Hola! Curly al aparato!

Hoy es miércoles, así que traemos un nuevo capítulo de este fic!

Antes de nada agradecer a todos los followers, favoritos y reviews!

DemonBlackStar: Bueno, al menos no tienes colegio xD Si, la guerra ya ha empezado y las cosas empiezan a calentarse. ¡Esperemos que te guste este capítulo y gracias por el review!

DilarisPersefone: ¡Gracias por el review! (yo también tuve que mirar un mapa mientras lo escribía xD). Referente a los 2p, en principio no queríamos que quedasen así, por lo que en verdad no son 2p (aunque parezca lo contrario xD). ¡Esperemos que te guste el capítulo!

Zomi-Nozi: Creo que referente a Noruega yo también estaría igual xD. Pues esperemos que las cosas no se pongan peor (se hace la despistada). Esperemos que encuentres este capítulo igual de emocionante. ¡Gracias por el review!

xxayamexx1: ¡Gracias por el review! SI, por fin están mostrando su otra cara después de tantos años xD. ¡Esperamos que te guste este nuevo capítulo!

Mane: ¡Gracias por el review…! Un momento. ¿Quién te quiere matar? xD ¿Qué me he perdido? Bueno, en todo caso, por fin las cosas han explotado y ahora guerra! ¡Esperamos que te guste este capítulo!

Y ahora sin más demora, el nuevo capítulo!


The Last Life – Capítulo 10

Francia

Empezó la búsqueda por la base en Viena.

Robyn había dado las órdenes precisas para hacerla lo más rápida posible. Los soldados del HIDE tenían que mantenerse ocultos, pero tenían que moverse con agilidad. Esperaban que la base estuviera escondida, pero tampoco que lo estuviera por hacerla completamente invisible como la del HIDE, ya que Viena ahora era una ciudad fantasma y no se esperaba que nadie fuese allí con una guerra ocurriendo en el Mediterráneo.

Francia observó como los soldados que los acompañaban daban un gesto de afirmación a las órdenes de la Mariscal y se iban rápidamente. Él y Robyn investigarían la zona cerca de la ópera, Robyn prefería no perderle de vista por si habían enemigos que intentaran matarlo.

El francés vio su oportunidad de empezar a hacer preguntas y decidió aprovecharla, aunque la chica que tenía delante suyo seguramente no hablaría.

- ¿Quiénes sois? – dijo.

- El HIDE – respondió – Ya te lo hemos dicho.

- Me refería a quiénes sois en verdad – dijo Francia.

- Hazme caso – dijo -. Por tu bien, no quieres saber la respuesta.

- ¿Por qué? – dijo -. He visto muchas cosas a lo largo de mi vida y sé guardar secretos. Y una chica vestida de blanco, con pajarita y una calavera con sombrero en la espalda no creo que pueda sorprenderme.

Robyn la miró.

- Primero, las pajaritas son guais – dijo – Segundo, si te lo dijera, tendría que matarte. Y para que lo sepas, tengo la autorización para hacerlo.

Francia iba a responderle, pero entonces la radio hizo un ruido.

- Robyn – dijo uno de los soldados-. La hemos encontrado.

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Italia y Grecia

El miedo se había extendido por todas las islas griegas. Los soldados enemigos desesperados salían de los barcos que se habían quedado encallados entre las rocas o el resto de buques hundidos y llegaban a tierra dispuestos a encargarse de cualquier persona que se les pusiera adelante. Más que un ejército que había puesto en alerta a casi todo el mundo, ahora parecía más bien una horda de fantasmas vengativos.

A Italia no le extrañaba esa reacción, si te hubieran intentado hundir y hubieras sobrevivido, la mayoría se rendiría o, si eran suficientes para luchar, intentaría, aún, ganar una batalla desesperada. Y por desgracia, la segunda opción era la que estaba ocurriendo.

Los soldados salían del agua armados, quizás con una arma de fuego que aún servía o con cuchillos, con las que hacían frente a los soldados de los distintos países. Muchos ya no llevaban las máscaras y ahora podían ver quienes eran: gente de diferentes etnias, de alrededor del mundo. ¿Qué había llevado a toda esa gente a traicionar a sus naciones y querer matarlas? ¿Acaso no era eso como un gran suicidio? ¿O es que quien les había contratado era alguien que les hacía temer más que la propia muerte?

