El nuevo día se levanta con normalidad, y por lo tanto, toca hacer lo de cada día. Durante la mañana, Yukiko debe tomar clase con Ryouken, que la instruye en su religión budista, mientras Souta observa, como siempre ha asegurado que le gusta hacer. A veces juega con Kuro en la celda sin hacer demasiado ruido, o simplemente se sienta a escuchar parte de las lecciones, por curiosidad o por puro aburrimiento.

—Entonces esa "Rueda del Dorma" es el símbolo del budismo, ¿Verdad?

—Keh heh heh… Casi. "Rueda del Dharma", ese es su nombre correcto.

—Oh, vale. Rueda del… Dharma. De acuerdo.

—¡Bien, muy bien! No es ni una rueda de dorma, ni de dormir, ni de norma, ni de ley… Y va con h intercalada. ¡Ves como a la quinta va la vencida!—se burla Souta, con guasa hacia ella.

—¡La h no suena, listillo, eres muy gracioso! Ya me cuesta bastante como para que encima tengas que venir a reírte de mí...—le contesta ella, con una ceja arqueada.—¡Además, tú no crees en esto, qué sabrás tú!—continúa, en su defensa.

—Pues lo mismo que tú, que por cierto, tampoco crees en esto. —contraataca el pelirrojo, encogiéndose de hombros mientras se ríe.

Ryouken hace sonar con fuerza su cuenco tibetano, cosa que hace que los dos dejen su riña para más tarde.

—¿Servidor ha mencionado ya que en el budismo el silencio es sumamente importante?—pregunta retóricamente, con una media sonrisa y voz baja.

—L-lo siento, señor Houinbou.—se disculpa Yukiko.

—Vale, vale, perdón.—se une Souta, sacudiendo la cabeza y guardando silencio de nuevo.

—Keh heh heh… Bien, servidor cree que lo próximo que debe saber la joven Yukiko es acerca de este objeto que servidor lleva siempre consigo en su mano.

Mientras se lo explica, Ryouken le tiende a Yukiko a ciegas su rosario, hecho con unas bolas de madera unidas por una de metal y una cinta.

—Oh, así que es algo llamado 'rosario'. Curioso nombre, hm. Vamos a pensar...—Yukiko sujeta el objeto mientras trata de pasarlo por su cabeza, a modo de tiara quizás.—Hum… No, es demasiado corto para mi cabeza. ¡Ah, claro!—Esta vez, se lo coloca en la muñeca como un brazalete.

—¿Hum?—se pregunta Ryouken, ya no ve nada pero no entiende lo que dice su suzu.

—Yukiko, ¿Pero qué demonios estás haciendo?—le pregunta Souta, al borde de un ataque de risa bastante escandaloso.

El motivo de la risa de Souta se basa en que Yukiko muestra su incomodidad porque el rosario le va algo grande como brazalete, y empieza a agitar el brazo para poder colocárselo a una altura que no le moleste… Evidentemente, creyendo que ese es su uso original.

—Yo no sabré mucho, pero al menos sé perfectamente que eso no es una pulsera ni nada que se le parezca, querida.—bromea Souta, sonriendo exagerada e inocentemente, alzando los brazos.

—El rosario sirve para las oraciones, indica las veces que se ha de rezar. Se empieza por el nudo de la cinta y se acaba en él. Ese es su verdadero uso. No es que sirva como ornamento, a pesar de que se ha convertido en algo característico de la indumentaria de servidor.—le explica Ryouken, también aguantando una carcajada a pesar de que intenta ser amable con ella.

—Aah… Así que yo… Oh, fantástico. Muy bien, Yukiko, ¡Así se hace, genio!—se recrimina a sí misma, algo vergonzosamente.

Después de aclarar el malentendido con el rosario, Yukiko lo toca con atención y siguiendo las explicaciones de Ryouken, recita una de las oraciones que ha aprendido una y otra vez, tantas como bolas hay en el rosario, empezando por la cinta y acabando en ella para completar el ciclo.

—Así que sirve para eso… Ahora lo entiendo.

—Keh heh heh… Sí, muy bien, no está mal para ser la primera vez que ha oído hablar de ello. Ahora, toca otra cosa, algo que al menos la joven Yukiko habrá oído: el cuenco tibetano.

—Cuenco tibetano… Vale, esa es fácil. Es eso que sonaba antes, ¿No es cierto?

