Un mes después, Blaine estaba sentado en un sofá deseando haber tenido el valor para echarle cerrojo a la puerta. Su miedo estaba tan asentado en su mente que no podía conjurar una canción para ayudarle a sentirse mejor.
Cena con los Smythe.
Victoria había entrado en su habitación por la mañana, sin llamar, para anunciar que toda la familia, incluyendo a Cooper y a su esclava Lisa, irían a la casa de los Smythe a cenar esa noche. Blaine había estado masturbándose rápido y duro como consecuencia de un sueño que había tenido la noche anterior. Kurt estaba de pie sobre él, desnudo y hermoso. Su pálida piel brillaba con un resplandor sedoso, su dominio cubría a Blaine, pesada y cálidamente como los rayos de sol. Blaine estaba desnudo, de rodillas, con las muñecas y los tobillos atados con correas de cuero, y un collar de hierro pesado alrededor de su cuello con una cadena sostenida en las manos de Kurt. El miembro de Kurt era grueso, grande y duro, y Blaine estaba babeando. Lo quería en su boca desesperadamente. Y luego en su trasero.
— ¿Dónde están tus ojos, Blaine? —Blaine rápidamente desvió la mirada del hermoso pene de Kurt hacia el suelo.
— ¿Ves algo que quieres, mi amor?
— Sí, señor.
— ¿Qué quieres?
— Tu pene, señor.
— ¿Dónde te gustaría?
— Por favor... en mi boca, señor.
Kurt se inclinó y pasó los dedos por el cabello de Blaine. Apretó más fuerte la cadena y tiró de la cabeza de Blaine hacia atrás.
— Me debes complacer.
Blaine abrió la boca y se inclinó hacia adelante...
— Esta noche vamos a cenar con los Smythe, así que no desaparezcas. Aunque, ¿por qué no te quedas en casa hoy, así no me veo obligada a buscarte cuando sea hora de irnos? Nos vamos a las seis de la tarde.
Blaine se puso rojo mientras rápidamente se agarraba a las sábanas para cubrirse. Si Victoria se había dado cuenta de lo que estaba haciendo, no lo mencionó.
— ¿Me has oído? No te desaparezcas hoy. Cooper y Lisa van a estar aquí a las cuatro.
— Sí, señora.
Victoria salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella.
Blaine suspiró y pensó en volver a empezar cuando las palabras de su madre volvieron a su mente.
Cena con los Smythe.
Sebastián.
Blaine ya no estaba de humor. Él extendió la mano y agarró el teléfono para llamar a Kurt.
Kurt se obligó a mantener la voz serena y firme. Sabía que Blaine lo necesitaba calmado. Si él se asustaba, Blaine se asustaría.
— Probablemente sea sólo una cena, Blaine. Nada de qué preocuparse. Solo trata de estar cerca de tus padres y de Cooper.
— ¿Pero qué tal si esta cena es para discutir acerca del reclamo de Sebastian hacia mi?
Kurt cerró los ojos y tragó saliva.— Estoy seguro de que es sólo una cena. —Dios, por favor que sea sólo una cena.
— Tú no lo puedes saber, Kurt. ¿Y si no lo es? ¿Y si esta noche deciden que voy a estar con Sebastian? Oh, Dios.
La voz de Blaine rompió en pánico causando que el corazón de Kurt se rompiera. Respiró hondo y convocó a su dominio.
— Blaine, quiero que te calmes. Pase lo que pase esta noche, voy a encontrar una manera de reclamarte. Lo prometo.
— ¿Me lo prometes?
— Te lo prometo.
Blaine se relajó. Kurt haría todo bien. Todo estaría bien.
— Te amo, Kurt.
— Lo sé. Yo también te amo. No te preocupes.
Kurt colgó.
— ¿Cómo pudiste hacer eso?
Kurt se dio vuelta para ver a su padre de pie, con el rostro lleno de ira.
— ¿Hacer qué?
— Prometerle algo así. Kurt... no puedes hacerle ese tipo de promesas a un esclavo. No hay garantía de que se te permitirá reclamar a Blaine.
— Yo puedo reclamar a quien yo quiera, incluso si los padres no están de acuerdo. Esas son las reglas.
Burt negó con la cabeza.— Vamos, Kurt. No seas tan ingenuo. Personas como los Anderson juegan con reglas distintas.
— No me importa el estúpido dinero. Blaine quiere estar conmigo y yo lo quiero. Lo voy a reclamar.
El corazón de Burt se rompió un poco mientras miraba a Kurt. En lugar de un joven de 17 años parado detrás de él, Burt estaba viendo a un Kurt de 10 años de edad. Los brazos cruzados en desafío, una mirada terca en su rostro mientras se negaba a llevar el abrigo de invierno de color azul marino que Burt había comprado para él. Quería el rosa y no le importaba si el rosa solo estaba disponible en la sección de niñas. Los abrigos rosas eran bonitos. El azul era feo. Al día siguiente, Burt devolvió el abrigo azul marino y Kurt vistió coquetamente el rosado con muchísimo orgullo todo el invierno, ajeno a las miradas de extraños.
Pero Blaine no era un abrigo. Era un esclavo sumiso, y uno muy sensible. Sin querer, Kurt estaba jodiendo la cabeza de Blaine. Si las cosas no salían bien, el daño podría dejar cicatrices.
— Mira chico. Sé que lo amas. Sé que lo quieres, pero debes tener cuidado. ¿Qué pasa si él no consigue ser reclamado por ti? —Burt levantó la mano para detener la protesta de Kurt.— Lo sé, lo sé. Estás decidido a reclamarlo, pero vamos a imaginar que no funciona porque los Anderson tienen otros planes. ¿Sabes lo que va a pasar con Blaine? ¿La angustia mental que sufrirá por no ser reclamado por el maestro al que ya está sometido en su propia mente? Desde luego que se someterá a otro maestro porque es su naturaleza, pero ahí estará... esa confusión... la pieza que falta. La confusión que lo dejará desorientado acerca de la reclamación. ¿Y qué tal si ese maestro no está dispuesto a ser paciente? Le estarás dejando a Blaine mucho dolor si las cosas no salen bien.
Kurt se dejó caer en el sofá y puso la mano sobre su boca.
Mierda.
