Hi Hi! Aquí les vengo la continuación. Gracias por los comentarios, me alegra que les haya gustado!

Actualizaré este fic de manera irregular como mi otro Fic, no saco uno por semana porque sinceramente es algo que cuando tengo la idea en la mente la apunto lo más rápido posible para no perderla, esto no significa que va a pasar 1 mes y no habrá continuación sino como puede que una semana haya pasado y no haya actualizado como también es posible que en una semana actualice dos capítulos. Es según mi estado de ánimo e imaginación.

Muchas gracias por leer!

Hakufumomo ~

-Los Personajes de The Mortal Instruments pertenecia a Cassandra Clare

-Pareja: Magnus x Alec

Memorias de un pasado olvidado

Capítulo 2: No es mi hermano.

Isabelle se encontraba sentada sobre un enorme sillón bordó de terciopelo, su rostro afligido por la tristeza había logrado invadir el corazón de Magnus que cordialmente la invitó a su casa. –Aquí tienes- Le dijo el Brujo, ofreciéndole una taza de Café. –Gracias.- respondió, sin mostrar una sonrisa. En cualquier otra ocasión Magnus habría pensado que una respuesta así sería muy descortés de su parte pero viendo a Isabelle y su devastado aspecto, los modales quedaron en otro plano.

-¿Qué le sucedió a Alexander, Isabelle?- "Alexander" pensó, ¿Era realmente la persona que había visto en el Central Park? Había dudado de que fuera èl desde el primer momento en que lo vió, y aún lo sigue haciendo.

-No lo sé, nadie lo sabe- sus manos empezaron a temblar, apoyó la tasa sobre la mesa temiendo poder romperla o tirarla al suelo en cualquier momento. –Fue hace ocho meses, nos habían asignado una misión, pero solo uno de nosotros podía ir acompañado por un equipo de èlite. Alec insistió a nuestros padres en que lo eligieran a èl. –Tomo una bocanada de aire.- Le dije que no lo hiciera, que era mejor que Jace fuera, pero èl se negó a aceptar eso y después de varios intentos logró convencer a mamá y papá. – sus hermosos ojos empezaron a tornarse rojos dejando caer leves gotas de lagrimas. –Luego èl se fue y no supimos nada por diez días, temimos lo peor cuando encontramos cuatro cadáveres de los miembros acompañantes. -

Magnus se imaginó esos diez días sin Alexander, mientras èl se embriagaba y fornicaba todos los días su Alec estaba desaparecido y quizás pasando el peor de sus infiernos. Se lamentó por adentro y pensó que èl debió haber estado ahí, debió de haber ayudado a buscarlo. Debió de haber hecho muchas cosas pero no las hizo, no estuvo ahí para èl. Le había fallado en algo más.

-Pero luego apareció al borde de un río, no había heridas, ni fracturas, ni sangre, casi parecía un milagro. Pero cuando despertó, ya no nos conocía, ya no existíamos para èl. Todo lo que recordaba era su nombre.-

El café ya casi frio reposaba sobre la mesa con los ojos de Isabelle sobre él , intentando hundir los recuerdos de ese día. Dejó caer su largo cabello junto con su rostro, ocultando sus lágrimas, ocultando su tristeza. – No fue un milagro Magnus, fue una maldición. No sé qué es lo que le hicieron a mi hermano. Pero ya no es èl. Lo hemos intentado todo, fotos, videos familiares, paseos, historias pero nada, han pasado ocho meses y no recuerda nada. Ni siquiera a Max, pensé que al visitar su tumba algo en su interior despertaría, pero solo había una mirada gélida en su rostro.-

Alec siempre mencionaba a Max o al menos le hablaba sobre èl a Magnus una vez a la semana, sobre sus juegos, aficiones, de cómo le gustaba leer comics y como después de su muerte Alec se había propuesto a leer los mangas de su hermano. Después de ese día Alec intentó retener cada recuerdo de Max en su mente y en su vida. Ahora para èl Max nunca existió.

