El reloj sigue moviéndose, las páginas del calendario quedan arrancadas cada vez más. El tiempo se va, y no con él el recuerdo de Manosuke, desde ese día más presente que nunca. Souta muchas veces sueña con él, aunque ahora intenta controlarse un poco porque no quiere que se enteren de algún modo sus compañeros de celda.

Mientras tanto, los días suelen pasar con normalidad. Por las mañanas, el pelirrojo se queda viendo las lecciones de meditación de su maestro y Yukiko, y por la tarde le da clase de braille, después practica algún ejercicio como le mandan en la cárcel y para hacer tiempo antes de dormir, charla con la morena sobre cualquier cosa que se les pase por la cabeza, bajo la mirada fría y ciega de Ryouken y la formidable compañía de Kuro y el mono Tasuke, quien no se separa del domador por nada del mundo.

Poco a poco, Yukiko se muestra cada vez más débil: se cansa con facilidad a pesar de no hacer esfuerzos bruscos, y sus molestias aunque pasajeras son cada vez más frecuentes. Muchas son las veces que ella ha intentado aparentar que no pasaba nada para escuchar a Souta sin interrumpirle. Pero el pelirrojo no es incompetente: se percata de ello. Y decide que nunca antes alguien ha antepuesto su bienestar propio para escuchar primero a los demás. Otra de las cosas que le llama la atención de ella. Con cada pequeño gesto, demuestra que lo que se propuso lo hizo en serio. No suele hacer mención de ello, por supuesto. No se siente del todo preparado.

Últimamente, durante las clases de braille, el único instante en el que la morena ciega demuestra mejor lucidez puesto que aprende bastante deprisa, o bien antes de acostarse, una de las materias de conversación más tratada es en relación a los recuerdos de ambos, contrapuesto a sendas amnesias por hipotermia.

—Desde que llegaste aquí, ¿Has recordado algo de esa parte de tu pasado que se te borró a los seis?

—Deja que piense… No, creo que no. Hay veces que me siento a punto de recordar algo, pero nunca consigo sacar nada en claro. ¿Por qué lo preguntas?

—Por nada, es que estaba pensando que quizás tenías razón. Lo más probable es que se deba a tu ceguera, y a tu falta de sentidos en general: no notas los estímulos exteriores, y por eso no puedes relacionar las cosas con tus recuerdos.—opina Souta, con faz pensativa.

—Tienes razón. Pero lo que más me fastidia de todo eso es que después de soltar algo así te pongas "¡Pero si no soy listo ni nada por el estilo, no lo soy, no lo soy, no lo soy!"—le imita la morena, con voz cómica y actuando exageradamente.

—¡Eh, yo no hablo asíii!—protesta el pelirrojo.—Además de que es la peor imitación que he visto nunca.

—¡Envidia cochina, que soy mejor actriz que tú!—se burla ella, con una risa algo débil.

—¡Envidia cochina, que soy mejor actriz que tú!—la imita Souta, mimetizando su voz a la perfección, así como su risa.—ESTO es una imitación, querida. Gracias, muchas gracias.

—¡Toma del frasco! No está mal… A ver, voy a probar yo… Ejem… "Soy Souta, un pelirrojo que trabaja en el circo como domador… Da miedito, aish… ¡E-eso sería si pudiese domar algo, no puedo, no puedo, no pue…!"

La actuación no era mala, hasta que de hablar en falsete se le irrita la garganta con facilidad y empieza a toser violentamente hasta que se tiene que sujetar la cabeza por ello.

—Eh, eh, modérate, voz de soprano. ¿Estás bien? Te has puesto pálida de repente...—le pregunta Souta, quien ha notado de inmediato que se ha debilitado en nada.

—S-sí, tranquilo, ejem… Me suele pasar, hago demasiado el tonto…

—Pues tranquilita, ¿Estamos? Espera… ¡¿L-lo de tonto no será por mí, no?!

