Capítulo 13
Blaine miraba hacia la ciudad mientras el helicóptero se acercaba a París. Él estaba tratando de idear un plan. Probablemente no podría escapar en el momento de aterrizar. ¿Tal vez por la mañana, mientras que Sebastian estaba a su reunión? ¿O Sebastian lo llevaría con él? Decidió que tendría que estar listo para escapar en cuanto surgiera una oportunidad.
Para sorpresa de Blaine, aterrizaron en la parte superior de un edificio. Una vez que las hélices dejaron de girar, un hombre se acercó y abrió la puerta. "Bienvenido a casa, señor Smythe." El hombre agarró sus maletas mientras Sebastian ayudaba a Blaine a salir del helicóptero. Sebastian tomó la mano de Blaine fuertemente mientras abordaban un ascensor y bajaban unos cuantos pisos, deteniéndose en el número 15. Sebastian sacó un juego de llaves y abrió la puerta de su apartamento. El hombre puso sus maletas en el interior y se fue.
Lo primero que golpeó a Blaine fue lo diferente que era la decoración de este apartamento a la casa de la isla. La sala de estar era brillante y llena de luz. Parecía haber ventanas en todas partes por lo que todo se percibía muy amplio y abierto. Las paredes eran de un azul claro y todos los muebles eran de cuero negro, vidrio, acero inoxidable o plata. Era muy moderno y con estilo, pero las pinturas en las paredes y los libros en los estantes hacían que te sitieras cómodo. La segunda cosa que golpeó a Blaine fue la esencia dominante de Sebastian. A diferencia de la casa de la isla, el apartamento estaba lleno de la escencia y fragancia pura de Sebastian. Inundaba las fosas nasales de Blaine y se envolvía alrededor de su cuerpo. Sentía que su sumisión saltaba y quemaba con necesidad. Tal vez haber querido venir no había sido una buena idea.
Sebastian entró en la cocina y echó un vistazo a la nevera vacía. Debería haberle dicho Anissa que tuviera víveres, pero todo había sucedido tan rápido. No había planeado volver a casa hasta dentro de tres semanas. Miró a Blaine pensativo como si tratara de decidir algo.
"Vamos a cambiarnos de ropa para ir a almorzar en el club. Después tenemos que ir a mi oficina."
"¿Qué club?"
"Maitres. Es un club privado para maestros gays. La comida es excelente. Te va a gustar."
Blaine asintió. Comer y luego escapar. Siguió a Sebastian por una escalera de caracol a la segunda planta. En la parte superior había una oficina abierta con un escritorio, archivadores y estanterías. Siguió a Sebastian al dormitorio y se quedó inmóvil.
Era un gran dormitorio decorado en azul claro y plata como la planta principal. Había una gran cama con una colcha azul y plata con almohadas a juego, pero lo que hizo a Blaine parar en seco fue la jaula. Era de plata y un poco más grande que la de Kurt.
Blaine no podía dejar de mirarla fijamente. Sumisión, miedo y deseo en conjunto chocaron en su mente. Él siempre había amado su jaula. Echaba de menos el calor, la seguridad y la sensación de propiedad de estar encerrado en el interior. Cautivo. Como un esclavo. Echaba de menos ser un verdadero esclavo sumiso con un maestro a quien servir.
Sebastian lo miraba, su miembro endureciéndose poco a poco al darse cuenta de que su sueño estaba cerca de convertirse en realidad. ¿Cuántas noches había soñado con tener a Blaine encerrado en una jaula en su dormitorio? Y allí estaba, mirando a la costosa jaula que Sebastian especialmente había ordenado sólo para él. En el momento en que la vio supo que Blaine se vería hermoso ahí dentro. No podía esperar para encerrarlo.
Ambos estaban perdidos en sus propios pensamientos acerca de la jaula hasta que fueron sorprendidos por el timbre del teléfono celular de Sebastian, quien comenzó a hablar con alguien en un fluido francés. Hizo un gesto hacia la puerta del armario antes de desaparecer a su oficina. Blaine miró en su interior y se sorprendió una vez más al descubrir anaqueles de ropa de su talla. Se quedó mirando la ropa y deseó que Sebastian simplemente le dijera qué ponerse. En la isla siempre llevaba pantalones cortos, pantalones vaqueros y camisetas, pero ahora estaban en una ciudad internacional con estilo, a punto de asistir a un club de maestros. Estaba seguro de que debía vestirse mejor. Kurt esperaría que se vistiera mejor. Eligió un par de pantalones de color gris con una camisa blanca y un cardigan negro, blanco y gris. Zapatos y calcetines negros. Se miró en el espejo y decidió que Kurt lo aprobaría. Sebastian de repente apareció vestido con un traje negro casual con un botón gris oscuro en la camisa. Los dos primeros botones estaban desabrochados y su cabello estaba salvaje y desordenado creando un look muy sexy. Miró a Blaine de arriba abajo y sonrió.
"Tu look sumiso de chico de escuela. Siempre super caliente. Vamos."
Blaine lo siguió escaleras abajo. Sebastian agarró su mochila y un par de esposas. El corazón de Blaine se hundió.
"Dame tus muñecas."
"No voy a escapar." Al menos no hasta que haya comido.
"¿Quieres probarlo?"
Blaine negó rápidamente con la cabeza. Sebastian sonrió y le colocó las esposas. A continuación, agregó una correa en el centro de las esposas y la envolvió alrededor de su muñeca. Blaine lo miró. Ahora, ¿cómo diablos se suponía que iba a escapar?
Tomaron el ascensor hasta el garaje y se acercaron al elegante Lamborghini negro de Sebastian. Le abrió la puerta y ayudó a Blaine a entrar. Lo abrochó y le dio un beso en la mejilla antes de subirse a su lado.
