Capítulo 10


Blaine estaba seguro que su mente le estaba jugando algún tipo de broma pesada. Un efecto colateral a causa del dolor por la extracción del collar, o tal vez estaba teniendo un mal sueño.

Sebastian sonrió hacia él. "Wow. Sigues luciendo tan hermoso como en la preparatoria." Se inclinó hacia Blaine y depositó un beso rápido en su mejilla. Blaine retrocedió y limpió su mejilla con el dorso de su mano. No, no era un sueño. Era una pesadilla.

Sebastian se sentó en el asiento frente a él y sonrió. Blaine sintió una bola de pánico formándose en su estómago, mientras que un hilo de miedo se deslizaba por su columna vertebral.

"¿Qué estás haciendo aquí? ¿Dónde está mi madre?"

"Este es el avión de mi padre, y no tengo idea."

"¿Por qué estás aquí?"

Sebastian se lamió los labios y miró directamente a los ojos de Blaine.

"Digamos que tu madre está muy ocupada y me pidió que cuidara de ti por un buen tiempo."

Blaine sacudió la cabeza. "No, no me voy a quedar contigo. Cuando lleguemos a Westerville déjame en la casa de mi madre."

"No estamos yendo a Westerville."

"¿A dónde vamos?"

"Sólo siéntate y disfruta el vuelo."

"¡Dime a dónde vamos!"

Sebastian realmente se sobresaltó un poco ante el nivel y el tono de voz de Blaine. ¿Blaine Anderson gritando? ¿Qué carajo? Las manos de Blaine estaban cerradas en puños apretados. Sus ojos eran oscuros, llenos de miedo y ... algo más. Algo había cambiado. Algo que Sebastian no reconocía y no podía identificar.

La voz de Sebastian era fuerte y dominante. "No te preocupes por eso. Sólo siéntate y relájate."

Blaine sintió el peso de la voz de Sebastian cayendo sobre él. Cerró los ojos, respiró hondo ... y se sacudió.

"Dime, ¿a dónde vamos?"

"vamos a ir a Europa."

"¿Europa?"

"Sí."

"¿A dónde en Europa? ¿Por qué? ¿Mi madre está allá?"

"Deja de hacer preguntas."

"Dime por qué estamos yendo a Europa y por qué estás aquí. ¿Qué está pasando?"

Sebastian se inclinó y llenó dos copas con champán. Le acercó una a Blaine. Blaine negó con la cabeza.

"Oh, vamos. Tómala."

"No, no quiero. Quiero saber por qué nos vamos a Europa, y por qué estás aquí."

Sebastian dejó la copa de Blaine en la mesa. Tomó la suya y la sostuvo en alto.

"Un brindis porque por fin las cosas se están arreglando. Todo y todos en su lugar correcto." Sebastian vació el contenido de su copa y se sirvió un poco más. La bola de pánico de Blaine se convirtió en una masa arremolinada de temor.

"¿Qué está pasando, Sebastian?"

Sebastian le dedicó una sonrisa deslumbrante junto con una mirada de complicidad. "Te dije que tu madre nunca te permitiría ser reclamado por la descendencia de un mono grasiento".

La masa arremolinada de terror estalló en vetas de pánico y miedo disparando a través del cuerpo de Blaine. Él meneó lentamente la cabeza.

"No... No te creo. Estás mintiendo."

Sebastian se carcajeó. "¿Cómo te estoy mintiendo? Estamos aquí, ¿o no?"

Blaine negó con la cabeza. No. De ninguna manera. Su madre no le haría algo así. ¿O si? Sebastian le dedicó una sonrisa que nadie encontraría sexy. Blaine la encontraba repulsiva.

"No te preocupes, precioso. Siempre te dije que cuidaría de ti, y tengo la intención de cumplir mi palabra."

Blaine se estremeció cuando Sebastian lo miró a los ojos, el dominio hirviendo en su sumisión. Volteó la cabeza y cerró los ojos.

Esto no podía estar pasando.

¿Su madre lo había alejado de Kurt para entregárselo a Sebastian? ¿Por qué? ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué ahora después de casi siete años?

Sebastian miraba a Blaine muy de cerca tratando de entender qué estaba pasando. Habían pasado siete años desde que había visto a Blaine, así que él sabía que habría cambiado algo, pero esto... esto era completamente inesperado. Podía sentir la sumisión de Blaine pero era débil. Apenas presente. No era abrumadora como en la preparatoria. En aquel entonces la sumisión de Blaine goteaba de él como el sudor. Era intoxicante. Sebastian siempre adoró la forma en que Blaine se derretía inmediatamente en un charco de miedo sumiso cuando él entraba en la habitación, pero Blaine estaba diferente. Su sumisión era débil, su presencia fuerte, y él era contestón y bocón. ¿Cómo había logrado el idiota de Hummel arruinar al esclavo más perfecto del mundo?

Los ojos de Sebastián recorrían de arriba abajo el cuerpo de Blaine antes de posarse en su cuello sin collar. Como si fuera una señal, un dolor penetrante golpeó el núcleo sumiso de Blaine. Clavó las uñas en el asiento de cuero mientras luchaba por respirar por el dolor. Sebastian frunció el ceño y se cambió al asiento al lado de Blaine. El cuerpo de Blaine se estremeció y dejó escapar un pequeño grito cuando el dolor se intensificó. De pronto sintió una oleada de calor a través de él y el dolor comenzó a disminuir. Abrió los ojos y vio la mano de Sebastian apoyada en su brazo. Se deshizo del agarre alejando su brazo del toque de Sebastian.

"¡Quítame tu mierda de encima!"

Sebastian estaba en shock. "¡Relájate! ¡Estoy tratando de ayudarte! ¿Cuando te removieron el collar?"

"¡No es asunto tuyo!"

Okay. Definitivamente no le agradaba este Blaine. ¿Qué demonios había hecho Hummel?

"Si fue reciente, vas a experimentar dolor."

Blaine lo miró. "Como si te importara."

"Me importa. No quiero que te sientas incómodo."

Blaine se buró. "¿Me estás tomando el pelo?"

"Pensé que a estas alturas ya habrías pasado esta fase, pero traje esto por si las dudas." Sebastian buscó en su bolsillo y sacó una pequeña botella de píldoras. "Vickie, tráeme una botella de agua."

Sebastian sacó cuatro pequeñas píldoras. "Toma. Aliviarán el dolor."

Eran como las que el chofer le había dado. Blaine negó con la cabeza.

"Vamos, Blaine. Tenemos un largo viaje."

