El chequeo intensivo da comienzo, y promete ser largo. Sentado en una silla hasta que concluya la espera, a Souta no se le ocurre nada para pasar el tiempo, después de haberse llenado los brazos de nuevo con tatuajes del lindo mono, así que por un intento inconsciente por matar al aburrimiento, su cerebro se pone a recordar todas esas cosas que le parecen más que coincidencias, rodeadas de un aura preocupante.
—¿El acólito está pensando en algo?
—Lo cierto es que sí… Aunque no quiero pensar demasiado en ello, porque seguro que es una pérdida de tiempo…
—Quizás, pensándolo un poco más, el acólito termine por descubrir que no es una pérdida de tiempo. Claro que eso no se puede saber con certeza…. —le aconseja Ryouken, intuyendo más o menos lo que puede estar pensando.
Las palabras de su maestro todavía le hacen reflexionar más: ¿Todo aquello fue una coincidencia o no? ¿Los rastros de dulce podrían tener algo que ver? ¿Estará el principal sospechoso del pelirrojo realmente involucrado? Son cosas que le gustaría comprobar y poder tachar como falsas. Aunque primero, lo único que le queda es tratar de comprobarlo de alguna manera.
Se le ocurre una idea mínimamente fiable.
—Enseguida vuelvo, señor Houinbou. Tengo que comprobar una cosa. No tardaré mucho, espero…
—Como el acólito quiera. Servidor se quedará aquí, por si hay cualquier noticia del doctor, en cuyo caso mandaré a su mascota para avisarle.
—Gracias. Espero no tardar.
Sin más preámbulos, el domador abandona la enfermería y se pone a buscar al guardia con el que se cruzó mientras acompañaba a Ryouken de vuelta a la celda, el que les informó sobre la comida. Seguramente fue él quien estaba acompañando a cierto alguien…
Finalmente, acaba por localizarlo de guardia, y decide preguntarle un par de cosas con la excusa de que a Yukiko no le sentó muy bien la comida, porque es diabética y algunos detalles que debe mencionar para ganar línea de conversación.
—Por eso mismo, me gustaría que me lo contara. ¿Qué pasó cuando se encontró a Yukiko en la celda y fue a traer la comida?—pregunta Souta, tratando de ser lo más educado posible.
—Pues verá usted, reo Sarushiro… Ese día, yo era el encargado de hacer la ruta para llevar la comida a los reos de esta zona de la cárcel, por eso mismo el recorrido empieza en la cocina. Entonces, fue cuando un preso que suele pasar su tiempo de trabajo en la cocina me pidió que le acompañase hacia la sala de trabajo para conseguir algo para su mascota.
—Ya… Yutaka Kazami, si no me equivoco.—susurra Souta, con un gesto de asco.
—Así es, ese mismo.
—Diga mejor "eso" mismo…
—¿Cómo dice?
—Nada, nada...—disimula, tapándose los oídos con las manos.—Siga, por favor.
—Bueno, pues yo le acompañé a la sala de trabajo que hay de camino a la enfermería. Cuando estuvimos cerca, incluso le vimos a usted y al reo Houinbou ir hacia dicha enfermería. Lo recuerdo porque fue entonces cuando el reo Kazami me pidió volver a la cocina, ya que había olvidado algo.
—Fue justo cuando nos vio que lo recordó… Ya.—repite el pelirrojo, oliéndole el asunto a chamusquina cada vez más.
—Ajá. Cogió lo que se había olvidado y continuamos con la ruta. A continuación, acabamos en su celda, donde únicamente estaba la señorita Yukiko con los animales. Supusimos que no habrían vuelto todavía, y le propuse dejar allí la comida para no volver luego, cosa que a ella no le molestó.
—Sí, lo mismo me dijo ella. Pero también me comentó que había algo en la comida de ese día que no encontró igual a la del resto. ¿Sabe algo usted?
—Ah, creo que sí. Seguro que la señorita Yukiko se refirió al trozo de masa dulce para gofres que el reo Kazami puso en su plato.
—¿Fue ese ca…? ¿Kazami?
—Así es. El reo Kazami fue repostero antes de ingresar en prisión, y suele dedicar su tiempo a seguir practicando haciendo los postres. Me dijo que a alguien como la señorita Yukiko le encantaría un trocito de un postre muy dulce, por eso se lo puso en su almuerzo.