Ellos iban muy lento, pasando entre otros coches, frenado para dejar pasar a los peatones. El móvil de Sebastian sonaba constantemente, pero lo ignoró. Quince minutos más tarde, se detuvieron frente a un edificio de aspecto muy simple, con grandes puertas dobles, pero Sebastián no apagó el coche. Miró a los tres hombres y una mujer que estaban charlando justo fuera de la entrada del club. Blaine miró al grupo y luego a Sebastian. Este tenía el ceño fruncido y parecía tenso. De repente aceleró, alejándose de la acera y entrando en el tráfico ocasionando que conductores enfadados les tocaran la bocina furiosamente.
"¿Qué pasa?"
"Nada. Acabo de cambiar de idea. Vamos a otro lugar."
"¿Por qué?"
Manejaron unos pocos kilómetros antes de detenerse en un restaurante de lujo. Una vez dentro, la anfitriona saludó a Sebastián con besos en ambas mejillas, y a pesar del hecho de que otras personas estaban claramente esperando por una mesa, fueron inmediatamente acomodados junto a la ventana. Sebastian conectó el extremo de la correa a su silla y comenzó a devolver las llamadas perdidas. El camarero se acercó y le dijo algo en francés. Sebastian asintió con la cabeza y dijo algo a cambio. Miró a Blaine. "Pide lo que quieras", y de inmediato volvió a hablar por su teléfono. Blaine abrió el menú. Okay. Todo estaba en francés. Miró a Sebastián que estaba completamente absorto en su conversación. Blaine suspiró, cerró el menú y miró alrededor del restaurante.
Era la hora del almuerzo, el restaurante estaba bastante concurrido. Había muchos amos y esclavos. Muchos de los esclavos estaban vestidos con trajes ajustados de cuero negro, que habían sido alterados con buen gusto para usarse durante el día. Algunos de los maestros estaban vestidos en cuero también, pero la mayoría vestían normalmente. Había esclavos sentados en sillas y otros sentados en el suelo, a los pies de sus amos. Blaine miró a los esclavos con collar y se sorprendió al sentir una oleada de celos. Quería su collar y brazaletes de vuelta. Cuando miró a su alrededor se dio cuenta de que era la primera vez que había estado cerca de otras personas en las últimas semanas. Probablemente meses. ¿Qué día era? ¿Qué hora era? Si se ponía de pie y montaba una escena, ¿alguien le ayudaría? Diablos, ¿alguien lo entiendería?
El camarero apareció para tomar su orden. Sebastián dejó de hablar y miró a Blaine expectante. "Todo está en francés." El rostro de Sebastian cayó. "Mierda. Lo siento." Se volvió hacia el camarero y recitó un montón de algo que Blaine no entendió. El camarero asintió y tomó los menús. Sebastian volvió a su conversación telefónica mientras Blaine se preguntaba qué iba a comer.
La comida llegó rápidamente. Auténtico pan francés con tocino, salchichas y café. Sebastian le quitó las esposas y le dijo algo al camarero en francés. El camarero asintió y dio a Blaine una mirada antes de salir. ¿Qué demonios? Sebastian se rió.
"¿Qué fue todo eso?"
"Le dije que podrías tratar de huir, y que si lo hacías, había una muy tentadora recompensa a disposición de cualquier miembro del personal que te detuviera."
"No voy a salir corriendo."
Sebastian inclinó la cabeza hacia un lado. "¿Por qué no?"
"Yo no sé francés." Sebastian se rió.
Mientras comían, algunas personas se detuvieron junto a la mesa para saludar. Sebastian nunca presentó a Blaine. Todos hablaban francés, así que Blaine no podía entender lo que decían, pero estaba seguro de que habían mencionado el nombre de Tristan más de una vez seguido de una curiosa mirada en su dirección. Cada vez que el nombre era mencionado, Sebastian se ponía tenso mientras negaba con la cabeza y decía algo en respuesta.
Una vez que estuvieron en el coche, Blaine se volvió hacia Sebastian.
"Si Tristán no era tu esclavo, ¿por qué todo el mundo pregunta por él?"
Sebastian frunció el ceño antes de volverse rápidamente con una sonrisa. "¿Por qué? ¿Celoso?"
"No, sólo curiosidad."
"Solíamos salir mucho." Sebastian se puso las gafas de sol y se echó para atrás. Blaine lo miró fijamente. "Mentiroso."
Sebastian no dijo nada.
S & B & S & B
Desde el momento en que entraron en el alto y elegante edificio de oficinas, Blaine pudo sentir un cambio en Sebastian. Se puso muy serio, intenso y concentrado. Caminó rápidamente, obligando a Blaine a apresurarse para mantenerle el paso, y su teléfono celular estaba pegado a la oreja. Tomaron el ascensor hasta el último piso del edificio y cuando las puertas se abrieron, una linda mujer los esperaba.
"Estoy tan contenta de que estés aquí. Adrien está enloqueciendo y asustando a todos los demás. Él jura que estás equivocado acerca de las mediciones. Sigue amenazando con llamar a Louis... y a tu padre."
"No estoy mal y Adrien es un imbécil. Volví para detenerlo antes de que joda todo este proyecto."
Entraron en la oficina de Sebastian. Blaine estaba empezando a detectar un tema. Brillante, espacioso, lleno de luminosidad plata y azul era la combinación de colores en la vida de Sebastian.
Sebastian quitó las esposas de Blaine. "Anissa, él es Blaine. Blaine, Anissa, mi asistente." Anissa sonrió a Blaine. "¡Oh, casi lo olvido!" Salió de la oficina por un momento y volvió con un iPad que entregó a Sebastián. "Todo dispuesto de la manera que querías."
"¿Está segura?"
"Por supuesto. Tuve que comprobarlo dos veces esta mañana."
"Muy bien. Gracias." Sebastián entregó el iPad a Blaine. "Toma". Blaine aceptó vacilante. ¿En serio? Sebastian estaba a punto de decir algo cuando otro hombre entró en la oficina hablando un hiper rápido francés. Blaine se fue tranquilamente a sentar en una silla del rincón. Abrió el iPad y buscó en el escritorio un navegador web. Nada. Trató de encontrar una conexión wifi. Nada. Bueno, esto no valía nada. Una vez que el emocionado hombre se fue, Sebastian se acercó y miró por encima del hombro.
