En lo que Ryouken está ausente de la escena, otros participantes actúan sobre el escenario. Y no por menospreciar a nadie, pero Souta se está aburriendo mucho. Igual Yukiko; al no poder ver nada, la cosa no tiene demasiado suspense.
—No soy un experto, pero los chistes del toc-toc dejaron de tener gracia a los cinco minutos de que alguien se los inventase…
—Además, con uno basta, no uno detrás de otro. Estoy soberanamente aburrida ahora mismo.
—¡Caray con doña Yukiko, menuda diva, solo te ríes con lo que hemos preparado nosotros!
—¡No, no, no es eso! Y antes de hablar, despierta, que te estás durmiendo por el aburrimiento tú también.
Mientras están discutiendo sobre los otros concursantes, Ryouken aprovecha el despiste para volver a las sillas cuando nadie se da cuenta. Aunque de nada le sirva, demuestra que es muy escurridizo.
—Servidor siente su intervalo de ausencia, ha ido a recibir una visita.
Eso hace que los dos dejen de discutir, e inmediatamente posen su atención sobre él, sorprendidos. Nadie se esperaría algo así de él. Ryouken sabe de su reacción, pero aún así opta por guardar silencio de momento, a pesar de que sabe a la perfección que arden en deseo por saber qué es lo que está tramando. —Keh heh heh… ¿No les toca el turno ya de actuar? Adelante, llegarán tarde. Servidor les desea mucha suerte.
—Ah, sí… Vamos, Yukiko, llegó la hora.
—Está bien, vamos. Luego hablaremos, señor Houinbou. Tenga mucho cuidado.—le aconseja Yukiko, ya que ahora no tendrá guía mientras Kuro esté sobre el escenario.
—Que no teman, servidor sabe cuidarse por sí mismo.
La improvisada tropa de artistas sube al escenario, y empiezan a prepararlo todo para su actuación: el decorado, el atrezzo… Mirando hacia el público, Souta distingue que en una posición privilegiada se encuentran sus víctimas que siguen vivas: un hombre de avanzada edad, cosa que queda algo contradicha por sus trabajados músculos, que quedan fuera de lugar, cabellos y barba largos, que quedó demostrado que eran falsos, ojos marrones grandes y una sonrisa horripilante; Bansai Ichiyanagi, el personaje que le toca interpretar a Souta, cosa que está deseoso de hacer. A su lado, se sitúa la mujer a la que va interpretar Yukiko, de nombre Marii Miwa, la cuidadora del orfanato donde estuvo Souta y posteriormente la guarda que asesinó a Manosuke, una mujer de no demasiada estatura, cabellos rubios con volumen, ojos castaños llenos de picardía y gruesos labios extrañamente maquillados.
—No puedes verlo, pero justo ahí delante están esos indeseables. Así que vamos a hacer el espectáculo que hemos ensayado, porque aunque me da miedito comandar a los animales… Insultarles es algo de lo que no me privaría por nada.—Souta empieza susurrando mientras se cubre las orejas, haciéndose el asustado, para acabar con una picaresca sonrisa y una mirada malvada.
—Guay, vamos a ello.
Después de mucho ensayo, llega por fin el debut de teatro en la cárcel de Souta, Yukiko, Kuro y Tasuke. Nadie lo diría, pero allá van. A parodiar a quien lo merece.
—Érase que se era, una noche fría y oscura en un lugar igualmente frío y oscuro, algo como un lugar con muchos demonios corriendo sueltos por allí. Pero no, no eran demonios de los clásicos, con cuernos, cola puntiaguda y tridente, unos mucho peores… Niños.
Algunos empiezan a reírse, para colmo incluso esos dos. Pero Souta ni siquiera acaba de empezar.
