Hola! Rena al habla!

Bueno, bueno, parece que esto empieza a llegar a su fin ¿Es eso posible? Antes de que suelte algún spoiler involuntario dejadme agradecer los followers, favoritos y los reviews ¡Muchísimas gracias! Y ahora… ¡Pasamos a contestar los reviews! ;)

Zomi- Nozi. Muchas gracias por dejar tu review! Pronto verás que pasa con el Magic Trio ;) Esperamos que te guste mucho!

DemonBlackStar. Una fan de Norway! Hahaha A ver qué tal te parece su aparición por este capítulo ;) y ¡no te vamos a matar! :)))) Muchas gracias por el review

XeliaNoctus. En primer lugar, felicitarte, te juro que yo soy incapaz de hacer un review tan largo como el tuyo. Me gustaría tener más imaginación y poder redactar todo lo que siento al leer algún fic pero, está comprobado, es imposible. ¡Bueno! Sobre lo de los colores, fue al azar ^^' Y la magia de Inglaterra… Es posible que Rusia aparezca ¿o no? ¡¿Quién sabe?! Hahahaha Tendrás que leerlo para saberlo ;) Y, por último, creo que te has equivocado con lo de Noruega. A quien le pasa lo de la salsa de tomate es a Romania (Créeme, nos hiciste leer el capítulo otra vez para comprobar que no estaba mal xD) En fin, hasta aquí la contestación, como decía, no soy muy propensa a hacer grandes párrafos (sé que puede sonar irónico ahora mismo) Muchas gracias por dejar tu review y hasta pronto! Nos saludamos por Facebook ^^

horus100. No te preocupes, las amenazas son como cumplidos para nosotras. Es como si nos dijeran: Sois infinitamente crueles. Por alguna razón creo que no lo he plasmado del todo bien pero la idea vendría a ser algo así. Muchas gracias por el review y esperamos verte de nuevo!

Vale, estos son los reviews de esta semana. Debo daros un mensaje de parte de Curly: Para aquellos que vayan a leer el fic; os doy permiso para odiarme, yo misma me odio por el final de capítulo que he redactado.


¡No os mováis!

Antes de que alguno de ellos pudiese reaccionar se encontraron rodeados por el enemigo. Eran apuntados con aquellas enormes armas, capaces de hacer pedazos cualquier cuerpo, no importaba si era el cuerpo de una nación o el de un humano.

-¿Y ahora?-preguntó uno de los soldados-.

Arthur apretó los dientes. Parecía que estuviesen esperando a que él terminase el círculo mágico para acorralarlos.

-Sabemos que hay una nación entre vosotros-dijo el general de aquel ejercito- Que dé un paso al frente

-Claro-dijo Arthur sarcásticamente- Y la matáis ¿No?

-Es evidente que lo haremos

-Pues que pena-empezó a decir Arthur-.

Todos tenían la mirada puesta sobre él. Sabían que tramaba algo y, por aquella dura y fría mirada, era evidente que no era nada bueno. Los soldados enemigos, aunque pareciese imposible, te tenían miedo de ese chico. No le quitaban el ojo de encima, sabían que, de un momento a otro, les atacaría. Así fue. Antes de que alguno de la sala pudiese parpadear, Arthur agarró un cuchillo que tenía un soldado del HIDE como arma, y lo clavó en la yugular del general. El hombre, desangrado en cuestión de segundos, cayó al suelo muerto.

La sangre salpicó en la cara de Arthur quien, tras mirar a los otros soldados, retiraron las armas.

-Esta es la nación a la que queríais matar. No seré otra víctima en vuestra lista

Arthur les dio la espalda. Sabía que no dispararían aún así, con un simple gesto, indicó a los miembros del HIDE que no les quitasen los ojos de encima, eran el enemigo después de todo. Aunque, juzgando por su obediencia, no haría mucho que entraron en el arte de la guerra. De allí que fuesen tan maleable, incluso con alguien que era su enemigo.

Inglaterra caminó a través del charco de sangre, parecía que hasta se regocijaba al pasar por allí. Como si hubiese devuelto parte del daño que ellos provocaron. Dejando huellas por todo el suelo, se posicionó en el centro del círculo. Él cerró sus ojos y concentró su magia en aquellos garabatos que, de pronto, empezaron a brillar ligeramente.