"Tuve que cargarle programas de escritura. Pensé que podrías querer trabajar en tu música. Sé que te gusta escribir letras y canciones y esas cosas." Blaine no dijo nada. Las palabras ya no venían a él. Nunca más. No desde que fue alejado de Kurt. Estaba a punto de explicarle esto a Sebastian, cuando su teléfono sonó. Blaine abrió uno de los programas y comenzó a escribir el nombre de Kurt una y otra vez. Después de unos minutos sintió que alguien lo observaba. Miró hacia arriba y vio a Anissa mirándolo un poco divertida, pero a la vez con confusión. Ella le dio una pequeña sonrisa antes de volver su atención a Sebastian. Empezaron a hablar de negocios. Blaine medio escuchó hasta que oyó las palabras, Nueva York.
"... quería saber si planeas mantener el apartamento o si podrías estar interesado en dejarlo. Ha tenido varias llamadas de personas tratando de conseguir un lugar en ese bloque. Estoy segura de que triplicarías el alquiler con los nuevos inquilinos. ¿Tristán sigue viviendo allí?"
Sebastian miró a Blaine y luego apartó la mirada rápidamente cuando sus ojos se encontraron.
"Dile que quiero mantenerlo. Si él tiene un problema, ofrécele pagarle el año completo por adelantado."
"¿Tristán sigue ahí? ¿Cuánto tiempo se va a quedar?"
Sebastian le dirigió una mirada fría. Ella sabía lo que significaba. Cállate.
"Yo me ocuparé de ello. ¿Has hablado con Royce?" Sebastian negó con la cabeza.
"Él ha estado llamando aquí como cinco veces al día buscándote. Dice que algo debe estar mal con tu teléfono celular porque no le has devuelto las llamadas."
Sebastian miró a Blaine que parecía estar escribiendo. Sebastian sonrió, sintiéndose orgulloso de sí mismo por haber pensado en el iPad. Negó con la cabeza. "No. No quiero hablar con él. Dile que estoy en viaje de negocios y no puedo ser localizado. Tengo recepción de llamadas limitada." Anissa asintió lentamente.
"¿Hay algún problema? ¿O es que finalmente te diste cuenta del desagradable ser humano que es?" Sebastian negó con la cabeza y siguió mirando a Blaine.
"Es sólo que ahora mismo no quiero verlo ni hablar con él."
S & B & S & B
Después de un par de horas en la oficina, Sebastian se sintió listo para su enfrentamiento a la mañana siguiente. Blaine se había quedado dormido, acurrucado en el sofá de dos plazas en la esquina de la oficina. Sebastian se arrodilló y le acarició suavemente el cabello. Le besó la frente y luego lo sacudió suavemente. Blaine abrió los ojos, pero no saltó inmediatamente. Se quedó allí por un momento con la mirada fija en los ojos de Sebastián. Había una nueva emoción arremolinándose en los ojos verdes. Posesividad. Sebastian se puso de pie. "Anda, vamos a cenar."
Comieron en un pequeño café. A diferencia de almuerzo, Sebastian le dio a Blaine toda su atención. Sebastian le habló de su trabajo y le hizo reír con historias creadas sobre las otras personas en el restaurante. Cuando regresaron al condominio, los dos estaban cansados y listos para ir a la cama. Mientras Blaine estaba en el baño, Sebastian puso la cerradura electrónica y la alarma en la puerta del apartamento. Llevó su mochila al piso de arriba y sacó el iPad para ver lo que Blaine había escrito.
El nombre de Kurt escrito cientos de veces.
La ira y la decepción rodaron a través de él. Borró el nombre, deseando al mismo tiempo estar borrando al verdadero Kurt.
Puso el iPad nuevamente en la mochila y vio a Blaine salir del cuarto de baño. Blaine se sentó en la cama y se quedó mirando la jaula. Sebastián fue a sentarse detrás de él. Suavemente jugó con el cabello de Blaine mientras se inclinaba hacia delante y suavemente susurraba en su oído.
"¿Te gustaría que te encerrara ahí dentro? ... Lo haré si quieres... Sólo pídelo..."
Blaine cerró los ojos y exhaló. Por supuesto que quería estar encerrado dentro de la jaula, pero él no estaba dispuesto a pedirlo. Él pelearía contra su naturaleza, hasta que no pudiera más. Sacudió la cabeza y se puso de pie. Sebastian se levantó también, tiró de la colcha y de la sábana y se metió en la cama. Blaine dudó un momento antes de recostarse a su lado. ¿No había cadenas? Si Sebastian no se acordaba, desde luego él no se lo recordaría. En su lugar, se metió en las sábanas y dejó que Sebastian lo acercara a él, envolviendo sus brazos y piernas firmemente alrededor del cuerpo de Blaine. Cuando el aura del maestro lo rodeó, su cuerpo se relajó y su mente flotó en una calma y en un estado de descanso. Cuando Blaine se quedó dormido, pensó en Kurt y esperaba que pudiera perdonarle esta debilidad.
Seguramente Kurt lo entendería.
Supervivencia.
S & B & S & B
Sebastian se despertó a la mañana siguiente en el humor para una pelea. Estaba dispuesto a luchar con Adrien. Adrien Boushard odiaba a Sebastian y nadie podía culparlo. Sebastian había entrado por la puerta grande, directamente de la universidad, y había sido nombrado inmediatamente Vicepresidente a Cargo de Proyectos Clave, un título que normalmente llevaba al menos 7-10 años ganarse. Adrien sentía que él debía tener ese título, y en honor a la verdad, tenía razón, pero no era el hijo del dueño de la empresa. El hecho de que Sebastian era realmente inteligente, talentoso e hiciera un excelente trabajo, molestaba a Adrien mucho más. Siempre estaba buscando errores en su trabajo y ahora estaba convencido de que había encontrado uno grande. Sebastian no podía esperar para demostrar que estaba equivocado.
