Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia original es de content1 y la traducción mía, con la debida autorización de la autora.
Gracias a mis betas, ericastelo y larosaderosas, por apoyarme en corregir mis errores y dejar el capítulo tan guapo. Ya saben, si se me pasó hacer alguna de sus correcciones, pueden darme un jalón de orejas.
Y a sparklinghaledecullen, porque ella me recomendó la historia y me motivó a traducirla.
Carlie POV
—De acuerdo, bebé. Tienes todo lo que necesitas —dijo mi madre, revoloteando a mi alrededor como una errática mariposa. Ya había revisado mi bolsa siete veces.
— ¡Mamá! —me reí—. Necesitas calmarte. Tengo todo. ¿Y tú?
Sabía que así era, pues yo había empacado por ella. Mi pregunta era para distraerla. Habíamos hablado largo y tendido sobre esto… mi visita a los Cullen. Debía estar preocupada por mí, considerando cómo la habían tratado a ella, pero sabía que estaba tratando de darme la oportunidad de conocerlos por mi cuenta. Estaba feliz de que ella fuera a visitar al tío Aro. Eso le daría una distracción para que no estuviera preocupada por mí.
Hablando en serio, consideré poner un traje de baño de dos piezas en su bolsa, sabiendo que Félix estaría ahí. Pero algo me detuvo. Algo que no había estado ahí antes, cuando hice todo lo posible por motivarla, en el pasado… el rostro agonizante de mi padre. Ahora me debatía. De verdad me gustaba el doctor De Luca. Hasta hace una semana, mi último deseo había sido ver a mi madre con él. Ahora no podía decir eso. No es que soñara con que mis padres se reunieran, como lo hacían los padres divorciados de algunos de mis amigos, porque honestamente ni siquiera sabía que él existía. Pero, ver su rostro, ese día en el hospital, y saber cómo me veían él y su familia, y cómo se acercaron a ella… estaba realmente confundida. Mi confusión me hizo cambiar de parecer sobre el traje de baño de dos piezas. De todas formas, Félix ni siquiera necesitaba de ese empuje. Mamá era la única que lo necesitaba.
—Bueno, no lo sé. ¿Lo tengo? —respondió, con un tono ligero. Ella era perfectamente capaz de empacar sus propias cosas, pero era una de las cosas que me gustaba hacer para cuidar de ella.
—Sí, lo tienes.
Me sonrió, y una vez más me quedé maravillada por cuán naturalmente hermosa era. Se movió hasta la barra que separaba la cocina de la sala y palpó su bolso. —Tienes la tarjeta de débito —dijo, encontrando su cartera y sacándola—, pero quiero que tengas algo de efectivo, en caso de que necesites cualquier cosa —sacó probablemente cien dólares.
—Mamá, eso es demasiado. No puedo imaginar para qué pudiera necesitarlo —dije, en protesta.
—Solo compláceme, por favor —dijo, colocando los billetes doblados en mis manos. Entonces, como si fuera de último momento, susurró—. Nuestros teléfonos…
—… están cargados y los cargadores están en los bolsillos delanteros de las maletas —le aseguré.
—De acuerdo. No olvides tu Kindle (1); te vuelves loca sin él si no puedes dormir.
Jadeé, dándome cuenta que lo había dejado en mi mesita de noche.
— ¡GRACIAS! —grité, dirigiéndome al pasillo.
Escuchando el timbre mientras la recogía, me sorprendí al escuchar la voz de tío Aro, viniendo desde la sala. Pensaba que solo iba a enviar a su chofer por ella. Corriendo hasta el cuarto de mi madre, vi su iPod colocado en la mesa. Así como yo me volvía loca sin mi Kindle, ella se aburría si no tenía sus audiolibros. Le había descargado unos cuantos libros nuevos de sus autores favoritos. Pero no pude evitar que la sonrisa cruzara mi rostro cuando regresé a la sala. Todos se asustaban con mi tío, pero yo no. Había sido parte de mi familia por los últimos seis años. De hecho, era difícil recordar cómo era cuando todavía no estaba aquí. Corrí directo a sus brazos extendidos.
—Piccolo Uno (2), parece que estarás de viaje este fin de semana —dijo, con su inglés cargado de acento.
—Sí, supongo que puedes llamarlo así.
— ¿A qué hora esperas que llegue tu padre? —preguntó.
