—¿E-eh? ...Vaya. ...Me has ganado. In-increíble.—se sorprende Souta.

—Ja, es que lo llevo en la sangre. Nah, es broma. ¡Tienes que estar mucho en las nubes ahora mismo! ¿Qué te pasa?

—Nada, nada… Pero me ha sorprendido. ...Llevo mucho tiempo sin perder al ajedrez. Y tú, que eres una novata, me acabas de ganar. ...Sí que estoy despistado hoy.

—Oye, eso es un poco arrogante. ¿Por qué no puedo ganarte sencillamente por mérito propio…?—protesta la morena, algo infantil.

—Pues porque esta mañana no sabías lo que era un enroque, quizás. Pero en fin, da igual. Me has ganado. Así que… Bien jugado.

—Vaya, gracias.—asiente ella, contenta.—Y además… ...Te he ganado con el caballo.—sonríe ella, pícara.

—¡N-no lo estropees!—bufa el pelirrojo, claramente molesto.

—Lo siento, lo siento…—se disculpa, en un tono que da a entender que solo es una "media disculpa" con un punto de sarcasmo.—Oye, ahora que lo pienso, ¿Puedo pedirte algo?

—¡No te voy a hablar de Manosuke, si era eso lo siguiente que ibas a decir!—niega rotundamente Souta, tapándose las orejas, algo enfadado.

—Tranquilo, saco de malas pulgas, no iba por ahí. Es solo que…. Te he ganado, y ni siquiera cómo son las piezas. ¿Podría tocarlas para ver la forma que tienen, y de mientras me vas diciendo cuál es el nombre de cada pieza?

—...Que me haya ganado alguien que no ha tocado nunca las piezas… Debo de estar fatal hoy.—protesta Souta, con una cara de exagerada sorpresa.

Finalmente, el pelirrojo accede a su petición, y mientras se las da para que deduzca su forma con el tacto que le queda, le dice cuál es el nombre correspondiente de cada una.

—El peón. La torre. El alfil. La reina. El rey.

—Así que tienen esta forma…

—Y por último, el caballo. La pieza con la que me has ganado. Ten.

Souta, por último, le da el caballo negro a Yukiko, que con los ojos cerrados, ya que abrirlos no tendría el más mínimo sentido ni utilidad, lo toca para hacerse la idea de la forma.

—Así que los caballos son así…—sonríe, mientras desliza sus dedos sobre la superficie azabache de la ficha.

La sonrisa que lleva impresa, progresivamente, se va metamorfoseando en una ligera muestra de incredulidad mientras sigue tocando el caballo.

—¿Eh? Pero si esto es como…

—¿Hum?

—Ahora que lo compruebo… Fíjate. Esta ficha se parece mucho a esto que llevo, mira.

Yukiko busca en su cuello debajo de su vestido y se desata algo que lleva atado. Se trata de una cinta a la cual hay atravesados varios abalorios de colorines muy cucos a ambos lados hasta que, en el centro de la fila de perlitas, hay un caballo negro prácticamente idéntico al que le ha tendido Souta.

—¿Pero qué…?—se sorprende Souta, cogiendo el collar con las manos.

El pelirrojo da fe: lo que cuelga de la cuerda, a parte de los abalorios, es un caballo negro de ajedrez. Aunque no por ello deja de sorprenderse. Es un curioso lugar para llevar una pieza de ajedrez.

—¿Y bien, Souta?

—P-pues sí, estabas en lo cierto, esto del collar es un caballo negro de ajedrez. Pero ahora viene la gran pregunta… ¿De dónde has sacado tú esto?—le pregunta el domador, con los ojos muy abiertos y una estupefacción muy marcada.

—Pues… Yo… No me acuerdo.—La morena sacude la cabeza.—Lo llevaba ya cuando el señor Houinbou me salvó la vida, y lo he llevado desde entonces. No recuerdo cómo acabó en mi cuello.—cuenta.

Souta no contesta, la sorpresa se lo impide. Se queda mirando el collar sin cesar, escrutándolo con la mirada. En un instante repentino, un punzante dolor en la cabeza le invade.

—¡Ugh…!

No sabe por qué, pero ese collar le resulta algo familiar. Parece que lo ha visto antes en algún sitio, pero no logra recordar exactamente dónde. La cabeza le duele al asimilar ese recuerdo.

—¿S-souta? ¿Ocurre algo malo?—se preocupa Yukiko.