Blaine negó con la cabeza justo cuando una ola de dolor irradiaba desde su núcleo sumiso y explotó. Él gritó y cayó hacia adelante. Sebastian lo agarró y lo arrastró hasta una pequeña cama. Lo empujó y agarró la botella de agua.

"Toma esto, ahora."

"No."

"Blaine... te harán sentir mejor." El cuerpo de Blaine se sacudió más fuerte mientras el dolor se hacía mas grande. La voz de Sebastian se suavizó.

"No quiero que sientas dolor."

"¡Entonces llévame a casa! ¡Llévame de vuelta con Kurt!"

"¿Sabes qué, Blaine? Vamos a aclarar esto. No vas a ir casa, y definitivamente no vas a volver con la nena Hummel. Pero no te preocupes. No tengo la intención de reclamarte a corto plazo. No hay prisa, pero con el tiempo te someterás a mí. Es lo mismo si aceptas o no. Ahora, como tu futuro amo, yo no te quiero adolorido. ¡Toma las malditas pastillas!"

Blaine quería tomarlas. Desesperadamente. Su cuerpo se rompía en dolor y su sumisión hervía, tratando de procesar la pérdida del collar y brazaletes. ¿Dónde estaba el amo Kurt? ¿Y quién era este nuevo maestro con una presencia tan fuerte y llamativa? Era muy difícil para él concentrarse y todo dolía, pero no quería seguir ninguna orden de Sebastian.

"Tú no tienes que someterte o respetar a cualquier otro maestro."

Sufriría lo más que pudiera.

"No."

"Vamos, Blaine. ¡Puedo ver lo mucho que te duele!"

"¡No!"

"¡Bien! Por lo menos ahora sé que eres una puta adolorida. Lo tendré en cuenta."

Sebastian volvió a su asiento, se puso el cinturón de seguridad y vio que Blaine hacía muecas y se estremecía. Mientras lo miraba, no podía dejar de pensar en Tristán. Tristán había pasado probablemente por esta fase en el avión a Nueva York. Esperaba que alguien lo hubiera ayudado. Tal vez debió haberle dado a Tristán unas pastillas.

La cabeza de Blaine estaba dando vueltas y le punzaba. En algún lugar en medio del dolor, le golpeó el hecho de que Kurt no tendría idea de que había dejado el país. La idea parecía intensificar su sufrimiento y su cuerpo comenzó subir de temperatura. Estaba ardiendo. Cerró los ojos y apretó los puños con más fuerza. ¡Maldición! Quería esas pastillas desesperadamente, pero no quería darle a Sebastian la satisfacción de su obediencia. Nunca. Prefería sufrir.

Cuando el avión comenzó a ganar altitud, Blaine tuvo fiebre y comenzó a a ir y venir en un estado de inconsciencia. Empezó a hablar incoherentemente. Sebastian se arrodilló junto a la cama.

"¿Blaine? Blaine, ve a dormir. Sólo duerme. Estás casi en la peor parte. Sólo duerme." Le había pedido a Vickie un paño frío que ahora presionaba suavemente sobre la frente de Blaine. "Sólo duerme, Blaine. Todo va a estar bien. Sé que no me crees, pero... yo me haré cargo de ti. Lo prometo."

Blaine empezó a alucinar y a divagar. "Kurt... Te amo, Kurt. Todo va a estar bien. No cárcel, Kurt. No te dejaré ir a la cárcel. Te amo demasiado..."

Sebastian se tensó ante las palabras de Blaine, pero se forzó a sí mismo a relajarse y a recordar que esto tomaría tiempo, Paciencia era la clave.

Blaine siguió divagando, sus ojos cerrados, su rostro brillando de sudor. Llamaba a Kurt, profesándole su amor, pidiendole permiso para servirlo, y rogándole por ser cogido. Escuchar a Blaine suplicar, aún en un estado de semi-consciencia hacia otro hombre, hizo que el pene de Sebastian se endureciera. No podía esperar a escuchar a Blaine rogar por él.

Después de algunas horas la fiebre estaba acabando con él. Se despertó sintiéndose mareado, enfermo y con necesidad de ir al baño. Sebastian lo ayudó a ponerse de pie mientras se iba. La mente de Blaine estaba tan confusa como para protestar. Se recostó nuevamente y por fin cayó en un sueño profundo. Sebastián se quedó dormido mirándolo.

S & B & S & B

Bastantes horas después Vickie desperetó a Sebastian.

"Señor, estamos a punto de aterrizar."

Blaine asintió. Se puso de pie y se estiró. Blaine seguía dormido. Sebastian necesitaba que Blaine permaneciera dormido sólo un poco mas. Buscó en su bolsa y encontró una pequeña botella y una jeringa. LLenó la jeringa, subió la manga de Blaine y clavó la aguja en su brazo, inyectándolo.

Una vez que el avión aterrizó, Sebastian bajó las escaleras donde lo esperaban dos grandes hombres.

"Está dormido en la cama. No despertará, pero necesitan moverlo con cuidado. No quiero que se lastime de ninguna manera."

"Si señor."

"Es algo pequeño, así que con uno de ustedes será suficiente para cargarlo. Vayan a encender el helicóptero."

"Si señor."

El piloto del helicóptero se preparó para despegar, mientras que el otro hombre abordó el avión y cuidadosamente cargó Blaine. Una vez que Sebastián se acomodó en el helicóptero, el hombre le pasó a Blaine. Sebastian lo sostuvo en su regazo, con los brazos bien envueltos alrededor de él. En cuanto se lo dejaron, enterró su nariz en el cabello de Blaine e inhaló. El olor de Blaine se instaló en su cerebro, mareándose por el deseo. Sebastian había pasado más de una noche bebiendo y atornillándose esclavos con el cabello negro rizado y piel aceitunada, tratando de alcanzar la altura adictiva que venía del olor de Blaine. Finalmente, tenía al real.

No tardaron en aterrizar. John suspiró mientras miraba cómo el piloto tomaba a Blaine de los brazos de Sebastian, así que no pudo subir. Se preguntaba en dónde estaría el pobre Tristan.

Sebastian tomó a Blaine en sus brazos, abrazándolo fuerte y atrayéndolo más a su cuerpo mientras caminaba junto a John. Tenía una gran sonrisa en sus labios.

"¡Hola!"

"Hola señor. ¿Cómo estuvo su viaje?"

"Largo pero valió la pena. Me alegro de que por fin estemos aquí. ¿Está todo listo?"

"Por supuesto. ¿Debo quedarme o quiere estar solo?"

"No, no, por supuesto que necesito que te quedes. Necesitaremos comer. ¿Está abastecida la casa?"

"Completamente, señor."

"Estupendo."

