Al día siguiente, todo sigue la rutina bastante fielmente. Yukiko continúa practicando la meditación junto a Ryouken, y por las tardes juega al ajedrez junto a Souta.
—Te pido la revancha. Ya no me ganarás nunca más, listilla.
—Ya me lo dirás, ya. Aunque eso sí, prefiero que cuando te gane, me llames sin gemir de mientras, gracias.—se cachondea la morena, con cara de circunstancias.
—¿Eh? ¿De qué me hablas?—pregunta Souta, con desdén e intentando hacerse el despistado.
—¡Vaya, vaya, qué vergonzoso es ahora el pelirrojo! Anoche te escuché, sabes. ¡Estabas soñando con Manosuke!
—¡Ah! ¡M-mierda!—se sonroja Souta.—¡Recuérdame que por muy cansado que esté me vaya a dormir siempre DESPUÉS de ti!—chilla, con los ojos tapados.
—Como quieras. Pero ya te he escuchado. ¡Ya no puedes negármelo!
—...Vale. ¿Qué quieres, que lo admita? Sí, soñaba con Manosuke anoche. Llevo ya bastante soñando con él, porque sí, le quiero. ¡¿...Y-ya estás contenta?!—confiesa Souta, a regañadientes.
—¡Aaaaaaaw, qué monada! ¡Te gusta Manosuke!—fantasea la morena, graciosa.
—No sé en qué estarás pensando, pero no voy del plan de ir cogiditos de la mano y de escribirnos poemas para San Valentín, por si lo estabas imaginando.—bufa Souta, algo molesto.
—Ya lo imagino, ya… Después de todo, supongo que si haces esos ruidos por la noche será por algo más que por poemas cursis...—le inquiere Yukiko, picaresca y con malicia.
—Je. No tienes ni idea.—se conchaba Souta, con una picardía todavía mayor una sombra algo perversa en la cara.
—Hombre, más que tú seguro que no, machote.—le bromea, después de reírse.
—Conque te hace gracia, ¿Eh? Muy bien, tú te lo has buscado. Coge todas las cosas que tengas todavía en la etapa de la inmadurez, porque tu amiguito Souta te va a llevar… Al lado oscuro.—susurra con malicia.—Llegó la hora de corromperte, criatura.
—Ja. Ahora me lo vas a contar todo, ¿Eh?
—Pero tan detalladamente que te vas a arrepentir de haber sacado el tema. Toma nota, voy a darte unas clases… Muy especiales.—se burla Souta, con una exagerada sonrisa escalofriante.
Evidentemente haciendo todo lo posible porque Ryouken no le escuche, Souta se pone a hablarle a Yukiko largo y tendido sobre Manosuke. Además de eso, añade cosas con detalles bastante obscenos, que al principio implantan una expresión sorprendida en Yukiko.
—¿Pero qué rayos…?—pregunta retóricamente, con una cara de estupefacción.
—Traté de avisártelo. Pero no, insististe con ese tema, pues aquí lo tienes. Esa es toda la verdad, con toooodos los detalles. Que te aproveche.—sonríe pícaramente Souta, con cierto aire de burla en un intento por disimular que incluso él está ruborizado.
—A-ahora entiendo por qué el señor Houinbou quiere darte collejas siempre que te oye...—murmura Yukiko, con una expresión medio traumatizada.
—Oh, pobre niñita, ¿Ahora no vas a poder dormir? Pues es una pena, porque yo sé todo eso y más y duermo perfectamente. Hasta cuando sueño con Manosuke. A veces sueño que duermo con él y todo… Bueno, eso de dormir tiene poco...—se cachondea Souta, algo ruborizado pero con guasa.
—A-así que cuando sueñas que duermes con Manosuke… En realidad lo que pasa es que os estáis dando mimos, ¿No?—aclara la morena, todavía con algo de sorpresa.
—Seh, así es, si lo quieres decir en palabras suaves, sí.
—...Entiendo...—De repente, Yukiko baja la cabeza, quedándole la cara ensombrecida.
—¿Eh? ¿Yukiko? ¿Se puede saber qué…?
