¡Hola! ¡Curly al habla!

A pesar de que en el último episodio nos estamos ganando odio a pulso, hoy os entregamos otro capítulo.

Antes que nada agradecer todos los favoritos followers y reviews!

Zomi-Nozi: ¡Gracias por el review! ¡Y por favor el hacha no!(Se esconde) Ya os dije que podíais odiarme… (fui la encargada de esa parte). En cuanto a lo de Noruega… Esa parte se hizo cargo Rena y la única respuesta que he obtenido es que por los pelos xD. ¡Y aún nos quedan 5 capítulos más (contando este) al menos!

horus100: ¡Gracias por el review! Bueno, más maldiciones, no sé si eso es bueno o malo xD. Bueno, el culpable pronto se sabrá y te juro que recibirá lo que merece. ¡Esperamos volver a verte por aquí!

DemonBlackStar: ¡Viva Noruega! (Quiero ir de vacaciones allí… T.T). Y si, Francia está muerto, puedes odiarme xD (fui la encargada de esa parte). ¡Gracia spor el review y esperamos volver a verte por aquí pronto!

DarkHetaliaBlood: De nuevo veo que aún estás lejos de alcanzar esta parte pero esperamos que sigas disfrutando del fic y tienes permiso para odiarnos, a ambas. Ya lo entenderás, aunque cuando leas esto ya lo habrás entendido. ¡Gracias por los reviews!

Liz Jones Kirkland: ¡Alguien que no puede maldecirnos! *Le hace un monumento* No pasa nada, conozco la maldición de la uni xD y Rena pronto la conocerá. Uyy, cuantas preguntas xD. Eventualmente, todas serán respondidas. ¡Gracias por el review!

Akemi kirkland: Uoooooooo! Una nueva cara (?) ¡Gracias por el review! Bueno, al menos Inglaterra ya se ha asegurado que no se cumpla la lista. ¡Esperamos volver a verte por aquí!

Mane: Siento lo de tu prima, pero al menos tú sigues viva xD. Esa es una buena pregunta… Lo veremos en los próximos capítulos (quizás). Otra buena pregunta que también será contestada con el tiempo xD. ¡Esperamos que te guste este capítulo y gracias por el review!

Y ahora, sin más demora, ¡El nuevo capítulo!

PD: Rena dice que si queréis la podéis odiar y que en la última parte escuchéis Final Words de la OST de Naruto.


The Last Life - capítulo 12

El silencio se fue extendiendo en la iglesia poco a poco. No era un silencio absoluto, pues había música que seguía sonando en todo el edificio. Era esa especie de silencio que deja un ataúd al que lo llevan hacia su tumba.

Inglaterra miró a su alrededor. Todo era muy oscuro, allí había demasiado negro. Las paredes eran demasiado cerradas y los vidrios tintados que se suponían que debían ser increíbles, no dejaban pasar suficiente luz. La música, canciones de despedida, eran demasiado lentas y tristes. La única gota de claridad, eran las flores blancas que decoraban la caja. Después habían los militares, que habían creído óptimos para la situación, pero que solo añadían frialdad al lugar.

No debería ser de esa forma. Francia no era de esa manera. Deberían haberlo enterrado en París, pero los que estaban en los gobiernos ahora apenas se habían dignado a empezar a enterrar a la gente que había quedado muerta en las calles de las naciones asesinadas y París ahora les suponía un lugar demasiado macabro con todos los cuerpos olvidados. Por lo que el entierro se celebraba en Suiza, el mismo lugar donde se hicieron los de Austria y Liechtenstein.

Debería ser un entierro de colores, tal como había sido Francia, una persona con una personalidad alegre. Deberían estar todos charlando, aunque fuera tristemente, pero eso le habría hecho más feliz en vez de la rigidez que mostraban todos los presentes. La música, tendría que ser bonitas canciones francesas, en vez de lo que estaban tocando. Y en vez de flores blancas, tendrían que haber puesto rosas, que habrían ido mejor con el francés.

Lágrimas silenciosas le surcaron por la cara mientras se volvía a poner bien su chaqueta militar. Él también debería haber ido de colores, debería haber enviado de paseo a todos sus jefes e ir como le diera la gana. Francia habría reído si hubiera hecho eso. Ahora solo podía permanecer de pie mientras se llevaban el ataúd que contenía al que el final había considerado su amigo.

