—¿Saben algo el acólito y la joven Yukiko? Su actuación de hoy ha traído muchos recuerdos del pasado a servidor. Fue por esa época en la que el acólito salvó la vida de servidor en ese mismo orfanato. Un poco antes, era el mismo servidor el que salvó a Yukiko.
—Ya, es cierto… Fue justamente entonces...—hace memoria Yukiko.
—¿Y saben otra cosa? Antes de ese suceso, servidor nunca olvidó a su pequeño acólito desde el momento en que lo sacó de ese coche helado. Y ya que el incidente de la joven Yukiko vino un poco antes del reencuentro, y además la niña de aquel entonces coincidía en la edad del acólito cuando servidor le conoció, la pequeña Yukiko le recordó muchísimo al pequeño Souta.
—Es verdad, ahora que lo dice… Los dos teníamos seis años cuando le conocimos, señor Houinbou.
—Así es. Es por eso, entre mucho más, que los convierte a los dos en los fieles acólitos de servidor.—afirma, con una sonrisa.
La que más se ha sorprendido ante estas palabras es la morena ciega, quien de repente ha empezado a sonreír cálidamente.
—¿Qué? ¿Yo...Yo también lo soy? ¿Me considera algo tan importante para usted, señor Houinbou?—le pregunta, humilde y con una gran sonrisa.
—Keh heh heh… Por supuesto. Servidor sabe que la joven Yukiko le tiene mucho aprecio, y el sentimiento es mutuo. Por lo tanto, ella también se ha ido conviertiendo en su acólita.
—Yo… Yo… Vaya, muchas gracias… No me lo merezco...—murmura, con una humildad totalmente sincera. —Tanto el joven Souta como la joven Yukiko son los acólitos de servidor, dos de las personas más importantes para él.
Eso les sonsaca una sonrisa a ambos. Ryouken ha sido lo único que Souta ha tenido en muchísimo tiempo. Algo parecido le ha pasado a Yukiko: nunca ha tenido a nadie más, y en una situación adversa como su enfermedad constante, Ryouken nunca la ha abandonado, le perdonó la vida incluso. De repente, el pelirrojo vuelve a tener la sensación que tenía cuando ha visto a Yukiko tan parecida a él cuando la ha peinado y vestido a su estilo. Es esa sensación que le entra cada vez que descubre algo más que la morena y él tienen en común.
La morena ciega parece haberse emocionado mucho desde la charla con su maestro, sin embargo le fastidia comprobar que de tanto actuar y estar de pie tanto tiempo se ha fatigado más que de costumbre, y pronto le entra un fastidioso sueño. Sin poder evitarlo, se mete en su futón para evitar quedarse frita en el suelo.
—¿A roncar tan pronto, Yukiko?
—Sí, no me lo recuerdes… Me apetecía charlar un rato más con vosotros, pero es que hoy estoy agotadísima, no puedo con mi alma.
—Tiene sentido. Pues anda, duérmete antes de que te pase cualquier cosa que nadie quiera.
—Oye, Souta… Antes de irme a dormir…
—¿Sí?
—Sé que soy pesada, pero quería volver a darte las gracias por haberme incluido en tu show, porque me lo he pasado genial, tanto preparándolo como actuando. Y gracias también por tu inagotable paciencia...—le comenta, con aire de sorna. —...Créeme, no ha sido nada. Incluso ha sido divertido, fíjate. Reírte de los gilipollas de turno siempre va muy bien, sabes. Oye, y si además te ha servido para desconectar un poco, pues mejor que mejor.
—Has sido muy amable conmigo, Souta. Te lo agradezco de verdad.
—No hay de qué.—le asegura el pelirrojo, con una media sonrisa.
De repente, la morena ciega siente el impulso de extender sus brazos y darle un corto abrazo al pelirrojo, que se sorprende muchísimo. No recuerda la última vez que le abrazaron.
—...Vaya, lo… Lo siento, ¿Me he pasado?—le pregunta Yukiko, preocupada.
—...La verdad es que… Me he quedado a cuadros.
—Souta, perdona, no quería incomodarte, solo…
—...Tranquila. No me ha molestado.
—¿En…? ¿En serio?—le pregunta, claramente estupefacta.
—Hacía tiempo que nadie me daba un abrazo, sabes. Siempre creí que me daría mucho asco. ...Pero no me ha pasado eso. Será porque me caes bien.—comenta el pelirrojo, con una sonrisa que Yukiko puede sentir perfectamente.
—Primero el señor Houinbou me considera nada menos que su acólita… ¡Y ahora me dices que te caigo bien! Me alegro, Souta. Tú también me caes bien. Y oye, llámame lo que quieras, pero esto ha significado mucho para mí.—le asegura la morena, con una sonrisa enorme.
Souta reflexiona para sus adentros sobre lo que acaba de decir. Es algo que no suele decir todos los días. ¿Lo ha dicho realmente en serio? Nunca lo creería, pero siente que así ha sido, que se lo ha dicho con total sinceridad. Al parecer, Ryouken, una vez más, no se equivocaba.