Sebastian llevó a Blaine por las escaleras y el pasillo hasta su dormitorio. Lo depositó cuidadosamente en la cama, se colocó sobre él por un momento tratando de decidir si debía desnudarlo o no. Decidió no hacerlo. Su plan era ir despacio y dejar que la naturaleza siguiera su curso. Quitó los zapatos y los calcetines de Blaine y lo cubrió con una manta ligera. Se dió la vuelta para salir, pero antes se detuvo y dió marcha atrás. Tal vez debería hacer una cosa más.

No sería malo darle a la naturaleza un pequeño empujón.

...

Blaine abrió los ojos.

El dolor se había ido.

Su mente se sentía clara.

¿Dónde estaba?

Rápidamente se sentó y miró alrededor. Estaba sentado en una cama en una enorme habitación de un color dorado profundo y cortinas marrón. Una gran pantalla plana colocada en la pared frente a la cama y un armario de gran tamaño con un espejo contra la otra. Había un escritorio de caoba en la esquina con una silla de cuero. Él podía ver el interior de un amplio vestidor y asumió que la otra puerta daba al cuarto de baño principal. Un cuarto de baño. Bueno. Tenía que hacer pis. Intentó poner sus pies en el suelo... y no pudo.

Retiró la manta.

Estaba encadenado a la cama.

Había suficiente holgura para que se moviera mientras dormía, pero no podía salir de la cama. Las cadenas eran del mismo tipo que Kurt utilizaba durante el castigo. Cadenas de hierro medievales muy pesadas . Mientras contemplaba las cadenas, sintió una profunda agitación en el interior de su vientre. Apartó esa sensación. Sólo entonces revisó a su alrededor y se dio cuenta de Sebastián. Estaba acostado a su lado, pero justo al otro lado de la cama, dejando suficiente espacio entre ellos.

Blaine se dejó caer nuevamente en la cama y trató de pensar. ¿Cuándo había llegado aquí y dónde estaba? Suponiendo que podía conseguir un teléfono, ¿podría ser capaz de hablarle a Kurt? ¿Cómo funcionaban las llamadas internacionales? Se percató de una laptop sobre el escritorio. E-mail. Si le enviaba un e-mail a Kurt, podría el conseguir a alguien que lo rastreara y tal vez se dieran cuenta de donde se encontraba. ¿Donde habían aterrizado? ¿Por qué no podía recordar la llegada? ¿Cuánto tiempo había estado durmiendo? Volvió a mirar a Sebastian. Realmente necesitaba hacer pis. Se estiró y golpeó a Sebastian en la espalda.

"¡Ow!" Los ojos de Sebastian se abrieron y dirijió su mirada a Blaine. ¿Perdón? El esclavo Blaine lo había golpeado?

"¡Qué demonios!"

"Necesito ir al baño."

"Un ligero toque habría sido suficiente." ¿Desde cuando Blaine golpeaba? Sebastian lo miró con cautela. ¿Qué demonios había hecho Hummel con Blaine?

Sebastian se levantó y caminó a los pies de la cama. Tomó una cadena con una llave que colgaba de su cuello y abrió el cerrojo. Miró a Blaine mientras lo liberaba de las ataduras. Blaine miraba a la pared. Cuando escuchó el sonido de las cadenas cayendo al suelo, rápidamente saltó de la cama y corrió al cuarto de baño, azotando la puerta detrás de él. Trató de poner el seguro pero no funcionaba. Se sintió aliviado y se salpicó el rostro con agua. Buscó una toalla y se secó.

Sebastian

Blaine

Toallas a juego con letras bordadas.

Un juego para Sebastian y un juego para él.

Miró más de cerca la encimera del baño. Había cepillos dentales nuevos y botellas con productos para el cabello y para la piel, los que él siempre había usado. Kurt había sido muy cuidadoso en seleccionar cada producto de acuerdo al tipo de piel y tipo de cabello de Blaine. ¿Cómo había hecho Sebastian para saber qué comprar?

Respiró profundo y regresó al dormitorio. Sebastian había abierto las cortinas permitiendo que la brillante luz del sol inundara la habitación. Estaba sentado en el escritorio, escribiendo en su laptop. Blaine notó un celular junto a él. Okay. Definitivamente tendría que buscar la manera de robárselo. Centró su mirada en la ventana y una nueva bola de pánico empezó a formarse. Lentamente caminó hacia la ventana y dirigió su mirada... al océano. Agua de un hermoso y perfecto color azul brillando bajo el sol.

¿Dónde demonios estaban?

Sebastian estaba mirándolo. Se puso de pie y caminó hacia un juego de puertas de estilo francés. Las abrió y dio un paso hacia el balcón. Se recargó en la barandilla y miró hacia afuera, esperando. Blaine lo siguió hasta afuera, miró sobre la barandilla ... y su corazón se hundió.

"Se llama 'Isla Smythe'. Mi tatara-tatara-tatara abuelo la compró. Se asentó aquí durante años hasta que mi bisabuela decidió construir la casa para que pudieran vacacionar aquí, pero mi madre es la que hizo lo increíble. Ella remodeló toda la casa, modernizó y creó el paraíso. Por supuesto, mis padres nunca vienen aquí, lo que es una pena. Es realmente hermoso."

Blaine miró hacia el océano. Una hermosa prisión.

"¿Es realmente una isla?"

Sebastián no lo miró, pero sabía lo que Blaine estaba pensando.

"Si. Vuelas y vuelas para salir."

"¿A qué distancia está la costa?"

Sebastián volteó y sonrió. "Muy lejos para nadar, precioso. Venga. Vamos a vestirnos luego a desayunar y te mostraré los alrededores."

Sebastián caminó de regreso a la habitación mientras que Blaine simplemente permaneció ahí de pie.

Estaba atrapado en una Isla en Europa. ¿Cómo demonios haría Kurt para encontrarlo?

Esperó el tiempo suficiente para dar a entender que estaba yendo por cuenta propia, y no porque Sebastian se lo había dicho. Sebastian estaba en el vestidor usando nada más que un par de ajustados calzoncillos azul marino. Blaine se dio cuenta de que había crecido desde la preparatoria. Era más alto y más musculoso; fuerte y firme. Su cuerpo lo había llenado completamente encumbrándose aún más sobre Blaine. Su dominio principal también era más fuerte. Blaine tragó y cerró su mente.

Sebastian hizo un gesto hacia un lado del armario. "Eso es todo tuyo." Los ojos de Blaine se agrandaron mientras miraba las filas de camisas, pantalones, jeans y zapatos. Había chaquetas, abrigos y un traje. Un cajón abierto estaba lleno de calcetines y calzoncillos.

Primero las toallas y los artículos de tocador, ahora un armario lleno de ropa.

