Hola! Curly al habla!

Esta vez venimos con un capítulo un tanto largo, así que tomáoslo con calma.

Antes que nada, agradecer a todos los followers, reviews y favoritos. ¡Gracias a todos!

Zomi-Nozi: ¡Gracias por el review! Nos alegra que te guste este fic. A nosotros nos da mucha pena escribirlo y a veces nos cuesta un poco imaginarlo, pero al final lo acabamos haciendo, sentimos ser tan crueles…

klaudia14: Pronto… Muy pronto se descubrirá quien apoyó al ejército. Aunque puede que os llevéis una sorpresa… ¡Gracias por el review y esperamos que te guste este capítulo!

DemonBlackStar: ¡No te tires por un barranco! ¿Qué hará el pobre cuaderno sin ti? Si, Estados Unidos está muerto y no puede descansar en paz, pero su situación puede mejorar (o empeorar, ya se verá xD) ¡Gracias por el review!

XeliaNoctus: ¿En serio has podido mantener tu confianza en nosotras hasta ahora? Me tomaré como un halago y un logro personal. Bueno lo del descanso eterno era una de las cosas que teníamos planeadas desde el principio, tarde o temprano teníamos que llegar allí. ¡Gracias por el review y esperamos que te guste el capítulo!

DilarisPersefone: ¡Gracias por el review! Como he dicho antes, lo de Estados Unidos estaba planeado desde un buen principio, así que tarde o temprano teníamos que llegar a ese punto. A nosotras también nos da mucha pena la situación de ellos dos… Pronto sabrás quien ha colaborado con el enemigo...

Saiai-kirkland: ¡Gracias por el review! Nos alegra que te esté gustando esta segunda parte del fic. Y no tienes que esperar más, ya te traemos aquí este nuevo capítulo para desvelar la identidad de quien ha colaborado con el enemigo!

Liz Jones Kirkland: Mm… ¿Plane sacrficarse o no? Quien sabe… (Rena: Nosotras). Pero no te podemos decir. Por el momento disfruta de este capítulo. ¡Pronto sabrás quién ha ayudado el enemigo! ¡Gracias por el review!

tamy-lovi: Creo que podemos asumir que somos crueles xD. Pero nos alegra que te guste el fic y esperamos que lo sigas disfrutando. ¡Gracias por el review!

Mane: Interesante…¿teoría xD? Quién sabe, todo podría ocurrir en este punto del fic. ¡Gracias por el review y esperamos que te guste este capítulo!

MatthewFWilliams: (se esconde) No nos mates por favor… ¿Quién terminará el fic sino? Lo de Canadá fue una idea de ultima hora, pero al final decidimos incluirlo, aunque no podemos garantizarte su seguridad. Pronto se sabrá el culpable. ¡Gracias por el review!

Y ahora, sin más demora, el nuevo capítulo!


Se había encerrado en su cambra, en su mundo.

"El tiempo que podíais pasar juntos se ha terminado"

Aquellas palabras de Leigh le sentaron como una puñalada. Sabía, es más, creía en los milagros pero, al parecer, en esas circunstancias, no había milagro posible. Es más, ese milagro no existía.

-Soy idiota…-murmuró para sus adentros-.

Evidentemente que era un idiota ¿Cómo se le había pasado por la cabeza esa idea? ¿Cómo se le había ocurrido que, con magia, podría revivir a alguien?

"La muerte es caprichosa, no permite milagros"

Ciertamente, la muerte es caprichosa. No era la primera vez que aquella vieja amiga le arrebataba a alguien, un rey, un príncipe, millones de civiles han sufrido, y sufrirán, ese destino. La muerte no hace distinciones, rico o pobre, bueno o malo, guapo o feo… Todos terminaban entre sus brazos, durmiendo eternamente. Aún así, en ese momento, en el momento en el que Estados Unidos se le declaró, nunca lo pensó. Realmente él nunca lo pensó…

Inglaterra comprobó nuevamente su alrededor. La misma tienda de ropa, la misma lavandería, el mismo puesto de comisaría… Una de dos, o, en un paso muy, muy, muy lejano, había estado allí (y ahora mismo no lo recordaba) o su "guía" se había perdido y estaban dando vueltas en círculo como un par de tontos.