Blaine despertó decidido a escapar.
Estar en el apartamento de Sebastian lo estaba afectando. El aroma dominante de Sebastian, su esencia y energía flotaban en el condominio y caía por sí misma en la piel de Blaine, infectándolo y ocasionando que su sumisión ardiera más caliente y más fuerte que antes.
Necesitas un maestro. Él es un maestro. ¡Sométete ante él! ¿Por qué te estás matando de hambre tú solo?
Blaine constantemente sacudía esos pensamientos de su mente, pero eran cada vez más insistentes e implacables. Tenía que encontrar una manera de escapar.
Una vez que estuvieron vestidos y Blaine esposado, se dirigieron directamente a la oficina de Sebastian. Blaine estaba decepcionado por las esposas y la falta de desayuno, pero no dijo nada.
Había varias personas esperando cuando llegaron. Sebastian inmediatamente comenzó a dar órdenes y a reunir cosas sobre el escritorio. A las nueve menos quince toda la comitiva se dirigió por el pasillo hacia la sala de conferencias. Blaine permaneció esposado, dirigido por Sebastián. Cuando llegaron a la habitación, Sebastian mantuvo a Blaine sentado en una silla en la parte trasera. Había amarrado la correa de Blaine a una barra de metal en la pared. Demasiado para escapar.
La reunión se sucedía fuerte e intensa. Blaine no tenía idea de lo que estaba pasando ya que todos hablaban francés. Cerró los ojos y se desconectó. Estaba hambriento y cansado. Cansado de la guerra interna que hacía estragos dentro de él. Él empezó a pensar en la jaula en la habitación de Sebastian. Sería agradable estar en una jaula de nuevo...
Michael Smythe se deslizó en silencio en la sala y se sentó junto a Blaine. Blaine lo miró con total sorpresa. Saludó a Blaine con un movimiento de cabeza y volvió su atención a su hijo que estaba hablando y señalando cosas en una pantalla. Michael asintió lentamente cuando Sebastian habló. Por una vez estaba orgulloso de él. Sebastian era elocuente, claro e iba directo al grano. Sus medidas y cálculos eran perfectos. Tal vez había llegado el momento de disparar a Adrien.
La reunión terminó con todo el mundo estando de acuerdo para seguir adelante basándose en el trabajo de Sebastián quien sonrió con aire de suficiencia cuando Adrien salió de la habitación. Cabrón. Michael esperó hasta que todos se hubieran ido para acercarse a su hijo. Sebastian lo miró. ¿Qué demonios estaba haciendo allí?
"Bien hecho, Sebastian, bien hecho. Sabía que tenías los números correctos."
"¿Qué estás haciendo aquí?"
"Vine en caso de que necesitaras apoyo."
"No confiabas en mí."
"No, no, por supuesto que confío en ti. Sólo quería estar aquí en caso de que necesitaras mi ayuda. Adrien realmente quería meterte en problemas. Creo que es hora de que se vaya."
"¡No! Él hace un buen trabajo. No necesito que mi padre se haga cargo de mis enemigos. Estoy bien."
Michael Smythe asintió con el ceño fruncido. "Está bien." Miró a Blaine.
"¿Cómo va todo esto? Veo que no lo has reclamado. ¿Qué estás esperando?"
"Lo haré pronto. Sólo estoy esperando a que él se... adapte."
Blaine negó con la cabeza. "¡No! ¡Yo no quiero ser reclamado por ti!"
Sebastian se puso rojo cuando su padre entrecerró los ojos y miró a Blaine.
"No suena como si se estuviera adaptando en absoluto."
"Va a estar bien."
"¿Dónde está mi madre? ¿Has hablado con ella? Quiero irme a casa. Quiero volver con Kurt. Él es mi maestro. Pertenezco a él. ¿Por favor? ¿Vas a decirle a mi mamá? Dile que quiero ir a casa. Yo perteneaco a Kurt."
Los ojos de Michael se volvieron fríos. "Ya no es así. Tu madre y yo hablamos y decidimos que era mejor para ti estar con alguien de tu propia clase social. Perteneces ahora a Sebastian. Yo sugiero que aceptes eso. Cuanto antes, mejor."
Michael se dirigió a Sebastian. "No sé lo que estás esperando, pero hay que darse prisa y reclamarlo. Él necesita claramente un collar. Por su propio bien y por convenientes... apariencias. Dadas tus indiscreciones del pasado, no quieres que la gente tenga la impresión equivocada, ¿o sí? Me dirijo de nuevo a Estados Unidos. ¿Nos visitarán el mes próximo?" Sebastian estaba furioso, pero mantuvo la voz firme. "Ya veremos. Tengo que supervisar el proyecto hasta su conclusión." Michael asintió con la cabeza. "Entendido. Le diré a tu madre que la has mandado saludar y que tú y Blaine nos visitará tan pronto como puedan." Michael se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo y se dio la vuelta poniendo sus ojos en Blaine. "La próxima vez que lo vea, espero que lleve un collar."
Sebastian airadamente recogió sus cosas y tiró de la correa, ocasionando que Blaine fuera dando tumbos mientras iba tras él. Arrojó sus cosas sobre la mesa y gritó a Anissa.
"Nos largamos. Todo debe estar bien de aquí en adelante. Voy a estar trabajando desde casa por el resto de la semana... probablemente más tiempo."
Anissa asintió. "Está bien. Oh, Royce llamó tres veces. Dijo que era importante." Sebastian agarró su bolsa y se dirigió hacia la puerta. "No me pueden localizar, ¿recuerdas?"
S & B & S & B
Esa noche Sebastian miró a Blaine con ojos oscuros, sensuales y lujuriosos. Su dominio fue rodando a través de él en oleadas calientes de deseo y necesidad. Todo su cuerpo estaba en estado de alerta. Podía percibirlo. Sentirlo. Prácticamente olerlo.
Blaine estaba a punto de romperse.