Ryouken también se lo tiende, para que lo toque y se haga una imagen mental al respecto.

—Es verdad, al pasar la varilla hace como un ruido… Ah, vale, y aquí debe de ser donde se muele el incienso para que se disperse mejor, supongo…

Souta se palmea la frente, porque aunque no cree, sabe mucho más que ella.

—Pero vamos a ver, niña. ¿Qué te crees que es eso, un mortero? ¡Es un cuenco! ¡Y solo sirve para hacerlo sonar!

—¿Qué? ¿Es...Es eso cierto? ¿Solo es un instrumento? Ay, por favor, qué pava soy…

—Keh heh heh… Ciertamente, el acólito tiene razón. Pero errando se aprende. Ahora la joven Yukiko ha aprendido algo nuevo. Y ahora que lo ha aprendido, podrá usar el cuenco correctamente. Adelante, que haga una prueba. —Vale… Tengo que hacerlo sonar… No debería ser muy complicado, vamos allá...

Yukiko sujeta el cuenco mientras piensa en cómo accionarlo. Al final, llega a la conclusión de que se hace sonar dejando el lado hueco mirando al suelo mientras golpea la base con la varilla.

—Pero vamos a ver, suzu de pacotilla...—la pica Souta.—Si pones el cuenco así, ¿Cómo esperas que suene? ¡Así no habrá ni resonancia ni niño muerto!

—¡P-pues entonces dime cómo se hace, listo!

Souta le indica de poner la mano recta y plana para sujetar el cuenco boca arriba. Después, da un golpe seco en un lateral del cuenco, creando un sonido profundo que va dispersando girando la varilla alrededor de los surcos.

Cuando se apacigua el sonido, una sorprendida Yukiko no tiene otra opción que admitir su "derrota".

—¡De acuerdo, tú ganas esta vez! Madre mía, qué atontada estoy...—admite la morena, mientras se sujeta la cabeza con la mano.

—Keh heh heh… Una clase cómica sin ninguna duda. Por eso servidor se ríe tanto con ellos. Aunque luego no quiere hacerse responsable de cualquier mal karma o reencarnación desagradable.

—J-jo, señor Houinbou, pero no me diga eso… Ya sé que su paciencia conmigo ha de ser enorme, ¡Pero mejoraré!

—Recuerda que estás estudiando budismo, Yukiko, no para actriz de una comedia.—la ridiculiza Souta, aunque sin ninguna mala intención.

—¡Eso lo sé de sobras, domador payaso!—contraataca, sacándole la lengua.

—¡Eeeeeh, yo no soy eso, jo! ¡No lo soy, no lo soy, no lo soy! —chilla, tapándose las orejas.

—Entonces, ¿Qué eres, eh?

Antes de que el pelirrojo pueda llegar a contestar a la pregunta, ya sea con sorna o sin ella, alguien responde por el domador.

—¿Souta Sarushiro?

Eso atrae la atención de todos, aunque el único que puede identificar al guardia que ha pronunciado su nombre es el susodicho.

—¿...Sí?

—Debido a la terapia de animales que hacemos aquí, te hemos traído una nueva mascota. Mira, este es tu nuevo compañero.

De detrás del policía aparece moviéndose con agilidad un pequeño mono de pelaje pardo, ojos vivos y pinta simpática. Cuando el guardia abre la puerta de la celda, se mueve habilidosamente hacia su nuevo amo, que no deja de mirarle con sorpresa, pero sin desagrado ninguno.

—Eres libre de ponerle el nombre que quieras. Pero deberás darle de comer, entrenarlo y cuidar de él. Después de dar todas las instrucciones, el guardia se marcha de vuelta a su puesto, dejando tras de sí al gracioso animal, que no deja de mirar a Souta con curiosidad.

—...Mira que lo sabía. Debí haber sabido esto desde el principio.

—Souta, ¿Qué ocurre?

—Me… Me han traído a mi mascota. Es un mono pequeño. Un monito lindo. Como predije que sería.—cuenta, con una sonrisa.

El domador acaricia al animal con suavidad, a lo que el mono responde bien. No tarda en subirse a sus hombros como gesto de que ha empezado a trabar amistad con él.

—Je, qué bicho tan mono. Nunca mejor dicho… —ironiza, mientras mira hacia arriba para encontrarse con el mono, dejando ver otra gran sonrisa.