—Vaya, qué hombre más espléndido, cómo se preocupa porque todos tengan su pedacito de postre.—palabras que sustituyen a "El muy hijo de puta lo hizo a propósito" que está pensando Souta.
—Todo el mundo dice que sus dulces son fantásticos, así que me sorprende mucho que no le sentasen muy bien a la señorita Yukiko. En fin, eso es todo lo que sé yo al respecto.
—Entiendo, gracias. Espero no haberle molestado.
El guardia se despide y se marcha, cosa que da carta blanca a Souta para poder dejar de ser tan educado.
—Fue el muy cabrón de Kazami, no hay duda, blanco y en vasija. Lo hizo a posta, fue a buscar el dulce cuando vio que el señor Houinbou y yo no estábamos y Yukiko se había quedado sola. Lo que me pregunto es por qué haría algo así…. Y cómo sabe que a Yukiko no le sientan bien los dulces…
Por consiguiente, Souta pasa a creer que es más que probable que haya sido Kazami el que atacó a Yukiko, seguramente ambas veces, primero empujándola y luego administrándole azúcar dañino para ella. Lo único que no termina de entender es el porqué de todo el asunto. Kazami no ataca porque un día se levante con ganas de atacar al prójimo, y mucho menos la tomaría con alguien inofensivo como Yukiko.
—Eso me suena de algo...—murmura Souta, para sus adentros.—Hubo ya una vez en la que a Yukiko le sucedió algo parecido.
El pelirrojo llega a la conclusión de que hubo una ocasión en la que Yukiko fue atacada con anterioridad, precisamente mientras el resto creía que era completamente inofensiva. Tenía seis años y no acabó muerta porque el asesino ciego le perdonó la vida.
—¿Será esto una coincidencia o…? ...Pero vamos a ver… Ese hijo de la gran no tiene ningún motivo contra Yukiko…. Si nunca antes la había visto, y desde que llegó Yukiko no se ha ido buscando problemas con la gente…. Además, qué rayos, tiene que llevar brazalete como todos, no podría salir de su celda sin estar vigilado, y como que un guardia se iba a quedar tan pancho viendo como los presos atacan a los demás…
Pero algo no deja de decirle que lo de Yukiko no ha sido precisamente un accidente, a pesar de que podría haberlo sido. No tiene nada sólido que lo pruebe, pero tiene un presentimiento desagradable de que así es. —Maldita sea… Esa mala espina otra vez… No quiero pensar más. Pero no puedo evitarlo. Mierda...—reniega, bufando molesto.
Dando vueltas y más vueltas al tema, intentando no creer lo que no quiere creer y buscando alguna explicación que supla a la que le produce una mala sensación, se despierta de su trance cuando Kuro le ladra a su lado, y Tasuke tironea de su brazo para llamarle la atención.
—Anda, hola, chicos. ¿Qué pasa? ¿...El doctor Kokoro ha terminado el chequeo?
Un ladrido y un chillido se lo confirman.
—Me esperaba que fuese algo más de tiempo, pero en fin… Vamos, Kuro. Y tú también, Tasuke.
El pelirrojo y los dos animales se dirigen con paso calmado a la enfermería. Al llegar, Ryouken está sentado en una silla al lado de Yukiko, quien parece cansada. Hay otra silla reservada para él al lado de la morena ciega. Detrás del escritorio, está el doctor Chusei Kokoro, desesperanzadoramente serio, consultando unas notas.
—Ya he llegado, ¿Me he perdido algo?—pregunta el pelirrojo, ocupando su asiento.
—Lo cierto es que no. El doctor Kokoro ha estado revisando los resultados hasta ahora. Enseguida les cuenta.—informa el asesino ciego, también serio.
Yukiko, que normalmente intervendría con una de sus gracias intentando cortar la tensión, está con la cabeza gacha, los ojos cerrados y una expresión seria y desganada, con los hombros relajados.
—Hey, ¿Y a ti qué te pasa? Pareces un cadáv… Que estés desanimada.—se corrige enseguida, sabiendo que en esta situación sería una broma de muy mal gusto.
—...Nada. Solo estoy cansada. Igual han sido muchas pruebas a la vez...—deduce, suspirando.
—Y aun así, los resultados han llegado rápido...—comenta el pelirrojo, algo sorprendido.