-This is for you all* ¡Deinceps!**

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Italia estaba desesperado. La batalla era desesperada y parecía todo perdido, y lo peor, es que no se podía permitir fallar en ese lugar de Europa.

Grecia era un punto vital en la estrategia, si el enemigo ganaba la batalla, se haría fuerte en esa posición. Les haría falta un tiempo para recuperarse, pero con el tiempo, volverían a ser capaces de plantarles cara a las naciones nuevamente. E Italia no quería saber como se hacían fuertes tan rápido y si con ese pequeño territorio que podía resultar tan peligroso harían suficiente para resistir.

Pero estaban acabados sino llegaban refuerzos. Los barcos que se habían encallado habían dado a sus enemigos demasiadas ocasiones para desembarcar en las distintas islas y la batalla en tierra se estaba volviendo demasiado encarnizada como para que pudieran durar mucho tiempo.

Se agarró a su fusil, apenas le quedaban balas. Aún tenía sus cuchillos y la pistola que Alemania le había dado hacía tiempo. Incluso un idiota se daría cuenta de que le sería casi imposible salir vivo de ese lugar.

Recordó porque había temido tanto a la guerra antes de que todo ese caos empezara: Porque tenía un miedo atroz a morir. No solo por su vida, sino por el hecho de que toda su gente se iría con él. O muchas naciones acababan desapareciendo a causa de guerras y entonces sería olvidado, una página más en la historia. Y eso aún le daba más miedo que morir.

Su abuelo había sido destruido por los varios conflictos en su interior, Sacro imperio Romano fue a la guerra y nunca regresó … ¿Por qué no podía ocurrirle a él exactamente lo mismo? ¿Quién decía que un día regresaría a casa tras una batalla?

Pero la situación era distinta. Tenía algo que proteger. Si el enemigo ganaba, se podrían hacer fuertes, si se hacían fuertes volverían las muertes de las naciones y, eventualmente, llegarían a Alemania. Solo pensar en eso, hacía que parte de las ganas que tenía de luchar aparecían otra vez, pero el miedo, de nuevo las paralizaba.

En ese momento, estaba escondido tras un trozo de un barco, disparando a todo soldado enemigo que se le acercase o lo notase. Pero eso lo llevó a un error.

A pesar de que se encontraba en completo silencio, cuando vio acercarse un grupo de cinco enemigos a lo que veía que no podría abatir, se dijo que debía moverse, que sino, lo encontrarían. Pero con el fusil, chocó contra un trozo del barco, provocando que parte de este se cayera y provocara suficiente estruendo para que los soldados se tumbaran hacia donde estaba él.

Italia no dudó, disparó y abatió a uno. Dos e hirió a otro en un brazo. Disparó más veces y abatió a otro, pero cuando se quiso dar cuenta, ya se le habían acabado las balas. Llevo su mano a la cintura para coger la pistola, pero tenía la certeza de que no tendría tiempo. Antes de que pudiera hacer nada lo matarían, no sobreviviría. Esperó el impacto de las balas…

Pero estas nunca llegaron. En vez de eso, Italia vio como los cuerpos de los soldados caían delante suyo, muertos, por cuchillos.

Ante él, se encontraban Romano y Syra, ambos con armas en las manos.

- Fratello… - dijo Italia emocionado -. Si estás aquí significa que…

- Sí, idiota – le replicó Romano -. Hemos llevado refuerzos. Justo a tiempo o habría muerto otra nación.

Italia bajó la cabeza como si se avergonzase, pero en verdad, estaba alegre. Con los refuerzos, tenían más posibilidades de vencer.

- Y eso no es todo – dijo Syra -. Acabo de hablar con Robyn y viene hacia aquí con muchos miembros del HIDE, irán de incógnito, claro, pero serán más refuerzos.

- La batalla también ha terminado en Gibraltar – dijo Romano -. Catalunya y los demás se dirigen hacia aquí también con más refuerzos.