Ryouken no la ve, pero puede sentir de algún modo especial que su acólito ha recibido a su nuevo amigo animal con gran alegría.

Además de Souta, el primero en acercarse al nuevo es Kuro. Le olfatea, y a pesar de que al principio se muestre desconfiado, no parece que el mono lo haga por igual. Se acerca a Kuro como si le conociese desde siempre e incluso juguetea con su orejas. Y Kuro no reacciona todo lo mal que los demás se esperarían.

—Keh heh heh… Kuro tiene un nuevo amigo, ¿Verdad? Buen chico, buen chico…

—Así que un monito pequeño… Nunca he visto uno, ¿Cómo son?

Souta se lo explica tan bien como puede a la chica morena, mientras el mono también se acerca a ella con cariño, y se deja acariciar por ella, que por su parte también se alegra de conocerla.

—Oh, qué animal tan tierno…—opina la joven ciega, a raíz de la confianza que el mono tiene en ella también.

—Pues sí, tienes razón. No para quieto, le encanta jugar con todo lo que pilla. A ver si le cuido bien.

—Ah, seguro que sí, Souta, ya verás… Seréis grandes compañeros.

—Lo que necesito ahora es ponerle un nombre… ¿Cómo podría llamarle? —medita Souta, para sí mismo.

Se hace un denso silencio en la celda especial. Parece que incluso los barrotes están tratando de inspirarse para otorgarle un nombre al recién llegado, que por su parte, sigue revoloteando entre los brazos de Souta, que se sienta a pensar.

—Oh, tal vez...—murmura la morena ciega.

—¿Algo se te ha pasado por la cabeza?

—Bueno… Tengo una idea para un nombre. No sé si te gustará, pero si quieres mi opinión…

—Por favor...—cede Souta, con un gesto informal.

—"Tasuke". Así podrías llamarlo. Significa "ayuda". A mí me gusta, no sé… ¿Qué te parece? —Oh, dices ayuda por lo de la terapia…. Aunque bueno, no sé cómo decir que esto de la terapia me parece muy exagerado para llamarlo tal cosa, pero en fin…

Mientras lo piensa, el pelirrojo le echa otro vistazo más al vivaracho animal.

—Conque Tasuke, ¿Eh? No está mal. Me gusta. ¿Y a ti?—le pregunta al mono.

En señal de respuesta, el animal empieza a saltar y a hacer aspavientos con las manos de forma muy exagerada, tan grotesca que hace reír al domador, que lo trata de calmar con éxito, pues por ello ha trabajado con animales y sabe como hacerlo.

—De acuerdo, pues le llamaré Tasuke. ¿Has oído? Tasuke. Ese es tu nombre.—le indica al mono, con una sonrisa.

Tasuke se alegra de tener un nuevo nombre y un nuevo compañero con el que convivir.

—Oh, me alegro de que te haya gustado mi idea, je, je… Encantada, Tasuke.—le saluda Yukiko.

—Keh heh heh… ¿Lo ha escuchado Kuro? Su nuevo compañero del reino animal responde al nombre de Tasuke. Buen chico, buen chico, Kuro…

Como señal de aceptación, Kuro deja ir un ladrido, que atrae la atención de Tasuke, quien parece interpretar el ladrido como uno de aprobación y logra subirse a lomos de Kuro, sin que el animal proteste.

—Anda… Se han caído bien. Qué sorpresa. Bueno, mejor, supongo.

Durante el resto de la mañana, hacen ronda de presentación, y Souta va practicando sus enseñanzas hacia Tasuke por hacerle recordar los nombres de todos allí. Y como es un profesional en la materia, tiene un sistema.

—A ver, Tasuke. Ve hacia… Kuro. Ku-ro. Vamos, ve.

El mono relaciona lo que le han enseñado y corre hacia el perro, que ladra para decirle que ha acertado. Souta le da un pedacito de comida como premio, que Tasuke acepta golosamente.

—Muy bien. Ahora, dime, ¿Dónde está el señor Houinbou? Corre, ve hacia el señor Houinbou, Tasuke.

Souta se cuida de repetirle las cosas para que las memorice rápidamente, y como mono listo que es, Tasuke acierta por segunda vez.

—Keh heh heh… Bien hecho, mono Tasuke. Muy bien.—le adula Ryouken, quien adora a los animales como pone de manifiesto.