Eso era lo último que quería hacer.
Pero no podía negar sus sentimientos. Sus deseos. Blaine era más que un deseo. Era una necesidad.
¿Qué tal si Blaine tenía razón acerca de esta noche? ¿Qué tal si la cena de esta noche era para discutir los planes y firmar los acuerdos? Kurt negó con la cabeza lentamente.
— Papá... No puedo... No puedo perderlo... no puedo...
Burt asintió.— Lo sé. Vamos a tratar de resolverlo. Lo prometo. Vamos a tratar de resolverlo.
. . .
Blaine clavó las uñas en el cojín del sofá cuando Sebastian apareció en la puerta de la sala de estar. Él simplemente se quedó allí, con una sonrisa de satisfacción en su rostro. Le mandó un beso a Blaine. Blaine sintió ganas de vomitar.
Uno de los sirvientes apareció detrás de Sebastian.
— La cena está servida.
Blaine se puso de pie lentamente con la esperanza de que Sebastian se dirigiera hacia el comedor delante de él, pero Sebastian se quedó en la puerta.
— Buenas noches, Blaine. Te ves muy atractivo.
Blaine no dijo nada. Sebastian esperó a que Blaine pasara por donde él estaba para seguirlo por detrás.
— Maldita sea. No puedo esperar a tener mi pene en tu culo.
Blaine casi se cayó. Sebastian se rió. Cuando llegaron al comedor, la esclava de Cooper, Lisa hizo una seña a Blaine.
— Siéntate a mi lado.
Sebastian estaba a punto de tomar la silla al otro lado de Blaine, cuando Cooper se deslizó suavemente en ella. Él sonrió dulcemente a Sebastian.
— Lo siento.
Sebastian frunció el ceño y se sentó en el extremo de la mesa.
Cooper miró a Blaine.— De nada.
— Gracias.
Cooper y Blaine tenían una extraña relación.
Debido a la diferencia de edades y al hecho de que Cooper era el hijo dominante favorito, no eran muy cercanos, pero no eran enemigos tampoco. Mientras crecían, Cooper ignoró a Blaine, siguiendo el ejemplo de su madre. Después de graduarse de la escuela reclamó a Lisa y se fueron a la universidad. Después de graduarse, Victoria lo envió a Michigan para dirigir una empresa manufacturera que había comprado. Él viajaba a Ohio a menudo para visitar e informar a su madre. Todavía seguía sin prestarle mucha atención a Blaine, pero estaba preocupado por su Reclamación. Uno de los amigos de Lisa fue prácticamente atrapado en un desdichado reclamo arreglado por los padres. Cooper había visto de primera mano la infelicidad que eso causaba. No quería ver a Blaine en la misma situación.
Blaine pasó la mayor parte de la cena hablando con Lisa. Lisa era muy dulce y siempre había mostrado afecto y bondad hacia Blaine. Al final de la cena Blaine se sentía más relajado.
Por desgracia, esa sensación no duró mucho.
Todo el mundo se movió a la terraza para comer el postre y disfrutar de las bebidas. Blaine se mantenía cerca de Lisa, sentado a su lado en el sofá de dos plazas. Cooper se sentó en una silla junto a ellos mientras los padres se sentaron al frente. Sebastian recargado en la puerta. Hubo un momento de silencio mientras todos se consentraban en el postre, un delicioso pastel de tres leches con crema de vainilla.
Anna Smythe rompió el silencio.— Así que, Victoria... ¿has pensado en la reclamación de Blaine?
Blaine se congeló. Sebastian sonrió con aire satisfecho y pagado de sí.
Victoria negó con la cabeza.— No, no en realidad.
— Tu sabes... tal vez Blaine sería bueno para Sebastian. Sebastian necesita a alguien que lo calme. Alguien que lo estabilice.
Blaine colocó lentamente el plato de pastel sobre la mesa. Le temblaban las manos.
Cooper habló.— ¿No crees que Blaine debería tener voz respecto a quien lo reclame?
Victoria resopló.— Por favor. Él se sometería a un perro si le moviera la cola lo suficiente. Estas cosas tienen que ser directas.
Sebastian se rió. Cooper le lanzó una mirada.
— En ese caso, supongo que Sebastian tiene la más mínima oportunidad. Por lo que he oído, él es una perra. Una perra en celo, de hecho.
Los ojos de Blaine se abrieron con sorpresa. Victoria miró a Cooper con horror, mientras que Sebastian lo fulminaba. Anna se puso roja de vergüenza.
— Ese fue un error juvenil. Sebastian ahora lo sabe.
Michael Smythe habló.— Eso es correcto. Sebastián ha madurado. Está listo para la responsabilidad de una reclamación. Piénsalo un poco, Victoria. Podría ser mutuamente beneficioso para ambas familias.
Victoria miró a Blaine como si lo viera por primera vez. Ella asintió lentamente.— Sí, tal vez deberíamos hablar más sobre esto.
Sebastian había estado observando a Blaine de cerca durante la charla de sus padres. Blaine estaba mirando el suelo, recorría varias veces sus labios con la lengua mientras trataba de encontrar la fuerza para hablar. La mente de Sebastian se llenaba de pensamientos de todos los lugares en los que quería la lengua de Blaine. Blaine sintió el resplandor caliente de Sebastián y lentamente levantó la vista. Algo en esa mirada amenazante y lujuriosa asustaba a Blaine y le impedía encontrar su voz. Cerró los ojos y sacudió la cabeza.
— No.
Victoria lo miró.— ¿Qué?
— No, yo-yo-yo no lo quiero. Él no me gusta.
Sebastian lo miró un poco avergonzado.— Eso es porque no me conoces. Deberíamos pasar más tiempo juntos.
Anna Smythe sonrió y asintió con la cabeza vigorosamente.— Sí, ¡es una idea maravillosa! Estoy segura de que si los dos pasaran un tiempo juntos...
Cooper interrumpió.— Teniendo en cuenta el pasado de Sebastian, no creo que sea seguro para Blaine pasar tiempo con él. Yo no creo que ninguno de nosotros queramos ver como Blaine es viol...
— ¡Cooper! —Victoria gritó.— ¡Qué cosas tan horribles dices! ¿qué te pasa?
— Sólo cuido a mi hermanito.