Italia no tuvo tiempo para pensar en eso. La cantidad de barcos que de los que estaban saliendo soldados era más grande de lo que habían podido predecir y no tenían los medios suficientes para acabar con todos.

Empezaba una batalla desesperada.

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La impaciencia empezaba a apoderarse de Inglaterra. No sabía cuánto tiempo llevaba allí esperando junto aquellos soldados del Hide que, a diferencia de él, mantenían la calma de forma espectacular. Se los miraba de reojo, tenían que tener algún truco para permanecer tan indiferentes, por Dios ¡Que estaban a punto de asaltar la base del enemigo! ¡¿Cómo no podían ni sentirse un poco nerviosos?!

Al final suspiró resignado, el único nervioso allí era él. Le hubiese gustado preguntar a Noruega y Romania como se sentían ellos pero, a su desgracia, aún no podía usar los comunicadores pues el enemigo podría interceptarlos y todo el plan se iría al garete. Se sentó en una roca que había allí cerca y siguió esperando. Escuchaba las olas del mar chocar contra la costa, el sonido de los pájaros, el viento mover las hojas de los árboles y…

-¿Interferencias?-se extrañó Inglaterra al escuchar que su auricular emitía unos sonidos confusos-.

-Inglaterra

El corazón de Arthur se detuvo por completo ¿Había escuchado bien? ¿Quién le estaba llamando? Le costaba identificar la voz por las interferencias por lo que esperó a ver si esa persona decía algo más.

-Inglaterra

Ahora sí, ahora reconoció a aquella persona. Por culpa de alguno de los muchos sentimientos que paseaban por su mente, Arthur se levantó de la piedra en la que estaba sentado. Estaba sobresaltado, nervioso, tenía miedo… Eran tantas cosas a la vez…

-¿Ocurre algo, señor Inglaterra?-preguntó uno de los soldados-.

Él les hizo un gesto para que no dijesen nada más ya que, si los soldados hablaban ya le sería imposible seguir escuchando a la persona al otro lado del auricular.

-Leigh-llamó la nación- ¿Estás allí?

-Ya estoy dentro

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Leigh miró a su alrededor con cara de decepción. Todo el piso estaba cubierto de gente que él, en el tiempo de un parpadeo, había dejado inconsciente. Todos aquellos científicos o soldados, no importaba, eran demasiado débiles para él ¿Acaso habían dejado a los más debiluchos para la base y llevaron a los exterminadores al campo de batalla? Suspiró y activó una luz verde que había en el auricular que llevaba.

-Inglaterra

No parecía que la nación lo estuviese escuchando, demasiadas interferencias de por medio. Ladeó la cabeza y se acercó hasta el panel de control principal. Aquello estaba plagado de palancas, botones, pantallas, interruptores… Cualquiera se hubiese estresado con tan solo mirar eso pero él no. Antes de dirigirse con las naciones hasta el lugar, Syra le enseño unos "trucos básicos" para manejar aquellas maquinas y, acordándose de una de las lecciones, desactivó el campo electromagnético que rodeaba la sala y producía las interferencias.

-Inglaterra-insistió de nuevo-.

-Leigh ¿Estás allí?

-Ya estoy dentro

-¡Has tardado mucho!

-Exagerado-suspiró Leigh mientras empezaba a entrar en la red de la base- Solo he tardado 5 días. Eso es un record, que lo sepas

-¡Eso me da igual!

-A mi no-respondió el mariscal- Deberías elogiarme no meterme la bronca

-¡Ni en broma!

-Está bien-Leigh soltó una risa ante el comportamiento de Inglaterra quien, a pesar de los años que cargaba encima suyo, en ocasiones tenía reacciones algo infantiles, divertidas incluso- Estoy intentando acceder al archivo de seguridad. No creo que tarde mucho. Iros preparando

-¿Cuánto tiempo?

-Como mucho 5 minutos, no más.

-¿Has avisado a Noruega y Rumania?