—Exactamente, ese lugar era una casa para esos demonios tan peligrosos, más conocida como un orfanato. Era una noche fría de narices, así que ni siquiera esos niños estaban despiertos a escondidas, estaban durmiendo en el sobre. Solo había un demonio que no estaba dormido, pero no era un demonio corriente. Era la jefa de todos ellos, la mismísima Satanás…
Es entonces cuando Yukiko, con un estilo creído, empieza a caminar hacia delante, pestañeando y poniendo morritos, incluso fingiendo que se está maquillando. Antes de seguir, Souta la coge por los brazos para que pare y se quede quieta. —...La directora del orfanato.—revela Souta, malicioso.
El público ríe de nuevo, aunque Miwa se da por aludida y empieza a extrañarse.
—Me ofendería, pero el rojo me sienta di-vi-no, que-ri-dos...—saluda Yukiko, dándose pintalabios falso y poniendo cada vez más morritos, lo que provoca más y más risas.
—Y por cierto, hablando de queridos… Esa noche, alguien se equivocó de fechas. Cuando a alguien se le habla de un viejo barbudo vestido de rojo, uno piensa en Santa Claus, pero no… Esa noche fría era de febrero, no de Diciembre, cosa que por otro lado explica que los demonios pequeños estuviesen durmiendo… Eso tiene fácil explicación: ese individuo no era Santa Claus, ni nadie con buenas intenciones. Ese ser era…
Corriendo, Souta desaparece del escenario y aparece en un momento con una barba puesta, unas gafas peculiares y una chaqueta de cuero llamativa, andando raro y sacudiendo la cabeza. Cuando llega al centro, dedica a sus espectadores una especie de solo de guitarra eléctrica invisible, que suena brevemente mediante la música de fondo, y termina lanzando las gafas violentamente a un lado y alzando un brazo con el meñique y el índice levantados.
—¡Ho, ho, HEAVY!—grita, exagerando de lo lindo.
La gente, de repente, estalla a reír, y quien debe empieza a darse por aludido también, cosa que ya no le hace tanta gracia.
—¡Cari-chan, querido!—le llama Yukiko, con los brazos abiertos dramáticamente.
—Qué pashaaa… Ni todo el pelo de mi cara me tapa la visión de tu bella jeta...—De golpe, Souta empieza a gimotear como si estuviese llorando.—Es que… Ya ves, tía, cuando era jovencito, era todo un caballero, uno que triunfaba entre las chatis atletas… Así tenían práctica para salir corriendo
Más y más risas, las primeras de todas por parte de Ryouken.
—¡Oyyy, es que eres tan…! ¡Tan…! ¡Oyyy, perdona, querido, mi cerebro está tan lleno de todas las cremas inútiles y caras que me echo que no puedo chillar y pensar una palabra adecuada al mismo tiempo!
—Je, je, tranquila… Si necesitas más cremas, dímelo. Haré "desaparecer" un par de pruebas y te daré la mitad de lo que saque. Te daría una parte menor, pero ya sabes, se me queda el cerebro ardiendo si pienso demasiado…
Risas por doquier una vez más.
—Bueno, querido, no fuerces demasiado tu neurona. Esta noche es muy importante para nosotros, va a tener lugar algo grande y solo de pensarlo me emociono y me siente una chica mala...—exagera Yukiko, imitando una pistola con sus dedos, y actuando algo sobradamente con ella. Sin que nadie lo espere, hace que dispara hacia el público.—El que se ría estaba pensando mal.
Por lo que pasa a continuación, no saben si deducir que les ha hecho gracia el chiste o es que realmente estaban pensando mal. —Resulta que dos neuronas, la suya y la mía, han sido capaz de preparar un plan en el que nos podemos hacer ricos. ¡Nah, no nos basta con timar a medio país, quedarse ahí es para perdedores, hay que ser heavyyy!—grita Souta, con otra pose parecida a la anterior.—Aunque por si acaso, contamos con la ayuda de un ser superior…
—Muy inteligente…
—Muy competente…
—El cerebro de la operación…
—¡Seguro que el tío más listo del planeta!
