Regina Mills/El local de la abuelita.

He de decir que la comida no tenía desperdicio. Realmente el negocio tenía el nombre muy bien puesto. Era como si la comida la hubiese preparado mi abuela. Bueno, al menos una de ellas, porque después de tantas adopciones no tendría claro a cual adjudicar como mi abuela. Había decidido que me quedaría allí un par de días al menos. Sentía que debía estar con Henry, conocerle.

Pensaba que tendría una buena vida sin mí, que atraía la desgracia sobre todo lo que tocaba. No quería criarlo sin un padre, no con una madre como yo. Pero ahora estaba realmente arrepentida. Aunque su idea de que las personas del pueblo eran personajes de cuento era absurda. Pero comprendía que necesitaba tener algo en qué creer.

_ ¿Lista para la operación cobra?

Henry había aparecido y yo ni tan quiera era consciente de ello. Tenía una sonrisa pintada en los labios. Yo nunca había sonreído así. Desde pequeña nunca había tenido motivos para hacerlo.

_ ¿No tienes clase, Henry?

_ Pero la operación cobra es muy importante. La primera fase es la identificación. Tenemos que averiguar quién es quién.

_ ¿Y qué dice tu libro sobre mí?

Anzu Stealer/Residencia Stealer

Cuando pensaba en esa mujer me hervía la sangre. Acababa de lanzar mi portátil contra la pared y destrozarlo, y aún me quedaba rabia que soltar. Grité y aporreé la mesa del despacho. Ella no recordaba, no llevaba mi carga. Y ahora, aparecía veintiocho años después para arrebatarme a mi hijo, igual que había hecho con mi hija. Quería rodear su cuello con mis manos y apretar hasta que no quedase ni un hálito de vida en sus ojos.

_ Quizás debería buscar otro momento para presentarme.

Alcé la vista. Era él. Una sonrisa de colegiala cruzó mi rostro cuando me percaté de ello. Decidí aparcar una vez más a Regina de mi cabeza. Me levanté de la silla, caminé hacia él y le rodeé con los brazos. Apoyé la cabeza en su hombro, y me dejé llevar por la sensación que me producía que me acariciase mi melena pelirroja. Miré a mi marido a los ojos, y luego los cerré para besarlo lentamente.

_ ¿Cómo está ella? ¿Cómo está nuestra hija?_ le pregunté.

_ Ella está bien. Pero no he venido aquí por eso.

_ Por favor, Jefferson… Tan sólo un momento. Tan sólo un momento para nosotros. Es todo cuanto te pido.

Mis manos recorrieron su rostro, mientras mantenía la mirada clavada en sus ojos. No me rechazaría, él jamás lo haría. Porque él no me tenía miedo, me amaba. Y yo le amaba, lo hice desde el momento en que nos conocimos. Con él se me olvidaba toda la rabia que había estado acumulando.

_ ¿Aún lo deseas?

_ Pues claro que sí. Te amo, Jefferson. Sabes que eso no ha cambiado. Soy tu esposa.

Jefferson sonrió. Sabía que había tenido dudas, porque yo ya no parecía ser yo misma. Quería estar con él, quería demostrarle que le quería. Comencé a besar lentamente su cuello, amorosamente. Él entendió mi mensaje, y me confirmó mis deseos con sus ojos.

August Wayne/Storybrooke.

El dolor era intenso. La pierna me ofrecía cada vez menos movilidad. Y sabía muy bien lo que eso significaba. Regina estaba en Storybrooke, y el tiempo volvía a correr. Creía que el hecho de que no fuese Emma quien había cruzado el armario cambiaba las cosas. Pero estaba equivocado. Regina había activado el ciclo de nuevo. Y si quería salvarme, tenía que demostrar que tenía intención de ayudarla a salvar a la gente del mundo de los cuentos.

Me costaba avanzar por Storybooke con el dolor de mi pierna. Tenía que encontrarla, tenía que explicarle la verdad. O al menos ese era mi plan, pero cuando me senté para superar el dolor, observé que alguien se encontraba a mi lado. Una mujer de cabellos pelirrojos, con una mirada inteligente. Si bien había algo en dicha mirada que no me gustaba en lo más mínimo.

_ Soy August.

_ Mi nombre es Christina. Y tú llegas tarde.

_ ¿Tarde?

_ Sí, veintiocho años tarde.

Regina Mills/El parque del Castillo.

