CAPÍTULO 8
— Blaine, ¿qué haces? Acabamos de pasar frente a la casa de mi padre... —protestó Kurt y se incorporó en su asiento, tenso y alerta.
— No te esperan todavía. Así que pensé que te gustaría tomar una copa en mi casa.
Incapaz de pronunciar palabra, el joven lo miró sorprendido mientras Blaine daba vuelta hacia el sendero particular que conducía a su casa.
Lo último que hubiera esperado era que lo llevara ahí en lugar de dejarlo cuanto antes en el hogar de su padre. En realidad, supuso que luego de abandonarlo en su casa, él regresaría a la mansión de Duval... a los brazos de Nick.
— No seas ridículo —logró decir por fin, con tono irritado.— No quiero beber más. La verdad es que nada quiero de ti.
—¿No? —el rostro de el médico estaba en penumbra mientras se inclinaba para apagar el motor.— No fue esa la impresión que tuve esta noche, cuando te besé. Sin embargo, no te traje aquí para seducirte, si es lo que temes.
— No temía nada semejante —replicó Kurt de inmediato.— Después de todo, para eso tienes a Nick, ¿no?
Hubo un momento de tenso silencio y luego Blaine abrió la puerta de su lado; descendió del auto y lo rodeó para abrir la puerta del castaño.
—Vamos a la casa antes que nos congelemos.
Kurt hubiera querido rehusarse, pero la firme determinación en el rostro del médico se lo impidió.
El viento helado le hería la piel y Kurt temblaba cuando se detuvo en el amplio vestíbulo.— Vamos al estudio —lo invitó Blaine.— Hay más calor allí.
El joven permaneció inmóvil, envuelto en la capa, mientras Blaine se ponía de cuclillas para poner más leños en la chimenea y atizar el fuego. Una lluvia de chispas saltó de la chimenea y el olor de leña quemada inundó el lugar.
Blaine no se había molestado en encender luz alguna y las danzantes llamas que consumían los leños desplegaron su resplandor rojizo sobre los muebles y los libreros.
— Esta casa es un poco grande para un hombre solo —Kurt se sonrojó al percatarse de que habia expresado con voz alta sus pensamientos. Blaine puso otro leño en el fuego y se limpió las manos antes de incorporarse.
— Eso me proporciona un cierto grado de intimidad y es conveniente para el ejercicio de mi profesión. Además tenia prisa por instalarme y no encontré más opción que esto o un cuarto en Westerville.
De manera que no había comprado la casa con miras a compartirla con nadie, se dijo Kurt.
— Nick piensa que tiene buen potencial —agregó Blaine con indiferencia hablando por encima de su hombro mientras se encaminaba hacia uno de los estantes para sacar una botella y dos copas.
Kurt lo observó servir el líquido rojo dominado por los celos. Unos celos que lo quemaron con más furia que las llamas que consumían los leños en la chimenea. Apenas podía ver a través de la cortina de dolor que le nublaba la vista y no pudo controlar su lengua cuando, con voz extraña y vibrante de amargura, le respondió:
— ¿Ah, sí? Pero me sorprendería que quisiera establecerse aquí, Blaine. Me doy cuenta de que está ansioso por atraparte, pero imagino que Westerville es más parecido que Lima para lo que tiene en mente.
Como atrapado en una pesadilla vio como Blaine se ponía tenso y luego depositaba la botella en el gabinete de bebidas. Destellos de luz procedentes de la chimenea se desprendieron del cristal y el ojiazul se asombró de que su mente pudiera percibir tales pequeñeces cuando también se daba cuenta de la enormidad de lo que acababa de decir.
No había gentileza alguna en la forma como Blaine sonrió al volverse a mirarlo, y Kurt percibió en ese gesto una cualidad casi diabólica.
— Vaya, vaya... — dijo Blaine con suavidad.— Qué comentario tan revelador. No estarás celoso de Nick, espero.
Consternado por lo que le había provocado su lengua incontrolable, Kurt replicó con furia:
—¿Celoso? ¿Por qué debía estarlo? ¿Porque se acostó contigo? Fui yo el que rechazó esa oportunidad... ¿recuerdas?
Blaine atravesó la habitación en unas cuantas zancadas y lo tomó por los brazos con violenta furia.
