Kurt se dejó llevar fácilmente en su nueva vida con Blaine en ella; de alguna manera, era como volver a casa, de vuelta al lugar donde pertenecía. Sin darse cuenta, desde su llegada a Nueva York, había tratado de protegerse a sí mismo, tal vez por costumbre o tal vez por miedo, porque estaba demasiado acostumbrado a no agradarle a la gente y a ser juzgarlo. Desde luego que no iba a cambiar su naturaleza, nunca dejaría de ser quien era, él había luchado muy duro para ser así, pero eso no significaba que todo fuera fácil de sobrellevar. No lo era, sin embargo, se había agarrado en parte a la pasión que lo había llevado a la ciudad de sus sueños; y sólo una pequeña parte de él había mantenido alimentandos sus sueños recién descubiertos, pero sus sueños necesitaban más que eso. Él necesitaba más que eso.

Entonces había llegado Blaine, con sus suaves palabras de aliento y esas increíbles sonrisas contagiosas, con el hábito de tomarlo de la mano cuando las calles estaban demasiado llenas, o cuando estaba muy emocionado y quería mostrarle algo. Todo eso era nuevo para Kurt, la felicidad que lo inhundaba cuando escuchaba la risa de Blaine, la hormigueante calidez que lo hacía temblar de pies a cabeza cada vez que Blaine se inclinaba demasiado cerca mientras veían algún musical, o cuando estaban de pie en un concurrido tren suburbano. Era como un zumbido suave, extendiéndose por todo su cuerpo, encendiendo todas y cada una de sus terminaciones nerviosas.

Era como dar un paso fuera de un jardín y darse cuenta de que el mundo estaba esperando por él.

...

Debió darse cuenta desde un principio, desde que Blaine había levantado la mirada en la cafetería, y la mera vision de sus ojos habían echo estragos en su estómago, pero no lo hizo. El momento en que Kurt se dio completamente cuenta que no podía ver a Blaine solo como amigo fue en una noche a finales de Noviembre. Estaban sentados en la azotea del edificio de Blaine, acurrucados entre mantas de lana, bebiendo una copa de vino especiado que habían preparado.

Blaine estaba hablando de una historia que había soñado con escribir cuando todavía estaba en la escuela secundaria. Se trataba de un chico que vivía al borde de lo desconocido, completamente solo, sin nadie que respondiera a sus preguntas, sin nadie que le cantara o le regalara un beso. Un día, cansado de la soledad, el chico dio un paso hacia lo desconocido, y luego otro y otro, hasta que sintió que alguien tomaba su mano. A lo largo de toda la historia, él nunca vio quién era esa persona, pero podía oír una voz, cantando en voz baja para él y respondiendo a todas las preguntas que antes habían quedado sin respuesta.

—¿Esta persona también besó al chico?

Kurt miró a Blaine cuando echó la cabeza hacia atrás y se quedó observando el cielo negro extendiéndose por encima de sus cabezas.

—Me gusta pensar que sí.

Cuando Blaine se volvió hacia él, llevaba la más tierna y hermosa sonrisa que Kurt había visto en su vida. Y en ese momento, con el aroma a canela girando a su alrededor, comprendió que lo que había empezado a sentir por Blaine no podía reducirse a una simple "amistad."

Él quería ser el único que tomara la mano de Blaine, el único que respondiera a sus preguntas y lo besara hasta el final de los tiempos.

- K&B + B&K-

Blaine se dio cuenta que tenía que hacer algo porque, de lo contrario, su corazón estallaría por todo lo que había sentido esa mañana de jueves de Diciembre, justo antes de las vacaciones de Navidad. Kurt había estado tan estresado durante la semana anterior debido a tantos exámenes y proyectos con los que tenía que lidiar, que Blaine deseó saber qué hacer exactamente para animarlo, para ayudarlo. Al final simplemente optó por estar cerca de él el mayor tiempo posible, llamando a la puerta de Kurt casi todas las noches, con una película en una mano y en ocasiones, con comida rápida en la otra.