-Ahora lo hago

Leigh dirigió una de sus manos hacía el auricular de su oreja. El mariscal desactivó la luz verde para activa otra, la luz amarilla. Tras hacer eso, volvió sus manos al teclado con tal de poder acceder a las claves de seguridad de la base lo antes posible.

-¿Leigh?-preguntó una voz al otro lado del auricular-.

-Rumania ¿Cómo vais por allí?

-Podría mejorarse. Demasiado calor creo yo ¿Has podido infiltrarte ya?

-Sí, ahora mismo estoy averiguando las claves de seguridad

-¿Cuántas hay?

-He logrado 1 de las 3 que hay. Nada mal. Te digo lo mismo que a Inglaterra, tardaré como unos 5 minutos. Estad preparados para cuando la puerta se abra ¿Ha quedado claro?

-Estaremos listos

-Más os vale

De nuevo, Leigh desactivó manualmente la luz amarilla de su auricular que, tras tocar un pequeño botón, cambió al color azul.

-Noruega-llamó esta vez-.

-¿Leigh? ¿Hay aire acondicionado allí dentro?

Leigh dejó de teclear por unos instantes ¿De verdad que le había preguntado eso? Sacudió la cabeza y se puso manos a la obra nuevamente. El tiempo era limitado.

-Leigh

-Hay aire-suspiró el mariscal- Noruega, estad atentos a la puerta. Solo me falta por descifrar una contraseña. Cuando eso pase, la puerta se abrirá. Deberéis ir a la vuestra zona lo antes posible ¿De acuerdo?

-Sí, si…

Leigh apagó el auricular y se concentró en descifrar la última contraseña. Los asteriscos de la pantalla empezaron a cambiarse por número y, en poco tiempo, apareció la última de las cifras. Leigh sonrió y apretó la tecla enter del teclado desbloqueando, por completo, la seguridad de la base.

-Perfecto-sonrió orgulloso de su trabajo- Ahora viene la parte más emocionante

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Catalunya y Gibraltar

Eran demasiados. Más de los que habían calculado en un principio y sin duda, llegarían muchos más.

Catalunya estaba inquieto mientras observaba el desarrollo de las cosas desde su puesto. Él se haría cargo del lado este del lugar donde se estaba llevando a cabo la matanza, mientras que Gibraltar del oeste.

Oía todo el rato como la artillería estaba disparando sin cesar hacia las personas que una vez habían sido tan temidas y, que de hecho, aún lo eran, a pesar de que muchas de las máscaras se las había llevado el hundimiento de los buques.

La artillería disparaba por ambos lados, sin dejar superviviente alguno o escasos de estos, delante suyo, había más gente disparando desde una ubicación segura. Por último, detrás tenían el mar, lleno de buques hundidos y de soldados desesperados que huían de las bombas. Los tenían atrapados en una jaula mortal.

Hasta el momento, solo un par de buques se habían desviado del plan, pero habían sido reducidos casi inmediatamente por unos escuadrones que estaban especialmente preparados por si esta situación se daba.

No era la primera vez que Catalunya observaba una matanza, había visto muchas al largo de su historia, algunas las recordaba con más claridad que otras, pero ninguna había sido un motivo para alegrarse.

Cerró los ojos para no ver a más muertos. Era igual que esas personas hubieran matado a millones, nadie merecía morir de esa forma, estaba mal. Pero a pesar de la oscuridad, seguía oyendo el ruido de los disparos y el olor de pólvora combinado con el de sangre.

Por favor, que esto acabe pronto

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Romano

Miró los cadáveres a su alrededor. Los había matado él y solo él.

Un poco más lejos, unos soldados del ejército italiano o de cualquier otro país, no le interesaba, miraban con horror su ropa manchada de sangre, su pelo más rojo del normal y las armas que llevaba en sus manos. Algunos ya habían ido en busca de un oficial para que lo llevara de vuelta a los cuarteles antes de que le ocurriera algo malo a la nación. Daba igual, no pensaba volver a dentro.

Algunos de los soldados de los buques habían llegado a la playa para intentar sobrevivir en tierra. Como si tuvieran alguna esperanza de ganar…

Allí solo encontraban un Romano desprovisto de compasión y enloquecido, además de Syra, que hacía el mismo trabajo que el italiano en ese momento.