Observaba el libro de Henry, mientras él me indicaba cada uno de los personajes que al parecer vivía en el pueblo. Era difícil de de creer, desde luego. Me había dicho que la camarera de la cafetería era caperucita roja, y que la abuelita era efectivamente su abuela. Yo le había preguntado por el lobo y no había sido capaz de contestarme. Pero lo cierto es que una parte de mí le creía. Porque quería creer que eso rellenaría los once años de mi vida que era totalmente incapaz de recordar.

_ ¿Y qué dice tu libro sobre mí, Henry?

Henry se puso tenso, parecía fingir que yo no había hablado, que no me había escuchado. Eso me preocupaba. ¿Quién creía él que era yo? ¿Tan terrible era esa persona? Necesitaba saber que impresión tenía. Le miré a los ojos y suspiré.

_ Si quieres que te ayude en la operación cobra, tarde o temprano tendrás que decírmelo.

_ Es que no quiero hacerte daño._ puso su pequeña mano sobre la mía._ ¿No es más importante quién eres ahora? Una abogada que ayuda a la gente.

_ Yo era una villana. ¿Verdad?

_ ¡He encontrado una página sobre Shadow, mira!

Quise que me contestase, pero no se lo pedí. Pensé que cuando quisiese me lo diría por sí misma. Observé la página, y en ella, en efecto aparecía una mujer de cabellos pelirrojos. Henry me sonrió y me instó a leer. Yo cogí el libro y comencé a leer en voz alta.

Anzu Stealer/La montaña Prohibida/Flashback

Era un castillo suntuoso, situado en la cima de una montaña que reflejaba tinieblas en cada rincón. En cuanto puse un pie en ella, sentí que la vida lo abandonaba todo. El aire estaba limpio, pero a la vez parecía irrespirable. Tenía claro que si una persona común se adentraba en aquel lugar no tardaría en quedarse sin aire. Y Desgraciadamente, yo ahora era una persona común.

Por ello, cuando llegué a la antesala a la que estaba ocupada por ella y vi a sus soldados, sentí que el mundo se me venía encima. Sin embargo mantuve la mirada firme. Ellos no tenían por qué saber que había pedido mi condición de vampiro. Y a decir verdad, Maléfica tampoco.

_ Vengo a ver a vuestra señora, no a vosotros. Quitaos de en medio, o juro que os arrancaré el corazón uno a uno.

Regina Mills/El Parque del Castillo.

Cuando leí que les arrancaría el corazón sentí como el mío propio daba un vuelco. Aquello debía resultarme aterrador, enfermizo incluso. ¿Por qué mi mente lo veía como algo tan normal, y no se preocupaba por ello? Era como si estuviese inmunizada. Sin embargo, Henry me hizo un gesto para que continuase, y yo decidí que era lo mejor. Debía dejar esas preocupaciones para más tarde.

Anzu Stealer/La montaña Prohibida/Flashback

_ He venido a devolverte esto._ Exclamé, lanzándole el anillo que en su día me entregó._ Cancelo nuestro trato, bruja.

_ ¡No puedes venir aquí y decirme eso!_ Exclamó Maléfica_ Teníamos un trato, y tú vas a cumplirlo.

_ Ten por seguro que tengo cosas más importantes de las que ocuparme que de buscar a una princesa. No es mi problema que seas incapaz de encontrar a Aurora.

_ De acuerdo. Supongo que ya no tienes las destrezas por las que solicité tu ayuda.

_ ¿Disculpa?

_ No te hagas la tonta conmigo, Anzu. Las dos sabemos que el único motivo que podrías tener para dejar de querer este anillo es que ya no lo necesitases

_ Tal vez. Y en ese caso, ya no te sería útil.

Mi marido me esperaba en casa, y eso era lo único que importaba. Si tenía que matar a Maléfica para volver a mi remanso de paz, lo haría. Ahora entendía lo que era ser feliz, y esa bruja no me lo iba a arrebatar.

Regina Mills/El parque del castillo

_ No es una villana, según este libro. Luchaba por su familia. ¿Qué personaje es, según dices? Esto no lo aclara.

_ Es la esposa del sombrero loco y la madre de Alicia. Pero también ayudó a Maléfica a buscar a Aurora.

_ Creo que todos cometemos errores a lo largo de nuestra vida. Y dudo que sean los que nos definen.