—Je, je… Puede, puede. No, ahora en serio, es que me hago la graciosilla y luego mira cómo acabo, con un ataque de tos. Nada nuevo, en serio. En fin, cambiando de tema… ¿Qué me dices de ti? —¿Cómo dices?

—Me refería a tus propios recuerdos. Quiero decir, tú te quedaste amnésico también, a mi misma edad, ¿No? Pero recuerdas cosas, como a Manosuke de niño, a tu padre biológico y todo el asunto del concurso dichoso ese…

—Ah, ya… Sí, supongo que estás en lo cierto. Mis recuerdos anteriores… Supongo que ya están casi al completo después de tanto tiempo, sí.—asegura el pelirrojo, pensando un poco la respuesta.

—Espera… ¿"Casi"? ¿No completamente?

—Quizás, no lo sé… Nunca se me había ocurrido, pero ahora que lo mencionas, es posible que haya algo que se me escape todavía… Ni idea. Pero para que sea algo que me traiga tantos quebraderos de cabeza como el tema de Manosuke, ya sabes… Pues no sé si prefiero ahorrármelo, sabes.

—Ya entiendo… Bueno, al menos ya sabes la mayor parte de tu historia, a pesar de que no haya sido un camino de rosas precisamente… Supongo que me quedaré con esa incógnita toda la vida...—suspira ella.

—¿Lo dices por la ceguera? Pero oye… ¿No habría ningún otro modo de que recordases algo? Quizás se podría hacer algo para que acabases acordándote de una parte, aunque sea pequeña.

A Yukiko le conmueve que Souta piense así, por lo que sonríe, y mientras lo hace, con voz apagada le responde.

—Souta, por favor… Te lo agradezco, pero no le des muchas vueltas, en serio… Total, me acabaré muriendo en poco tiempo, qué más da.

Al oír esas palabras, a Souta le entra algo indescriptible. No sabe muy bien qué es, pero le incomoda la tranquilidad con la que lo dice, ya que lo pronuncia muy convencida de que eso acabará pasando en muy poco tiempo. Y además, lo relaciona con la violenta tos que le ha entrado antes a la chica y algo en él se angustia de algún modo.

—Me sorprende que digas algo así tan a la ligera, Yukiko.

—Oye, no te creas que soy la suicida del chiste ese. No es que esté ansiosa por estirar la pata, créeme. Le prometí al señor Houinbou que lucharía por aguantar cuanto pudiese para que el hecho de que me salvara durara lo máximo posible. ...Pero no por eso puedo negar la realidad. Tú mejor que nadie puedes ver que cada día estoy más apagada, me canso más… O la tos de antes, cosas así. Llevo tiempo enferma, Souta, he aguantado muchas cosas. Ya apenas me queda contacto con el mundo exterior mediante los sentidos. Así que ¿Para qué voy a engañarme? Esa es la verdad, y contra antes la asimile, mejor.

—...Lo admito. Tienes toda la razón. Negarlo y pensar que estás perfectamente a la larga sería peor. ...Pero debe de ser duro saber algo así, y sufrirlo cada día.—insinúa el pelirrojo, con la cabeza inusualmente gacha. —Qué quieres que te diga, te estaría mintiendo si te dijese que paso todo el día fresca como una rosa. Y como me propuse ayudarte, eso es sinónimo de no mentirte, así que no lo haré. A parte de esa tos tan fea, te pondré otro ejemplo. Hoy parece que la comida no me ha sentado muy bien. Me han revuelto mucho el estómago y me duele la tripa. Me pasa bastante a menudo, la verdad.

—...Hey, pues ya que lo mencionas, te diré que puede que esta vez no sea cosa tuya: a mí me ha pasado algo parecido. Creo que ha sido porque se le notaba demasiado el sabor dulce...—tartamudea en la última palabra mientras un escalofrío le recorre la columna.

Souta se retuerce del asco mientras una arcada se acerca violentamente a su boca.

—Ni idea, como comprenderás no puedo decir a qué sabía. Pero me ha sentado bastante mal, es una sensación que se me ha hecho habitual. Y jo, lo tuyo con el dul…

—No lo digas, anda, me dan arcadas.