Algunos, les habían suplicado por piedad, habían llorado y se habían rendido. Romano no les había perdonado. En todo lo que podía pensar era en que esas personas eran las que lo habían matado a él. No podía saber si los que lo habían torturado se encontraban allí, pero había disfrutado imaginándolo. Quizás los había matado a todos demasiado rápidamente, tendría que haber alargado esa venganza.

A la lejanía vio como más soldados enemigos se acercaban y agarró su cuchillo y recargó su pistola con una sonrisa. La batalla continuaba.

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Rumania

-Definitivamente tiene que ser aquí-declaró Rumania confiando plenamente en su sentido de la orientación-.

El soldado suspiró.

-Señor-le llamó- ¿Podría parar de decir puertas al azar?

-¡Estoy seguro de que esta!

El soldado lo miró y llevó su mano a la cabeza. Rumania era un caso perdido, estaba seguro. Supuestamente, calculando la distancia de la puerta por la que entraron hasta donde el mapa marcaba que tenían que llegar, tendrían que haber tardado unos 5 minutos como mucho. Llevaban 20 minutos dando vueltas como tontos.

-Primero el mapa al revés, luego la pared que era una ilusión y ahora la tómbola de las puertas…-suspiró el soldado-.

Alguien se asomó por el hombro del soldado que tenía el mapa. Miró lo que había proyectado en el cristal y volvió sus ojos a la sala.

-Ainsworth-llamó aquella persona al soldado- Está diciendo la puerta correcta

-¡Te lo dije!

Aquel soldado ya no sabía qué hacer. A ojos de los demás, aquel hombre poseía una paciencia infinita y, realmente, Rumania también creía eso. El soldado vio como la nación se acercaba a dicha puerta y la abría con increíble facilidad a pesar de la envergadura del objeto.

-¿Estaba abierta?-se extrañó otro soldado-.

-Leigh la abrió-contestó Rumania- Me lo ha dicho

-Así que fue el señor Leigh…-murmuró otro-.

Rumania asintió y pasó al interior del lugar. Tras él fueron los soldados de su grupo. Todos palpaban a su alrededor. Allí dentro no había luz, no se veía nada de nada y solo podían guiarse por el eco que sus voces producían, algo nada fiable.

-Señor Rumania-llamó una chica- ¿Podría decirle al señor Leigh si puede abrir las luces de esta sala?

-Ahora voy, Saiai-sonrió la nación-.

Saiai era la persona de más autoridad del grupo después de Rumania y, teniendo en cuenta como era esta nación, mucho preferían que ella les confirmase y realmente tenían que hacer lo que Rumania les decía.

-Ahora lo hace-sonrió él aunque, debido a la oscuridad de la sala, ella no pudo ver su sonrisa-.

A los pocos segundos, las luces se abrieron descubriendo que se encontraban en la despensa de alimentos, en medio de un laberinto de estanterías repletas de toda clase de alimentos.

-¡Sangre!

Faltaron segundos para que Rumania emprendiese una carrera contra reloj para llegar donde había aquellos potes con un líquido rojo.

-Me extraña que tengan sangre-comentó Saiai-.

Rumania ni la escuchó. Él agarró uno de esos potes de cristal y se bebió la mitad de lo que contenía en un solo tragó.

-Tiene un gusto algo peculiar

Saiai tomó de las manos de la nación el frasco y, tras hundir su dedo en el líquido se lo llevó a la boca.

-Señora…-murmuró uno de los soldados algo asqueado-.

-Debe ser sangre del tipo AB-comentó Rumania al ver la cara que la chica ponía-.

-Señor Rumania-empezó a decir ella- Esto es salsa de tomate

-Lo que yo decía, del tipo AB-trató de disimular-.

Saiai suspiró profundamente y dejó el pote en el estante de su lado.

-Tenemos cosas que hacer

-Cierto-sonrió la nación-.

