¡Hola! ¡Curly al habla!

Sentimos mucho no haber publicado durante todas estas semanas, en verdad lo sentimos, ¡PERDÓN! Pero estábamos ocupadas y no hemos podido ni escribir ni actualizar. Lo sentimos mucho Intentaremos no volver a hacerlo.

Zomi-Nozi: ¡Gracias por el review! Lo de Alemania…Eeh…Si quieres, puedes imaginártelo…xD SI, pobrecito Japón, bueno, al menos ahora lo han ido a salvar. ¿O no?. Nuevamente, ¡perdón por la demora!

DemonBlackStar: ¡Lo sabía! ¡No podía ser nadie más! xD Bueno, seguramente hacemos tarde, pero, ¡Suerte con los exámenes! Por favor, no mates a Rusia, ya han muerto bastantes…(habla una de las escritoras del fic…) ¡Gracias por el review!

Pinsel D34CM43: ¡Gracias por el review! Y sentimos mucho la demora, en verdad lo sentimos… ¡Finalmente lo encontraron! Al menos lo trataron mejor que a España. Esperamos que te guste este capítulo.

DarkHetaliaBlood: No sé por que capítulo vas, pero aprovecho este para agradecerte tus reviews. ¡Nos alegra que te guste el fanfic y esperamos volver a verte por aquí!

Saiai-Kirkland: *La aplaude* ¡Alguien que no cree que es Rusia! *La abraza* Gracias por no creerlo, el pobre necesita que tengan fe en él… ¿Pero fue el culpable o no? ¿Y quienes serán los que han liberado a Japón…? ¡Gracias por el review!

Pandorahero7: ¡Gracias por el review! Nos alegra que te esté gustando este fanfic y lo sentimos mucho por la demora. Aquí traemos un nuevo capítulo ¡Esperamos que te guste!

¡Y sin más demora (que ha sido mucha) el nuevo capítulo!


The Last Life - Capítulo 8

Fue un largo trayecto hacía algún lado. Japón no tenía ni idea de donde se dirigía. Él calló y aguardo hasta que el jeep en el que viajaba se detuvo. Todo un trayecto en silencio, horas y horas sumergido en sus pensamientos, sospechando que aquello no fuese alguna trampa. Aquella sensación de haberse metido en la boca del lobo desapareció cuando sus pies tocaron el suelo y, tras mirar al frente, reconoció a ciertas personas o países.

-¿Otra vez?-preguntó Catalunya, sentado en lo alto de un pequeño pedestal, observando a los dos hermanos, Romano e Italia, quienes discutían cerca suyo- Al final vais a conseguir que nos expulsen

-¡¿Qué?!-se quejó Italia- ¿Ves Nii-chan? ¡Te dije que no debíamos volver a entrar allí!

-¡Cállate, idiota!-protestó Romano- No tenía elección. Era el último lugar que me faltaba por entrar

-Suerte que no os han pillado. Romania me ha dicho que los calabozos no son nada cómodos-informó el catalán-.

-¿Cuándo soltarán a Romania?

-No creo que tarden mucho aunque… ¿A quién se le ocurre colarse en la despensa y comer todo lo que había allí?-preguntó Catalunya de forma retorica- No me extraña que al final lo hayan encerrado. Y creo que puedo imaginarme quien será el próximo

-¿Quién?-preguntó Romano-.

-¡Leigh!-se oyó el grito de Inglaterra resonar por el lugar y, en poco tiempo, el país hizo acto de presencia- ¡¿Dónde se ha metido?!-preguntó a Italia y los otros dos que lo acompañaban-.

-Él-contestó Catalunya- ¿Por qué buscas a ese mariscal?

-Tienen información pero se niegan a mostrárnosla

-Que sorpresa-suspiró el catalán de forma irónica- A ver, tarde o temprano nos lo dirán ¿A qué tanta prisa?

Inglaterra iba a responderle pero, por alguna razón, desvió la mirada y se mordió la lengua. NO iba a soltar palabra lo que, de forma inevitable, dio la victoria de aquel asalto a Catalunya quien, con una gran sonrisa, bajó del pedestal y miró a la nación.

-No hay de qué preocuparse además, hablé con Robyn -al instante, todos enfocaron su atención en Catalunya- Pronto tendremos compañía-sonrió-.