Henry me miró con una mirada ligeramente curiosa, y luego sonrió. Debo confesar que no tenía ni idea de que pasaba por su mente.

_ Supuse que dirías algo así. Tú cometiste errores, y los has superado todos.

_ ¿Vas a decirme ahora quién dice tu libro que soy?

_ Aún no estás lista. Pero pronto lo estarás. Estoy seguro de que lo entenderás, y lo superarás.

_ A veces hablas como si no fueses un niño. ¿Te lo han dicho antes?

_ De vez en cuando.

August Wayne/?

_ Ya era hora de que te despertaras.

No veía nada más que un foco en la parte superior de la habitación, y aquella mujer de cabellos pelirrojos. Me miraba con aire de suficiencia, como si supiese algo que yo ignoraba. Aunque estaba claro que sabía algo sobre la maldición, porque su mensaje había sido muy claro. Conocía la maldición y llevaba veintiocho años acumulando rabia para soltármela cuando llegase.

_ ¿Y tú quien eres, si puede saberse?

_ Christina Auditore.

_ Lo siento, pero eso no me dice nada.

_ ¿Y a Roja la conoces?_ me espetó, cruzándose de brazos.

_ Sí, pero tú no eres ella._ Le dije, malhumorado.

_ No, pero digamos que somos parientes, y ella es una de las dos razones por las que quiero que esta maldición se rompa.

_ He venido aquí para eso. Y si me tienes aquí atado no creo poder ayudarte mucho. ¿Sabes?

Henry Mills/Residencia Stealer.

Ahí estaba, en el porche de la casa que había sido mi hogar durante de diez años. No quería volver a entrar, no con Shadow. Quizás los cuentos dijesen que ella era buena, pero si lo fuese me ayudaría a romper la maldición, en lugar de ocultarla a pesar de todo. Regina me ofrecía muchas más esperanzas, a pesar de lo que mi libro decía sobre ella. Era realmente contradictorio.

Ella insistía en saber la verdad, pero yo no podía decírsela. Era una mujer amable y buena, que se preocupaba por los demás. ¿Cómo iba a decirle que ella era la reina malvada? No podía decirle que todas las atrocidades que mi libro narraba las había cometido ella. Sencillamente la quería demasiado como para decirle que había sido malvada en su vida anterior.

Entré en casa y observé a Shadow en el salón, tomándose una taza de café. Pero lo que me resultaba extraño era que no estaba sola. Jefferson estaba con ella. ¿Acaso habrían hecho las paces? Por la forma en que ella le cogía la mano antes de percatarse de mi presencia estaba seguro de que sí.

_ Henry… ¿Dónde has estado?_ me preguntó, aunque yo tenía bien claro que esa no era su preocupación unos minutos antes.

_ Estuve con mi madre._ le dije, con cierto aire de desafío.

_ Yo soy tu madre._ me dijo ella, con el tono envenenado.

_ Tal vez, pero eres malvada, y no voy a dejar que sigas con esta locura.

Escuché el sonido de la taza al romperse contra el suelo porque la había soltado. Quizás el personaje que los libros narraban era alguien paciente y calculador. Pero lo cierto es que Shadow perdía los nervios con mucha facilidad. Y podía ver esa furia en los ojos marrones.

_ Jefferson. ¿Podrías dejarnos a solas?_ Pude ver por un instante en los ojos de mi madre el amor que profesaba por el hombre siempre ataviado con su bufanda.

Shadow le siguió con la mirada, antes de dejar que la ira volviese a instalarse una vez más en su mirada. Me ordenó con el dedo que me sentase en el sofá y así lo hice. Ella se sentó a mi lado y suspiró.

_ ¿Acaso no te he demostrado que te quiero estos diez años? ¿Qué motivo tienes para llamarme malvada?

_ Sé que podrías impedir esta locura si quisieras. ¡Di la verdad! Confiesa que sabes lo del hechizo.

_ Henry… yo no sé nada sobre ningún hechizo. Pero sí tengo clara una cosa.

_ ¿Qué cosa?

_ Que Regina es la mujer que te abandonó, y te está llenando la cabeza de pájaros.

_ Eso no es cierto._ me rebelé.

_ Creo que voy a tener que asegurarme de que no nos moleste más.

_ ¿Qué vas hacer, matarla?

_ No digas estupideces, Henry._ Dijo, aunque yo sabía muy bien que era capaz de hacer tal cosa.