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Noruega

Aquello era imposible ¿Cómo aquellos muchachos podían resultar tan letales? Desde que entraron a la base del enemigo habrían recorrido, por decir algo, unos 400m, tal vez menos, y en ese pequeño recorrido, aquellos soldados que lo acompañaban, ya habían dejado inconscientes a unos 12 guardias. De hecho, habían dejado inconsciente a todo aquel que se había metido en su camino. Eran las perfectas maquinas de matar ¿No deberían estar en el campo de batalla? Bueno… Allí ya había muchos de ellos.

La nación comprobó el mapa de la base. Gracias a Leigh, infiltrado en el centro de control, lograron obtener un detallado mapa de las instalaciones de la base y de ese modo facilitarlo todo aún más. El mapa, por muy imposible que pudiese parecer, estaba reflejado en un pedazo de cristal, bueno, así lo veía Noruega, para los miembros del HIDE aquello era un ordenador portátil. En el cristal se podían ver varios símbolos: los puntos negros eran soldados enemigos, el punto rojo que parpadeaba eran ellos, y los puntos, verde y amarillo, que también parpadeaban, eran el grupo de Inglaterra y el de Romania; Leigh estaba represando con una estrella morada y, por último, la sala donde debían llegar para poner en marcha el plan, estaba marcada con una redonda roja.

-Estamos cerca-murmuró Noruega para sí mismo-.

La nación nórdica alzó la mirada encontrándose con una grande e imponente puerta delante suyo. Aquello tranquilamente podría pesar tonelada. Harían falta 15 personas para poder mover esas puertas y poder pasar al interior del lugar que también, otra cosa, a saber que había allí dentro.

-¿Es aquí, señor?-preguntó uno de los soldados que estaba con él-.

Noruega asintió y sopló al ver aquella puerta. Ya se veía intentando mover ese armatoste de puerta.

-¿Noruega?

-Leigh, dime que puedes abrir esta puerta-pidió-.

-Estás hablando con la persona indicada

-¿Puedes?

Noruega solo escuchó como Leigh le colgaba. Al principio le molestó un poco pero luego entendió porqué. Tímidamente, la puerta se abrió lo suficiente como para pudiesen pasar. Sabían que tenían un tiempo limitado y que Leigh no podía mantener aquello abierto eternamente así que se apresuraron a entrar en la sala, completamente a oscuras. No sabían hacía donde podían ir y la poca luz que se filtraba a través de la puerta no ayudaba demasiado a saber donde se habían metido.

El seco cerrar de la puerta los alarmó inútilmente. Voltearon preocupados para comprobar que, ahora sí, estaban totalmente a oscuras en vete a saber dónde.

-¿Y ahora?-preguntó Noruega quien estaba más avanzado que el resto-.

A respuesta de esa pregunta, las luces de la sala se fueron encendiendo por orden de más a menos cercana a la puerta. El miedo iba cubriendo los rostros de los presentes, aquello sí que no se lo esperaban de ninguna de las maneras.

-Estamos en…-murmuró uno de los soldados del HIDE-.

Noruega tragó en seco y contempló todo aquello. Como hipnotizado por el horror que sentía, caminó hasta una de las falsas paredes de la sala y tocó uno de aquellos objetos. Acarició aquello sintiendo el dolor que se reflejaba en aquel filo, palpó la sangre que había allí…

-Señor Noruega…

-Hace poco que la han usado-dijo la nación- Este cuchillo… Todas estas armas. Han sido usadas hace poco.

-Casi se pueden escuchar los gritos de toda la gente a la que han matado…-murmuró una sargento-.

-Es repugnante-opinó un soldado asqueado- Ni siquiera limpian la sangre de sus armas

Noruega dirigió su mano temblorosa al auricular de su oreja.

-Leigh-llamó- ¿Cómo no me dijiste que acabaríamos aquí?

-Lo siento Noruega, sé lo que es estar allí dentro. El lugar donde se guardan todas las armas con las que han matado a millones de personas…

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Francia

La base se encontraba ubicada en el Palacio Hofburg, un lugar suficientemente grande para ocultar una base.

Silenciosamente, lo rodearon y buscaron una entrada que estuviera poco vigilada. La encontraron, una que estaba controlada solo por dos cameras, las que rompieron. Inmediatamente, una alarma retumbó por todo el edificio y se oyeron pasos de los soldados que llegaban a por ellos.

