Hola a todos! Curly y Rena al habla! ;)

Sip! Habéis leído bien, esta vez Curly y yo contestaremos a vuestros reviews! Bueno, este es un capítulo importante

Y triste ¿Sabes por qué, no Rena?

Si T_T

Veníamos días diciéndolo y, al final… Ha llegado, nuestro último capítulo.

La verdad es que el fic ha sido muy largo. Aviso que, en un principio, calculábamos que serían unos 15 capítulos, y con este hacemos 40 xD ¿Alguien se ha dado cuenta de lo malas que somos en cálculo? Hahahaha

Tuvimos un pequeño error al calcular los capítulos. Aunque sea el último capítulo, no vamos a dejar de seguir nuestras tradiciones :) Antes de pasar a contestar los reviews, queremos agradecer todos los followers, favoritos y reviews que hemos recibido al largo de este fic! Nos han ayudado a escribir, nos han dicho: ¡Oye! Hay gente que espera la continuación de esta historia ¡No podéis decepcionarlos!

¡Sí que es verdad! Hahahaha Siempre nos han animado a escribir esta fic ¡No os podéis hacer una idea!

Rena, casi mejor que empezamos a escribir las contestaciones, o esto se nos va alargar

Sabes que va a ser largo igualmente xD En fin, por petición de Curly ¡Pasamos a contestar reviews!

XeliaNoctus: Le pregunté a Rena sobre la bandera. Como te decía, lo de la bandera lo puso porque describió una sala que aparecía en un video. Ella no tenía intención de hacer de la bandera una pista, pero bueno, también se le puede ver ese doble sentido! Hahahaha No voy a decir nada en referente a las muertes (prefiero evitar los spoilers) pero, todo lo descubrirás en este capítulo ;) Bueno, creo que toca despedirnos ¿No es así? Al menos no volveremos a contestarte más reviews en este fic , así que, en nombre de las dos, puedo decir que tenemos que agradecerte (y mucho) todo el apoyo, gracias por todos los reviews, las críticas y elogios, todo el apoyo que nos has dado, tanto por aquí como por Facebook ¡Ha sido un placer conocerte y esperamos que hayas disfrutado de este pequeño trabajo que hemos hecho! ^^

Zomi- Nozi: ¿Todos de una tirada? Mira que los últimos eran bastante largos ^^' Bueno, imagino que te han gustado :D O eso espero hahahaha Creo que España es quien se lleva la palma en esta historia ¡Todo el drama le toca a él! Hahahaha ¿Qué pasará en este capítulo? Bueno, es una pena que este fic haya llegado al final pero, así es :) Hace bastante que te vemos seguir esta historia, Curly y yo te ponemos entre las seguidoras legendarias! Hahahaha Así que, es difícil decirte algo que cubra todo el apoyo que nos has dado durante todo este tiempo, tengo la sensación que un "Muchas Gracias" no basta, pero tampoco encuentro algo que puedo transmitir todo el agradecimiento que tenemos, así que, en contra de nuestra voluntad, tendremos que decirte: Muchas gracias y esperamos que te guste este último capítulo.

DemonBlackStar: No recuerdo haber matado a nadie… Espera. Si que había uno… ¿O no? Tendrás que descubrirlo en este capítulo! ;) Tú también eres una de las seguidoras legendarias, como Rena os llama Lo acordamos entre las dos… Como sea. Al igual que Zomo- Nozi, es muy difícil encontrar una palabra para agradecer todo ese apoyo durante tantos capítulos. Cada semana habríamos los reviews y veíamos tu nombre (tanto el de ahora como el antiguo hahahaha) y decíamos: Aquí está de nuevo! :) Así que, muchas gracias por todas esas horas que has dedicado a leer esta malísima, super corta, poco interesante y demasiado alegre historia (como XeliaNoctus dice) y esperamos que este capítulo sea lo suficientemente legendario como para decir: Oh! Este fic ha merecido la pena leerlo ;)

DilarisPersefone: ¡Dios mío! ¿He dicho nunca que adoro estos largos reviews? :3 Creo que, nos han dicho tantas veces crueles durante esta historia, que hasta empiezo a tomármelo como un cumplido. Muchas gracias por todos esos elogios, la verdad es que intentamos plasmar, lo más que podemos, los sentimientos de los personajes (aunque, aviso, es bastante difícil). Alegra saber que hemos logrado sentir mal al lector (sé que parece cruel pero es así xD). Siento no poder contestar a todo el review, pero si lo hago, teniendo en cuenta que hay algunos más, esta introducción va a durar más que el fic entero hahaha Aún así, no puedo saltarme la parte de la despedida ¿Qué menos? Después de todo también hace mucho que nos apoyas. Ando perdida en qué capítulo fue exactamente, pero recuerdo que fue hacía el inicio (con inicio me puedo referir, tranquilamente, al capítulo 11) xDD Teniendo en cuenta que esta historia tiene 40 capítulos, 11 no son nada! ¿O no? También tenemos que agradecerte todo el tiempo que has leído esta historia, los minutos que has dedica a escribir todos los reviews… ¡Muchas gracias por todo! Esperamos que este último capítulo sea increíble y que nunca olvides esta modesta historia nuestra!