—Buenas noches, Souta. Buenas noches, señor Houinbou.—se despide la chica, acomodándose en su futón, ya medio dormida.
—Buenas noches a la joven Yukiko igualmente.—le desea el asesino ciego. —Buenas noches, Yukiko. Descansa, anda. Estarás muerta...—le dice.
Nada más decirlo, a Souta se le queda inmediatamente un malísimo sabor de boca. No lo ha dicho con ninguna mala intención, solo era una expresión, pero en el caso de Yukiko esa expresión podría llegar a cumplirse. Y aunque Yukiko no se lo toma mal y se queda dormida sin alterarse lo más mínimo, después de decirle que le cae bien y recordar algo así se le queda una mala sensación dentro que le angustia.
En muy poco tiempo, Yukiko se queda traspuesta sobre su futón, de tan cansada que estaba. Souta, sin dejar de pensar en todo lo que le ha pasado en esa tarde que todavía le tiene un poco desconcertado, la tapa para que no se resfríe y aprovecha el instante para hablar con su figura paterna.
—Adelante, será mejor que servidor y su acólito entablen una conversación.—le dice Ryouken, incluso antes de que Souta pueda preguntárselo.
A pesar de todo, eso al pelirrojo no le sorprende lo más mínimo de Ryouken, y se sienta a su lado. Siente la necesidad de hablar con él.
—Servidor le escucha con toda su atención.
—Es que… Antes, cuando ha dicho que también consideraba a Yukiko su acólita, me ha sorprendido. ¿Lo ha dicho en serio?—le pregunta, aunque en el fondo sabe perfectamente que nunca bromearía con algo así.
Ryouken empieza a reírse con suavidad. Sabe que su acólito sabe que no suele hacer broma, pero entiende su reacción, y le contesta.
—Keh heh heh… Por supuesto, servidor siempre habla en serio, habla tan en serio como mataba.—le asegura, mientras sonríe maliciosamente.—Y esta vez no ha sido excepción alguna. Servidor nunca bromearía con algo de semejante calibre. Pero ahora, si el acólito le permite responder con otra cuestión, le gustaría preguntarle el porqué de su cuestión.
—Por nada en especial. Es que… Hace tiempo que he estado pensando sobre Yukiko, y sobre su pasado y todo eso, y últimamente en especial noto que… Que hay muchas cosas en la que nos parecemos.—explica, serio.
—Keh heh heh… Ciertamente. Servidor cree firmemente que es precisamente por eso por lo que el acólito puede hablar con ella sin sentirse incómodo. Pero que no se confunda, eso está bien, eso es bueno para ayudarle con la confianza que el acólito debe tener en el prójimo para poder vivir una vida, como mínimo, tranquila.
El pelirrojo lo medita al respecto, y considera que hay algo de cierto en esas palabras.
—¿Quiere que le diga algo? Lo he pensado un poco, y… Le prometo que no me siento para nada celoso, ni tengo ningún problema con ello ni nada por el estilo, pero… No logro comprender exactamente por qué considera a Yukiko no solo su "suzu", sino además su acólita. Le digo que no me importa lo más mínimo, pero como yo lo entiendo, ella solamente le está muy agradecida y le es muy leal, que eso está muy bien, de verdad. Lo que no alcanzo a entender es, a parte de demostrarle su lealtad, ¿Qué ha hecho ella por usted que le ha conmovido tanto?
—Servidor nota que su natural desconfianza todavía sigue ahí, lo cual servidor considera perfectamente normal. Entiende lo que piensa su acólito, y se alegra de que se lo haya dicho. Así, servidor podrá ilustrarle. Que el acólito le permita explicarse.
—Por favor, le escucho. En serio, insisto que no es nada contra Yukiko, si incluso hoy le he dicho que me cae bien, y todo. Imagínese.
—Oh… Vaya… Eso está muy bien de su parte. Y que esté tranquilo, servidor le comprende, y le conoce perfectamente. Verá el acólito, para servidor, la joven Yukiko y él son dos tipos de acólitos distintos. La joven Yukiko, debido a su horrenda enfermedad, no ha sido demasiado capaz de demostrar su valía mediante acciones físicas, eso sin contar su longeva supervivencia, que evidentemente no ha elegido ella, aunque servidor se alegra de que sea así. Pero por el contrario, hubo algo que a servidor le llamó la atención de ella desde un principio.
—Ah, sí, me comentó algo de eso cuando me explicó cómo se conocieron. Algo de que demostró una inteligencia extraordinaria en alguien de su corta edad.
—Keh heh heh… Precisamente. La joven Yukiko ha sorprendido gratamente a servidor con sus pensamientos y la buena fe que tiene hacia los que son de su confianza. Quizás su acólito no llegue a creérselo, pero servidor ha aprendido algo muy valioso de ella.
—Vaya, fascinante. ¿Me va a contar qué es?
