—¿Ocurre algo, doctor Kokoro?

—Tengo que comentarte algo muy importante. ...Es en relación al señor Houinbou.—informa el médico, con todo el tacto posible.

—¿Q-qué?—se sorprende enseguida.

—Antes de… Bueno, ya sabes… Antes de irse, estuvo escribiendo algo. Yo no lo he leído, pero lo cerró en un sobre y me lo dio. Lo tengo aquí conmigo.—indica el moreno de ojos verdes, mientras saca de un bolsillo pectoral un sobre cerrado con un sello de cera.—Me dijo que era para ti. Y que sobre todo, que Yukiko no se enterase, al menos por el momento. Según me dijo, temía que fuese demasiado para ella y eso afectase a su rehabilitación tras la operación.

—¿Qué puede haber escrito que sea tan impactante e importante?

Mientras se lo va preguntando, le falta tiempo para romper el sello con extrema delicadeza y desenfundar unas cuantas hojas, aparentemente en blanco. El pelirrojo toma una gran bocanada de aire, para prepararse a lo que sea que esté escrito, deslizando sus dedos sobre el papel para leer en braille el último mensaje de su padre.

"Saludos al acólito Souta:

Probablemente cuando lea esto, servidor ya no se encuentre allí de cuerpo presente. También es posible que el doctor Kokoro ya le haya contado el porqué de su repentina ida. Si es por sus dos acólitos, a servidor no le importan las consecuencias que le vengan por ayudarlos. Está a la espera de las noticias de su subordinado médico, y cuando llegue por fin a sus oídos la noticia de que la joven Yukiko se va a recuperar, y que por lo tanto el acólito Souta no la va a perder y no se quedará solo, entonces servidor podrá irse tranquilo."

—...Solo el mejor padre que podría haber tenido haría algo así por mí...—repite Souta, parando repentinamente y tapándose los ojos con las manos.

—Cierto, justo cuando llegué yo a decirle que todo había salido bien, terminó de escribir. Pero la carta sigue…

"Antes de irse, sin embargo, servidor quería dejar consigo constancia de algo que debería salir a la luz. Algo que solo servidor sabe, y se ha tenido que guardar para sí para no incumplir la promesa que hizo. Y como en la promesa servidor juraba guardar silencio hasta su muerte, ahora ya no hay motivo para ocultarlo, puesto que cuando esto sea leído, servidor ya estará muerto. Como favor, servidor debe pedirle a su acólito que no hable de esto con la joven Yukiko, no al menos mientras las cicatrices de su intervención médica terminen de sanar. Es un tema delicado para ella, aunque debería saberlo cuando sea el momento propicio. Así pues, servidor le va a contar mediante esta carta todo lo que sabe sobre ese hombre que un día le encargó el recado de silenciar a la joven morena para siempre."

—¿Está hablando...del cliente que quería matar a Yukiko esa noche de hace prácticamente 14 años? L-le preguntamos una vez y nos dijo que no nos lo podía decir porque hizo una promesa…

—Je, je… Oh, perdón, es que no deja de hacerme gracia pese a lo duro que es todo esto. ...El maestro Houinbou encontró la forma de contarlo sin faltar a su promesa. Ese hombre era un pequeño genio.—le adula su secuaz, con orgullo.

—Sin duda… Este señor Houinbou… Nunca dejará de sorprenderme.—corrobora el pelirrojo, sin poder evitar una sonrisilla llena de malicia.—En fin, a ver qué dice al respecto… Ahora entiendo por qué no quería que Yukiko se enterase… Saber quién la quería matar, definitivamente sería algo delicado para ella. Sigamos…