— ¡Con mil demonios, Kurt! Nunca sabes cuándo callar, ¿verdad? —masculló con voz ronca.
Kurt Luchó por soltarse con una mezcla de temor y furia, pero sus intentos parecieron acrecentar el fuego que podía ver ardiendo en las profundidades de los ojos miel.
— ¡Basta, Kurt! —Blaine lo sacudió como si fuera un muñeco de trapo y, en un arrebato de amargura, el ojiazul alzó una mano para arañarle el rostro. El apartó con rapidez la cara y luego, Kurt lo oyó mascullar una maldición y vio cómo la ira descomponía sus facciones.
- J & N & J & N -
Jeff se había apresurado para ir a dejar al señor Fabray a su casa. No le había dado tiempo de avisarle a Kurt que regresaría lo más pronto posibe a la mansión Duval para recogerlo. Sabía que su amigo no querría regresar a casa con Blaine.
Cuando finalmente llegó a la mansión se sorprendió al encontrar todas las luces apagadas, echó un vistazo a su reloj y se dio cuenta de que ya era muy tarde y que seguramente todos se habian ido.
Estaba a punto de subirse a su coche cuando algo le llamó la atención. Sentado en una de las bancas del imponente jardín, se encontraba el hombre que se había adueñado de sus pensamientos. Decidió acercarse a platicar un momento con él. Cuando estuvo frente a él, pudo percibir tristeza en los ojos del pelinegro. Jeff se puso de rodillas, lo que sorprendió a Nick.
— ¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó Jeff levantándole gentilmente el rostro con su dedo índice. Nick se estremeció al contacto, pero no se apartó. Cuando Jeff comenzó a acariciarle tiernamente la mejilla, Nick se dejó hacer disfrutando de la caricia del rubio sin apartar la mirada de los hermosos ojos marrón.
— Eh... no... creo que hasta este punto, nadie puede ayudarme... Debería irme. —dijo con amargura en la voz. Su mirada reflejaba una inmensa tristeza.
— Claramente, no fue una buena noche, ¿me equivoco?
— Creí que sería perfecta. —Nick se estremeció. Estaba empezando a nevar. —Vamos adentro, ¿quieres acompañarme con un café? —Jeff asintió, se puso de pie, extendió su mano para que Nick la tomara. Era una sensación bastante grata.
Una vez dentro, Nick lo dirigió a la cocina y le indicó que tomara asiento mientras él se encanrgaba de preparar todo. Jeff no podía apartar los ojos de él. Se sentía cautivado por su belleza. Nick podía percibir los ojos del rubio siguiendo cada uno de sus movimientos. —¿Podrías dejar de mirarme? —se volteó hacia él. Cuando sus ojos se encontraron, su corazón se olvidó de latir. Rápidamente apartó la mirada. —Es que... bueno... me pones nervioso... —le dijo Nick con un leve rubor en las mejillas.
—Yo... lo siento... no puedo evitarlo... Eres demasiado atractivo. —Jeff se acercó a él sin apartar la mirada. —¿Puedo ayudarte con el café? creo que no te encuentras bien. —Le tomó la mano y lo llevó a una silla. —tu espera aquí y yo me encargo de todo. Mientras puedes irme contando qué es lo que te pasa.
Mientras Nick ponía la cafetera y se movía con total confianza por toda la cocina, Nick comenzó a hablar.
—Bueno... es muy complicado... y es largo de contar.
—Tenemos todo el tiempo. Al menos, yo no llevo prisa. —Le dijo Jeff dedicándole una franca y cautivadora sonrisa.
—Okay... ¿Alguna vez has sentido unos deseos locos de encontrarte con la persona adecuada? ¿Esa persona que te robará el aliento con tan solo una mirada?
Jeff entendía perfectamente de lo que Nick estaba hablando. Era justamente lo que él había sentido cuando vió por primera vez al pelinegro esa tarde. —Si... he sentido esos deseos y sí... he encontrado a esa persona.
— Bien... pues yo encontré a esa persona, ¿sabes? Tiempo atrás... Hice todos mis intentos por atraer su atención...
—... pero esa persona está interesada en otro... —Lo interrumpió Jeff. —¿Dos de azucar? —preguntó dirigiendo su mirada a Nick. Él asintió. —Continúa.
— ¿Cómo...?
