Una vez se ha decidido dejar aparcado ese asunto tan incómodo, Souta empieza con las clases de ajedrez para Yukiko. Tal y como el pelirrojo mismo le dijo antes de que se durmiese, lo primero será describirle cómo son los movimientos válidos, una descripción del tablero, etcétera. Evidentemente, usarán el método de escribir los movimientos en una nota en braille, para que Yukiko pueda entenderse sin necesidad de ver nada.
—Entonces, me decías que cuando el rey se mueve dos escaques hacia el rey y luego este pasa por encima, ¿Se llama jaque?
—No, no, se llama enroque. El jaque se logra con cualquier jugada que pueda amenazar al rey en el siguiente turno si no cambia de posición.
—Vale, ya lo pillo…
Yukiko va tomando notas en braille en un cuaderno que le ha procurado Souta, donde anota todo lo que es digno de saber, para poder estudiárselo.
—Así que recuerda, el enroque consiste en acercar la torre al rey, y al revés. A mí también me gusta llamarlo "Ataque de celos".
—¿Celos? Espera, ¿Lo dices por Manosuke?
—Ajá. Verás, creo que no sabías esto, pero ese compañero al que mató Manosuke, mientras él era considerado el caballo, era la "torre". No me preguntes por qué, pero era así. Manosuke siempre me ha considerado "el rey", ¿Te imaginas lo que pasaría si se me acercase "la torre"? A Manosuke le da un ataque.—se ríe Souta a carcajadas.
Yukiko se une a sus risas, mientras toma nota del asunto.
—Ataque de celos, ¿Eh? Vale…
—¿Eh? Pero jo, eso no hace falta que lo apuntes…
—Déjame en paz, Saru, apunto lo que me da la gana.—se burla, sacándole la lengua.
—Vale, vale… ¡Eh! ¿Qué te dije yo de llamarme así?
—Que si te lo llamo me matarías.
—Premio al canto. Suelo elegir mis métodos, pero te dejo elegir: ¿Balazo o cuchillazo?
—Vamos, pelirrojillo, no me seas hostil. Vale, tengo nota tomada del ataque de celos, ¿Pasamos a lo otro?
—¡Se llama "enroque"! Creo que no tendría que habértelo dicho… Pero bueno, tienes razón. Como te dije antes, ahora viene el jaque. A ver si, al contrario que tu personaje del show, tienes la neurona de la memoria.
—Se trata de una jugada en la que el que hace el jaque amenaza directamente al rey en el próximo turno a no ser que lo mueva o que le coloque una defensa que le impida acceder al rey.
—De acuerdo, muy nota de eso también en tu libreta fantástica. Veo que no eres tan tonta como aparentas a veces.—la ataca Souta.
—Di lo que quieras, pero no soy tan estúpida, Sar…
Souta la fulmina con la mirada,apuntándola con el dedo, amenazante. Yukiko no puede ver nada, pero lo ha pillado y se calla a tiempo.
—¿El jaque tiene traducción a tu lenguaje?
—No sé, pero quizás "El salto automático del caballo" Si Manosuke viese que "el rey" estaba en peligro, es decir, en jaque, se movería para impedir que le pasara algo. —le explica a la morena, con un ligero rubor empezando a emerger en su mejilla.
La muchacha ciega continúa sus apuntes, incluso los que son parte de ese argot.
—Oye, Souta...—le pregunta, con una especie de ronroneo en la voz.—¿Y qué pasaría si el rey o el caballo se moviesen a la casilla del prójimo y estuviesen los dos juntitos? ¡Sería muy cuqui!—fantasea, con una sonrisilla.
—¿E-eh? B-bueno… Estaría… Estaría bi...—comienza, tartamudeando, y acentuando su rubor.—Espera, ¡NO! ¡Dos piezas no pueden ir en la misma casilla, listilla! —le espeta, a gritos, y haciendo fuerza con el puño.
—¡Ibas a decir "bien", ibas a decir "bien"!—insiste la morena.—¡Qué bonito!
—¡C-calla! ¡Ch-chitón de una vez!—protesta Souta, avergonzado.
