CAPÍTULO 12


— Eres tan hermoso.

Kurt ahogó un gemido cuando Blaine le recorrió la espalda con las manos. No sabía qué era lo que más le hacía perder el control: las sensaciones que le provocaba su contacto, o su aroma o verlo con apenas uns ajustados boxers...

No hubo forma de esconder el escalofrío que atormentó a Kurt mientras Blaine le acarició la espalda. Sus caricias le hacían dar ahogados grititos de placer.

— Tranquilo, bebé. —Le dijo calmándolo.

¿Tranquilo? ¿Cómo iba a estar tranquilo si lo estaba reduciendo a una masa indefensa de deseo? Blaine intensificó sus caricias ahora en su trasero, entreteniéndose en su entrada.

— ¿Te ha dolido? Lo siento. —pregutó Blaine cuando Kurt se mordió el labio para contener el profundo gemido de deseo que le brotaba de la garganta.

— No, no me ha... dolido. —Blaine sonreía divertido.

— Date la vuelta. —sugirió Blaine.— quiero...

— No... yo no... esto es injusto... yo no... tu llevas...—dijo Kurt con una vocecita suplicante, cerrando los ojos, abrumado por el intenso deseo e incapaz de pensar con claridad ante la intensa sensación que el dedo de Blaine le provocaba. Añadió luego en tono desesperado.— ¡Quítate los boxers!

— Bueno... —dijo el médico retirando sus dedos del interior del castaño y riendo con malicia.— Tenía la esperanza de que fueras tú el que me los quitara.

— ¿Que yo te los quitara? —dijo Kurt, intentando ser sarcástico. Se sintió frustrado y todo él temblaba de deseo y de necesidad.

— Sí. —repitió Blaine, mientras suave, pero firmemente le dio la vuelta e inclinó la cabeza para besarlo, haciendo que la sensación lo recorriera de la cabeza a los pies.

Kurt intentó resistirse juguetonamente, pero Blaine empeoró la situación al seguir besándolo. Lo seguía tocando. Su contacto era demasiado sensual, una caricia decididamente erótica.

— ¿Tienes idea de lo que me haces, de cómo me excitas? —le susurró en la boca, abriéndosela con la lengua.

— Dímelo. —gimió Kurt con el cuerpo entero temblando de placer cuando el médico colocó sus dedos alrededor de su erección, rozándole la cabeza con la llema del pulgar.

— Mmm... qué bien sabes. —le dijo apreciativamente mientras le recorría con los labios su garganta, pasando por su pecho, lamiendo y mordisqueando sus pezones. — Tan deliciosamente bien. —añadió con voz más ronca mientras le hacía con la lengua un círculo alrededor del ombligo antes de aventurarse más abajo.

Kurt comenzó a temblar a causa de las emociones mientras Blaine cubría su palpitante miembro con su boca. Esa intimidad... esas emociones eran las que correspondían a los verdaderos amantes y ahora sabía que Blaine era completamente suyo.

Se recargó sobre sus codos mirando lleno de fascinación todo lo que Blaine le hacía. Sus ojos se encontraron y quizo corresponder a sus caricias.

Blaine se levantó y se quitó los boxers y lo miró cuando Kurt se acercó y se inclinó hacia él. Lo sintió duro, poderosamente duro al tacto y a la vez, muy vulnerable. No se movió, pero Kurt lo escuchó exhalar un grito ahogado cuando le apoyó los labios sobre el muslo y comenzó lentamente a acariciarlo desde la base hasta la punta.

Finalmente lo tocó con la lengua, trazando delicadamente un círculo alrededor. Su propia reacción a su contacto y a su sabor fue tan extraordinaria y explosiva que sintó que el cuerpo se le ponía tenso de necesidad.

— ¡Kurt!

El ronco gemido fue suficiente para que el castaño hiciera una pausa y lo mirara. Tembló cuando el médico lo miró con el rostro ligeramente ruborizado.

— Te deseo, Blaine. —No pudo evitar decirle.

—No tanto como yo a ti. —le respondió Blaine con desesperación mientras Kurt volvía a acariciarlo con su lengua.

A pesar de que ya habían hecho el amor, para ambos esta era realmente su primera vez. Kurt siempre había sabido instintivamente que habría fuerza y poder en su abrazo, pero de lo que no se había dado cuenta era de que la fuerza de Blaine le daría poder a él y le permitiría por primera vez en su vida disfrutar de su vulnerabilidad, sentir que estaba bien que alguien mas tomara las riendas, saber que podía confiar en él... que estaba seguro con él...

Cuidadosamente, Blaine lo colocó nuevamente en la cama. Kurt lanzó un grito de placer cuando Blaine finalmente lo penetró diciéndole lo mucho que lo amaba, sin poder pensar en nada más que en las oleadas de placer que los envolvían.