A su lado, se encontraba la representación del Reino Unido, que ponían su mejor cara por parecer devastada, pero en verdad, estaban alegres, porque después de la partición de los territorios que habían celebrado la semana anterior, les había tocado parte de Estados Unidos, la Bretaña francesa, Normandía y Andalucía. A Inglaterra solo le había parecido una cosa cruel y fría por su parte, pero solo se vio con valor de quedarse callado y asentir ante las decisiones de sus jefes. Solo él de ese grupo echaría de menos a Francia. Solo él echaría de menos a las otras naciones. Solo él echaría de menos a Estados Unidos.

Después de la batalla de Grecia, la guerra terminó rápidamente. No tardaron mucho en vencer los restos del ejército enemigo y desmantelar sus bases. Los culpables, fueron juzgados y, en su gran mayoría, condenados a muerte. Incluso las naciones que siempre habían permanecido en contra de la pena de muerte, parecían de acuerdo con esa sentencia.

Los culpables resultó ser la economía en sí. Los altos precios del petróleo obligaron a los europeos a buscar otros países para comprarlos. Las naciones que les habían vendido el petróleo desde hacía tiempo se mostraron desacuerdo con la decisión, pero no habrían llegado más lejos que las amenazas. Fueron las empresas, sus jefes, gente lo suficientemente rica que se creyeron lo suficientemente poderosos como par decidir que no necesitaban un continente entero. Que ya habían hecho suficientemente dinero y que podrían pasar el resto de su vida sin molestarse por esos blancos del norte que solo saben pedir y quejarse. Habían varias empresas que habían colaborado en la formación de ese enorme ejército desconocido, usando por soldados gente suficientemente desesperada y asustada por esas personas para que lo siguieran lealmente en esa locura.

Cuando los jefes de las empresas, que opinaban que sus vidas valían más que todas las que se habían perdido, habían hablado ante los tribunales internacionales, habían declarado que en verdad, habían pensado eliminar a más países a mesura que la guerra avanzaba, países que debían morir de forma "preventiva" como había ocurrido con Estados Unidos. Pero en principio, nadie debía quedar vivo en Europa. Era un plan perfecto para librarse de los únicos quebraderos que les quedaban.

Inglaterra no pudo estar en la sala durante todo el juicio, no lo había soportado, tuvo que salir, junto a muchos países. Pero por lo que le habían contado, los jefes intentaron sobornar a los jueces para que los dejaran libres. Pero no había funcionado. Dos ya habían sido ejecutados, el resto, estaba esperando en sus celdas.

Deberían haberles dado a todos una muerte cruel y lenta como la de España pensaba aún Inglaterra.

El total de víctimas de la guerra había sido de 600 millones aproximadamente, era difícil decirlo con exactitud. Superaba con creces la Segunda guerra mundial y había acabado con casi una décima parte de la población humana. El planeta estaba destrozado, las naciones devastadas y miles de civiles estaban sin casa y sin dinero. Todos los que creían que con el fin de la guerra todo se solucionaría, habían visto sus esperanzas por el suelo al ver como se enfrentaban al gran problema que muchas de esas empresas controlaban la mayor parte de productos que la gente necesitaba para sobrevivir. No había nadie que ahora se los proporcionase y tenían miedo de confiar en cualquier otra empresa. Sufrían una falta de alimentos y energía terribles. Lo mismo era para las naciones, que intentaban ayudar en todo lo que podían, pero cada vez que creían solucionar un problema, uno nuevo aparecía para llevarse todas sus esperanzas.

La única luz al final del túnel que parecía haber era la recuperación de los territorios de los muertos. Si bien les parecía una cosa cruel, necesitaban usarlos para sobrevivir. Los muertos habían muerto, pero los que seguían vivos, querían vivir y a algunos les parecía más honrado usar lo que era de los que se fueron y recordarlos que no dejar que esas tierras se convirtieran en terrenos olvidados.

Debido a que la guerra había acabado, el entierro de Francia era más espectacular que el resto de naciones. Debido a las batallas, apenas habían tenido tiempo de darles un adiós apropiado. Pero a él sí, a pesar de que, según Inglaterra todo estaba mal hecho. Había muerto en manos de un soldado enemigo que había aprovechado su último esfuerzo para acabar con él, justo después de que el HIDE se fuera.

Canadá caminaba junto al ataúd, se estaba aguantando el llanto, a pesar de que unas lágrimas empezaban a asomarse por sus ojos. No podía derrumbarse allí, ya bastante mal estaba el mundo como para ver además como una nación se quebraba ante él. Ya habría un momento para derrumbarse después, cuando no hubiera ojos. Cuando en privado pudieran decir "ojalá hubiera nacido humano por poder dejar atrás este mundo podrido".