-América-llamó al "guía"- ¿Nos hemos perdido?

-Nosotros no, el mapa sí

-Espera ¡¿Has perdido el mapa?!

-Bueno-el norteamericano hizo una pequeña mueca- Creí que lo había puesto en la chaqueta pero, no tengo ni idea de donde ha ido a parar.

El inglés suspiró. Se encontraban en París, recién habían salido de una reunión con Rusia, China y Francia y, en ese momento, se disponían a regresar al hotel donde se hospedaban. Tanto ellos dos como Rusia y China estaban en el mismo hotel pero, debido a que China nunca estuvo en Francia, Rusia se ofreció a hacerle de guía y por eso se separaron.

-¿Y ahora qué hacemos?-le preguntó al estadounidense-.

-¿No había un parque cerca del hotel?

-¿Lo había?

Estados Unidos asintió y tiró de Inglaterra hacía el interior de un jardín. Aquellos eran los famosos, jardines de Luxemburgo. Entraron por una elegante puerta, hecha de barrotes y, bajo la luz de algunas farolas, caminaron por aquel pasea hasta que llegaron delante del palacio. Aún la oscuridad y humedad de la noche, la cual denotaba una gran libertad, se podía apreciar la belleza del lugar. La exquisitez en la que fue construido y la harmonía que inundaba aquel sitio.

-¿Seguro que esto estaba cerca del hotel?-preguntó Inglaterra nuevamente- Yo creo que esto está en dirección contraria

-Yo diría que no-se encogió de hombros-.

Inglaterra examinó el entorno. Allí, al otro lado de la fuente, vio un mapa de la ciudad.

-Por allí-le indicó al estadounidense-.

De pronto las luces se apagaron dejando el lugar completamente a oscuras. No se veía prácticamente nada, todo aquello que estuviese a dos pasos más allá resultaba imposible de ver.

-¡¿Y tenía que haber un apagón ahora?!-gritó Inglaterra indignado de la deficiencia del sistema energético francés- ¡Frogs! ¡Solo a ellos se les ocurre hacer huelgas de noche!

-¡Inglaterra!-llamó la voz de Estados Unidos- Sigue hablando

-¿Eh? ¿Por qué tendría que hacer algo así?

-¿No es evidente? De ese modo podré encontrarte, ya que no te veo, usaré mi oído

-¿Y qué quieres que diga?

-No lo sé, quéjate de Francia, di lo que te asusta de Rusia

-¡A mí no me asusta Rusia!

-Ya, claro…

-¡¿De dónde sacas esas conclusiones tan absurdas?!

-¡No son absurdas!-gritó Estados Unidos- Sigue hablando, te oigo cerca

-¡Si que lo son!-protestó Inglaterra- Además…

Inglaterra detuvo sus quejas al notar que algo lo empujaba desde atrás e, inevitablemente, lo hacía caer hacía el suelo, con la mala suerte que, detrás suyo, había la fuente. Así que, en medio de aquella insoldable oscuridad, él y otra cosa, a suponer Estados Unidos, cayeron en aquella fuente.

-¡Idiot! ¡¿What fucking are you thinking?!-gritó Inglaterra-.

-No te había visto…

-¡Es evidente!

Sintió como Estados Unidos y, a pesar de la oscuridad, podía ver su mano tendida, ofreciéndole ayuda para levantarse. Desvió la mirada ¡Como si él no pudiese levantarse solito! Negó la ayuda del norteamericano y trató de levantarse con la mala suerte que resbaló y cayó al agua. No sin antes, en forma de acto reflejo, agarrar la mano de Estados Unidos (tratando de evitar volver caer al agua) y conducirlo, por accidente, al agua de nuevo.

-¡Shit!-se quejó Inglaterra-.

-Si hiciesen una novela sobre nosotros sería "Dos tontos que no saben salir de una fuente"-rió Estados Unidos-.

-¡¿De qué te ríes?!-gritó Inglaterra- ¡Lo nuestro empieza a parecer patético!

