A pesar de que el frío y la nieve no cesan para nada, los días pasan y pasan. La Navidad deriva en Nochevieja, que derivará en un Año Nuevo, un nuevo año lleno de propósitos nuevos. Incluso en una cárcel, esa norma general no es una excepción ahí.
—¿Estás segura, Yukiko? Es bastante tarde.
—No te preocupes, Souta. Es un día puntual, no creo que me pase nada. Al menos, nada peor de lo que ya tengo. Quiero estar despierta para saber que he llegado a un nuevo año.
—Servidor supone que, dadas las circunstancias de la joven Yukiko, cada año nuevo es un motivo de gran celebración y júbilo.—deduce Ryouken, algo misterioso.
—Supongo que es cierto, ya que en tu caso cada nuevo día se agradece, ¿No es cierto?—le pregunta el pelirrojo.
—...Ciertamente. Me sorprendió llegar a "ver" el año Nuevo que siguió a la noche en la que el señor Houinbou me salvó la vida, por lo que más me sorprende haber llegado a estar presente para este, trece años después. En ese sentido, la vida ha sido compasiva conmigo… En ese, y en ninguno más.
—...En otros sentidos, no te ha dejado ni un respiro. Sé lo que es eso, Yukiko… Ya es algo del pasado, pero lo entiendo.—suspira Souta, serio, y con los ojos cerrados.
Ambos jóvenes dejan ir un largo y cargado suspiro, el cual Ryouken respeta con un denso silencio por su parte. Nadie sabe exactamente qué decir para llenar el vacío que se ha hecho de repente, así que de momento el silencio es la mejor opción a la que pueden optar.
Fuera de la celda, muchas voces agitadas se oyen, gritando cuánto falta para la cuenta atrás, y algunos nervios por el nuevo año que está tan cerca. Eso no pasa en la celda especial: en cuanto a nervios, todos sus integrantes los tienen bastante controlados.
"¡Cinco minutos, cinco minutos!", gritan muchos de los guardias. Lo suficientemente alto como para que Yukiko, con su oído debilitado, pueda oírles.
—Así que cinco minutos…
—Je, qué infantiles son esos polis. Les dices que los elefantes vuelan y se giran para ver si es verdad.—se mofa Souta, malicioso.
—Keh heh heh… Servidor gustaría de recordarle a su acólito que esos "polis", como él les llama, son los mismos que le retienen en esta prisión. E incluso por esa mera hazaña, merecen un respeto.—le alecciona Ryouken, como de costumbre.
—¡Ah! D-de acuerdo, señor Houinbou...—se rinde, sabiendo que no puede llevarle la contraria al asesino ciego.
Yukiko, a la que se le suele escapar alguna carcajada simpática ante las broncas entre figura paterna y acólito, se muestra muy callada y ausente. Sentada contra la pared, acaricia repetidamente a Kuro, que yace cómodo en su regazo. Parece pensativa.
—Hey, ¿Seguro que estás bien? Te noto agotada, casi no hablas.—le comenta Souta.
—...Así es, estoy un poco cansada.—confiesa, mientras lo evidencia con un bostezo que disimula tapándose la boca.—Pero quiero quedarme hasta que terminen esos cinco minutos que faltan. Luego me acostaré, de verdad. ...Y gracias, Souta, por preocuparte.
—¿Eh? No es eso, es que se te nota a leguas, chiquilla. Te caes de sueño. Eso, y que estás pensando en algo. Lo noto perfectamente.
—...Ya sé que eres perspicaz, Souta.—le adula ella, con una media sonrisa, producto de su cansancio.
—¡Q-que no es eso, es que se te ve en la cara!
—¿La joven Yukiko desea compartir algo con los demás? Puede comentar cualquier cosa que circunde por su mente.—le asegura el anciano ciego.
—...Gracias, señor Houinbou. Si tanto les interesa… En realidad, estaba pensando en que la gente suele tener algún tipo de propósito cuando cambian de año, ¿No es verdad?
—Seh, claro, y más de la mitad no cumplen ni la mitad de cosas de las que se proponen.—asegura Souta, totalmente franco.
—Quizás tengas razón, sin embargo no me es necesario proponerme muchas cosas para luego no cumplirlas. ...No obstante, sí que me gustaría proponerme algo.