horus100: Si quieres saber que pasa, puedes leer este capítulo. Me comprometí a no revelar nada durante esta contestación, intento mantenerme firme a mi palabra. En cuando a ti, también debemos agradecerte mucho todos los reviews que nos has mandado (aunque algunos nos han dado algo de miedo :S) Siempre es bueno saber que hay un seguidor más leyendo la historia :) Esperamos que este capítulo te deje un buen sabor de boca ^^

Liz Jones Kirkland: La oscuridad es el trauma del día, estoy viendo. La verdad no se qué pasará, pero tranquila ¡Todo está en este capítulo! Bueno, otra seguidora legendaria (sí, hay varias personas que lo son xD) Como a todos los demás, tenemos que agradecerte todo el apoyo que nos has dado (reviews, followers, favoritos ¡Todo vale!) Muchas gracias por seguir este fic, escribir todos aquellos reviews (nos ayudaron mucho a seguir)! Al final ha llegado el fin de esta historia y solo podemos decir: Esperamos que este guste este capítulo y muchas gracias por todo! :)

Dragonadetinta96: Admito que tiene mucho merito, resumir en un review, toda esta historia. Creo que Rena lo ha comentado más arriba, no podemos alargarnos más con la contestación o terminará siendo más larga que la propia historia. Solo quería aclarar el tema de España, no hay nada en contra, como tampoco hay nada en contra de Francia, Liechtenstein, Austria, Islandia, Belarús… (La lista es larga, ya lo sabes xD) Ellos añaden el drama en la trama, eso es todo. Así que no te preocupes. Creo que no nos habíamos visto antes pero, tampoco importa, con este review nos has mostrado tu apoyo y, como escritoras del fic, también te tenemos que agradecértelo ¿Qué menos? Hahahahahaha Muchas gracias por leerte nuestro fic. Nos alegra que te haya gustado –y que pienses que es una buena historia- :))) PD: Al revivir la nación, revive la comunidad ;)

Dios mio, se nos ha ido la cabeza. Creo que estabamos inspiradas hoy

Solo un poco. Bueno, antes de dejaros con el capítulo, tenemos que decir que solo hemos dejado un review por contestar. Alguien marcado como Guest (invitado) y cyo review se parece mucho al de DilarisPersefone. Deducimos que puede ser la misma persona, es por eso que no lo hemos contestado. Si nos hemos equivocado, que todo es posible, decidlo xD

Y ahora sí, último capítulo :)


THE LAST LIFE. CAPÍTULO 17

Su corazón ya no latía, pero estaba seguro que si lo hubiera hecho, habría latido desbocado en ese momento.

Se levantó del suelo de forma apresurada, haciendo que el agua salpicara por las paredes de la jaula y se apoyó en su pared. Dio unos golpes fuertes para probar si funcionaba, pero, como ya había sospechado, era inútil, la fuerza no servía con ese material.

Sabía que era peligroso y estaba atrapado, pero cuando vio a Arthur acercarse corriendo hacia allí no pudo hacer otra cosa sonreír ampliamente. Había ido allí a buscarle y sacarlo de su pesadilla, como había hecho cuando era pequeño y los monstruos imaginarios le acechaban en los sueños.

Golpeó aún más fuerte por ver si podía abrirse, pero no había manera. Al final paró, tenía que haber una forma de salir completamente, de esto estaba seguro, pero tendría que encontrarla y se dedicó a observar como Arthur se le acercaba. Contempló con todo detalle al inglés y se dedicó a compararlo con los recuerdos que tenía. Su pelo rubio que nunca le quedaba como quería, los ojos esmeralda, el grosor de sus cejas que habían dado pie a tantas bromas… Le parecía la perfección en ese momento.

Cuando llegó, estaba jadeando de cansancio. Eso acabó de confirmar sus sospechas: estaba vivo, sino, estaría igual. Apoyó sus manos en el vidrio, quería llegar a él, tocarlo, besarlo, abrazarlo y no separarse nunca más de su lado. Pero no podía. No por ese maldito vidrio.

Arthur se detuvo ante suyo, con una sonrisa en la cara que tampoco parecía poder evitar y los ojos humedecidos por lágrimas que amenazaban en salir. En su cara se podía distinguir la alegría de poder verlo otra vez, lo miraba como si no fuera posible que se encontrase delante suyo, pero al mismo tiempo, la preocupación, pues parecía no saber como iba a sacarlo de allí.

Alfred observó como los labios del inglés se movían para decirle alguna cosa, pero era incapaz de oír nada a través del cristal. Le respondió, pero vio como él tampoco lo podía escuchar.

Arthur se dedicó a sacudir la cabeza y golpeó el cristal, pero tampoco sirvió de nada. Y entonces empezó la ronda de pruebas para romper el cristal. Probaron golpeando a diferentes puntos de la jaula, pero era resistente por todos lados, el inglés utilizó unos cuantos hechizos, pero la magia no parecía tener efecto allí. Rodearon la jaula varias veces buscando alguna pista, pero como las otras veces, allí no había nada.

