Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia original es de content1 y la traducción mía, con la debida autorización de la autora.
Gracias a mis betas, ericastelo y larosaderosas, por apoyarme en corregir mis errores y dejar el capítulo tan guapo. Ya saben, si se me pasó hacer alguna de sus correcciones, pueden darme un jalón de orejas.
Y a sparklinghaledecullen, porque ella me recomendó la historia y me motivó a traducirla.
Edward POV
Carlie contemplaba las calles que pasábamos, girándose ligeramente para ver algo en particular que atrapaba su atención. A mi parecer, parecía a gusto.
Yo era un desastre.
Tenía miedo de que lo que pudiera decirle arruinara permanentemente cualquier oportunidad que tenía de convertirme en algún tipo de padre para ella. ¿Sería capaz de perdonarme por el caos que había causado mi arrogancia? ¿Lo haría Bella, si pudiera acapararla lo suficiente como para disculparme? Entrecerré los ojos ligeramente por lo bien que me estaba evitando. Mientras la irritación se arremolinaba dentro de mí, no pude evitar maravillarme ante la fuerza de Bella. Sabía que quería hablar con ella, solo que no sabía por qué. Apostaba a que pensaba que quería definir las líneas de nuestro contacto —y al no reunirse conmigo se hacía cargo de la no comunicación entre nosotros, que era necesaria.
Poco sabía de cuánto deseaba todos los tipos de contacto… y no solo los de comunicación.
Pero, ¿merecía a Bella? Me pregunté a mí mismo cientos de veces desde que la chiquilla junto a mí me había dado una nueva oportunidad en la vida con solo caminar por mi puerta, llena de vigor y determinación.
Mi conclusión era que no, no lo hacía. Había sido arrogante, un tonto sin corazón, y cruel. Y además, tuve algo de orgullo en algunas cosas que había logrado con el paso de los años desde que me había rehabilitado. Sabía que, en el amor, era la coraza de un hombre, los bordes alrededor de la fachada rota y quebradiza. Nunca le había prometido nada a ninguna de las mujeres a las que había visto, pero eso no me absolvía de lo que había hecho. No merecía una oportunidad con la niña a mi lado, mucho menos con su madre.
Pero, ¿quería merecerla? Sí.
Necesitaba saber qué podía hacer, qué pasos debía seguir para hacer que me amara de nuevo. Seguramente, el amor que había mantenido tan cariñosamente en su corazón debe haber muerto, a pesar de la declaración que había hecho en la carta que nunca recibí. El trato que le habíamos dado mi familia y yo seguramente lo había destruido; sería inconcebible pensar de otra manera.
Vi que los ojos de Carlie se ampliaron cuando giramos hacia la calle donde estaba mi condominio en el centro, y tuve que concentrarme para estacionarnos en la cochera subterránea. John me vio en la puerta y me dio un guiño lascivo cuando vio la figura femenina en el auto. Era un recordatorio directo del camino que había elegido. No pensé que pudiera cambiar su opinión de cualquier cosa delante de ella, así que se convirtió en un momento incómodo para mí. Carlie estaba distraída, pero entonces vi el horror en el rostro de John cuando se dio cuenta lo joven que era. Quise reír ante la situación, pero hubiera sido una risa amarga.
El portero ahora no solo pensaba que yo era un exuberante (lo cual él había disfrutado de todo corazón), sino que también era un pederasta. Vi el disgusto por todo su rostro, y le lancé una mirada.
El otro portero había abierto la puerta del auto para ella y le tendió la mano. Girándose, me miró. En cierta manera, el entendimiento llegó a él cuando vio sus ojos y su rostro se volvió rojo, sabiendo que había adivinado correctamente sus pensamientos.
—Carlie, este es John. Ha estado aquí desde que compré la residencia. John, esta es mi hija, Carlie Swan.
Tosió, tratando de aclarar su garganta antes de sonreírle e inclinarse ligeramente. Carlie lo encontró divertido y le sonrió de vuelta.
—Es un gusto conocerte —dijo educadamente.
Ignorando la mirada lastimera en su rostro, me moví para tomar su bolsa, arrojando la correa sobre mi hombro. John lanzó una última mirada hacía mí y hacia mi hija y después saltó al auto y empezó a conducir lejos de ahí.
Entramos al elevador e inserté la llave del ático. Yo era una de las personas que vivía en los niveles superiores del edificio y disfrutaba poder pasar por alto cualquier interrupción durante mi viaje. La vergüenza me cubrió cuando me di cuenta de las veces que había usado esa privacidad para tener sexo con la mujer que había traído. Muchas veces, ni siquiera llegaba hasta mi puerta principal. De pronto, tener a mi hija conmigo, en el mismo elevador, ponía mi comportamiento en una perspectiva llamativa.