Poco a poco, Inglaterra fue perdiendo la comitiva que acompañaba el ataúd de vista. Enterrarían el cuerpo en algún lugar del cementerio. Se prometió a si mismo que iría allí tan pronto como pudiera, quitaría todas esas malditas flores blancas y las cambiaría por unas espléndidas rosas rojas.

La única noticia que había supuesto un alivio, era la confirmación de que Rusia no era el culpable de la muerte de Estados Unidos. Había decido la verdad todo el tiempo. Él solo había planeado enviarle una advertencia, el ejército enemigo había hecho el resto. Ahora estaba en libertad, pero Inglaterra no quería encontrarse con él. De alguna forma, aún lo seguía culpando de la muerte de la persona que había querido más.

Pero antes de encontrarse con él, tenían que hallar a Corea del Sur que seguía desaparecido y no creía que lo fueran a encontrar. Corea del Norte lo tendría prisionero y no lo dejaría marchar fácilmente. Quizás eventualmente, pero no creían que eso fuera posible y cualquier tentativa de liberarlo tendría el resultado de otra nación muerta.

El ataúd salió completamente de la iglesia y la gente fue siguiéndolo poco a poco. Inglaterra solo quería que todo eso acabara de una vez por todas.

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Un año después…

La guerra dejó un amargo regusto en el mundo. No solo la guerra, todas las muertes ocasionadas por ese ejército, aún desconocido a pesar de los meses que habían pasado. De hecho, después de que la batalla terminase, nadie siguió investigando la identidad de aquellos enemigos, todos querían olvidar. Olvidar todo aquel horror, ese miedo a si el día de mañana llegaría.

Alrededor del globo, se crearon diversas manifestaciones. Poco a poco, líderes radicales aparecieron en los gobiernos de algunos países y, todos ellos, coincidían en que la última guerra fue culpa de las naciones. Su discurso más habitual era que, ya que las naciones no eran tan susceptibles a la muerte como los humanos, dejaron que todo sucediese, sin ponerle ningún freno.

Aunque Romano supiese que eso no era verdad, no podía decir nada. Tuvo que morderse los labios y salir de ese bar repleto de gente. Su vida había tomado un rumbo inesperado, teniéndose que esconder de sus propios habitantes. Le desesperaba aquella situación, solo podía salir de noches, con la cabeza baja, para que nadie lo reconociese. La gabardina y el sombrero eran sus amigos inseparables.

La nación decidió alejarse de la zona urbana y se adentro en los caminos de tierra, allí donde solo la luz de las estrellas ilumina el lugar. Solo en ese lugar podía estar tranquilo. Se quitó el sombrero y tomó asiento al lado de un gran roble. Varias noches terminaba acudiendo allí. Miraba a las estrellas y pensaba en como estaría su hermano, de quien no sabía nada desde que aquel "dictador" subió al poder. También pensaba acerca de la guerra, de cómo sería poder regresar en el tiempo y evitarlo todo…

-Veneciano…-murmuró en un suspiró antes de caer dormido-.

Estaba cansado, ni siquiera pudo evitar que sus ojos se cerrasen. No sabía dónde se encontraba, su sueño estaba teñido de negro, al igual que su realidad. De pronto, aquel sentimiento de preocupación desapareció ¿Qué más daba? Hiciera lo que hiciera terminarían encontrándolo, no se podía huir eternamente. La gente conocía su cara, estaba en todos los lugares. La gente estaba concienciada en atraparlo. Si tenía tanta gente en contra ¿Cómo se le había pasado por la cabeza que podría huir de allí? Simplemente, lo atraparían.

Señor

Aquella dulce voz se infiltró en sus pensamientos. Al principio no podía creer que fuese verdad hasta que volvió a escucharla:

Señor

Romano despertó de su sueño. Ya era de día, por la altura del sol, calculaba sobre las 8 de la mañana. A su lado, con cara preocupada, había una niñita de cabellos dorados. Su edad rondaría los 7 años, más o menos.

-Llevaba durmiendo aquí toda la noche-le dijo ella- Le he visto desde mi ventana

-¿No sabes quién soy?-preguntó Romano confuso-.