Al final, frustrados, se quedaron mirando a través del cristal. Las sonrisas se habían desvanecido de sus caras y ahora solo las lágrimas apremiaban en salir. Alfred volvió a apoyar la mano en el cristal y Arthur hizo lo mismo encima de la suya… Deseaba tanto poder tocarla…

Entonces algo le llamó la atención. Algo que pendía del cuello del inglés.

Se fijó bien y vio la llave. ¿Por qué la tenía allí? ¿No se debería haber quedado en la casa junto al resto de cosas? ¿Y si era lo que necesitaban?

Con la otra mano, señaló el objeto. El inglés, primero no parecía saber a que se refería, pero luego se dio cuenta que aún tenía la llave y la agarró fuerte. Pero después de mirarla durante un rato, alzó la vista con una mirada interrogante. La jaula no tenía nada parecido a una cerradura, por lo que no le podía ver la utilidad. Pero Alfred lo sabía tenía que haber algo…

El inglés la examinó más detenidamente, pero parecía sin saber nada, aún. Hasta que sus ojos verdes le brillaron ante una idea que tuvo.

Retiró la mano del vidrio y con un gesto le indicó a Alfred que se apartara. El estadounidense le hizo caso. No sabía lo que pensaba hacer, pero parecía muy concentrado en la llave.

Poco a poco, vio como el objeto iba cambiando de forma a uno más grande. Alfred se sorprendió sin entender muy bien lo que estaba ocurriendo, pero dejó que Arthur siguiera adelante con su idea.

Cuando hubo acabado, un diamante puntiagudo ocupaba el lugar de la llave. Rápidamente, Arthur lo apretó contra el vidrio esperando que se rompiera. Al principio, nada ocurrió, pero el inglés no se rindió e hizo más fuerza con sus manos, hasta cortarse a si mismo.

Una gota de sangre cayó por sus dedos hacia el agua, mezclándose con ella, y en ese momento, se escuchó el sonido de algo quebrándose. Alfred contempló fascinado como el diamante hacia su trabajo, haciendo que unas grietas aparecieran.

Arthur se apartó de la jaula, justo a tiempo para que el cristal rompiera en mil pedazos.

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Italia

Italia lo miró con ojos grandes.

-¿C-Como?

Alemania ladeó el rostro, evitó ver aquellos ojos. Ojos que, ahora sí, no volvería a ver jamás.

-Te pido que…

-¡¿Cómo puedes pedirme esto?!

Ahora fue Alemania a quien le tocó mirar al otro con asombro ¿es que no se daba cuenta? ¿Tanto le costaba a Italia entender que, si le pedía que se fuese, era por su bien? ¿Tan difícil era? Sintió una ligera punzada en su pecho, tal vez dolor, tal vez angustia, seguramente miedo. Se enfrentaba a algo conocido y desconocido a la vez. Por alguna razón, había visto esa oscuridad depredadora antes, mucho antes, aunque no sabría decir exactamente cuándo. Eso sí, una cosa la tenía segura, no permitiría que Italia pasase por allí.

-¡¿Por qué eres tan egoísta?!-le reprochó el italiano-.

Alemania se calló unos segundos, el tiempo suficiente como para sentir como una bocanada de furia lo invadía.

-¡¿Cómo puedes llamarme egoísta?!-movió sus cadenas- ¡No puedo soltarme! ¡No quiero que sepas lo que es la muerte! ¡¿Cómo le puede llamar a eso ser egoísta?!

-¡Pues si! ¡Eso es ser muy egoísta!-de los ojos de Italia empezaron a salir algunas lágrimas de impotencia- ¡¿Por qué siempre tienes que decidir lo que es mejor para mí?!-le preguntó en un tono más calmado pero lleno de dolor-.

Alemania calló, se tragó sus palabras.

-¿Lo ves?-sonrió Italia tristemente- Tú has decidido lo que yo debía hacer, sin preguntarme.

-Yo…

Italia apretó su mano y volvió la vista a aquella oscuridad que los acechaba.

-Lo haces por mi bien-continuó el italiano- No es que no me guste que te preocupes por mi, que trates que yo haga lo mejor para mi mismo pero, entiéndelo, ahora no me puedes pedir que me salve. Y si lo hago, que sea contigo.

-Italia…

-¿Me permites cumplir –Italia atrapó el rostro de Alemania y lo atrajo hasta el suyo, pudiendo sentir la respiración del alemán chocar con su cara- este último deseo?

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Estados Unidos

Alfred vio como los pedazos de la jaula caían al agua mientras se protegía con los brazos. No se lo podía creer. ¡Finalmente era libre!

Cuando el chapoteo de los vidrios terminó, se atrevió a mirar hacia el páramo. Pero lo único que pudo ver fue a Arthur que lo miraba con los ojos bien abiertos.

Los pies de ambos parecieron moverse solos cuando empezaron a correr para encontrarse y abrazarse con todas sus fuerzas.