Kurt nunca antes había experimentado esta unión emocional ni este placer. Nunca había deseado abrazar y ser abrazado por nungún otro hombre. Y es que nunca había amado a nadie de la forma en que amaba a Blaine. Nunca había amado a nadie en absoluto... solo a Blaine.

...

Kurt se despertó en medio de la noche de repente, consciente de que Blaine no se encontraba a su lado. Lo buscó con la mirada y lo encontró inmóvil junto a la ventana, con la cabeza inclinada, la expresió seria. El amor que sentía por Blaine lo inundaba. Se levantó de la cama y se dirigió a él.

— Blaine...

El médico se dio la vuelta, lo miró y lo estrechó fuertemente entre sus brazos.

— Kurt... yo... yo se que ya todo está claro pero... —se detuvo y tragó, para luego volver a hablar.— yo quiero que me perdones... Fui un idiota...

— Shhh... Blaine.. eso ya es pasado. No me importa. Lo único que me importa es que estamos juntos.

— Pero quiero explicarte... quiero que te quede muy claro que entre Nick y yo nunca hubo nada... Para mi es importante que estés seguro de eso... El día de la gala de San Valentín, él intentó seducirme, pero yo me negué... Desde siempre fuiste tú y sólo tú.

— Ahora lo se Blaine. Y pensar que si no te hubiera dicho que te amo, nada de esto estaría pasando.

— De cualquier manera, yo iba a decírtelo Kurt. Después de que Sebastian hablara conmigo, me di cuenta de lo idiota que había sido al creer que tu tenías algo que ver con él. Primero tuve miedo de que no quisieras hablarme. Temor que se volvió real cuando fui a tu casa con el pretexto de revisar a Carole y no te encontré. Entré en pánico pensando incluso que habías regresado a Nueva York, pero ¿sabes una cosa? —Le sostuvo el rostro con sus manos.

— ¿Qué cosa?

— Te habría ido a buscar hasta el fin del mundo.

— ¡Te amo tanto, Blaine!

— Yo también te amo, Kurt. —Se besaron apasionadamente.

— ¿Volvemos a la cama? —dijo Kurt con voz entrecortada.

— ¿Para dormir?

— ¿Quién piensa en dormir teniendo al hombre más sexy a su lado?

Blaine rió y se dejó guiar hasta la cama. Volvieron a hacer el amor lenta y dulcemente antes de caer en un sueño profundo.

A la mañana siguiente, Blaine despertó y se percató de que estaba solo en la cama. Por un momento creyó que todo había sido un sueño, que en realidad Kurt y él no habían pasado la noche entera haciendo el amor. Cerró los ojos y no se dio cuenta de que alguien entraba en la habitación.

— Buenos días, mi amor. —Blaine abrió rápidamente los ojos, encontrándose con la mas maravillosa de las visiones.

Kurt colocó la bandeja del desayuno cuidadosamente sobre la cama a un lado de Blaine y se sentó a horcajadas sobre él, inclinándose hasta rozar sus labios. Blaine le acarició tiernamente la mejilla.

— Buenos días, bebé. —Respondió el médico.— Entonces no lo soñé...

— ¿De qué hablas? —Kurt tomó una fresa de la bandeja y se la dio en la boca a Blaine —Te traje el desayuno.

—Yo tenía otra idea en mente —el médico le guiñó un ojo.

— De eso nada... necesitamos desayunar. Después nos vamos a ir a dar un baño y nos vamos a preparar para ir a mi casa. Ya ha parado de nevar.

— ¿Nos podemos demorar en el baño? —Blaine colocó sus manos en las caderas de Kurt, urgiéndolo a moverse para que sintiera lo mucho que lo deseaba.

— ¡Blaine Anderson! ¿Con quién estuviste soñando? —dijo Kurt, que ahora se movía sensualmente sobre Blaine, atormentándolo, haciéndole perder la razón...

— Con un ángel de ojos azules que justo ahora me está llevando al mismísimo cielo.

El desayuno y el baño tuvieron que esperar.

Horas más tarde se dirigieron a la casa de Kurt. El corto trayecto estuvo plagado de sonrisas, caricias y palabras de amor. No podían ocultar lo felices que eran. Cuando llegaron a la casa de Kurt, se dieron cuenta que Burt y Carole ya habían regresado de Dayton porque su coche estaba estacionado en el garaje. Kurt se volvió hacia Blaine.

— ¿Blaine? Ahorita que entremos... yo entenderé si tu... si tu quieres que callemos que tu y yo...

— ¿Que tu y yo nos amamos y que somos novios? —lo interrumpió Blaine.

— Sí...