—Que aunque parezca que todo vaya mal, siempre hay algo por lo que seguir luchando por la vida de uno. Porque la joven Yukiko puede estar perfectamente concienciada de que pronto morirá, pero eso nunca le ha supuesto un impedimento para seguir viviendo un poco más, compartiendo su vida con los que le importan de verdad hasta el final, incluso con una sonrisa a pesar de que cada día se vaya marchitando un poco más. Débil como está, quién la hubiese imaginado sobre un escenario. Si no hubiese tenido nada por qué hacerlo, para qué se hubiese molestado, cansándose como se cansa. Lo ha hecho porque había alguien que le importaba a su lado, ayudándola. Y cuando hay alguien que le importa que hace algo por ella, le da todo igual… Incluso una enfermedad tan cruel. Ha actuado con una sonrisa… Y eso, en alguien como ella, es admirable.
Souta no interrumpe ni una vez, pero por supuesto está escuchando sin detenerse ni un instante. La persona importante por la que Yukiko ha actuado ha sido él mismo. A parte de excepciones puntuales y obvias, nunca ha sido importante para nadie… Ni siquiera lo fue para su propio padre. Quizá por eso le haya dicho antes que le cae bien.
—Así es… Tiene razón, señor Houinbou. Ahora lo entiendo. Entiendo sus razones para haber dicho eso. Porque sé que usted nunca dice nada sin razón.
—Keh heh heh… Cierto. Aunque a servidor no deja de hacerle cierta gracia. Es de las pocas cosas en las que el acólito y ella discrepan.
—¿Cómo dice?
—El acólito Souta es su acólito porque, a parte de que siempre ha agradecido que servidor le salvara de ese coche y le ha sido siempre leal por ello, le ayudó a salvar su propia vida seis años más tarde. Eso fortaleció el lazo de confianza, y por eso cada uno se ha convertido en una persona fundamental para la vida del otro. La joven Yukiko es su acólita por la lección de vida que le ha dado a servidor. Sin embargo, ambos son sus acólitos. Servidor les aprecia muchísimo a ambos, por eso ambos son sus fieles acólitos.
Ante estas palabras, Souta no puede por menos que sentirse gratamente halagado: Ryouken ha sido todo lo que ha tenido en un periodo largo, quizá demasiado largo. Por eso, que le diga después de todo que le aprecia mucho le pone muy contento.
—Gracias, señor Houinbou. Gracias a usted, ya no estoy solo. Le tengo a usted, como siempre le he tenido. Y ahora, además, tengo también a Yukiko cerca, y cada vez más, me tengo a mí mismo. Por eso, y como de costumbre, lleva usted toda la razón. Se lo agradezco de verdad.—concluye Souta, con una expresión de humildad totalmente impropia en él, aunque completamente sincera.
—Keh heh heh… Para servidor, nada que pueda ayudar al acólito de algún modo es una molestia. Ahora, debería dormirse. El día de hoy ha sido largo e intenso, se sentirá mejor después de dormir un poco.
El pelirrojo le da la razón, sin embargo hay algo que se decide a comentarle antes de nada.
—Sí, señor Houinbou, enseguida me voy. Pero antes… Hay algo que me gustaría comentarle. No creo que tarde mucho.
—¿De qué se trata?
—Es que… No estoy muy seguro, pero… Desde que terminó la actuación… Llevo sintiendo un mal presagio que no se me acaba de pasar.
—Oh, qué curioso...—Ryouken parece muy interesado al respecto.—¿A qué se podría deber?
—No estoy muy seguro, como le digo, pero… ¿Quiere que le sea franco? No sé por qué, pero creo que tiene algo que ver con Yukiko.
—¿...De verdad?
—S-sí, eso creo… No sé, antes he hablado con ella, y después de lo que he hablado con usted… Tengo la impresión de que… No sé… De que hay algo en ella…
—Algo en ella… ¿...Que le disgusta, quizás?
—No, no, no es disgusto… Es algo… Algo que me falta. Algo que no sé sobre ella. Pero no creo que ella sepa nada que no me haya contado.
—Servidor tampoco cree que la joven Yukiko sepa algo que no les haya contado ya. Qué curioso… Quizás sea solo un presentimiento, pero servidor le promete que pensará al respecto. —Se lo agradezco. Seguro que solo es una tontería, es… Como decirlo. Una sensación. Pero uno no puede ir por la vida creyendo en esas cosas.
—Quizás. Pero de todas maneras, servidor lo pensará consigo mismo. Nunca se sabe. Pero ahora, que se vaya a descansar. Y más después de todo este presagio. Le irá bien algo de sueño.
—Sí, creo que lleva razón, una vez más. Buenas noches, señor Houinbou.
Souta se acomoda en su futón, intentando no darle más vueltas a algo que considera tan absurdo. Antes de dormirse, le echa un vistazo a Yukiko mientras duerme. Y por extraño que sea, le da la impresión de que por eso no puede sacarse completamente esa idea de la cabeza.