Esto era una locura.

Y era aterrador.

Sebastian no estaba jugando.

Tenía toda la intención de quedárselo. Y reclamarlo.

Blaine tomó una decisión. Él se iba. Tenía que escapar mientras aún fuera fuerte y capaz de luchar contra el dominio de Sebastian. Tenía que tratar de correr antes de que no pudera. ¿Cuánto tiempo tendría antes de que su verdadero ser regresara? Sin Kurt para equilibrarlo y fortalecerlo, sería sólo cuestión de tiempo antes de que su inherente sumisión se hiciera cargo. Tenía que escapar antes de que fuera demasiado tarde.

"Mira, no me importa lo que tu madre y tú estén tramando. No me voy a quedar aquí. No voy a ser reclamado por ti. Tengo un maestro. Yo soy de la completa posesión y propiedad de Kurt Elizabeth Hummel. Él es mi amo. Vivo para servirlo a él y solo a él."

Sebastian sonreía perversamente. "De hecho, eso ya no es cierto. No tienes un maestro, Blaine. No tienes un collar."

Blaine ignoró el pequeño pellizco en su núcleo sumiso. "No importa. Todavía pertenezco a Kurt. Siempre voy a pertenecer a Kurt."

Sebastian dio un largo paso hacia delante poniéndose cara a cara con Blaine. Lo miró a los ojos. "Los dos sabemos que no es verdad. Mientras estamos aquí tu sumisión está cambiando, buscando y tratando de adaptarse al hecho de que el collar se ha ido. El dolor físico es sólo la primera etapa. Ambos sabemos lo que se viene. Antes que todo termine, estarás rogándome que te reclame."

Blaine dio un paso atrás. "Nunca voy a someterme ante ti. Nunca."

"Sí, lo harás. No puedes luchar contra la naturaleza, Blaine."

El pecho de Blaine se contrajo. Tal vez, pero estaba seguro como el infierno que lo iba a intentar.

Blaine se quedó mirando el armario y trató de averiguar qué ponerse. Él no había elegido su propia ropa en siete años. Kurt siempre lo vestía. De mala gana, eligió una camiseta y un par de pantalones vaqueros. Sebastian estaba recostado contra el marco de la puerta, mirándolo. Blaine no quería cambiarse frente a él, pero era obvio que Sebastian no tenía intención de moverse. Blaine le dio la espalda y comenzó a desnudarse. Sebastian observaba todos sus movimientos y babeaba un poco al ver la musculosa espalda de Blaine, su firme trasero y sus piernas fuertes. Esperar a que Blaine se diera por vencido iba a ser difícil, pero agradable de ver.

Una vez vestidos, Sebastian comenzó el tour. Había varias habitaciones y baños subiendo las escaleras, y abajo había una gran sala de estar, un comedor, una habitación y una cocina. Blaine escaneaba cada habitación en busca de un teléfono, pero no tuvo suerte. También se dio cuenta que no había relojes o calendarios.

El desayuno estaba esperando en la superficie. La mesa parecía algo salido de la revista Casa y Jardín. Estaba muy bien puesta, con un arreglo de flores como la pieza central. Blaine se sentó y se quedó mirando la comida. Había gofres, galletas, tocino, salchichas, fruta y jugo de naranja. Su corazón se sentía pesado al pensar en Kurt. Kurt siempre le decía lo que debe comer para el desayuno. Siempre. Fue una de sus reglas. Los sábados y domingos, podría desayunar Apple Jacks, pero Kurt decidía el desayuno de lunes a viernes.

Sebastian lo miraba. "¿Quieres algo diferente? Le diré a John que haga lo que quieras."

"¿Quién es John?"

John apareció mágicamente.

"Él es John. John es mi... No lo se. Cocinero, Chofer y todo lo que se me ocurra" John asintió formalmente hacia Blaine. "Sólo dile lo que quieras y él lo hará."

"eh, no, esto está bien. A menos que..."

"¿Qué?"

"¿Tiene Apple Jacks?"

"¿Apple Jacks?"

"Sí. El cereal."

Sebastian miraba a John quien lucía divertido.

"No. Me temo que no tenemos... Apple Jacks. Me aseguraré de pedir un poco."

Sebastian lo miró furioso. "Me aseguraré de que lo tendrás para mañana." Le dio a John una mirada severa. John desapareció.

Blaine sintió un poco de pánico. Él no quería meter a John en problemas. Iba a ser una apuesta arriesgada, pero él tenía la esperanza de conseguir que le ayudara a escapar.

"No, no es necesario. Todo esto está muy bien." Rápidamente tomó una galleta y unos trozos de salchicha.

"No hay problema. Yo quiero que tengas lo que te gusta."

"Me gustaría volver a casa."

Sebastian negó con la cabeza.

"Entonces... ¿Puedo al menos llamar a Kurt? Quiero que él sepa que estoy bien."

"Kurt ya no es tu maestro, Blaine. Él removió tu collar."

"¡No, él no lo hizo! ¡Esos cabrones del Ministerio lo removieron!"

Sebastian se inclinó para atrás y gruñó en su cabeza.

Estupendo. Su puta madre.

Eso explicaba por qué el dolor de Blaine se había ido tan pronto, pero también significaba que las cosas podrían tomar más tiempo de lo que había planeado. Si Kurt no había removido el collar, Kurt todavía tenía un fuerte control mental sobre Blaine. Sebastian lo observó comer. Blaine estaba tan condenadamente hermoso. Todo en él se había vuelto más atractivo. El grueso y rizado cabello negro, las largas pestañas, los ojos miel ámbar, labios rosados y la piel oliva. Era todo belleza perfecta. Y luego, justo cuando pensaba que no podía ser mejor, estaba la sumisión. Una sumisión tan fuerte, completa y meticulosa que se podía oler rodando fuera del cuerpo de Blaine. Al menos solía hacerlo. El trasero de Hummel había hecho algo para arruinarlo, pero ese tipo de sumisión era innata. Regresaría. Más profunda y más fuerte que antes. Sebastian podía esperar. Valía la pena esperar.

Terminaron su desayuno en silencio. Blaine estaba hambriento y sin Kurt para decirle que había sido suficiente, comió y comió hasta sentirse completamente satisfecho. Sebastian estaba complacido de verlo comer tan bien.

Salieron a caminar por los alrededores. Sebastian le mostró la alberca, las canchas de tenis y la pista de carreras y ciclismo. El lugar era como un club privado. Mientras estaban en la cima de una colina, con vistas al agua, Blaine no podía dejar de pensar en lo que debía haber costado enviar todo a una isla.

"No lo entiendo. ¿Por qué gastar tanto dinero en un lugar que nunca visitan?"