—En cualquier minuto —dije rápidamente, sin saber cómo le afectaría esa información a mi madre. Instantáneamente, se puso nerviosa.
—Nos iremos, entonces, para que así no nos encontremos en el camino —indicó. Le hizo un asentimiento al chofer que lo seguía, y el hombre fue hasta la bolsa que le indiqué, arrojándola sobre su hombro y yendo hacia la puerta.
Aro se acercó para tomar el brazo de mi madre y enlazarlo con el suyo, y yo los seguí hasta la puerta y hasta su Mercedes Maybach. Entonces, Aro ayudó a mi madre a entrar al auto, y me incliné para besar su frente.
—Diviértete, mamá, y no te preocupes por mí.
—No lo haré, ya hemos lidiado con ese tema. Llámame esta tarde, antes de que te vayas a dormir y hazme saber cómo te va, ¿de acuerdo?
—Lo haré.
Tan pronto como se cerró la puerta, tío Aro tomó mi mano, jalándome hacia la parte trasera.
—Tu teléfono, Carlie —dijo, manteniendo su mano levantada. Fui al bolsillo trasero de mis vaqueros y se lo di, con una expresión confusa—. Tienes todos nuestros números, pero le pediré a Santiago que se quede en el pueblo este fin de semana. Puede estar donde los Cullen en unos cuantos minutos, si lo necesitas —explicó, tecleando el número en el iPhone que me había comprado por mi cumpleaños.
No me sorprendió que supiera dónde vivían, me imaginé que hurgaría por esa información inmediatamente. Probablemente sabía lo que desayunaban, qué talla de ropa usaban, los lugares que frecuentaban, así como sus debilidades. Tío Aro conseguía la información de la mayoría de las personas que respiraban.
— ¿No han salido con un nuevo modelo para este dispositivo por las Navidades? —preguntó, tomándome desprevenida por un minuto.
—Sí —respondí con duda.
—Muy bien, mi lista de Navidad para ti se ha reducido.
Rodeé los ojos y él tiró de mi barbilla con afecto, antes de inclinarse para besar mi frente.
—Ellos saben que tienen que tratarte bien. Haré de sus vidas un infierno si no lo hacen —dijo con seriedad, antes de caminar hasta donde estaba el chófer, que sostenía la puerta para él.
Viendo al tío Aro dirigiéndose hacia el auto, Seth llegó hasta nosotros desde su casa. Mientras intercambiaban saludos, me di cuenta de que este sería el primer fin de semana de mi vida que estaría sin él y mi madre. Me hacía sentir extremadamente nerviosa… y triste. Alcé mi mano para despedirme de mi mamá y de mi tío adoptivo, incluso aunque sabía que ella no podía verme. Él se lo diría.
— ¿Estás bien? —dijo Seth, suavemente.
—Sí, solamente muy confundida y nerviosa.
—Esto saldrá bien. Estarían locos si no te quieren —dijo con certeza.
—Están locos como para no querer a mi mamá —respondí, recalcando al elefante en la habitación.
—Sí, bueno, no estoy seguro de que no lo hagan.
—Lo sé, pero no tiene sentido.
—Bueno, en parte, para eso es este fin de semana, ¿no? —murmuró, colocando su brazo sobre mi hombro para tranquilizarme.
Me giré hacia él y sonreí cuando tomé su hermoso rostro.
—Exacto —sonrió abiertamente y se inclinó para dejar un beso en la parte superior de mi cabeza.
Regresamos a la casa, a esperar la llegada de mi padre. Mientras los minutos pasaban, Seth siguió provocándome. Lo amaba con todo mi corazón y mi alma. Contrario a todo lo que parecía ser el orden natural de las cosas, los dos sabíamos que éramos el uno para el otro. Él era mi otra mitad. Comenzó cuando compartimos una cuna y partió de ahí. Nunca ha habido un momento en mi vida que no supiera que él sería mi "para siempre". Después del fiasco en donde su padre nos atrapó sosteniéndonos las manos, sus amenazas posteriores, y la discusión abierta de mi mamá sobre el control de natalidad, ambos colapsamos en risas. Teníamos un plan: el primer beso a los dieciséis, nada de sexo hasta estar casados, lo que sucedería después de que fuéramos a la universidad, y el primer bebé vendría solo después de terminar la escuela. Sospechaba que al menos nos graduaríamos. Seth ya sabía que quería estudiar leyes… como el tío Aro, para horror de su padre.