"Todo ocurrió en una fría nochebuena, cuando justo se cumplían 6 años desde que servidor conoció a su fiel acólito cuando le salvó en ese coche helado. Pues bien, servidor se encontraba, junto con su camarada inseparable Kuro, por supuesto, en uno de sus escondrijos de la zona. Se encontraba meditando, como de costumbre, pues era una noche bastante silenciosa. De repente, alguien logró localizarle allí. Se trataba de un hombre que requería de su ayuda como asesino profesional para acabar con alguien. Aunque servidor no pudo verlo, pudo adivinar por su voz que se trataba de un varón de unos 45 o 50 años aproximadamente. Por desdicha, servidor no tiene ninguna pista visual referente a su aspecto. El caso es que describió a su víctima como "una muchacha morena y bajita, vestida de blanco."" —Un momento, ¿Cómo?—Souta no puede evitar detenerse un momento.—¿Solo le dijo eso? Contrata a un asesino ciego, y le da una descripción tan vaga y muy basada en el aspecto exterior. ¡Ese tío era un imbécil!—se extraña Souta, algo desconcertado.

—No estoy muy seguro, pero creo que el señor Houinbou dirá algo al respecto de eso a continuación. Continuemos leyendo...—incita el doctor Kokoro, a lo que Souta obedece, sacudiendo la cabeza de estupefacción.

"Incluso servidor pudo sacar sus propias conclusiones de una descripción como esa. Es probable que el sujeto en cuestión no especificase la edad de esa muchacha para que servidor no supiese que solamente era una niña y se hubiese negado antes de sellar el trato, cosa que podría demostrar que no confiaba en servidor, ni en mucha gente, se atrevería asegurar. Además, de poco sirve describir altura, color de cabellos o de vestido a alguien invidente. Sin embargo, su objetivo seguía siendo librarse de ella, por lo que servidor podría entender que, si ese sujeto no dio detalles más precisos, quizás en relación al carácter de la víctima o alguna cosa similar, era porque el propio sujeto que la quería muerta no la conocía demasiado. Por lo tanto, se encuentran con un hombre que quiere librarse de una niña a la que no conoce. Algo bastante peculiar que servidor solo pudo descubrir más tarde."

—Caramba con el señor Houinbou, sus deducciones son impecables, y completamente lógicas.—le felicita Souta, con una sonrisa de orgullo por su padre verdadero. —Por eso mismo, precisamente, lo que dice es muy raro… ¿Dice que el que quería matar a Yukiko no la conocía? En ese caso, no veo la necesidad de tomarse la molestia...—deduce Souta, por su parte.

—No lo sabremos hasta que no sepamos más.

Con la opinión del doctor, la lectura continúa donde la habían dejado.

"De hecho, si no hubiese sido por el jirón del vestido que la víctima llevaba, encontrarla hubiese sido, incluso para Kuro, una tarea muy complicada. Fue algo extraño que como pista para encontrarla les diese algo tan difícil de conseguir como un trozo arrancado del vestido, y no alguna pertenencia de la propia chica, por consiguiente la joven Yukiko tampoco le conocía mucho. Y el retal roto del vestido quizás haga pensar en un altercado directo entre ambos. En todo caso, esto solo son especulaciones que no podrían demostrarse. En definitiva, ese sujeto dio a oler esa tela a Kuro, para que siguiese el rastro, y después se la llevó consigo. A partir de ahí, y para ahorrar valioso tiempo, el acólito ya se sabe la historia de cómo servidor la encontró y lo que pasó a partir de entonces.

Como el acólito comprenderá, servidor en aquel instante no podía estar seguro de si ese hombre confiaba de verdad o no en él, por lo que necesitaba una prueba de confianza entre ambos. Dicha prueba fue el nombre del sujeto que le contrató, como una prueba de su confianza, supuestamente. Servidor está seguro de que al acólito esto le desconcertará, puesto que, por lo que el acólito le contó a servidor durante y después de su elaborada venganza, él conoce demasiado bien ese nombre. Pues bien, el sujeto se presentó a servidor con el nombre de Paul Holic."

—¡¿Quéeee?! ¡E-eso no es posible!—se altera Souta, empezando a sudar, ojiplático.