Sebastian se encogió de hombros. "Fue el proyecto de mi madre. Algo para que tuviera qué hacer mientras mi padre estaba ocupado."

"Pero ¿cómo trajeron todo aquí?"

"Algunas cosas volaron. Otras fueron traídas en barco."

"¿Hay algo como un barco semanal o algo así?"

Sebastian sonrió lentamente. Blaine era adorable.

"No. No hay ningún barco semanal en el que puedas irte de polisón, Blaine."

Blaine no dijo nada. Maldición! ¿De verdad estaba siendo tan obvio?

Cuando regresaron a la casa, Sebastian se desnudó hasta quedarse en calzoncillos y saltó a la alberca. Blaine se sentó en una tumbona, cerró sus ojos y trató de pensar.

¿Cómo podía escapar?

Sebastian tenía que estar mintiendo. Tenía que haber un barco semanal o algún avión que trajera cosas a la Isla. ¿Cómo haría John para traer el Apple Jacks para mañana en la mañana? Tal vez de verdad ellos eran los únicos en la isla. Por lo que él sabía, esta casa había sido alquilada. Sebastian era un maldito idiota. Podría estar mintiendo acerca de todo.

¿Cómo pudo su madre hacerle esto?

¿Y dónde demonios estaba Cooper? Blaine había tratado de llamarle muchas veces, pero le decían que estaba fuera del país y que no lo podían localizar. ¿Cómo era eso posible con la alta tecnología mundial?

Blaine pasó de la idea de escapar y la traición, a los pensamientos de Kurt. ¿Qué hora era en Nueva York? ¿Estaría Kurt despierto? ¿Habría extrañado su mamada por la mañana? Blaine definitivamente había extrañado no chupársela. Kurt estaba solo en Nueva York, sin nadie que le sirviera. Las lágrimas rodaban por las mejillas de Blaine mientras miraba hacia el cielo. Tal vez Kurt estaba mirando el mismo cielo. Bueno, eso era imposible, pero aún así era un pensamiento reconfortante.

Sebastian nadó por un tiempo antes de sentarse en la tumbona junto a Blaine. Lo miró y percibió las lágrimas.

Mierda.

Ese maldito Kurt. Se suponía que debía ser él quien removiera el collar de Blaine, y no el Ministerio. Si Kurt se lo hubiera quitado, Blaine todavía estaría en medio del sufrimiento y el dolor, pero su mente no estaría tan apegada a Kurt hasta el punto de llorar por él. Estúpido Hummel. Desde el primer día lo había jodido todo. Si no hubiera sido por Kurt, Blaine habría sido suyo desde hace años.

S & B & S & B

Después del almuerzo Sebastian tenía que checar cosas del trabajo. "puedes ver películas, o tomar una siesta, o hacer lo que quieras."

"¿Puedo irme?"

"No."

Blaine tomó esta oportunidad para ir a curiosear. Vagaba por toda la casa en busca de un teléfono, celular o laptop. Nada. Rebuscó en cajones y estantes, pero no encontró nada que pudiera ayudarle a escapar o incluso que pudiera decirle dónde estaba. En la sala de estar vió una foto grande enmarcada apoyada en la pared. Era una foto de Sebastian con un hombre con el cabello largo y negro. Ambos sólo llevaba calzoncillos y tenían sus brazos alrededor del otro. Se veían muy ardientes y sexys. Blaine estudió al hombre de cabello largo. Se veía hermoso.

"Ese es Tristan."

Blaine giró para encontrar a John de pie en la puerta mirándolo.

"¿Quién es él?"

"El esclavo de Sebastian. Antes de ti."

"¡Yo no soy su esclavo!"

John sonrió. "No todavía." Se dio la vuelta y se alejó.

Demasiada ayuda de parte de John.

Blaine volvió al dormitorio. Sebastian todavía estaba sentado en su escritorio, escribiendo. Él no levantó la vista.

"¿Terminaste de curiosear?"

"¿Quién es Tristán?"

El color desapareció del rostro de Sebastian. Se quedó mirando la pantalla de la laptop. "No es nadie."

"John dijo que era tu esclavo."

¿Qué demonios? John estaba definitivamente cagándola este día. Primero el Apple Jacks, ahora esto.

"Él no era mi esclavo."

Blaine trató de recordar. ¿El hombre de la foto traía collar? "¿Entonces, por qué John diría eso?"

"Se habrá equivocado."

Blaine seguía pensando. ¿Había dicho Wes que había escuchado que Sebastian se había mudado a Paris y había reclamado a alguien?

"¿Dónde se encuentra en este momento?"

Sebastian se encogió de hombros. "No lo se."

"¿Entonces lo violaste y luego lo dejaste?"

Sebastian lo miró furioso. "¡No! ¡Yo no violé a nadie! ¡Nunca he violado a nadie!"

"Eso dice el dinero de tu padre."

Sebastián miró a Blaine duramente. ¿Dónde estaba el Blaine que se asustaba de su propia sombra y de cada maestro con vida? Este Blaine era molesto y...

Fuerte.

Sebastian ladeó la cabeza y se quedó mirando el cuerpo de Blaine. Blaine estaba de espaldas a él mientras estudiaba la colección de DVD. Sebastian miró cómo él estaba de pie. La espalda recta, los pies ligeramente separados, los hombros hacia atrás.

"Blaine."

Blaine se dio la vuelta y lo miró fijamente. Sebastian lo miró de arriba abajo y luego lo miró a los ojos.

Fuerza.

Este Blaine era fuerte y ... desafiante.

Eso era todo. Eso era lo que Sebastian no había podido identificar en los ojos de Blaine. Fuerza y desafío. De alguna manera Kurt le había dado a Blaine fuerza y desafío.

"Blaine, ven aquí."

Blaine no se movió. "¿Por qué? ¿Qué quieres?"

Sebastian asintió. Síp. Eso era. Fuerza para questionar y rechazar a un maestro. ¿Por qué lo habría hecho? Hummel realmente era el más estúpido idiota sobre la faz de la tierra. Él definitivamente no se merecía a Blaine.

Blaine sintió un escalofrío deslizarse sobre él mientras Sebastian sonreía lentamente, con los ojos brillantes de conocimiento repentino y emoción.

Asumiendo que Kurt había experimentando con la mente de Blaine desde el día en que lo reclamó, cuando Blaine finalmente volviera a su verdadera naturaleza, iba a estallar.

Duro.

Muy duro.

Rompiéndose en mil pedazos...

Duro.

Y Sebastian estaría allí para juntar todas las piezas y volver a crear al hermoso esclavo super sumiso, Blaine Victor Anderson.