-Cuando eso sucedió, yo solo, lo golpee en la cara. Podría haberse olvidado de mi, de nuestros padres, de todo el mundo si quisiera, pero no de Max, èl no se merece eso y sé que no es su culpa pero Max está muerto! Y los muertos no deben ser olvidados.- Magnus sintió pena por Alec, por Isabelle, por Max y toda su familia, quería llorar, acompañar a la joven en las lágrimas. Si no recodaba a sus hermanos de vida se preguntó si alguna vez recordaría a quien le destrozó el corazón. A quien en un callejón lo abandonó.

-Ahora sé que después de ese día me odia, así que simplemente me rendí. – rió melancólicamente.-Lo abandoné.- Cubrió su rostro con sus manos y Magnus se acercó a ella para abrazarla. –es suficiente Isabelle, no necesitas castigarte más.- No se sentía mejor que nadie, sabía que antes de que Isabelle le soltara la mano a su hermano y que Alec se rindiera consigo mismo, èl lo había abandonado primero.

-Se que la única razón por la que se queda en casa es porque sabemos su nombre, pero también sé que no siente nada por nosotros. No nos siente su familia y a veces siento que no nos cree., y que un día de estos se va a ir. Lo sé, un día de estos se irá.

–Isabelle mirame.-Magnus sujetó el rostro de la chica lleno de lagrimas, nunca había visto a Isabelle sin maquillaje y con ese aspecto, estaba acostumbrado a verla brillar y a Alec quejándose por sus ropas muy cortas. La ciudad no había cambiado en nada, quizás ninguno de sus habitantes había cambiado pero si ellos, si sus seres queridos. Se preguntó ¿Dónde estaba èl cuando sus mundos se vinieron abajo? Sabía la respuesta a su propia pregunta. Entre las sabanas con algún extraño. Se odiaba a si mismo por eso.

-Recuperaremos a Alexander, no te preocupes, estoy aquí y haré hasta lo imposible para que vuelva.- Isabelle le otorgó una sonrisa llena de lagrimas, se sintió esperanzada. En el momento en que Magnus había tocado la puerta sintió que se había presentado la oportunidad de recuperar a Alec. No quería que Magnus lo conociese así, pero aún así sentía por dentro que debía de hacerlo. Sentía que si alguien iba a poder revertir esta situación tenía que ser èl.

Sus propias palabras retumbaron en su cabeza, "Recuperaremos a Alexander", sentía que podía recuperarlo para su familia, pero no para èl. Quizás el nuevo Alec era lo que Magnus debería de ver el resto de su vida hasta que èste muera, no se sentía merecedor de volver a ver su sonrisa. Pero su familia si se lo merecía. Al menos ellos no lo habían destrozado como èl había hecho.

Isabelle se apartó de sus manos. –Tengo que volver al instituto, èl ya debe de haber llegado y no quiero preocupar a mi familia.-

-Te acompaño- respondió Magnus.

-Gracias Magnus, realmente agradezco que hayas vuelto.- Había regresado para pedir perdón a Alec, para rogar de rodillas si era necesario. Pero su Alexander se había esfumado por completo. No recordaba su nombre, no recordaba el día en que se le declaró, la primera vez que le hizo el amor, ni siquiera el día que lo dejó. Ahora solo era un simple "subterráneo" para èl.

-Quizás si me merezca que tu hermano me olvide, pero prefiero mil veces ser nombrado idiota y maldecido de la peor manera a que de su boca salga "subterráneo" nuevamente.- Iba a traerlo de vuelta, se pasaría el resto de su vida intentándolo si era necesario.

Ambos se encontraban en la cocina, Isabelle había insistido en que se quedara a tomar una taza de Café en recompensa de la que había dejado enfriarse en casa de Magnus. Con una situación diferente y una Isabelle más relajada, le actualizó sobre todos los intentos y sucesos de esos meses en su ausencia. De cómo Jace aún seguía intentando hablar con èl, se aprendía chistes nuevos para que Alec sonriera pero èl simplemente pasaba de su presencia. Maryse y Robert pasaban por una crisis, según Isabelle ambos se culpan mutuamente por lo sucedido a su hijo. Incluso Iglesia se había rendido al dejar de arañar su puerta para que lo dejara entrar.