—¡El rey y el caballo se gustan, el rey y el caballo se gustan!—repite una y otra vez, infantilmente.
—¡Yukiko, basta! ¡J-joooo!—se queja Souta en retorno, pataleando como dándose por aludido.—¡¿P-por qué has sacado el tema?!
—¡Pero si lo has sacado tú! ¡Me dijiste ayer que nada de hablar de Manosuke, pero has sido el primero en nombrarle cuando has podido!—contraataca Yukiko, sonriendo, como si esperase a que el pelirrojo dijese algo así para poder replicarle así.
De repente, el domador se calla en seco. No quiere admitirlo, pero Yukiko ha dado en el clavo: ha sido él el primero que ha mencionado a Manosuke, a pesar de ayer haber advertido a Yukiko que no quería sacar ese tema por nada del mundo.
—¿Souta?—le llama ella, algo sorprendida por su denso silencio repentino.
El susodicho sigue sin contestar, solamente hace ademán de coger una de las piezas del set y mirarla ojiplático: el caballo negro. La pieza con la que Manosuke siempre se ha identificado. El pelirrojo podría decir que era su favorita, pero no sería cierto. Souta, mejor que nadie, sabe que la pieza favorita de Manosuke era el rey, tanto como que su persona favorita en la partida de la vida era también "su rey". Y ese rey no era otro que Souta.
Yukiko está a un paso de llamarle de nuevo, ya que todavía está esperando que le conteste, pero Souta no tiene pinta de salir de su trance con tanta facilidad. Al final, ambos, e incluso Ryouken, se ven obligados a interrumpir sus cavilaciones internas. Uno de los guardias (a juzgar por el volumen y la alegría de su voz, la chica que les trajo las telas) les llama la atención,y parece que no viene solo.
—Perdonadme, odio interrumpir, pero quería deciros que me dais mucha envidia. ¡Hay aquí un tipo muy mono que quiere veros!—exclama la de los cabellos jades, dando un saltito de la emoción.
Una reacción así no deja indiferente a nadie, y en esa celda no son una excepción. Souta y Yukiko se han quedado más a cuadros que el tablero de ajedrez, Ryouken parece estar meditando sobre las impulsivas reacciones de la juventud actual y los animales se muestran sorprendidos.
—Aquí le dejo, doctor. ¡Si necesita algo, venga a buscarme! ¡Si es para hacer demostración de boca a boca, más todavía!—chilla la intrépida chica, como si estuviese delante de una celebridad.
—Se lo agradezco, señorita. Lo tendré en cuenta.—asegura el doctor, tratando de mostrar su sonrisa más simpática.
El susodicho doctor accede a la celda, para nada intimidado, es más, con una amplia sonrisa que ni el mejor dentista podría lograr.
—Buenos días a todos.—saluda el hombre de gafas.
—Es usted, doctor...—le reconoce Souta, volviendo a fijarse en el peculiar médico.
—Así es. Muy buenas, señor Houinbou.—le dice,con una respetuosa reverencia, que a pesar de no ser vista se recibe igual de bien.
—Keh heh heh… Buena jornada al doctor también. Que Kuro salude al invitado.—Cuando el perro ladra, el asesino ciego le acaricia la cabeza.—Buen chico, Kuro,buen chico.
Tasuke lanza un chillido, como diciendo "hola, qué tal"
—Buenos días, Kuro, y a ti también, Tasuke. Y por supuesto, también a ti, Yukiko.
—Hola… Encantada de que esté aquí.—asegura la morena, extendiendo el brazo.
—Oh, por cierto, ¿Qué tal ha evolucionado ese corte? ¿Todo mejor?
—¿Qué? Ah, sí, así es, gracias. Ya está perfecta.
—Bien, muy bien, me alegro mucho, Yukiko.—sonríe el de los ojos verdes.
Al volver a escuchar a ese hombre llamarla por su nombre,Souta recuerda y comprueba de nuevo que ese hombre parece conocer a todo el mundo, incluso aunque parezca que no debería saber nada.