Nuestras cabezas se alzaron con el sonido de un auto que llegaba.
— ¿Quieres que me quede? —preguntó.
—No, estoy bien. Será mejor si termino con todo esto por mi cuenta.
—De acuerdo —contestó—. Saldré por la puerta de atrás. Llámame tan pronto cuelgues con tu mamá, esta noche.
Besó mi cabeza nuevamente y salió por el patio, al mismo tiempo que estuché que alguien llamaba a la puerta. Tomé una profunda respiración para prepararme a mí misma, me dirigí a la puerta principal y la abrí. Era surrealista ver a mi padre ahí parado.
—Carlie, es bueno verte —dijo suavemente, y me asombré ante el tono ronco en su voz. Apostaría a que la mayoría lo encontraría increíblemente sexy. Seguía en su traje oscuro de negocios, pero se había quitado la corbata. De alguna forma, pude ver que lo había hecho de manera nerviosa, probablemente de camino hacia acá. Los familiares ojos verdes escanearon mi rostro.
—Anth… —me detuve, insegura de cómo llamarlo.
Su sonrisa era principalmente por pura dicha. Solo vi un rastro de pena en ella.
—Estoy seguro de que esta será una de las primeras cosas que tenemos que resolver —dijo, con un deje de humor—. Hasta entonces, por favor, llámame Edward.
Vi que miraba por encima de mi cabeza, y supe que estaba buscándola.
—Entra —dije suavemente—. Solo necesito tomar mi bolso —me giré, porque quería ver su rostro cuando dijera lo siguiente—. Mamá ya se ha ido. Está pasando el rato con el tío Aro y la tía Cia, este fin de semana —estaba bien, pero no perfectamente. Vi que su afilada mandíbula se torcía y un breve destello de decepción.
Mis ojos se ampliaron cuando entró y sacó el brazo que había permanecido detrás de él. Traía dos ramos en su mano. Uno era una docena de las más bonitas rosas color rosa y el otro eran unas flores de color morado oscuro, con las que no estaba familiarizada. Había elegido el que tenía las rosas y me lo entregó.
—Para ti. No sabía qué tipo de flores te gustaban, pero Emmett siempre le compra rosas color rosa a Emmy para sus recitales.
—Son hermosas —exhalé. Y tenían… el tono perfecto de rubor que recreaba exactamente el color que sabía que tomaban mis mejillas y las de mi mamá—. Déjame ponerlas en agua. ¿Te gustaría que hiciera lo mismo para las flores que le compraste a mamá? —ofrecí gentilmente.
Tuvo la gracia de ruborizarse encantadoramente, antes de exhalar con fuerza. Después, esbozó una gran sonrisa torcida y jadeé, dándome cuenta de dónde la había heredado. Sus ojos se clavaron en los míos, viendo la misma mirada en mi rostro.
—Sí, gracias —dijo suavemente, sin tratar siquiera de negar que las había traído para ella.
Me siguió hasta la cocina, pero cuando coloqué el florero largo en la barra de mármol, pude ver que sus ojos devoraban hambrientos todo a nuestro alrededor. Por el diseño, la cocina, el comedor y la sala estaban en un espacio abierto. Solo la barra de mármol separaba el área de la cocina de la que servía como comedor y sala. La pequeña mesa que siempre compartíamos estaba en un rincón, viendo hacia el meticuloso patio trasero y la acogedora sala de estar, con una chimenea que ocupaba el resto de la habitación. Mamá había insistido en colocar electrodomésticos artísticos en la cocina, y eran como el sueño de cualquier cocinero. Estaba orgullosa de lo que había sido capaz de lograr con el diseñador. Por supuesto, era un bebé cuando compró la casa grande y las habitaciones para el servicio, pero había escuchado historias de cómo ella y la tía Leah habían rediseñado los dos lugares. Habían hecho primero esta casa, para que mamá pudiera tener un espacio abierto para vivir. La casa principal con escaleras fue difícil de negociar para ella, especialmente con dos bebés a cargo.
Estaba hermosamente decorada, pero aun así muy, muy acogedora. Era mi hogar, y tenía mil recuerdos atados a todas y cada una de las cosas. Recuerdos que podía ver que estaba desesperado por saber.
—Edward —su mirada regresó hacia mí—. Siéntete libre de curiosear. Voy a cortar éstas, para que así puedan durar más —inhalé la fragancia de las flores morado oscuro—. Creo que mamá disfrutará de estas cuando regrese, así que quiero asegurarme de que el domingo estén tan frescas como hoy.