Italia no pudo reprimir la risa. Venían casi todos los refuerzos que podían, mientras que el número de enemigos cada vez se hacía más pequeño en comparación. Sintió como su miedo se oba de pronto. Iban a ganar. Ahora estaba seguro de ello.

- No rías en el campo de batalla – lo regañó su hermano.

Pero a Italia le daba igual. Porque iban a ganar.

Y así fue. Horas después, por el campo de batalla no se podía ver a casi nadie con el uniforme negro de los enemigos en pie. Todos estaban muertos o rodeados por varios soldados provenientes de países de todo el mundo. Los estaban aplastando. EL ejército desconocido iba a ser aniquilado finalmente.

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…Leigh

-Un círculo activado-sonrió- Maldito Inglaterra, me ha hecho acelerar todo el plan. En fin-suspiró- Va siendo hora de que haga mi último trabajo en esta base del mal

El mariscal tocó un botón del teclado y se dirigió hacia el centro del círculo mágico que, previamente, había dibujado. Se trataban de varios círculos entrelazándose. Difíciles combinaciones de astros, números, palabras –la mayoría de ellas escritas en griego y latín-.

-¿Todos listos?-preguntó Leigh-.

La respuesta por parte de los demás fue unánime: Sí. Leigh sonrió, parecía que aquella carnicería de guerra llegaba a su fin. Fue esa alegría la que lo empujó a colocar la mano en el centro del círuclo y pronunciar:

A caelo ad infernum. Ut omnes ab uno gubernetur. Ego dicam tibi perficere volo, exterminare!

…Noruega

La nación salió del círculo. Lo miró a la espera de alguna señal y, de hecho, la señal llegó. Un fuerte terremoto sacudió todo el lugar. Noruega tuvo suerte de poder agarrarse a una de las estanterías, otros directamente cayeron al suelo al igual que los miles de libros que se precipitaron de sus repisas.

-¡Señor!-llamó uno de los soldados-.

-Leigh debe haber activado los círculos-comentó- ¡Hay que salir de aquí, ahora mismo!-ordenó-.

Todo el grupo corrió dirección a la puerta. Si no lograban salir de allí en 1 minuto, la explosión los alcanzaría. Noruega trató de abrir aquel gran portón pero, por alguna razón no pudo.

-¿Qué ocurre?-le preguntó un soldado-.

-No se abre

-¡¿Cómo? ¡Eso no puede ser!

55''

Un soldado corrió hacía ellos.

-¿Qué ocurre? ¿Por qué no abren la puerta?-preguntó

-No se abre

-Es no es posible

El soldado fue a comprobar. Tiró del pomo sin éxito. Parecía que no daba crédito a lo que estaba sucediendo. De pronto, un frío sudor corrió por su espalda. Tenían que encontrar una manera de abrir aquello.

-¡Está encallada!-dijo el general que se acercó a ayudarles a abrir su única escapatoria-.

-¡Maldición!-golpeó un soldado aquella puerta-.

-¡Señor Noruega!-llamó otro- ¡¿Qué debemos hacer?!

-Pues como no nos tele transportemos…

-¿Puede hacerlo?-preguntó ilusionado-.

-No da tiempo. No sé qué podemos hacer

35''

-¡Tiene que haber una salida! ¡Siempre la hay!

-No si estás en una sala prácticamente hermética -comentó otro soldado-.

-¿Prácticamente hermética? ¡Prácticamente hermética! Luka-Lin, eres un genio-alagó Noruega-.

…Leigh

Era la decimoquinta vez que comprobaba su reloj ¿Por qué no salía el grupo de Noruega? Los demás soldados, los que iban con Inglaterra y Romania, empezaban a preocuparse por sus camaradas del HIDE y las naciones estaban preocupadas por Noruega.

-¿Qué diablos están haciendo?

Otra explosión echó a volar parte de la base. Pronto sería detonada la zona donde Noruega estuvo asignado. Tenían que salir de allí o sino…

5

-Salid-pidió un soldado-.

4

-Vosotros podéis…

3

-Por favor, por favor-pidió un soldado cruzando los dedos-.

2

-Noruega-murmuró Inglaterra-.

1

-¡Al suelo!-ordenó Noruega quien apareció de la nada junto a todo su grupo-.