Italia y Romano lo miraron con cara rara, no sabiendo, en lo absoluto, a que se refería. Ahora, Inglaterra tuvo otra reacción, una reacción mucho más distinta. Para Inglaterra, fue ese intercambio de miradas con el catalán, lo que le confirmó sus esperanzas. Arthur volteó y fue al ver aquella persona que sus ojos, verdes y brillantes, se abrieron ante la sorpresa y la alegría que lo invadieron.

-Ja… Japón…

Los dos hermanos cruzaron miradas, confusos, y voltearon hacía donde Inglaterra miraba sintiendo, al igual que el inglés, aquella sensación.

-Oh-fue lo único que la sorpresa permitió decir a Romano-.

Italia, por otro lado, se quedó en silencio y, cuando logró asimilar la presencia de su amigo allí, sonrió y se lanzó sobre él con una sonrisa.

-¡Japón! ¡Estás vivo!-decía mientras lo estrujaba entre sus brazos-.

Japón no podía dejar de sonreír. Había extrañado aquellas personas, a sus amigos. Desde su captura había pensado en ellos, había temido por ellos más que por él, incluso. Y ahora, allí estaba, abrazándole, en el caso de Italia, o tratando de asimilar su presencia como hacían Romano e Inglaterra.

-¡Japón!-gritó una voz-.

Y por allí, con sus brazos extendidos en cruz, se acercaba un alegre Prusia. Feliz por verle, feliz por ver a otra nación más allí, en aquel incierto lugar.

-Bienvenido al HIDE-sonrió el hermano mayor de Alemania-.

-Prusia-san… Esto es…

-Dentro te lo explicaré todo con más detalle pero, por ahora, creo que te servirá saber que, desde el momento en el que el HIDE intervino en esta guerra… Nuestro enemigo tiene los días contados-alardeó con una amplia sonrisa-.

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-No quiero ser el único paranoico pero… ¿Nadie nota nada extraño?-preguntó Dinamarca a la resta de países que estaban reunidos con él-.

-¿A qué te refieres?-preguntó Hungría-.

-Han llegado informes de que Japón ha sido liberado por assaillant inconnu -Dinamarca releyó esa palabra- ¡¿Qué narices es assaillant inconnu?!

-Asaltante desconocido-suspiró Francia de brazos cruzados- Se me debería pasar cuando traduje el documento.

-Japón liberado por alguien desconocido-murmuró Grecia quien, a pesar de su aparente calma, era perceptible la preocupación que lo carcomía-.

-¡Pero cómo va a ser desconocido!-gritó Turquía que, desde hacía unos días, asistía a aquellas reuniones las cuales, en su opinión, no servían de nada pero bueno, él iba- ¡Todos estamos unidos! ¡No hay nadie que haya podido actuar por su cuenta!

-¿Qué no?-soltó Dinamarca de la forma más irónica posible- Recuerdo que hay 2 países que se escapan

-¿A qué te refieres?-preguntó Hungría en nombre de todos quienes no terminaban de entender lo que el danés decía-.

Francia rápidamente supo a lo que Dinamarca se refería e, indignado por aquella sospecha, golpeó la mesa acaparando toda la atención.

-¡¿Cómo puedes sospechar de ellos?!

-¿De quién más, sino?-preguntó el danés- No son naciones tan nuevas. Fueron independientes en sus orígenes, no nacieron ayer

-¡Pero…!

-Además-añadió Dinamarca- de ellos tres, hay uno que del que especialmente sospecho. Aquel que lleva semanas desaparecido y que, cuando te encontraste con él, te dijo que tenía mucho trabajo. Francia, sabes a quien me refiero

-Si insinúas que ha sido Catalunya quine ha liberado a Japón, estás muy equivocado

-Es verdad, Dinamarca-apoyó Grecia- Catalunya no es lo suficientemente poderoso como para rescatar a Japón.

-Y dudo que Galicia y Euskadi hayan podido hacerlo-siguió Hungría-.