—Y-yo… Agh… Mi cabeza….

—¡Souta!—le llama la morena, agitada. Al decir su nombre con ese tono, alza la mirada para cruzarse con su imagen una vez más. No tiene ni idea de dónde se ha sacado una pregunta como esa, pero en su mente se repite algo. "¿Quién es esta chica?" No había visto a Yukiko en su vida, pero el collar que lleva le suena de algo. Y es algo a lo que su propio subconsciente ha reaccionado violentamente.

—¿Te encuentras bien, Souta?

—S-sí… Sí, eso creo. De repente, me ha empezado a doler mucho la cabeza, pero ya estoy mejor.—murmura, algo inquieto.

—Uf, qué susto. Me alegro de que ya te sientas mejor, me has asustado. ¿Pasa algo con ese collar?

—N-nada, nada… Esa ficha me ha llamado la atención. Está… Está muy bien hecha, y… ¿Eh? Anda, debajo hay algo grabado.

—¿En serio? Ni idea. ¿Qué es, un dibujo?—pregunta la propietaria del collar.

—Ni idea… Parece… Parece un símbolo, o algo por el estilo. Tiene forma de "E" angulada. Bah, ni idea. No será nada, a lo mejor es el logo de la marca que lo fabricó.

—Seguramente… Evidentemente, nunca había caído en la cuenta de eso.

El pelirrojo le devuelve el collar dichoso a la morena, y trata de olvidarlo para siempre, pero tal y como temía, su memoria no se lo permite. Algo parecido a lo que le pasó con el recuerdo de Manosuke.

Antes de que ninguno se dé cuenta, anochece, y Souta se ha quedado demasiado incómodo para percatarse siquiera. Ryouken ha descansado un rato y parece encontrarse mejor y más repuesto. Asegura que con la cena acabará de recuperarse al completo. Y mientras hablan del tema, les traen dicha cena, cosa que a ambos les va bien para reponerse un poco.

—Creo… Creo que me voy a dormir…

—¿Ya? Pero si aún es temprano, ni siquiera me he acostado yo, y eso ya es decir. ¿Seguro que te encuentras bien? Desde hace ya un rato te encuentro extraño, Souta...—le comenta Yukiko, algo sorprendida.

—No creo que sea nada, simplemente… Simplemente, hoy no he dormido muy bien. Creía que se me pasaría, pero al parecer no, y ahora tengo sueño. Buenas noches.

—Buenas noches, Souta...—se despide la morena, aún con algo de estupefacción.

—Buenas noches tenga el acólito.—se une Ryouken, con una expresión parecida a la de su suzu.

Después de desearle a su figura paterna buenas noches y aconsejarle que descanse mucho para que termine de ponerse bien, Souta cierra los ojos, dispuesto a dormirse cuanto antes, a ver si de algo le sirve para luchar contra un montón de cosas que desde su cabeza no paran de atormentarle. Lo que acaba pasando, sin embargo, es que una de ella se abre camino ante las demás para invadir sus sueños. Algo que se ha convertido en una costumbre desde hace ya bastante tiempo. Al decir su nombre con ese tono, alza la mirada para cruzarse con su imagen una vez más. No tiene ni idea de dónde se ha sacado una pregunta como esa, pero en su mente se repite algo. "¿Quién es esta chica?" No había visto a Yukiko en su vida, pero el collar que lleva le suena de algo. Y es algo a lo que su propio subconsciente ha reaccionado violentamente.

—¿Te encuentras bien, Souta?

—S-sí… Sí, eso creo. De repente, me ha empezado a doler mucho la cabeza, pero ya estoy mejor.—murmura, algo inquieto.

—Uf, qué susto. Me alegro de que ya te sientas mejor, me has asustado. ¿Pasa algo con ese collar?

—N-nada, nada… Esa ficha me ha llamado la atención. Está… Está muy bien hecha, y… ¿Eh? Anda, debajo hay algo grabado.

—¿En serio? Ni idea. ¿Qué es, un dibujo?—pregunta la propietaria del collar.

—Ni idea… Parece… Parece un símbolo, o algo por el estilo. Tiene forma de "E" angulada. Bah, ni idea. No será nada, a lo mejor es el logo de la marca que lo fabricó.

—Seguramente… Evidentemente, nunca había caído en la cuenta de eso.