—Con ese sabor debe de ser todo un fastidio… Todo por ese impresentable.—alega la muchacha, con una pincelada de rabia en su carácter.

—Gente así es la escoria que no debería existir, créeme.

De improviso, Tasuke se sube a los hombros del domador, mientras empieza a reír a carcajadas, de algún modo, a su dueño.

—Tasuke, ¿Cierto?

—Cierto. Parece que tiene ganas de jugar. Está bien, mono revoltoso, vamos a practicar ese juego que te enseñé el otro día.

El mono, bromista, le tiende un plátano que tenía escondido tras el lomo a su amo.

—Vale, lo capto. Quieres la merienda, ¿Eh? Está bien.—le habla, mientras le acaricia la cabeza afablemente. Mientras lo hace, Tasuke le enseña una manzana que también tenía escondida con la otra mano.—¿Qué? ¿Quieres las dos? Está bien, granuja glotón. Te haré una macedonia, ya verás. Hasta me he traído de la sala de trabajo algo para rallar la fruta. ¡...Mierda, no quiero sonar a chef profesional, qué asco me daría!

Mientras Souta protesta porque el hablar lo más mínimo sobre cocina le da más arcadas quizás que el dulce en sí, Yukiko se ríe por el peculiar hambre del mono. Kuro se le acerca, empezando a ladrar y arrastrando algo cerca de la chica, para que compruebe qué puede ser.

—¿Qué traes ahí, Kuro? Déjame tocarlo.

Kuro ladra, y Yukiko coge con cuidado una fina lámina de metal. Cuando pasa sus dedos por su superficie, ve que hay pequeños salientes punzantes sobre la cubierta.

—Anda, si es una tabla con escrito braille, a ver qué pone… Me irá bien para practicar.

Decidida, la morena ciega pasa sus dedos por los puntos en relieve, pero después de leer un poco se da cuenta de que el mensaje es indescifrable, no se parece a ninguna palabra que conozca. Sigue avanzando por las diversas líneas, pero no logra sacar nada en claro.

—Souta…

—¿Eh? ¿Qué pasa?

—¿Se puede saber quién ha escrito esta tontería? ¡Ese es más payaso que tú o que yo!

Yukiko empieza a carcajearse, esperando que Souta se una a su risa para demostrarlo, pero lo único que consigue es que el pelirrojo se palmee la frente y luche por no reírse en un sentido muy diferente al esperado.

—Pero… Yuk… ¡Yukiko! ¡Eso es el rallador!—le dice, partiéndose de risa.

—¿Q-qué?

—Es lo que se usa para rallar la comida… ¡N-no es braille, tarada!—se burla Souta, pasando a dolerle la barriga solamente por la risa.

La muchacha empieza a ruborizarse mientras se cubre la cara en un intento por disimular su mala cara de póquer. Souta continúa riendo a pleno pulmón mientras piensa que solo ella sería capaz de decir algo por el estilo.

—¡Seguro que al señor Houinbou le hace una gracia tremenda!

—¡N-no, oye, no se lo cuentes, me daría mucho corte!

—¡Tendrá más gracia que lo del rosario y lo del cuenco ese, es que tienes cada cosa tú también!

—...Je. Conque esas tenemos...—susurra la chica, de repente con una sombra en la cara mientras gana confidencia.—Está bien, cuéntaselo si quieres. ...Yo también le hablaré de ti.

—¿Per…? ¿Perdón?

—Sinceramente, he de felicitarte. Sabes ingeniártelas para ocultar las cosas. Pero para tu desgracia, todavía no estoy sorda como una tapia, sabes. Además de que duermo justamente a tu lado. No sé cómo la almohada soporta que ahogues todo lo que gimes en ella.

—¡¿E-eh?!—de repente, el pelirrojo abre mucho los ojos. Eso le ha alterado completamente.

—Aún soy capaz de escucharte. Se te escuchaba mejor la noche del chiste ese, pero todavía soy consciente. Y sé que al señor Houinbou le encantaría saber todos y cada uno de los detalles sobre su acólito.—le reta, con un intento de cara perversa algo cómico.

