Regina Mills/El hostal de la abuelita.

_ Entonces es cierto… todo es cierto_ Exclamé retrocediendo hasta que mi espalda chocó contra la pared._ Tú eres… tú eres pinocho.

_ Sí, es la verdad. La maldición es cierta. Y sólo tú puedes romperla.

_ Pero eso significa que yo soy…

No me contestó, pero no hacía falta que lo hiciese. Los dos sabíamos que yo, efectivamente, era la reina malvada. Yo había lanzado aquel hechizo, y por ello sólo yo podía romperlo. Pero lo más importante era. ¿Quería romperlo? ¿Quería ponerlos a todos en mi contra? ¿Acaso quería recordar mi vida anterior? August estaba extrañamente silencioso, pero yo ya prácticamente no necesitaba saber más cosas. Salvo un par de ellas, que me resultaban realmente importantes.

_ ¿Y por eso me abandonaste? ¿Apareciste aquella noche después de tantos años y volviste a irte porque volvía a parecerte la reina malvada?

_ No. No fue así.

_ ¿Entonces por qué?_ exclamé, furiosa, dando un manotazo que hizo caer la lámpara de la mesilla.

_ Me fui por qué era un ímbecil, Regina. Y porque a día de hoy aún sigo siéndolo.

_ ¿Y qué hay de Henry?

_ ¿Qué tiene que ver que Henry con todo esto?

_ Creo que tiene mucho que ver con todo esto, porque Henry es tu hijo._ estallé.

Alice/El país de las maravillas.

La reina de corazones me dejó caer al suelo. Pensé que me perdonaba la vida, pero esa impresión no tardó en desaparecer. La muñeca acababa de aparecer. Podía ver odio en su ojo de madera, mientras que el que estaba oculto tras la porcelana seguía tan insondable como el anterior.

_ Encárgate de ella y esta vez no falles._ ordenó la reina, mirándome como se mira un chicle que se te ha pegado al zapato.

Hice lo único que podía hacer. Correr como si mi vida dependiese de ello, porque realmente así era. Sin embargo tuve claro desde un principio que no iba a lograr escapar. Y mucho menos cuando nos metimos en los jardines, que parecían un auténtico laberinto. Finalmente me tropecé y caí al suelo. Ella se plantó delante de mí y alzó una espada, y empecé a llorar a moco tendido.

_ No puedo hacerlo._ dijo, bajando la espada._ No puedo matar a una niña.

Envainó la espada y buscó un botecillo en su vestido, que me entregó. Contenía un líquido de color rojo oscuro y de él colgaba una etiqueta en la que rezaba "bébeme" Lo miré sin atreverme a hacer lo que me pedía. Ella se acercó, y pude ver al final algo de vida en el ojo que estaba a mi alcance.

_ La reina me lleva mintiendo mucho tiempo. Ahora lo entiendo. Hay que detenerla. Y para hacerlo tienes que beberte esto.

Asentí y quité el tapón al frasco, que me llevé a los labios. Tenía un sabor especial, pero que a la vez me resultaba familiar.

Anzu Stealer/Bajo la Biblioteca

_ ¡Yo tampoco te he echado de menos si te inquieta saberlo!_ Exclamé hacia la oscuridad.

Por respuesta recibí una llamarada que casi derrite la roca tras la que me encontraba. De hecho, mi sombrero estalló en llamas y tuve que deshacerme de él. Sólo a mí se me ocurría volver a enfrentarme contra maléfica sin mis poderes. Pero si quería salvar a Lucrezia, sólo había una manera, traer la magia a Storybrooke.

_ ¿Crees que puedes venir aquí, después de tantos años y esperar mi favor?_ La verdad es que me sorprendió que supiese hablar en su forma de dragón, porque no creía que tuviese cuerdas vocales.

_ No busco tu favor, al contrario, espero que vomites_ Le dije, con mala uva._ Suelta el huevo de oro y me ahorraré la molestia de tener que matarte.

Por supuesto aquello no hizo más que irritar aún más a maléfica, que lanzó otro aluvión incendiario sobre mí, que esquivé como mejor pude. Ser humana me estaba empezando a pasar factura. Mi respiración se agitaba y el polvo hacía que tosiera. Hacía tiempo que no echaba tan en falta mis poderes.