Justo ahora, Souta hace unos gestos con la mano y Tasuke tiene su entrada triunfal, chillando y haciendo movimientos característicos de un mono que quieren hacer creer a la gente que es un ser simple y tonto. La gente no para de reírse con el animal.
—¡Oh, ya ha llegado el jefe! ¡Adoremos a nuestro líder!
Los dos se tiran al suelo a hacerle una reverencia al mono, que con otro gesto de Souta, deja ver toda su dentadura mientras asiente y da palmas. Después de esperar a que la gente se limpie las lágrimas, Souta se levanta y ayuda a Yukiko a levantarse.
—¡Perdónenla, una neurona da o para llevar tacones o para levantarse, no para ambas cosas!
—Querido… Eso me ha hecho pupita… Bueno, te perdono porque tuviste la idea de traer al líder… Un abrazo… Y un beso...—Mientras lo dice, la morena abraza y besa a Souta, respectivamente.
—Je, je… Moooola.—exagera el pelirrojo, poniendo cara de pasmado.—Y seh, soy el más listísimo de toooda la peña. Mirad a qué Einstein he encontrado para el plan.
Con una señal, Tasuke empieza una especie de danza por todo el escenario con todo de movimientos ridículos que Souta le va indicando con hábiles gestos discretos. Cuando acaba, la gente aplaude al animal.
—¡No aplaudáis a alguien que no sea yo, o me traumatizaré!—patalea Yukiko, cual diva.
—¡Dinos cuál es tu plan, oh dios todopoderoso del heavy!
Otro movimiento, y Tasuke empieza a hacer acrobacias hacia una decoración de matorrales y hace ver que se cae. En el efecto de música suena un trombón melancólico. Cuando termina, los dos cogen un cartón que tenían escondido en la espalda con un número que simula una puntuación sobre diez, y lo levantan como si fuese un concurso. Yukiko, no intencionadamente, sujeta el número al revés, pero Souta improvisa por ella, dándose cuenta de que el error queda incluso bien.
—Nena, ya sé que de peque tenías tu mundo interior, con tus propios números y tal, pero el líder solo entiende idiomas que existen en la realidad.—la ataca, dándole la vuelta a su cartel.
—¡Oooooh! ¡Perdóooon, perdóooon!
Souta silba, y hace un par de señales, una para cada animal, puesto que ahora toca que aparezca Kuro. Efectivamente, el perro aparece llevando encima a Tasuke y haciendosonar la característica campana. El pelirrojo hace otro comando para que ladre, en señal de presentación.
—Keh heh heh… Muy bien, Kuro, muy bien...—le adula Ryouken, incluso desde el público.
—Ah, ya ves, como que mola el plan… Pero, ya sabes, si me explicases de qué va el plan, molaría el doble… Hasta el triple… Que son cosas que no sé calcular porque el título me gané con sobrecitos, pero que he oído que eso es un pasote, mu'heavy todo.
Con un chasquido, Kuro vuelve a ladrar.
—¡Ah! Ha dicho que tenemos que escondernos…
—¿Quéh? Pues como que no he pillado mucho, nena.
—¡Es que habla en mi idioma, cielos, es algo divino!—divaga Yukiko, como si quisiera abrazarle.
El pelirrojo repite el gesto de los chasquidos, esta vez dos veces, cosa que hace que Kuro ladre el doble de fuerte.
—¡Ya vamos, ya vamos…! Oish, qué mal genio…
—Al menos él tiene algo que se acerca a "genio", no como los dos mendas...—se lamenta Souta, con lagrimilla fácil otra vez.
Mientras tanto, Souta guía a Yukiko y los dos se esconden detrás del decorado. Simultáneamente, Souta se asoma y sigue dando instrucciones a los animales. Desde el cassette donde se reproducen las pistas musicales, suena el ruido de una verja metálica abriéndose.
—Alguien se acerca… Alguien que podría poner en riesgo el plan que taaaanto les había costado pensar. Deben librarse de él, pero el único que realmente sabía pensar allí está ocupado preparando una trampa mínimamente decente, así que no tiene más remedio que mandar al supuesto líder a lidiar con el problema. —explica Souta, de narrador.