Emmett seguramente disfrutaría de mi nueva rutina sexual. El sexo había sido sexo… nada más, ni nada menos. Siempre me había dicho que un día iba a arrepentirme de mi conducta. Esta pizca de sabiduría había llegado después de que admitiera, de manera borracha, el hecho de que veía el rostro de Bella en cada cuerpo que había tomado, había visto sus manos sobre mí, sus labios recorriendo mi piel. Después de recuperarse de la "conmoción por exceso de información", como lo había llamado, sacudió su cabeza de manera triste.
"Edward, necesitas encontrarla y arreglar las cosas, o dejarla ir. En mi opinión, eres perfectamente capaz de una y no de la otra".
Cuando le gruñí, encogió sus enormes hombros.
"Tal vez, si descubres que se ha ido y que es feliz, será como un cierre para ti. Si descubres que no lo ha hecho, entonces puedes humillarte y rogar por su perdón. De cualquier forma, nunca sabrás si no lo intentas".
El día que dejamos el hospital, me jaló hacia un lado y dijo. —No te estoy dando una opción ahora. Vas a ir a hablar con Bella y soltarle todo, y si escucho algo de ti con otra mujer durante ese tiempo, personalmente voy a romper tus huesos en pequeños pedazos. Si pierdes, puedes volver a tus días de mujeriego, y no diré otra palabra —y lo decía en serio también.
Hasta donde él sabía, era el fin de cualquier forma, mientras los incontables cuerpos ya no trabajaban más. Si debía hacer un cálculo sincero, no lo hacían desde hace tiempo. El último de mis encuentros con mujeres… el que había visto Carlie en el periódico… apenas había sido capaz de sentir algo por ella, y por primera vez, su rostro se había difuminado por el de Bella. Sentirme disgustado nunca había sido tan bueno para la situación, y le dije que me sentía cansado, pero ella entrecerró los ojos, molesta. No creía poder engañarla por mucho tiempo. Estaba en un precipicio, y necesitaba hacer las cosas bien con Bella. Y si eso significaba que era el fin, que no estaríamos juntos, necesitaba tomarme en serio el tiempo para lidiar con las repercusiones de mi comportamiento, no adormecerlas. Las mujeres solo habían sido un relleno después de que dejara las drogas. Después de admitírselo a mi madre, siempre la "persona que arreglaba", me tendió una tarjeta de un terapeuta privado.
"Bebé, creo que necesitas hablar con alguien, incluso si nos dan el increíble regalo de tener a Bella de vuelta. Ayudó con el problema de Alice, y ayudará ahora".
Pensé en las pesadillas y luché contra la verdad de su declaración.
El sonido de la puerta me trajo de vuelta de mis pensamientos, y eché un vistazo para ver a Carlie observando mi rostro atentamente. No había razón para mentir.
—Estoy cagado de miedo —admití, y me ruboricé cuando me di cuenta de lo que había dicho.
—Yo también —soltó una risita—. Y, no te preocupes, yo hubiera usado la misma palabra, incluso aunque mamá me hubiera regañado después.
Tomé una profunda respiración y la solté ante su noble comportamiento. Apartándome de la pared de donde me había recargado, levanté mi mano para indicarle que saliera y la guié hacia la puerta, por el pasillo. Después de abrir el cerrojo, la mantuve abierta para que entrara.
Podía ver la curiosidad en su rostro mientras miraba a su alrededor. Una fila de ventanas que daban al Puget Sound, sillones de cuero oscuro que habían sido colocados en la sala de estar para aprovechar la vista y la televisión de plasma en el extremo, con un centro de entretenimiento debajo de ella. Todos los muebles eran ultramodernos, con líneas claras, y mientras lo pensaba desde su punto de vista… carentes de personalidad. Lo único que se salvaba de lucir estéril era el trabajo artístico y colorido que mi madre había plasmado por todas las paredes. Había un espacio vacío cerca de la ventana. Esme había intentado poner un piano de cola ahí, pero no se lo permití.
La cocina estaba a nuestra izquierda. Todo era moderno y pulcro también, con todos los electrodomésticos necesarios de acero inoxidable. Estaba abierta a la parte principal, una larga barra alta era lo único que la separaba de la sala. Carlie caminó por ahí, y me pregunté si le gustaba cocinar mientras tomaba la extravagante tetera que Alice había insistido en darme. Era rojo brillante y atraía tu atención desde el minuto en que la mirabas. Lento, pero seguro, Alice había invadido mi espacio con cada vez más y más artículos en rojo, y tenía que admitir que le daban calor al lugar. De hecho, disfrutaba inmensamente mi cocina y pasaba horas ahí. Era un claro regreso a mi tiempo con Bella.
—Déjame mostrarte tu habitación, para que puedas dejar tus cosas —sugerí—. Alice compró la cama e hizo que la entregaran, pero sugirió que tal vez querrías ir con ella para comprar los adornos.