Estados Unidos lo miró. Era increíble cómo, aquellos ojos azules, se clavaban en Inglaterra causándole una extraña sensación. No importaba la oscuridad, no importaba que tan lejos o cerca estuviese, podía sentir como Estados Unidos le observaba. Y, por alguna razón, Inglaterra desvió la mirada. No es que quisiese despreciarlo, ni mucho menos, solo temió que viese el rubor de sus mejillas.

-Venga -América se levantó y, al igual que la vez anterior, tendió la mano a su acompañante- Si nos quedamos aquí, enfermaremos

Inglaterra se quedó mirando aquella mano y, por una razón que ni él sabía, aceptó la invitación. Estados Unidos tiró de él y, aprovechando el impulso, se acercó y le besó. Inglaterra no daba crédito a lo que le estaba ocurriendo, se moría de vergüenza pero, por un instante, agradeció las imprevisibles huelgas de los franceses y disfrutó de la máscara que le ofrecía la oscuridad.

Y, por una de esas casualidades de la vida, la luz regresó y, como era de esperar, Estados Unidos pudo ver el rojo que cubría toda la cara de Inglaterra. En ver la luz alumbrando, nuevamente, toda la ciudad, Inglaterra se deshizo de Estados Unidos y le dio la espalda. Era evidente que norteamericano le había visto, más rojo que un tomate, aún así se negaba a aceptar eso.

Estados Unidos lo observó desde atrás, contemplando y valorando cada detalle de Inglaterra, su cabello, su espalda, sus brazos… ¿Era normal que alguien le pareciese tan perfecto? Sonrió para sí y le abrazó desde atrás. Sintió como, con su tacto, Inglaterra se estremeció. A lo mejor fue porque sintió su aliento rozar su piel, porque sintió sus brazos rodearle por completo y estrecharlo hacía él…

-Alfred…-le costó decir al inglés-.

-Te quiero-le susurró a su oído-.

Inglaterra no dijo nada pero, no porque no correspondiese a lo que Estados Unidos le había confesado sino porque no sabía cómo responder, reaccionar a esa clase de situaciones. Estados Unidos sonrió. Ese silencio fue su respuesta.

-¿Puedo tomarme eso como un sí?-le preguntó en un susurro-.

Inglaterra desvió la mirada, nervioso, avergonzado…

-Tómatelo como quieras

¿Quién podría imaginar que, años después de eso, aquella persona se alejaría, para siempre de su lado? Nadie hubiese previsto tal cosa, ni siquiera él, ni siquiera Estados Unidos…

-¡Inglaterra!-le llamó Italia entrando en su habitación-.

-¿Qué haces?-preguntó molesto por la inoportuna interrupción del italiano-.

-¡Tienes que venir al puesto de mandos! ¡Han descubierto quien ha matado a Estados Unidos!

Los ojos de Inglaterra se abrieron ante esa noticia y, antes de que Italia pudiese reaccionar, el inglés ya había salido de su habitación dirección al puesto de mandos.

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Era visible la incertidumbre, tención, inseguridad que se respiraba en la sala. Aquella estancia, únicamente iluminada por los monitos de incontables ordenadores, mostraba el estado (en pequeña escala) que se vivía en el mundo. Allí, algo más elevados de las 7 largas filas de monitores y expertos en distintos campos que comprobaban, una y otra vez, millones de dados; se encontraban los tres mariscales y el líder de aquella organización.

Syra parecía estar comprobando, en diversas fuentes, alguna información en particular. Abría y cerraba pantallas casi al instante. Era increíble la velocidad lectora de la que disponía, de eso no cabía duda. Mientras Prusia, Leigh y Robyn miraban a la gran pantalla. Dicha pantalla era de dimensiones exageradas, pues casi ocupaba, al completo, la pared a la que el pódium y las filas con los ordenadores estaban orientados. Allí, en esa gigantesca pantalla que incluso parecía sacada del futuro, como todo el material tecnológico (y no tecnológico) del que esa organización disponía; había una chica. Ella era una de las integrantes del HIDE y, por órdenes directas de Prusia había sido enviada a Francia para comprobar la situación, a nivel europeo y también a nivel mundial.