—Eso es, bien, Tasuke.—otro nuevo pedacito de comida para el mono.—¿Y si te digo que te vayas con… Souta? Vamos, Tasuke, ve con Souta.

Primeramente, el mono está a punto de caer en su "trampa", puesto que se pone a andar hacia Yukiko. Sin embargo, a medio camino, se da la vuelta y se sube a hombros de su amo.

—Eh, no está mal, no he conseguido engañarte. Eres listo, Tasuke. Toma tu premio. Ahora, te toca ir a por Yukiko. Yukiko. Venga, Tasuke, ve con Yukiko.

Tan pronto como Souta le baja de sus hombros, el mono se echa a andar rápidamente y haciendo ruido hasta lanzarse en brazos de la joven morena, que se ríe ante el gesto.

—¡Muy bien, Tasuke! Eres muy listo, ¿Eh que sí? Bien, Tasuke, bien.—le felicita Yukiko mientras le acaricia.

El pelirrojo le da su recompensa, y después de la breve sesión de entrenamiento, les traen a ellos su propia recompensa. Llega la hora de comer, durante la cual Souta intenta enseñar a Tasuke que robar comida de los demás no es una opción válida.

—¿Alguien sabe por qué no tengo tenedor?—se pregunta Yukiko, intentando buscar el cubierto a tientas inútilmente.

—Qué raro, yo… ¡Eh, Tasuke! ¡Devuélveselo!

El mono, como si de un humano se tratase, se pone a reír esquivando los intentos de Souta por cogerle el tenedor que le ha "robado" a la morena.

—¿Hay algún problema con el nuevo integrante de la celda?—se pregunta Ryouken.

Tasuke tiene incluso el valor de pillar algo del plato del Kuro, a lo que el animal responde gruñendo, mientras el otro se ríe con una risa de mono muy cómica.

—¡Tasuke! ¡Eso no ha estado bien!

Souta intenta buscar una manera de que el recién llegado haga las paces con todos por probar otro sistema. Coge la comida de su animal compañero y llama su atención con ella.

—¿Quieres? Dale ese tenedor a Yukiko. Dáselo y tendrás el premio. Anda, corre.

Dudando, el mono anda tímidamente hacia Yukiko, volviéndose de vez en cuando para encontrar a Souta impertérrito, repitiéndole la orden, hasta que la acata y recibe su premio.

—Eso es. Ahora, ve a darle un poco de tu comida a Kuro, porque tú le has quitado de la suya. Vamos, toma. Tráeselo a Kuro. Venga.—continúa, señalando al perro con el dedo.

Un poco a regañadientes, el mono vuelve a obedecer, e incluso le toca la nariz para pedirle disculpas de alguna manera. Kuro ladra, señal de que acepta sus disculpas. Increíblemente, parece que los dos animales se entienden a pesar de que ninguno de los dos se lleva demasiado bien con gente ajena.

Finalmente, parece que todos ya se llevan bien de nuevo. Incluso después de comer, Souta sigue enseñándole trucos a Tasuke, y pronto se llevan la mar de bien, Tasuke no se separa de él e incluso se sube a sus hombros como costumbre y juguetea con su pelo como haría una peluquera evaluando con qué peinado adornar el pelo de su cliente. Tasuke enternece a Souta, que está encantado de tenerle como animal de compañía, y aunque no necesite ninguna terapia, o eso dice él, estará encantado de pasar sus días de prisión junto al monito.

—Me han dicho que una vez elija el nombre, tengo que apuntarlo en un papel para que así lleven un registro sobre el animal, o algo por el estilo. Chorradas varias, vamos.—explica Souta a Yukiko, que está sentada contra la pared ahora que su clase ya ha terminado. —No me digas. ¿De verdad algo así es necesario?

—No voy a tratar de comprender a esta gente, pero en fin. ¿Tú sabes cómo se escribe "Tasuke", Yukiko? Bueno, no ves las letras, pero lo escribes en braille y asunto resuelto.

—Pues la verdad es que no tengo ni idea. Ni en letras, ni en braille. Sé pronunciarlo, pero no podría representarlo, sabes.

—Eh, para el carro, ¿No sabes braille? Entonces, no puedes leer, ni escribir. ¿Nadie te ha enseñado?