Ella pareció extrañarse de su pregunta. Sin decir palabra, puso la mano en la mochilita que llevaba y sacó una manzana la cual le entregó a Romano. La nación se miraba a aquella niña extrañado ¿podría ser que alguien no supiese quien era? Bueno, después de todo, era una niña. Ella no entendía de esos intereses políticos. Aceptó la manzana. Hacía bastante que no comía nada y necesitaba llenar su tripa de alguna cosa.

Mientras se comía la fruta, la niñita sonreía. Parecía un cálido rayo de sol que vino a ayudarlo dentro de la oscuridad donde estaba sumergido. Casi parecía una pizca de esperanza que el destino le brindaba. Tras terminase la manzana, acarició el lacio cabello de la chica.

-Ahora tiene mejor cara, señor-sonrió ella-.

-Gracias a ti

Los labios de Romano se cubaron ¿Qué era eso? Podría ser que fuese… Ah, claro, aquello era una sonrisa. Desde que la guerra había empezado nunca había sonreído de ese modo. Ya ni se acordaba de que era aquello.

-¡Giorgia!-se oyó gritar a una mujer de fondo-.

La niña volteó, allí, desde el camino de arena, una mujer la llamaba. Tenía el cabello como ella, dorado, recogido en una grácil cola.

-Es mi mamá-sonrió la niña-.

Para cuando la niña volteó a ver a Romano, este ya no estaba allí.

Romano sintió aquel malestar por haberse tenido que ir de ese lugar. Estaba muy a gusto allí, hablar con alguien le reconfortó un poco. Aunque ese alguien fuese alguien inocente que, en cuanto creciese, se pondría a perseguirlo como todos los demás. Pensar en eso le dolió. Pensar en cómo aquella chiquilla terminaría corriendo detrás suyo era algo horrible.

De nuevo, la noche cayó y, aprovechando el anonimato que la oscuridad brindaba, Romano salió a la ciudad nuevamente. Por alguna razón que no sabía, regresó al bar de la noche pasada. Al entrar en el local le llamó la atención como todos los allí presentes tenían su mirada fija en el televisor. Normalmente, aunque el aparato estaba abierto, nadie le prestaba caso, era más divertido emborracharse y endeudarse jugando al póker ¿Qué ocurría para que hoy no fuese como un día cualquiera?

La nación alzó la mirada hacía el televisor. Al ver aquella imagen, el corazón se le paralizó, algo tan fácil como respirar empezó a ser una tarea muy dificultosa y por último, sus piernas parecía que no lo iban a sujetar mucho más tiempo. Incapaz de seguir allí, viendo aquello, un solo segundo más, salió del bar. Fue cruzando calles plagadas de gente, festejando aquella atrocidad, hasta que al fin encontró un lugar donde poder gritar:

-¡Idiota, Veneciano! ¡¿Cómo te has dejado atrapar?! ¡¿Cómo se te ha ocurrido?!

Las lágrimas se escapaban de los ojos de Lovino. No iba a evitar que saliesen, no podía contener semejante dolor en su interior. Sintió unos pasos acercarse hasta donde él estaba. Casi pareció resignarse a aquella situación: Alguien lo encontraría, lo detendrían, y aquel que lo encontró se convertiría en un héroe nacional. Igual que el hombre que encontró a Italia. Estaba bien, si le atrapaban podría volver a verle. Volteó con una amarga sonrisa y miró al hombre que tenía detrás suyo.

-¿Qué haces gritando tan fuerte? Podrían detenerte-le alertó-.

Romano se calló. Trató de decirle algo pero, por alguna razón, no podía ¿Por qué?

-Nii-san ¿Pasa algo?-preguntó inocente la única persona que, junto con Romano, se encontraba en aquel lugar, a orillas del río-.

-Veneciano…-logró decir Romano con notable alegría en su voz-.

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-Ese no es Italia

La chica que lo acompañaba lo miró extrañada. Iba a preguntarle el porqué de esa afirmación pero, antes de que pudiese decir palabra, su acompañante salió del local. Lo siguió a través de aquellas gélidas calles, en completo silencio. No podían ser vistos si no querían que eso fuese lo último que hicieran.

Ella se detuvo. Empezó a pensar ¿Cuándo cambió todo tanto? Antes su hermano la buscaba y ella se escondía porque no podía pagarle. Su hermana menor le perseguía, y él se escondía porque no quería casarse con ella. Antes los bálticos estaban al lado de su hermano. Ahora todos estaban separados. Al igual que ellos, Estonia, Lituania y Letonia estaban perseguidos por sus habitantes. Claro está, ellos no eran los únicos. Había muchas más naciones que eran perseguidas por su pueblo, que panorama más triste.