-¿Estás segura?-le preguntó Prusia de brazos cruzados y con expresión bastante seria-.

La chica asintió bastante convencida.

-Debió serte difícil acceder a esos datos-comentó Robyn- ¿No es así, Dilaris?

-Fácil no fue-comentó la chica- Pero bueno, logré encontrar un punto débil.

-Bien hecho-le felicitó Leigh-.

Acto seguido, las puertas situadas detrás de los altos cargos del HIDE se abrieron, alguien había entrado. Sabían que no podía tratarse de un empleado o de un soldado pues ellos entraban por otra puerta así que, a la fuerza, tenía que ser alguna de las naciones que se encontraba en la base en esos instantes. Era predecible saber de qué nación se trataba. Evidentemente, debería ser aquella a la que, la muerte de Estados Unidos más le afectó. A pesar de eso Prusia y dos de los mariscales, a saber Leigh y Robyn, voltearon a ver a los nuevos invitados al pódium. Como esperaban, uno de los que había entrado era Inglaterra y su acompañante, Italia. Parecía que, al entrar, se quedaron algo sorprendidos del alto nivel tecnológico del cual el HIDE disponía. Ya solo con ver aquellas pantallas táctiles, azuladas, que se reflejaban en el aire y las cuales estaban siendo manipuladas por Syra, ya les sorprendió y los dejó anonadados. Aún así, rápidamente se recompusieron y se acercaron hasta los allí presentes a la espera de saber ese nombre, el nombre de la nación que había ayudado al enemigo.

-¿Quién es?-preguntó el inglés ansioso por saber el causante de la muerte de Estados Unidos-.

-No te precipites-le ordenó Syra sin apartar la vista de toda una serie de controladores con incomprensibles signos- Debemos comprobar si esto se ha sabido más allá del estado francés

-¿Cómo vas?-preguntó Robyn a su compañera-.

Syra hizo una mueca y volvió la vista a la pantalla donde Dilaris estaba proyectada.

-Hay una clave que no encaja

-¿Eh? ¡No puede ser!-se sorprendió Dilaris-.

-¿Qué clave?-preguntó Prusia casi sin inmutarse, demasiado concentrado en la situación como para alarmarse-.

-No puedo acceder a los datos del gobierno danés. Bueno, al parecer tanto Hungría como Grecia están al tanto de que esa persona colaboró con el enemigo.

-¿Debemos suponer que Dinamarca también está al corriente?-preguntó Leigh-.

-Es lo más posible, después de todo, ahora son las 4 potencias que gobiernan Europa-comentó Prusia- Seguro que, al instante que Francia ha recibido esa información, la ha transmitido a los otros 3

-Pues vaya-suspiró Robyn- ¿Cómo pueden decir algo así, tan a las bravas?

-Imaginemos que lo han comprobado-comentó Leigh-.

-Seguro que si-aseguró Inglaterra- Ese frog no diría algo tan serio sin estar completamente seguro.

-Es verdad-le apoyó Italia-.

Nuevamente se escuchó el ruido de la puerta abrirse. Esta vez eran Catalunya, Romania, Noruega y Romano quienes habían entrado.

-Estamos todos-comentó Robyn-.

-¡Al fin!-suspiró Syra- Logré acceder a la base de informaciones del gobierno danés

Era casi impensable que alguien pudiese manejar tal cantidad de información a la vez. Se podía ver como en las pantallas estaban abiertos, al mismo tiempo, los informes de interior, fronteras, militares, económicos… toda clase de información a cerca de Dinamarca. Inglaterra se sintió algo frustrado ¿Cómo alguien tan joven podría acceder a las bases de gobiernos como si nada? Era realmente increíble y, por la forma que tenía en manejar aquellos archivos, era visible que no era la primera vez que hacía una tarea como esa.

Prusia abandonó su posición y se acercó hasta donde Syra se encontraba.

-¿Lo ves?-le preguntó a su subordinada-.