— ¿...lo se? —se acercó a la mesa con dos tazas de café, las colocó en la mesa, tomó asiento frente a Nick.
— sí... ¿Cómo lo sabes? —dió un sorbo de café mirando fíjamente al rubio.
— Muy sencillo, cariño. No se necesita mucha inteligencia para darse cuenta que a pesar de todos tus encantos, que dicho sea de paso, son muchisimos, Blaine está muerto de amor por Kurt, pero sus estúpidos celos y sus pensamientos retrógradas no le dejan ver que...
— Y-yo... yo no estoy... hablando de Blaine!... —se apresuró a decir Nick.
— ¿No?... ¿Entonces por qué lo besaste cuando bailabas con él?... —preguntó arqueando una ceja. —y no me digas que fuiste presa del romanticismo del momento, porque no te lo creo... Fue más bien un arrebato de... ¿ira?
— Bue-bueno... yo...
— Lo interesante aquí es desifrar si se trata de una cuestión de amor o... de una cuestión de ver quién puede mas.
—No... no te entiendo.
— Mira, cariño. No me lo tomes a mal. Yo siempre suelo decir las cosas tal y como las pienso. ¿okay?
—No tienes derecho... no me conoces, ¿okay? —replicó un enfadado Nick.
— No te enfades, guapo. Estamos charlando amistosamente. Si quieres lo dejamos para después. —Por más que le atrayera el pelinegro, Jeff no estaba dispuesto a tolerar sus pedanterías. Hizo el intento de levantarse, pero Nick lo detuvo.
— No te vayas... Yo... lo siento... No estoy acostumbrado a que alguien me hable... bueno... así como tu lo estás haciendo. Adelante. dime lo que piensas.
— Bien... empecemos por lo más básico... ¿Realmente estás enamorado de Blaine? ¿o se trata nada mas de demostrarle a todos que puedes más que Kurt?
— No... ¡Claro que no se trata de eso! Se trata de que él es lo que yo quiero...
— como un capricho, no? —Jeff sonreía divertido por los cambios de expresión en el rostro de Nick. —Como cuando vas de compras y te encuentras con un increíble par de pantalones color café y no quieres que nadie más los tenga... y cuando finalmente los consigues, te das cuenta que ni son la maravilla y que pudiste haberte inclinado por esos otros pantalones color crema, que evidentemente eran mil veces mas interesantes y que te harían lucir mucho mejor. —le guiñó un ojo acompañádolo con una sexy sonrisa.
— Esto no... ¡Bueno! ¡okay! Ese pantalón café me... rechazó —dijo agachando la mirada, jugando nerviosamente con su taza de café. —Lo que me gustaría saber es... —sacudió la cabeza tratando de aclararse sus pensamientos.— ¿Por qué aun no encuentro esos maravillosos jeans color crema? —volvió su mirada al rubio.
— Bueno... quizás no te has dado cuenta, pero puede que hayan estado frente a ti todo este tiempo. —dijo Jeff extendiendo su mano hasta posarla sobre la mano del pelinegro. —Lo que quiero decir es... No te aferres a lo que no te va... a lo que no es tuyo... No creo que esa carita tan linda sea la de una auténtica perra.
— ¡Yo no soy una perra!
— Lo se, Nick. Eres un chico super dulce que necesita sentirse amado... —se inclinó un poco hacia él y le dijo en un susurro...— Si tú quisieras, yo podría ser esos pantalones color crema.
Ambos estallaron en carcajadas. Siguieron conversando de sus respectivas vidas en Nueva York. Les sorprendió enterarse de que ambos vivian en el mismo condado, a solo un par de bloques de distancia. Nick se abrió completamente con jeff platicándole de su ex pareja, quien lo había dejado a dos días de casarse. Jeff ahora podía entender a qué se debía la forma de ser de Nick. Después de un par de horas. Jeff consultó su reloj.
— Dios! Es tardísimo! Yo venía por Kurt, y mira...
— Siento mucho haberte quitado tu tiempo. —Nick estaba un poco apenado, pero a pesar de todo, estaba feliz, como hacía mucho no se sentía.
— Ni lo digas. La pasé fenomenal...
— Yo también. Gracias Jeff... —se acercó y lo envolvió con sus brazos.