—Oiga, señor doctor, ¿Puedo hacerle una pregunta?—inquiere Souta, con algo de desconfianza.
—Por supuesto, dime.
—¿Cómo sabe el nombre de absolutamente todo el mundo en esta celda?
—¡Eh, es cierto! Ahora que lo pienso, desde que nos conocimos el otro día cuando lo de mi herida, ha demostrado que sabe bastante sobre nosotros. No sé Souta, pero yo no recuerdo conocerle...—se une la morena.
—Qué va, yo menos, Yukiko. ¿Y bien? Espero que nos lo pueda explicar, porque yo sigo flipando.—continúa Souta, con ahínco.
Primeramente, el médico se muestra algo sorprendido, más que molesto o nervioso, pero luego deja ir una carcajada cándida.
—Imagino que no puedo engañaros, chicos. Me rindo, no puedo encontrar ninguna excusa para eso. ¿Puedo contárselo, maestro Houinbou?—pregunta el moreno de las gafas, riendo.
—Keh heh heh… Por supuesto. Ya va siendo hora de que los acólitos de servidor le conozcan por fin. Los dos jóvenes han de saber que no es la primera vez que las vidas de servidor y de este buen doctor se cruzan.
—¿Y-ya se conocían desde antes?—refuerza Yukiko, con una pregunta.
—Eso parece… ¡Espere un momento! ¿"Maestro" Houinbou? ¡E-eso quiere decir que…!—se sorprende el pelirrojo.
—Así es. Soy un discípulo del señor Houinbou. Desde hace muchas lunas ya, pero aún así le seré leal para siempre.—asegura el médico, simpático.
—Keh heh heh… Ciertamente. El doctor es uno de esos "perros" a los que se refiere la gente cuando habla de los discípulos de servidor. Uno de sus subordinados más fieles, entonces… Y ahora.—corrobora el monje budista, con una risa cómplice.
—Ah, casi se me olvida, pero también tengo nombre. Me llamo y me llaman Chusei Kokoro, y soy médico, como bien sabéis. Un inmenso placer conocer por fin a los acólitos de mi maestro.—Sonríe el doctor.
—¡A-atiza! ¡No me hagáis mucho caso, pero todo eso de los secuaces resultó ser cierto!—grita Souta, ojiplático.
—¡Esta vez es un matasanos pero de verdad!—se une Yukiko, igualmente sorprendida.
—Keh heh heh… Haya paz. Eso fue hace mucho tiempo. Ahora, Chusei Kokoro es únicamente médico como servidor es únicamente reo.—menciona el asesino ciego, con una sonrisa paulatina.
—Cierto. Se puede decir que antes era doctor, y ahora soy un doctor normal.—diferencia Kokoro.
—¿Hum? ¿Y cuál es la diferencia?
—Bueno… De alguna manera me habré ganado el título de "discípulo" del maestro Houinbou, ¿No os parece?
Ante esta ironía, todos deducen que antiguamente no era simplemente un doctor debido a su complicidad con el asesino a sueldo.
—Keh heh heh… El doctor Kokoro ha proporcionado a servidor muchos datos. Datos sobre las víctimas, e incluso sobre sus posibles puntos débiles. Al ser un cirujano excepcional, muchos acudían a él para curar sus males… Aunque para algunos de ellos resultase inútil.—sonríe maliciosamente Ryouken, con pinceladas de su característico humor negro.
Incluso el doctor Kokoro se ríe ante algo de semejante calibre.
—No sé si alegrarme por una lealtad entre ambos tan profunda… O echarme a correr de lo siniestro que todo esto me parece...—alega Yukiko, con una ceja alzada.
—Aunque te parezca raro, coincido contigo, Yukiko.—se conchaba Souta, haciendo el mismo gesto.
—Keh heh heh… Servidor tiene tantos recuerdos de aquella época… En fin, ahora sus dos acólitos saben por qué el buen doctor sabía sus nombres. Cuando servidor hizo aquella llamada, y se ausentó unos instantes de ese espectáculo de farándula que se montó, en ambos casos era para recibir al doctor.