Al mismo tiempo, hace un gesto a Kuro para que ladre seguidamente, hasta que con otro gesto lo hace callar, como si le estuviese explicando un plan a Tasuke.
—...Pero el pobre líder se había pasado toda la tarde inflándose a ganchitos , razón por la cual estaba tan gordo...—Tasuke se frota la tripa, como si le doliese, y Souta le lanza algunos ganchitos desde detrás del escenario para que los recoja y cuando los tenga todos se los zampe de un trago.—Y como comía como una lima, le entró el sueñecito, y no quería hacer nada de nada.
Tasuke actúa como si le molestase levantarse para ir a cualquier parte, incluso simulando que bosteza.
—Pero el verdadero profesional se hartó de tanta tontería y le amenazó con que moviera el trasero o se iba a enterar de lo que valía un peine.
Con una nueva señal, Kuro se da la vuelta y coge un objeto escondido. Cuando vuelve a vista de todos, tiene un cuchillo de juguete en la boca con el que empieza a gruñir a Tasuke para que haga algo.
—Y nuestro listísimo líder, como era muy muy valiente, le plantó cara al asesino. A su peculiar estilo…
Nueva seña, y Tasuke huye despavorido hacia el lado contrario del escenario corriendo, saltando y chillando al mismo tiempo, quedando esto camuflado por las salvajes risas de la gente del público.
—Mientras el inteligente asesino seguía trabajando en su trampa, Satanás y Santa Claus no aguantaban más escondidos, porque si alguien había establecido normas, ellos estaban para saltárselas.
Guiando a Yukiko, vuelven a aparecer los dos en la escena.
—¡Cielos, cari-chan, tanto rato liándonos ya es aburrido!—grita Yukiko, mientras aparta la mirada como si fuese una víctima.
—Ya ves, como que estoy de acuerdo con eso. Así que vamos a incordiar un poquillo, que ya iba siendo hora.—dice el pelirrojo, mientras mueve la chaqueta de cuero e intenta poner una escalofriante sonrisa.
—Hey, querido, hay algo que quería decirte, pero mejor flojito, para que no se entere el del mal genio ese…
—Suelta por esos labios llenos de colágeno, nena. Mejor flojo para que nadie te oiga…
Los dos se agachan un momento y Souta le tiende un megáfono a Yukiko que estaba en suelo, ya que ella no podría cogerlo sola. Acto seguido, la morena empieza a hablar a través de él, haciendo que su voz resuene por todo el edificio.
—¡Que quiero deshacerme del asesino ese! ¡Pero no se lo cuentes que es secreto!
El pelirrojo vuelve a agacharse y coge un megáfono idéntico para él.
—¡Me parece dabuten, vamos a callarle la bocaza, al estilo heavyyyy!—chilla también Souta.—¡Y tranquila, nadie se entera si hablamos tan bajo!
—¡Bien por mi delicada voz, que no la oiría ni un niño de 12 años medio dormido!
—Oye, tronca… ¿Y por qué te ha entrado por sacarle pasaporte al viejo ese? Me refiero al otro, ¿Eh? A mí no me sacas boleto ni loca, ¿Eh que no, bombón de licor?
Yukiko le echa por encima un espray hecho con agua solamente pero que simula algo más potente.
—¡¿Qué tripa se te ha roto, tía?!
—Más vale curar que prevenir. Prefiero curarte esa cara de violador que tienes antes de intentar prevenirlo y que no dé ningún resultado.
—Bueno, volviendo al tema...—el pelirrojo vuelve a encender el megáfono—¡¿Por qué quieres librarte de él?!
—¡Porque me ha visto mal peinada y mal maquillada, y no quiero que lo cuente!
—Eh, tía, me mola mazo tu plan, pero… Si es ciego. —¡Qué va, seguro que es una tapadera!