Sonrió ligeramente y me siguió por el pasillo. El apartamento tenía tres habitaciones, y un pequeño medio baño que estaba al final del pasillo, para los invitados. Mi cuarto era el de la izquierda e incorporaba todo un lado con una pared similar de ventanas que veían hacia el Sound. Su cuarto estaba al final del pasillo a la derecha, las ventanas daban una vista parcial al Sound; así como a una parte de la ciudad. Usaba esa habitación antes que ella llegara, con la puerta que daba directamente a la mía, como mi estudio/oficina.
Siguiendo por el pasillo, abrí la puerta de su alcoba y ella entró. Se veía bastante desnuda, como resultado de haber sido un cuarto vaciado hace una semana. Ahora al menos tenía una cama tamaño queen, un vestidor y una mesa de noche. Alice la había arreglado con sábanas blancas y había colocado una cobija en la parte de abajo.
—Sé que se ve muy…
— ¡No! —me detuvo—. Es genial. Me encanta la cama —dijo, deteniéndose para pasar sus manos sobre la madera clara. Era una cama estilo trineo, y los muebles eran elegantes pero femeninos.
—Solo mira todo este espacio que necesita ser llenado —bromeé.
— ¡En serio! —chilló—. Estaba pensando que, con la tía Alice, podríamos llenarlo bastante rápido —dijo, señalando lo que le había dicho sobre mi hermana. Me gustó mucho que la llamara tía Alice.
—Bueno, se ha vuelto más reservada, desde que tuvo que dar ejemplo a Jasmine, pero creo que será capaz de ayudarte a personalizarlo. Pero, recuerda, sigues teniendo un lugar en la casa de mis padres también. Alice dijo algo en el sentido de "duplicar el placer".
—Voy a tratar de retenerme —contestó solemnemente, con un gesto de seriedad.
Coloqué la bolsa frente a su vestidor y le mostré rápidamente el baño. Era inquietantemente similar al que tenía en su casa. Alice, una vez más, lo había surtido adecuadamente, pero con aburridas toallas blancas. Era irónico que me diera cuenta del esquema suave de color. La simplicidad nunca me había molestado antes. Después de mirar por la ventana, se movió hacia mí, expectante, y salimos de vuelta al vestíbulo. Abrí mi puerta, dejándole ver dentro de mi cuarto. Tenía tonos de gris, con la seda de la cama brillando ligeramente con la luz. Una televisión de plasma ocupaba una pared, una pintura contemporánea cubría la otra. Había llegado a casa, el día en que los muebles de Carlie fueron entregados, y me encontré con que Alice había arrastrado mi cama lejos y la había reemplazado por una nueva, junto con las sábanas. Era su propia versión personal de la orden de Emmett… destruir lo viejo me obligaba a valorar lo nuevo.
Carlie inclinó su cabeza, como si estuviera tratando de averiguar algo, pero finalmente se giró hacia mí.
—Mi oficina está aquí —dije, moviéndome hacia la otra puerta. Cuando entramos a ese cuarto, escuché un pequeño suspiro escapando de ella.
Rápidamente, hizo su camino hacia el mueble del librero y colocó sus manos en las repisas, viendo las fotos que estaban colocadas a lo largo de los libros.
—Esto eres tú… este cuarto. Estaba buscándolo, pero no estaba en la sala ni en tu alcoba. En la cocina… tal vez… o al menos eres tú, tratando de salir a la superficie —su voz llegaba a mí, aunque permanecía de espaldas, moviéndose lentamente por la línea, mientras tomaba lo que tenía ahí.
Estaba asombrado ante su naturaleza perspicaz… que me hubiera identificado tan rápidamente.
Había un montón de fotos de mi familia. Fotos de nosotros, riendo en una celebración… cumpleaños y festividades. Fotos de la boda de Alice y Jasper, así como la de Rosalie y Emmett. Fotos de bebé de todos los niños… fotografías tomadas profesionalmente en un estudio, intercaladas con mis tomas favoritas. Tenía razón. Este era mi hogar lejos de casa, donde mis recuerdos personales se mantenían a salvo. Solo mi familia tenía permitido estar aquí, nunca había traído a alguien a casa. Y era la razón por la que los otros cuartos lucían vacíos…
Había estado observándola, pero sin verla realmente. Alzó su mano, y me quedé atónito al verla poner la foto que le había pedido en espacio junto a la foto familiar que mi madre había insistido en tomar este verano. Mi garganta amenazó con cerrarse por las emociones que sentí, y me giré por un momento para recomponerme.
—¿Te gustaría ordenar algo para comer? —pregunté, e hice mi mejor esfuerzo para que mi voz sonara ronca.
—¿Tienes algo que pueda cocinar? —dijo, atrayendo mi atención lejos de los menús de comida para llevar que tenía en mi escritorio.
—Sí, estoy seguro de que podemos gorrear algo —sonreí ante el entusiasmo en su rostro—. Déjame quitarme el traje y te veré en la cocina.
—'Kay.
No pude evitar pensar, mientras la seguía hacia afuera, que había sacado esa particular frase de Jacob.