El rostro de Sebastian se puso rojo de rabia y vergüenza.— ¡Yo no violé a nadie! ¡Fue consensual!
— ¿Cómo puede ser consensual el sexo con un esclavo no reclamado menor de 18 años?
— ¡Yo no violé a nadie!
Michael Smythe miró a Cooper.— Por supuesto que no violó a nadie. Todo fue un malentendido. Victoria, ¿cómo va la adquisición de Servicios Generales de Fabricación?
El tono de Michael era claro. La conversación había terminado. Victoria con mucho gusto se zambulló en los detalles de su última conquista de negocios. Sebastian disparó a Blaine y a Cooper una última mirada demoniaca antes de desaparecer.
Blaine suspiró mientras Lisa le frotaba la espalda.— Todo irá bien, Blaine.
Blaine se volvió hacia Cooper con ojos llenos de alivio y agradecmiento.
— Gracias. Muchas gracias.
— No hay problema.
— Coop... ¿por qué me estás ayudando? Quiero decir... no sé... generalmente estás de parte de mi madre.
Cooper suspiró.— Digamos que yo quiero verte feliz en lugar de miserable. He visto como es la vida para los esclavos infelices atrapados en reclamos que nunca quisieron o que han ido mal. Quiero algo mejor para ti. Puedo ver el efecto positivo que Kurt tiene en ti. Es algo bueno. Yo no quiero que lo pierdas.
Blaine asintió. Sí, Kurt era bueno para él. Kurt era genial para él. Kurt estaba ayudándole a ser más fuerte y menos sumiso con otros maestros. Blaine sabía que no era sólo para su beneficio. Kurt era posesivo y celoso. No quería que Blaine se sometiera a otros maestros. Sólo quería que Blaine se sometiera ante él.
Para alivio de Blaine, Victoria rápidamente se olvidó de los deseos de Sebastian de reclamar a Blaine. Alguien mas habia hecho un movimiento importante en una de sus áreas de negocio clave. El desarrollo consumió todo su tiempo y energía. Blaine salió de su camino para quedarse fuera de su vista y de su mente.
Sebastian se cogía con la mirada a Blaine cada que tenía oportunidad, pero mantenía su distancia, lo que hacía que Kurt se pusiera nervioso en lugar de feliz. La sonrisa de Sebastian era demasiado presuntuosa, dando a entender como que tenía un secreto. ¿Quería Victoria hacer los arreglos para la reclamación de Blaine sin decirle? Era un pensamiento que mantenía a Kurt despierto toda la noche.
Burt también estaba despierto esa noche.
Cuanto más veía a Kurt y a Blaine interactuando, más preocupado se ponía por la promesa de Kurt sobre reclamarlo. Los dos chicos estaban unidos hasta lo más profundo. Demasiado involucrados, pero los Anderson y los Hummel aún no se habían conocido.
Burt decidió que era hora de arreglar eso.
. . .
— Lo siento, ¿De cuál empresa habla?
— Hummel Tire & Lube.
Victoria frunció el ceño. ¿Cómo diablos había conseguido este hombre vestido con un traje barato una cita con ella? Despediría a Sara en cuanto terminara con esto.
— ¿Qué quiere?
— Estoy aquí para hablar de su hijo, Blaine. Soy el padre de Kurt.
La expresión de Victoria se volvió aburrida.— ¿Y?
Burt frunció el ceño.— Bueno, estoy seguro que usted sabe que Kurt y Blaine han estado saliendo desde hace casi un año y medio. Kurt quiere reclamar a su hijo.
— De ninguna manera.
— ¿Por qué?
— No se ofenda, señor... ¿Hundel? Pero Blaine es un Anderson. Él viene de una familia de cierta clase, crianza y posición social. No sería apropiado que fuera reclamado por...
— Tenga cuidado, —gruñó Burt.
— ... alguien de una clase social diferente.
— Usted es una mujer de negocios. Soy un hombre de negocios y un futuro miembro del Congreso de los Estados Unidos. Nosotros no somos tan diferentes.
— ¿Un congresista? ¿Pensé que era un mecánico?
— Estoy haciendo campaña para el congreso este año. Estoy por delante en las encuestas con un 70%.
— ¿Para el Congreso?
— Sí.
— ¿El Congreso de los Estados Unidos?
— ¿Hay algún otro?
Victoria se echó hacia atrás en su silla y comenzó a calcular.
Tener un político en deuda con ella sería útil. Había algunas excenciones fiscales que quería ver pasar en preparación para una gran adquisición y expansión en la que estaba trabajando.
Ella podría suavizar las cosas con los Smythe. Ellos entenderían. Sobre todo si ella compartía esa influencia.
Le sonrió a Burt y apretó un botón en su teléfono.— Sara, no me pases llamadas.
. . .
— ¿Qué hiciste qué?
— Kurt, cálmate.
— ¿Cómo pudiste? ¡No pensé que querías ser esa clase de político!
— Vamos, chico, tú me conoces mejor que eso. ¡No acepté nada con lo que no estuviera de acuerdo! Victoria y yo somos dueños de negocios. Tenemos más en común de lo que piensas.
— ¡Yo iba a manejarlo!
— ¿Cómo? ¿Reclamando a Blaine sin el permiso de sus padres? No. Así no es como deseas hacer una reclamación. Especialmente cuando se trata de alguien tan intensamente sumiso como Blaine y una familia como los Anderson. Podría volverse en contra tuya. De esta manera conseguirás hacer las cosas bien.
— ¡Y tú conseguirás estar en el bolsillo trasero de Victoria Anderson! ¿Y qué pasa si no ganas las elecciones?
Burt lo miró visiblemente herido.— ¿Desde cuándo empezaste a creer tan poco en tu padre?
Kurt se sentía como una mierda. Debería darle a su padre algo de crédito, sobre todo porque sólo estaba tratando de ayudarlo. Su padre era un hombre honesto. Él no estaría de acuerdo con algo que no se sintiera bien en su conciencia. Y definitivamente iba a ganar.
— Lo siento. Es que no quiero que estés en deuda con nadie en mi nombre. Especialmente con Victoria Anderson.