—Tecnologías modernas, Souta, que parecen evolucionar rápido. En fin, supongo que mejor para nosotros. Antes podremos actuar de esta manera.—replica el moreno, inusualmente serio.
Acto seguido, el doctor Chusei deposita un millar de papeles sobre la mesa, con algunos resultados de las pruebas del chequeo en forma de radiografía, electrocardiograma o algún otro gráfico.
—¡Anda! Debe de ser usted el único doctor con una caligrafía elegante, o como mínimo inteligible, sabe, doctor Kokoro.—le dice el domador, sorprendido.
—Créeme, me lo suelen decir. En mis años de estudiante de medicina, no elegí el idioma de los garabatos como asignatura optativa.—se ríe el doctor, intentando quitarle hierro al asunto.
Sin previo aviso, el de las gafas carraspea, volviéndose muy serio de repente.
—Ahora seriamente… No voy a mentir, puesto que no serviría de nada. Solo puedo decir que estos resultados no son nada esperanzadores, Yukiko. No tienen muy buena pinta.—confiesa Kokoro, con algo de frustración.
—Sigh…—suspira la morena, alicaída, como toda respuesta.
—Efectivamente, Yukiko padece una enfermedad muy rara y destructiva, y le viene de nacimiento. No puedo asegurarlo con certeza, pero creo que cuando todavía no habías nacido, recibiste un golpe que te provocó unas heridas internas que comenzaron toda esta parafernalia.
—¿Y puede saber todo eso con solo esas pruebas?—se sorprende Souta.
—Bueno, en este caso es solo una aproximación, ya que solo ha sido un chequeo desde el exterior. Para confirmarlo del todo, tendría que hacer una biopsia, pero evidentemente eso es mucho más complicado y no tenemos tanto tiempo. En todo caso, eso no es el quid de la cuestión. Por consiguiente de todo eso, su crecimiento fue alterado, los sentidos no se le desarrollaron bien y con el tiempo se han ido debilitando, y siguen yendo a peor incluso ahora. También ha afectado a su capacidad motriz y acciones tan básicas como la respiración o la digestión. Esto último de la digestión ha ido drásticamente a peor desde lo acaecido con el azúcar dichoso.—comenta el doctor, releyendo sus notas.
—Ciertamente terrible...—interviene Ryouken, mortalmente serio también.
—Así es, maestro Houinbou, en todos mis años de medicina es la primera vez que me encuentro con algo así. Para rematar todo esto, la enfermedad también ha hecho que sea diabética, y entre la mala digestión y lo que pasó con ese maldito dulce, se armó una buena. Por otro lado, esa diabetes parece ser la verdadera causa de su ceguera.
—¿En serio? Yo creí que era porque los sentidos no le funcionaban bien, como dijo antes.—pregunta Souta, atento.
—Sí, eso creía yo, pero he comprobado que no es así. En algún episodio del pasado, que probablemente no recuerde, ingirió una cantidad desmesurada de dulce, y sumado a su diabetes, esto hizo que el azúcar acelerase demasiado su circulación y los capilares de los ojos se le partieran, cosa que le provocó que se quedase ciega. Si además le añadimos sus frágiles sentidos, la ceguera progresiva que tenía se le aceleró repentinamente, dejándola ciega prematuramente, puesto que hay sentidos que todavía conserva.
—...No… No recuerdo nada de eso. Pero…. Ugh… Me duele la cabeza…
—Claro, probablemente esté reaccionando a algún recuerdo que tienes encerrado en la memoria, que la amnesia no te permite recordar. Esa punzada podría ser una señal de que eso fue lo que pasó en realidad, aunque no lo recuerdes. Es un vago y lejano recuerdo. Quizá te acuerdes algún día…
—Quién sabe...—susurra ella, todavía cansada.
—Pero resumiendo… La enfermedad está muy avanzada, y no pinta muy bien. Hay incluso células cancerígenas extendidas a diversas partes del cuerpo a causa de una profunda metástasis, que evidentemente la enfermedad ha favorecido. En definitiva, y sin adornar nada: Yukiko está verdaderamente grave y la muerte podría darse en cualquier momento. Y siento en el alma ser tan rotundo, pero es la verdad.—finaliza el doctor, apesadumbrado.