El pelirrojo le devuelve el collar dichoso a la morena, y trata de olvidarlo para siempre, pero tal y como temía, su memoria no se lo permite. Algo parecido a lo que le pasó con el recuerdo de Manosuke.

Antes de que ninguno se dé cuenta, anochece, y Souta se ha quedado demasiado incómodo para percatarse siquiera. Ryouken ha descansado un rato y parece encontrarse mejor y más repuesto. Asegura que con la cena acabará de recuperarse al completo. Y mientras hablan del tema, les traen dicha cena, cosa que a ambos les va bien para reponerse un poco.

—Creo… Creo que me voy a dormir…

—¿Ya? Pero si aún es temprano, ni siquiera me he acostado yo, y eso ya es decir. ¿Seguro que te encuentras bien? Desde hace ya un rato te encuentro extraño, Souta...—le comenta Yukiko, algo sorprendida.

—No creo que sea nada, simplemente… Simplemente, hoy no he dormido muy bien. Creía que se me pasaría, pero al parecer no, y ahora tengo sueño. Buenas noches.

—Buenas noches, Souta...—se despide la morena, aún con algo de estupefacción.

—Buenas noches tenga el acólito.—se une Ryouken, con una expresión parecida a la de su suzu.

Después de desearle a su figura paterna buenas noches y aconsejarle que descanse mucho para que termine de ponerse bien, Souta cierra los ojos, dispuesto a dormirse cuanto antes, a ver si de algo le sirve para luchar contra un montón de cosas que desde su cabeza no paran de atormentarle. Lo que acaba pasando, sin embargo, es que una de ella se abre camino ante las demás para invadir sus sueños. Algo que se ha convertido en una costumbre desde hace ya bastante tiempo. Al decir su nombre con ese tono, alza la mirada para cruzarse con su imagen una vez más. No tiene ni idea de dónde se ha sacado una pregunta como esa, pero en su mente se repite algo. "¿Quién es esta chica?" No había visto a Yukiko en su vida, pero el collar que lleva le suena de algo. Y es algo a lo que su propio subconsciente ha reaccionado violentamente.

—¿Te encuentras bien, Souta?

—S-sí… Sí, eso creo. De repente, me ha empezado a doler mucho la cabeza, pero ya estoy mejor.—murmura, algo inquieto.

—Uf, qué susto. Me alegro de que ya te sientas mejor, me has asustado. ¿Pasa algo con ese collar?

—N-nada, nada… Esa ficha me ha llamado la atención. Está… Está muy bien hecha, y… ¿Eh? Anda, debajo hay algo grabado.

—¿En serio? Ni idea. ¿Qué es, un dibujo?—pregunta la propietaria del collar.

—Ni idea… Parece… Parece un símbolo, o algo por el estilo. Tiene forma de "E" angulada. Bah, ni idea. No será nada, a lo mejor es el logo de la marca que lo fabricó.

—Seguramente… Evidentemente, nunca había caído en la cuenta de eso.

El pelirrojo le devuelve el collar dichoso a la morena, y trata de olvidarlo para siempre, pero tal y como temía, su memoria no se lo permite. Algo parecido a lo que le pasó con el recuerdo de Manosuke.

Antes de que ninguno se dé cuenta, anochece, y Souta se ha quedado demasiado incómodo para percatarse siquiera. Ryouken ha descansado un rato y parece encontrarse mejor y más repuesto. Asegura que con la cena acabará de recuperarse al completo. Y mientras hablan del tema, les traen dicha cena, cosa que a ambos les va bien para reponerse un poco.

—Creo… Creo que me voy a dormir…

—¿Ya? Pero si aún es temprano, ni siquiera me he acostado yo, y eso ya es decir. ¿Seguro que te encuentras bien? Desde hace ya un rato te encuentro extraño, Souta...—le comenta Yukiko, algo sorprendida.

—No creo que sea nada, simplemente… Simplemente, hoy no he dormido muy bien. Creía que se me pasaría, pero al parecer no, y ahora tengo sueño. Buenas noches.

—Buenas noches, Souta...—se despide la morena, aún con algo de estupefacción.

—Buenas noches tenga el acólito.—se une Ryouken, con una expresión parecida a la de su suzu.