— Te prometo que no pasará nada. Te quiero y yo haría cualquier cosa por ti, pero tengo límites. Límites que estoy seguro de que quieres que tenga. Igual, te prometo no aparecer sin previo aviso en Nueva York el próximo año sólo porque te eche de menos y quiera asegurarme de que Blaine y tú está haciendo todo bien.
Kurt sonrió.— Sí, por favor limita esa actividad.
— Está bien. Pero no voy a limitar mi necesidad de recordarles las reglas. A pesar de que las cosas son extrañas con sus padres, tú todavía tienes que seguir las reglas del estado con respecto a las interacciones físicas antes de que sea reclamado.
Kurt asintió vigorosamente y rezó por no mostrar ningun razgo de culpabilidad. Él no había roto ninguna regla. Técnicamente no.
En realidad no.
Claro que abrazaba a Blaine más de cinco segundos...
Y sí, se recostaban en la cama de Kurt uno al lado del otro...
Okay... y... tal vez Kurt ocasionalmente acariciaba el pene de Blaine a través de sus pantalones, pero sólo para que Blaine se sintiera mejor después de los ataques de Sebastian. Los pequeño gemidos y jadeos relajados demostraban que estaba bien para Blaine. Él nunca permitía que Blaine lo tocara, por mucho que Blaine lo mirara lleno de desesperación y necesidad, y a pesar de las ganas desesperadas que sentía de que Blaine lo tocara. No importaba cuántos sueños tuviera. Sueños sobre Blaine de rodillas... en plena sumisión... labios entreabiertos... pidiendo a Kurt que le permitera servirlo...
— ¡Kurt!
Kurt parpadeó y se puso rojo.
Burt suspiró.— Tal vez deberíamos revisar el capítulo 8 de nuevo.
. . .
Decir que Sebastian estaba enojado era poco.
Sebastian estaba acostumbrado a salirse con la suya y no le gustaba ser sobrepasado por un gay carita de clase baja como Kurt Hummel. Sobre todo, no le gustaba ver a Kurt paseando por Dalton de la mano de Blaine con esa sonrisita triunfal dibujada en su rostro.
Él se enfureció aún más cuando sus padres se negaron a hacer algo al respecto. Sí, estaban decepcionados. Les gustaba la idea de tener una conexión entre los Smythe y los Anderson, pero Victoria les había explicado las cosas de manera convincente, y ellos respetaban su decisión. Sebastian tendría que seguir adelante. Sebastian se había puesto lívido.
Él siempre se salía con la suya.
Siempre.
Blaine debía entender eso.
Él lo acorraló en la sala de música.
Blaine estaba sentado al piano trabajando en un arreglo musical. Estaba sumido en sus pensamientos, tocando notas tanto en su cabeza como en el piano. Siempre había sido bueno para la música, pero gracias a Kurt esa parte de su cerebro a la que no había podido acceder antes se abrió de repente. De entre los sueños de servir a Kurt, soñaba con las notas musicales que bailaban a través de las páginas, arreglándose en perfectas armonías y ritmos.
— Hola, Blaine.
Blaine se sobresaltó y asustado se cayó del banco del piano. Sebastian se rió.
— Ay, pobrecito. ¿Estás bien? ¿Te hiciste daño? No me gustaría que te lastimaras ese hermoso culo.
Blaine se fue tambaleando para atrás, hacia la pared. Trató de ponerse de pie.
— Quédate ahí.
Blaine se congeló.
Sebastian se rió.— Tu sumisión es jodidamente deliciosa.
Se puso de pie sobre él.— Sobre tus rodillas.
Blaine inmediatamente obedeció.
Sebastian lo agarró del cabello y tiró de su cabeza hacia atrás. Blaine estaba temblando y las lágrimas se acumulaban en sus ojos.
— No sé a qué tipo de acuerdo llegó tu puta y estúpida madre con el papá de Hummel, pero recuerden mis palabras. Esto. No. Ha. Terminado.
Blaine gritó cuando Sebastian le tiró del cabello hasta ponerlo de pie. Lo estrelló contra la pared y presionó su cuerpo contra el suyo. Las lágrimas rodaban por el rostro de Blaine cuando sintió la erección de Sebastian en su muslo.
— Po-Por favor... por favor no lo hagas.
Sebastian presionó más fuerte.— ¿Cómo te atreves a negarte?. Eres un maldito esclavo. Una de las perras más sumisas que han nacido. No te me niegues. Sólo espera. Voy a reclamar tu culo.
— Sebastian.
Sebastian se dio la vuelta. Su rostro se encontró con el puño de Wes.
— ¡Hijo de puta! —Wes se lanzó de nuevo dando nuevamente en la nariz de Sebastian.
Giraron y se lanzaron el uno al otro antes de caer al suelo, luchando en todo el piso de la sala de música, golpeándose entre mesas y derribando sillas. Rodaron por la puerta al pasillo. Una multitud se reunió alrededor cuando se pusieron de pie y atacaron de nuevo. Kurt se acercó corriendo.
— ¿Qué está pasando? ¿Qué ha pasado? —El niño junto a él se encogió de hombros.
Kurt miró en estado de shock cómo Wes estrellaba a Sebastian contra una fila de armarios y empezaba a descargar su ira sobre él golpe tras golpe.
Wes era un tipo muy correcto y formal. Le gustaban las reglas, el orden, la tradición y la conveniencia. Dar puñetazos a alguien, incluso a un idiota como Sebastian, no era apropiado.
A menos que...
— ¡Blaine!
Kurt buscó frenéticamente entre la multitud.— ¡Blaine!
Sus ojos se posaron en las puertas abiertas de la sala de música.
— ¡Blaine!
Nada.
— ¿Blaine? Soy Kurt. Todo está bien. Por favor, contéstame.
Escuchó un pequeño sollozo que provenía de la esquina.
Blaine estaba acurrucado en posición fetal en la esquina detrás de una silla. Kurt cayó de rodillas y lo tomó en sus brazos.
— Ahora estás bien, Blaine. Estoy aquí. Todo está bien. —Blaine se aferró a él, enterrando la cara en su hombro.— Todo está bien. Te amo. Te amo y te cuidaré. Lo prometo.
— Él... él... él dijo... él dijo...