Y lo reclamaría.

...

Al final de la primera semana, había surgido una rutina involuntaria. No era el tipo de rutina estricta que un maestro debía establecer para un esclavo, pero era algo a lo que Blaine se aferraba. Ellos despertartaban, se vestían y desayunaban. Blaine se obligaba a no comer Apple Jacks todos los días. Sabía que Kurt no lo aprobaría. Después del desayuno Sebastian iba a trabajar, mientras que Blaine recorría el lugar sin rumbo. Para el viernes se las había arreglado para buscar en toda la casa, pero no encontró nada que le ayudara a escapar o que le enseñara dónde se encontraba. Estaba seguro de que Sebastian estaba mintiendo acerca de que no había un avión o un barco diario o semanal, pero nunca veía ni oía nada. Él también sospechaba de John. Siempre aparecía en las comidas, pero era invisible el resto del día. ¿Dónde se iba?

Después del almuerzo pasaban la tarde nadando o viendo películas. Blaine trataba de escribir canciones en un cuaderno en blanco que había encontrado, pero por primera vez en años, las palabras se negaban a venir a él. En su lugar se encontraba escribiendo el nombre de Kurt una y otra vez.

Y luego se ponía a llorar.

Quería irse a casa. Extrañaba tanto a Kurt, que dolía. Extrañaba servirle a él. Su boca extrañaba la sensación del pene de Kurt, duro y pesado en su lengua. Extrañaba el sabor de su semen deslizándose a través de su garganta. Extrañaba la sensación del miembro de Kurt deslizándose dentro y fuera de su trasero, y demonios! cómo extrañaba que alguien acariciara su punto de ronroneo.

Y eso lo asustaba.

Para cualquier otro, eso sería normal, pero para un esclavo, extrañar era solo el principio. ¿Cuándo lo afectaría el resto?

También estaba confundido y asustado de Sebastian.

Sebastian no había tratado de tocarlo. Ni una sola vez. Blaine recordaba su comportamiento depredador en la preparatoria. Ahora que por fin tenía a Blaine cautivo donde nadie lo podía detener, ¿por qué no lo había atacado? En su lugar Sebastian siempre le preguntaba qué quería comer y lo que quería hacer. La respuesta de Blaine era siempre la misma. Yo quiero ir a casa. Sebastian simplemente negaba con la cabeza.

El único momento en que tocaba a Blaine era en la noche. Lo encadenaba a la cama todas las noches. Blaine siempre tenía cuidado de mirar hacia la pared mientras que Sebastian lo encadenaba. Él no quería disparar su sumisión. Sabía que era cuestión de tiempo antes de que el hambre y la desesperada necesidad de ser dominado lo golpeara. ¿Cuánto tiempo iba a ser capaz de luchar contra sus impulsos e instintos naturales? Por la noche se quedaba dormido repitiendo las palabras de Kurt en su cabeza y murmurando para sí mismo.

"Eres mi precioso esclavo. Mío. Tu sumisión es para mí y sólo para mí. Te ordeno que rechaces a cualquier otro. No tienes que someterte o respetar a ningún otro maestro... Tu sumisión para los otros es un insulto para mi, quien te ama más que a nada. Demuéstrame tu amor por mi, tu honor hacia mi. Nunca te sometas a otro, Blaine. Nunca..."

"No lo haré Kurt. Te prometo intentarlo tanto como pueda, con todas mis fuerzas, pero por favor... por favor encuéntrame. Por favor Kurt. Date prisa. Por favor."

...

Burt se detuvo en lo alto de la escalera y se apoyó contra la pared. Sacó un pañuelo para secarse el sudor de la cara. Sacó una botella pequeña y se metió dos pastillas en la boca, tragándolas sin agua. Dejó caer la cabeza contra la pared, cerró los ojos y trató de relajarse. No podía dejar que Carole viera lo cansado que estaba y él definitivamente no quería que ella supiera la opresión que había sentido en su pecho la semana pasada. Ella insistía en que regresaran a Ohio y él no quería hacerlo. No podía hacer eso. No mientras su hijo estaba en la cama agonizando en una emocional muerte lenta.

Una vez que se sintió un poco recuperado, entró en el apartamento y se dirigió a la cocina. Carole le echó un vistazo y frunció el ceño.

"Nos vamos a casa esta noche."

Burt la ignoró. "¿Cómo está?"

"Sin cambios, y no me ignores. No estás bien. Necesitas descansar. Nos vamos a casa."

"No lo voy a dejar."

Carole caminó hacia él y tomó sus manos en las suyas. Sus ojos eran sumisos y suplicaban ligeramente, Pero Burt lo sabía muy bien. Quizás él era el maestro, pero Carole sabía como dar las órdenes.

"Kurt está sufriendo y no va a mejorar en los próximos días. Él está experimentando la peor clase de dolor, probablemente el segundo gran dolor después de la pérdida de su madre. Va a tomarle mucho, pero mucho tiempo recuperarse. Sería terrible que en medio de su recuperación tuviera que lidiar con su padre siendo hospitalizado o peor aún, planeando el funeral de su padre. Tienes qué cuidarte con el fin de cuidar de Kurt y así ayudarlo a conseguir a Blaine de nueva cuenta. No le hará ningún bien perder a su padre y luego tener que consolar a la esclava destrozada de su padre y a su hermanastro. Nos vamos a casa esta noche. Ya he reservado nuestro vuelo. El taxi estará aquí en una hora."

"Carole…"

"Ha sido una semana, Burt. No puedes seguir desplazándote de Nueva York a Washington DC, y corriendo a las reuniones, y gritándole a la gente por teléfono. Tu corazón no puede manejarlo. Nos vamos a casa. Rachel y Finn vendrán y Rachel ha aceptado que Finn se quede con él todos los días mientras ella esté en el ensayo. Chandler y Seth vendrán en la noche. Quinn se encargará de la oficina toda la semana que viene. Nos vamos a casa y te vas a sentar y a no hacer nada mientras yo cuido de ti."

Burt suspiró. Él sabía que ella tenía razón, pero la idea de dejar a Kurt en su estado actual no le sentaba bien. Su hijo estaba sufriendo y necesitaba estar allí para él. Carole leyó su mente.

"Se que quieres estar aquí para él. Es lo que estoy haciendo. Asegurándome de que estarás aquí para él. Durante mucho, mucho tiempo."

Burt apretó su mano y asintió. "Okay."