Después de desearle a su figura paterna buenas noches y aconsejarle que descanse mucho para que termine de ponerse bien, Souta cierra los ojos, dispuesto a dormirse cuanto antes, a ver si de algo le sirve para luchar contra un montón de cosas que desde su cabeza no paran de atormentarle. Lo que acaba pasando, sin embargo, es que una de ella se abre camino ante las demás para invadir sus sueños. Algo que se ha convertido en una costumbre desde hace ya bastante tiempo. —Por fin estás dormido, Saru… Y podemos vernos otra vez.—le susurra la voz de Manosuke.

Vaya, me he dormido más rápido de lo que pensaba. Pero hoy, me irá bien toparme con tu careto de idiota. Quizás llenarme la cabeza de insultos que decirte hará que me calme un poco...—farfulla Souta, para sí mismo.

¿Qué te pasa, a qué viene esa cara? No me jodas que alguien te ha hecho algo. ¡Dime quién es y le parto la cara a ese cabrón!—se altera el de la cresta, poniéndose a la defensiva contra algo inexistente.

No es eso, fantasma. ...Anda, qué adecuado, ¿No?—se burla cruelmente Souta, tratando de sonreír de la manera picaresca en la que solo él sabe sonreír.

Je. Sí, ya ves. Mi nene es de los listos.—le devuelve con una amplia sonrisa el rubio.

¿Qué? Oh, no, nada de eso...—le replica, tapándose los oídos.

Estás tan mono cuando haces eso… Anda, qué adecuado, ¿No?—contraataca Manosuke, con una mirada de confidencia.

...Que te jodan.—le espeta en la cara, algo mosqueado.

Vale, vale, lo que quieras. Entonces, me voy, ¿De acuerdo? Me largo a "que me jodan". Chao.

Manosuke vuelve a provocarle, y aunque nunca ha tenido ni tendrá la intención de separarse del lado del pelirrojo, decide picarle un poco. Hace el gesto de marcharse, cuando Souta acumula fuerza en su puño y le llama con una expresión más vulnerable de lo que le hubiese gustado.

¡M-maldita sea, vuelve aquí! ¡Manosuke!—le llama, suplicante.

Cuando se pone así, ni siquiera Manosuke puede hacerse de rogar. Vuelve a toda prisa hacia el pelirrojo, y hace ademán de acariciarle el suave pelo con la mano.

Ya estoy aquí, Saru. No me voy.

¡G-gilipollas, pues no me lo hagas creer!—Souta baja la mirada y se tapa los ojos frágilmente.

Vale, vale, perdóname. Anda, Souta, perdona…

Y acto seguido, el de la cresta le regala un abrazo, abrazo que al principio le sorprende, pero luego, renegando un poco, acepta.

¿Qué, mejor así?—le pregunta Manosuke, atento y tratando de sonreírle.

S-sí… Supongo...—tartamudea Souta, algo ruborizado.

No quiere admitir que es un sí rotundo, y sin el "supongo". Alza la mirada para fijarla en la cara del guardaespaldas, y de repente, quizás producto del nerviosismo, empieza a reírse.

¿Qué pasa?

¡C-casi se me olvida la cara caballo que tienes!—chilla, mientras no para de reírse.

Je, normal. Ya sabes que yo soy ese caballo siempre dispuesto a proteger a su rey, Souta.

Tú y tus estúpidas metáforas con el maldito ajedrez. Pues sabes, hoy alguien ha logrado lo que tú nunca has sido capaz de hacer.—se hace el interesante el pelirrojo.

¿En serio? ¿A qué te refieres?

No sé, no sé… A ver si lo adivinas.—le pica Souta.

Espera… No… No será algo relacionado…

Souta sonríe maliciosamente mientras cierra los ojos con confidencia. Se imagina que incluso Manosuke será capaz de averiguarlo.

¿Algo relacionado con un orgasmo? ¡Venga, no me jodas!—grita Manosuke, como loco.

Inmediatamente, Souta se cae con todo el equipo.

¡Aaaargh! ¡N-no, claro que no es eso! ¡Gilipollas, eres un enfermo!—se enerva el pelirrojo, altamente ruborizado.

Con furia, le dice que se trataba de ganarle a una partida de ajedrez, e insulta a su nivel de inteligencia por no ser capaz de deducir algo tan obvio. Y el tonto de Manosuke, como le llama Souta, parece sentirse gratamente aliviado al respecto.

Vaya, ¿De verdad? Y eso que hemos jugado partidas tú y yo, y por muy bueno que fuera, siempre me ganabas. Tiene que ser alguien muy muy bueno.