— No hagas caso de lo que haya dicho. Eso no significa nada. Tengo el permiso de tu madre. Voy a reclamarte en tu cumpleaños número 18. Voy a reclamarte y serás mi esclavo. Mío. No suyo. Mío.
— T-tuyo.
— Mío.
Ni Wes, ni Sebastian fueron expulsados. Al director le fue difícil creer que un estudiante modelo como Wes comenzara una pelea a menos que hubiera una muy, pero muy buena razón. Él no se tragó la historia de Sebastián de que Wes lo atacó simplemente por pasear en la sala de música. Al director no le gustaba Sebastian, por lo que a él consernía, el mocoso se lo merecía. Él aceptó la repentina gran donación que la Fundación Smythe hizo a la biblioteca de la escuela y se olvidó completamente del asunto.
Una vez que Kurt supo exactamente lo que Sebastian hizo a Blaine, quería denunciarlo al Ministerio de Maestros. Burt le aconsejó que no lo hiciera.
— Los Anderson y los Smythe son amigos. Si causas un problema para los Smythe, Victoria podría cambiar de opinión. Tenemos que ser cuidadosos hasta que hayas reclamado oficialmente Blaine.
Kurt hervía de coraje ante la idea de Sebastian presionando su pene contra Blaine. Eso era considerado como una amenaza para un esclavo, pero sabía que su padre tenía razón. No quería hacer nada que pudiera poner en peligro su permiso para reclamar a Blaine.
. . .
Los meses previos al cumpleaños de Kurt pasaron volando. Sebastian dio marcha atrás a excepción de las miradas asesinas que lanzaba a Kurt. Ignoró a Blaine completamente.
Conforme se acercaba el cumpleaños de Kurt, Burt se volvió más y más insistente en cuanto a que Kurt revisara el capítulo 8 de las normas estatales con respecto a las interacciones entre maestros y esclavos no reclamados. Especialmente la sección sobre las relaciones sexuales. Kurt no podía creer que su padre siguiera insistiendo sobre esto. Estaba seguro de que podía recitar todo el capítulo de memoria. Una noche, su frustración alcanzó el punto de ebullición.
— ¡Papá! ¡Basta! ¡Deja de molestarme!
— Cuidado con el tono, Kurt.
— Lo siento, pero en serio, ¡me están volviendo loco!
— Ese tono, Kurt.
Kurt lo miró. Burt se sentó y le indicó a Kurt que hiciera lo mismo.
— Escucha, sé que me estoy poniendo de nervios, pero no entiendes lo que está a punto de suceder. Las cosas están a punto de cambiar. Tú estás a punto de cambiar. Tienes que estar preparado para lo que va a pasar.
— Ya sé lo que va a suceder. Mi deseo sexual va a dispararse hasta el cielo, a otro nivel, como si eso fuera posible. Papá, te lo prometo. He leído las reglas. Conozco las reglas. No le permitiré que me toque. No quiero hacer nada que pueda hacer que lo pierda. Te lo prometo. Estás ante la definición de auto-control.
Burt suspiró.— Esperemos que permanezcas de esa manera.
La noche antes de su cumpleaños Kurt se miró en el espejo. No se sentía diferente. No se veía diferente. No dudaba de las palabras de su padre, o de su libro de salud, pero él no sentía que algo importante estuviera a punto de suceder. Sí, él todavía quería saltar sobre Blaine. Y sí, los ojos de Blaine le rogaban que lo hiciera, pero eso no era nada nuevo.
Mientras se acomodaba en la cama y cerraba los ojos, Kurt decidió que iba a estar bien. Su padre estaba siendo demasiado cauteloso. Y DEMASIADO exagerado.
Se había quedado dormido 15 segundos después de haber cerrado los ojos.
45 segundos más tarde comenzó la transformación.
El núcleo principal del cerebro de Kurt empezó a abrirse, desplazarse y estirarse. Las venas se rompieron y volvieron a conectarse. La sangre de Kurt se espesó, se oscureció y se volvió unos pocos grados más caliente. Su pene se alargó y se ensanchó. Sus bolas se ampliaron ligeramente y se hicieron más pesadas. Sus brazos y los músculos de sus piernas se tensaron y se fortalecieron. Por la mañana la transformación estuvo completa.
Kurt despertó sintiéndose inusualmente tranquilo. No notó nada cuando se duchó y se cepilló los dientes. Se quedó mirando su pene durante unos minutos, con la cabeza inclinada hacia un lado. ¿Tal vez? No. Sólo era su imaginación, o tal vez una alucinación. Se vistió y bajó las escaleras.
Después de recibir las felicitaciones de cumpleaños por parte de su padre, de Finn y de Carole, y después de haber desayunado un plato de fruta y un yogurt, Kurt agarró su bolsa.
— Me voy. Los veré más tarde.
Burt puso las manos sobre sus hombros y lo miró a los ojos.
— Prométeme que tendrás cuidado hoy. Especialmente cerca de Blaine.
Kurt rodó los ojos.— Te lo prometo.
— Lo digo en serio, Kurt.
— Yo también. Te prometo que tendré cuidado.
— Ten un día firme.
Kurt hizo una mueca y se echó a reír. ¿En serio? ¿Un día firme?
Como todas las mañanas, Kurt primero fue a su casillero y luego se fue a esperar junto al casillero de Blaine. Se dio cuenta de que Sebastian estaba de pie a unos metros de distancia, con los brazos cruzados, mirándolo con una sonrisa en su rostro. Kurt le lanzó una mirada pícara y comenzó a revisar los mensajes de feliz cumpleaños en su teléfono.
— Hola. Feliz cumpleaños.
Kurt miró a los ojos de Blaine y se congeló.
Se tambaleó un poco mientras su corazón se aceleraba y de pronto fue más difícil respirar. Él siempre había deseado a Blaine, pero ahora la sensación era más fuerte y más intensa que nunca. Hizo caso omiso de su sensación de control y disciplina. Quería que este niño precioso lo sirviera. Que le mamara el miembro hasta vaciarse. Sí. Excelente idea. Su pene definitivamente pertenecía a la hermosa boca de este niño. Ahora.
Kurt se acercó a Blaine, su erección presionando contra su pantalón, exigiendo la libertad. Los dedos de Kurt se trasladaron a su cremallera.