— No me agradezcas nada... Me das tu número? Me gustaría conocerte más. No se... cuando vuelvas a Nueva York, salir, tal vez... —La sensación de estar envuelto en los brazos del pelinegro era muy agradable. Era un chico sumamente cálido y además encajaba perfecto en sus brazos. Era increíble.
— Claro! —A pesar de que ninguno quería romper ese momento, Jeff se separó y le entregó su celular para que Nick anotara el número. —Listo. Espero tu llamada. ¿Cuando regresas a Nueva York?
— Mañana por la tarde. ¿Y tu?
— Aun no lo se... No hay nada que me detenga en Lima...
— Venga! Nada de tristezas. No permitas que tu mirada se nuble por nada. Me voy. —se acercó y depositó un suave beso en la mejilla de Nick.
— Espero verte pronto.
—Lo mismo digo, Cariño.
Después de guiñarle un ojo de manera coqueta, Jeff se dio la vuelta y salió de la mansión. Nick se sentía radiante y listo para iniciar algo nuevo. Lo tenía decidido. Mañana regresaría a Nueva York.
- B & K & B & K -
Era demasiado tarde para protestar o implorar clemencia y el tiempo pareció detenerse cuando Blaine inclinó lentamente la cabeza hacia Kurt. El joven sólo pudo escuchar el crujir de los leños y el sonido agitado de su propia respiración. Un gemido se ahogó en su garganta cuando sintió la salvaje presión de los labios del médico sobre los suyos.
No había nada de sensual o excitante en el beso; Blaine lo castigaba, pero a pesar de todo, Kurt pudo experimentar la oleada de pasión que ascendió por su cuerpo desde sus entrañas.
Pudo sentir los dientes de Blaine contra sus labios y se estremeció a la vez que el médico se valió de ellos para entreabrirle la boca. Cuando la lengua irrumpió, invasora y posesiva dentro de su boca, Kurt sintió que un fuego líquido le corría por las venas desde el corazón de Blaine. Sin darse cuenta, sus brazos habían rodeado el cuello de Blaine. La lengua del médico le tocó los labios y delineó sus contornos con la húmeda punta. Kurt percibió el estremecimiento que sacudió al Blaine y apenas pudo reconocer la voz que murmuró, con tono casi dolorido, contra sus labios:
— Mierda, Kurt... ¿Qué haces conmigo?
Su boca volvió a tomar la del castaño, con suavidad esta vez, como si quisiera calmar con caricias el dolor anterior. Kurt podría haberlo apartado con facilidad, pero no lo hizo, y se abandonó en cambio a la enervante oleada de placer que lo arrastró fuera de la realidad, para sumirlo en un ensueño sensual, extasiante.
— Kurt... —susurró Blaine contra sus labios. El ojiazul tembló en respuesta al tono de profundo deseo con que pronunció su nombre. Podía percibir el calor de sus manos fuertes donde éstas se habían posado y, bajo la tela de sus ropas, su cuerpo ansiaba, palpitante y lleno de deseo, recibir caricias. La boca de Blaine ya no castigaba al moverse sobre la de Kurt; toda la ira y el desprecio fueron opacados por el deseo que parecía envolverlos. Sin que él lo dijera, Kurt presentía el deseo de Blaine en la forma en que sus manos le acariciaban la espalda y lo estrechaban. Kurt se apretó contra él, entregándose por completo a las poderosas manos que lo tocaban, demasiado anhelante para seguir oponiéndose.
—Kurt, no sabes lo que haces conmigo. ¡Te he deseado durante tanto tiempo! —Las palabras susurradas provocaron que un estremecimiento recorriera la piel de porcelana y su cabeza cayó sobre el hombro de Blaine cuando la boca del médico se deslizó, ardiente, por la suave piel de su cuello. El hombre lanzó un gemido ahogado y murmuró con voz densa: — Déjame hacerte el amor, Kurt... Déjame demostrarte cuánto te deseo. —sus manos buscaron los botones del chaleco y su cuerpo se puso tenso cuando el castaño se apartó un poco. Kurt no pudo dejar de sonrojarse levemente cuando lo vio contemplarlo. Había una extraña tensión en el rostro de Blaine y contra su pecho, podía percibir el latir acelerado. Sus ojos eran brasas encendidas de pasión. —Déjame desvestirte —suplicó él con suavidad. Kurt se había detenido ante un hilo de luz proyectado por el fuego y, de repente, la expresión del médico se ensombreció. El temor, ante el recuerdo de su primer rechazo, inmovilizó a Kurt.