—...Cuéntame más.—levanta un poco la mirada sombría la morena, dejando ver una expresión y una sonrisa pérfidas.
—Ahí va… He creado un monstruo…
Al principio, Souta se deja ver sorprendido también ante la reacción de la chica, pero acto seguido estalla en risas, que pronto se contagian a ella también. Eso provoca que el resto de la tarde lo pasen hablando del tema de Manosuke aumentando la calificación del vocabulario a mayores de edad. Por suerte, el asesino ciego parece no escucharles en absoluto.
—En fin, creo que va siendo hora de que aplacemos esta charla tan… intensa, para más tarde.—aconseja el pelirrojo, sin quitarse la sonrisa de los labios.—Tengo que pirarme un rato. Ya sabes, esos ejercicios que hacen hacer a los presos.
—Lo sé. Ponte ropa interior cómoda, si lo que me dices es cierto y es época de calor, podrías irritarte las ingles por el roce.—le susurra ella, partiéndose de risa.
—Yukiko… Que aunque Manosuke esté muerto te oye… Y es muy celoso… Te lo digo porque no quiero que mueras. Me caes bien, ya sabes, pero ni siquiera yo puedo explicárselo al tarado de Manosuke si alguien mete mi ropa interior de por medio.
—...Pensándolo así… Vale, prefiero esperar a pedirle permiso a Manosuke para que no me mate, y luego ya si eso…
—Sí, creo que será lo mejor.—se ríe Souta.—Bueno, chao.
El pelirrojo abandona la celda para sus entrenamientos periódicos y mientras tanto la morena tarda relativamente poco en llamar a Kuro y Tasuke para que, de nuevo, le acerquen ese cuaderno y el punzón.
—Quizás si le hago un regalo a Manosuke no se enfade conmigo...—medita mientras no para de reírse.
Dicho esto, Yukiko toma la libreta y teniendo en cuenta absolutamente todo lo que le ha contado Souta intenta imaginárselo más gráficamente y trata de redactar su historia de amor con escenas bastante subiditas de tono. Mientras lo hace, no cesa de reír sin parar. —¿Puede preguntar servidor qué es lo que hace la joven Yukiko con su nuevo cuaderno?—demanda Ryouken, inquisitivo.
—Ah, nada, nada, fue algo que me dijo Souta… Sobre el caballo del ajedrez. Ya sabe, me está enseñando a jugar, y me contó una curiosidad sobre esa pieza en concreto, y aunque no me sirva a la hora de jugar está bien recopilar datos.—le cuenta Yukiko, evidentemente adornándolo un poco.
Siguen esperando a que Souta vuelva, cada uno distrayéndose a su propia manera: Ryouken continúa con la meditación, sabiendo que hay algo raro en el comportamiento de la chica por el modo en como no para de reírse para sus adentros, y la susodicha con sus tan especiales notas.
—Hey, ya he vuelto.
—Keh heh heh… Bienvenido sea el acólito. ¿Ha ido todo bien?
—Así es, todo normal, gracias. ¿Qué pasa, Yukiko? Hey, ¿Qué haces con eso?
—Nada… Releyendo unas cosas…—revela la morena, algo pícara.
—¿Qué cosas? Espera, ¿A qué viene esa sonrisilla?—inquiere Souta, viendo que hay algo de gato encerrado.
Intuye que en el tono de su compañera sigue habiendo algo extraño, pero tiene que esperar para comentárselo, pues los guardias son bastante puntuales en traerles la cena, cosa que provoca un denso y repentino silencio en la celda especial.
—¿Qué, Souta, hoy no estás cansado? Puedes irte a dormir, si quieres...—le aconseja Yukiko, claramente con ciertas segundas intenciones.
—Je, ni lo sueñes, y nunca más apropiado. No volveré a caer en eso.
—Bueno, bueno. ¡No me pegues, no me pegues, no me pegues!—protesta la morena ciega, imitando los gestos infantiles del domador.
—Tú sigue, chata, que tengo buena memoria y todo esto te lo cobraré cuando menos te lo esperes. ...Oye, ¿Sigues repasando los apuntes? Llevas ya un buen rato.
—Sí, ya… Es que… Soy muy aplicada.—sonríe.