—¡M-me escuchaste!

—...Ajá. Ese día, como recordarás, no tenía sueño.

—¡...Vale, tú ganas esta vez!

—...En realidad, nunca había pretendido chivarme. Pero me alegro de que nos hayamos sincerado.

—¡No tienes arreglo! ¡A veces actúas como si fueras tonta de remate como Manosuke!

—¡Eh, un respeto! No seré superdotada, pero no me pongas al mismo nivel intelectual que Manosuke. —...Lo siento.—se disculpa, con una risa malévola y sarcástica.

—Oye, siéndote sincera. Ahora que sacas el tema… Me gustaría haber conocido a Manosuke. Si le tenías ese aprecio, será por algo, ¿No?—menciona ella, en pose pensativa

—Oh, claro, seguro que le caes bien… ¡O quizás os matáis para ver quién es el más tonto!

—¡Qué gracioso! Pues si el señor Houinbou está en lo cierto y somos tan parecidos, espero que no te pongas celoso si de repente me pongo a soñar con él hasta ese punto.—contraataca.

—¡T-tú! No sabes ni la mitad del asunto… ¡Qué sabrás tú lo que sueño!

—No lo sé, pero me lo imagino, créeme. Pero tranquilo… Todo para ti.

—Te lo explicaría, pero eres demasiado niña pequeña para ello.—la pica, malicioso.

—¿Oh? Ponme a prueba.—le reta, cruzándose de brazos.

—Otro día, Tasuke me va a matar como no juegue con él un rato, y aprecio mi cabellera, gracias. Pero, quién sabe… Podría jugar a corromperte la mente, algún día...—se imagina, con tono malvado.

—Je. Como quieras. Creo que me subestimas, chato.

—¿Te vienes a jugar? Necesitaré a alguien que aguante la cesta de baloncesto. ¡Mira, mi primera buena acción! Encontrar una manera para que las niñas de medio metro puedan jugar un deporte para gente alta.—se cachondea, con picardía.

—Cállate un poco antes de que me haga domadora de domadores.

Finalmente, sin más bromas al respecto, Tasuke les acaba convenciendo para que jueguen a la pelota todos juntos, incluso Kuro, que se apunta al rollo. Souta lanza una pelota la cual tienen que perseguir los dos. El primero que la coja enzarza una carrera hasta la red que sujeta Yukiko en el centro, bajo las risas de Souta, que provocan que cada vez que uno encesta la pelota vaya dirigida a él a pesar de que ella da, literal e irónicamente, palos de ciego.

Básicamente, en eso consiste la diversión en las normalmente aburridas celdas de la cárcel, que solo conceden tregua cuando las mascotas andan de por medio. La cosa cambia cuando, cierto día, en la prisión se anuncia una actividad especial que a alguien se le ha ocurrido organizar para que los presos fortalezcan el lazo con su animal de compañía para la terapia. Se trata de montar un espectáculo sencillo amaestrando a la mascota para que desarrolle ciertos trucos bajo los comandos de su amo, para ejecutar un espectáculo con trama que se haya previamente ensayado. Para ello, cada reo ha de entrenar con su animal en la celda, además de que los detalles y la originalidad también serán puntuados: una especie de teatro para amateurs para fortalecer lazos con la mascota.

—Servidor se pregunta a quién se le ocurren tales ideas más disparatadas que matar con un bolígrafo.—medita Ryouken, mientras se ríe con ácida sorna.

—Hey, Souta. Seguro que se te ocurre algo chulo, como trabajaste en el circo estarás acostumbrado a los focos.—se ríe la morena ciega.

—Lo cierto es que amaestrar a los animales me va que ni pintado, la verdad. Puede ser hasta entretenido, fíjate. Los animales siempre me han gustado, más que las personas incluso, aunque eso no ha sido difícil. Mejor que morirme del asco en este agujero.