—En efecto, todo me lo contó el maestro Houinbou. E incluso después de todos estos años, no sería capaz de ignorar una llamada suya. Le debo muchísimo, y será siempre mi maestro.
Ahora, los dos jóvenes entienden muchas cosas que les faltaba por terminar de conocer sobre la actividad rutinaria de su maestro.
—Dígame, señor Houinbou, ¿Nos podría explicar por qué llamó al doctor Kokoro después de tanto tiempo? Incluso llegaron al extremo de poner al doctor Kokoro a trabajar en la cárcel, ¿Me equivoco?—deduce Souta, sabiendo de sobras de lo que es capaz su figura paterna.
—Keh heh heh… No se equivoca, en absoluto. Fue servidor quien le propuso eso a su discípulo Chusei.
—El maestro Houinbou me mandó llamar para que usase mis conocimientos de medicina para algo que, según él, solo yo puedo hacer. Creo que me tiene en —Keh heh heh… Servidor discrepa, le considera muy bueno en su materia, por eso le ha encargado algo muy importante: investigar sobre esa rara enfermedad que padece l joven Yukiko.
—¡Oh! ...Así que fue por eso. No sé qué decir...—se muestra agradecida la morena ciega.
—Así es, para eso estoy aquí. El maestro Houinbou me ha pedido que trate de investigar el origen de tu enfermedad para tratar de ponerle alguna cura, o como mínimo, aminorar o retrasar sus síntomas. Para ello, te someteré a un largo y tendido chequeo. Haré todo lo que esté en mi mano, y si el maestro Houinbou tiene fe en mí, me esforzaré al máximo.—asegura el doctor Kokoro, contrastadamente serio de repente.
—Yo… Muchísimas gracias a todos por preocuparse por mí. Están siendo muy amables conmigo.—agradece la morena, sonriendo.
—No hay de qué, Yukiko.—asegura el hombre las gafas, devolviéndole el gesto.—Aunque al parecer, tu enfermedad es una muy rara, así que será algo complicado. Pero seguro que algo sacaré en claro, haré todo lo que esté en mi mano.
El pelirrojo, de repente, siente una imperiosa necesidad de pensar más seriamente en lo que quieren decir esas palabras. Si el doctor Kokoro lograse encontrar alguna especie de cura para esa enfermedad, se acabarían las toses extrañas, los dolores de cabeza, los malestares. Aumentaría mucho la calidad de vida de su compañera, incluso…
—¿Eso significa que, si encuentra una cura, Yukiko no se morirá?—pregunta Souta, sorprendido.
—Hm… No quiero ser el aguafiestas de turno, pero todavía es pronto para decir eso.—replica el cirujano, serio.
—Oh… S-sí, claro, está en lo cierto, ni siquiera la ha mirado todavía...—asegura Souta, apartando sin querer la mirada hacia abajo.
Al comprobar que hace eso, el doctor Chusei se le acerca y le pone una mano sobre el hombro.
—Pero si hay algo que yo pueda hacer para lograr eso, lo haré, Souta.—le sonríe el doctor.
—… ¿...Por qué me lo dice a mí cuando es Yukiko a la que va a tratar?—pregunta el domador, ojiplático.
—Keh heh heh… Eso también sería una buena noticia para el acólito, así que ¿Por qué no?—responde el asesino ciego, misteriosamente.
—...Aaah. Sí, claro, dicho así...—murmura Souta, todavía algo chocado.
—Eso sí, me temo que ese chequeo deberá esperar un poquito, Yukiko. Ahora estoy bastante atareado con un asunto, pero nada más esté todo en orden me pondré con ello, en serio.—le dice Kokoro, esta vez refiriéndose a ella. —Oh, no se preocupe… De verdad, no necesito que corra por mí. Llevo 19 años así, un poco más no creo que sea para tanto. Además, seguro que es usted un hombre ocupado, así que...—se excusa ella, moviendo la mano.
—Bien, me alegro de que pienses así. Aunque ahora mismo estoy aquí por algo más que para presentarme y decirles eso. Tiene que ver con ese asunto que me tiene tan atareado.—explica el de la bata blanca.