Me moví rápidamente por mi habitación hasta mi armario. Colgando los pantalones y el saco, tomé un par de vaqueros y una playera, arrojando la camisa de vestir hasta el cesto de lavandería. Ni siquiera me molesté en un cepillo, pasando mis dedos por el desastre de mi cabello. En menos de un minuto, me encaminé por la alfombra de felpa hasta encontrarla de pie en la plataforma alzada, mirando hacia el Sound. Cuando se giró, sonrió, mirando mis pies, obviamente descubriendo con asombro que había elegido ir descalzo.
—¿Por qué no tienes un piano aquí? —preguntó rápidamente. Asumí que se refería a ese lugar en particular.
—Mi madre quería comprar uno… honestamente, no estoy aquí lo suficiente. Cuando estoy, generalmente estoy trabajando —convenientemente, solté la otra razón—. Hay uno en la casa de mis padres —uno que no había tocado en mucho tiempo.
—Este es el lugar perfecto para un piano de media cola. Puedo imaginar observar el banco de niebla cruzando el Sound y tocando a Wagner, o en un día brillante…
—… Brahms —sugerí y al mismo tiempo me decidí a que si ella volvía, encontraría un piano de media cola esperando por sus ágiles dedos.
Sus ojos brillaron con alegría. —Sí, exactamente.
—Tengo su música en el sistema de entretenimiento, si quieres escucharlo. También tengo unas cuantas películas. Emmett y Jasper mantienen un buen surtido. No dudes en mirar cualquiera de los cuartos para encontrar lo que necesites… este ahora también es tu lugar… espero —añadí con reparo, dándome cuenta de cuán presuntuoso había sonado.
—¿Eso se aplica para el refrigerador?
—Sí —su actitud positiva era contagiosa. Bella había hecho un muy buen trabajo…
—Bien, porque muero de hambre. Veamos qué tienes.
Hicimos algo de arroz hindú, una ensalada grande y recalenté cuidadosamente varios cortes de salmón que había comprado en Palisade (1). El jefe de chefs y yo estábamos en contacto después de que me contara de su experiencia con el pescado. Me detuve en el restaurante la tarde anterior, esperando tener algo a la mano por si Carlie llegaba de visita. La limpieza fue bastante rápida, y sabía que estaba posponiéndolo lo más que podía. Quería un trago, desesperadamente, para calmar mis nervios, pero al mismo tiempo, no podía pensar que realmente lo mereciera.
—Vamos a sentarnos a la sala —sugerí. Quise sonreír por la manera en que se acurrucó en el sofá. Visiones de Bella, haciendo lo mismo, corrieron por mi mente, aunque, mis recuerdos de Bella siempre incluían una mirada traviesa. Carlie se veía seria; como si supiera que lo que estaba a punto de escuchar no iba a ser agradable. No lo sería… tenía razón.
—Carlie, de verdad no sé cómo hacer esto, así que solo voy a "tirar de la bandita" —dije y esperé a que estuviera de acuerdo. Asintió suavemente.
—Cuando conocí a tu madre, nos acabábamos de mudar de Seattle. Nosotros, mi familia y yo, tratábamos de dejar atrás una mala situación. No le conté todo a tu madre. Al principio, era reacio a confiar en cualquier persona, pero entonces, me enamoré tanto de ella, que eso ya no importó. Nos habían dejado con cicatrices importantes. No creo que ninguno de nosotros se hubiera dado cuenta realmente de cuán profundas eran —moviéndome de un lado a otro para sentarme en el sofá y encararla, doblé una de mis piernas debajo de mí—. Es una historia larga y complicada, pero la resumiré para decir que un joven tomó un excesivo interés por mi hermana Alice. Ella rechazó sus avances, pero él insistía en que estaba enamorado de ella. Descubrimos después que la había acosado, observando cada uno de sus movimientos, planeándolo todo.
Me detuve un momento, tratando de que lo que seguía a continuación fuera apropiado para una chica de catorce años. Cuando la miré, ella se había movido un poco más cerca, casi como en apoyo… sintiendo que algo malo había ocurrido.
—Alice me dio permiso de compartir esto, porque está horrorizada por la manera en que traté a tu madre. Pero, espero que puedas entender… —aclaré mi garganta—, el chico pertenecía a una de las familias de sociedad de Seattle. Han estado ahí desde el inicio de los tiempos… —se rio de mi sarcasmo.
—Pensé… pensé que era mi amigo. Pasé un montón de tiempo con él y con su círculo de amistades, trayéndolo a mi casa y presentándoselo a mi familia… y a Alice. Éramos amigos, o al menos así fue como lo llamé, por años. La violó, Carlie. La siguió a casa una tarde y no estábamos ahí. Se convenció a sí mismo de que todo era por amor y su "lazo eterno". Fue un fiasco… la investigación y lo que vino después. Sus padres trataron de culpar a Alice, pero solo unos pocos días después, la mucama que había trabajado en la casa de su familia le dijo a la policía que lo había escuchado riéndose de ello con sus amigos. Cuando el chico se dio cuenta del pozo que había cavado, trató de suicidarse. Fue un desastre enorme, y la reputación de la familia se vio afectada cuando se descubrió que habían cubierto otro incidente similar con otra chica. No nos importó, porque Alice era nuestra prioridad. Había sido brutal con sus acciones y sus palabras, y la dejó morir después de mutilarla. No sabemos si hubiera sobrevivido al ataque, y tuvo que permanecer en el hospital por semanas antes de que pudiera regresar a casa.