Los ojos de Blaine se agrandaron y se llenaron de sumisión cuando escuchó el zipper de Kurt bajando. Él comenzó a hundirse lentamente en el suelo.
— ¡Feliz cumpleaños!
Wes y David aparecieron a cada lado de Blaine, cada uno poniendo una mano bajo su brazo para mantenerlo en pie. Kurt parpadeó y trató de recordar quiénes eran. David miró a los pantalones de Kurt y sonrió.
— Sip. Definitivamente su cumpleaños número 18.
Tiró del brazo de Blaine.— Vamos. Por muy divertido que sería ver a los dos montar un espectáculo porno gay para todos nosotros, tenemos clase y no queremos que Kurt se meta en problemas. Estás conmigo hoy. Wes se hará cargo del niño del cumpleaños.
Wes empezó a arrastrar a Kurt lejos de Blaine. Kurt rugió.
— ¡No! ¡Alto! ¡Suéltame! —Trató de safarse de Wes, pero Wes apretó el brazo de Kurt y siguió arrastrándolo.
— Lo siento, Kurt. Me lo agradecerás más adelante.
Blaine se quejaba en voz alta mientras David lo arrastraba por el pasillo. El lloriqueo de Blaine golpeó en el núcleo dominante de Kurt y desató una reacción fuertemente protectora en su interior. Wes estaba completamente preparado para el puñetazo que Kurt lanzó hacia él. Lo esquivó sin esfuerzo. Metió a Kurt en el primer baño que encontraron y lo empujó hacia los cubículos.
— Adelante. El primer tirón es el mejor.
Kurt no protestó. Corrió hacia el cubículo, se bajó los pantalones y empezó a masturbarse ruidosamente, gritando el nombre de Blaine cuando se corrió.
Lo hizo de nuevo cinco minutos después.
Y una vez más, diez minutos más tarde.
Cuando por fin salió del cubículo se sentía relajado y con la mente clara. Wes, que había salido para mantener a todos los demás afuera, asomó la cabeza por la puerta.
— ¿Hecho?
Kurt asintió con la cabeza sin una pizca de vergüenza.
Wes esperó mientras se secaba las manos.
— ¿Cómo lo supiste?
— Esta es una escuela de niños. La verdadera pregunta es ¿cómo no lo sabías?
— ¿Es así para todo el mundo?
— No, sólo para los que están 100% seguros acerca de su reclamación. Para ser honesto, estoy un poco sorprendido de que los Anderson enviaran a Blaine a la escuela hoy. Normalmente, en un caso como el suyo, donde el reclamo es una conclusión hecha, los padres mantienen al esclavo en casa cuando es el cumpleaños número 18 del maestro y durante los primeros días posteriores, por si el maestro no puede contenerse. Por otra parte, he aprendido a no esperar mucho de los Anderson cuando se trata de Blaine.
Kurt se sentía culpable por dar a su papá un momento difícil. Su padre probablemente sabía que los Anderson no tomarían las medidas adecuadas para proteger a Blaine, y si Kurt perdía el control y se rendía al deseo sexual ahogándolo...
Mierda.
Sebastian se aseguraría de que el Ministerio de Maestros supiera de esto antes de que Kurt tuviera tiempo de salir.
Kurt miró a Wes con renovado aprecio.
— Gracias. Y lo siento por tratar de golpearte. Nunca he hecho esto a nadie antes. Ni siquiera a la gente que se lo merecía. Realmente lo siento.
Wes sonrió.— No hay problema. Vamos. Es súper tarde para la clase, pero dile al profesor que es tu cumpleaños. Este es el único día en el que no te meterás en problemas por llegar tarde.
Al final del día, Kurt se sentía miserable. Se había masturbado tres veces más antes de rendirse al hecho de que no sería capaz de deshacerse de esta nueva, desesperada, intensa y pura hambre sexual hacia Blaine. Lo corroía como un profundo y punzante dolor y lo dejó hambriento.
Llegó a su casa para encontrar a su padre en la cocina.
— Hey.
— Hola. —Burt miró el rostro de Kurt en busca de pistas. Kurt se sentó a la mesa.
— ¿Todo bien?
Kurt asintió.— Sí. Tengo la intención de nombrar a mi primer hijo Wesley David Hummel.
— ¿Así que no lo mantuvieron en casa?
— No.
Burt frunció el ceño y sacudió la cabeza.— Bastardos. Pensé que lo considerarían teniendo en cuenta lo sumiso que es. Tu abuelo no me dejó acercarme a tu madre durante un mes.
— Papá... Lo siento. Siento haber sido un mocoso acerca de estudiar el capítulo 8 y todas sus advertencias. Ahora lo entiendo.
— Está bien, chico. Rito de iniciación. Tu primer día sin incidentes. Estoy orgulloso de ti. Sólo tres meses y ya.
Tres meses más.
Tres. Meses. Más.
Kurt se excusó.
En el momento en que se fue a la cama, la muñeca le dolía.
Junto con su pene.
. . .
Kurt se sintió aliviado al ver que mientras que sus intensos sentimientos no disminuían, su decisión a no ceder se hacía más fuerte, motivado en parte por el constante asecho de Sebastian. Kurt estaba seguro de que Sebastian tenía el número del Ministerio de Maestros en marcación rápida a la espera de que Kurt lo estropeara todo. Kurt estaba decidido a no fallar. En su lugar, vertía toda su energía en la planeación de su futuro después de la secundaria.
Después de mucho debate y examen de conciencia, Kurt decidió que Blaine debía asistir a la Escuela Tisch de las Artes, mientras que él asistiría a la Academia de Arte Dramático de Nueva York. No iba a ser fácil. Mientras que los esclavos no reclamados a menudo iban a la universidad, las escuelas eran atendidas principalmente por maestros. Kurt estaba nervioso de que Blaine asistiera a clases por sí mismo, pero sabía que Blaine era un apasionado de la música y la escritura y Tisch tenía un gran programa de escritura de teatro musical. Kurt se convenció de que Blaine estaría bien. Para entonces, Kurt ya lo habría reclamado y llevaría un collar que le diría al mundo entero que pertenecía a Kurt Hummel. Reclamar esclavos fuera de los límites, atrapar esclavos y acosarlos, o dominar a un esclavo reclamado podría ser causa de demanda, cárcel o algo aún peor. Blaine estaría seguro.