—Pero, ya sabes, el líder nos lo contó antes….—sonríe Souta, antes de seguir explicando la trama en su faceta de narrador.—Y hablando del ruin de Roma, por la puerta asoma.—nuevo gesto y Tasuke vuelve a la escena, arrastrando la cola como si estuviese cansado.
—¡Adoremos al líder!—repiten ambos, con otra estúpida reverencia.
—¿Qué le ocurre, por qué está así? Para eso lo mejor es un abrazo y un beso...—repite la morena, con el gesto del abrazo adoptado de nuevo.
Es el mismo Tasuke el que, con otra indicación, se sube a los brazos de la chica, y cuando esta va a darle un abrazo, le pone una cinta aislante en la boca, que tenía preparada de antemano.
—Entonces, ¿Está de perros por lo plasta que puede llegar a ser esta pija del bote?—le pregunta Souta, mientras hace otro gesto para que el mono dé la respuesta.
Tasuke dice que no con la cabeza mientras sonríe ampliamente, como signo de burla. Más señales, más gestos. Coge el uno de los megáfonos del suelo y empieza a chillar por él.
—¡Así que tenemos que hacerle caer en su propia trampa!—gritan ambos, como si les acabase de venir la inspiración divina.
—¡Eso es la monda lirondaaa!—grita Souta, mientras discretamente tira un petardo inofensivo cerca de él que llena el escenario de humo y con una chispa breve.
No tiene tiempo de asustarse porque en lo que se disipa el humo se ha de quitar la barba falsa y esparcirse hollín por la cara, como si se hubiera chamuscado.
—Mola, tíiiio... —dice el domador en una pose ridícula, mientras tose anillos de humo.
—¡Estamos listos para acabar con ese asesinucho de tres al cuarto!
—...Pero el susodicho sería ciego, pero su oído era envidiable, y lo escuchó todo, algo raro teniendo en cuenta lo flojo que hablaban todos...—se cachondea Souta, narrando de nuevo.—Y quiso ir a hablar con ellos para ver si sus tres neuronas, tres entre todos, entraban en razón.
Esta vez, la señal es para Kuro, que hace una especie de carrerilla y echa a correr gruñendo y ladrando con fuerza hacia Yukiko, que haciendo un soberbio acto de valentía, empieza a huir, siendo guiada por el pelirrojo para que no se tropiece con nada.
—Pero el asesino tenía cuatro neuronas, es decir, más de las que tenían entre todos, por lo que inteligentemente planeó su venganza por haber intentado librarse de él.
—¡Qué miedo, qué miedo…! ¡Tengo miedo de romperme el tacón de los zapatos si sigo corriendo así!—se compadece la morena, abrazándose a sí misma con expresión lastimera.
Aun nuevo gesto de Souta, Kuro se acerca a Yukiko y empieza a ladrar. Ella, como hipnotizada, empieza a andar hacia adelante guiándose por Kuro, que la lleva hasta el centro del escenario.
—¿Onde vas tú?
—Habla mi idioma… Me ha dicho que venga…
Kuro continúa ladrando, como dando más instrucciones a los demás.
—Ah, dabuten, espera que vamos.
Souta y Tasuke se ponen cerca de Yukiko en el centro del escenario. Con otra señal, Souta consigue que Kuro se mueva hacia un lado y le dé a un mecanismo con un botón, que activa la trampilla del escenario, que se abre y les traga a los tres hacia abajo, como si se tratase de esa trampa. Desde abajo, Souta se levanta y se asoma al escenario.
—Y así, esos tres lerdos acabaron bajo el propio peso de sus maldades. Pero el asesino tenía buen corazón, y sabía perdonar a quién lo merecía. Por eso mismo…
El pelirrojo hace la última señal a Kuro mientras coge un megáfono y lo esconde abajo, y después tapa la trampilla con la tapa. Cuando ya están encerrados, Kuro empieza a tirar de una carretilla pesada hasta colocarla justo encima de la trampilla. Una vez colocada, Kuro trepa hasta la cima de la carreta y ladra. Souta, enterrado abajo, se comunica con el público con el megáfono, desde abajo.