— ¿Y por qué habría de querer ocultarlo? —Le sostuvo la cara entre las manos, obligándolo a mirarlo.— Kurt, escúchame. Tú eres lo más importante que tengo. Y quiero que todo el mundo sepa que estoy enamorado de ti y que soy el hombre más feliz, y que tú, el joven más hermoso sobre la faz de la tierra, me corresponde. —lo besó.

— ¿Sí?

— ¡Sí! Así que quita esos pensamientos de tu cabecita, dame tu mano y entremos. Estoy seguro que a Burt y a Carole les dará mucho gusto ser los primeros en saberlo.

Cuando entraron, Burt y Carole estaban en la cocina tomando una taza de café. Kurt fue el primero en entrar.

— Papá, Carole. ¿Cómo les fue?

— Bien hijo. ¿Y tu cómo estás? —Burt se daba cuenta que algo pasaba con Kurt, sus ojos habían recuperado el brillo característico. Ahora se notaba lleno de vida.

—Yo... estoy excelente —Kurt no paraba de sonreír.— De hecho... les tengo una sorpresa...

— Haber, cuéntanos de qué se trata —dijo Carole.

— He venido con... con alguien que quiero que vean.

— ¿De quién se trata? —Burt estaba intrigado.

— Se trata de... mi novio.

— ¿Tu qué? —Burt se atragantó.— ¿Desde cuando tu tienes un novio?

— Cariño, hazlo pasar. —Carole estaba completamente emocionada.— Quiero conocerlo.

— ¿Amor?, ven.

Blaine entró a la cocina, saludó cortésmente a Burt y a Carole antes de abrazar a Kurt.

— Papá, Carole... Ya conocen a Blaine. Él es mi novio. —Blaine y Kurt se miraron a los ojos y sonrieron. Realmente lucían muy enamorados y era algo que no se podía ocultar. Carole y Burt no cabían de asombro y felicidad. Inmediatamente se levantaron y los abrazaron.

— Pero qué maravilla. Finalmente se dieron cuenta y aceptaron sus sentimientos —Dijo Carole llena de alegría.—Desde un principio supe que terminarían juntos.

—Gracias Carole. —Respondió Blaine.— Fue complicado pero... ahora estamos juntos. Burt... ¿Estás de acuerdo?

—Claro que estoy de acuerdo, Blaine. Muchacho, tu ya eras parte de mi familia. Se que eres un buen chico y que cuidarás a mi hijo. Kurt, de verdad estoy muy contento por los dos.

— Gracias Papá.

Se sentaron a conversar con ellos de todo lo que habían pasado y de cómo se habían dado cuenta de lo que sentían. Omitieron ciertos detalles, ya que era más que lógico que Burt se molestaría con Blaine por haber tratado tan mal al castaño en un principio. Burt y Carole se retiraron a descansar dejándolos solos al calor de la chimenea.

— ¿Blaine? ¿De verdad me amas? —preguntó el castaño, que no podía creer que por fin estaba junto al hombre de su vida. Blaine se acercó a el, le dio un beso apasionado en el que sus lenguas se unieron y volvieron a reconocerse.

— ¿Responde eso a tu pregunta?

— Sí.

Después de un rato en el que no hubo nada mas que besos y caricias, Kurt recordó que no había tenido noticias de Jeff. Aún se sentía culpable por haberlo tratado tan mal la última vez que hablaron. Blaine le dijo que no se preocupara, que seguramente su amigo entendería. Le sugirió que le llamara en ese momento. Quizás esta vez sí tendría suerte de encontrarlo. Así lo hizo.

— ¿Sí?

— ¿Jeff?

— ¿Kurt?

— Sí! ¡Hey! ¡finalmente te encuentro!

— Acabo de escuchar tu mensaje Kurt, pero antes de que me interrumpas, tienes que saber que entre Blaine y Nick nunca hubo nada...

— Lo se, Jeff... Yo

— ...Blaine lo rechazó en la gala de San Valen...

— Lo se, Jeff... Escucha...

— ...tin. Porque ese idiota te ama aunque no...

— ¡Jeff! ¡Para! Lo se.

— ...lo quiera reconocer y además está...

— Jeff! Cállate! ¡LO SE!

— ...celoso de Sebastian... y si no te apresuras...

— JEF STERLING! ¿PUEDES PARAR? TODO ESO YA LO SE... BLAINE Y YO YA SOMOS NOVIOS!

— ...y no le explicas que entre Sebastian y tu no hay nada, lo vas a per... ¿Qué?

— Que Blaine y yo ya somos novios. Hablamos ya y... todo se solucionó. Nos dijimos que nos amamos y ahora estamos juntos.

— Kurt, ¿es en serio?

— Sí, Sterling. Él está aquí conmigo.