El día del último examen de Kurt, Blaine estaba de pie sobre el pavimento, justo frente a la entrada de TISCH, sosteniendo un ramo de rosas amarillas como si fuera un salvavidas. Había pasado al menos media hora en la florería, mirando todas esas flores, sintiéndose tan perdido que la dueña de la tienda se había apiadado de él y le había preguntado si necesitaba ayuda. Ruborizado, le había dicho que necesitaba algo para alguien especial. La mujer lo miró con una ceja levantada.

—Supongo que es para alguien que es más que un amigo, ¿cierto? —Blaine le devolvió la mirada, mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios,

—Sí, definitivamente.

Cuando las puertas se abrieron y Kurt salió, el corazón de Blaine se volvió completamente loco y todas las palabras se perdieron en alguna parte, arrastrado por una ola de ansiedad y deseo que se derramó a través de él.

—¡Blaine!

Pasó saliva a través del nudo en su garganta y le tendió el ramo de rosas a Kurt para que lo tomara.

—Son para ti.

Kurt parpadeó, sus mejillas rojas y sus ojos muy abiertos

—Pero...

—Porque trabajaste muy duro y para recordarte que eres maravilloso, Kurt.

Blaine deseó desesperadamente que esto estuviera bien y que Kurt no pensara que había sido demasiado. Entonces, los brazos del ojiazul lo rodearon y se encontró a sí mismo presionado contra él, el dulce aroma de su colonia haciendo a todo su cuerpo vibrar.

La voz de Kurt temblaba ligeramente cuando habló.

—Gracias, Blaine. Tú eres maravilloso, siempre estando ahí para mi. Yo... nunca nadie ha hecho algo así por mi.

Con los brazos temblorosos Blaine le devolvió el abrazo, y lo único que pudo pensar fue que amaba a este chico, completamente y sin posibilidad de volver atrás.

...

Blaine pasó el domingo entero sentado con las piernas cruzadas en el piso de su habitación, con su guitarra en la mano y partituras arrugadas yaciendo como flores a su alrededor.

Había estado componiendo música, pensando en notas y canciones desde que podía recordar; volviendo a cuando era un niño, tratando de entenderse a sí mismo sin tener a nadie con quien hablar, esta había sido la forma más fácil. Vertiendo todo en pequeñas canciones que se cantaba a sí mismo bajo la ducha, antes de ir a la cama por la noche o mientras se vestía para ir a la escuela en la mañana. Su abuela solía decirle que la música era una parte de él, tal como había sido para su abuelo. Ella había sido la única que lo abrazó cuando anunció que se había convertido en el solista principal de los Warblers.

Cerrando los ojos, dejó que su mente fuera libre para llegar a los pequeños recuerdos de Kurt que había atesorado a través de los últimos meses: Kurt mirando con asombro en la ventana de una tienda, Kurt con la nariz blanca por la espuma de su cappuccino, Kurt riendo, Kurt girando mientras la nieve caía sobre Central Park, Kurt sentado en su cama llorando mientras veían Moulin Rouge, Kurt dibujando en su escritorio, Kurt abrazándolo.

Con cada imagen, algo dentro de Blaine se expandía y se hacía cada vez más y más grande, surgiendo como una ola. Sus dedos se movían con facilidad en los acordes, su amor por Kurt haciendo cada nota clara y nítida. Tocó y tocó hasta que la noche llegó y estaba satisfecho con lo que había creado. Ahora tenía que ser valiente y cantársela a Kurt, porque no había manera de que pudiera expresar lo que sentía con palabras, necesitaba que la música lo hiciera por él.

(22:40)

—Sé que estarás volando a tu casa el martes por la mañana pero, ¿podríamos vernos mañana en la tarde? -B

—¡Claro! No me gustaría irme sin decirte adiós. ¡xoxo! -K

Blaine acunó su teléfono cerca de su pecho... — Por favor, nunca me digas adiós...