Alcé la vista para ver las enormes lágrimas en sus ojos. Temeroso de haberla asustado, me disculpé. —Lo siento, la historia…
—… es horrible, pero he escuchado unas más detalladas por los casos de la tía Leah. Sé que estás pasando por alto ciertas cosas —murmuró suavemente.
Reí sin humor. —Estoy seguro de que lo has hecho —sabía que tenía que continuar—. Fue totalmente culpa mía. Dejé que el mal entrara a nuestra casa, exponiendo a nuestra familia por creer sus mentiras. Mi madre quería irse tan pronto como pudiéramos y empezar de nuevo en otro lugar pero, una vez que dejaron salir a Alice del hospital, ella se negó a irse. Por eso, descubrimos más de lo que queríamos. Al parecer, ser uno de los mejores de Seattle no significaba que fueras inmune a los gastos excesivos. Resultó que la familia estaba quebrada y, de hecho, la madre había motivado a su hijo para que buscara a Alice, con la esperanza de salvar su posición ante la sociedad. Nosotros éramos los "nuevos ricos"... algo menospreciado, pero al menos era dinero y, por lo tanto, ellos lo deseaban. Supimos esto porque su madre no se detuvo con Alice.
Cuando su hijo fue a la cárcel, ella decidió destruirnos. Chantajeó a la enfermera en el hospital… una mujer con suciedad encima… para perseguir a mi padre. Eso, en sí, es otra larga historia, pero la mujer alegaba que mi padre la había acosado en el hospital. Hubo un video. Por supuesto, había sido alterado. Contrató a un hombre que se parecía a mi padre para "interpretar una fantasía". El hombre nunca supo para qué había sido contratado, y agradezco que fuese lo suficientemente valiente como para salir adelante cuando el video fue "filtrado" a la prensa.
Todavía podía recordar el rostro de completa desolación de mi padre. Su reputación había sido destrozada, incluso aunque todo fue revelado y mi madre y él habían salido adelante luciendo como ángeles, por su dedicación y confianza en el otro, él no estaba dispuesto a que mi madre y nosotros viviéramos bajo el escrutinio.
—Dejamos Seattle poco después, para vivir en Forks.
—De acuerdo —dijo, sin entender realmente cómo esto se relacionaba con ella.
—Cuando llegamos a Forks, no éramos las personas más confiadas. Tu madre… —no podía controlar el temblor en mi voz—, ella fue la única que no me trató como un trozo de carne —tuve que tomar una profunda respiración para calmar las náuseas.
—Aunque, apuesto a que pensó que eras guapo —dijo con voz suave. Mis ojos brincaron hacia ella, y me di cuenta de que me estaba provocando a propósito, al ver la desolación en mi rostro.
Solté una risita, a pesar de lo que sentía. —Quizá… se ruborizaba lo suficiente. Me enamoré de ella mucho antes de que me hiciera caso. Estaba convencida de que "alguien como yo no tendría nada que ver con ella". Son sus palabras, no las mías.
Carlie sonrió, y se dio cuenta de que sonaba como su madre.
—Ese año fue el mejor de mi vida. Tu madre se convirtió en otra hija para mis padres y la amistad de Bella ayudó a Alice a salir del estado taciturno en el que se encontraba. Alice volvió a ser ella de nuevo. Éramos jóvenes y estábamos enamorados, y no fui cuidadoso cuando… —Dios, cómo le dices a tu hija que tuviste sexo…
—… cuando hicieron el amor la primera vez.
—Oh, Dios —gemí, poniendo mi rostro entre mis manos. ¡¿Qué tan incómodo puede ser esto?!
Cuando alcé la mirada, ella me sonreía traviesa. —Créeme, he escuchado términos mucho más despectivos para referirse a eso. Papá… uhm… Jake… —balbuceó y se veía avergonzada por haberle llamado papá.
Era hora de aclararle algo.
—Él es y ha sido tu padre, Carlie. Puede que no me guste, pero no podría estar más agradecido de que estuviera ahí para ti… —me sentí orgulloso de decirlo sin decaer. Era una agonía escucharla llamarle así, pero era un adulto y consciente de mis errores. No merecía ese término. Jacob sí.
—'Kay —dijo, pero agachó la cabeza ligeramente—. Como sea, los amigos de papá, los de La Push… uhm… ellos no son tan elocuentes como tú. He escuchado términos mucho más despectivos… no te preocupes.