Burt se dirigió a la habitación de Kurt y abrió la puerta. Kurt estaba en la cama en la misma posición en la que había estado la semana entera. Recostado de lado, con las piernas dobladas hacia arriba, sosteniendo un pequeño perro amarillo que le había dado a Blaine en la preparatoria. La perrita Margaret Thatcher. Blaine había planeado llevarla con él, pero luego decidió dejarla con Kurt. Él le dijo que la perrita le haría compañía. Kurt la había estado apretando contra su pecho desde que Blaine se fue.

Todo el mundo se había preocupado de que Kurt preparara a Blaine.

Pero no había nadie para preparar a Kurt.

Después de que la camioneta se alejó, Burt y Wes tardaron 15 minutos en hacer que Kurt se levantara del pavimento. Se había aferrado al asfalto, sollozando y gritando el nombre de Blaine. Una vez que lo pusieron en pie, tardaron otros 15 minutos en llevarlo por las escaleras al interior del edificio y luego por las escaleras hasta su apartamento. Una vez dentro, lo pusieron en la cama, donde se acurrucó y lloró.

Kurt había estado en cama desde entonces.

Se negó a comer o a beber hasta el cuarto día, cuando Carole lo amenazó con arrastrarlo a un hospital si al menos no bebía un poco de agua y tomaba unos cuantos bocados de sopa. No había comido ninguna otra cosa.

Burt cuidadosamente se sentó en el borde de la cama y descansó su mano en el hombro de Kurt.

"Nos vamos esta noche. Carole no deja de insistir. Lo siento." Kurt se quedó inmóvil y en silencio. "Te prometo... se nos ocurrirá algo. Nosotros..."

Kurt lo interrumpió, su voz era un susurro ronco por no hablar en días. "No lo hagas... por favor... Simplemente no..."

"¿Que no me vaya? ¿Quieres que me quede? Me quedaré, Kurt. Me quedaré todo el tiempo..."

"No. Promesas. No prometas. No más promesas."

Las palabras se sintieron como un cuchillo hundiéndose lentamente en el corazón ya dañado de Burt.

"Kurt..."

"Yo le prometí a él. Le prometí que cuidaría de él. Que lo protegería. Le dije que lo protegería con mi vida, y no lo hice. Le fallé. No más promesas. No merezco promesas cuando yo no puedo mantener las que yo hago."

"No... Kurt... No... por favor. No es tu culpa. Esto no es tu culpa. Estabas en contra de fuerzas más grandes y más poderosas que tú. No te culpes. Esto no es culpa tuya."

Kurt se dio la vuelta y miró a su padre. Burt fue perturbado por la visión de su hijo, siempre perfectamente peinado y a la moda. La piel de Kurt estaba seca, manchada y rayada con surcos de lágrimas secas. Su cabello estaba lacio, desordenado y enredado. Tenía los ojos enrojecidos, hinchados y llenos de desesperación y tristeza. Lucía como el infierno.

Kurt estudió a Burt, su corazón se hizo más pesado por la culpa. Su padre se veía terrible. Pálido, cansado, con oscuras ojeras bajo los ojos. Envejecido. Su padre había envejecido años en tan sólo siete días. Por supuesto, él también. En lugar de 24, Kurt se sentía de 110.

"Carole tiene razón. Necesitas ir a casa. Ve a casa, papá. Ve a casa."

Burt se agachó y tiró de él hacia arriba en un abrazo. Kurt se dejó sostener, pero no devolvió el abrazo. Se sentía demasiado viejo y cansado. Levantar sus brazos requeriría energía que simplemente no tenía. Así que en vez de eso, permitió que Burt lo abrazara y le susurrara que lo amaba y que no se preocupara porque encontrarían una manera de traer a Blaine de vuelta a casa.

Una vez que Burt se apartó, Kurt regresó a su posición acurrucada en la cama con el pequeño perro amarillo a buen resguardo en sus brazos. Burt se levantó y dijo algo que Kurt no se molestó en escuchar. Lo que sea que su padre decía, no importaba.

Blaine se había ido.

Nada importaba. Ya no mas.

Abrió los ojos un momento cuando oyó el timbre de la puerta. No le importaba quién era. Cerró los ojos y luego los abrió de nuevo.

El baúl.

¡El baúl de Blaine! ¡No había enviado el baúl de Blaine! Estaba colocado contra la pared debajo de la ventana. ¿Cuántos días habían pasado? ¡Blaine no tenía sus cosas! Kurt voló en pánico.

"¡Papá! ¡Papá!" Le dolía gritar, pero los necesitaba para enviar el baúl. Se levantó de la cama y de inmediato cayó al suelo, con las piernas débiles por no usarlas. Burt, Carole, Rachel y Finn irrumpieron en la habitación.

"¡Kurt!" Burt y Finn se apresuraron a ayudarle a levantarse. Los ojos de Kurt se abrieron y estaba tratando de hablar, pero su voz estaba ronca y su garganta herida.

"El baúl... El baúl de Blaine. Él... él no tiene sus... sus cosas. Él necesita..."

"Shh, Kurt cálmate. Nosotros nos encargaremos de ello. Carole y yo lo llevaremos con nosotros en el avión. Lo llevaré a Westerville mañana, ¿vale? No voy a llamar primero. Simplemente caeré de sorpresa. Así puedo ver cómo está Blaine, ¿de acuerdo?"

Kurt asintió con la cabeza y se dejó caer sobre la cama. Finn frunció el ceño.

"Wow. Hueles. No pensé que pudieras oler. Bueno, hueles mal. Siempre hueles bien. Como a frutas. En realidad mejor que a frutas. Pero afrutado. Sí."

Rachel lo miró horrorizada. "Finn! ¡Honestamente!"

"¡Estoy siendo honesto! Amigo, te amo, pero no quiero pasar el rato aquí todo el día si vas a oler así."

Por primera vez en mucho tiempo, Burt y Carole se rieron. Rachel sonrió, pero Kurt se quedó mirando al suelo. Rachel se sentó y tomó la mano de Kurt.

"Yo no voy a pretender entender el sufrimiento en el que te encuentras, pero siempre te sientes mejor cuando luces de lo mejor. ¿Por qué no, al menos, tomas una ducha y tratas de comer algo? No has comido en días."

Kurt apartó la mano. "Por primera vez en tu egoísta vida, Rachel, estás absolutamente en lo cierto. ¡Tú no tienes ni puta idea de como me siento, pero puedo asegurarte que una ducha no me hará sentir mejor!"

Rachel estaba impávida. Ella sabía que el enojo no era realmente para ella.

"No obstante, hueles a mierda, y sé que Blaine estaría más destrozado de lo que ya está, si supiera que su hermoso y bien cuidado maestro, obsesionado de la limpieza está sentado aquí lleno de un pestilente aroma a mierda." Rachel se puso de pie. "Ahora, haz lo que quieras. Finn y yo estaremos en la sala de estar. Chandler y Seth van a venir más tarde. No tienes que salir. Sólo quiero que sepas que estamos aquí. Estamos aquí y te amamos."