Una expresión de miedo cruzó su rostro, y no sabía si había sido por mi comentario o por la idea de caminar por el lugar por su cuenta.
—En serio, está bien. Te mostraré mi habitación también, antes de irnos.
Asintió suavemente, moviéndose deliberadamente por la fila de fotografías que estaban colocadas en el librero. Me imaginé que ahí sería el primer lugar a donde iría. Sabía que ahí encontraría… fotos mías y de mi mamá de cuando yo era un bebé, de nosotras en fotos informales en los últimos años… papi, tía Leah, Samantha y Seth, mezclados aleatoriamente con nosotras. Mientras cortaba las flores, observé en secreto que exploraba esas, con sus ojos revoloteando rápidamente entre ellas. Me giré para poner agua en el jarrón de cristal y escuché su suave jadeo. Preguntándome cuál había atrapado su atención, vi que se había movido hacia el otro lado de la chimenea y ahora sostenía el marco grande que estaba sobre el mantel. Era una foto que tía Leah había insistido en tomar… una foto de estudio que nos habían hecho a mi mamá y a mí el verano pasado. Su amigo había trabajado con súper modelos, y lo que había sido capaz de recrear era una obra maestra. Mamá y yo estábamos vestidas sutilmente de blanco y el maquillista había hecho nuestros rostros y nuestro cabello. La escena era etérea, contra un fondo natural. Nos veíamos como ángeles gemelas… la única diferencia era el color de nuestros ojos.
Me encantaba la foto y por brillo de lágrimas que vi en sus ojos, a él también. La volvió a poner sobre el mantel, y vi que su mano temblaba. Tampoco pasó desapercibida la otra mano en su rostro. Sospechaba que se limpiaba las lágrimas, pero si algo había aprendido de los hombres a mi avanzada edad de catorce, era que a ellos no les gustaba mostrar emociones. Así que, me enfoqué en arreglar las rosas color rosa y las flores moradas de una manera agradable. Las flores moradas olían maravillosamente, y no pude evitar preguntar.
— ¿De qué tipo son las moradas?
Se movió hacia mí, una vez que terminó su inspección del área.
—Fresia —respondió suavemente, con una emoción clara en su timbre de voz.
—Son maravillosas.
Me respondió con una sonrisa temblorosa. Era difícil comparar al hombre aparentemente bien parecido que tenía el descaro de aparecer en cada periódico y revista local, con el ser humano frente a mí. Me recordaba a la famosa frase del abuelo Billy… nada es lo que parece.
—Déjame mostrarte el resto de la casa antes de irnos. Tiene una distribución bastante simple. Yo tengo un lado y mamá tiene el otro —indiqué, mientras me seguía por el pasillo—. Tenemos un medio baño pequeño aquí, para cuando tenemos compañía —caminé hasta mi puerta y la abrí, agradecida de que mi mamá haya insistido que la limpiara. No era la persona más ordenada a veces.
Sonrió al ver la explosión caótica que yo consideraba como un cuarto. Cada recuerdo que había poseído, tenía su lugar en la pared y en las repisas de mi librero.
—Esto me recuerda a Alice —soltó una risotada, y no pude evitar sonreír de vuelta al ver cuán joven se veía—. Caminar por su cuarto cuando éramos niños era como franquear un campo lleno de minas. Nuestra madre tiró de su cabello hasta que ella salió con la brillante idea de cerrar la puerta. Rara vez se aventuraba al cuarto de Alice, y bromeaba diciendo que, si lo hacía, se caería en él y no la íbamos a encontrar en una semana, al menos.
Rompí en risas, pensando en que mi mamá hubiera dicho exactamente lo mismo. Mantenía limpio el piso, para que ella pudiera cruzar el cuarto, pero el resto de las áreas eran mías.
El baño, en un contraste directo, estaba impecable… tenía unas cuantas tendencias obsesivas. No me sorprendí cuando rio de nuevo.
—Ahora, esto… esto es definitivamente mío —admitió, entrando en mi paraíso secreto. Mamá insistió en que el baño fuera tan lujoso como el suyo.
Sí, podía ver que él podía ser un poquito neurótico en algunas cosas.
Mientras volvíamos a mi cuarto, tomé una decisión inmediata, sabiendo que podía obtener otra igual de fácil. Caminando hacia mi mesita de noche, tomé la copia que tenía de la foto que había admirado tanto. Toqué su brazo para obtener su atención de donde había estado, leyendo mis reconocimientos, y se lo tendí.