Él había estado tranquilo durante todo el día mientras se concentraba en la supresión de su sumisión, pero por fin había penetrado en las paredes mentales que había construido, y se extendía hacia el núcleo sumiso de su mente. Sebastian podía verlo en sus ojos. Con su mente debilitada, el cuerpo de Blaine no podía pelear más. La necesidad era demasiado fuerte, y él estaba mentalmente en el borde. Sólo necesitaba un empujoncito.
Blaine estaba acurrucado en la cama, lejos de Sebastian. Podía sentir lo que le estaba pasando y no podía hacer nada para detenerlo. Entre la presencia de Sebastián estando en su casa, la jaula y su necesidad natural de someterse, Blaine estaba empezando a ahogarse.
Y Sebastian estaba listo para sostenerlo.
Habló en voz baja. "¿De verdad crees que todavía te está buscando? Han pasado casi tres meses. Él no va a encontrarte. Tengo serias dudas de que todavía esté buscándote... suponiendo que alguna vez lo haya hecho." Blaine no dijo nada. Sebastian se acercó más a él. Permanecieron en silencio durante unos minutos, hasta que Blaine habló.
"Te equivocas".
"¿Por qué?"
"Kurt. Él está buscándome. Lo hace. Sé que lo está haciendo."
"Parece que no se está esforzando demasiado."
"Él no sabe que estoy en Europa. Probablemente está buscando en Ohio."
"Es probable que esté tirándose a su nuevo esclavo."
Blaine se levantó. "¡No! ¡Él no está haciendo eso! ¡Yo soy su esclavo!"
Sebastian entrecerró los ojos y miró a Blaine.
"¿Lo eres, Blaine?"
Duda.
Miedo.
Desesperación.
Necesidad.
Por fin había llegado al final.
Sólo necesitaba permiso para caer.
Sebastian se puso de pie. Su voz fuerte, dominante y firme, pero al mismo tiempo tranquila.
"Blaine, él no te está buscando... Claro, tal vez lo intentó por un tiempo, pero Kurt es un dominante muy fuerte, acostumbrado a ser servido por su esclavo cada día. ¿De verdad crees que está por ahí solo, sin nadie que cumpla con sus necesidades?"
Blaine negó con la cabeza, pero su voz era débil. "Él me ama. Él me reclamó. Pertenezco a él. Yo. Sólo yo. Él no desea a nadie más."
"Él no deseaba a nadie más. Pero te has ido. Estás aquí conmigo. Donde perteneces. Donde siempre has pertenecido. Y Kurt ha encontrado a alguien que le sirva. Deja de torturarte, Blaine. Deja de morirte de hambre, negando tu verdadera naturaleza. Sólo déjala fluír, precioso. Tienes permitido tener lo que quieres. Lo que necesitas. Sométete Blaine. Cae en la sumisión a la que perteneces. Es tu naturaleza. Es lo que eres. Eres un sumiso, más que la mayoría. Es lo que eres. Sométete Blaine. Simplemente sométete."
Sebastian había cerrado poco a poco el espacio entre ellos. Blaine estaba temblando, sus ojos se cerraron y abrieron lentamente mientras se mareaba en las poderosas palabras de un maestro. Sebastian colocó suavemente sus manos sobre los hombros de Blaine y comenzó a empujarlo hacia la pared. Los ojos de Blaine estaban brillantes y abiertos, llenos de miedo y confusión, pero también desesperados y suplicantes. Los ojos de Sebastián eran oscuros y poderosos mientras su dominio y mando fluía caliente y fuerte, dispuesto a devorar su sumisión antes que a él.
Llegaron a la pared.
Sebastian colocó las manos de Blaine por encima de su cabeza, fijándolo allí. Presionó su cuerpo contra el de Blaine.
Blaine se rompió.
Su mente explotó, destrozando la pared de la fortaleza y la negación que había improvisado. La primera línea fuerte del poder mental construida por Kurt se había roto hace semanas. Blaine había estado aferrándose a ella por pura voluntad y determinación.
Pero la naturaleza triunfa sobre la disciplina todo el tiempo.
Su sumisión fluía a través de él. Necesitaba servir. Para estar completa y totalmente dominado y obligado a someterse y al mismo tiempo, deseando someterse más que nada. Sebastian dio un paso atrás y Blaine cayó al suelo con los brazos alrededor de su propio cuerpo mientras su sumisión rodaba y quemaba a través de él, enviándolo a su nivel natural. Sebastian estaba a su lado, observando, esperando, y preparado.
La mente de Blaine corrió y tropezó.
"Tu sumisión es para mi y sólo para mi."
Kurt...
No hay collar...
"Te ordeno que rechaces a cualquier otro."
Kurt...
No hay collar...
"Nunca te sometas a otro, Blaine. Nunca."
Kurt...
"Eres un sumiso."
"Cae en la sumisión a la que perteneces.."
"Es tu naturaleza. Es lo que eres. Eres un sumiso, más que la mayoría. Es lo que eres."
"Sométete, Blaine. Simplemente sométete."
Maestro...
"¿Blaine? Abre los ojos, Blaine. Mírame."
Blaine muy lentamente se puso de rodillas y lentamente levantó la cabeza.
Ohhhhh...
Sebastian sonrió mientras miraba a los ojos que recordaba de la preparatoria. Magníficos ojos miel-ámbar, llenos de obediencia y miedo.
Los ojos de la sumisión.
La sumisión de Blaine.
Sebastian enredó los dedos en el cabello de Blaine y tiró de su cabeza hacia atrás. Los ojos de Blaine estaban mojados y sus labios estaban entreabiertos. Sebastian comenzó a agarrar su miembro, pero vaciló. Todavía no.
Él no era un violador.
Miró a Blaine fijamente a los ojos.
"Dime lo que quieres, Blaine."
Blaine miró la entrepierna de Sebastian antes de bajar la mirada al suelo.
"Mírame." Blaine lo miró a los ojos.