Qué va, si es una principiante. Hace un par de días no sabía cómo se jugaba. Es una compañera mía, una discípula del señor Houinbou, y la enseñé a jugar. Y entre que ella le pone empeño y yo hoy estaba algo angustiado por todo de cosas que me tienen algo preocupado, pues me ha ganado. Así que no te des tantos aires.

Bueno, para mí siempre serás mi rey, y yo siempre seré el caballo que le protegerá. El cómo me encantaba el ajedrez es solo comparable a lo que me encantas tú, Saru.

Esta vez, Souta no puede decir nada, y aunque no está dispuesto a admitirlo, esa frase le ha llegado muchísimo al corazón, provocándole un fuerte rubor que al rubio le parece una cosa adorable. Pronto, ya está abrazándole una y otra vez, y a pesar de que nunca lo admitirá, Souta acepta todos y cada uno de ellos. Se siente muy protegido en brazos de guardaespaldas. Una protección que nunca ha sentido con nadie. Parece ser que Manosuke está empeñado en proteger a su rey cabalgando a donde sea necesario. Incluso a sus sueños.

El rubor en ambos se acentúan, cosa que provoca que no tarden mucho en empezar a regalarse besos repetidamente. Sobra decir que los dos disfrutan gratamente de la situación.

Mi rey… Estás tan adorable cuando te pones colorado…

De nuevo, más y más besos hambrientos, con breves espacios para reponer aire que Manosuke maldice con todas sus fuerzas. Mentalmente, así lo hace también Souta, pero nunca lo dejará tan a la evidencia como su compañero.

Ojalá pudiese ir a verte a la tierra otra vez, y que nada de esto fuese un sueño. Ya que tú vienes a visitarme desde tus sueños…

Si me explicases por qué lo hago...—pregunta retóricamente Souta.

Sonándole a desafío, Manosuke intenta responder a su pregunta con gestos. Aumenta la presión en los besos, y le abraza con más fuerza. La pregunta le ha quedado más que contestada: ha recordado por qué sueña con Manosuke día sí y día también.

Y para ser fiel a la rutina también, terminan con lo que suelen hacer en sueños día sí y día también. El motivo por el que Souta se ha autoentrenado a dormir boca abajo para ahogar sus gemidos en su almohada para que no le escuche su figura paterna. Esa noche no es ninguna excepción. Manosuke le ha demostrado a Souta que cuando antes ha confundido algo tan obvio con algo más lascivo, y se ha quedado aliviado cuando Souta le ha desmentido, lo decía muy en serio. El pelirrojo lo sabía. Pero no piensa protestar al respecto.

Manosuke… Manosuke...—le llama entre gemidos.

Esos gemidos son los que murmura su subconsciente en sueños. Y al combinarlos con ese nombre que tanto odia y que tanto le gusta, eso hace que también se oiga en la vida real. Pero poco le importa. Está con Manosuke, y en ese momento, el resto deja de importarle.

—Manosuke… Manosuke…

Al contrario que de costumbre, Souta se ha ido a dormir antes que Yukiko, por lo que la joven puede escucharle.

—¿Eh?

—Manosuke… Manosuke...—repite Souta, sin cesar, mientras sigue gimiendo de cara a la almohada.

—¡Ajá! ¡Lo sabía!—se anima la morena.—Puede negarlo todo lo que quiera, pero la verdad es que quiere muchísimo a Manosuke.—sonríe.

—¿Decía algo la joven Yukiko?

—Nada, nada, señor Houinbou, no me haga mucho caso. Kuro, Tasuke, ¿Seríais tan amables de alcanzarme mi cuaderno y el punzón?

Mientras hacen sus característicos sonidos, los animales obedecen a la morena, en quien también confían. Cuando tiene su cuaderno en su poder, Yukiko lo abre y con el punzón anota algunas cosas, mientras se ríe por lo bajini.

Un poco más tarde, Yukiko guarda su libreta bajo su almohada, y mientras no deja de sonreír pícaramente se acuesta, para dormirse al poco tiempo.

—Keh heh heh… Ninguno de los dos acólitos tiene remedio cuando quieren.—se ríe Ryouken para sus adentros.

Con una sonrisa cargada de afecto, les deja descansar tranquilos, cosa que también le vendrá bien hacer a él. Ahora, todos duermen, y después de todo lo que pasa últimamente, bastante en paz.