August Wayne/Boston/Flashback

Me desperté producto del intenso dolor que me sacudía la pierna. Gemí de dolor, y al instante noté movimiento a mi lado. La joven que se encontraba a mi lado me miró con preocupación, y emitió un sonido que prometía ser una frase, pero yo la detuve colocando un dedo sobre sus labios. A pesar de todo, pude notar reproche en aquellos ojos oscuros.

_ Estoy bien.

_ La gente no grita de esa manera cuando está bien.

_ Regina, estoy bien. De verdad. Se me pasará. Duérmete.

Ella agitó su cabello azabache mientras negaba. Sabía que esa negación venía significando que era incorregible, pero no podía decirle lo que me estaba pasando, no me creería. Durante diecisiete años había sido lo bastante cuidadoso como para asegurarme de que no supiese nada. Sabía que debía hacerlo, y que si me dolía la pierna, era precisamente porque no había sido capaz de decírselo.

¿Cómo decirle a una mujer tan dulce, tan amable, que había sido la reina malvada del cuento de Blancanieves? Ella había recibido una segunda oportunidad, y la había aprovechado muy bien. Se había convertido en una persona distinta, una persona pura. Se había convertido en la chica de la que me había enamorado. La mujer que llevaba mi alianza de compromiso.

_ Ahora me he desvelado, August. No puedo dormir.

Sonrió y me acarició el cuello con la mano. Y me sentí culpable. Culpable de no ser sincero con la persona más importante de mi vida. Aparté la mirada, y noté la suya clavarse en mí. Lentamente me separé y me dirigí hacia la puerta, presintiendo su confusión.

_ Necesito tomar el aire. No tardaré.

Bajé y me apoyé en la pared del edificio, observando las estrellas. ¿Cómo iba a decirle a Regina lo que estaba pasando? ¿Cómo decirle la verdad sin confesarle quien era? Me separé un poco, cojeando, y me moví en dirección hacia un callejón. Pero me quedé congelado al escuchar un sonido y notar algo frío clavarse en mi espalda. Una pistola, de dos cañones por lo que pude notar.

_ No llevo nada encima._ Fue lo primero que se me ocurrió decir.

_ Mala respuesta cielo, pero no vengo por eso._ Me respondió una voz de mujer, irónica.

_ ¿Entonces por qué?_ Intenté girarme, pero noté como la pistola aumentar la presión sobre mi espalda, lo que era un claro aviso, si me giraba dispararía.

_ Tenías una misión, una única misión. Y la has estropeado.

_ ¿Qué sabes tú de eso?_ Le espeté.

_ No mucho, la verdad. Sé que hay una persona que está muy cabreada por las acciones de pinocho.

_ ¿Cuánto te pagan por esto? Lo igualaré.

_ ¿Me tomas por una vulgar mercenaria? La lealtad no se compra. Te propongo un trato. Tú me escuchas y yo no te vuelo la tapa de los sesos.

_ Muy bien._ Dije, a regañadientes.

_ La persona que me llamó me dice que has estropeado tanto el trabajo que ha tenido que encargarse en persona. Así que quiere que salgas de la vida de Regina para poder encargarse.

_ ¡No!_ Exclamé, como si la idea me produjese dolor físico, pues de hecho noté un latigazo en mi pierna.

_ No te estoy preguntando. Has sido una molestia para ella durante todos estos años. Ya es hora de que te quites de en medio y culpa su destino.

_ No permitiré que la hagáis caer en semejante desgracia._ Me dije, tratando de girarme otra vez.

Pero al hacerlo no vi la mujer, que parecía encontrarse a mi espalda una vez más. Ella rió musicalmente yo me dejé caer al suelo, derrotado. Ella se acercó a mi oído, y susurró muy despacio.

_ Es tu decisión, August. Escoger para ella la vida o la muerte.

Regina Mills/Local de la abuelita

Las teclas sonaban mientras trabajaba en aquella cafetería. No era lo mismo que trabajar allí que en mi despacho, decididamente era más tedioso. Sin embargo, no pensaba salir de la ciudad, no sin Henry y sin tener claro qué pensaba hacer con mi vida. Por una parte tenía una historia en Boston, un trabajo y una casa. Pero por otra, aquella historia era tan falsa como las que había inventado para la gente de Storybrooke. Me perdí en mis pensamientos hasta que alguien, de un golpe, cerró mi portátil.