Arthur rodeó por el cuello al estadounidense mientras este le pasaba las manos por la espalda y ninguno de los dos pudieron contener las lágrimas más. Alfred apoyó su cabeza en el hombro de Arthur dejándolo completamente empapado, mientras el inglés lloraba en su cuello. Pero a ninguno le importaba. Solo querían que ese momento durase para siempre.

Alfred disfrutó sintiendo como los cabellos de Arthur le acariciaban la piel, como sus manos se agarraban a él, su cuerpo ajustándose contra el suyo y su aliento haciéndole cosquillas en el cuello.

Alfred lentamente, apartó su cabeza y buscó los labios del inglés. Primero solo se rozaron, pero inmediatamente después, se besaron apasionadamente y Alfred supo cuanto había necesitado esos labios.

Subió sus manos hasta las mejillas del inglés para acariciarlas y se sintió completamente feliz, no le importó el estar muerto, o encontrarse en el más allá o el hecho que quizás aún no se encontrasen a salvo. Solo le importaba que estaba con Arthur.

Se separaron cuando el inglés sintió que le faltaba el aire y ambos apoyaron su frente contra la del otro.

- Te encontré…- susurró el inglés.

Alfred sonrió.

- Solo tu podías estar tan loco para venir hasta aquí… - le respondió.

- Idiota.

Y se volvieron a besar otra vez. Esta vez más lentamente, sin la desesperación que había contenido el primero, conscientes de que estaban allí, realmente, juntos.

No supieron cuanto rato estuvieron allí parados, simplemente abrazados y besándose, apenas intercambiándose alguna palabra. Tampoco veían con el valor de separarse, Alfred tenía miedo de que si lo dejaba, descubriría que todo era una ilusión y que aún estaba encerrado en la jaula.

De hecho en ese mismo momento estaba asustado. Le daba miedo la posibilidad que todo eso fuera una mentira más, que hubiera ido demasiado lejos por querer salir de ese lugar y que el más allá estuviera jugando con su muerte. Pero prefería no creérselo. Ese tenía que ser Inglaterra, por la fuerza, nadie podía ser tan cruel como para planear eso…

Alfred…

De repente, se separó. Le había parecido oír una voz a lo lejos.

- ¿Qué pasa?

Alfred miró a Arthur en los ojos, memorizándolos.

- Nada… Me había parecido escuchar algo…

De repente, el inglés pareció tomar consciente de donde estaban y le agarró la mano.

- Tenemos que irnos – dijo Arthur -. Si nos quedamos aquí la oscuridad nos alcanzará.

Empezó a tirarle de la mano para que empezara a caminar, pero Alfred no se movió.

- ¿La oscuridad? ¿A que te refieres?

Arthur iba a responder, pero no alcanzó a pronunciar un sonido, que se quedó mirando hacia algo que se encontraba detrás del estadounidense. Alfred se giró lentamente y vio como una sombra negra cubría el agua que había en el suelo.

- ¡Corre! – le ordenó el inglés.

¡No!

Le hizo caso a su pareja. Sorprendido de haber escuchado otra vez la misma voz. Esta vez proveniente de la sombra, pero lo peor es que le había sonado muy conocida…

- ¿Qué demonios es eso? – preguntó Alfred.

- Por lo que sé con como unas pirañas del aire – dijo Arthur -. Se encargan de no dejar que nadie escape del más allá. Si nos atrapan nos comerán.

- ¿Comernos? – dijo Alfred - ¡Pero si estamos en el más allá! ¡No podemos volver a morir!

- ¡Aparentemente si podemos! – dijo Arthur -. ¡Ahora corre!

Alfred hizo caso y aceleró su ritmo. Pero no podía quitarse de la cabeza que todo parecía muy extraño. Pero intuía que su lógica no se podía aplicar en el más allá así que dejó de cuestionar las órdenes del inglés.

¡Alfred, escúchame!

Escuchó la voz de nuevo y esta vez la reconoció. Era la de Arthur. Y venía de la oscuridad. ¿Y si en verdad lo que le había contado el chico que tenía al lado era mentira? Decidió confirmar seguir preguntando. En algún momento, si era falso, cometería algún error.

- ¿Cómo has conseguido romper la jaula?

- Imaginé.

Alfred se sorprendió.

- ¿Imaginaste?

¡Mentira!

Arthur, sin perder de vista el camino, asintió. Mientras habían ido corriendo el paisaje a su alrededor había ido cambiando. Ya no se encontraban en el páramo blanco, sino que ahora parecían estar bajo un cielo nublado. Ni había agua en sus pies, sino rocas.

- Estamos en el más allá, por lo que lo que tiene fuerza aquí en verdad son las ilusiones y la mente – dijo -. Por lo que pensé que si conseguía un objeto lo suficientemente bueno para romper ese vidrio podría sacarte de allí. No es muy distinto en como funcionan algunas magias.

¡No le hagas caso!

Alfred empezó a dudar. Todo había sido demasiado fácil, la casa, la llave, el sacarlo de la jaula… Había algo que iba irremediablemente mal allí, pues si el más allá quería cuidar tanto de los que vivían allí no tenía sentido que lo dejara escapar tan fácilmente. Al fin y al cabo, había estado mucho tiempo procurando que no saliese de esa jaula. ¿Por qué desperdiciarlo todo?