— ¿Qué sucede, Blaine? —preguntó con voz trémula.
— Es... este maldito traje... —El castaño lo miró con sorpresa y consternación.
—¿Qué tiene de malo?
— ¡Pareces un ángel! —replicó el médico con renovado deseo.— Eso es lo que tiene de malo —se acercó a él, con el rostro lleno de pasión y deseo mientras ponía una mano en la parte superior del chaleco y luego lo rasgaba con un desesperado tirón.
Demasiado aturdido e hipnotizado, Kurt sólo pudo ver con ojos dilatados lo que Blaine había causado con la ropa.
— ¡Blaine!
—¡Quíatelo, por Dios! —bramó él médico— No quiero verte vestido con eso... Eres un ángel pero... no soporto saber que él te lo compró... —lanzó un ronco gemido, abriéndole la camisa con violencia hasta que ésta cayó en un montón a los pies del joven. Desabrochó su pantalón, mismo que cayó junto a la demás ropa.
Por lo que pareció una eternidad, Kurt permaneció inmóvil, como paralizado. ¡Blaine y sus estúpidos celos! La luz de la chimenea delineaba con delicadeza el contorno de su cuerpo, pero Kurt apenas se percató de la expresión en los ojos de Blaine mientras lo contemplaba en todo su esplendor, dirigiendo su mirada a la palpitante erección aun enfundada en la tela del boxer.
— Kurt, eres tan hermoso... Más de lo que había imaginado —se acercó al joven y lo alzó en brazos, apartándolo de los despojos de su ropa.— Y pensar que te rechacé —cerró los ojos y Kurt lo vio tragar saliva.— ¿Todavía me odias por eso? —sus dedos parecieron temblar ligeramente mientras recorrían la suave columna de su cuello para luego posarse bajo su barbilla y hacerlo levantar la mirada hacia él.
¿Odiarlo? Kurt clavó la mirada en los brillantes ojos color ámbar y se pasó la lengua por los labios. Los ojos de Blaine siguieron con avidez ese movimiento, y el calor invadió las entrañas del ojiazul cuando él lo estrechó más y le permitió percibir la firme evidencia de su deseo. Blaine deslizó las manos por las caderas de Kurt, y frotó su cuerpo contra él. Luego inclinó la cabeza y lo besó con una pasión abrumadora.
El cuerpo de Kurt se rindió a las caricias, mientras todo él era aprisionado contra el duro torso masculino. Blaine lo apartó por un momento para librarse de su chaqueta. En el fino algodón de la camisa, Kurt pudo ver dibujada la firmeza de sus músculos y, como por propio acuerdo, sus dedos comenzaron a desabotonar la prenda. Perdido en su embrujo, de repente se dio cuenta de la tensión de Blaine.
Un leve rubor le tiñó las mejillas al notar la forma en que Blaine lo miraba.
—Dios mío, no sabes cuánto esperaba esto. —gruñó Blaine con voz ronca. Sus manos lo tocaron, deslizándose con lentitud sobre sus costados hasta llegar a su erección. Avasalladoras oleadas de placer lo sacudieron y su miembro se tornó más duro y anhelante bajo el toque de Blaine. Se estremeció de exquisito placer.
— ¿Te gusta?
La voz de Blaine le resultaba desconocida, ronca, densa por la pasión, incitante y acariciadora.
— Maldición, Kurt. Casi me volví loco de deseos de hacer esto hace años... ¿Lo sabías?
Un estremecimiento y un gemido ahogado fueron la respuesta del castaño, y no opuso resistencia cuando él lo cargó y llevó hasta el sofá, donde lo depositó con toda suavidad. Luego lo tomó entre sus brazos.
La luz del fuego recortaba los planos del rostro de Blaine, y Kurt alargó los dedos casi con timidez, para acariciarle las facciones. Blaine tomó esa mano entre las suyas y le besó la palma abierta.
— Kurt, te necesito mucho... Tócame... Necesito desesperadamente sentir tus manos recorriéndome la piel. Desnúdame...