Burt y Carole dieron a Kurt un último abrazo antes de salir, con la promesa de entregar el baúl e informarle sobre Blaine. Rachel cerró la puerta detrás de ella.

Kurt miró al suelo.

¿Estará bien Blaine?

¿Estará Victoria cuidando de él?

¿Habrá establecido una rutina para él? Blaine necesitaba una rutina, incluso más que la mayoría de los esclavos. ¿Acaso Victoria lo sabía? ¿Se preocuparía por eso?

Sus ojos se dirigieron a la jaula de Blaine y sintió su dominio ascender y estrellarse alrededor de su pecho. ¿Dónde está tu esclavo, Kurt? ¿Está encerrado en la jaula de otra persona?

Kurt gritó de ira y desesperación. Había pasado los últimos siete días llorando. Ahora estaba enfadado. Empezó a tirar cosas por la habitación. Primero las almohadas en la cama, después la lámpara de la mesita de noche. Luego todo. Si podía alcanzarlo, lo tiraba. Libros, guiones, botellas, fotografías. Todo estaba volando por la habitación y chocaba contra las paredes. Rachel y Finn corrieron para ver lo que estaba pasando, pero Rachel detuvo a Finn antes de que éste detuviera a Kurt. Se quedaron en la puerta y lo vieron gritar y gritar y tirar cosas hasta que se agotó.

Se sentó en el suelo y puso su rostro entre las manos. Rachel y Finn se sentaron a ambos lados de él. Rachel le frotó la espalda, pero no dijo nada. Después de varios minutos, Kurt miró alrededor de la habitación al desastre que había hecho. Miró a Rachel.

"Voy a traerlo de vuelta. Tengo que hacerlo. Él me pertenece."

Rachel asintió con la cabeza. "Sí. Lo sé, y lo harás."

...

Tristán estaba sentado en la pared de ladrillos frente a Fresia y mirando a la gente pasar. Incluso desde donde estaba, era fácil diferenciar a los esclavos de los maestros. Los esclavos estaban vestidos para impresionar en shorts increíblemente cortos, camisetas sin mangas y escotadas, diseñadas para mostrar sus muñecas manchadas de tinta y el cuello sin collar. Los maestros vestían de manera más conservadora, usaban pantalones de color caqui y camisas de botones. Ellos no tenían que lucir impresionantes. Su estatus de maestros los hacía atractivos.

Tristan arrugó la nariz. Aún desde donde él estaba sentado, podía oler la desesperación. Dirigió la mirada a su teléfono y se centró en el fondo de pantalla, una foto de él y Sebastian. Escuchaba la voz de Sebastian en su cabeza.

...no vayas a los clubes gratuitos, ¿de acuerdo? Sólo ... si necesitas dinero, llámame, pero ... no vayas a esos clubes

"¡Tú no tienes por qué decirme lo que tengo que hacer! Tu me echaste, ¿recuerdas?"

Miró a su alrededor lleno de nerviosismo cuando se dio cuenta que había gritado demasiado fuerte. La gente podía pensar que estaba demente.

Guardó el teléfono y siguió viedo hacia el club. Este era el tercer club al que iba desde que había llegado a Nueva York. El primero había resultado ser un club hetero. El segundo era un club gay pero lo dejó después de 15 minutos de haber llegado. Los maestros lucían aterradores. Enormes, hombres tipo hulk cubiertos de tatuajes. Fresia era supuestamente del tipo exclusivo y sofisticado. Maestros ricos y esclavos de clase alta. Tristan se consideraba un esclavo de clase alta. Después de todo, solía pertenecer a un muy rico maestro de clase alta que le había dado una vida de clase alta. Sebastian y él lo habían pasado muy bien juntos. Viajes románticos, salidas de compras, comidas deliciosas en los mejores restaurantes, champán y fresas cubiertas con chocolate en una bañera. Y el sexo. ¡No me jodas! El apetito que tenía Sebastian por el sexo duro y pervertido era insaciable. Tristan adoraba la manera en que Sebastian usaba su larga cabellera como una cadena, envolviéndolo alrededor de su puño, jalándole la cabeza hacia él mientras le daba duro...

"Hola bebé, ¿tienes miedo de entrar por ti mismo?"

Era de mediana estatura con cabello castaño rizado y ojos gentiles de color verde. Su expresión era de divertida preocupación. Tristán podía sentir que era un maestro. Miró hacia abajo.

"Yo.. eh... no, bueno... tal vez. Solo estoy sentado aquí."

"Me encantaría entrar contigo. O... de hecho no tenemos por qué entrar."

El corazón de Tristan latía descontroladamente mientras que su simisión hervía. Este tipo era lindo y no parecía dar miedo, pero la idea de estar con cualquier otro maestro, lo aterraba. Sebastian había sido el único hombre con el que había estado. La idea de otro hombre tocándolo, sintiéndolo, cogiéndoselo... Era algo impensable, pero su desesperación iba creciendo. Habían pasado varios meses y las cosas no estaban siendo fáciles.

El viaje en avión desde Francia a Nueva York había sido un verdadero infierno. En un momento el dolor se hizo tan insoportable que no podía controlarse. Él gritó, asustando a los otros pasajeros y provocando que el piloto lo amenazara con un aterrizaje de emergencia para que lo arrestaran. Una dulce azafata tuvo misericordia de él y le dió un sedante.

Una vez en Nueva York, se sentó en el apartamento solo, adolorido y atormentado por sus sueños de Sebastian. Su cuerpo torturado, buscaba una conexión que sabía que había estado ahí. Después de varias semanas, el dolor disminuyó y fue reemplazado por el deseo constante de ser dominado. Era un dolor de hambre que se hacía más voraz mientras pasaba el tiempo. Tenía que ser dominado. Dominado y cogido hasta que se desmayara. Su sumisión estaba muriendo de hambre, pero también su corazón. Quería ser reclamado de nuevo. No estaba seguro poder dormir con un maestro y luego alejarse sin ningúna reclamación.

Él miró al lado de la calle donde los esclavos entraban al club. ¿Cómo lo hacían?

"Hey, cariño, ¿qué quieres hacer?"

Tristán miró al maestro. Parecía inofensivo, y sus ojos lucían amigables, pero su dominio no era poderosamente fuerte.

No como el dominio de Senastian.

"Um ... Yo..."

Tristán bajó de la pared y retrocedió. Su voz era un susurro. "Lo siento... no puedo... simplemente no puedo..."

Dio media vuelta y echó a correr.