-He comprobado los archivos de fronteras y no hay nada. Mirare en los datos militares-le dijo sin apartar la vista de las pantallas invisibles con las cuales estaba trabajando- ¡Aquí!

-¿Y bien?-preguntó Robyn-.

-Como suponíamos, Dinamarca también está al tanto

-¡Espera!-pidió Romano- ¿Qué hacemos mirando cosas de "ese de allí arriba"?

-¿"Ese de allí arriba"?-repitió Noruega en un murmuro, algo molesto por el comentario-.

-¡Necesito saber quién nos ha traicionado!-protestó el mayor de los italianos-.

-Paciencia-pidió Leigh- Teníamos que comprobar algunas cosas antes de daros la información

-Exactamente ¿el qué?-preguntó Catalunya-.

-Teníamos que revisar si otros gobiernos disponían de esa información-explicó Robyn de forma entendible y breve- Y al parecer así es. Hungría, Grecia y Dinamarca también están al corriente de las acciones de esa persona

-¿Y bien? ¿Quién es?-preguntó Inglaterra-.

Prusia no dijo nada. Él simplemente mantuvo sus brazos cruzados y dirigió sus ojos hacía la gran pantalla. Y así, sin decir palabra, con un simple gesto, dio a entender, a la chica que en esos momentos se encontraba en Francia, que era el momento para que dijese el nombre de ese país. El país que, a ojos de más de medio mundo, los había traicionado.

-Quien apoyó al enemigo para la muerte de Estados Unidos fue… Rusia

Aquel ruido sordo que había habido, durante todo el tiempo en la sala, se había detenido de repente. Nadie movía un dedo, algunos ni parpadeaban ¿Habían escuchado bien? Pero, definitivamente, alguien fue el primero en reaccionar ante esa noticia.

-¡Leigh!-gritó Robyn-.

Al instante, el único mariscal hombre, inmovilizó a Inglaterra. Sabían que podía reaccionar de ese modo pero que, como mínimo, le tomaría unos 5 segundos digerir esa información. La subestimaron, a Inglaterra solo le tomó 2 segundos despertar una gran ira enfocada, exclusivamente, a Rusia.

-Este está fuera de sí-comentó Prusia-.

-Syra

Robyn llamó a su compañera y, en un segundo, en un simple intercambio de miradas acordaron ayudar, de inmediato, a Leigh pues, ahora mismo, Inglaterra, no era el mismo de siempre. Y es que, aún y con la ayuda de las otras dos mariscales, parecía que la fuerza de la que Inglaterra disponía, en esos momentos, era infinita. Casi parecía aquel Inglaterra que gobernó incontables países.

-¡Soltadme!-ordenaba la nación bajo la atenta mirada de todos los demás-.

Tanto Italia como Catalunya como cualquier otro quería ayudar a los tres mariscales a retener a Arthur, aún así, y por alguna razón, se compadecían de él y se veían incapaces de detenerles. Sus miradas desprendían dolor al igual que compasión.

-¡¿Quieres calmarte?!-gritó Syra-.

-¡Leigh!-llamó Robyn-.

-¡Se hace lo que se puede!-se excusó el mariscal-.

Prusia desvió la mirada y, con un dolor visible en su voz, ordenó lo siguiente:

-Inglaterra, cálmate

Justo en ese momento, Inglaterra dejó de ejercer aquella incontenible fuerza y cayó, derrotado, en los brazos de los mariscales.

-¿Por qué?-preguntó frustrado- ¡¿Cómo pudo hacer algo así?!

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Francia pasó rápidamente las puertas de alta seguridad que llevaban a esa celda. Aún no se podía creer las noticias que habían llegado apenas hacía unas horas.

Ya era demasiado, ¿cómo podía una nación matar a otras sabiendo mejor que nadie las consecuencias que eso acarreaba? ¿Cómo alguien podía ser capaz de condenar a millones de personas? Sabía que era algo que se había repetido a lo largo de la historia, de personas e incluso naciones que eliminaban a montones de gente por razones concretas. De hecho, podía recordar con terror las historias que contaba Roma cuando era una pequeña colonia como había vivido una época en la que una nación tenía las mismas posibilidades de morir que un humano. Pero nunca había podido entender los motivos que los llevaban a hacer eso.