"Todo lo que tienes que hacer es pedirlo. Di las palabras, Blaine. Sólo di las palabras. Eres un esclavo sumiso. Las palabras son una parte de tu ser interior. Tú quieres decirlas. Tú necesitas decirlas. Deja de luchar. Pídelo y se te dará."
Blaine no podía liberarse de la penetrante mirada de Sebastián. Una mirada que le llegaba muy profundo dentro de él, penetrando en su núcleo sumiso, empujándolo hacia el precipicio final.
"Dilo, Blaine. Dilo."
"Yo... por favor... por favor... ¿Te puedo... servir?"
La mano de Sebastian temblaba mientras se introducía en sus boxers para sacar su miembro palpitante. Presionó la cabeza en los labios de Blaine.
"Puedes servirme."
El cuerpo de Blaine se estremeció cuando el enorme miembro golpeó su lengua. Él chupó lentamente y luego arrastró su boca hacia atrás antes de comenzar a mamar. Fuerte, potente, mamadas hambrientas, desesperado por probar semen.
Mieeeerrrrddddaaaa.
Sebastian luchaba por no correrse inmediatamente. La boca de Blaine alrededor de su pene era algo con lo que había soñado desde la preparatoria, pero esto era algo más que lograr una mamada. Esto se trataba de romper a Blaine. Tenía que lograrlo.
Sebastian convocó el control sobre su cuerpo mientras echaba la cabeza de Blaine hacia atrás empujando su pene hasta el fondo de su garganta. Blaine luchaba por no ahogarse cuando su sumisión explotó.
Sí. Sí. Sí.
Más. Más. Más.
Sebastian continuó empujando su pene en la garganta de Blaine, disfrutando de los sonidos de su asfixia. Cambió el ángulo y comenzó a tirarse su boca, moviendo sus caderas, obligando a Blaine a aceptar cada centímetro de él. Blaine estaba gimiendo y deseando desesperadamente el semen de Sebastian para llenar su boca, pero Sebastián no estaba dispuesto a dárselo. Todavía no. No hasta que Blaine le suplicara por ello. Lo sacó de repente dejando a Blaine confuso y hambriento.
"Ponte de pie."
Blaine se levantó.
"De rodillas". Blaine cayó de rodillas, con las manos a los costados, con los ojos en el suelo. En ese momento de total y completa obediencia, el cerebro de Sebastian se movió a un nuevo espacio en su cabeza de control y mando.
"Ponte de pie."
Blaine se puso de pie nuevamente, sus ojos muy abiertos. Hambriento. Necesitado. Sebastian enredó sus brazos alrededor de él y lo abrazó. "No te preocupes, precioso. Yo me ocuparé de ti. Lo prometo. Sólo enfócate en mí." Blaine lo miró fijamente mientras Sebastian empezaba a desvestirlo lentamente antes de quitarse sus propias ropas. Puso sus manos sobre los hombros de Blaine y lo empujó suavemente hacia atrás contra la pared. "Todavía tienes hambre, ¿verdad? No te preocupes. Voy a darte lo que quieres. Lo que necesitas. Por lo que has estado muriendo."
Sebastián acomodó el cuerpo de Blaine formando una X en la pared. Colocó un brazalete de metal alrededor de cada una de sus muñecas, mismas que se conectaban a una cuerda negra delgada pero fuerte que podría mantenerlo atado a la pared, o permitirle caer de rodillas. Dejó libres los pies de Blaine. Tomó una llave de su armario y abrió una caja de plata. Estudió su colección por un momento antes de elegir una capucha de cuero grueso con una apertura de la boca. Era llamado apropiadamente 'una capucha chupadora de penes'. Sebastian acunó la mejilla de Blaine.
"Yo sé lo hambriento que estas. Se que estás hambriento de semen, así que durante las próximas 24 horas, eso es todo lo que vas a comer. Mi semen. Nada más."
Los ojos de Blaine se agrandaron. "Y-Yo..." vaciló cuando Sebastian presionó su cuerpo duro y firme en contra del suyo. Blaine gimió mientras pequeñas chispas de electricidad erótica bailaban sobre su piel y corrían a través de su cuerpo. Sebastian se apartó y observó la expresión de Blaine que se había vuelto desesperada. "Por favor... Y-yo... yo necesito..." Sebastian sonrió. "Sí, lo sé precioso. Tienes hambre. Hora de cenar." Sebastian lentamente colocó la capucha sobre la cabeza de Blaine. Era suave, pero muy firme y dejó a Blaine en un mundo de oscuridad y silencio. Lo único que podía hacer era gemir. Y chupar.
Sebastian envolvió sus manos alrededor de las muñecas de Blaine y se apretó con fuerza contra él una vez más. Podía sentir el cuerpo de Blaine tensarse y relajarse mientras aspiraba esa sensación de tenerlo. Él deslizó su pierna entre las de Blaine frotando su pene contra el de Blaine, quien se estremecía y temblaba mientras Sebastian se presionaba contra él durante diez minutos seguidos, abrumando a su cuerpo con la sensación de un maestro. Cuando por fin dio un paso atrás, Blaine trató de inclinarse hacia adelante, tirando desesperadamente de sus muñecas atadas, necesitando sentir de nuevo. Sebastian esperó cinco minutos y luego cambió un interruptor liberando la cuerda que le permitió a Blaine caer de rodillas, pero aún lo mantenía atado a la pared. Sebastian presionó su miembro en los labios de Blaine y él chupó con avidez. Sebastian le permitió chupar durante varios minutos antes de sacárselo y poner a Blaine de pie. Presionó el cuerpo de Blaine con el suyo nuevamente durante otros diez minutos, dio un paso atrás, esperó cinco minutos, y luego metió su pene en la boca de Blaine de nuevo permitiéndole chupar.
Lo hizo una, y otra, y otra vez.