—Que les diga el doctor, ¿Cuál es su objetivo aquí?—inquiere el monje budista, cerrando los ojos.
El doctor Chusei Kokoro carraspea ligeramente y con un gesto elegante procede a explicarse.
—Se trata de unas analíticas de sangre que mandan hacer periódicamente a los presos, como medida de prevención. Evidentemente, ahora soy yo el doctor, así que me toca a mí, lógicamente. Den gracias, no sé qué les pasaría si fuese esa señorita tan amable la encargada de hacerlo.—se burla cariñosamente el doctor.
—Keh heh heh… Eso ha sido algo cruel… Pero cierto. Servidor podría haber envidiado el poder de esa joven si tuviese posesión de algo punzante.—se ríe Ryouken.
—No lo dudo, maestro Houinbou. Así que, si no hay problema, comenzaré con Souta. Si pudieses descubrirte un brazo… Me da igual cuál. No creo que haya gran diferencia.—sonríe el médico.
Souta, algo agitado, se quita la manga derecha y, tapándose la mano derecha con la izquierda y esta con su manga correspondiente, deja su brazo al descubierto.
—No necesito que escondas los tatuajes del mono que te hiciste el otro día en la enfermería. En serio, no hay nada de malo. Imagino que te gustarán mucho.
—E intentabas negármelo...—se burla Yukiko, alzando una ceja.
—¡S-seguro que tú también te hubieses hecho uno!
—Pero no quinientos.
—Haya paz entre los acólitos, haya paz.—les calma Ryouken.
—Puedes coger algo para estrujarlo con la mano izquierda, si te dan miedo las agujas.
—N-no me dan miedo las agujas.—se pronuncia el pelirrojo, firme.
Pero Tasuke lee los nervios en los ojos de su amo y se sube a sus hombros para que, cuando el doctor Kokoro le está extrayendo una muestra de sangre, pueda taparle los ojos como haría si tuviese los brazos libres.
—Ya está. Y no has llorado, así me gusta.
—No se burle de mí, doctor Kokoro...—susurra Souta, haciendo un poco de puchero.
—¡Muy bien, machote! A Manosuke le hubiese encantado ver que tiene un "amigo" tan valiente...—bromea Yukiko, marcando las comillas con los dedos.
—¡Aaaah! ¡C-calla, microbio! ¡No me busques que me encuentras!—protesta el pelirrojo, cubriéndose las orejas, algo molesto.
—Keh heh heh… Servidor está seguro de que el doctor Kokoro lo sabe perfectamente, pero le aconseja que guarde muy bien esa muestra.—le dice Ryouken, con una enigmática sonrisa.
—Gracias por el recordatorio, maestro Houinbou. No se preocupe, estoy en ello.—sonríe cómplice el doctor.
Ambos se preguntan qué habrá querido decir con eso, pero mejor dejan estar el tema.
—Ahora, si me permite, iré con usted, maestro Houinbou. Aunque si no se nota con cuerpo para agujas…
—Por favor, eso no será necesario. Servidor ha soportado cosas peores.
Con sumo cuidado, el doctor Kokoro toma la muestra de sangre del brazo de su maestro. A pesar de que lo hace con toda la profesionalidad y el tacto que posee, Ryouken no puede evitar reflejar un semblante que expresa dolor agudo. Incluso Kuro se pone en alerta al ver que su dueño está sufriendo. Tasuke se sorprende: nunca había visto al anciano con esa cara. Souta, por su parte, se ve como su mono, además de un poco asustado. En lo que respecta a Yukiko, no se percata, pero se da cuenta de que algo no va precisamente bien.
—¿...Pasa algo?—susurra, algo preocupada, y sin recibir respuesta.
—...Lo siento mucho, señor Houinbou. Sufro al verle así...—se lamenta Chusei Kokoro, mostrándose contrastadamente triste.
—...No es necesaria ninguna disculpa. ...Servidor se repondrá enseguida.—murmura Ryouken, con una voz repentinamente más suave y cansada.