Ambos temblaban cuando Blaine se llevó la mano de Kurt hacia el pecho, y lo ayudó a desabrocharle la camisa. Bajo la punta de sus dedos, Kurt pudo sentir la piel de Blaine, tibia y firme. Lo sintió temblar un poco cuando deslizó la mano bajo la tela de la camisa y le acarició con suavidad el torso. Un gemido ronco escapó de la garganta de Blaine y el castaño hizo lo que había deseado durante mucho tiempo: puso la boca contra el cuello de Blaine y lo recorrió con la punta de la lengua.
La reacción de Blaine sobrepasó las más locas fantasías del joven; nunca se había atrevido a pensar que respondería con tan desatada pasión a sus caricias.
Terminó de desabotonarle la camisa, apartó la tela y, deslizándola por los fuertes brazos, se la quitó por completo.
Sintió que los dedos de Blaine se enredaban entre su cabello cuando, con deliberada lentitud, Kurt le acarició cada palmo de piel. La punta de sus dedos recorrieron todo lo largo de la línea de vello que descendía hasta la firmeza del abdomen y luego, su mano se posó allí, posesiva.
Kurt quería tocarlo todo, sin la restricción de la ropa, pero la timidez lo abrumó. No tenía experiencia en desvestir a un hombre y, como temía romper el delicado hechizo que los envolvía con su torpe inexperiencia, dejó simplemente que su mano permaneciera allí, inmóvil, mientras su boca recorría la piel que cubría los duros músculos del torso y su lengua humedeció de manera tentadora, una de sus tetillas.
Lo sintió moverse y frotarse contra él mientras Blaine deslizaba las manos por su cadera y muslos, antes de volver a ascender para meterlas bajo la tela de sus boxers, acariciar la suavidad de su trasero, y apretarlo contra él.
La tensión que invadió las entrañas de Kurt fue sobrecogedora y familiar. Lo había deseado antes de esa manera, pero nunca con tan inmediata intensidad. La lógica y la razón estaban suspendidas, sólo predominaba el instinto.
— Tengo que sentirte contra mí... todo —susurró Blaine, al tiempo que lo soltaba y lo incorporaba.
Kurt no pudo mirarlo, pero oyó el sonido metálico de la cremallera de sus pantalones y el susurro de la tela al caer al suelo.
Blaine regresó a él envuelto en sombras, tenso y viril, la viva encarnación de todas sus fantasías de adolescente. La penumbra ocultaba todavía gran parte del cuerpo del médico mientras él se arrodillaba en el suelo, a los pies de Kurt, y le acariciaba toda la extensión de sus piernas, hasta llegar a sus muslos.
Kurt pudo percibir la tensión de Blaine ante la innegable respuesta de su cuerpo al contacto de sus manos. Lo despojó lentamente de sus boxers y sus dedos le dedicaron enloquecedoras caricias en la parte interior de los muslos.
Por fin, ambos estuvieron desnudos y Blaine permaneció arrodillado ante él, contemplándolo con ojos profundos y oscurecidos por la pasión. Kurt tembló con una mezcla de pudor y deseo. Blaine alargó una mano y le acarició la curva de su cuello, y luego la deslizó por el hombro.
— Impresionante —musitó.— Sencillamente increíble.
Y luego, todavía de rodillas, lo abrazó y besó como Kurt siempre había deseado... su boca fue tierna y posesiva, ávida y paciente.
— Te deseo tanto. ¡No sabes cuánto! —las manos de Blaine habían encontrado sus pezones y los acariciaban con suavidad y lentitud; luego su boca se posó sobre ellos y se movió con infinita lentitud hasta que Kurt estuvo a punto de gritar de deseo, hundiendo las uñas en la espalda de Blaine. Fuertes gemidos brotaron de su garganta mientras se mordía el labio inferior para no gritar, sacudido por un súbito arrebato de deseo.
Cuando la lengua de Blaine tocó la punta del otro pezón, para después morderlo suavemente, Kurt no pudo controlarse más y lanzó un grito de placer.