Blaine era un desastre. Su cuerpo hambriento no se cansaba de la sensación del cuerpo de Sebastian presionándolo, y saborear su pene empujó todo a niveles altísimos. Cada embestida en su garganta lo dejó anhelando más. Necesitando más. Con ganas de más. Quería ser utilizado, controlado y obligado a someterse una y otra vez. Él quería ser cogido. Duro. Brutal. Quería su culo completamente destruido. Todo al servicio de un amo.
Sebastian se las arregló para mantenerse al límite durante una hora antes de explotar en la boca de Blaine. Apretó las manos contra la pared para evitar caerse mientras gritaba por la poderosa y caliente corrida. Así como Blaine estaba finalmente siendo alimentado, también Sebastian. Su necesidad de dominar a Blaine había quemado dentro de él durante meses. Algunos días había sido tan difícil que había pensado simplemente en tomarlo, pero quería a Blaine en el estado más puro posible. Lo más parecido al Blaine que había sentido en la preparatoria. Y quería que Blaine lo deseara. Que lo necesitara.
Él permitió que Blaine le chupara suavemente y lamera su pene por unos minutos. Blaine quería cada gota de semen que pudiera atrapar. Estaba desesperado por la sensación y el sabor. ¿Cuánto tiempo iba a tener que esperar por más?
Sebastian finalmente puso de pie a Baine, lo empujó contra la pared, y cambió las restricciones a cadenas. Encadenó sus muñecas y tobillos a la pared, y luego colocó una barra de bloqueo a través de su cuello, cintura y muslos. Blaine estaba fijado a la pared y todavía llevaba la capucha. Sebastian miró el miembro de Blaine. Decidió que le permitiría tenerlo libre, pero colgó un peso pequeño de sus bolas. El cuerpo de Blaine se convulsionó ante las olas de sumisión sexual corriendo a través de él. Sebastian envolvió su mano alrededor del miembro de Blaine y comenzó a acariciarlo. Sabía que Blaine estaba en el límite, pero que necesitaba permiso para venirse. Sebastian cruelmente lo acarició hasta que Blaine estaba temblando por la necesidad de explotar. Soltó su miembro y le susurró al oído.
"No te puedes correr."
Blaine gritó.
"¡Por favor! Por favor... Necesito... No puedo..."
"No te vas a correr, Blaine."
Sebastian coloco una mordaza en la boca de Blaine y se recostó en su cama. Puso el despertador para que sonara dentro de una hora y media y se quedó dormido mirando a un Blaine encapuchado, amordazado y con una pesa colgándole de los testiculos.
La cosa más hermosa que había visto nunca.
Blaine se relajó en las apretadas ataduras. Cada nervio de su cuerpo estaba despierto y palpitante. Se sentía tan castigado, y a la vez tan bien. Tan jodidamente bien. Él realmente quería correrse, pero estaba agradecido por la tortura de no poder hacerlo. Sus bolas dolían por la necesidad de correrse y por el peso que colgaba de ellas. Él entraba y salía de su conciencia, siempre agradecido de encontrarse a sí mismo atrapado aún al momento de despertar.
Noventa minutos más tarde, Sebastián se despertó. Se dio la vuelta y recorrió con la mirada el cuerpo inmovilizado de Blaine. Le encantaba la forma en que se veía y pensó en dejarlo allí por el resto de la noche, pero quería la completa ruptura de Blaine por la mañana. Se levantó de la cama y se puso delante de él. Extendió la mano y tomó el pene de Blaine en su mano. La respiración de Blaine se aceleró mientras pequeños gemidos y gritos escapaban de él. Sebastian se arrodilló delante de él y tomó su miembro en la boca. Blaine gimió y jadeó del maravilloso placer corriendo a través de su miembro, pero sabía que le seguiría la negación cruel de su orgasmo. Un orgasmo que necesitaba tener tan desesperadamente, pero que le encantaba que le fuera negado.
Sebastian chupó el pene de Blaine hasta que sintió el temblor dentro de su ingle. Se quitó y se puso de pie.
"No te puedes correr. Sólo yo puedo hacerlo. En tu boca."
Le dejó puesta la capucha, pero le quitó la mordaza y lo desencadenó de la pared. Blaine inmediatamente cayó sobre sus manos y rodillas en una mezcla de agotamiento y sumisión.
"Arrástrate a la jaula, Blaine."
Finamente.
Sebastian lo guiaba mientras Blaine obedientemente se arrastraba hasta la jaula. Sebastian abrió la puerta.
"Adentro."
Blaine se arrastró dentro. Sebastian cerró la puerta con llave.
"Vete a dormir".
Blaine se tumbó en el colchón y se durmió en segundos.
Sebastian sonrió.
Perfecto.
S & B & S & B
Blaine despertó varias horas más tarde aún encerrado en completo silencio y oscuridad. Su boca sabía a rancio y salado, pero su cuerpo se sentía maravilloso. Por primera vez en meses, no había dolor punzante y ardiente dentro de su núcleo sumiso. No había dolor sordo en su cabeza y no tenía esa adolorida sensación de nostalgia. Todavía había un hambre por ser dominado, pero no la sensación de hambre de las últimas semanas.
Él extendió la mano y tocó los barrotes de la jaula. Era maravilloso estar encerrado en una jaula. Tan calmante y tranquilizador. Se sentó y se preguntó si Kurt estaba en la cama.
No... espera...
Kurt no. Sebastian.
Apartó el pensamiento de su cabeza. No quería pensar en ello.
"Buenos días, esclavo durmiente."
Sebastian abrió la jaula y Blaine salió arrastrándose. Sebastian enganchó una correa al anillo en forma de D en la parte posterior de la capucha y llevó a Blaine al cuarto de baño. Le ayudó a ponerse de pie y a apuntar correctamente. Le alcanzó su cepillo dental y le permitió lavarse los dientes. Luego lo llevó al centro de la habitación. Sacó su miembro y lo presionó contra los labios de Blaine.
"Sírveme."
Blaine obedientemente chupó, con gratitud tragó el semen que brotaba del pene de Sebastian. Le dio una palmada en la cabeza. "Recuerda mi promesa. 24 horas de semen. Nada más. Hoy eres una puta adicta al semen. Aunque, probablemente siempre lo has sido."