—No tomamos las precauciones adecuadas, y obviamente esa fue la mejor decisión que pudimos haber tenido—dije.
Jadeó y me miró confundida.
—¿Estás aquí, cierto? Con lo mal que se pusieron las cosas, no puedo imaginar una sorpresa más exquisita por nuestra estupidez.
Sonrió de oreja a oreja, de alguna manera tranquila.
—No mucho después, unos amigos nuestros de Seattle nos visitaron y trajeron a su hija con ellos. Tanya —alcé la vista para ver si ella conocía ese nombre, y pude decir que no lo hacía. Bella había mantenido todo para ella—. Tanya era un año mayor que yo y siempre quiso ser mi novia, pero yo no estaba dispuesto. Enfureció cuando me vio con tu madre. Lo que pasó después de eso no es bonito. Se quedó de visita por un mes, viviendo en la casa de huéspedes. Su madre y la mía eran extremadamente cercanas. Tanya empezó a plantar pequeñas semillas… comentarios aquí y allá sobre el carácter de tu madre. Alice y yo casi le arrancamos la cabeza en muchas ocasiones. Pero entonces, se volvió más descarada. Un día, volvió a casa de un viaje a Forks y dijo que había visto en la tienda a Jacob, comprando condones. No conocíamos a Leah… todo lo que sabíamos era que Jacob y Bella siempre habían sido muy cercanos y había un rumor de que tu abuelo y el padre de Jacob siempre habían deseado que ellos se casaran.
Resopló y me quedé mirándola. —¡¿Es en serio?! —jadeó—. ¡Mami y Papi! Eso es como incesto… ¡ugh! —se estremeció dramáticamente. Hubiera sido adorable, de no haber sido una reacción apropiada. Una reacción que yo debí tener. En lugar de…
—Sí, ahora sé eso… pero no lo supe entonces.
—¿De verdad? —preguntó, y una mirada horrorizada cruzó su rostro—. Pensaste que Mami y Papi eran una pareja todo este tiempo y que habían jugado contigo… —dijo, con tono de espanto—. Espera, ¿qué habrían ganado ellos? —preguntó. El hecho de que no tuviera idea, era testimonio de ella, de su madre, y de todo lo bueno en el mundo. Un mundo que no había sido mío.
—Carlie, primero déjame decirte, sabía que tu madre era virgen. Nunca lo dudé…
Querido Dios, esta es la conversación más difícil que he tenido con cualquier persona.
—Pensaste que ella y Papi habían esperado después de eso para iniciar esa parte de su relación y que ella había jugado contigo.
Sonaba tan ridículo viniendo de sus labios. Tan ridículo ahora, pero tan creíble en aquel entonces. Su rostro estaba pálido por el estrés ante su revelación. —Repito, ¿por qué, si ella quería a Papá, podría seguir contigo?
—Tanya nos convenció, a todos, de que tu madre era otra trepadora social. Pensé que había traído al diablo otra vez…
Había alcanzado su nivel de tolerancia, y se levantó del sofá para detenerse frente a la ventana. Podía ver que sus manos se apretaban de ira o agonía. No estaba seguro de cuál.
Dejé que permaneciera el silencio, sabiendo que nada de lo que dijera arreglaría esto.
Finalmente, empezó a hablar. —De acuerdo, puedo entender que llegaras a esa conclusión considerando por lo que habían pasado. Sin embargo, si la amabas tanto como dices, ¿cómo pudiste creer eso de mamá? El dinero… no significa nada para ella… siempre y cuando pague las cuentas, ella es feliz. Trabajó duro, cuando empezó a escribir, porque quería tener suficiente dinero para que yo fuera a la universidad y esas cosas. Una vez que tuvo suficientes ahorros para eso, y para que pudiéramos vivir cómodamente, dejó de preocuparse por ello. Ella da más de lo que conserva.
—Lo sé ahora —respondí, con voz ronca por la agonía que me desgarraba—. Lo sabía entonces, también, pero estaba enterrado en mí. Tanya jugó con nuestros miedos, y cuando me trajo una foto de Jake abrazando a Bella, fue todo lo que necesité para aullar de rabia. Los labios de tu padre besaban la frente de Bella, y había tanto amor en sus rostros que parecía obvio.
Me levanté para ir hasta donde estaba, en la ventana. El Sound estaba furioso esta noche, y las olas picadas combinaban con la turbulencia de la habitación. Coloqué mis manos contra el cristal plano frente a mí, permitiendo que el frío se colara por ellas. Había sido frío en aquel entonces… parecía apropiado que lo sintiera ahora.
—Tanya y su familia permanecieron a nuestro lado durante todo el caos por la violación, la mutilación de Alice y la recuperación, y después con las audiencias de la junta médica con mi padre y la resolución final. Habían sido amigos por muchos años. De hecho, Carmen fue la que supo del chisme de la madre del muchacho, y averiguó que habían perdido todo por derrochar. Nunca le di a tu madre la oportunidad de explicarse. La humillé delante de cada chico y adulto en el Instituto Forks. Fui un monstruo. No hay otra explicación. Era joven, estúpido y arrogante. No la merecía en aquel entonces, y no la merezco ahora. Aunque, si tuviera la oportunidad, haría cualquier cosa para hacer que ella me amara de nuevo. Necesitas saber eso.