El médico es tan rotundo que Souta llega a alterarse negativamente, incluso a asustarse un poco. Lo muestra un poco al exterior quedando ojiplático.
—Oh, no...—se asusta la morena, cubriéndose la boca y más tarde las orejas, en un gesto parecido al que hace el pelirrojo. —Aunque bueno, supongo que era de esperarse… Llevo 19 años con esta maldita enfermedad fastidiándome, era cuestión de tiempo… Además, después de los dos accidentes que he sufrido últimamente, es normal que todo haya empeorado mucho más rápido…
Esto solo logra que Souta se quede más intranquilo, dado que lleva dando vueltas a ese preciso asunto desde ya no sabe cuándo.
—De nada servirá en este instante ser pesimistas...—interviene el asesino ciego, con seriedad.—Que nos diga el doctor Kokoro, ¿Hay algo que se pueda hacer, por remoto que sea?
Chusei Kokoro parece meditar la respuesta, visiblemente preocupado al respecto.
—Bueno… Quizás haya una solución: una complicada operación. Esta operación servirá para extraer todas esas células cancerígenas tan peligrosas que se crearon con esas heridas internas de antes de nacer, además de alguna cura adicional para los sentidos, para recuperarlos. En cuanto a la diabetes, si la operación saliese bien, Yukiko podría administrarse insulina periódicamente sin problema.
—Entonces, no es necesario pensarlo. Servidor pone toda su fe en el doctor y en que lo logrará. Servidor todavía confía en que haya una solución para su acólita.—pronuncia le monje budista, sinceramente.—Por eso, si existe una solución, por remota que sea, servidor le ruega encarecidamente al doctor Kokoro que use todo lo que sabe y salve a la joven Yukiko.
Ambos jóvenes se sorprenden, y por qué no decirlo, se quedan conmovidos ante las palabras de su maestro. —Señor Houinbou...—le llama Yukiko, con la voz quebrada.
—¡Eso es!—se une Souta, a gritos.—¡Todavía hay una posibilidad! ¡No podemos rendirnos ahora! No le conozco bien, doctor Kokoro, pero si el señor Houinbou tiene fe en que lo logrará… ¡Y-yo también la tendré! ¡Así que salve a Yukiko, es su única salida!—afirma Souta, seguro, golpeando la mesa con rotundidad.
—P-pero… Yo… Es una operación muy complicada, y yo soy un simple médico, no sé si estaré a la altura… Si me equivoco lo más mínimo, Yukiko lo pagará caro, muy caro. Si cometo el más mínimo error, podría morir en la mesa de operaciones. Y yo...—se muestra inseguro Kokoro, cerrando sus puños y sus ojos con fuerza.
—Doctor...—interviene Yukiko, con una mano en el pecho.—Confío en usted. El señor Houinbou y Souta han puesto su confianza en usted, tienen fe en que logrará salvarme. ¡...Así que no voy a ser ninguna cobarde! ¡Me pongo en sus manos, doctor Kokoro!—espeta, segura de sí misma, con la voz todavía quebrada.
Bajando un poco la cabeza, Yukiko tiene algo que añadir.
—Y… Señor Houinbou… Souta...—de golpe, levanta la cabeza.—¡M-muchas gracias a los dos por apoyarme en un momento como este!—agradece Yukiko, al borde de un llanto que no logrará físicamente por mucho que tenga ganas.
—Keh heh heh… Para servidor, cualquier periodo de tiempo que pase al lado de su acólita no es tiempo perdido. Por eso, servidor estará ahí para apoyarla siempre.—le asegura el asesino ciego, mientras le sujeta una mano.
—Y además, qué demonios, tenemos una partida de ajedrez pendiente, ¡Me debes la revancha, Yukiko! Y creo que al igual que me ganaste a mí, tienes que ganar a tu enfermedad de la misma forma. Así que, ¡Vamos a patearle el culo a esa maldita enfermedad!—trata de animarla el pelirrojo, procurando sacar hierro al asunto, y sujetándole la otra mano.
—Gracias… Gracias a los dos...—Yukiko continúa con la voz quebrada, aunque en su rostro cansado se ha dibujado una débil aunque sincera sonrisa.
Al ver todo ese "espectáculo", el doctor Kokoro concluye que no puede quedarse de brazos cruzados cuando puede hacer algo.