—Y como esos tres no tienen perdón de nadie, no los perdonó. Como debía ser. Por cierto, que antes se me había olvidado comentarlo…
Souta pone el megáfono cerca de los tres que están sepultados en la trampilla, y mientras Tasuke chilla, exclama a coro con Yukiko.
—¡El título de esta obra se llama "Justicia"!
Y para el gran final, Kuro vuelve a ladrar, haciendo sonar alto y claro la campanilla, símbolo de quien realmente ha ganado la batalla.
Desde debajo del escenario, Souta indica a Kuro que ya puede apartar la carretilla para que puedan salir. Así lo hace el obediente animal, para que posteriormente el pelirrojo abra la trampilla desde abajo y empuje a Tasuke hacia arriba y aúpe a Yukiko antes de salir él y ayudar a la morena a ponerse en pie. Ya para finalizar, cierran la trampilla, para dejarlo todo como antes. Todo esto, cabe destacar que tienen que compaginarlo con oír un montón de aplausos del público.
Dejando a banda a los dos aludidos de la historia, que ahora tienen la cabeza gacha, avergonzados y rabiosos por haber sido puestos en ridículo, al primero que mira Souta desde el escenario es al que considera su padre: a Ryouken. Con una gran sonrisa escalofriante que para el pelirrojo no puede inspirar más calidez, aplaude, a pesar de que no ha visto nada de nada. Les aplaude a ellos, porque está orgulloso del trabajo que han hecho, de que su "producción" teatral haya sido un éxito, y el como han trabajado duro el uno con el otro. Y por eso, todo lo demás le da igual. Al verle, Souta sonríe gratamente, y aunque no puede verlo, sabe que Ryouken se ha dado cuenta de que le está sonriendo, no sabe muy bien cómo lo hace, pero lo sabe.
—Saludemos, ¿Qué te parece?—propone Souta a la morena ciega.
—Por mí vale. Nada mejor para rematar esto.—opina, riéndose.
El primero en saludar, evidentemente, es el domador, ya que la clave de la obra eran los trucos con la mascota, y por supuesto él ha sido el que se ha encargado de todo eso, además de muchas otras cosas.
—¡Souta!—anuncia Yukiko, como presentándole, contenta.
El susodicho le dedica una mirada de circunstancias, pero no protesta, no tendría sentido. Solamente se limita a saludar. Cuando se incorpora, ayuda a Yukiko a saludar sin trastabillarse contra algo. —¡Yukiko!—le devuelve él, como ha hecho ella.
A la muchacha tampoco le molesta. Saluda y se incorpora de nuevo.
—¡Tasuke, Kuro, saludad vosotros también!—les dice Yukiko, alegre.
Souta lo interpreta como una indirecta, y les indica que echen la cabeza adelante, y así lo hacen, demostrando una vez más que es un domador excelente. Les da otra señal para que lo repitan y así se lo indica también a Yukiko.
—Ahora todos juntos, ya para acabar.
Así lo hacen: ambos compañeros se dan la mano y se agachan a la vez, al mismo ritmo que los animales, dando por más que concluida su actuación. Alzaba la cabeza sonriendo, pero al mirar al frente, la sonrisa de Souta se borra por completo de su cara. Sin querer, no puede evitar fijarse en alguien del público al que conoce y odia también, que no sale parodiado pero que es otro ser al que maldice con todas sus fuerzas: un hombre de complexión algo robusta, piel bronceada, cabellos largos y canosos que terminan en una extraña barba puntiaguda y ojos marrones, uno de ellos atravesado por una cicatriz que le dificulta la vista en este ojo. Lleva un gorro de cocina blanco, uniforme de prisión y una expresión de desagradable sorpresa de lo más desconcertante. Se trata de Yutaka Kazami, su padre biológico.