Giró su rostro y la mirada de asombro que cubrió su expresión me fue inolvidablemente familiar a la mirada que había visto con Bella cuando le dije aquellos asquerosos nombres en público.
—Tú… tú… quieres intentar enamorarla de nuevo —tartamudeó, sin creer bien lo que había escuchado. Estaba enojada, pero la había asombrado con mi declaración.
¡Ja! No tenía precio. Bueno, siempre y cuando ponga todo sobre la mesa…
—No, eso no es lo que estoy diciendo —esperé a que me mirara, para que pudiera ver qué tenía que decir—. Carlie, nunca dejé de amar a tu madre… jamás. Aunque, hice mi mejor esfuerzo para olvidarla. Como el cobarde que fui entonces, lo enterré con drogas y casi intento matarme. Mis padres nos llevaron lejos de Forks, de vuelta a Seattle, donde continué con mis conductas mortales por muchos años hasta que hicieron una intervención. No he tocado drogas de ningún tipo desde entonces. Ni siquiera me gusta tomar analgésicos.
—Solo puedo estar agradecido de que mis padres hicieran la intervención de manera tranquila. Para cuando finalmente acepté el caos en el que había convertido mi vida, sabía que lo menos que quería era estudiar medicina. Eso hubiera sido difícil con una reputación de abuso de drogas.
Asintió, pero sabía que seguía en shock.
—Carlie, tu madre no era más que una inocente. En lo más profundo de mi alma, lo supe en aquel entonces, pero, como dije, lo enterré junto con mi sentido racional. Tan pronto como empecé a limpiarme, supe que había cometido el peor error de mi vida. Pero era demasiado tarde. Contraté a un investigador para buscarla, pero a los pocos días lo dejé ir. Me di cuenta de que no tenía derecho de torturar a tu madre nuevamente —me detuve—. No sabía que estaba embarazada. Lo juro por Dios, no lo sabía. Si hubiera sabido…
—Si hubieras sabido… ¿qué? —gritó, echándome en cara mis comportamientos y mis debilidades—. Si no amaste a mi madre lo suficiente como para pelear por ella… para escucharla cuando casi te rogó… —se detuvo para que supiera lo que su madre había hecho. Cuando asentí, se giró hacia la ventana, con una mueca en el rostro—. ¿Te habrías hecho cargo de un hijo, del cual estabas casi seguro que era de Jacob?
¡UH! Nunca había pensado en eso. Fue en un testimonio de mi creencia en Bella… después de que me rehabilitara… cuando me di cuenta de que nunca había creído que ella y Jake habían intimado.
—Carlie, lo creas o no, una vez que estuve limpio, si hubiera averiguado que tu madre había estado embarazada y dado a luz a una niña, jamás hubiera sospechado que fuera de alguien más que no fuera yo. Tanya manipuló un miedo temporal, y nunca me di el derecho de examinarlo a conciencia.
Resopló por lo inadecuada que era mi explicación. No la culpaba, seguía sin entender cómo había sido tan cruel e ingenuo.
—He visto pasar a Alice por tantas cosas, con la violación y todo lo que vino después —me detuve por un momento, mientras el mal amenazaba con hundirme. Manchas rojas y negras se arremolinaban en mis ojos y gritos con el nombre de Alice resonaban en mi cabeza. Si no tuviera pesadillas del rostro de Bella, desencajado por el dolor, las tendría de todas estas cosas… sangre, muerte y dolor. Forzándome a mí mismo a enfocarme por encima de la visión, continué—. Encontré a Alice. Parecía muerta, y no podía hacerla reaccionar. Todavía puedo ver la sangre en mis manos, mientras llamaba al 911 y le rogaba que siguiera respirando hasta que la ambulancia llegara hasta ahí.
Todavía podía ver la resistencia que dio, y los cortes de sus manos, cuando trató de defenderse. Finalmente, abrió un poco los ojos, lo suficiente como para verme, y seguimos mirándonos mientras contaba los minutos hasta que llegó la ayuda, usando mi camisa para tratar de detener, sin éxito, el flujo de sangre de su estómago… sin querer contemplar el que salía de entre sus piernas. Nos habíamos estado diciendo adiós, solo que sin palabras.
—Lo que le hizo… fue antinatural, y yo fui quien lo trajo a mi familia. Después, vino el caos ante la difícil experiencia de mi padre, y la idea de que me hubiese permitido ser manipulado otra vez… se me vino encima. Fue irracional, lo sé, pero esa fue mi reacción. De todas formas, necesitas saber que no justifico mi conducta. He tenido quince años para vivir con la locura de mis inseguridades… con las consecuencias de haber sido un niño en lugar de un hombre.