—¿Uh, en serio? ¿Y qué es, si puede saberse?—le cuestiona Souta, curioso.
A lo mejor llegando a comprender que lo que Yukiko quiere anunciar es realmente importante, Kuro se incorpora y la ayuda a levantarse. La chica da a entender que está ausente y pensativa unos instantes más, hasta que de repente se muestra mucho más seria y centrada.
—Durante este nuevo año, que seguramente sea el último que pueda vivir, quisiera terminar de pagar mi gran deuda con el señor Houinbou, aunque sea impagable haciendo todo lo que pueda. Además, al mismo tiempo, me haría muy feliz convivir contigo este tiempo, Souta, y que encima pueda serte de ayuda en algo en tu rehabilitación. No sé cómo podría serlo, pero el señor Houinbou está convencido de que algo podré hacer, así que le creo. Y espero que así sea.
Después de su discurso, la muchacha sonríe sencillamente. Souta, al principio, se queda sin saber muy bien qué decir. Reflexiona ante las palabras de la chica, tan leales como ella misma. Nunca ha creído que nadie cumpla lo que se propone para esta fecha tan señalada, o al menos que no le ponga mucho hincapié en cumplirlo, pero con Yukiko le da justamente la impresión contraria. Sabe por todo por lo que ha pasado, y después de todo eso, la ve completamente capaz de cumplir lo que se ha propuesto.
—Yukiko, sabrás lo que estás diciendo, porque por algo lo habrás dicho. Y al haberlo oído, lo que espero es que lo cumplas, lógicamente. Yo estaré aquí para verlo, y si me demuestras que estás dispuesta a cumplirlo, sería capaz, si me perdonas la ironía, de verte con ojos muy distintos a con los que veo a la mayoría del resto de la gente.
—...Me gustaría mucho que fuera así.
—Y ya que estás tan dispuesta a hacer eso por mí, a mí también me gustaría proponerme lo mismo contigo. No creo demasiado en las coincidencias, y tal y como dice el señor Houinbou, si has llegado hasta aquí y hasta ahora, viva, después de todo, será por algo. Si cumples lo que te has propuesto, yo lo cumpliré también, intentando serte de alguna ayuda mientras vivas. Ya que tú lo has hecho por mí, no puedo ser menos, ¿Qué te parece?
Ryouken se queda mudo metafóricamente. No todo el mundo es capaz de sonsacarle tales palabras y proposiciones al acólito al que conoce. Tal y como ha dicho el susodicho, él mismo cree que si las vidas de Yukiko y Souta se han cruzado, se debe a algo más que una coincidencia. Y oírles a los dos, cuyas vidas se han cruzado probablemente por más que el simple azar, proponerse tan leal propuesta, le llena de satisfacción. Está deseando ver el desarrollo del nuevo año, a pesar de ser ciego.
—Aprecio mucho tu proposición, Souta. Gracias. Creo que este año, aunque sea el último que pueda vivir seguramente, promete ser muy interesante.
No sabe por qué, pero Souta no lo niega. No es capaz de negar algo que podría llegar a considerar cierto. "Interesante" es una buena palabra para describir el futuro próximo que se les avecina, especialmente desde que llegó la nueva incorporación a la celda, y a su vida. Simplemente, se queda callado, pensando y sopesando todo esto, cosa que puede saber Ryouken y puede llegar a intuir la exhausta Yukiko.
Se oye una potente cuenta atrás. Cinco. Cuatro. Tres. Dos. Uno. Muchos aplausos y jolgorio. En el exterior empiezan a apreciarse ruidosos y luminosos fuegos artificiales, que dan al traste con el equilibrio de oscuridades que presenta la noche fría.
—¡Ah! ¡Fuegos artificiales! N-no me gustan demasiado… Además de que me traen malos recuerdos.—se asusta Souta, cubriéndose los oídos y arqueando sus finas cejas.
—Keh heh heh...—se ríe Ryouken, con suavidad.—¿Los puede oír la joven Yukiko desde aquí?
—Ehm, sí… Creo poder oír como unas explosiones, y como unos silbidos… ¡Huy!—se espanta, ante un repentino chispazo.—Son muy ruidosos. Tanto la gente como los fuegos. ¿Cómo son, Souta?