Blaine no estaba tan seguro.
— Voy a estar lejos de ti todo el día.
— Estarás conmigo todas las noches. Viviremos juntos, ¿recuerdas?
— ¿Y si alguien intenta dominarme o llevarme? —Las palabras de Sebastian aún resonaban en su cabeza. Sólo espera. Voy a reclamar tu culo.
Kurt colocó las manos a ambos lados de la cara de Blaine.— Estarás reclamado, Blaine. Vas a usar un collar y dos brazaletes sólo para asegurar que no hay duda acerca de tu estado. Todo el mundo sabrá que yo te poseo.
Blaine tenía esa sumisa y suplicante mirada en sus ojos que llevó a Kurt hasta el borde.
— Tu me poseerás.
— Sí, lo haré.
— Yo te serviré.
— Sí, lo harás.
Blaine comenzó a hundirse en el suelo.
— Poseído por ti. No puedo esperar a ser poseído por ti.
Kurt cerró los ojos. Él debía detenerlo. Tenía que detenerlo. Blaine no tenía que hacerlo. No todavía.
Blaine apretó su cara contra la entrepierna de Kurt.
— No puedo esperar para servirte.
Kurt apretó sus manos en dos puños cerrados.
Control. Disciplina. Maestría.
Mierda.
Sería tan fácil. Todo lo que tenía que hacer era desabrochar sus pantalones. Blaine haría el resto y nadie lo sabría. ¿Realmente importaba? Blaine sería suyo en un mes y medio.
Kurt miró hacia abajo. Blaine estaba mirando hacia él. Sus ojos brillaban con amor, con los labios entreabiertos. Kurt respiró hondo.
— Levántate, Blaine.
Blaine inmediatamente se puso de pie. Tristemente bajó los ojos al suelo. Kurt tomó su barbilla y le alzó la cabeza.
— Mírame. Te deseo. Desesperadamente. Pero tenemos que esperar hasta después de la reclamación. No quiero hacer nada que arruine las cosas.
Blaine asintió. Él conocía las reglas. Pero eso no significaba que no quisiera el miembro de Kurt en su boca.
Kurt enrosco sus brazos alrededor de él y lo atrajo hacia sí.
— Pronto, Blaine. Pronto voy a reclamarte, y luego...
Él lo mantuvo abrazado y le susurró al oído.
— Vamos a coger hasta que nos desmayemos.
. . .
Kurt estaba seguro de que el día de su graduación había sido el segundo mejor día de su vida. El primero sería sin duda el día en que reclamaría a Blaine. Estaba muy emocionado de haber terminado la escuela y ahora esperaba ansiosamente el día en que reclamaría a Blaine para salir del infierno de Lima.
Durante el verano asistieron a varias ceremonias de reclamación. La mayoría eran simples, pero algunas eran muy elaboradas, como la de Rachel y Finn. Los padres de Rachel fueron por todo y echaron la casa por la ventana, alquilando un salón para la ceremonia, contratando músicos, y teniendo un servicio de catering para después de la ceremonia. Rachel cantó cinco canciones en las que proclamó su amor por Finn y dio un largo discurso. Kurt, Blaine y Carole miraban con diversión mientras Burt rodaba los ojos. Kurt le aseguró a su padre que él no quería nada como ese espectáculo que estaban presenciando. En realidad, no quería una fiesta en absoluto. Él quería una ceremonia tranquila, tradicional, privada, en su patio trasero, a la que asistieran su familia, la familia de Blaine si decidían asistir, y tal vez Wes y Mercedes. Tendrían una cena después de la ceremonia, y él y Blaine se irían a Nueva York a la mañana siguiente. Burt se sorprendió.
— ¿Qué pasa con la Noche de la Confirmación? ¿No quieres pasarla en algún lugar especial?
Kurt asintió.— Reservé una suite a las afueras de Cleveland. Vamos a pasar la noche allí y después nos dirigiremos a Nueva York en la mañana.
— Dadas las bodas elaboradas que has planificado para tus Power Rangers, supuse que querrías un gran espectáculo.
Kurt negó con la cabeza.— No. Sólo quiero a Blaine.
Kurt tenía otras razones para mantener las cosas bajo llave. Él no quería hacer frente a los Anderson. Lo último que quería era que Victoria decidiera que quería ser anfitriona de la recepción para mostrar su relación con un congresista... Eso significaría invitar a los Smythe, y eso significaría Sebastian. Hasta ahora, Victoria se había quedado completamente desinteresada en la próxima reclamación. Kurt nunca había puesto un pie dentro de la casa de los Anderson o incluso puesto los ojos en la familia. Él estaba contento de que todo siguera así.
. . .
La mañana del cumpleaños número 18 de Blaine, Kurt se sentó en la cama y miró alrededor de la sala casi vacía. Sus cosas y las de Blaine habían sido empacadas y enviadas a su apartamento de Nueva York una semana antes. Su atuendo para la ceremonia de reclamación colgaba en el armario junto con la ropa de la temporada pasada que no necesitaba llevar.
Se deslizó fuera de la cama y se sentó en el tocador. Abrió el cajón y sacó una caja de plata. Dentro estaba el collar y los brazaletes que Kurt le pondría a Blaine, identificándolo como un esclavo reclamado. Eran unos diseños de plata trenzada que Kurt había diseñado y redibujado por horas hasta que habían quedado perfectos. Él llevó el diseño a Dawson, un joyero en Columbus conocido por su excelente artesanía. El diseño original de Kurt incluía diamantes, pero era demasiado caro. Apenas tuvo suficiente dinero ahorrado para pagar el diseño exclusivo, pero estaba decidido a darle a Blaine algo original. La mayoría de los maestros simplemente elegían entre los cientos de opciones que se exhibían en las tiendas de joyería del centro comercial. Kurt quería algo especial y único. Algo único en su clase. Único al igual que Blaine.