Estaba seguro que el Arthur que había visto en la casa era el real, pues había sentido su latido del corazón cuando lo había abrazado. Pero entonces lo había perdido de vista y ya no podía asegurar nada porque se había olvidado de comprobarlo. ¿Sería ese el verdadero? ¿O sería la voz que se encontraba en la oscuridad?

¡Estoy aquí, Alfred! ¡Justo detrás de ti!

Y de repente se detuvo. No sabía distinguir lo que era real y lo que no.

- ¿Qué te ocurre? – le preguntó Arthur alarmado - ¡Tenemos que salir de aquí!

Alfred lo miró con desconfianza y le soltó la mano.

- ¡Tú no eres Arthur!

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Italia

-¿Por qué ahora?

Alemania llevó su mano al rostro de Italia. Era tan cálido como recordaba, lo acarició levemente y, en silencio, terminó por aceptar la propuesta del otro. Después de todo, no quedaba más opción. Ambos morirían devorados por aquella insoldable oscuridad.

Por un instante, las frías cadenas de Alemania rozaron el rostro, empapado en lágrimas, de Italia. El rubio pudo ver cómo, poco a poco, esas cadenas se iban convirtiendo en luciérnagas, pequeños animalitos de luz que volaban hacía esas tinieblas y les abrían paso. Ambos miraban aquello atónitos, sin entender lo que estaba sucediendo.

-¿Por qué luciérnagas?-preguntó Italia sin poder apartar la vista de aquellos animales que les brindaban esa pequeña luz de esperanza-.

-Podemos volver… -Alemania sintió sus ojos algo extraños, su vista empezó como a nublarse, como si tuviese a punto de… A no, ahora no. Hizo un gran esfuerzo por contener esos sentimientos que, de todos modos, quedados plasmados en aquella tímida sonrisa de su rostro-.

El alemán se levantó y volteó a tenderle la mano a Italia.

-¿Regresamos?-preguntó en un entrañable tono-.

Italia sonrió feliz, hacía tanto tiempo que no mostraba una de aquellas sonrisas. Aceptó la mano del alemán y, con su mirada observando cada uno de aquellos insectos que, segundos antes, ataban a Alemania, cruzaron por aquel pasillo. Fue Alemania quien abrió la puerta y, al otro lado, Italia lo vio.

-Leigh-se sorprendió el italiano-.

El mariscal mantuvo su expresión de sorpresa unos segundos más hasta que, al final, sonrió cálidamente.

-Bienvenidos

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Estados Unidos

- ¿Qué demonios te pasa? – dijo Arthur con una mirada de pánico en sus ojos.

Alfred lo miró con confusión y luego a la oscuridad.

¡Así es! ¡Él no es el auténtico! Por favor… he venido a buscarte. ¿Es que no reconoces mi voz?

Dudó un momento. Pero luego se alejó un paso del que hasta hacía un momento estaba convencido que era su pareja.

- ¡No eres de verdad! – dijo Alfred.

-¿Por qué dices eso? – dijo el supuesto Arthur -. ¡Por favor déjate de tonterías! Tenemos que irnos…

- ¿Entonces por qué te estoy oyendo desde la oscuridad? – gritó.

En los ojos del inglés el miedo se reflejó al instante. Alfred no supo si interpretar si porque había descubierto la verdad o porque temía por su vida.

- Por favor – dijo -, no lo escuches. Es una ilusión. Estoy aquí, de verdad. Por favor, hazme caso y corre. Te lo suplico, sino esa oscuridad nos atrapará.

Hablaba rápido y apenas tomando aire entre las frases, como si le faltara tiempo para suplicarle. Pero solo por eso no podía creerle.

Alfred estaba paralizado sin saber que hacer. Si seguía a ese Arthur, podía encontrarse con una ilusión y volver a la jaula, y no sabía si tendría valor para volver intentar salir después de eso. Pero si iba hacia la oscuridad y resulta que la voz era la ilusión no habría ni la posibilidad de volver a intentarlo.

Miró a Arthur en busca de ayuda… No sabía que hacer, no podía distinguir la realidad de la ilusión y la oscuridad estaba cada vez más cerca. Estaba asustado, porque sabía que en cualquiera de los dos casos podía perder mucho, pero también sabía que ese Arthur no podría ayudarlo. Tenía que distinguir la realidad por si mismo.

Sintió como se le hacía un nudo a la garganta. ¿Por qué le estaba ocurriendo eso? Ahora que por fin podría salir de allí…

De repente sintió como Arthur lo agarraba del cuello y volvía a besarlo apasionadamente. Le cogió por sorpresa y al principio quiso separarse apretándole el pecho, pero el agarre era demasiado fuerte y no pudo hacer nada.

Luego sintió algo debajo su mano. Eran latidos. Su corazón latía. ¡Estaba vivo!

Eso lo convenció de que era el verdadero. Quizás era un engaño, pero quería aferrarse a eso, sino, se condenaría así mismo.