—Pues, dado que hay tantos… Caros. E inútiles.—se carcajea con sorna el pelirrojo.
—Muy gracioso...—ironiza Yukiko, alzando una ceja.—Hablaba del aspecto. ¿Tienen color?
—Sí, de hecho. Son de varios colores. Verdes, azules, rojos… Pero dudo que relaciones nada, no creo que sepas cómo son los colores.
Yukiko se sujeta la barbilla con el índice y el pulgar derechos, pensativa.
—Creo… Creo que alguna vez llegué a ver los colores. Sería antes de la amnesia… Por lo que sé que existen colores, y sé que "verde", "azul" y "rojo" son colores, pero… Mi recuerdo de cómo se ven es muy lejano, así que no logro acordarme. Apuesto que es obra de la amnesia.
—...Una pena. En fin, feliz Año Nuevo a todo el mundo.—desea Souta, cayendo por fin en la cuenta de que ya han traspasado las doce de la noche.
—Feliz Año Nuevo, Souta. También a usted, señor Houinbou.
—Keh heh heh… Feliz Año Nuevo al acólito y a la joven Yukiko. Y también a Kuro.—sonríe el anciano, buscando con la mano a su mascota.
Kuro no tarda en encontrar su mano, dejándose acariciar…
—Eso, eso. A ti también, Kuro. Eso es, buen chico.—le dice Souta, con una sonrisa y acariciándole la cabeza.
—Buen Año Nuevo, Kuro.—se une Yukiko, buscándole también, a lo que el animal responde con un suave lametazo en la mano.
Después de desear un feliz año a sus compañeros, Souta y Yukiko hacen ademán de empezar a jugar un poco con Kuro, quien en poco tiempo ha acaparado las atenciones, convirtiéndose en el alma de la celebración. A pesar de sus juegos, ninguno de los dos jóvenes puede olvidar ni olvidará la propuesta que se han hecho, de algún modo u otro, mutuamente.
Al poco, Yukiko vuelve a bostezar. Ha estado despierta demasiado tiempo, y debe acostarse ya.
—Cada día me fatigo más… Noto como mi enfermedad avanza sin tregua. Por eso tengo la sensación de que no duraré mucho más. ¿Entiendes lo que he querido decir?
—Claro… Claro que lo entiendo. Es solo que… Nunca había oído a nadie estar tan tranquilo ante la muerte y todo eso como tú.
—Esa es la verdad, y cuanto antes me conciencie de ello, mejor. Pero, ¿Sabes algo, Souta?
—¿Eh? ¿Y ahora qué pasa?
—Te prometo que ha sido un placer conocerte antes de llegarme a morir.
Esa respuesta deja aturdido a cualquiera. Nunca nadie había especificado el estar complacido de conocer a alguien antes de su muerte. La chica lo dice con una tranquilidad casi preocupante y desconcertante.
—Gra… ¿Gracias?
—Oh, ya sé que haces muy bien en no creer promesas. Yo te lo he dicho de verdad, pero no tienes por qué creerme aunque te lo prometa. En su lugar… Te lo iré demostrando a medida que pase el tiempo que me queda, ¿Te parece?
—...Me parece perfecto. Ese es un buen punto de vista: no creo en las promesas. Pero estoy dispuesto a dejar que me lo demuestres. Si resulta que lo que has prometido es cierto… Mi respeto por ti estará en las nubes, ¿Me explico?
—Claro, claro… Haces muy bien en no creer en promesas… Aunque yo sé de alguien en el que confías plenamente...—le comenta Yukiko, mientras se tapa con la manta de su futón.
—Explícate.
—Hablo del señor Houinbou, Souta. Le eres muy leal, por todo lo que pasó y eso… Eso significa que confías en él, ¿Me equivoco?
Lo medita para sus adentros. Tiene razón.
—Sí, estás en lo cierto. Yo no confío en la gente, me cuesta muchísimo, por razones obvias. El señor Houinbou es la única excepción. Ha sido, es y siempre será como un padre para mí. Por eso confío en él plenamente.
—Por eso le serás leal para siempre, y por eso te da igual lo que haya hecho, porque es como un padre para ti.