—Muy bien, entonces lo haré. ¡Haré todo lo que esté en mi mano para curar a Yukiko! También lo haré por ustedes, maestro Houinbou, Souta. Porque tienen fe en que lo lograré, y porque no me gustaría decepcionarles.—se ofrece Chusei Kokoro, con respeto.
—Keh heh heh… Maravilloso.
—Estupendo.—afirma Souta, con una sonrisa maliciosa.
—Gracias, doctor Kokoro. Toca pelear, pero lo logrará. ¡Confío en usted!
—Gracias a todos. Así pues, no hay tiempo que perder. No creo que la enfermedad nos conceda demasiada tregua, así que hay que intervenir con urgencia. Lo antes posible. He de conseguir algunos enseres necesarios para la operación, cosa que me llevará un tiempo, no creo que demasiado. Partiré de inmediato a buscarlo todo. Yukiko, por el momento sería bueno que descansases. Por ahora, podéis volver a la celda. Si pasa cualquier cosa, no dudéis en llamarme. ¡Ahora me marcho a por todo!
Tras despedirse, el doctor Kokoro se apresura para encontrar todo lo que necesita para la operación. Mientras tanto, Souta y Kuro ayudado de Tasuke acompañan a Ryouken y a Yukiko a la celda, donde todos se disponen a relajarse un poco. Yukiko, a reponerse de las pruebas. Ryouken, a no cansarse demasiado. Y Souta, a dejar de pensar en cosas pesimistas. —A pesar de que servidor esté cansado, está la mar de alegre por esta esperanza que nos ha brindado el doctor Kokoro. Así que, por eso, servidor ha tenido una idea. De ahora hasta que la operación se lleve a cabo, preparará unas sesiones de meditación especiales para su acólita, para que pueda prepararse mentalmente para la operación que se le avecina.—se ofrece el monje budista con una sonrisa.
—Se lo agradezco mucho, señor Houinbou. Usted siempre se ha preocupado por mí, y nunca podré pagarle todo lo que ha hecho por mí…
—Keh heh heh… Ha sido un placer.—afirma Ryouken, humilde.
—Y tú, Souta, dime, ¿Qué crees tú? ¿Crees que sobreviviré a la operación?
—¿Qué? Joé, ¿Por qué me preguntas algo tan chungo? Si quieres que te sea franco, no veo el futuro, sabes. Pero… Espero que sí.—afirma, de repente serio.—Además… Ese doctor Kokoro es un gran profesional, seguro que sabe lo que hace.
—Sí.—asiente ella, con una sonrisa.—Gracias por apoyarme, Souta, de verdad, significa mucho para mí. Oye… Espero que, si todo sale bien, no perdamos el contacto, sabes.
—¿Qué? Oh, eso… Ya, espero que no… Eh, ¿Sabes? Si sale bien, podrás verme. Y ya podré usar contigo expresiones con el verbo 'ver'.—se ríe Souta, con broma.
—Sí, tiene que ser muy molesto.—ella se une a sus carcajadas.—Aunque nunca me ha molestado, pero bueno.
En medio de la conversación, Yukiko suelta un bostezo.
—Lo siento, pero… Creo que tendremos que seguir charlando mañana. Estoy agotada de tanto trote con lo de las pruebas médicas y todo eso… Buenas noches.
Pronto, Yukiko se queda dormida en su futón, dado que está agotada.
—¿Sabe, señor Houinbou? Creo que yo también iré a dormir ya mismo… Me duele un poco la cabeza.—"De tanto darle la vuelta a unos temas que dan mala espina", quisiera haber añadido.
—Keh heh heh… Como guste. Buenas noches al acólito.
—Buenas noches, señor Houinbou.
Imitando a la morena, el pelirrojo se queda dormido pronto. Una vez ambos dormidos, Ryouken sonríe para sus adentros, rezando porque todo salgo bien en esa operación…
—...Sobre todo si lo que tiene que hablar servidor con el doctor Kokoro mañana resulta ser como él cree.
Como de costumbre, nadie ha oído sus palabras salvo él mismo. Sin embargo, se duerme pronto, ya que se nota más cansado que habitualmente.
—Buenas noches a ambos acólitos...—les desea Ryouken.—Necesitan descansar. Y servidor solo quiere lo mejor para ambos.