Cuando Arthur se separó, tenía lágrimas en los ojos.

- Por favor – le suplicó -. No dejes que te aparten de mí. Nunca más por favor… No puedo estar sin ti…

Alfred lo abrazó de nuevo.

- Nunca más – dijo.

Una sonrisa se asomó en los labios de Arthur, ambos querían disfrutar más del momento, pero también sabían que no podían. La oscuridad ya estaba muy cerca.

Alfred le tomó la mano nuevamente y volvieron a correr con las sombras pisándoles los tacones. La voz se había callado, cosa que hizo que Alfred creyera que había tomado la decisión correcta.

- ¿Qué estamos buscando? – preguntó.

- ¡Una luz! – dijo Arthur -. ¡Eso nos indica la salida!

Alfred iba a añadir algo, pero de repente sintió una sensación muy rara, como si el suelo estuviese subiendo, pero decidió no darle importancia.

- ¡Ya la veo! – dijo Arthur señalando a un pequeño resplandor que veían al fondo.

Ambos empezaron a correr más deprisa, para alcanzar cuanto más rápido mejor la salida, pero cuando llegaron allí, quedaron horrorizados.

La salida estaba situada al final del acantilado más alto que habían visto nunca y que seguía haciéndose más alto.

A Alfred no le habría importado saltar. Estaba muerto, si fallaba no se haría ningún daño. Pero Arthur…

- Tenemos que saltar – dijo el inglés.

- Pero… - empezó a decir Alfred,

Arthur negó con la cabeza.

- Si no lo hacemos, la oscuridad nos alcanzará.

Y era cierto, la tenían a escasos metros. Pero Alfred pudo notar como Arthur le apretaba más la mano con el simple pensamiento de saltar desde tal altura.

- Vamos a hacerlo juntos – dijo Alfred.

Arthur lo miró y asintió.

Se agarraron ambas manos, el inglés tomó aire y cerró los ojos.

- Te amo – le dijo el estadounidense por si no salían de esa.

El inglés le dedicó una última mirada.

- Yo también.

Y entonces saltaron.

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Romano

-Soy un inútil-sentenció el italiano- Un completo inútil

Los llantos dificultaban entender sus palabras pero, claramente, se podía sentir el dolor con el que las transmitía. Para Romano, llamarse impotente, inútil, idiota… era quedarse corto, muy corto. Ahora mismo no podía tener mayor decepción de él mismo. Estaba al borde de la muerte, no era la primera vez, pero sí podía ser la última.

-Yo no lo creo…-murmuró Antonio en una media voz-.

Romano trató de retener sus lágrimas y miró hacia arriba.

-¿Cómo que no?-preguntó con una sonrisa triste asomando por sus labios- ¿Acaso he hecho algo realmente impresionante?-España se quedó en silencio, a lo que Romano soltó una risa incrédula- Ni tú puedes negarlo. No es algo que no supiese, siempre he sido igual, solo que hasta ahora me lo escondía, no quería reconocer esa parte mía y mira ahora -cerró los ojos- Cara a cara con la muerte y aparece mi cobardía en su mayor esplendor.

-Hablas de cobardía pero-Romano miró a España- al menos tú has podido seguir con vida.

-¡¿Qué importa eso?!-protestó Romano- ¡Tú eres más valiente! ¡El más valiente que jamás he conocido!

-¿Si?-preguntó España con la vista fija al suelo, con una media sonrisa en su rostro- No debo ser tan valiente si, por miedo -España se mordió los labios en un intento fallido de contener su llanto- Por miedo a aquel ejercito, por miedo a que te ocurriese algo, por miedo a todo-dijo entrecortadamente- Decidí suicidarme

-¡Eso no…!

-Es tal y como te digo. Soy el más cobarde de esta sala, Romano –España lo miró. Sus ojos eran vidriosos, con finas lágrimas saliendo de ellos, mostrando la angustia y el pesar de su corazón- Siempre has sido el más valiente de los dos-le confesó con una sonrisa-.

El italiano lo miró unos instantes. Esta vez ni se molestó a ocultar sus lágrimas, no había razón. De hecho, esas lágrimas transmitían más que no unas palabras. Las palabras de Antonio le llegaron, curaron algunas heridas de su corazón mal cicatrizado, le calmaron, le ayudaron a recuperar un poco la compostura… Se fregó los ojos, empapándose las manos completamente. Se levantó y se puso delante de España.

España lo observaba atentamente, sorprendido de su reacción. Veía como se arrodillaba delante suyo, como si aquella oscuridad no estuviese; veía como agarraba sus encadenadas muñecas y, sobretodo, sintió los cálidos labios de Romano rozar los suyos. Sintió como las lágrimas del italiano mojaban su rostro.

Su corazón empezó a latir rápidamente, sentía como ese latido era transportado a los labios. Perplejo, Antonio lo miró. Sentía como no podía decirle nada, no por sorpresa o vergüenza, si España no podía decirle nada era porque no tenía ninguna palabra que pudiese usar para pedirle perdón a Romano.