_ ¿Puedo ayudarte, Desideria?_ Le pregunté, todo lo amablemente que fui capaz teniendo en cuenta que la última vez que la vi quiso matarme.

_ No, no puedes.

_ Puedo saber entonces a qué se debe tu intrusión._ quise saber.

_ No puedes ayudarme a mí, pero sí a August. Él te necesita.

_ Llega diez años tarde para eso, Desideria.

_ ¿Tanto te repugna que sea de madera?_ Me espetó, cerrando los puños.

Me habría reído ante aquello, pero habría sido de mal gusto. Desideria no tenía idea de lo que estaba hablando. Veía las cosas de un modo monocromático, pero no eran así. Coloqué las manos bajo la barbilla, la miré a los ojos y hablé con claridad.

_ Me es indiferente que sea de madera o de acero forjado. Me traicionó, y se merece cuanto le ha pasado.

Pude ver que iba a decir algo, pero un sonido de explosión llamó la atención de ambas. Sentí un escalofrío, y no pude evitar pensar que probablemente, dicha explosión tendría que ver con August.

Regina Mills/Boston/Flashback

Había pasado un mes, y él no había aparecido. Sentía mi corazón hecho trizas, como si estuviese hecho de cristal, y alguien lo hubiese golpeado con un martillo hasta no dejar de él más que un montón de polvo transparente. No entendía que había hecho mal. Aferré una vez más el que fuese mi anillo de compromiso y me lo llevé al corazón, cerrando la mano a su alrededor, pero era totalmente inútil. Aquello no iba a darme ningún alivio. Lo miré una última vez, y lo lancé por la ventana, incapaz de mirarlo más tiempo.

Había llorado demasiado tiempo, y no podía continuar así. Debía ser una persona más fuerte y decidida, ya que de lo contrario iba a morir de soledad. Me vestí con mi traje de trabajo y me lavé la cara, tratando de que no pareciese que había estado llorando. A pesar de todo, y conociendo mi estado anímico, me maquillé con maquillaje a prueba de agua, ya que no quería acabar con dos chorros negros bajando por mi rostro. Creo que cuando llegué a la peluquería y me senté, mi peluquera no lo advirtió.

_ ¿Las puntas, querida?

_ No, quiero un corte nuevo. Siento que necesito deshacerme de la melena, a la altura de los hombros estará bien, e incluso quizá algo más.

Regina Mills/El bosque.

El bosque se presentaba más activo que de costumbre. Los animales, asustados, huían de las explosiones, porque la primera parecía haber sido tan sólo el inicio de toda una traca de bombas. Estaba preocupada, porque eso no podía ser una coincidencia. August tenía que estar en problemas y yo no podía quedarme sin hacer nada. Era cierto que estaba enfadada con él, pero eso no significaba que lo quisiera muerto. No podía permitirlo, sencillamente la idea me producía un intenso dolor en el pecho.

En ese momento, sentí algo duro bajo mi pie. Aparté la bota y recogí el objeto del suelo. Mis ojos se abrieron de par en par al reconocer mi anillo de compromiso. Lo recogí, y noté que estaba ligeramente caliente. Desideria me miró, como si esperara que hiciese algo.

_ ¿August llevaba esto?_ Le pregunté.

_ Siempre lo lleva encima. Ha debido de pasarle algo. ¿Qué esperas, vamos?

No hizo falta buscarlo con mucho ahínco para darme cuenta de donde estaba. Escuché un grito suyo, y le encontré tirado en el suelo. La madera de sus brazos parecía estar quemada. En sus ojos encontré una expresión vacía, realmente propia de una marioneta en lugar de una persona. Le golpeé en el pecho, pero no hubo respuesta. Y noté como algo, en lo más profundo de mi ser, se desgarraba. Podía ocultarme tras un muro de cinismo, tratar de hacer pensar a los demás e incluso a mí misma que no sentía nada, pero no dejaría de ser una impresión falsa. Yo amaba a August, le amaba con todo mi corazón.

_ A decir verdad, no pensaba que resistiría tanto._ Me interrumpió una voz._ Pero ha merecido la pena tan sólo por verte sufrir. Ahora que he acabado aquí quizás me encargue de Henry.

Debí haber supuesto que esto tenía que ser cosa de una de las dos, Sheryanna o Discordia. En este caso era la primera. Al verla, la ira dentro de mí tomó el control. Me puse en pie, frente a ella, y mis manos comenzaron a despedir chispas, producto de la magia que llevaba tiempo conteniendo. Tendría que romper mi promesa, me gustase o no. Aunque estaba segura de que lo iba a disfrutar.