La espada ahora me era pesada, y ya no me sentía como la magnífica que había sido siempre. Maléfica lo sabía, e incluso me pareció escuchar una risa proveniente de su persona. Tenía que pensar rápido, así que sin más, y esquivando otra bocanada de fuego me lancé sobre su cabeza.

Ella se movió de un lado a otro y yo me sujeté lo mejor que pude. Quería moverse para que yo me cayese, pero en la sala no había suficiente espacio. Eché la espada hacia atrás y estoqué con todas mis fuerzas contra su cráneo, aunque no sabía si mi fuerza humana iba a bastar para aquello.

Regina Mills/El parque del castillo.

Había salido corriendo y al final había acabado en el mismo lugar en que acababa siempre. Con Henry, el único que parecía tenerme aprecio. Ahora ya sabía que me había dicho la verdad, que la maldición existía. Yo era la reina malvada. Y eso me daba un terror que no podría llegar a describir. Cuanto más miraba el libro, más miedo me daba. Yo no quería ser esa persona.

_ No voy a poder hacerlo, Henry. Me quedaré sola. Todos me odiarán… y yo seré… malvada otra vez.

_ No lo serás. Entonces tú vida no tenía sentido. Pero ahora lo tiene. Y me tienes a mí.

_ ¿Me seguirás queriendo, a pesar de todo?

_ Sé que puedes enmendarte. No me importa quién fuiste. Sólo quién puedes llegar a ser.

_ ¿Cómo rompo la maldición?

La Reina de corazones/Palacio de Corazones

Algo pasaba en los jardines. Se escuchaban voces. Al principio parecía un murmullo, pero pronto se convirtió en un cántico. Me desplacé hasta ellos, con el único propósito de descubrir qué diablos estaba pasando. De hecho, sentí cómo la sangre se me hervía en las venas al darme cuenta de qué estaban cantando exactamente.

Alicia, querida ¿Dónde has estado?

Tan cerca, tan lejos o acaso en el medio

¿Has escuchado algo en lo que has visto?

¡Alicia, Alicia, ayúdanos, Alicia!

Cogí una rosa del jardín y la convertí en cristal. No me importaba cuánto aprecio le tuviese este mundo a Alicia, o cuánto se me odiase. Este reino me pertenecía por entero, y no iba a dejar que una niña me lo arrebatase. Aplastaría cada pequeño reducto de rebelión que hubiese en él, y me aseguraría de que todos lo recordasen durante toda la eternidad. Todos aprenderían a respetar a su reina.

_ Es una pena.

Me giré, y me encontré a una adolescente rubia, vestida de cuero negro de arriba abajo. Supe, sin que me lo dijese, que esa chica era Alicia. La miré, altanera, pensando que no sabía en qué se metía. Iba a partirla en trozos, y a arrancarle el corazón.

_ ¿Qué es una pena?_ pregunté

_ Que tenga que matarte…_ dijo, quitándose las gafas de sol, y mostrándome sus ojos azules._ Porque confieso tengo más ganas de hacer otra cosa contigo.

Regina Mills/Residencia Stealer

_ ¿Estás seguro que de que Shadow tiene la respuesta? ¿No sería un horror para ella pasarse 28 años sabiendo de la maldición sin poder hacer nada?

_ La ha cambiado. ¿Sabes? Desde niño me di cuenta de que con el paso del tiempo, ella ha ido a peor. No se parece a la mujer que describen los cuentos, no en los últimos en los que aparece, al menos.

Las puertas se abrieron de par en par, y allí estaba ella. Nunca la había visto tan imponente, tan poderosa. Empezaba a entender porque Henry había ido a buscarme a Boston.

_ Me encantaría saber qué hace usted en mi casa, señorita Mills.

_ ¡Está aquí para romper la maldición!_ nos delató Henry._ ¡No podrás engañarla más tiempo!

_ ¿Entonces ya lo sabe todo?_ dijo, mirándome.

_ Así es._ Le dije, con más valor del que sentía.

_ Entonces hay algo que llevo veintiocho años deseando hacer…

_ ¿Y qué por fin harás?_ preguntó Jefferson, desde la entrada.

Yo me preguntaba qué iba a hacer. Quizás había estado esperando para matarme, quizás tenía algo oscuro preparado. Aunque desde luego no esperaba lo que hizo. Cerró la mano en un puño, y me dio un puñetazo en toda la nariz. Aquello me dolió, y mucho.