Y menos los entendía ahora. En un momento en el que las naciones habían perdido su protección casi absoluta, no encontraba el sentido que un aliado matase a otro. Siempre había quedado cierto rencor entre Rusia y Estados Unidos, un rencor que no iba a ser enterrado hasta dentro de muchos siglos. ¿Pero era un rencor lo suficientemente alto para matar a toda la población? ¿Y con armas nucleares cuyos daños podían ser perjudiciales para todo el mundo?

Francia ardía por dentro de rabia. Nunca había sido un gran amigo de Rusia, no lo había sido cuando eran aliados ni nunca a lo largo de su vida, había sido simplemente un conocido, un compañero más. Sabía que cuando quería, Rusia podía ser muy cruel y despiadado, los tres países bálticos aún temblaban en la presencia del país más grande del mundo. Pero nunca lo había visto dispuesto a matar una nación, o quizás eso era porque hasta entonces era un tabú tan grande que era una cosa impensable para la mayor parte de gente.

Otro elemento que hacía ver muy rara esa muerte era el hecho de que les había sido considerablemente fácil descubrir quien había sido el atacante, como si fuera exactamente lo que quisieran, pero nadie está libre de error, así que quien no decía que Rusia podía ser el causante de todo esto.

Había discutido los motivos que había podido tener antes con Dinamarca, Hungría y Grecia, pero ninguno era capaz de ver la razón tras el asesinato de Estados Unidos. Habían también pensado si podía haber sido él el causante de las muertes del resto de países, pero por mucho que pensaran, Francia no le encontraba la lógica. Por una parte, si en verdad fuera Rusia el que había planeado todo esto, podría haber negado su absoluta colaboración desde un principio, podría haberse negado en entregar el petróleo, seguir con la guerra de las Coreas y mantenerse neutral. A pesar de que los europeos se habrían quejado, nadie lo habría obligado ni investigado y, en muy poco tiempo, Europa habría caído por la falta de petróleo. Por otra parte, aunque ese fuera su plan, nunca habría matado a Bielorrusia, quien habría sido su gran aliada y lo hubiera apoyado incondicionalmente. Simplemente no tenía sentido…

- O quien sabe – dijo Hungría, que estaba convencida que era el culpable de la muerte de Austria -. Esa mujer estaba completamente loca por Rusia, y a él no le hacía mucha gracia tener una acosadora. Quizás simplemente vio una oportunidad de quitársela de encima.

- Un pirado capaz de matar una nación será capaz de matar a cualquiera – la defendió Dinamarca.

Esas palabras retumbaron en la mente de Francia mientras entraba por la puerta de la celda donde Rusia estaba encerrado desde esa mañana.

Nada más descubrirlo, unos soldados fueron a su casa a buscarlo. Fueron armados, pero siendo conscientes que no tenían que matarle, sino que solo capturarlo. Peor para su sorpresa, cuando lo encontraron en Moscú, no presentó resistencia. Simplemente se entregó como si supiera que era cuestión de tiempo que lo cogieran. No sabían como tomarse eso. Quizás quería decir que lo tenía planeado y que iba a escapar en cualquier momento o que simplemente se había rendido después de que la muerte de Estados Unidos hiciera que la guerra se expandiese mundialmente. Incluso ese ejército enemigo tenía dificultades para cubrir tantos países. Pero solo el pensamiento de que todo eso formara parte de un plan hacía que Francia quisiera replantearse sobre el entrar o no en esa habitación, con el miedo de que fuera una trampa.

Pero cuando entró en la sala, acompañado por dos soldados armados hasta los dientes y llevando él mismo dos pistolas por si se daba el caso de necesitarlas, se encontró con un Rusia calmado, pero con unos ojos un tanto asustados. Estaba sentado en una mesa de interrogatorio.

- Esperaba verte más intranquilo – dijo Francia con un tono de rabia en su voz mientras se sentaba.