—Dejando a banda que se te da genial esto… Y no contando que puede ser entretenido… ¿No ves nada más positivo de todo esto? Imagino que los jefes de la cárcel o quien sea que propone esto no lo hace para gastar papel en circulares…

—Ahora que lo dices… Bueno, parece ser que todo el mundo tiene metido en la cabeza que tengo traumas que sanar, o algo. No necesito nada de eso, pero admito que me sería útil para acostumbrarme poco a poco a la gente.—reflexiona Souta, tratando de afrontar la realidad, que dice que el pelirrojo no es la persona más sociable del mundo.

—Keh heh heh… Servidor está gratamente orgulloso de su acólito por haber hecho tan acertada reflexión. Seguro que esta actividad le será muy útil al respecto. El acólito tiene todo el apoyo de servidor.

—¡Y el mío, no lo dudes! Si necesitas ayuda, aquí me tienes, aunque sea para hacer de apuntadora. Ahora que se me ocurre, habrá un guión, ¿No? Si me lo pasas a braille, podría ayudar de algún modo…

—Te mueres por serme útil, ¿Eh, Yukiko?

—Bueno, a mí tampoco me gusta morirme del asco, sabes. Y si es algo bueno para ti, qué menos.

—Pues me alegro de que estés dispuesta, porque temo que esto me saque tiempo de tus lecciones de braille. Ya estás bastante avanzada, no creo que haya problema. Además, si practicas con el guión, por mí perfecto. Tengo tiempo de sobras, y más con mi talento para amaestrar animales, pero mejor empiezo pronto.

—Oh, ¿Ahora resulta que tienes talento, cuando no paras de negarlo?

—Ehm… ¡No, no, no lo tengo, no lo tengo, no lo tengo!

—...No cuela.

—….Se me ha escapado. En fin… De momento, me pararé a pensar en algo. Algo sencillo que podamos hacer Tasuke y yo.

De repente, el perro Kuro se acerca a Souta y ladra para llamar su atención. Parece que haya entendido todo lo que ha ido diciendo, da la impresión de que está dispuesto a prestar su colaboración.

—Eh, pues ya que estamos, y ya que usted no participará, señor Houinbou, ¿Qué le parece si incluyo a Kuro en la función? Les aprecio a ambos por igual, y será una buena ocasión para estrechar lazos con ellos.

—Vaya, Souta, ¡Parece que te encantan los animales!

—Keh heh heh… Servidor no cree que haya nada de malo en eso, así que estará encantado. Parece que Kuro también quiere entretenerse un poco, ¿No es cierto? Buen chico, Kuro, buen chico…

—Estoy ansiosa por comprobar de qué trata el fantástico show del circo de Souta, el encantador de perros y de monos.—se cachondea Yukiko, con una amplia sonrisa como si no lo hubiese dicho de broma.

A pesar de los múltiples comentarios bromistas de Yukiko, Souta ve que está muy dispuesta a ayudarle por poco que pueda hacer, y todo porque sabe que será beneficioso para él en su terapia. Cuando se trata de ese asunto, Yukiko no bromea ni una pizca, puesto que está dispuesta a prestarle su ayuda. No ha tenido muchas oportunidades al largo de su vida para demostrarlo, pero con las pocas personas que le han ayudado, no es desagradecido. Por tanto, ese va a ser otro favor que no piensa dejar impagado.

—Oye, Yukiko…

—¿Eh? Dime.

—¿...Te gustaría participar conmigo en el show?—le pregunta, un semblante totalmente serio implantado en su cara.

Ante tal pregunta, Ryouken aumenta sin dar muestras externas de ello su atención.

—¿Cómo dices? ¿Hablas en serio?

—Yo siempre hablo en serio. Si no quisiera, no te lo hubiera preguntado.—asegura.

—Vaya… Te agradezco que lo hayas pensado, Souta, pero creo que te molestaría. Y no lo digo por decir, es que es cierto. Soy ciega, no creo que pueda actuar demasiado, ni moverme por el escenario. Y que me tengas que indicar tú en plena función mientras tienes que estar pendiente de Kuro y de Tasuke, pues es un fastidio…

—Tienes razón, ¿Para qué negarlo? Pero no he cambiado de opinión.