_ No eres rival para mí, Regina._ Me dijo, haciendo aparecer una espada entre sus manos._ Además, estás desarmada.

_ No necesito un arma para derrotarte._ Dije, ya sin contener mi rabia.

Ella se movió, pero yo no fui capaz de verla hasta que noté un codazo entre las costillas. De haber querido matarme lo podría haber hecho en aquel mismo momento, pero no lo hizo y ese sería su error. Me concentré, tenía que lanzar mi mejor hechizo. , uno capaz de destruir la oscuridad, de acabar con su poder.

Sentí como la energía manaba por mi cuerpo, y sonreí al tiempo que habría los ojos. Alcé las manos, y noté una sensación similar a una corriente eléctrica. Acto seguido, y ante su sorpresa, pude agacharme y tocar el suelo. Una hilera de luz, como una telaraña, cubrió el suelo a mi alrededor, incluyendo la zona donde ella se encontraba. El suelo se agrietó, y la luz comenzó a manar de las grietas. Yo sentí una cálida sensación de paz, pero ella comenzó a retorcerse de dolor, y cuando quise darme cuenta, la vi cerrar sus ojos y desvanecerse, con una extraña expresión de paz, como si realmente desease abandonar el mundo de los vivos.

_ Regina…

Me giré, y contemplé a Desideria, que me observaba con la mirada seria. Pensé que la encontraría llorando, o sumida en la desesperación, pero ese no parecía ser su carácter. Yo me sentía destrozada por dentro, y quería llorar, llorar con todas mis fuerzas, pero las lágrimas no acudían a mis ojos.

_ Aún vive… Hemos de ir con el hada azul, antes de que sea tarde.

Discordia/Junto al piano.

No aparecía. Sheryanna estaba fuera desde hace horas y empezaba a preocuparme. Preocupación que no hizo más que aumentar cuando un resplandor apareció ante mí, y una carta se posó bajo mis pies. Un sobre simple, sin inscripción alguna. Con los bordes ornamentados de dorado. La cogí y noté como el sello que me aseguraba que no había sido abierta se separaba del cierre y extraje la carta. No tardé en reconocer su letra.

Mi amada Discordia:

Ante todo, espero que entiendas que lo que voy a hacer, lo haré por ti. Pues te estoy arrebatando la vida que mereces, te estoy arrebatando tu felicidad. Te he metido en una batalla que no te compete, una en la que no tienes por qué participar. No hablo de la reina, ni de sus aliados. Hablo de mi misma, y de la batalla que hace siglos que sostengo contra la oscuridad de mi interior. Por más que he tratado de buscarla, no hay bondad en mí, pues carezco de corazón. Soy alguien que no sabe amar, incapaz de sentir verdadera felicidad. Y tú, querida mía, mereces algo mucho mejor que eso. Voy a encarar a la oscuridad de mi ser por mí misma y lo más probable es que no sobreviva. Si estás leyendo esta carta, es que mi vida ha alcanzado su amargo final. Pero si es así, me siento conforme, pues soy una egoísta por negarte ser feliz junto a alguien que te ame de verdad, alguien que no te arrastre por un camino de tinieblas como este.

Sheryanna Shaykary

Me quedé mirando aquella carta con incredulidad, y las lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas. Mi amada Sheryanna me había abandonado, después de cuanto habíamos pasado juntas, y no terminaba de entender su explicación. ¿Acaso cuando estaba a su lado el calor que me brindaba era falso? ¿Acaso no me quería? Me negaba a creer eso. Yo había sentido su amor, su afecto y su cariño, y eran reales, eso no iba a poder negarlo jamás, por mucho que leyese aquella carta.

Sheryanna Shaykary/Prisión/Flashback

_ ¿Tanto deseas recuperarla que has acudido aquí?_ Espetó una voz de hombre desde la celda.

_ Más que nada en este mundo_ Recalqué, tratando de mantenerme alejada de aquellos barrotes dorados.

_ Tú no tienes corazón. No sabes amar. ¿Por qué arriesgarías tu vida por otra persona?

_ Porque, como bien has dicho, no tengo corazón. Pero cuando estoy con ella…

_ Sí…_ Insistió el hombre.

_ Cuando estoy con ella me siento como si tuviese uno.