— Casi podría decirse que nadie te ha tocado así —observó Blaine, con voz apenas audible. Kurt asintió enmedio del abrumador placer.— ¿Te gusta esto, Kurt? —su voz era profunda, ronca, sexy... como si estuviera drogado o ebrio, mientras le mordisqueaba el pezón, esta vez con más rudeza.— ¿Y esto? ¿te gusta esto? —las palabras casi se perdieron cuando él posó su mano sobre la palpitante ereccion de Kurt y comenzó a acariciarlo. Espasmos de placer lo hicieron arquear el cuerpo y brotaron de su garganta una serie de suaves gemidos de placer, mientras se apretaba, ávido y anhelante contra la mano de Blaine, abandonándose sin reservas a la sensualidad de su propia naturaleza.
Una y otra vez, Blaine acarició su dureza hasta que Kurt se movió de manera convulsiva, abrumado por el placer.
— Debería llevarte a la habitación —dijo él con voz ronca cuando lo levantó del sofá para ponerlo a su lado sobre la alfombra, frente al fuego.— Pero no puedo esperar más.
Era Kurt quien se encontraba entre sombras ahora, mientras que el fuego revelaba la tensa impaciencia del cuerpo de Blaine. El castaño se estremeció, sus ojos y manos fueron atraídos de forma irresistible hacia la perfección del cuerpo de su amado; ansiaba tocarlo, pero se sentía casi temeroso de hacerlo.
— Dios... Kurt!... Sí... Sí! —gimió Blaine contra los labios del ojiazul al notar que el deseo brillaba en los ojos de éste y le tomó la mano para posarla contra su cuerpo.
Bajo los dedos, Kurt pudo percibir el violento palpitar del deseo de Blaine y, sorprendido lo miró a los ojos mientras su mano lo acariciaba con creciente osadía en su miembro duro.
— No puedo más, Kurt... Te necesito. —Blaine hablaba entre jadeos. Llevó sus dedos a los labios de Kurt, quien los llenó de su saliva. Se posó de rodillas entre sus muslos y dirigió sus dedos hasta su entrada, acariciándolo suavemente, preparándolo.
El cuerpo del joven acogió el peso de Blaine. La sangre se agolpó en sus sienes. ¡Lo deseaba mucho! Movió las caderas, retorciéndose impaciente contra él y lo escuchó aspirar profundo. La mano del médico recorrió su cuerpo una vez más, aún en la cumbre del deseo, como si quisiera asegurarse de que estaba listo para la culminación de sus deseos.
Nadie lo había tocado de manera tan íntima, pero no sintió pena alguna ni vaciló. Estaba anhelante e impaciente debido a la delicada caricia de los dedos de Blaine sobre su erección y en su entrada.
—Blaine... —gimió a la vez que él se disponía a poseerlo.
—Sí... sí... —gruñó el ojimiel en un murmullo torturado. Kurt sintió la maravillosa fusión de sus cuerpos. A pesar del infinito placer que sentía, no pudo ocultar que le dolía; su cuerpo era inexperto, pero estaba ansioso de recibir al hombre amado; el de Blaine era diestro pero controlado, dominado por ese afán del buen amante que busca dar placer a la vez que lo recibe.
Kurt se percató de todas estas cosas a pesar de la bruma de deseo que lo envolvía y nublaba su mente, y también reconoció la instintiva tensión de unos músculos no acostumbrados a tan íntima presión.
Blaine se dio cuenta que era la primera vez para el castaño al observar su gesto de dolor, Kurt notó la leve vacilación de Blaine, pero la realidad había quedado oscurecida mucho tiempo antes y sus caderas oscilaron y se movieron, apremiantes; sus piernas lo rodearon, reteniéndolo contra él, de modo que Blaine se vio obligado a proseguir su avance pero de forma aun más delicada, conduciéndolo después a un lugar más allá de todos los límites conocidos por él, donde ambos pudieron compartir el explosivo éxtasis que corrió como lava a través de sus cuerpos, haciéndolos convulsionar en delirantes espasmos, hasta quedar exhaustos y debilitados.
Desde muy lejos Kurt oyó que Blaine susurraba su nombre. Pudo sentir las lágrimas de dicha que corrían por sus mejillas cuando abrió los ojos para mirarlo.
— Dios, Kurt... no llores... —dijo Blaine con cierta aspereza, pero el castaño estaba sumido en un placentero limbo y no percibió el enfado que endurecía la voz de su amante. Se fue hundiendo en un delicioso sopor, profundo, tibio y oscuro.