—¿Eh?

—Entiendo lo que me dices, pero he pensado que, ya que ahora no tendrás tanta clase de braille, podrías ensayar con nosotros. Tú misma has dicho que no te gusta aburrirte aquí, y ya que estás tan segura de que vas a ir tan a peor, aprovecha la oportunidad, seguro que estás mejor que haciendo nada. Si es por actuar, no te preocupes. Te daré un papel que no se mueva demasiado, y no tendrás que interactuar con demasiadas cosas. Solo tendrás que aprenderte el papel, practicando braille de paso, y decirlo. ¿Qué dices?

—...Pues lo cierto es que no es ninguna tontería lo que dices… No tendría nada que hacer. ¿Seguro que no te importaría?

—Nah, tranquila. Mientras estés dispuesta a ayudarme, yo también lo estaré de ayudarte a ti, ya sabes que eso es lo que siempre he creído. Así que, ¿Qué dices, aceptas? —Hum, pues, quizás, ¡Puedes apostar! Si no te doy por saco, estaré encantada de echarte un cable. Gracias.—agradece, con una radiante sonrisa.

—Je. No hay de qué.

La conversación que ambos acaban de mantener no puede por menos que sonsacarle una gran sonrisa a Ryouken. Le encanta que los dos se ayuden entre sí, que su acólito fortalezca la relación con ella con confianza, que aunque progresiva, está ayudando a que poco a poco considere a Yukiko de su simpatía, el primer paso que dar para confiar en la gente. Al parecer, su teoría no iba desencaminada.

Ambos jóvenes son de un gran aprecio para él, y ver que paso a paso son capaces de llevarse bien y que el corazón del acólito puede ser capaz de albergar algo más que odio hacia los demás. Por eso, no puede estar más contento cuando los dos aceptan trabajar con el otro y prestarse toda su ayuda mutuamente.

—Guay, pues ahora me pondré a pensar sobre de qué puede ir nuestro show. Pensad lo que queráis de mí, pero no quiero perder en mi propio terreno, la verdad. ¿Alguna sugerencia?

—Un triángulo amoroso que narre tu historia de amor con Manosuke y haya alguien que intente impedirla. Me pido cualquier personaje excepto Manosuke.—se cachondea la morena, a carcajadas.

—...Reservaré lo de pensar para los que tengan cerebro. —se pica el pelirrojo, que se ha colorado sin quererlo de repente.

Mientras Souta sigue dándole vueltas al respecto, los animales hacen de las suyas por la celda. Tasuke se ha acercado de extranjis al altar de Ryouken y ha "tomado prestada" una de las velas, y no para de zarandearla de un lado para otro mientras huye de Kuro, que le sigue haciendo sonar su campana y gruñendo. El pelirrojo les mira, partiéndose la caja. Es entonces cuando de golpe le asalta la inspiración.

El sonido de la campana le recuerda, evidentemente, a su maestro ciego, y el cómo Kuro persigue al mono le hace venir a la cabeza la época en la que el propio asesino hacía eso con sus víctimas. Además, la llama de la vela que Tasuke no para de mover le hace una referencia mental a cierto objeto perteneciente a alguien a quien conoce y odia demasiado. Si se conectan esos dos recuerdos, hay una coincidencia clara que los relaciona. Y si a eso se le añade el toque de humor que ha experimentado él antes...

—¡Eh, ya lo tengo!

—¿Ah, que seguías pensando? Pensaba que como habías dicho que lo de pensar era para gente con cerebro ya habías parado.

—Ja, ja. Calla y atiende. ¿Recuerdas que te hablé de una noche en la que , después de 6 años, me reencontré con el señor Houinbou y le devolví el favor que me hizo? Ya sabes, el asesinato de ese presidente, los cómplices cabrones y tal y tal.