—Yo… —balbuceó cuando vio lo que era.
Lo interrumpí.
—Supongo que querrás tener una foto mía, y esta es la más reciente que tengo. Nos tomarán las fotos escolares pronto, pero no sé si podrán hacerle justicia. Si no la quieres… —dejé la frase en el aire, a propósito, y apenas pude ocultar mi sonrisa cuando la tomó, como si fuera un hombre hambriento.
—Gracias —dijo con voz ronca. En un cambio drástico, apretó el marco de cristal contra su pecho, gentilmente.
Avanzamos de vuelta al pasillo, y señalé la puerta cerrada que estaba al final.
—El cuarto de mamá está ahí.
Debatiéndome por un momento si debía mostrarle el interior, miré la puerta, insegura. Ella era una persona reservada, y ciertamente no sabía si ella querría mostrarle sus dominios personales. Tomé la puerta cerrada como mi respuesta, y me di la vuelta para ir hacia la sala, no sin antes captar la mirada hambrienta en su rostro.
El abuelo Billy tenía razón… nada es lo que parece.
Edward POV
— ¿Qué clase de auto es este? —preguntó gentilmente, con sus ojos dilatados.
—Un Aston Martin Virage —respondí. Amaba este auto, pero me pregunté si no se veía demasiado pretencioso para ella. Hasta donde sabía, Bella y ella viajaban con Jacob y con Leah a todas partes. El Jeep de Jacob estaba hasta arriba de la lista, y había visto la parte trasera de un BMW negro, que asumía que era de Leah varado en la cochera. Esperaba que el mío no estuviera muy fuera de lugar.
Se encogió de hombros, adorablemente.
—Eso tendría sentido para Seth, estoy segura. Pero me gusta, es elegante y bonito al mismo tiempo. Y también me gusta que sea convertible —Dios, era la reencarnación de Bella.
Le gruñí juguetonamente.
—Un Aston Martin no es bonito.
Rompió en carcajadas mientras le abría la puerta.
—Seguro… seguro.
Sacudí mi cabeza, con un gesto de disgusto, pero me había entendido. Sabía que estaba bromeando. Después de abrir el maletero, puse su bolso ahí y me dirigí al otro lado. Estaba condenadamente nervioso y decepcionado de que Bella, una vez más, frustró mis planes. Entrecerré los ojos, dándome cuenta de que iba a tener que levantar mis planes de ataque.
— ¿Sostendrías esto? —le pedí, tendiéndole el delicado marco con la invaluable foto.
Había reconocido el nombre en la imagen y estaba determinado a contactarlo. Me debía un montón de favores a través de los años, y estaba decidido a que me dejara hacer copias de cada imagen que tuviera de ellas. Qué pequeño es el mundo… me pregunté si me había encontrado con ellas, sin saberlo, en su oficina. Mi última conquista era una de sus modelos favoritas. No tomó bien la noticia de que terminé la relación demasiado pronto. De hecho, recién empezábamos a vernos para cuando los fotógrafos ya habían hecho su trabajo. Quería esas fotografías. Estaba seguro de que eran más de una. Es más, estaba convencido de que David había usado las otras tomas de Bella, y posiblemente hasta las de Carlie, para expandir su currículum. La cámara las amaba, y su belleza natural eclipsaba por mucho al mundo artificial que normalmente él capturaba.
Pero la imagen que tenía en mis manos… sería mi posesión más valiosa, porque había sido entregada por un hermoso y complaciente corazón. Un corazón tan parecido al de su madre…
Salí de la calzada después de que ella agitara su mano en despedida a la figura que estaba en la puerta de la otra casa. Era Seth, estaba seguro.
—Carlie, tengo un condominio en el Four Seasons del centro. La familia quiere verte también, pero pensé que querríamos pasar esta noche solos, para que así podamos hablar antes de exponerte al caos del recinto de los Cullen… como lo llama Alice. De todas formas, es tu decisión —solté.
Se giró hacia mí.
— ¿No tienes una casa en el recinto de los Cullen?
—No, tengo una suite en la casa de mis padres. Tengo un lugar en la propiedad, pero nunca he construido ahí. Sin embargo, hay una habitación en la casa principal, en mi suite, para ti. Podemos ir ahí, pero, sinceramente, no te garantizo privacidad. Todos están demasiado ansiosos por conocerte, incluyendo a tus primos más jóvenes.