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A Francia le sorprendió lo callado que podía resultar un campo de batalla después de que esta se acabara. Hacía apenas unas horas allí se estaban intercambiando tiros entre diversos entre los dos ejércitos. Ahora eran solo pilas y pilas de cadáveres. Los del ejército desconocido serían enterrados en fosas, seguramente, de todas formas, nunca habían conseguido identificar a nadie, no sabrían a quien darles el cadáver para que lo lloraran. Mientras que al resto, les esperaba un duro regreso a casa.

Habrían muchas formas que solucionar si esa guerra en verdad había acabado. Haría falta buscar los restos del ejército y acabar con ellos, así como descubrir de una vez por todas qué era. También tendrían que empezar a reconstruir lo que la guerra se había llevado, así como aclarar el asunto de Rusia, que cada día le parecía más extraño. Por último, a pesar de que llevaría un gran dolor, tendrían que repartir los territorios que pertenecían a las naciones muertas. Los iban a necesitar, eventualmente. Sonaba frívolo y cruel, pero mucha gente estaba sin casa y allí muchas seguían de pie.

A su alrededor, los dos hermanos italianos estaban discutiendo junto a Catalunya, Syra y Robyn, que estaba unos metros más lejos hablando por un teléfono. No iba a desaprovechar esta oportunidad. Iba a saber la verdad de una vez por todas.

Se giró hacia las dos chicas y se dispuso a hacer preguntas de nuevo. Pero antes de que pudiera hacer nada, Robyn habló antes.

- Nos acaba de llamar el pesado del jefe – dijo con tono de fastidio -. La guerra está decidida a favor vuestro. Ya no hace falta más nuestra ayuda. Debemos retirarnos.

Todos quedaron mirándolas fijamente.

- Pero la guerra aún no ha terminado – dijo Italia.

- No, pero pronto lo hará – dijo Syra -. El HIDE siempre intentamos intervenir lo más discretamente que podemos, borrando toda prueba nuestra. Esta vez hemos hecho demasiado ruido. Si os volvemos a ayudar, no notaréis nuestra presencia.

- Pero…- dijo Francia pensando que tenía que retenerlas, no podía permitir que se fueran antes de que le respondieran sus preguntas -. Aún no hemos terminado aquí. Si no examinamos el campo de batalla aún se nos podrían escapar supervivientes.

- Esto lo podéis hacer vosotros solos – respondió Robyn -. Las órdenes del jefe son absolutas, tenemos que irnos. Perdón por no poder colaborar.

- Ya – dijo Romano -. Perdón por saltarnos el trabajo pesado. Lo estáis deseando.

- Cierto – respondió Syra -. Pero tenemos que hacernos cargo de una invasión de titanes en Australia, junto a unos Daleks que están tocando las narices por unos satélites, buscar las bolas de dragón y coronar al Rey de los Piratas.

- Muy graciosa – respondió Romano.

- Iba en serio…

- ¿Cómo?

- Bueno, lo de los titanes no…

- De todas formas – dijo Robyn -. Tenemos que irnos.

Dieron las manos a las Italias, Catalunya y Francia para despedirse, a pesar de que este último parecía frustrado. Y entonces, desaparecieron rápidamente.

Las naciones se miraron entre ellas. Volvían a luchar ellos solos.

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-Así que la base del enemigo ha sido volada-sonrió Prusia en escuchar esas noticias de boca de Leigh-.

-Fue difícil-murmuró-.

-¿Dónde están…?

Leigh señaló la puerta de detrás suyo con el pulgar.

-Si quieres hablar con esos tres, están allí fuera esperando

Prusia sonrió y puso su mano encima del hombro de Leigh.

-Buen trabajo. Ya sabes lo que tienes que hacer

Dicho esto se fue de la sala. Leigh volteó con el suficiente tiempo para ver como Prusia desaparecía detrás de la puerta de su despacho. Fue, cuando estuvo a solas, que pudo sentir esa sensación de alivio. Aquello ya estaba a punto de terminar, al fin, aquella Gran Guerra que sería recordada por siempre, aquella guerra tan devastadora en la que él pudo ver el sufrimiento. Leigh sonrió y activó un botón del escritorio de Prusia.