—Sí, claro que me acuerdo. ¿Por? —Resulta que una buena parte de esos cabrones están enchironados aquí. Y ya que este show tiene que ser tan terapéutico, me apetece reírme de ellos en su cara. Así que haremos una parodia, ¿Qué te parece?

—Oye, Souta… Pero es un poco cruel, y dejaría a esos maleantes a la altura del barro… ...Estupendo.—se entusiasma ella.

—Je. Así me gusta. Y ahora que lo pienso… Sí, incluso el número de personajes coincide. ...Estos panolis se van a enterar de lo que vale un peine.—murmura, malicioso.

—¿Pues a qué estamos esperando, a una invitación? Se lo tienen merecido.

—Sin duda. Supongo que el siguiente paso es escribir el guión. Para ello, necesitaré mucho humor negro, muchas formas de ridiculizarles y muchos insultos… Vamos, esto va a ser coser y cantar.—ironiza Souta, con una expresión entre confidente y perversa.

Y después de coger la idea de parodiar el SS-5, toca escribir un guión decente para la obra, antes de ensayar cualquier truco para ella. A pesar de que ninguno de los dos humanos que participarán es un profesional en la materia, lo terminan pronto entre los dos. En un intervalo similar, ya tienen aprendido su personaje de sobras. En lo que respecta a insultarles, aunque no sea directamente, Souta no necesita actuar para nada.

Debido a la notable eficiencia aprendiendo texto de ambos, pueden centrarse por fin en el resto. Souta entrena a Kuro y a Tasuke para que hagan los trucos propicios para el espectáculo. No le cuesta demasiado, puesto que ambos animales confían en él y le obedecen sin rechistar demasiado, aunque no por ello van a renunciar a los aperitivos que les da Souta de premio.

Yukiko, cuando empieza a quejarse de que tiene el texto más que aprendido, se dedica a pintar los murales del fondo a ciegas. Souta le ha diseñado un sistema para que pueda hacerlo: le marca separaciones con trozos de cartón y él mismo le va dando el color que toca en cada sección, de modo que ella va pintando por zonas sin saber muy bien lo que pinta, pero va haciendo. El pelirrojo, cuando se seca, se encarga de los detalles.

A un buen ritmo, el guión está aprendido, los trucos bien practicados y los decorados y el atrezzo listos. A pesar de ello, siguen ensayando cada día, pues les ha sobrado bastante tiempo.

—No me digas que te vas a poner una barba falsa…

—Je, puedes apostar. Es de lo más ridículo que lleva ese maldito viejo, así que hay que potenciar ese punto…

—Eso sí, no creo que te dejen llevar fuego…

—Tengo algo pensado para sustituirlo, y también para crear un efecto especial para que me explote en la cara, me queme la barba y me deje más negro que el tizón. He de prepararme un poco de antemano, pero da igual. Por verle esa cara de gilipollas, no tiene precio. —A ver de qué me disfrazas a mí… No quiero verme ridícula con el disfraz…

—Tranquila… Tú ya estás ridícula sin ningún disfraz. De nada.—se cachondea Souta, mientras su compañera le saca la lengua.—Bueno, volvamos a ensayar la escena de la presentación. Enseñé a Tasuke a corregir una cosa, y quiero ver cómo lo lleva.

—Creo que es la escena en la que más estúpida me siento…

El pelirrojo ayuda a Yukiko a levantarse y empiezan a ensayar dicha escena, colaborando con los animales e incluso ambientándose con una música de fondo. Ryouken se divierte mucho oyéndoles practicar, y también les ha prometido que, aunque no podrá ver nada, asisitirá para oír qué tal lo hacen encantado, para poder estar orgulloso de su trabajo mutuo, además de para reírse rememorando una memoria parodiada. Incluso a veces les da pautas y consejos siguiendo sus propios recuerdos.

—El acólito debería utilizar con frecuencia metáforas relacionadas con el fuego, el verbo 'desaparecer' y poner voz ronca.

—De acuerdo, señor Houinbou.