Sus ojos se iluminaron con placer.
— ¿Cuántos tengo? Me encantan los bebés —chilló.
—Dos de Emmett y Rose: Emaline, conocida como Emmy, y Ross —alzó sus cejas por los nombres—. Lo sé, estaban decididos a que sus nombres fueran un reflejo de los suyos.
— ¿Y de tu hermana?
—Otro niño y otra niña, de Alice y Jasper.
—Déjame adivinar —interrumpió y golpeó sus labios adorablemente, como contemplándolo. Esa misma acción, hecha por su madre, me había vuelto loco—. Alistair y Jas… —se detuvo y esperé en un silencio atónito—, guau… el suyo es difícil de adivinar. ¿Jasmine?
Reí disimuladamente ante su perspicacia de que Alice habría hecho lo mismo.
—Sí. Le dio un ataque a Alice. Pensé que el pobre bebé se iba a llamar Jasperine antes de que se decidiera. Afortunadamente, Jasper le puso el freno y, ya que rara vez lo hace, Alice escuchó.
A pesar de que Bella había nombrado a nuestra hija con nombres de nuestra familia, estaba agradecido de que no hubiera terminado como Edwina. Hubiera muerto. Era asombrosa la coincidencia de que ella lo hubiera hecho primero… aún y aunque no lo supiéramos. Las risitas de Carlie calentaban mi corazón. Era una mezcla única de niña y adulta; era inteligente y me imaginaba que la extrema madurez con la que pensaba y hablaba tenía que ver con el hecho de ser la única hija de una madre intelectualmente magnífica.
Lo evadí por un momento, pero sabía que necesitaba darle una salida.
—Me gustaría hablar contigo esta noche, para aclarar las cosas y hablar sobre lo que pasó desde mi perspectiva. Si después de eso, decides dar por terminado el fin de semana y volver a casa, no te culparé. Te pido que nos des una oportunidad para conocernos. Lo que escucharás no nos deja en el mejor de los lugares, pero te juro que no es lo que somos.
—Mamá me contó mucho sobre ti, y cuánto amaba a todos en tu familia. Sinceramente, Edward, ella dijo que las cosas no funcionaron entre ustedes —dijo sutilmente, pero pude escuchar algo más en su tono.
Una vez más, decidí ser franco.
— ¿Crees esa parte de su historia?
—No —respondió suavemente.
—Buena chica. Porque, esa fue tu madre, tratando de hacer las cosas bien para todos nosotros —solté.
—Entonces, vayamos a tu condominio, para que así puedas decir lo que sea que necesites. Quiero conocer a mis abuelos, tías, tíos y primos, incluso aunque escuche algo que no me guste. No puedo prometer lo que sucederá este fin de semana, pero me gustaría intentarlo —dijo indecisa.
—Gracias por la oportunidad. La verdad no es bonita, Carlie. Fui un monstruo y destruí todo. Sin embargo, me gustaría explicarlo y tener una oportunidad de ser parte de tu vida… sea lo que sea que me permitas.
—De acuerdo —dijo, pero me di cuenta de que lo había dicho a fuerzas.
Giré hacia el centro de Seattle, nunca había estado más asustado en mi vida.
(1) Kindle. Lector de libros electrónicos
(2) Pequeña.
Lo sé, ha pasado un tiempo importante. Solo diré que fue por cuestiones personales y laborales, pero procuraré no volver a demorarme tanto.
Pasando a otros temas... ¡Esta historia está nominada para Mejor Traducción del grupo Fanfiction Addiction Twilight! ¡Qué nervio! Estoy junto a otras traductoras increíbles con historias igual de geniales que ellas, así que no sé qué debo esperar... Sin embargo, ustedes me nominaron, y eso para mí ya es un gran logro. Es la primera vez que me nominan a mí solita, jeje. Claro, también tengo que darle el mérito a mis increíbles betas, porque ellas dejan todo guapo y listo para publicarlo. Me encantaría contar con su voto, así que si están en ese grupo en Facebook, busquen entre las imágenes donde dice Mejor traducción y den "Like/Me gusta" a esta historia. De verdad, gracias por acordarse de mi trabajo y proponerlo en la lista de nominados.
¡Voten, voten, voten!
Hasta la próxima actualización (que yo espero que sea prontito)
Carla