-Robyn, Syra ¿Me oís?-preguntó-.

-¿Pasa algo?-preguntó Syra-.

-Dime que no son malas noticias-pidió Robyn

Leigh rió.

-Ya podéis regresar a la base. Para el HIDE, esta guerra ya se ha terminado.

…Prusia

-¡¿Qué?!-gritó Inglaterra alarmado- ¡¿Cómo que os retiráis?!

-Hemos volado la base del enemigo y estáis ganando en el campo de batalla. Esta guerra tiene los días contados. Ya no necesitáis la ayuda del HIDE

-Eso es verdad-reconoció Noruega quien, al llegar a la base, miró como estaba el campo de batalla para ver que el enemigo estaba tan debilitado que era fácilmente ganado por los suyos- Aún así…

-El HIDE debe seguir manteniéndose en secreto, además ¡Ya lo tenéis todo ganado! No hay de qué preocuparse. Esto al fin se ha terminado.

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Francia miró a su alrededor. Deberían salir de allí, aunque solo había muertos a su alrededor, lo mejor sería salir de allí de inmediato. Muchas veces habían soldados que fingían su muerte para poder escapar o supervivientes que aún les quedaban fuerzas para matar, solo necesitaban recuperarse. No era un buen lugar para estarse, especialmente para ellos, las naciones.

A parte de eso, quería interrogar a ambas Italias sobre el HIDE una vez llegasen a los cuarteles. A pesar de que ahora se veían como dos soldados expertos, guardaba la esperanza que fuera igual de fácil que antes hacerlos hablar.

Se acercó al menor, que siempre había sido más dócil.

- Italia – le dijo -. ¿Podré hablar con vosotros una vez lleguemos a los cuarteles?

Él lo miró con desconfianza.

- ¿Por qué? – dijo - ¿Por el HIDE? Francia, ya deberías saber que no…

- ¿Qué no me vais a decir nada? – respondió -. Eso ya lo sé. Pero ahora mismo no hay nadie vigilándonos. Me lo podéis decir.

Italia negó con la cabeza.

- No voy a hacerlo, seguramente nos tienen vigilados – dijo -. No quiero que mueran más naciones. Voy a mantener mi boca cerrada y olvidar su existencia.

- Por favor, Italia – dijo Francia -. Si ellos son tan poderosos pueden ser muy peligrosos. SI es así deberíamos mantenerlos controlados…

- No voy hacerlo Francia, ya hay demasiados muertos como para que se añadan más a la lista – dijo -. Robyn y Syra, junto a otra persona tienen permiso para matar a una persona. ¡Eso significa que no voy a contarte nada!

- ¡Italia! – gritó Francia -. Necesito saber de que va todo esto. ¡No pienso parar de preguntar hasta que sepa que bandos han jugado en esta guerra!

- ¡Deja en paz a mi hermano! – intervino Romano -. ¿No lo entiendes? ¡Ninguna maldita cosa va a salir de nuestra maldita boca, maldito francés!

- ¡No voy a callarme! – dijo Francia.

- Venga – dijo Catalunya -. Calmaos todos, que ahora no es momento, que estamos ganando la guerra…

- ¡Ya sé que estamos ganando la estúpida guerra! – gritó Romano -. ¡Pero no pienso callarme mientras este pretende matarnos a todos!

- ¡Oye…! – dijo Francia.

- ¡Cállate! – dijo Romano -. ¡Que te quede claro que no vamos a hablar y…!

La frase le quedó cortada en los labios cuando el ruido de un disparo rompió el silencio del campo de batalla.

Francia no supo que estaba pasando. En los siguientes segundos miró a los demás, que lo observaban con horror. Entonces siguió sus miradas hacia abajo y lo vio.

Sangre.

En su pecho.

Empezó a sentir dolor. Sus piernas le flaquearon. Quizás un poco de sangre le salió por la boca.

No sintió el impacto contra el suelo y vio borroso como los demás se le acercaban corriendo. Alguien lo recostó en sus brazos mientras sus ojos se negaban de lágrimas, quizás fuera Italia… Otro mató al que lo había disparado. Romano, quizás…

- No puede ser – murmuró el que lo agarraba, ahora estaba seguro que era Italia -. Esto no puede estar pasando…

Francia tosió. Entonces lo entendió: Había sido disparado, en el pecho. Se estaba muriendo poco a poco… Con sus últimos esfuerzos miró a su alrededor. Los tres pares de ojos que lo miraban horrorizados y llorando.