—Necesito algo de tiempo a solas —dijo, temblando notoriamente.
—Entiendo.
Sin decir otra palabra, se giró y se encaminó hasta el cuarto. Escuché que la puerta de su habitación se cerraba un segundo después.
Voluntariamente, las lágrimas empezaron a recorrer mi rostro, mientras las consecuencias de mi comportamiento me golpeaban una vez más. El estúpido de Edward, confiando en la amistad de un monstruo. El estúpido de Edward, sin tener idea de qué hacer para ayudar a Alice, mientras la vida se le iba. El estúpido de Edward, rompiendo el corazón de la única mujer a la que ha amado.
Arreglé los dos primeros. Confié en unos pocos fuera de mi familia inmediata, solo dejando que los otros vean o experimenten una pequeña parte de mi verdadero yo. Estudié con los mejores, para no volver a estar indefenso ante una emergencia médica. El último… tal vez nunca tenga la oportunidad de arreglarlo. Esa sería una consecuencia adecuada por mis acciones.
Dios, por favor, dame otra oportunidad. Sé que no la merezco, pero prometo que, si lo permites, haré lo que sea que esté en mi poder.
Me quedé de pie frente a la ventana por horas, viendo que el crepúsculo se oscurecía. Si tan solo el sueño llegara fácilmente. La noche pasaba lentamente, y contemplaba al sol empezando a alzarse por las ventanas, desde la silla en donde me encontraba, sin haber encontrado el descanso. Cuando la puerta se abrió, sentí que el terror se instalaba en mi estómago, seguro de que querría que la regresara a su casa.
El sonido de sus pies, cruzando la alfombra, me hizo saber que había llegado hasta donde me encontraba.
— ¿Edward? —preguntó suavemente, y levanté mis ojos hacia ella—. ¿No has dormido?
Sacudí mi cabeza, ligeramente, maldiciéndome a mí mismo al ver la hinchazón en sus ojos. Tampoco había dormido, y estaba seguro de que había llorado.
—¿Por qué? —preguntó.
—No podía, sabiendo que esta podría ser la última vez que te vea.
Sacudió la cabeza. —Lo siento, no me refería a eso. ¿Por qué estuviste dispuesto a creer las mentiras sobre mi mamá?
Tomé una profunda respiración. —Te lo dije, ¡yo traje al diablo a la casa! Yo. Le hice eso a mi familia. Lo metí, alimenté la amistad y creí en las mentiras. Violó a Alice, la lastimó, la aterrorizó… —tomé otra respiración para calmarme a mí mismo y ella colocó su mano en mi hombro. Exhalando temblorosamente, y calmado a duras penas, continué—. Entonces, su familia fue tras mi padre. Dos personas, hermosamente inocentes, arruinadas por mi estupidez. Fui ingenuo y mi familia pagó por ello. Conocíamos a Tanya desde hacía años y nunca supimos que haya sido falsa. Tenía miedo de haberlo hecho de nuevo, por el subidón de amor. No era bueno juzgando la personalidad… ¿no es este un buen ejemplo de ello? En quien no debí confiar, lo hice. En quien debí haberlo hecho, no —pasé mis manos por mi cabello. Entonces, me rendí. ¿Cómo convences a alguien de que fuiste un simple estúpido?
Inhaló profundamente y exhaló. —No estoy feliz con lo que aprendí anoche, no te mentiré. Pero al menos fuiste sincero conmigo, y no trataste de quedar bien parado. Es doloroso pensar en lo que mi mamá ha pasado. Saber que casi te rogó a ti y a tu familia para que la escucharan y le diste la espalda —apreté las manos, teniendo un recuerdo del rostro de Bella mientras me rogaba con los ojos—. Solo puedo imaginar cuán asustada estaba. Su vida se volvió más trágica por la pérdida de la visión y la del abuelo Charlie. No puedo evitar pensar que, si tú y tu familia no la hubieran hecho a un lado, probablemente nada de eso hubiera pasado.
Tenía razón. No había forma de negarlo. Sentí náuseas, sabiendo lo que venía.
—Como sea, también puedo entender el dolor por el que tu familia ha pasado con lo que les hicieron. Debo decir que no puedo imaginar que mamá se hubiera sentido cómoda alrededor de ti o de tu familia. Pero también sé que no dejaría que perdiera la oportunidad de conocerte y tomar mis propias decisiones en lo que se refiere a mí.
—Gracias —dije suavemente, jurando que otra Swan no me encontraría insuficiente.
(1) Palisade. Restaurante de pescados y mariscos que está en Seattle.
¿Creen que Carlie lo ha perdonado tan fácilmente? ¿Qué hay de Bella? ¿Aceptará todo esto?
Les agradezco a todas aquellas personitas que votaron por esta historia. A pesar de que no ganó, el mero hecho de estar nominada ya fue algo grande para mí.
Hasta la siguiente actualización...