Tuvo que interrumpir su conversación para ir al baño, después de tanto tiempo había olvidado lo mala que era Isabelle en la cocina incluso para hacer un café que en ese momento le estaba destrozando las tripas. Detestaba usar los baños que no eran de alguna de sus mansiones, pero viendo la terrible situación en la que estaba no pudo dudar. La joven asintió con la cabeza.

Al salir del baño, el estómago de Magnus recriminó con unos terribles ruidos implorando piedad. –Tranquilo chico, no más café de Isabelle para nosotros-le dijo. Caminando por los pasillos recordó la habitación de Alec, incluso pasando los días jamás había conseguido olvidarla. Se adentró sobre ella para ver si algo había cambiado. La cama era la misma, aunque intentó no verla demasiado, en China varias veces había soñado a Alec teniendo sexo con otro hombre, pesadillas que le revolvían el estómago.

Sobre su escritorio se ausentaban los juguetes de Max que èl había colocado. Revisó su ropero y la ropa seguía siendo la misma, No había portarretratos, pequeños detalles eran los que habían cambiado, pero sentía que estaba lejos de ser la habitación de Alexander que èl recordaba. Alec jamás habría sacado los juguetes de Max.

-¿Qué demonios haces aquí?- Reconoció la voz al instante, con la misma frialdad con la que le había hablado la vez de su reencuentro, èl se encontraba detrás de Magnus.

-Alexander yo- sus palabras se vieron interrumpidas al darse vuelta. Alec se encontraba semi-desnudo en frente de èl con tan solo una toalla que cubría su cintura, su cabello se encontraba mojado al igual que parte de su cuerpo. Magnus notó las cicatrices nuevas que lo rodeaban, èl solía besar sus recuerdos de batalla cuando lo hacían. El brujo no pudo evitar que sus ojos gatunos adquirieran un brillo intenso. Si Alec fuese el mismo se habría abalanzado sobre èl y lo hubiera hecho suyo.

-Vas a arrepentirte de haber entrado aquí sin un permiso Subterráneo.- amenazó Alec. Pero Magnus no hizo caso de sus palabras, estaba perdido admirando su cuerpo, el cuerpo que había extrañado por más de un año había crecido notablemente. Despertó de su ilusión cuando vió que la mano derecha de Alec formaba un puño, iba a golpearlo.

-Alec!- Isabelle apareció de la nada en su defensa. –Yo lo he invitado aquí! No te atrevas a hacerle daño.- Ambos se miraron seriamente, si Magnus quería reforzar lazos entre Alec y su familia, pues no lo estaba haciendo muy bien.

-Isabelle sabes muy bien que no se permiten la entrada a subterráneos.- se dirigió hacia su hermana.

-Lo sé, pero èl no es cualquier subterráneo Alec, èl es -

-Magnus Bane.- Respondió rápidamente Magnus, no creía que era la mejor ocasión para blanquear el pasado entre ambos, tenía la sensación de que no era el momento preciso.

Ambos lo miraron. –No me interesa quien seas, sigues siendo un subterráneo y la entrada te sigue siendo prohibida. Isabelle no tuvo que haberte dejado entrar- respondió Alec.

- Izzy - Dijo Magnus.

-¿Eh?-

-Siempre llamabas a tu hermana "Izzy".- Magnus notó que la cara de Isabelle volvía a la tristeza mientras que la de Alec no se inmutaba para nada. No había palabras, ni gestos. Lo miró a la cara como si estuviese desafiándolo a recordar y Alec desafiándole a irse a cuerpo completo si es que lo lograba. Pero al final el joven solo se dio vuelta pasando cerca de su hermana e ignorándola por completo mientras desaparecía de la habitación.

-Va a ser más difícil de lo que pensé- dijo el Brujo liberándose de la tensión. Se acercó a la joven colocándole una mano sobre el hombre. –No te preocupes Isabelle, lo lograremos.-

-Eso espero.-

Fin del Capítulo 2