—Además, la joven Yukiko ha de hablar con los labios hacia fuera, como si besase al aire, sin contar que sería creíble que colocase sus brazos agarrando el al brazo contrario, como un abrazo. Cree recordar servidor que los abrazos y los besos son algo muy característico de aquella.

—Vaya, gracias, señor Houinbou, lo intentaré.

Mientras no les da consejos o no escucha el espectáculo, también escucha a ratos cómo a veces Yukiko tiene que sentarse un rato porque no le aguantan las piernas tanto tiempo, o que le entre una tos muy ronca cuando trata de mimetizar las voces, o que la música de fondo, a pesar de ser débil y casi inaudible para ella le provoque dolores de cabeza que le hagan pausar sus ensayos.

—Lo siento, de verdad… Te prometo que el día del show haré todo lo que pueda para que nada de esto me pase… Continúa tú, no quiero interrumpirte.

—¿Estás segura?

—Sí, sí… El señor Houinbou ya me está vigilando, ¿No es eso cierto?—asegura, sonriente, la morena.

—...Por supuesto. El acólito puede estar tranquilo, servidor no se moverá de su lado hasta que la joven Yukiko se sienta mejor.

—Se lo agradezco, señor Houinbou… Es usted muy amable conmigo siempre.

Aunque no lo exprese muy directamente, el asesino ciego nota perfectamente cómo Souta llega a preocuparse incluso por el estado de Yukiko, ya que los síntomas son frecuentes, cada vez más, y después de las palabras de la chica en relación a su muerte. Como su figura paterna, Ryouken sabe eso y más sobre Souta, y le molesta que esa enfermedad tan cruel pueda llegar a entrometerse en el vínculo de confianza que se está forjando entre los dos jóvenes poquito a poco. Es precisamente por eso que un día se ausenta de los ensayos diciendo algo muy impropio de algo como él.

—Servidor volverá en unos minutos, no tardará mucho. Debe realizar una llamada importante.

Evidentemente, Souta y Yukiko le conocen bien: Ryouken apenas se comunica con el exterior. En el hipotético caso de que así sea, lo hace mediante correspondencia. Nunca ha recibido ninguna llamada o ha usado su derecho a hacerlas desde que ingresó en la prisión, de hecho apenas recuerda si alguna vez ha cogido algún teléfono. Si decide romper la rutina precisamente ahora, debe de ser por algún motivo de peso que no puede esperar demasiado a que llegue la carta a su destinatario.

Los dos arden en deseos de preguntarle al respecto, pero de momento no obtienen réplica del asesino ciego. Se va de la celda con Kuro hacia un pasillo cercano, donde los guardias, tan sorprendidos como los muchachos, habilitan el teléfono para él.

—Servidor está la mar de contento por volver a escuchar su voz después de tanto tiempo. Se disculpa humildemente por llevar un tiempo sin comunicarse con él, pero ha estado ocupado con ciertos asuntos. Después de tanto tiempo, servidor precisa de su ayuda nuevamente. Ahora no puede darle demasiados detalles al respecto, pero si algún día pudiese acudir a la prisión que ahora es su morada, sería gratamente agradecido. Es en relación a esos "asuntos" de los que ha hablado antes. Son muy importantes para servidor. ¿De qué tratan? Keh heh heh… Básicamente, tienen dos nombres. Esos nombres son Souta y Yukiko: son los acólitos de servidor. Si puede acercarse, servidor se lo contará más detalladamente, pero digamos que existe un problema que sólo él sería capaz de ayudar a servidor con él. ¿Puede servidor contar con su ayuda? Keh heh heh… Le está tremendamente agradecido, una vez más. Esperará su visita con impaciencia. Que se cuide mucho, y gracias de nuevo.

Ryouken cuelga el teléfono, con una sonrisa bastante más humilde que las suyas características. Nadie salvo él sabe con quién acaba de hablar. Y de momento, nadie más lo sabrá. Vuelve a la celda, junto con sus dos compañeros humanos y los animales. Sigue escuchando el ensayo como si nunca nada hubiese pasado. Aunque algo así no se les olvidará a dos mentes tan inteligentes.