—Claro...—asiente Souta, con algo de desconfianza.
—Oye, por cierto… "Sábanas" va con "b", ¿Verdad?
—Ehm… Sí, sí, con "b" ¿Por?
—Oh, por nada, por nada. ...Y beso con "b" también, ¿No es cierto?
—...Sí.—asiente, con una ceja alzada.
—¿...Y "gemido" va con "g"?
—Sí, va con "g". Y "preservativo" va con dos "v", si es lo siguiente que ibas a preguntarme, listilla. ¿Se puede saber qué haces?—ataca Souta repentinamente, alzando el tono.
—No es nada...—miente, cerrando la libreta y protegiéndola con los brazos.
Sin embargo, es cuestión de unos instantes hasta que Souta se hace con ella y mientras la morena trata de hacerse la inocente con una sonrisilla, el pelirrojo empieza a hojear las páginas, y desliza sus dedos por el papel para poder leer el contenido expresado en puntitos en relieve. A cada línea que lee, sus ojos se abren un poco más de la sorpresa, y sus mejillas cada vez se ruborizan más. —Pe-pe-pe… ¡Pero niña…! ¡Yukiko! ¿M-me vas a explicar a qué viene esto?
—Es un regalo… Era para Manosuke, para que me diese permiso para decir esas cosas sin ponerse celosillo… Pero ahora que lo pienso, podéis compartirlo. ¿No te gusta?
—¡E-e-el señor Houinbou te desharía la coleta a collejas como leyese esto!
—¡Pero si he aprendido del maestro! Bueno, de mi segundo maestro. De ti, vamos.—sonríe la morena.
—¡Maldita sea, hoy soñaré con eso!—chilla Souta, claramente afectado.
—¡Vaya, gracias! Seguro que te ha encantado...—inquiere, maliciosa.
—...Vete a dormir ya, y haré como que esto no ha pasado. ¿Hay trato?—pregunta Souta, serio aunque sigue ruborizado.
—Hm… Vale. Buenas noches, Souta.
Yukiko, con una sonrisa amigable, guarda el cuaderno bajo su almohada antes de tumbarse en su futón, arroparse y dar las buenas noches a sus compañeros. Ya que Yukiko se ha ido a dormir, Souta decide imitarla porque en primer lugar, ella se ha dormido primero, y en segundo lugar está un poco cansado.
Tal y como sospechaba, sus pensamientos se han hecho realidad. Souta vuelve a soñar con Manosuke, influenciado por las palabras en braille que contenía el cuaderno de Yukiko.
Al contrario que otras veces que ha soñado con él, no se encuentra en medio de ningún sitio, como solía pasar. Reconoce el lugar dónde está: es el camerino que solía ocupar cuando trabajaba en el circo. Incluso va vestido con su traje circense que usó el en el show.
—¿Pero qué rayos hago aquí, y así?
Por la puerta, entra alguien que le es familiar, aunque ahora solo le reconoce por su cara ruda semejante a la de un caballo. El atuendo que lleva es muy distinto al carísimo pero corriente traje negro que solía llevar. Ahora viste con unos ropajes llamativos, eso sí con el clásico diseño que le encanta de los cuadros blancos y negros de su amado juego de mesa favorito, aunque las prendas tienen formas y adornos curiosos. Incluso lleva una capa y un sombrero incorporados a su atuendo.
El pelirrojo se sorprende al verle, pero inmediatamente se pone a reír como un poseso, llorando incluso de la risa. Manosuke se ve muy ridículo.
—...Me lo imaginaba. Pero de ti no me molesta.
—¡La madre que te parió, de qué demonios vas vestido…! ¡Estás para darte una buena hostia en todo el careto!—le chilla el pelirrojo sin dejar de reírse ni un momento.
—Tú también estás muy guapo.—le adula el de la cresta escondida bajo la chistera, con una sonrisa.
—¿Me vas a decir qué eres de una vez? Por como me haces reír, serás un payaso. Mi traje me hará parecerlo, pero lo tuyo tiene tela. ¿Podemos ir fuera? ¡Me muero por ver cómo los niños huyen de ti!