Mientras miraba el collar y los brazaletes, la enormidad del día lo golpeó. Después de hoy iba a ser un completo Maestro Dominante. La vida entera, la seguridad y el bienestar de Blaine, su esclavo sumiso, sería su responsabilidad. Una vez que fuera reclamado, Blaine se basaría en Kurt para todo. Nunca tomaría una decisión por cuenta propia otra vez. Él estaría bajo completo control y mando de Kurt. Ese pensamiento causó al mismo tiempo una calidez en el corazón de Kurt, y una agitación sexual profunda desde el fondo de su médula. Estaba totalmente erecto, pero no podía hacer nada para darse alivio. Los Maestros no tenían permitido masturbarse el día de la Reclamación. En su lugar, tenía que guardar toda su energía sexual y sus necesidades para Blaine y así cumplir en La Noche de la Confirmación.
K & B & K & B
Blaine se sentó en su habitación vacía y deseaba que fuera hora de irse con Kurt. Estaba nervioso, excitado, asustado y feliz. Más feliz de lo que había estado en toda su vida. Nunca había deseado algo tanto como ser reclamado por Kurt. Hoy se mudaría de la casa de su madre a la casa de su Amo, y Kurt se convertiría en la fuerza dominante de su vida. Su propietario. Su amo. Su todo. No podía esperar.
Especialmente para esa noche.
Esa noche ellos confirmarían la reclamación. Blaine finalmente tendría permitido caer de rodillas, abrir la boca y chupar y exprimir el pene de Kurt. Y después harían el amor hasta que doliera. Blaine cerró los ojos y se humedeció los labios. Sólo un par de horas.
A las 9:45 am agarró su maleta y bajó las escaleras. Sus padres estaban desayunando en la terraza. Él quería simplemente irse, pero pensó que debía decir adiós. En silencio, salió a la terraza, con la mirada en el suelo.
Victoria levantó la vista de su teléfono.— ¿Sí?
— Hoy es mi cumpleaños.
— Oh. Sí, es verdad. Feliz cumpleaños.
— Feliz cumpleaños, Blaine. —Su padre le dio una sonrisa sincera.
— Supongo que Kurt te reclamará hoy, ¿cierto?
— Sí.
— Bueno, buena suerte. Estoy seguro de que te va a encantar Nueva York. Una ciudad fabulosa.
Blaine se quedó allí por un minuto más antes de salir.
Victoria lo vio salir.
Su parte del trato estaba hecha.
Burt Hummel tendría que mantener su palabra.
. . .
Burt, Carole, Finn, Rachel, Mercedes, Wes, Cooper y Lisa estaban en un círculo en el patio trasero de la casa de los Hummel. Blaine estaba sorprendido, pero contento cuando Cooper llamó para decirle que a él y a Lisa les gustaría asistir a su ceremonia de Reclamación. Él estaba contento de tener a alguien de su familia presente.
Blaine salió de la puerta trasera de la casa hasta el centro del círculo. Se arrodilló con la mirada hacia el suelo y esperó. Un momento después apareció Kurt. Caminó hacia el centro del círculo y se detuvo sobre Blaine. Para estar completamente seguro y dentro de las reglas, Kurt decidió utilizar el lenguaje estándar del estado para la ceremonia.
— Mira hacia mí.
Blaine miró hacia arriba. Su corazón dio un vuelco y se estremeció mientras miraba a los ojos de Kurt. Eran de un azul más intenso que el gris, y mientras que las palabras de Kurt contaban una historia de dominación, sus ojos contaban la historia que realmente le importaba.
AMOR
— Yo, Kurt Elizabeth Hummel, habiendo nacido de la línea principal de Maestros y, como tal, habiendo sido dotado con los privilegios de la maestría, te reclamo a ti, Blaine Victor Anderson, como mi esclavo. Prometo dominarte a ti en la forma en que mi naturaleza lo demanda y en la forma en que tu naturaleza lo anhela. Prometo cuidarte y protegerte con mi vida. Eres mío para amar, cuidar, utilizar y castigar como yo lo crea conveniente. Tu aceptarás este reclamo.
— Maestro. Yo, Blaine Victor Anderson, me someto ante ti como tu obediente esclavo. Te honraré, te obedeceré y te serviré en completa y total sumisión como mi único deber y propósito en la vida. Tus necesidades y deseos son mi única preocupación. Sirviéndote a ti es como encuentro la alegría, la paz y la felicidad. Mi cuerpo te pertenece para que lo uses como desees. Me someto ante ti y ante ningún otro. Yo acepto tu reclamación.
Burt se acercó con una charola en la que llevaba el collar y los brazaletes. Kurt tomó el collar.
— Este collar es un símbolo de tu esclavitud hacia mí. Que todos los que lo vean sepan que has sido reclamado por mí, y que respeten esta reclamación como yo respeto las reclamaciones de los demás.
Cuando Kurt colocó el collar alrededor de su cuello, el cuerpo de Blaine se relajó después de años llenos de tensión. El estrés y el deseo desesperado de ser capturado y reclamado se había derretido.
Kurt tomó los brazaletes.
— Junto con el collar, estos brazaletes son un símbolo de mi responsabilidad de amarte, protegerte, dominarte y gobernar sobre ti como tu Amo. Que sean un recordatorio constante para ti y todos los demás, de que tú eres el esclavo reclamado de Kurt Elizabeth Hummel.
Kurt colocó un brazalete alrededor de cada una de las muñecas de Blaine. Blaine cerró los ojos y bajó la frente al suelo. Kurt lo miró y sintió un repentino aumento de la estirpe dominante a través de su cuerpo. Se alegró de haber decidido usar una chaqueta ligera, de tres cuartos para sobrellevar el clima caluroso de agosto. Esta chaqueta ocultaba su palpitante erección presionando contra sus pantalones.
— De pie.
Blaine se puso lentamente de pie. Kurt tomó ambas manos entre las suyas.
— Te reclamo por completo como mío.
— Me someto totalmente ante ti.
Kurt se inclinó hacia delante y lo besó. Por primera vez sus lenguas se encontraron en un beso profundo y húmedo... Blaine gimió mientras Kurt urgaba con urgencia en su boca, dispuesto a aprender de memoria el sabor. Se apartó por un momento sólo para lanzar sus brazos alrededor del cuello de Blaine para después perderse nuevamente en sus bocas. Ellos estaban completamente ajenos a los aplausos de sus familiares y amigos. Solamente eran conscientes de ellos mismos.
Kurt se retiró y susurró al oído de Blaine.
— Nunca te dejaré ir...