Sin embargo, ninguno vivió para contarlo. Italia tenía razón al decir que cada uno de los hombres del HIDE valía cien de cualquier otro ejército, pues en pocos minutos, la batalla había terminado y los soldados enemigos yacían en el suelo muertos. Francia se sintió débil a su lado, si bien había matado a mucha gente a lo largo de su vida, nunca había visto a nadie luchar de esa forma. Algunos, los habían abatido a balas, otros, degollándolos o rompiéndoles el cuello. Y sin embargo, los del HIDE, solo podían quejarse de que su ropa blanca estaba teñida de sangre.

Entraron en la base sin más problemas, pues la mayoría de hombres se encontraban ahora en el patio.

Colocaron los explosivos y salieron. Temían que no fueran suficientes, pues habían sido preparados para la ópera, pero si no lo eran, al menos provocarían muchos destrozos.

- ¿Listos? – preguntó Robyn aguantando el botón que haría volar por los aires el palacio.

Todos asintieron y la mariscal lo pulsó. EL palacio quedó reducido a escombros en cuestión de segundos. Cuando el derrumbamiento terminó, se hizo el silencio mientras observaban los destrozos del que una vez había sido un bonito edificio.

Entonces sonó un teléfono.

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Catalunya y Gibraltar

Al final, se vio obligado a abrir los ojos e intentar convencerse de que era lo que tenía que hacer. Si esos centenares de personas no morían, lo harían millones más. Además, cuando el grupo que se encontraba en la base del enemigo hiciera volar la base por los aires, ya no haría falta que la batalla continuase.

En poco rato, apareció Gibraltar, anunciando que ya había llegado el último barco, por lo que pronto acabaría todo.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó -. Estás muy pálido…

Catalunya hizo un gesto afirmativo y volvió a mirar a los artilleros.

- ¿Tenemos suficiente para el final?

Gibraltar asintió.

- Nos han llegado más abastecimiento – dijo -. Aunque esto durara una semana, podríamos aguantar perfectamente.

No, por favor pensó Catalunya.

Pero se terminó pronto. Pocas horas después, un oficial llegó afirmando que no quedaba ningún enemigo en el campo, donde se amontonaban montañas de cadáveres, ahora los soldados lo estaban revisando.

Catalunya se limitó a asentir y a dar permiso al oficial para retirarse. No tenía ganas de hablar con nadie y se quedó solo en la habitación.

Peor su deseo no fue concedido. Pues entonces el teléfono empezó a sonar. Era una llamada de las tropas de Grecia. Y eso no podían ser buenas noticias de ninguna manera.

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Romano

Después de acabar con el nuevo grupo de soldados enemigos, las cosas empezaron a calmarse. Las voces empezaban a correr por el campo de batalla: Que si se habían hundido el resto de buques, que si algunos habían escapado, que llegaban más enemigos, pero menos que antes…

En cualquier caso, parecía que la batalla estaba ganada a su favor.

Romano, al ver que ya no había peligro, dejó caer el cuchillo y la pistola y se quedó de pie, mientras Syra se le acercaba por la derecha.

- Has montado un buen follón aquí – dijo.

Romano no respondió. Estaba cansado. Con la emoción del momento no se había dado cuenta, pero ahora el agotamiento se le venía encima.

- Mejor volvamos – dijo -. Esto ya está ganado.

El italiano asintió. Sabía que recibiría una buena reprimenda por parte de sus superiores, más valía no alargarla más.

Cuando entraron en el edificio, fue tal como él había predicho, lo tomaron en una habitación a parte e intentaron regañarlo. Romano no contestó y fue asintiendo a todo lo que le decían, pues no se arrepentía de ninguna de sus acciones. Había visto como esos asesinos morían en sus manos y eso le era más que suficiente.

Pero algo los interrumpió: un soldado que entró precipitadamente en la habitación.

- ¡Señores! – dijo -. ¡Una llamada desde Grecia! ¡Tienen problemas!