—Así es. Supongo que a ti te pasará otro tanto. Si quieres que te sea franco, nunca pensé que alguien como tú existiría.—le asegura Souta, serio.
—¿A qué te refieres?
—Vamos, supongo que te has dado cuenta que tu historia y la mía se parecen bastante. Además, no hablas sinsentido, como la mayoría, sabes. Eres consciente de tu situación, no tratas de aparentar lo que no eres, y anuncias que te vas a morir pronto sin pestañear siquiera. Eso no lo hace todo el mundo. Porque no eres todo el mundo.
—...Me lo tomaré como un halago, así que muchas gracias, Souta. La verdad es que… La mayoría me considera muerta ya, sabes. Por eso intuyo que será porque no me queda mucho. Y no puedo luchar contra eso, porque es algo que no he elegido yo, y no voy a poder cambiar por mucho que quiera. Y también es por eso por lo que he hecho esa propuesta antes.
—...Lo sé.
—Je. Seguro que sí. Sabes muchas cosas. Porque eres muy inteligente.—le sonríe ella, con sencillez.
—Y dale…—protesta Souta.—Creo que me sobreestimas.
Como si Ryouken le hubiese leído la mente a su acólito, viendo que no se le ocurriría bien qué responder, decide intervenir.
—Ya son altas horas para la joven Yukiko. Sería mejor que durmiese, y descansase bien. A pesar de que a servidor le agrada verla charlar con su acólito, mañana podrán continuar.
—Sí… Gracias, señor Houinbou, y buenas noches. A ti también, Souta.
—Buenas noches, Yukiko.
Por mucho que tenga muchas ganas de seguir conversando con su nuevo conocido, al que está encantada de haberlo podido conocer, el sueño gana la batalla una vez más. Su ardua enfermedad está al acecho siempre, limitándola mucho y haciéndola dormir como si se estuviese reponiendo de un esfuerzo supremo que no ha hecho. Todos los días pasa similar.
Aprovechando que el ambiente se ha tornado mucho más silencioso, Souta piensa en lo que ha pasado en los últimos momentos. Él, alguien que no cree en propuestas absurdas de Año Nuevo, acaba de pactar con Yukiko el ayudarse mutuamente como propósito del Nuevo Año. Él, que no cree en promesas, ha mostrado estar dispuesto a ver cómo Yukiko cumple una que le ha hecho. Definitivamente, hay algo en Yukiko muy diferente al resto de la gente.
—Señor Houinbou… Usted… ¿Está de acuerdo con lo que dijo Yukiko antes?
—¿El qué en particular?
—Eso de que dijo… Que el año que acaba de empezar promete ser interesante.
—Keh heh heh… Servidor está seguro de ello, de que será tan interesante como el porqué hay gente que no vuelve a casa nunca más…—sonríe fríamente.— Pero qué extraño… Servidor creía que su acólito no creía en las promesas, menos en la de años que prometen ser interesantes.
A lo que, después de sorprenderse, su acólito alega:
—Lleva toda la razón, pero… Hay algo que me hace creerlo así. Absurdo, ¿No le parece?
—No necesariamente. Los humanos tienen un instinto que se basa en premisas para hacerse una idea sobre qué les puede deparar el futuro. A veces se acierta, a veces se erra. Al fin y al cabo, el futuro es impredecible.
—Totalmente de acuerdo. Así pues, usted cree así por un instinto.
—Keh heh heh… Servidor no puede ver el futuro, evidentemente. Pero rara vez se ha equivocado en esta clase de cosas. Es por eso que considera que hay gran posibilidad de que esté en lo cierto. Además, si así lo cree la joven Yukiko, poseedora de una gran inteligencia, lo dirá por algo. Y si, para añadir más, también el acólito tiene esa impresión, y la inteligencia del acólito no tiene nada que envidiarle a ninguna otra…
El pelirrojo hace un silencio. Sabe de sobras, lejos de ser engreído, que tanto la suya como la del resto de sus compañeros de celda son inteligencias preciadas, y las tres han estado de acuerdo en algo. Así pues, no puede estar muy lejos de la realidad.
Por lo tanto, este año promete ser interesante. Y quizás, en más de un sentido. Pero como no se puede predecir el futuro, solo resta esperar. Esperar a que el año muestre todo su interés.