-Y yo ayudé a provocar todo esto-murmuró el chico-.

Allí, parado unos pasos más al frente, con la mirada clavada en el cielo, viendo como caían los copos de nieve sobre sus cabezas.

-Todos lo provocamos-dijo ella avanzando y colocándose a su lado- No es algo solo tuyo. Todos hicimos algo que estuvo mal. Algunos actuamos egoístamente, otros actuamos por ira, otros por amor… Todos hemos provocado esto.

-Yo les ayude, Ucrania, tú lo sabes

-También sé que te engañaron

-¡No lo entiendes! ¡Yo soy el que más merezco este castigo!

-Fuimos todos, todos hicimos algo para que nuestra gente nos persiguiese.

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Inglaterra se asustó cuando escuchó los golpes de la puerta.

Había estado sumido en su mundo imaginario, donde las cosas, podían ir un poco mejor. Donde podía vivir sin miedo a la muerte, o al contrario, esta venía y podía reunirse con Estados Unidos. Con todos los muertos y podía ser feliz, como lo había sido antes de la guerra.

Pero él no podía morir. Era una nación y tenía un deber que cumplir, ni siquiera se le permitía desear la muerte por el bien de su gente, pero en cambio ellos podían hacerlo. Podían condenarlo e incluso agredirlo. Antes, lo que le animaba era pensar que se tendrían que aguantar y ver como los que le odiaban se morían mientras él seguía vivo. Ahora deseaba ser un frágil humano para poder dejarlos todos atrás.

La puerta tocó de forma más insistente. Cogió su arma preparado para disparar si era necesario y se acercó.

- ¿Quién es? – preguntó Inglaterra.

- Un viejo amigo.

Se quedó aliviado al reconocer la voz y abrió la puerta.

Era Leigh.

- ¿Qué haces aquí?

- ¿Puedo entrar?

Inglaterra asintió y lo dejó pasar, cerrando la puerta con llave tras de sí.

Leigh paseó sus ojos bicolores por la estancia, oscura y desordenada, mientras cogía más fuerte el libro que tenía entre las manos. Inglaterra no había querido ordenar nada desde el fin de la guerra.

- Así que es cierto…

- ¿El qué? – preguntó Inglaterra.

- Que te has vuelto un viejo amargado y deprimente.

- ¡Si no te callas te echo de mi casa! – respondió dolido.

Leigh tosió un poco.

- Vengo a darte esto – dijo enseñándole el libro.

Era un libro de magia antigua, escrito en un lenguaje muy viejo, pero por la escritura Inglaterra reconoció que estaba prohibido.

- Pero esto es…

- Algo que encontré en una librería – dijo Leigh - . Lo vi y pensé que te interesaría solo a ti.

Inglaterra lo interpretó como que nadie más tenía que saberlo y asintió.

- Sí, me interesa – dijo.

- Pero es un préstamo, que es un libro difícil de encontrar – dijo -. Así que trátalo bien. Ya me lo devolverás dentro de un mes en ese lugar… ¿Cómo se llamaba…?

- No tengo ni idea – dijo Inglaterra.

- Sí, ese lugar tan famoso con cosas prehistóricas… Donde la Pandorica*… - dijo Leigh -. Bueno, ya te lo diré. Me tengo que ir ahora. Mi jefe me reclama.

Inglaterra asintió.

- De acuerdo – dijo -. Gracias.

Cuando Leigh se fue. Se sentó en su sillón y empezó a leer. Al instante supo porque le interesaría esa lectura y que tenía que comunicarlo a más personas. Sabía exactamente cuales.

Allí estaba la clave para volver a ser felices. Allí estaban las palabras que podían hacerlos volver a esos brillantes días. Solo tendría que pasar un mes. Solo tendría que esperar eso. Después se encontrarían con Leigh en Stonehenge** y todo terminaría.

Cogió su teléfono y marcó un número concreto mientras pensaba que debería poner orden a su habitación.

- ¿Italia? – dijo cuando descolgaron al otro lado -. Tengo algo que puede interesaros…

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¡¿Qué sabrás tú?! ¡Tenemos que hacer algo para arreglar esto! ¡No podemos mantenernos al margen de este desastre! ¡También es culpa nuestra!

Prusia rió al recordar aquellas palabras que Leigh le dijo.