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UK

Hacía algunos segundos que habían entrado a la sala que les correspondía la cual estaba completamente a oscuras. Inglaterra trató de identificar de que sala se trataba pero era demasiado oscuro como para ver algo más allá de donde estaba él. Se cruzó de brazos y suspiró.

-Leigh-dijo-.

En ese instante las luces se abrieron. Eran los archivos. Enromes estanterías repletas de hojas con todo tipo de información. Habían ido a parar a un buen lugar. Inglaterra sabía que no estaba allí para eso pero, ya que el destino le brindó la oportunidad de mirar en el archivo del enemigo ¿Por qué desaprovecharla? Entusiasmado, se acercó a una de las carpetas, la que más rabia le dio y la abrió para leer su contenido.

-No puede decir…-murmuró perplejo al leer lo que había escrito en esas hojas-.

-¿Qué es eso, señor?-preguntó un soldado-.

Inglaterra no contestó, siguió leyendo aquello:

Naciones eliminadas: Bielorrusia, Austria, Liechtenstein, Islandia, España, Bulgaria y Estados Unidos.

Próximos ataques: Canadá, Italia, Romano, Grecia, Hungría.

Arthur estrujó ese papel entre sus puños. La ira lo invadió por completo y, junto a ese sentimiento tan profundo de ira apareció otro, tristeza. La tristeza de ver tantos nombres de amigos que había perdido, tantos nombres y el que más le dolió fue Estados Unidos. Lanzó aquel documento, convertido en bola, lo más lejos que pudo. Solo en pensar que querían terminar con Canadá, con Italia, con…

-¡No lo permitiré!-gritó dando un fuerte golpe a la estantería-.

-Señor Inglaterra, debe calmarse-le pidió uno de los soldados-.

Arthur le ignoró por completo, demasiado enfadado estaba como para escuchar a alguien. Activó el auricular y trató de contener un poco su ira para que la persona que estaba al otro lado no se alarmase.

-Leigh-llamó-.

-¿Ocurre algo?

-Vamos a empezar ya

-¿Qué?

-Diles a Noruega y Rumania que se preparen. Voy a dibujar el círculo ahora mismo. Vamos a hacer un buen espectáculo de fuegos artificiales

Y evitando escuchar alguna replica de Leigh, colgó. Con un odio que acobardaba a todo aquel que estaba cerca suyo, Inglaterra se colocó en el centro de la sala y, tal y como le dijo al mariscal, empezó a trazar varios círculos mágicos en el suelo.

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Italia y Grecia

Italia empezó a desesperarse. Lo peor que se estaba imaginando estaba ocurriendo.

Los soldados enemigos eran demasiados y se estaban haciendo con armas. Estaban desesperanzados y, según lo que recordaba, no había nada más peligroso que una persona que no tiene nada a perder. Como esos soldados en ese mismo instante, que no dejaban de avanzar por las islas, mientras que los suyos empezaban a tener miedo.

Los oficiales gritaban órdenes para que la batalla prosiguiera, pero las cosas no mejoraban, la batalla estaba igualada y cada vez había más muertos en el suelo.

Hacía rato que habían obligado a Italia a volver detrás de las filas, a un lugar más seguro para que no hubiera otra nación muerta, aunque estaba impaciente para encontrar un momento para escaparse. Pero, a pesar de que su instinto le decía que fuera a la batalla, desde lejos podía ver que no era una idea inteligente. Lo más probable, es que si salía allí, acabara muerto.

Un soldado apareció ante un oficial a pocos metros suyo.

- ¡Señor! – dijo -. ¡La situación es desesperada! ¡ A este paso no vamos a poder derrotar al enemigo!

Grecia e Italia se miraron.

- Parece que no nos queda otra opción – dijo Italia.

Grecia asintió.

- Voy a pedir refuerzos de otras batallas – dijo – No podemos manejar esto nosotros solos.

Y desapareció entre la gentada.

Italia suspiró. Solo esperaba que el resto estuviera disponible, sino, no sabía si volverían a ver la luz del nuevo día.


Y aquí finaliza el nuevo capítulo. ¿Qué les ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Tomatazos? ¿Demasiado 2p? xD Dejadnos un review!

Hasta la pròxima semana!