Regina Mills/Convento de Storybrooke.

_ ¿Se pondrá bien?_ Pregunté, mientras lo observaba.

Nunca había visto a August así. Tan débil, tan vulnerable. No se merecía aquello, no por mi culpa. La madre superiora le estaba examinando cuando el suelo bajo mis pies comenzó a temblar, y un grito hizo presa de mi cabeza, haciendo temblar mi cuerpo.

_ ¡Regina! ¡Sal de ahí o te sacaré de entre lo que quede del edificio cuando acabe con él!

_ Supongo que no me queda más remedio._ Susurré, mientras me dirigía hacia la puerta.

_ ¡Para!_ Exclamó Desideria_ Ella no es como Sheryanna. Es inmortal. Te matará.

_ Si eso es lo que tiene que pasar, que sea así. No voy a arriesgar la vida de los demás por más tiempo por algo que sólo es cosa mía.

Discordia tenía una expresión de furia extrema cuando nos encontramos. Sus ojos parecían llamear, pero yo no tenía miedo. Había llevado una vida de oscuridad, de tinieblas. En ese sentido, ambas éramos idénticas. Y podía calcular el punto exacto en que se encontraba.

_ Puedes matarme ahora si quieres, pero eso no te la devolverá. Ella lo escogió, y tú lo sabes.

En aquel momento, alzó la mano y observé como un relámpago se formaba en su mano. Cerré los ojos, dispuesta a sacrificar mi vida. Pero en aquel momento, noté como algo se interponía entre las dos, y abrí los ojos. Anzu estaba delante de mí, con ambas manos extendidas, protegiéndome.

_ Si quieres matarla, antes tendrás que matarme a mí._ Dijo, con una convicción que no esperaba de ella.

_ ¿Y por qué tendrías que arriesgar tu vida por ella, después de lo que nos ha hecho?

_ Es lo que las madres hacen por sus hijas.

Sheryanna Shaykary/Mazmorras.

El rechazo de Odín me había llevado directamente a aquella mazmorra. Una jaula de oro, como la llamarían algunos. Sabía el lugar exacto al que tenía que ir, y nada iba a detenerme o retrasarme. Me apoyé en los barrotes y miré a Loki a los ojos a través de ellos, con una expresión falsamente serena.

_ ¿Tanto deseas recuperarla que has acudido aquí?_ Espetó una voz de hombre desde la celda.

_ Más que nada en este mundo_ Recalqué, tratando de mantenerme alejada de aquellos barrotes dorados.

_ Tú no tienes corazón. No sabes amar. ¿Por qué arriesgarías tu vida por otra persona?

_ Porque, como bien has dicho, no tengo corazón. Pero cuando estoy con ella…

_ Sí…_ Insistió el hombre.

_ Cuando estoy con ella me siento como si tuviese uno.

_ Enternecedor. Pero como comprenderás, poco puedo hacer aquí encerrado.

_ No vengo por tu ayuda, vengo por tu poder. No saldré de aquí sin él.

Regina Mills/Ante el convento

Anzu estaba decidida, y por algún motivo, Discordia dudaba en atacarla a ella o no. Pero antes de que pudiese decir algo, vi como una tercera persona se ponía delante de Anzu. Una mujer, con el cabello dorado, vestida de blanco y dorado, como un ángel. Tanto Dicordia como Anzu dieron un paso atrás al verla, producto de la sorpresa, y en el caso de Discordia, casi me pareció sentir verdadero temor.

_ ¡Zandra!_ Exclamó la vampiresa, lanzándose a sus brazos.

La mujer sonrió, le dio un beso en la mejilla y le pidió que se apartase. Anzu lo hizo, ya más confiada. Zandramas avanzó con calma y se colocó delante de Discordia, que pretendía mantenerse serena, pero ya no daba la impresión de estar en absoluto confiada.

_ Tú sabías que esto pasaría, que no podías retenerme en el cuerpo que escogiste para mí para siempre. Fue duro escapar de aquel museo y reponerme. Pero ahora ten claro que no voy a dejar que hieras a nadie más.

Discordia sacó su cetro y le lanzó un rayo con él, pero no pareció hacerle lo más mínimo, más bien al contrario. La rubia adelantó la mano y el cetro se escapó de sus manos, para volver a las de su legítima dueña.

_ Es suficiente. Esto se ha terminado._ Dijo, ante lo que Discordia asintió, desganada.

Pensé que todo había terminado, pero cuando nos relajamos, un relámpago vino en mi dirección. Sin embargo, nuevamente alguien se interpuso en el ataque, alguien que hubiese recibido que no estuviese allí. Alguien cuyo cuerpo de madera comenzó a arder.

_ ¡August!

Roja/Bodega del Jolly Roger.

_ Temo que no vamos a salir de esta._ Murmuré, algo impedía que la Luna me dejase transformarme, probablemente el mismo hechizo que había hecho el barco invisible.

Así que no iba a lograr desatarme. Seguiríamos confinados en aquella bodega bastante tiempo a mi parecer. Aunque al capitán no parecía importarle. En el tiempo que llevábamos allí, y no había sido poco, tan sólo le había oído quejarse de la ausencia de ron. Creía que si no me mataba el hambre iba a hacerlo el aburrimiento. Así que le di una patada al capitán, que estaba dormitando. Se despertó de mal humor y me preguntó que qué quería.

_ Quiero que me cuentes alguna de esas historias de piratas.

Regina Mills/Frente al convento.

Una importante mancha negra había aparecido en el pecho de August, pero esta vez estaba consciente, lo que no me confortaba en absoluto. Me sentía como una idiota, ya que lo había tratado fatal, sin preocuparme por lo que pudiese sentir o padecer. Y él había dado su vida por mí, porque a pesar de todo me seguía queriendo. Le miré a los ojos y acerqué mis labios a los suyos. Sin importarme que fuesen de madera, los besé, y noté como un extraño calor se adueñaba de su cuerpo.

Había funcionado realmente. Podía notar como su pecho subía y bajaba. Abrí los ojos, y allí estaba el comienzo de mi nueva vida. Tenía otra oportunidad, y esta vez, no pensaba tirarla por la borda. Rodeé el cuello de August con los brazos y le besé, sabiendo que esta vez nadie podría romper nuestra familia.