-Y esta es la última vez…-trató de sonreír el italiano- Al menos recuerda este beso cuando esa cosa nos coma…

Si no estuviese encadenado, Antonio lo abrazaría, dejaría que se acurrucase en su pecho, dejaría que escuchase los aceleraros latidos del español. Hizo el gesto de querer desprenderse, pero solo sonaron las cadenas. Las cadenas cayendo el suelo y liberando sus muñecas.

Romano lo miraba perplejo, no podía creérselo.

-¿Por…que?-logró pronunciar el italiano-.

España no le respondió, se limitó a atraparlo entre sus brazos y estrecharlo fuertemente. Ninguno de los dos sabía cuando tiempo llevaban sin poder sentir eso, la seguridad de tenerse el uno al otro.

-¿Y ahora?-preguntó Romano volviendo la vista a aquella oscuridad-.

-Ha reculado-observó el español- ¿Por qué lo haría?

-Tenemos que salir de aquí-desconfió el italiano-.

España se levantó y ofreció su mano a Romano. Este alzó la vista hacía el mayor, parecía radiante, lleno de confianza, con aquella sonrisa asomando por su rostro.

-Te demostraré que soy valiente, Romano

Romano aceptó su mano y, tras levantarse, ambos empezaron a correr por donde la luz gobernaba, hacía la salida.

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Inglaterra

No tuvo tiempo de pensar si saltar había sido una mala idea. Sabía que caer de tal altura podía ser un suicidio, pero tampoco podía dejar que los atrapara la oscuridad. Tenía que arriesgarse.

Así que cuando ambos hicieron el salto hacia el vacío, la única cosa que veía era la luz que marcaba la salida al final y solo podía sentir las manos de Estados Unidos en las suyas.

A medida que se iban acercando más a la salida la luz se hacía cada vez más intensa, hasta que tuvo que cerrar los ojos, esperando el impacto y todos sus huesos quebrándose…

Pero este fue más suave del que esperó.

Cuando la atravesaron, de repente sintió suelo bajo sus pies. Eso lo sorprendió tanto que perdió el equilibrio y cayó de bruces al suelo, haciendo que se soltara de las manos de su pareja.

Pero no se preocupó de eso, sino que miró a su alrededor con inquietud. Se encontraba nuevamente en la cueva bajo Stonehenge, tal y como estaba antes de que se fueran. Leigh estaba sentado en un rincón concentrado, pero lo que le sorprendieron fueron las otras dos personas que había allí: Italia y Alemania. Lo habían conseguido.

- ¿Estáis bien? – dijo el italiano preocupado dirigiéndose hacia él.

Pero Inglaterra lo ignoró. Estaba concentrado en la persona que se encontraba a su lado, que parecía no moverse. Estados Unidos estaba allí, pero no parecía respirar. Empezó a asustarse. ¿Y si no lo habían logrado?

Lo sacudió por ver si reaccionaba.

- Por favor, no…- murmuró -. No ahora…

De repente, oyó como la persona a su lado cogía un montón de aire y se levantó de golpe.

Las tres antiguas naciones de la sala lo miraron sorprendidos y expectantes, pero Estados Unidos se limitó a pasar su vista desorientado, como si estuviera examinando a su alrededor.

Inglaterra se dio cuenta que uno de sus ojos había cambiado de color. Uno seguía siendo azul, pero el otro era de un amarillo intenso. Un recuerdo de lo que había pasado en el más allá y del precio que había tenido que pagar. Procuraría no olvidarlo, aunque no tenía ningún plan de volver allí durante muchos años.

Estados Unidos, luego, alarmado, se puso una mano en el pecho, buscando algo concreto. Inglaterra se preocupó ¿iba algo mal?

Pero la cosa cambió cuando su pareja dejó ir una gran carcajada y lo abrazó de repente.

- ¡Estoy vivo! – rió - ¡Hemos sobrevivido!¡Está latiendo! – le cogió la mano y la puso sobre su pecho -.¡Está latiendo!

Y así era. Inglaterra pudo sentir como el corazón de su pareja daba golpes contra su mano y le pareció el sonido más maravilloso que nunca había oído. También empezó a reír y le devolvió el abrazo. Lo habían logrado. Habían salido del más allá. ¡Volvían a estar juntos! Las lágrimas volvieron a aflorar en su rostro, pero esta vez de alegría. Estados Unidos las secó con los dedos antes de besarlo dulcemente. Estaba tan feliz…

Italia pareció darles un momento antes de toser un poco para llamarles la atención.

- Deberíais apartaros de aquí – dijo -. No sabemos cuando mi hermano y España van a salir.

Inglaterra asintió y sin apartarse de su pareja, se dirigieron hacia donde se encontraba Alemania, el cual también tenía un ojo amarillo ahora.

- Veo que tu también eres lo suficientemente tozudo como para que ni la muerte te frene.

Inglaterra asintió con una sonrisa y agarró la mano de Estados Unidos, no estaba dispuesto a volver a soltarla.

- ¿Cuánto tiempo hemos estado allí dentro? – preguntó Inglaterra a Italia.