—Doc… Doctor Kokoro...—le llama Souta, con una voz suplicante, que le hace entender que necesita una explicación.
—Tranquilo, Souta. El señor Houinbou se pondrá bien. Mi maestro es un hombre anciano; su sangre no se recupera con la misma facilidad que se recupera en ti, por ejemplo. Al faltarle sangre, se debilita, algo que a ti no te afecta ni la mitad. ...Solo necesita tiempo y reposo, y todo volverá a ser normal.—le explica el doctor, con una media sonrisa.
La morena parece haberlo entendido, y junto con Souta, ambos se muestran algo más tranquilos, aunque no por ello eso les impide soltar un suspiro.
—Ahora, si me disculpan, tengo otras tareas que atender. Souta, algo de dulce puede ayudarte para reponerte mejor.—le dice.
—...Prefiero desangrarme.—replica Souta, muy serio y algo furioso.
Kokoro no puede evitar una sencilla risa.
—Me lo imaginaba. Si los monosacáridos te dejan mal sabor de boca, prueba con los polisacáridos: algo de pan o algo por el estilo puede servirte también.
—...De acuerdo, gracias.—bufa, con algo de desdén.
—Yukiko, esa herida está muchísimo mejor, aun así no bajes la guardia y déjate la venda unos días más.
—Entendido. Descuide.—asiente.
—Señor Houinbou… Cuídese, por favor. Haga reposo, y evite movimientos intensos. Comer algo también le podrá ayudar. Y si necesita algo, por favor, me tiene para lo que necesite.—le repite Kokoro, visiblemente preocupado.
—...Que el doctor se vaya tranquilo. Servidor promete hacer bondad. Y si necesita algo, Kuro irá a avisarle en su lugar. ¿No es así, Kuro? Buen chico, Kuro, buen chico…—murmura Ryouken, tosiendo ligeramente.
El doctor Kokoro hace su salida, a pesar de que se ha quedado visiblemente preocupado. Los dos jóvenes, por su parte, también se han quedado un poco inquietos, aunque el anciano intenta tranquilizarles diciendo que meditando un rato se le pasará. Kuro no se ha separado de él desde que el doctor se ha marchado, demostrando una vez más su lealtad al asesino ciego.
—S-Souta...—tartamudea Yukiko, todavía algo preocupada.
—No te preocupes, Yukiko. Se le pasará… Ya has oído al doctor Kokoro, además de que el señor Houinbou es un hombre fuerte. Por ahora, deberíamos dejarle descansar un poco.
—P-pero es que…
—Yukiko, por mucho que insistas, eso no le va a hacer recuperar antes. Además, si te nota nerviosa, se preocupará él también, como se preocuparía si me notase agitado. Ya sabes el aprecio que nos tiene. Así que lo mejor que podemos hacer por él es dejarle tranquilo un rato. ...Es algo normal que puede pasar en alguien de su edad.—replica Souta, firme aunque algo angustiado todavía.
No del todo, pero esto acaba por convencer a Yukiko, que dejan que el asesino ciego medite de cara a su altar, como de costumbre, para reponer la sangre que ha perdido. Mientras tanto, aprovechan el tiempo para seguir con las partidas de ajedrez, así como con las reglas y los apuntes.
Después de un rato, Yukiko ya tiene en su poder un glosario en braille bastante completo, por lo que llegó el momento de practicar un poco con el método de las notas y ensayar una partida.
—¿Qué color quieres, Yukiko? Ya sé que para ti eso no tiene ningún sentido, pero te dejo elegir, ¿Blanco o negro?
—Bueno… El negro era el que prefería Manosuke...—titubea ella, volviendo a las andadas del pique.
—No sé por qué, pero me imaginaba algo así…
—Je… Pero no soy tan tonta. El que tiene las fichas blancas es el que empieza primero, ¿No? Entonces, elijo las blancas. Como soy una principiante, es una ventaja que me irá más o menos bien, supongo. ...Además, Manosuke es todito tuyo.—le sonríe la morena, pícara.