Era cierto que nunca había sido muy amigo de Rusia, pero con Estados Unidos ya había sido otra historia. Quizás alguna vez se habían peleado, pero en ningún momento, olvidó los buenos momentos que pasó junto a él. Y estar delante de su aparente asesino, hacía que ardiera de rabia por dentro.

- Yo debería decir justo lo contrario, Francia – dijo Rusia -. Se supone que el que hace el interrogatorio debería estar calmado y concentrado. Pero tu en cambio pareces a punto de estallar. Deberías dejar que otra persona hiciera el trabajo.

- No me fio de la otra gente – dijo Francia. Y era cierto, desde que la matanza había empezado, ya no sabía en quien confiar, especialmente en ese momento.

- Eso es un poco triste – respondió Rusia -, entonces, ¿por qué te has creído la información que te han dicho? Alguien podría haberla modificado.

- No juegues conmigo Rusia, esa información es verdadera – dijo Francia -. Y tienes suerte de que soy yo quien te interroga, si Inglaterra estuviera aquí no quieras saber lo que te pasaría. ¿Por qué atacaste Estados Unidos? ¿Por qué lo mataste?

Rusia suspiró y hubo un momento de silencio como si reflexionara sobre su respuesta.

- No voy a negar que ordene que lo atacaran…

- Maldito cabrón de…

- Pero – lo interrumpió -. Nunca quise que lo mataran.

- Eso ya no puedo creerlo – dijo Francia -. No tenías motivo alguno para atacar a Estados Unidos y menos con armas nucleares.

- Te has equivocado en las dos cosas – dijo Rusia -. No quise enviarle bombas nucleares, simplemente un pequeño aviso, sin víctimas, en una montaña o un territorio despoblado. Para recordarle que él también es… era vulnerable, en esa guerra.

Francia tuvo que hacer fuerza con las manos y clavarse las uñas en la piel para evitar levantarse y hacerle daño, de verdad, a esa persona.

- ¿Y cual es la segunda cosa? – dijo -. No entiendo porque has hecho esto.

- China – respondió Rusia simplemente.

- ¿China? – preguntó Francia - ¿Qué tiene que ver él con todo esto?

Rusia lo miró con ojos fríos.

- Hace cosa de dos meses, en la guerra de las Coreas, fue herido gravemente por un soldado estadounidense – respondió -. Casi murió. Estuve a punto de perderle para siempre. ¿Sabes lo que es, Francia? Levantarte y que te digan que esa persona a la que tanto amas está al borde de la muerte. Qué quizás no vuelvas a verla jamás. ¿Lo sabes?

Por desgracia, Francia lo sabía muy bien.

- Más de lo que crees – respondió -. Pero China no murió y ese soldado no recibió ninguna orden por parte de Estados Unidos para que lo hiriera de esa forma. Ya se supo la situación, era un nuevo recluta, se puso nervioso y disparó. Ahora está en prisión por esto y…

- Nadie le dio menor importancia a este hecho porque estamos en una guerra mucho mayor – dijo Rusia -. Fue completamente ignorado. ¡Podríamos haber perdido la nación más poblada del mundo y ni siquiera os importa! ¡Yo no quise matar a nadie! ¡Simplemente lanzar una advertencia! ¡Seguramente aprovecharon eso para hacerme ver como el culpable! ¡Mira la información nuevamente! ¡Hay muchas fallas en vuestra teoría! - se defendió -. Por el amor de Dios, ¡¿Por qué me aliaría con los hombres que mataron a mi hermana?!

- Eso solo tu puedes responderlo – dijo Francia -. Y en caso que lo que digas sea cierto, significaría que tienes su gente infiltrada en los altos mando. Ya no podemos confiar en ti Rusia.

- Lo sé – dijo Rusia -. No importa cuando me defienda, no importa las excusas que ponga, ahora mismo soy, probablemente, el sospechoso número uno de liderar este ejército.

- Así es – dijo Francia.

- Entonces mantenme encerrado hasta que se demuestre lo contrario – dijo Rusia -. Haréis un favor a todo el mundo al hacerlo…

- Nadie aparte de los altos mandos sabe esto.