—Qué va, ¿Quién me podría haber enseñado? He estado sola la mayor parte de mi vida, así que… La verdad es que es un fastidio, pero si lo sé pronunciar, no me ha servido para mucho reprensentarlo… Pero ahora que lo pienso, me podría haber sido útil, para poder cartearme con el señor Houinbou, o algo por el estilo…

—Claro, te podría haber sido muy útil, como lo fue para mí. Me carteé con el señor Houinbou desde el orfanato, por eso me fue útil. Además, el señor Houinbou aprendió a jugar ajedrez gracias al braille, por ejemplo. Podrías aprender mucho sabiendo.

—Oh, ¿Tú sabes braille, Souta? A quien se le diga que tú siendo vidente sabes braille y yo siendo ciega no tengo ni idea...—ironiza ella, sacudiendo la cabeza.

Al pelirrojo se le pasa por la cabeza algo: no para de ver día tras día que Yukiko, cuando no está hablando con él y cuando no está dando clase con Ryouken, está muy aburrida ya que no puede hacer gran cosa. Si supiera braille, podría aprender a hacer muchas cosas. Y no sabe exactamente de dónde, pero le sale un impulso por el que le propone algo.

—Quizás yo podría enseñarte braille…

Nada más escuchar eso, Ryouken aguza el doble su oído, a pesar de que ninguno de los dos parece percatarse de ello.

—¿De verdad me enseñarías? Qué majo de tu parte, pero no quiero que tengas que tener una suprema paciencia conmigo. Ya has visto cómo ha ido mi clase de antes...—argumenta la morena, riendo con sorna.

—De todas maneras, ahora el tiempo me sobra, y cuando no me molestan con hacer chorradas para nada, también me aburro. ...Y vale, te lo confieso, cuando me aburro, me vienen muchos recuerdos malos a la cabeza y me acabo comiendo el coco con el maldito pasado nefasto, y me gustaría hacer algo para no pensar en ello. Y si además de eso puedo hacerte un favor, pues oye, dos pájaros de un tiro.

—Tiene sentido, sí. Recordar esta clase de cosas es un fastidio… Y es cierto, cuando no tengo nada que hacer, ya sea la clase, o charlar contigo de lo que sea, estoy aburrida como una ostra… Además de que aprender me iría fantástico aunque sea para el tiempo que me queda…—sopesa, escalofriantemente tranquila al respecto.

Yukiko deja ir una pose pensativa de las suyas, aunque en el fondo, para ella es un beneficio, y no tiene mucho que pensar. Lo único que podría suponerle una pega sería sentirse una especie de carga para Souta. Una vez él le ha dicho que no sería así, más bien casi al revés, y sabiendo también que Souta no se lo habría propuesto de no haber querido hacerlo, no necesita darle más vueltas.

—Pues no se hable más, acepto encantada tu oferta. Así podré escribir mensajes secretos…

—Ehm, siento cortarte el rollo, pero no sería muy secreto ya que Tasuke y Kuro no pueden leer y tanto el señor Houinbou como yo entendemos el braille. Así que de secretos nada.

—¡No hablaba en serio, era una broma! No, pero ahora en serio, te lo agradezco, Souta. Y si encima es provechoso para ti, pues perfecto. Entonces tenemos trato, ¿Eh?—alega la muchacha ciega, extendiendo el brazo.

—Hay trato… Siempre y cuando no te rajes a la primera dificultad, doña cuenco boca abajo.—se ríe Souta, con sarcasmo.

—¡Me parto de la risa!—contraataca, sacándole la lengua.—No te preocupes, no pienso dejarlo. Y vas a estar allí para verlo, tú solo espera… Y ten paciencia infinita, je, je…

Después de dejar claro que no piensa rendirse y que solo necesita un poco de paciencia de parte del pelirrojo, se tienden la mano, sellando el acuerdo. Incluso hubieran escrito un tratado al respecto… Pero la mejor manera de sellarlo sería escribirlo al final, demostrando así que las clases de braille de Souta a Yukiko habrán dado sus frutos.

—¿Qué es lo que oyen los oídos de servidor?—pregunta Ryouken, sin ni siquiera girarse desde su altar.

—Oh, nada, que le he propuesto a Yukiko enseñarle braille para que aprenda cosas nuevas.—explica Souta, con algo de desdén.

—Keh heh heh… A servidor no le parece "nada". Se trata de un gesto muy bondadoso por parte del acólito.—afirma, con una gran sonrisa cálidamente siniestra.