-Por lo que volvemos a estar en el principio-suspiró Turquía- Sin saber quien rescató a Japón

-No me habéis entendido-dijo el danés- Como habéis dicho, todos los países estamos unidos y sabemos todos los unos de los otros. Es imposible que alguien maneje algo a espaldas de los demás. Solo hay tres naciones que escapan, en cierta manera, de esa regla. Y esas naciones son Galicia, Euskadi y Catalunya. A mi parecer, alguna de ellas debe haber sido la responsable de la liberación de Japón.

-¿Y porque sospechas de Catalunya?-preguntó Turquía-.

-Es el único país del mundo ahora mismo que no manda informe-sentenció Dinamarca- He revisado, día a día, los expedientes de todos los países que llegan, a diario, a la ONU pero, casualmente, de Catalunya nunca llega nada y, si mal no recuerdo, hace poco se reunió contigo ¿No es así, Francia?

-¡¿Es eso verdad?!-se sorprendió Hungría ante esa afirmación-.

-Me dijo que estaba ocupado y por eso…

-Vamos Francia-sonrió Dinamarca de medio lado- Eso no te lo crees ni tú. Sabes que él, de una forma u otra, debe estar detrás de lo de Japón

-Pero-intervino Chipre- Aunque así fuese… ¿No es bueno que hayan liberado a un país?

-Nadie duda que sea mejor tener a Japón libre que encerrado-empezó a decir Grecia- Pero lo que estamos debatiendo es quién ha podido tener el poder suficiente para liberarlo. Japón estaría en unas condiciones parecidas a las de España, y todos sabemos cómo terminó. Fuese quien fuese quien lo liberó, no cabe duda que es poderoso. Dinamarca, aunque tengas razón, y todo apunte a Catalunya… Él no tiene la fuerza suficiente para hacer algo así

-No-admitió el nórdico- Pero, os recuerdo que hay otras naciones más "desaparecidas" y, fíjate tú qué casualidad, todas ellas desaparecieron en el intervalo de 3 días.

-Dinamarca…-murmuró Francia-.

-Admítelo, Francia. Solo hemos visto a Catalunya pero ¿Quién te dice que Inglaterra, Noruega o las Italias no estén vivos? ¿Quién te dice que, en secreto, no estén tramando algo y se hagan los desaparecidos por seguridad? ¿Quién te dice que no hayan sido ellos los que hayan liberado a Japón?

-Ciertamente-intervino Hungría- Con la ayuda de todos los desaparecidos, Catalunya podría haber liberado a Japón.

-Lo que dice Dinamarca tiene mucho sentido-reconoció Turquía- Ninguno de los ciudadanos de esas naciones ha sufrido algún problema. No han sido exterminados, siguen con su vida normal.

-Si tenemos en cuenta eso…. Lo que Dinamarca dice no es tan imposible...-admitió Francia dando por vencido a la intuición que el danés poseía- Ellos deben de estar vivos y, conociéndolos, deben estar preparando algo para terminar con nuestro enemigo.

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Francia se dejó caer al sofá cansado. Estaba harto de todo… Del enemigo, de la guerra sin sentido, de las naciones que se habían apoyado de una forma extraña en él, como si tuviera la respuesta por todo… Pero por encima de todas las cosas que estaban ocurriendo, se estaba hartando de los humanos.

Los humanos que le querían hacer responsable de todo lo sucedido, que le echaban la culpa a él y a las otras naciones de lo ocurrido, al igual que de todo el sufrimiento, a pesar de que estaban haciendo lo posible para que todo eso acabara pronto. Además de considerarlos los grandes culpables querían que también fueran ellos los que lo solucionaran todo, como si. Eso a pesar de que Francia sabía, que por mucho que intentasen que las cosas volvieran a ser como antes, las personas les seguirían odiando por muchos años, quizás décadas, a pesar de que ellos no habían hecho nada para querer eso. Pero la matanza de naciones, que habían tenido como consecuencia tantos millones de personas muertas y el encarcelamiento de Rusia no habían ayudado en nada. Algunos locos pedían la cabeza del ruso mientras que otros querían que las naciones quedasen desvinculadas de ellos, cosa que nadie sabía cómo. Lo peor es que cada día tenían más partidarios y al final acabarían cometiendo alguna locura.

Y además pensó Francia ¿Qué haríamos nosotros cuando dejásemos de estar vinculados a los humanos? No sabemos nada más, no podríamos ir a ningún sitio… Nos convertiríamos en nada, pero así nadie más estaría en peligro por culpa de nuestra posible muerte.