Yukiko no se percata de nada, ya que no ve nada, y sigue sonriendo mirando al frente sin saber nada. Souta es otro cantar: se fija en el repostero, y en su rara expresión. Les está mirando fijamente, claramente afectado por algo, aunque no se le ocurre qué puede ser. Pero no puede evitarlo: esa mirada le ha dado muy mala espina.
—...Vámonos, Yukiko.
—¿Eh? ¿Souta?
—Vamos, te ayudo a bajar. Anda.
Decide no decir nada de momento, pero Yukiko nota bien que hay algo que ha dejado algo tocado a Souta, aunque no se imagina qué puede ser. Por el momento, le acompaña sin rechistar, seguidos por los animales. El pelirrojo trata de borrar esa imagen que tanto se le ha marcado, pero no sabe por qué, y para su desgracia, pero no lo logra del todo.
—Keh heh heh… Muchas felicidades a los dos. Servidor se ha partido de risa, hacía mucho tiempo que no se reía tanto.—les alaba Ryouken, con una sonrisa.
—¡Vaya, gracias, señor Houinbou! Me alegro de que le haya gustado. Yo me estaba aguantando la risa cada vez que Souta imitaba la voz a la perfección.
Dado que es algo en contra de los parodiados, quizá el maestro y su suzu se esperaban el que el domador dijese algo para burlarse, pero suponen incorrectamente. Souta no dice nada, solamente se queda callado, con la mirada perdida y ausente.
—¿Souta…?—le llama Yukiko por segunda vez.
—… ¿Eh? Oh, sí, sí, ya…
—¿Le sucede algo al acólito?—le pregunta Ryouken, con su faceta sorprendida.
—Nada, no es nada, es solo que… No sé, de repente me ha entrado mal cuerpo… Pero se me pasará en un plis, no será nada serio. ¿Volvemos ya?
—¿Antes de que vengan a lincharte ciertos individuos?
—¿Qué? ¿Esos panolis…? Ja, que vengan… Si es que se atreven, claro.
Sin previo aviso, Kuro empieza a gruñir, quizá en señal de amenaza. Vuelven a la celda, aunque que vengan esos dos es lo que menos les preocupa del mundo.
Al llegar de nuevo a la celda especial, Yukiko decide vestirse con su ropa habitual de nuevo, más que nada por el frío, aunque atesora su disfraz con mucho cariño, ya que Souta lo ha hecho para ella. Desde que han llegado, no para de comentar sobre el espectáculo.
—¡Es que ha quedado muy chulo! Ha estado muy bien, una actividad diferente y divertida. Tú también te lo has pasado en grande, ¿Eh, Souta?
Intenta darle tema de conversación, pero lo cierto es que Souta sigue ausente, y no dice ni una palabra.
—¡Tierra llamando a Souta! ¿Estás bien? Dijiste que no era nada…
—Si es que no es nada, solo… Solo me ha dado como un mal presagio, y no paro de darle vueltas al asunto… Maldita sea, si es una chorrada. Bah, mejor déjalo. ¿Qué me decías?
El pelirrojo se esfuerza por olvidarlo, ya que solo es una tontería, una expresión rara de un viejo raro, y ya está. No quiere darle importancia a alguien que no la merece. Por eso, trata de distraerse hablando el resto de la tarde con Yukiko sobre el show, dicho sea de paso, burlándose de las caras que hacían Ichiyanagi y Miwa al verse tan ridiculizados. Mientras tanto, Ryouken les escucha, volviendo a su pose meditabunda característica, y solo por esa tarde decide perdonarles las pequeñas palabrotas que se les escapan.
Pasa un rato, y el monje budista decide unirse también a la conversación, a la que también se apuntan Kuro y Tasuke, dando muestras de que comprenden e incluso respuestas sencillas. De nuevo, vuelve a felicitarles por su actuación, aunque solamente haya podido escucharla. Han sido tales los excepcionales acontecimientos de la tarde que ninguno se acuerda de preguntarle por esa visita que robó unos minutos de su tiempo antes del show.
