecuencia propiamente dicha.

-No puede ser…-logró decir la nación perpleja-.

-Imagino que ya sabes el porqué de esta diferencia de color entre mis ojos

-¡¿Cómo pudiste hacer eso?!

-No soy el único loco que hay en la capa de la Tierra, no me mires así-le contestó-.

-¡No me refiero a eso! Quiero decir, con esos ojos… ¡¿Puedes comunicarte con los muertos?!

Leigh lo observó atentamente y terminó por suspirar.

-¿Quieres hablar con él? Bueno, me sorprende que tú no lo sepas. Te tenía como alguien de más nivel que yo, en lo que a magia se refiere, claro

-No puedo saberlo todo

-Sería muy irónico que alguien como yo, quien apenas tiene 21 años, sepa algo que alguien que tiene más de 1000 no sepa.

De nuevo, otra puñalada que cruzó el orgullo de Inglaterra partiéndolo en mil pedazos.

-¿Lo sabes o no?-volvió a preguntarle reflejando, en su voz, la poca paciencia de la que disponía-.

Leigh alzó la mirada al alto techo de la biblioteca y suspiró.

-¿Quién sabe? Puede que lo sepa…

-…Y puede que no ¿Me equivoco?-trató de adivinar la nación el final de la frase-.

Leigh lo miró y negó.

-Puede que lo sepa y puede que no sea la mejor forma de hacerlo. Es relativo.

Su cuerpo le estaba pidiendo asestarle un fuerte golpe, a ser posible, en la cara pero su cerebro, al analizar la frase, identifico una posible respuesta dentro de aquella ambigüedad en la que Leigh respondía.

-¿Sabes una forma?

Él asintió.

-Pero… no es una buena idea.

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¿Qué les ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Demasiado HIDE xD? Por cierto, quiero aclarar que Prusia es uno de nuestros personajes favoritos aunque no lo parezca en este capítulo xD.

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