_ ¿Eso a qué a…?_ No pude terminar, porque en cuanto separé mis manos de la cara me dio otro puñetazo.

_ Eso por lanzar la maldición, y por separarme de mi familia.

Iba a tomar represalias, pero Jefferson cogió a Shadow de la mano y le dio un beso apasionado. Aquella situación era tan irreal que tuve que terminar de creerme lo de la maldición. Los dos amantes se miraron a los ojos, sonriendo. Si no me hubiese dolido tanto la nariz, quizás lo hubiese encontrado hasta tierno.

_ Echaba de menos a mi esposa._ susurró el sombrerero, apartando un mechón pelirrojo del rostro de Shadow.

_ Yo también la echaba de menos._ susurró la mujer, besándolo otra vez.

_ ¿Soy el único al que le importa romper la maldición?_ nos interrumpió Henry.

Melody Song/Estudio de Grabación

Nos compenetrábamos. Mi voz y la de Alexandra parecían hechas para cantar unidas. No había tenido una compañera como ella jamás. Seguía mis movimientos y se cuadraba conmigo a la perfección. Miraba a mi derecha y siempre estaba ahí. No tardamos en sacar un single que se convirtió en un verdadero éxito.

Pero todos los beneficios eran para Vanessa. Alexandra apenas se llevaba un diez por ciento, y aquello no era justo. Su ilusión por cumplir su sueño la cegaba. Vanessa la hacía trabajar sin descanso, y las ojeras no tardaban en aparecer y se la veía alicaída fuera del escenario. Me sentía muy unida a ella, y tras verla derrumbarse después de una actuación, me presenté en el estudio y planté cara a Vanessa.

_ Dale lo que se ha ganado, Vanessa.

_ ¿Por qué? ¿Has olvidado lo que te enseñé? La familia es lo único que importa.

_ Me has dado la razón.

_ ¿Disculpa?_ me preguntó, fijando su mirada en mí.

_ Ella es como una hermana para mí.

_ Ya firmó el contrato, Melody.

Mis orejas se alzaron, ese era un gesto que me ocurría cuando me enfadaba. Estaba harta de aquello. Alexandra daba el ciento diez por ciento, y merecía la compensación que se había ganado. Di un golpe sobre la mesa, que hizo que uno de los adornos que había en ella, una escultura de una anguila eléctrica, se cayó y se rompió en pedazos.

_ Pero yo no. Yo no tengo contrato. Y si no le haces un contrato de verdad, cogeré esa puerta.

_ ¿Es esa manera de hablarle a tu madre?_ Me preguntó, poniéndose en pie.

_ ¡Tú no eres mi madre!_ Exclamé.

Ella volvió a sentarse y me dedicó una mirada dolida. Aquello que había dicho estaba de más. Me senté y nos miramos incómodas unos segundos, hasta que me decidí a hablar.

_ No debí decir eso.

_ No importa, es la verdad._ Dijo la promotora, sin mirarme a los ojos.

_ No, no es cierto. Tú eres mi madre. La única que se ha preocupado por mí._ Le cogí la mano lentamente._ Mis padres me abandonaron porque les parecí un monstruito de orejas puntiagudas. A ti eso jamás te ha importado.

Me levanté y ella lo hizo también. Nos abrazamos y sonreímos. Se lo debía todo a Vanessa, pero a veces tenía que hacer el papel de conciencia para ella.

_ Está bien, Melody. Tú ganas. Reharé el contrato de Alexandra.

_ Gracias mamá.

Lucrezia Shayker/El país de las maravillas

La reina de corazones era dura de pelar. Pensé que comentarle desde un principio que no habría tenido quejas sobre acostarme con ella no había sido una buena decisión, pero yo no me caracterizaba por ser buena tomando decisiones, mi madre lo sabía bien. La reina había convertido en cristal todo el laberinto, que ya no me brindaba su apoyo con sus canciones.

Me preguntaba dónde diablos se había metido la muñeca. Ya había probado todo mi arsenal. La había abofeteado con todas mis fuerzas, le había clavado un tacón en el ojo e incluso le había lanzando un montón de polvo de hadas, que ahora estaba desperdigado por el suelo. A decir verdad, ahora desearía volver a ser Alice para no ver las cosas tan negras como las veía. Observé como empezaba a acumular magia entre sus manos y preparaba el golpe de gracia. Estaba claro que de esa no iba a salir.