Al escuchar a Ryouken, incluso el mono hace un cómico gesto de aprobación, que deja a Souta con cara de interrogante.

—No lo veo para tanto, la verdad…

—Yo no puedo ver si es para tanto, pero sé perfectamente que lo es. Para mí, incluso el descubrimiento de América tuvo menos mérito.

—Oh, pero no sé si podré hacerlo, no podré, no podré, no podré…. Pero lo intentaré.

—Vaya, gracias… Ya sé que no soy la estudiante más rápida del mundo, pero que dudes de si podrás desde el principio no me ayuda, sabes…—dramatiza ella, con un gesto cómico.

—Ja, ja, qué risa me da. En fin… Señor Houinbou, ¿Nos prestaría los instrumentos con los que escribe usted?

—Keh heh heh… Ciertamente, faltaría más. En realidad, el siniestro corazón de servidor ha quedado más cálido que el infierno al que iban sus víctimas a raíz de tal gesto. Considera que el acólito camina en la dirección correcta, por la cual cosa le felicita.

Aunque no es el único que puede sentirlo, sí es el único que puede verlo: el rostro de Ryouken se ha llenado de una gran satisfacción y mucho orgullo. Algo totalmente inusual en el asesino ciego. Ver a su figura paterna así, por mucho que afirme lo contrario, le hace ver (irónicamente al ser su maestro ciego) que lo que está dispuesto a hacer puede llegar a ser algo muy importante para él. Porque Ryouken solo quiere el bien para su acólito pelirrojo. —No creo que un plato pueda ser útil siendo tan plano y lleno de agujeritos...—opina Yukiko, sujetando una tabla metálica.

—Por el amor del cielo, Yukiko, ¡Eso es el soporte para escribir braille manualmente!—le espeta Souta, sacudiendo la cabeza y soltando un gran suspiro.

—Aaah… Así que supongo que esto no será ningún tipo de tenedor raro de una punta...—confiesa, con la mano detrás de su cabeza, inocentemente.

—Es el punzón para escribir los puntos, lela, ¿O es que querías escribir con la uña, quizás?

—¡Oye, payaso, yo no he insultado a nadie!—se pica, sacándole la lengua.

—Seguro que si me propongo enseñar braille a Tasuke o a Kuro lo pillarían antes que tú, cabeza de chorlito.—ataca Souta, con una risa desmesurada.

—Claro, supongo que entre animales os entendéis bien, ¿Eh?—contraataca la morena, quedándose con él.

Un poco después, sin poder remediarlo, Souta explota en risas. No sabe muy bien por qué, pero la risa se contagia pronto a Yukiko, y ya están los dos partiéndose de risa juntos sin comprender exactamente qué es lo que tiene tanta gracia. No obstante, no le importa demasiado el motivo, pero Ryouken siente una gran paz interior al oír reír a los dos juntos que no hubiese conseguido ni con tres vidas seguidas de continua meditación. Siente un gran aprecio por ambos, por eso le gusta oírles reír, después de las vidas difíciles que les ha tocado vivir a los dos.

Y a pesar de su riña anterior, después de la intensa risoterapia, se sienten los dos bastante bien.

—Será mejor que nos dejemos de tonterías por una vez...—interviene Yukiko.

—¿Por qué? Los tontos hacen tonterías. Todos somos un poco tontos alguna vez. Tanto tú como yo. Porque puedo ser muy tonto cuando quiero.

—Pero muy listo cuando quieres serlo.

—Seh, claro, lo que sea, si tú lo dices. Y ya que dicen que nos parecemos en algunas cosas, demuéstrame que puedes ser lista cuando quieres, y vamos a empezar con el braille, ¿Quieres?

—...Me has convencido. Quizás iba a soltar algo, pero estoy totalmente de acuerdo. ¡Vamos a hacer magia, Souta!—bromea ella, aunque pretende ir totalmente en serio.

—Soy domador, no mago, querida, ¿Recuerdas?

—Pues enséñame a domar el braille.

—...Eso está mejor. Aunque mago o domador, no suelo desvelar mis trucos a todo el mundo…. ¡...Eso si en realidad se me diese bien domar algo, soy incapaz de hacer algo así….! ...A veces.—confiesa, primero inocentemente pero adoptando unos pérfidos mirada y tono al final.