Él se encogió de hombros.

- Un día, dos… - dijo -. No tengo ni idea. Hace cuatro horas que nosotros salimos y me estoy empezando a preocupar por España y Romano. Leigh está agotado por mantener el portal abierto. No sé si podrá aguantar mucho más…

Inglaterra tragó saliva. Sabía que si el portal se cerraba las posibilidades de que Romano saliera de allí eran casi mínimas. Quedaría atrapado en la oscuridad para siempre.

- Quizás puedo ayudarle... – dijo dirigiéndose al chico -. Tengo más magia que los humanos, podría…

- Querrás decir tenías – dijo Alemania cortante -. Ahora ya no eres una nación. Recuérdalo. Además acabas de salir del mundo de los muertos, estás agotado.

Inglaterra se paró en seco. Tenían razón, la visita al más allá lo había dejado sin energías, además que ahora era… humano. Se le hacía raro pensar en eso, que ya nadie lo necesitaba más para existir. Que ahora era libre de todas las responsabilidades que se le habían impuesto al ser lo que era.

Debería alegrarse, pero no lo hizo. Tendría que empezar de nuevo desde cero y eso lo asustaba un poco.

- ¿Alguien me puede decir lo que está pasando? – dijo Estados Unidos.

Los tres lo observaron. Era verdad, él no sabía nada aún…

- Siéntate – le dijo Inglaterra -. Tenemos mucho que contarte.

Y empezaron el relato de lo que había ocurrido después de su muerte. La guerra, la desaparición de Corea del Sud, el mes que Inglaterra había pasado ausente, el HIDE, la estrategia, la victoria, la muerte de Francia, las semanas después… Y finalmente como habían conseguido llegar al más allá y el precio que habían pagado por entrar.

A ese punto, Estados Unidos miró a Inglaterra con horror.

- ¡¿Pero por qué?! – le dijo.

- Porque una vida sin ti no me valía – le respondió.

- Pero ahora vas a envejecer – le replicó -. Vas a enfermarte y serás más frágil. Incluso tu magia será más débil. No tenías que hacerlo…

Inglaterra lo calló con un beso.

- Es lo que yo he elegido – dijo -. Y he decidido no ser una nación. Ya estaba harto de toda la carga que supone, es hora que alguien me tome el relevo en esto. Ya no soy más Inglaterra. Solo Arthur Kirkland y estoy bien con eso.

Estados Unidos lo miró sorprendido y parecía querer decir alguna cosa, pero no pudo, porque entonces, un grito de Leigh les llamó la atención.

- ¡Ayuda!

Las cuatro ex naciones corrieron hacia allí.

- ¿Qué ocurre? – dijo Arthur.

- No puedo aguantar mucho más…- dijo Leigh -. Y esos dos están allí atrapados…

- Voy a darte un poco de mi magia – dijo el inglés -. ¿Te ayudará?

El mariscal asintió.

- ¡Espera! – dijo Alfred -. ¡No sabes cuanta magia tienes! ¡Si te pasas…!

- Entonces saldré de ese portal con ellos – dijo con una sonrisa en la cara.

Alfred parecía querer decir alguna cosa más, pero antes de que pudiera hacer nada, Arthur ya había puesto sus manos encima de Leigh para darle magia. Estuvieron así un rato, hasta que Arthur retiró sus manos, agotado.

- No puedo hacer nada más.

Leigh masculló un gracias y volvió a concentrarse en el portal.

Y empezaron a pasar las horas de espera. No supieron exactamente cuanto rato pasó, pero el portal cada vez se hacía más pequeño a medida que la magia que le había dado a Leigh se iba acabando. Cuando casi habían perdido la esperanza, dos personas cruzaron el portal. Este se cerró de golpe y Leigh se desmayó.

Toda su atención se dirigió a las dos figuras que acababan de salir. Eran España y Romano, lo habían logrado. Por fin.

Arthur miró a los ojos de Alfred feliz. Ahora tendrían que ir al HIDE a empezar una nueva vida como soldados y el mundo tendría que reconstruirse sin ellos. Pero en ese momento, no quería pensar en eso, porque estaba junto a Alfred y eso le hizo sentir por primera vez en mucho tiempo, que todo iba a ir bien.

FIN

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Tal vez


Esto ha sido todo. Aquí termina esta historia

Siento que me estoy repitiendo pero ¡¿Qué más da?! Muchas gracias por todos los apoyos que hemos recibido al largo de este tiempo (Casi un año!)

Yo me levantaba todos los jueves y lo primero que hacía era, abrir el móvil y mirar cuantos reviews habíamos recibido ¡Me alegrabais todas las mañanas con esos mensajes!

Y por la tarde del jueves, super contentas por vuestros mensajes, empezamos a pensar en la capítulo siguiente. Y así hasta día de hoy

Queremos deciros también que haremos una ronda de preguntas. Dejad lo que queráis preguntar en un review y os lo contestaremos la semana que viene acompañada de una pequeña sorpresa que os encontraréis el viernes ;)

Y con esto nos despedimos

Hasta pronto!