—Pues no, no soy un payaso. Y los niños ya huían de mí antes...—murmura para sí mismo, apartando ligeramente la mirada.
Souta ríe y ríe sin parar por mucho que quiera, aunque tampoco es el caso.
—Lo que soy es un mago. ...Porque vengo a hacer magia contigo.—le susurra Manosuke, picaresco.
No puede evitarlo: la risa se le corta en seco, y el rubor de sus mejillas pasa a ser raíz de otra cosa muy distinta.
—¿Oh? ...Miedo me da saber cuál es tu varita mágica…—ironiza Souta.
—Si tú supieras, Saru… Tengo muchas cosas para ti...—le murmura, con esa misma sonrisilla maliciosa.
—¿...Debajo del gorrito?—se burla, echándose a reír de nuevo.
—No me hagas decir debajo de qué.
Inmediatamente, la risa de Souta vuelve a parar. Se pone un poco nervioso cuando Manosuke se le acerca lentamente y le da un abrazo con mucho tacto, mientras le acaricia ese pelo rojo tan suave que le encanta.
Si no fuese por la densa capa de maquillaje que le cubre la cara, Manosuke hubiese notado en seguida lo roja que se le ha puesto la cara a causa del rubor. No irá a admitirlo, por supuesto.
—Cuidado, me desmaquillas, y me vas a dejar hecho un cristo, idiota.
—Ya sabes que me gusta mucho más verte al natural. No que te maquilles tanto, ¿Para qué tapar una carita tan linda?
Los guantes blancos de Manosuke se quedan completamente pringados de los potingues que lleva Souta por toda la cara cuando hace el gesto de desmaquillarle, pero poco le importa. Tampoco al pelirrojo parece serle de vida o muerte.
—Mucho mejor. Siempre lo estás, pero ahora te veo más guapo que nunca.
—G-gilipollas…—le insulta, ahora con el rubor al descubierto.
Manosuke le coge por el brazo, recorriendo su piel mientras le sube la manga poco a poco, para poder darle otro abrazo al domador, quien lo recibe mejor de lo que nunca le admitirá al mago guardaespaldas.
—¿Qué, Saru? ¿Me dejas que te haga un intenso truco de magia?
—¿Con el sombrero o con la varita mágica?—le pregunta algo pícaramente, con una sonrisa.
—¿Tú qué crees, nene travieso?
—Opto por la varita, ese sombrero tan estúpido me corta todo el rollo.
—Je, je… Creo yo que has acertado. Y sin previo aviso, Manosuke se abalanza sobre él y le da un profundo y hambriento beso que tira esa chistera tan fea al suelo, como si siguiese las órdenes mentales del domador. Souta se lo devuelve tan pronto como el rubio acaba, quien queda en éxtasis al recibirle.
Antes de que ninguno de los dos se dé cuenta, ya se están besando una y otra vez como de costumbre acaba pasando. Ahora todo lo que había sobre el tocador está desparramado por el suelo, llenándolo de colorines. Por supuesto, eso les importa un soberano bledo.
—Hey, mago payaso de pacotilla… ¿No se supone que un mago nunca muestra sus trucos?
—Pero cuando está con su domador favorito, esa regla se anula. En otras palabras, que este mago te muestra sus trucos y todo lo que quieras...—ironiza con evidente picardía.
—No me digas…. Me muero del suspense… Magosuke.
Siguen besándose como si les fuera la vida en ello, con mucha pasión. Un intenso rubor se aprecia en las mejillas de ambos.
—Souta….
—¿Q-qué quieres….?
—¡Qué bonito, muy bien, muy bien!—interrumpe una voz a gritos.
Ante tal cambio en el timbre, el pelirrojo se sorprende.
—¿E-eh? ¿Qué te ha pasado en la voz?
—¡Joder, a mí nada!—replica Manosuke, con su voz perfectamente normal.
—Hey, un minuto… Esa voz…
Souta se incorpora, apartando a Manosuke suavemente con sus manos, y cuando mira hacia un lateral, confirma lo que creía. Ahí, en medio de la habitación, como si hubiese aparecido por arte de magia, se encuentra Yukiko con el vestido que él mismo le hizo, y se la ve entusiasmada.