Pensando en eso se acabó durmiendo y soñó con el pasado. Hacía siglos, cuando él y Inglaterra eran enemigos jurados, en la guerra de los Cien Años, cuando después de tantos años luchando, ya no sabía distinguir lo que estaba bien de lo que estaba mal y desesperado.

Fue entonces cuando Jeanne apareció, en medio del caos de la guerra, esa niña que lo guió a través de batallas y a algunas victorias. Y que murió solo con diecinueve años. La había querido como lo había hecho a pocas personas y aunque al principio le despertó cierta desconfianza, después le habría puesto su vida en las manos para que le protegiese.

Se acercó a ella por curiosidad, no por lujuria como hubiera hecho con cualquier otra mujer, aunque tampoco tenía segundas intenciones. una mujer que llevaba armadura no le interesaba de esa forma. Que estúpido fue por su parte, pues en ella encontró una de las personas que más le habían fascinado a lo largo de su vida. Y sí, acabó enamorándose de ella, aunque nunca supo si llegó a corresponderle o si se quedó como un buen amigo para ella. Pero su relación con Jeanne fue diferente a la que había tenido con cualquier otro ser humano, que normalmente, solían evitar a las naciones. Preferían verlas como algo lejano e inalcanzable antes de romper ese mito y darse cuenta que sentían y pensaban igual que ellos. Pero Jeanne no, era diferente, muy diferente al resto.

Su muerte le rompió el corazón de mala manera. Miles de veces la intentó convencer para que dejara de luchar con la guerra, no porque fuera una mujer, que en esa época estaba mal visto que luchara. Había presenciado suficientes guerras con Hungría como para saber que una chica podía enviar al infierno a cualquiera con las mismas armas que los hombres. Fue para protegerla, pues no quería ver su cadáver tendido en el campo de batalla, solo quería verla a salvo.

Pero no pudo y cuando ella aún no había alcanzado los veinte años, los ingleses la quemaron. Odió a Inglaterra por eso durante mucho tiempo, no podía perdonarle, quizás, alguna vez, pensó en matarle, pero nunca lo llevó a cabo, era una locura y no quería matar a tantas personas inocentes.

El dolor de la pérdida de Jeanne, se prolongó unos años, más de lo que había imaginado, pero como se suele decir, el tiempo lo cura todo. Al final superó su muerte y la niña que una vez había guiado ejércitos quedó como uno de los recuerdos más maravillosos de su vida. Acabó aceptando su muerte mientras se decía a si mismo que esa despedida habría llegado años después, cuando Jeanne fuera ya vieja y la vida le huyera de las manos poco a poco.

Acabó encontrando también, otras personas interesantes y conoció nuevas naciones que ayudaron que el dolor se fuera. Tuvo nuevas guerras que librar y reyes a los que vigilar su reinado, aunque no fue de mucha ayuda. Y al final, había encontrado a alguien que era especial para él.

Pero ahora Canadá se había visto afectado por una guerra que en un principio no le incumbía, su hermano había muerto y ahora él estaba herido. Ya había tenido suficiente por esa guerra, tenía que acabarse… Pero no tenía la manera de cómo hacerlo…

Entonces oyó como la puerta de la entrada se abría de golpe y él agarró su arma, que llevaba siempre encima desde que la matanza había empezado. Se levantó y silenciosamente se dirigió hacia donde provenía el ruido.

Escuchó los pasos como se acercaban cada vez más y salió de repente, apuntando el arma hacia la persona que había entrado.

Peor no hubo disparo, porque no había motivo de hacerlo.

- ¡Baja la maldita arma! ¡Que no somos tus jodidos enemigos!

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Horas antes en la base del HIDE

Estaban acabando los preparativos para el ataque. Lo tenían ya casi todo listo para partir, al menos por parte de las dos mariscales, Leigh tenía más trabajo para organizar como acabarían haciendo volar por los aires la base.

Las naciones se habían mostrado animadas ante la inminente realización de la misión, incluso Prusia había podido ver como Italia y Romano volvían a ser los mismos que antes durante un corto instante, pero el suficiente para convencerse que era lo correcto.