Despertó cuando Blaine se incorporó para ponerle unas almohadas detrás de la cabeza, y cubrirlo con su camisa.
Kurt pudo aspirar su aroma y quiso abrazarlo, pero él se apartó y permaneció de pie frente a él para ponerse los pantalones, con ceño severo.
—Kurt, por todos los santos... ¿Por qué no me dijiste que eras virgen? —El castaño percibió la censura en su voz y lo resintió —¡Por Dios! ¿cómo pudiste ser tan torpe? ¡Si deseabas tanto a un hombre...
Fue como si hubiera clavado un puñal en el corazón del castaño, quien lo miró con desconsuelo.
—Fuiste tú quien me sedujo —le recordó Kurt con voz entrecortada. Se sentía en desventaja acostado allí, cubierto sólo por una camisa.— Por favor, dame la ropa.
Blaine se la entregó; casi se la lanzó. El chaleco estaba desgarrado completamente. ¿Cómo iba a explicar eso a los de la agencia teatral?
— Lamento lo de tu chaleco. —Parecía más indiferente que arrepentido y Kurt sintió que la ira lo invadía.
— Yo lo lamento más. Estabas equivocado, ¿sabes? No fue un regalo de Sebastian. ¡Lo alquilé!
— Entonces, por supuesto, pagaré los daños. —Kurt no podía creer que minutos antes hubiesen compartido la más maravillosa experiencia que podían experimentar dos seres humanos. Era como salir de un sueño encantador para entrar en una pesadilla.
—No debí hacerte el amor —dijo Blaine con voz seca.— No tenía derecho. Si hubiera sabido que eras virgen.
Consternado, humillado y ofendido por sus palabras, Kurt replicó, en un impulso de rabia:
— Eso es cuestión de dos, Blaine. Yo no debí permitir que me hicieras el amor; puedes atribuirlo a mi frustración por amar a alguien que no me ama de vuelta.
— ¿Qué? ¿Decidiste simplemente que podías usarme para satisfacer tu deseo físico?
— Nos usamos uno al otro, ¿o no? —replicó Kurt con una rígida sonrisa—. Supongo que yo no fui más que un sustituto de Nick.
— Nick busca algo que yo no puedo darle. —Blaine parecía distraído, como si no le diera mucha importancia al asunto, pero Kurt no se dejó engañar. Con el corazón dolorido, apartó la mirada de él.
— Tú no entiendes nada, ¿verdad? —Lo miró desafiante.— Tu no sabes nada... Debo irme.
Blaine pareció reacio a moverse. —Tú... Yo... —frunció el ceño y lo miró.— Si te lastimé de alguna forma... —Kurt sabía a qué se refería y sintió que le ardía el rostro. Después de todo, él era médico, pero de cualquier manera se sintió ofendido por su tono frío y profesional después de haberlo llevado a las cimas del éxtasis más erótico.
— Estoy bien —declaró con voz helada.— Ahora, quiero irme a casa.
— Te llevaré. —Había pasado con él poco más de una hora.
...
La luz del porche estaba encendida, pero del cuarto de su padre no provenía ruido alguno cuando él entró con sigilo en la casa. Era mejor así; habría sido difícil encontrar una buena explicación para la ropa desgarrada. Antes de dirigirse a su habitación se encontró con Jeff.
— ¡Hummel! te estaba esperando, ¿dónde has estado? ya me tenías muy preocupado...
— Ahora no, Jeff... Estoy muy cansado.
— Pero... tengo que decirte algo muy importante respecto a Nick...
— No Jeff... ya entendí... no quiero saber nada... sólo quiero dormirme y no despertar...
— Pero... Kurt... esto es importante
— ¡Basta, Jeff! Ya tuve suficiente de Nick y de Blaine... Ya no quiero saber nada del asunto. Me voy a la cama. —Subió las escaleras hasta su habitacion dejando a Jeff de pie en medio del salón.
Se desnudó y guardó el traje su caja. Ahora le dolía un poco el cuerpo, pero era una sensación voluptuosa, placentera, que le recordaba el placer que había experimentado y que tenía la tentación de revivir alguna vez.
Pero sabía que nunca se repetiría; Blaine lo había usado, nada mas. Aunque no podía culparlo; después de todo, él no hizo el intento de detenerlo. En realidad, podría decirse que lo había incitado de forma activa.