En el transcurso de las siguientes horas, Sebastian cumplió su promesa. Blaine chupó su miembro todo el día. Casi cada hora. Cuando llegó el momento de que Sebastian trabajara, hizo que Blaine se arrodillara debajo de su escritorio con la cabeza en su regazo. Cuando estuvo listo se alcanzó su miembro y lo presionó contra los labios de Blaine, quien obedientemente chupó y tragó.
Al caer la tarde, la boca de Blaine estaba cansada y le dolía la mandíbula. Sebastian lo puso en su jaula para una siesta, dejándole la capucha. Mientras Blaine dormía, Sebastian se preparó para consolidar el regreso de Blaine a la total y completa sumisión.
Dos horas más tarde, Sebastián despertó a Blaine, lo sacó de la jaula, y lo apoyó en la pared. Apretó su cuerpo en el de Blaine y escuchó sus rotos y eróticos gemidos cuando la sensación de Sebastian lo inundó. Después de varios minutos alejó a Blaine de la pared y lo hizo ponerse de pie con la espalda recta y las piernas separadas. Sebastian sacó un "parachute chain ball weight". En primer lugar, insertó el apretado anillo de metal alrededor de las bolas de Blaine. Cuatro cadenas colgaban del anillo dando la idea de un paracaídas, de ahí el nombre. Él cuidadosamente colgó un peso en cada cadena. Blaine se estremecía mientras cada peso era agregado. Gimió y casi cae cuando Sebastian deslizó un apretado anillo metálico en su miembro duro y palpitante.
"Permanece de pie, precioso."
Sebastian le dio la vuelta a Blaine y lo dirigió hacia la pared. Le encadenó las muñecas y los tobillos a la pared, y añadió una barra separadora. Luego le retiró la capucha.
Blaine parpadeó varias veces mientras su ajustaba a la tenue luz. Se quedó mirando a la pared frente a él. ¿Por qué estaba mirando hacia la pared?
Sus ojos se abrieron como platos y su sangre corrió más rápido en sus venas al oír el chasquido de un látigo. Sebastian sonrió maliciosamente al ver a Blaine temblar de miedo.
"¡No! ¡Por favor! ¡Por favor, Sebastian!"
"No te preocupes, cariño. He sido entrenado por los mejores." Sebastian levantó el brazo y sonrió con malicia. "Voy a sacarte la mierda a latigazos, Blaine. Es un castigo por hacerme esperar tanto maldito tiempo para tenerte."
El látigo cortó la espalda de Blaine.
Blaine gritó.
El látigo volvió a bajar.
Blaine gritó, pero esta vez algo cambió.
El látigo golpeó de nuevo.
Blaine gritó, pero ¿era de dolor o de placer?
Una vez más.
Y otra vez.
Y otra vez.
Los gritos de Blaine llenaron el apartamento, pero eran el resultado de un extraño y retorcido placer que electrificaba el cuerpo de Blaine con cada golpe. Había dolor, pero cada golpe hizo a su cuerpo temblar, balanceando los pesos que colgaban de sus bolas, enviando señales eróticas y pulsaciones a través de su miembro. Y luego estaba el hecho de que se encontraba encadenado a la pared, con las piernas abiertas por la barra. Era incapaz de moverse. Era incapaz de escapar. incapaz de detener o controlar lo que le estaba pasando.
Era un esclavo.
Un esclavo completamente dominado y torturado a merced del gran maestro que empuñaba el látigo.
Sebastian amaba los gritos y llantos de Blaine. Su pene se hizo más duro y lo llevó a golpear más fuerte. Mientras Blaine gritaba, la mente de Sebastian subía en espiral fuera de control. Castígalo. Castígalo por negarse a ti. Por decirle a tus padres que no te desea. Por elegir a la puta Hummel encima de ti. Castígalo por hacerte esperar... por hacerte dudar... por obligarte a enviar a Tristán lejos de ti. Se merece esto. Rompe su culo sumiso y muéstrale quién es su amo realmente.
Después de otro minuto Sebastian dejó caer el látigo y dio un paso atrás. Estaba sudando y respirando con dificultad. La espalda de Blaine estaba cubierta de latigazos rojo oscuro, pero sin sangre. Sebastian se sintió aliviado. El entrenamiento que él y Royce tomaron había valido la pena. Se acercó a Blaine y se puso detrás de él. Blaine estaba temblando mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas, tanto por el intenso dolor como por el placer indescriptible, además de la necesidad angustiosa de correrse. Sebastian retiró cuidadosamente la barra de separación y los pesos de sus testículos. Soltó los tobillos de Blaine y luego liberó lentamente sus brazos, asegurándose de que estaba apoyado contra la pared para no caerse. Se puso de pie detrás de él y cuidadosamente lo rodeo con los brazos para quitarle el apretado anillo metálico. Le susurró al oído. "Vente para mi, Blaine."
El grito de Blaine era profunda y gutural mientras un chorro de semen espeso brotaba disparado de su pene, salpicando la pared y el piso. Su cuerpo parecía vibrar. Cada vez que Sebastián pensaba que había terminado, otra carga espesa salía disparada del pene de Blaine.
Finalmente Blaine se dejó caer en los brazos de Sebastián, con el cuerpo destrozado y agotado. Sebastian lo llevó con cuidado a la cama y lo recostó sobre su estómago. Abrió el cajón de la mesilla de noche y sacó una pomada para aplicarla en los cortes profundos de la espalda de Blaine. Cuidadosamente se recostó a su lado. Los ojos de Blaine estaban cerrados, pero no dormía aún. Se sentía abrumado por lo que había experimentado.
Sebastian le acarició la mejilla y le susurró.
"Eres tan hermoso, Blaine. Tu sumisión es increíble. Sabía que así iba a ser. Es por eso que nunca he dejado de desearte. Y ahora que te tengo, precioso...
Nunca te dejaré ir."