Por primera vez en muchos años, desde la Segunda Guerra Mundial, por ser exactos, la base del HIDE quedaría casi completamente vacía. Siempre tenía soldados haciendo algo en diferentes puntos del mundo y no siempre volvían a la base que se acababa convirtiendo en su casa, pero nunca a tan gran escala. Y a Prusia, en el fondo, le sabía mal enviarlos hacia lo que podía significar la muerte. Los conocía a todos desde hacía muchos años, los había escogido él personalmente por el HIDE, asegurándose que no tenían nada más en la vida y así darles algún motivo para seguir adelante. Ese motivo solía pasar desde el ser un héroe a la sombra, hasta a la venganza a sangre fría, que siempre conseguía garantizar.

Pero los motivos que habían llevado a los integrantes del HIDE allí no le importaban en absoluto, a diferencia de las personas que trabajaban para él. Los recogía, los entrenaba para convertirlos en soldados, muchos desde que eran niños y pasaba gran parte de su tiempo con ellos. AL final, se acababa encariñando, a pesar de que él viviría mucho más tiempo que ellos y el simple pensamiento de que podían morir le resultaba muy triste.

Vio como a la lejanía, los tres mariscales comentaban algo entre ellos, discutiendo sobre la cantidad de armas que deberían llevarse. Silenciosamente se les acercó por detrás y les quitó los papeles de las manos.

- ¿Qué? ¿No os ponéis de acuerdo sin que un adulto haga de intermediario? – les dijo sonriente. No sabía cuanto más les podría hacer bromas.

- ¡¿Qué adulto?! – dijo Syra – Solo veo a un niñato molestando a sus mayores.

- ¡Devuélvenos los papeles pesado! – le soltó Robyn.

- Chicas, dejadlo en paz – dijo Leigh -. No vale la pena insistirle a un idiota.

- Y aún así, sigo siendo awesome – respondió Prusia.

- Dos cosas: No eres awesome y devuélvenos los papeles – dijo Syra -. Por si no te has dado cuenta, en pocos momentos nos vamos a la guerra.

- Así que intenta ser lo más agradable que puedas en nuestros últimos instantes aquí – dijo Leigh.

- ¿Agradable? – dijo Robyn -. Es incapaz de eso.

- Oh, venga, callad un momento – les soltó Prusia.

Y dicho esto los abrazó a los tres de golpe. Al principio, se sorprendieron, pero luego lo correspondieron y, como pudieron, lo rodearon con sus brazos. Daba igual lo mucho que le criticasen, le conocían desde que eran pequeños, al final, lo apreciaban aunque fuera un poco.

Un grito de Inglaterra de que ya estaban listos rompió el abrazo.

- Bueno – dio Prusia -. Volved pronto y procurad que no os maten.

- No engordes mientras nos esperas en tu silla – dijo Robyn.

- No contagies a Japón tus malas costumbres – dijo Leigh -. Que ya tenemos bastante con un solo tú.

- Y, por el amor de Dios , ¡Limpia tu despacho! – Le soltó Syra – Que allí no se puede entrar sin una máscara de gas de la peste que hace.

Prusia se rió y los mariscales se fueron en sus respectivos grupos. En pocos días, si había suerte, la operación habría sido un éxito y la guerra estaría terminando definitivamente.

- Hasta otra – murmuró Prusia mientras veía como se iban.

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Casa de Francia, algunas horas después

- ¡¿Se puede saber qué estás haciendo aquí Romano?! – gritó Francia bajando el arma -. ¡Casi te disparo!

Romano se encogió de hombros.

- Tenemos que hablar contigo – dijo -. ¿Está Canadá?

- Está enfermo – dijo Francia -. Lo sabes, le he pedido que no venga por Europa hasta que esté mejor. ¿Por qué? ¿Debería?

- No – dijo -. De hecho es mejor así – miró hacia la puerta - Pasad.

Italia, Catalunya y dos chicas vestidas de blanco entraron.

- Francia – dijo -. Estas son Syra y Robyn. Tienen una forma de acabar con el enemigo y necesitamos tu cooperación.

Fin del Capítulo 8


¿Qué les ha parecido? ¿Bien? ¿Mal?

La semana que viene volvemos, ¡lo prometo!

¡Hasta pronto!