Deciden dejarse de preámbulos y empiezan por fin a adentrarse en el mundo del braille. Lo primero es familiarizar a Yukiko con el plato y el tenedor raro, es decir, la tabla, la regleta y el punzón que la ayudarán a escribir.

Y así, cada día un poco. Llega el abecedario en braille, los signos de puntuación en braille, entre otras cosas elementales. Por mucha broma que haga, y por mucho que le cueste, Yukiko presta atención, y se esfuerza todo lo que puede a pesar de la dificultad que presenta el asunto. Otro que hace lo mismo es Souta, que aunque ya se sabe todo lo que dice, tiene que hacer el esfuerzo de repetirlo cuantas veces sea necesario, y corregir cada falta.

—C… I… Ci… R… Cir… C… O… Circo.—lee Yukiko, deslizando su dedo por los caracteres escritos en puntos, con suma atención.

—Bien, eso es. Ahora, una un poco más difícil...—le advierte Souta mientras escribe una palabra así al lado de la anterior.—Vamos, prueba.

—C… A… Ca… B…

—No, esa no es una "b". Fíjate bien. Inténtalo de nuevo.

—Vale, a ver… Oh, cierto, es una "m"...

—Eso es, lo has pillado. C-A-M. Sigue.

—Cam… E… R… I…. Cameri… N… O… Camerino.

—Premio. Así es, has acertado.—la felicita Souta, serio aunque con un gesto de aprobación de la cabeza.

En ese instante, Kuro ladra y Tasuke pica de manos como si aplaudiese.

—Gracias, muchas gracias, me alegra comprobar que tengo público en el reino animal...—agradece Yukiko, con sorna.—Oh, y hablando de público, aquí tenemos a uno al que le encantan las palabras del circo, ¿Eh, Souta?—ironiza, levantando una ceja.

—Je. Oh, no todo en lo que pienso es en el circo, Yukiko. Venga, te lo demostraré con otra palabra.—escribe algo con una mirada que refleja algo de malicia. —Adelante.

—Vamos allá… Y… U… K… I… K… O… ¡Oh, Yukiko, mi nombre!

—Sigue. Esta vez hay más.—añade el pelirrojo, apartando la mirada con una pérfida sonrisa. —¿Hum? Pues sigamos… R… E… T… R… A… Retra...—no necesita seguir para conocer la palabra entera.—¡Oish, Souta!

No puede decir nada en su defensa, pues ya está partiéndose de risa.

—¡No tienes arreglo, inmaduro!—protesta, con cara de circunstancias y una mueca.

—No lo hago todo del circo, como puedes comprobar… No, pero ahora en serio, estás progresando muy bien. ¡Ya sabes leer insultos, estoy orgulloso!—se mofa Souta, con los brazos extendidos.

Esta vez, incluso a Ryouken se le escapa una risilla. Su acólito cada día le sorprende con las salidas que tiene. Sin embargo, el humor es solo un sentimiento pasajero comparado con la felicidad permanente que experimenta cada vez que dan clase juntos.

Y por eso, periódicamente la celda especial deja de merecerse el nombre de "celda solitaria" porque no lo parece a raíz de todas las risas y bromas que se pueden oír desde su interior. Y poco tiene ya de aislamiento cuando no hay nadie aislado allí, pues todos ríen juntos, como en un hogar feliz, y además formado por personas que aparentemente ya no tenían ningún motivo para reír.

A Souta esto le llama muchísimo la atención. No se esperaba que su estancia en la cárcel iba a ser así, con una nueva compañera con la que cada vez va cogiendo más confianza a la que incluso le da clases de braille, además de con un mono mascota que le enternece mucho, al que entrena y cuida con afecto, por no hablar de su importante figura paterna y su perro, que no le han dejado solo en ningún momento y le protege de cualquier cosa. Con una estancia en la cárcel así, Souta se siente bastante a gusto, incluso más tranquilo de lo que se sentía en el exterior de la cárcel.

No obstante, eso no tardará en cambiar cuando un recuerdo especialmente doloroso llegue a medida que el año vaya avanzando. Pronto llega el marzo, y si Souta se ha llegado a sentir completamente en paz en algún momento, ese punzante recuerdo le demostrará rotundamente que todavía le queda una gran espina en el corazón que costará de eliminar. Junto con las más bellas flores de la primavera, llegan también las más dolorosas espinas.