- Voy a morir…

- ¡No digas eso! – dijo Romano alarmado - . ¡Te vas a poner bien! ¡Ahora vamos a avisar a alguien…!

Francia negó con la cabeza.

- Es tarde…- dijo -. Parece que el mundo va a prescindir de otra nación…

¿No estaba su voz sonando cada vez más débil?

- ¡No! ¡No ahora por favor! – dijo Italia -. ¡Estamos ganando la guerra! ¿No lo ves? ¡Vamos a ganar! Y entonces vamos a celebrarlo. Y Canadá estará allí, y también Inglaterra, y Prusia, y Polonia, y Grecia… Y entonces Alemania se va a despertar y nos va a hacer callar a todos… Y tu volverás a casa con Canadá… Canadá, él te necesita, por favor, tienes que vivir…

Francia sonrió.

- No voy a hacerlo, pero gracias por animarme – dijo -. Decidle al mundo que lo siento mucho, que no era mi intención morir. Que triste… Mis últimos momentos y lo único que he hecho es discutir con vosotros… Espero que me podéis perdonar…

- ¡No! – dijo Romano cogiéndole una mano -. ¡Por favor, tienes que resistir!

- Al menos, vosotros vais a vivir – añadió -. Esta guerra está ganada, no va a morir nadie más. Seré la última muerte. La última vida perdida, junto a muchas más.

- ¡No!

- Cuida de ellos, Cat – dijo-. Sé que tu y yo hemos tenido nuestras peleas y que nunca has confiado en mí. Pero por favor, créeme, cuando te digo que estos dos me importan.

- Lo haré – respondió el aludido.

- Gracias…

- ¡No, Francia! – gritó Italia.

Sentía como sus últimas fuerzas fallaban, tenía que hablar deprisa…

- Decidle a Canadá que lo quiero. Que lo amo un montón y que no creo que eso cambie nunca, pero que siga adelante, por favor, que no se quede atrapado en el pasado. Ya soportamos demasiado peso en la espalda. Y soltad a Rusia, no creo que él tuviera nada que ver…

- ¡Podrás hacerlo todo tú! – dijo Romano.

- ¡Sí! ¡Vas a vivir! – continuó Italia.

Francia sintió como unas lágrimas le salían de los ojos. Cada vez le costaba más hablar, ver u oír…

- Quería hacer tantas cosas… Me quedan tantas cosas por hacer…

- Por favor… - dijo alguna de las Italias, ya no supo distinguir cual.

- Ah, y podéis quedaros con los territorios y obras de arte que os quit…

Sus últimas palabras ya fueron inaudibles para los demás. Ya no era capaz de hablar más. Solo de ver como el mundo se oscurecía a su alrededor cada vez más.

No quería morir… No aún…

Estaba seguro que las dos Italias llorarían durante mucho rato. Catalunya también, pero les haría entrar en razón y avisaría a la gente de su muerte. Su población lo odiaría desde… donde fuera que iban los muertos y Canadá quedaría destrozado por eso. Canadá… Le hubiera gustado tanto verlo por última vez…

Intentó cerrar los ojos, por así al menos, ahorrarles el momento de ver la mirada vacía de un muerto. Pero ya ni siquiera sus ojos le obedecieron, cosa que le hizo sentir una gran frustración.

Y así, en un campo de batalla, rodeado de cadáveres y de tres naciones más, la vida de Francia se apagó lentamente como si fuera una vela.

Habían ganado la guerra


*Esto es para todos vosotros (igl.)

**Adelante (lat.)


Y hasta aquí el capítulo de esta semana :) Esperamos que os haya gustado ^^ Aquí dejamos nuestra página de Facebook. De vez en cuando colgamos previews, imágenes o avisos por si algún día no podemos publicar.

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Bueno! Esto es todo por esta semana. No os olvidéis de dejar un review y hasta el miércoles que viene!