—...Tch. Bien por recordar lo que te dije de los colores. Mal por hablar de Manosuke.—protesta Souta, serio.
Deciden empezar la partida, dejándose de preámbulos. Sin embargo, Souta hace "mal".
—¡Eh, espera! Ahora puedo hacer eso, ¿No? Si muevo la torre aquí… ¡Enroque!—exclama ella, apuntando en la nota.
—Je. El "Ataque de Celos" de antes…. Pero te tengo dicho que dejes el tema de Manosuke.
—Je. Ahora has sido tú, chato. Yo he dicho "Enroque",eso es término ajedrecístico. Eres tú el que habla en términos "Manosukísticos".
Souta se queda patidifuso: maldice en su interior, porque cuando ha oído esa palabra, el término relacionado con Manosuke le ha venido automáticamente a la mente. Parecido le pasa cuando pone en situación de jaque al rey de Yukiko. Y para colmo, con el caballo negro. Esta vez, lo procesa antes de mencionarlo, pero el recuerdo sigue ahí. Bufa y se sonroja por ello.
La partida continúa, y después de un tiempo, Souta logra retener en su mente todas las cosas que le recuerdan a Manosuke cada vez que juega al ajedrez para no decirlas en voz alta. Realizan varias partidas. Como cabría esperarse, Yukiko las pierde todas.
—Que no se te suba a la cabeza, pelirrojo, no me sorprende perder. Solo acabo de empezar, ¡Algún día te ganaré!—se encoraja la morena.
—No te creas, eres una principiante, pero parece que has entendido bien el consejo, y estás empezando a desarrollar instinto para esto. ...Pero eso de ganarme no va a ser tan sencillo.—replica Souta, con una sonrisa un tanto picaresca.
—Gracias… Y eso está por comprobarse.—agradece y posteriormente desafía.
—Por cierto, Yukiko… ¿Te importa que te pregunte una cosa?—inquiere el pelirrojo.
—¿Qué? Oh, no, claro, dime.
—Eso que hablamos hace un tiempo, de que te sentías observada…. ¿Te sigue pasando todavía?
—Un poco...—suspira la morena.—A lo mejor sigue siendo un presentimiento… Pero ¿A qué viene eso ahora, Souta?
—¿Eh? No, por nada, es solo que… No sé, me ha venido a la cabeza. El otro día me acordé dándole vueltas…
—Souta, ya te dije que no era algo de lo que debieras preocuparte demasiado…
Meditándolo un poco, decide explicarle a su compañera lo de aquel rastro dulce que se encontró cerca del suelo de la enfermería.
—¿Qué me estás contando, Souta?
—Lo que oyes. Lo comprobé con mis propios ojos. Y me pareció muy raro.
—Quizás la dejó ese gato de camino a la cocina, y ya.
—No lo creo. La huella estaba mirando hacia la enfermería, lo que quiere decir que iba en dirección contraria. Es solo una impresión, por eso.
—Es que, como para mí, el dulce no significa mucho… No puedo ni saborearlo, ni olerlo, así que no me percaté de nada de eso en ningún momento, sabes. El dulce no significa nada para mí desde que me alcanza la memoria. Además de que nunca me ha sentado demasiado bien, creo que ya te lo dije.
—Pues eso que tenemos en común… Ugh…
Nada más recordar el dulce, Souta revive cosas muy desagradables, viniéndole alguien a quien se cruzó investigando esa mancha a la mente, cosa que odia. Eso hace que, por mucho que quiera, no pueda olvidarse tan fácilmente de todo ese asunto.
Para la siguiente partida, Yukiko se siente algo más confidente y acepta tomar las fichas negras, aunque eso le suponga ceder el turno a su rival. A pesar de eso, Souta no se muestra concentrado. Su cabeza está llena de malos presentimientos, y por eso la partida es un foco lejano de atención. Por eso, aunque ha de ir consultando sus notas al respecto, Yukiko lo ha logrado.
—Jaque mate.—concluye, con una media sonrisa mientras le tiende una nota a su rival, donde ha logrado arrinconar al rey contrario usando el caballo, precisamente.