—¡Vamos, quiero sentimiento! ¡Manosuke, abrázale con más fuerza! ¡Souta, no te hagas tan de rogar! ¡Vamos, podéis hacerlo mejor!
—¡Aaaaaaah!—se asusta Souta, con una sorpresa cómica.—¡¿Se puede saber qué haces tú aquí?! ¡¿Y qué haces dando indicaciones como si fueses la directora de la peli, si eres ciega?!
—¡Hey, tranquilo! Esto es un sueño, y yo he escrito esto, así que aquí veo si me da la gana. ¡Así que vamos! ¡Ánimo, ánimo!—les anima la morena, a gritos.
Antes de que ninguno de los dos pueda siquiera reaccionar a lo que ocurre en el sueño, todo acaba por desvanecerse. Los gemidos de Souta desde el sueño al planeta tierra no son la única conexión que existe entre ambas realidades. También se puede contactar desde la vida real al sueño… Por ejemplo despertando al que sueña a gritos.
—¡Ánimo, Manosuke! ¡Ánimo, Souta! ¡Ánimo, ManoSouta!—grita Yukiko, contenta como unas castañuelas. —¡Uaaaaaaah!—se despierta Souta alarmado de repente.
El pelirrojo tarda unos instantes en comprender lo que ha pasado. Cuando por fin se percata de que solo estaba soñando y Yukiko le ha despertado con su griterío, supuestamente de ánimo, se palmea la frente.
—...Te lo preguntaré con mucha suavidad… ¡¿PERO QUÉ PASA CONTIGO, NIÑA?!
—Vaya, buenos días, bello durmiente.
—¡Todavía es de noche!—protesta Souta, con una expresión medio sorprendida medio rabiosa.
—Bueno, bueno, lo que sea. Te lo estabas pasando en grande, ¿Eh?—inquiere la morena, alzando una ceja, pícara.
—Exacto, ¡Estaba, en pasado! ¿A qué viene despertarme así? ¿Y qué rayos dices de "ManoSouta"?
—Oye, me apuesto algo a que estabas soñando con lo que he escrito antes en mi libreta, ¿He acertado? Además, tengo adjudicado el título de vuestra casamentera oficial. ¡Además de ser vuestra fan acérrima número uno!
—...Estás como una cabra. Y oye, ¿Tú no estabas dormida?
—Bueeeeno… Puede, quizás sí, y me desperté, o….
—...Te hiciste la dormida y esperaste a que me quedase dormido para venir a hacer de animadora.
—Exaaaaacto. Me alegro de que te gustara lo que escribí.
—¿Y-y no se te ocurre nada mejor para comprobarlo que matarme del susto?
—Ja, como que lo ibas a admitir… Anda, no te enfades…
El pelirrojo alza una ceja, con cara de circunstancias.
—De acuerdo, no te guardo rencor. Pero solo te digo una cosa...—Acto seguido, Souta adopta un tono muy siniestro.—La próxima vez que me hagas algo así, te cortaré la coleta y te arrancaré las uñas de cuajo. ¿Lo has pillado?
—...Sí.—asiente, ojiplática, sabiendo cómo se las puede gastar el pelirrojo.
—Keh heh heh… Bien, muy bien… Ahora vete a dormir… Querida.—le dice con ese tono tan intimidatorio.
—Hala, te ríes como el señor Houinbou. Lo has clavado. Oh, y hablando de todo un poco, la próxima vez haré que seas marinero, y tengas que irte a surcar los mares con tu barco, pero Manosuke no quiere que te vayas, hay una pelea, y luego…
—A. La. Cama. ¡Ya!—se mosquea el pelirrojo.
Riéndose, Yukiko vuelve a taparse en el futón, y después de tanta bromita, termina rendida y dormida, esta vez de verdad, ya que Souta lo comprueba.
—¿"ManoSouta", ha dicho antes? Je. Qué gracia. ...No suena mal.
Absorto en sus pensamientos, Souta se tapa de nuevo, volviendo a quedarse dormido de nuevo. Y volviendo a soñar con Manosuke, claro está.