- Igualmente, así los tranquilizarás y también me mantendrás a salvo – dijo Rusia -. Ya han matado a muchas naciones, cosa que se consideraba inmoral. Y cuando la moral flaquea quien sabe de lo que son capaces las personas. Además, soy una nación con el tiempo me tendréis que dejar ir, aunque me declaréis culpable.

Francia asintió.

- Iba a hacerlo de todas formas, no hacía falta que me lo dijeras – dijo -. Por tu reacción de antes no creo que mientas. Pero por el momento, permanecerás aquí encerrado. No podrás salir ni contactar con nadie. Lo siento, Rusia, pero ya no podemos fiarnos de ti.

- Lo sé – dijo Rusia.

Y entonces, Francia se dispuso en dejar la habitación, sintiendo como distintas emociones chocaban en su interior, pero se detuvo en la puerta.

- Hay gente que nunca te va a perdonar – dijo Francia -. Pero tienes razón, eres una nación y no te podremos encerrar eternamente. No sé si el culpable directo de la muerte de Estados Unidos fuiste tú o el enemigo se aprovechó de tu idea, cosa que te haría culpable parcialmente. Pero si salvas tantas vidas como se han arrebatado por tu culpa, podrás considerarte librado de esta carga.

Y entonces se fue cerrando la puerta tras de si.

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Cuando Inglaterra se hubo calmado, Noruego y Leigh lo acompañaron a su habitación para que descansara un rato y pudiera estar tranquilo, mientras el resto, asumía la noticia. Ellos tampoco podían entender porque el ruso había hecho eso, pero las otras dos mariscales procuraron que los dos hermanos lo olvidaran rápidamente para que empezaran con los preparativos para la guerra.

Sin embargo, no dejaron a las naciones acercarse a los arsenales del HIDE, sino que los dejaron con Prusia para que les contara bien la estrategia que habían planeado, como para que discutieran con él los cambios sobre ella.

- Creo que nuestras máximas prioridades – dijo Prusia -. Ahora mismo serían recuperar Malta y el resto de islas griegas.

- Eso ya lo habíamos pensado nosotros – dijo Romano -. Pero Malta está muy bien defendida, no tiene ningún punto débil.

- Eso pensabais vosotros en vuestras tiendas – dijo Prusia -. Pero aquí hemos encontrado que este lado de la isla no tiene tanta protección como el otro, porque allí no hay nada importante, pero, si coges este otro mapa…

Italia suspiró de aburrimiento. Ya estaba cansado de esa reunión. Eran las mismas estrategias que habían planteado una y otra vez a sus generales y habían acabado dando por imposibles, pero con la diferencia de que el HIDE parecía poseer suficientes armas y capacidad para llevarlas a cabo. Cosa que era una gran noticia, pero empezaba a resultar aburrido.

Entonces un recuerdo le vino a la cabeza, de hacía tiempo, en la Segunda Guerra Mundial, una vez que Japón lo regañó por no estar atento en una reunión y…

Y entonces el nombre de su amigo se hizo presente en su cabeza con un gran pánico. ¡Japón y Corea del Sud habían desaparecido una vez se había acabado la guerra! Lo había ignorado completamente, estaba demasiado centrado en sus cosas que había olvidado eso…

- Prusia – dijo interrumpiendo su discurso -. Por casualidad no sabréis donde está Japón…

Prusia se sorprendió que no sonara ni agresivo ni enfadado, pero en cambio muy preocupado, pero en absoluto el Italia que él había conocido.

- Lo estamos buscando – dijo Prusia -. Queremos liberarle y pedirle su colaboración. Pero no tenemos ni la más mínima idea de donde puede encontrarse. Tengo a varias personas trabajando en esa tema, pero ten por seguro que van a dar con él.

Italia asintió y volvió a concentrarse con la reunión, pero se distraía fácilmente pensando en Japón. Ya había perdido a Alemania, no quería perder a uno de sus mejores amigos también.

Cerró los ojos y deseó que estuviera bien.


¿Qué les ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Tomatazos?

¡Por fin nos acordamos de Japón!

Por cierto, la semana que viene no actualizaremos por culpa de exámenes y trabajos, lo sentimos mucho.

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¡Hasta otra!