— ¡Vaya! pues felicidades, Hummel. Yo te tengo otra noticia.

— ¿Cuál?

— Pues yo también ya tengo novio.

— Wowowo! finalmente el codiciado Jeff Sterling cayó en las garras del amor. ¿Quién es el afortunado?

— Nick Duval

— ¿Qué? woah! Pues quisiera decir que me alegro pero...

— Hummel... Nick es increíble.

— Lamento no poder decir lo mismo. Tu viste cómo acosaba a Blaine. —Blaine lo miró sorprendido. Kurt tapó el auricular y le explicó que Jeff ahora era el novio de Nick, Blaine se alegró y le dijo al castaño que debería sentirse feliz por su amigo.

— Lo más importante es que tú seas feliz, Jeff. Y si tu felicidad es al lado de Nick, pues, adelante. Yo no soy nadie para oponerme a tu relación con Nick. Te quiero y solo quiero que seas muy feliz, ¿okay?

— Lo soy, Kurt. Nick ha venido a completarme, es mi otra parte, ¿sabes?

— Lo se. Blaine es mi otra mitad. —le dijo a su amigo mientras le sonreía a Blaine, quien se acercó y lo rodeó por la cintura, recargando su cabeza en el hombro del ojiazul, depositando un beso en su cuello.

Después de prometerle a su amigo que Blaine y él los visitarían pronto en Nueva York, Kurt colgó. Se giró para quedar de frente a Blaine. La mirada del médico lo desconcertó.

— ¿Pasa algo, Blaine? —le dio un pequeño beso.

— Emm... pues. No lo se.

— ¿Todo está bien?

— Ahora que estamos juntos, Nueva York... bueno... ¿Qué pasará con Nueva York?

— No entiendo tu pregunta, mi amor. Se mas especifico, por favor.

— Sí, bebé. ¿Planeas regresar a Nueva York? Yo... había pensado establecerme en Lima. Cuando compré la casa, lo hice pensando en ti y en mi...

— ¿De verdad, Blaine?

— Pues sí. Recuerdo que de adolescente alguna vez mencionaste que esa casa te gustaba mucho y que tu sueño era poner una academia de arte... yo supuse que ahora que estamos juntos, podemos empezar a hacer realidad tu sueño, obviamente dejando un espacio para que vivamos ahí después de que nos casemos... —Kurt no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas. Blaine de por sí, ya era su sueño, y saber que desde siempre había pensado en él, lo emocionaba aún más. El médico continuó hablando. —Pero si tu deseo es regresar a Nueva York, lo entenderé. No podría irme contigo inmediatamente, tendría que organizarme, vender la casa, buscar un apartamento en el que podamos vivir, y además encontrar un empleo...

Kurt no pudo más y lo besó. Un beso cargado de amor, de deseo, de felicidad.

— Blaine. Tú eres mi sueño, ¿lo sabes? Y yo... no puedo creer que estás conmigo y yo... soy tan feliz y lo único que me importa es estar a tu lado. ¿Nueva York? Nueva York puede quedarse donde está. Yo estaré donde tú quieras estar. ¿Sabes por qué?

La mirada de Blaine se iluminó. Su corazón latía aceleradamente. No, definitivamente no se había equivocado. Kurt era el hombre de su vida. — ¿Por qué?

—Porque te amo.

...

EPILOGO

...

— Muy bien, todos... La última. Sonrían por favor.

A Kurt le dolía la mandíbula de tanto sonreír. Entre el video, las fotos del fotógrafo y las de los distintos familiares que querían guardar un recuerdo, era sorprendente que hubiesen encontrado tiempo para estar juntos y a solas, reflexionó irónicamente cuando el fotógrafo les hizo señas de que habían terminado.

Blaine, que estaba a su lado riendo, se volvió hacia él. Su mirada reflejaba el gran amor que sentía por él.

Se habían casado en una ceremonia religiosa con solo sus familias y amigos más íntimos. Entre ellos Jeff, Nick, Thad y su pareja Dominic, y Sebastian.

— Estás hermoso. —le dijo mientras se dejaba envolver por los brazos de Kurt.

— Gracias. Tú estás increíblemente guapo, y sexy y... ya no puedo esperar a que estemos a solas... — Se inclinó y depositó un casto beso en los labios de Blaine.

— Ya falta poquito, bebé.

— Es que... Te quiero sólo para mi. —La voz del castaño reflejaba un enorme deseo. Blaine se estremeció.

— Me has tenido siempre. Desde aquella vez que te presentaste en mi casa cuando eras apenas un jovencito, he sido total y completamente tuyo.

— Te amo, Blaine Anderson

— Te amo, Kurt Hulmmel.

— ¿Para siempre?

— Para siempre, bebé.

F. I. N.