-Malditos jóvenes-maldijo con una sonrisa en su rostro- Son demasiado optimistas

Después de andar algunos pasos más, llegó a su destino. Allí, detrás de ese cristal, se encontraba su hermano en coma. Prusia sintió pena de si mismo. Y pensar que se prometió a sí mismo no regresar allí hasta que la guerra terminase… Y de hecho, la guerra terminó, pero a "aquello" no se le podía llamar paz. Un lugar donde algunos países buscaban a sus naciones, donde el odio entre la población era profundo, un lugar donde el rencor estaba guardado en cada palabra que la gente decía. Aquello no era paz, pero tampoco era guerra.

Miró a ambos lados y, aprovechando la ausencia de enfermeras/médicos/personal del hospital en general, entró en la sala. Era triste ver a alguien como Alemania… Es verdad, ya no debería llamarlo así.

Prusia tomó asiento al lado de su hermano y agarró le agarró la mano.

-Hermano, se que a lo mejor no me escuchas pero… La guerra ya ha terminado. Hemos logrado derrotar a esos malditos enemigos ¡Casi parecían inmortales!-rió- Pero ahora… Ahora vemos que después de la guerra esta no tiene remedio. Es por eso que hemos… bueno, ha decidido, ayudaros a todas las naciones que ya no estáis aquí. Me refiero a Leigh, es uno de mis mariscales -Prusia ni se daba cuenta pero, por sus rojos ojos, asomaban lágrimas que caían sobre la tibia mano de Alemania- Es un loco. Seguro que te caería bien-sonrió triste- Él está intentando traeros de vuelta ¡Incluso ha ido a pedir ayuda a Inglaterra! ¿Te lo puedes creer? ¿Cómo piensa que ese Limey le ayudará? Es un chiquillo demasiado optimista, en eso se parece a Italia-Prusia trató de reír a pesar de las lágrimas que caían sin control por todo su rostro- De tan optimista no ha caído en el detalle de que tú no estás muerto ¿Te lo puedes creer? Una cosa tan tonta como esa… Es por eso que estoy aquí, Ludwig. Hace tan solo dos horas dejaste de ser una nación para convertirte en una persona ¿No es eso genial? Podrás vivir tranquilamente, sin preocuparte por la nefasta economía de Grecia o de Italia-Prusia levantó la vista para mirar de retener las lágrimas en su rostro- ¿y qué decir de la economía de España? ¡Esa sí que estaba mal! Ya le dije que se anduviese con cuidado ¡Pero ya sabes cómo es ese Toni! ¡Siempre anda en la parra! Así pasa, luego se mete una buena castaña-Prusia rió al recordar a su viejo amigo y como este era siempre regañado por su hermano- Pero bueno-de nuevo bajó la mirada hasta su hermano- Creo que será a mí a quien tocara regañar a todos esos del sur ¡A ver si les doy tanto miedo como tú! Aunque desde luego ¡A ti nadie te supera! Ni siquiera Inglaterra cuando amenaza con su magia da más miedo que tú ¡Debes sentirte orgulloso! Bueno ¡Yo al menos lo estoy! –Prusia sonrió y acarició el rostro de Ludwig- De hecho, estoy muy orgulloso de haber sido tu hermano, de haberte cuidado desde pequeño… ¡Estoy muy orgulloso de todo, West!

-Hermano…

Prusia se detuvo un momento ¿Realmente había hablado? ¿Le había escuchado? Las lágrimas se acumularon en los ojos de Prusia. Aquello le estaba destrozando ¡¿Por qué tuvo que quedarse en coma?! ¡¿Por qué él?! ¡¿Por qué su hermano?!

-Ya no puedo soportar seguir viéndote así ¡Es imposible que siga viéndote en este estado! Es por eso que…-Prusia se tragó aquellas palabras, era demasiado doloroso pronunciarlas- Espero que él te encuentre, en el más allá…

Después de ese deseo, desenchufó la máquina.


*Pandorica: Referencia a Doctor Who (de nuevo xD). Es una especie de celda que se encuentra debajo de Stonehenge. Doctor Who es una serie muy famosa en Gran Bretaña, así que es de suponer que Inglaterra sabría en seguida el lugar al que Leigh se refería.

** Stonehenge: Monumento prehistórico situado en Gran Bretaña.


¡Gracias por leer el capítulo!

¿Qué les ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Nos estamos ganando a pulso un entierro como el de Francia? ¡Dejadnos un review!

(Ya nos estamos acercando a la recta final…)