—Souta, ¿Qué ocurre, por qué te has puesto así de repente? ¿Hay algún problema?—se asusta Kokoro.

—Ya lo creo. Ese "Paul Holic" del que habla el señor Houinbou… ¡Era el padre de Manosuke!—le explica, estupefacto.

—¡¿C-cómo?! E-entonces… ¿El que quiso matar a Yukiko fue...el padre de Manosuke?

—Parece que sí… Espera, ¡No, eso es imposible! El día que Manosuke y yo nos quedamos encerrados en ese coche helado, el día que conocimos al señor Houinbou… ¡Fue ese día cuando el padre de Manosuke murió asesinado! Entonces, ¡El que fue a ver al señor Houinbou 6 años después de eso no pudo ser Paul Holic de ninguna de las maneras!—chilla Souta, de repente nervioso.

—Un nombre falso…

—Sí, así es… E-en fin, vamos a seguir porque esto no puede quedarse así.

"Eso fue lo que le dijo ese individuo. A continuación, añadió, servidor supone que como muestra extra de confianza, que el nombre por el que le conocían más habitualmente era Isaku vez teniendo constancia de este dato, fue cuando servidor se adentró en las entrañas de esa oscura y fría noche en busca de la joven Yukiko, niña por aquel entonces. Servidor le perdonó la vida entonces, la resguardó durante la noche y la dejó partir, todo por varias razones. Servidor pudo comprobar que aquel individual había ocultado a posta que era una niña pequeña porque no confiaba en que servidor pudiese cumplir lo establecido si lo sabía de antemano. Esa desconfianza previa fue suficiente para servidor para anular el contrato, además de que es probable que servidor nunca hubiese hecho daño a una niña pequeña aun sabiéndolo. Un tiempo después, servidor escribió una carta a ese cliente suyo, para indicarle que el contrato se había roto, que la víctima seguía viva y todo porque servidor notó, puesto que no es ningún ignorante, que nunca hubo confianza entre los dos. El no recibir réplica siendo una carta de suma importancia, y los sucesos acaecidos durante la venganza del acólito Souta dejaron claro a servidor que su cliente le mintió desde el principio, usando un nombre falso."

—...Por ende, el cliente todavía no sabe que Yukiko sigue viva. Porque al usar un nombre falso, nunca recibió la carta que le mandó el señor Houinbou. Ni siquiera el señor Houinbou llegó a saber su verdadero nombre… —concluye Souta, deduciendo el resto.

—Si solo hubiese una manera de localizar a ese hombre tan cobarde...—bufa el doctor, algo mosqueado. "En resumen, servidor nunca ha conocido el verdadero nombre de ese individual, quien no debería saber que Yukiko continúa con vida. Servidor, incluso a día de hoy, ardería en deseos por encontrar a un hombre tan cobarde y ajustar las cuentas necesarias."

Tanto Souta como el doctor Kokoro no pueden evitar una sonrisilla de satisfacción. Ryouken les ha pegado con sus enseñanzas su modo de pensar, pues lo que han deducido lo ha aclarado el asesino ciego en la carta justo después.

"Eso es algo que a servidor le hubiese gustado que se cumpliese. Con sus influencias, ha intentado encontrar algún rastro de ese hombre, sin ningún éxito. Sin ni siquiera percatarse, servidor se ha ido haciendo mayor, y cada vez ha quedado más debilitado, reduciendo mucho las cosas que era capaz de hacer. Sin embargo, ha logrado hacer algo tan grande como cuidar de sus dos acólitos hasta el mismo fin de sus días, y eso es algo que le llena de felicidad. En definitiva, encontrar a ese hombre y hacerle pagar por intentar acabar con alguien inocente mediante mentiras y desconfianza es solo un deseo que servidor deja pendiente, aunque eso no le importa demasiado comparado con el peso de su último deseo.

Servidor, desde hace mucho tiempo, está viendo una luz, una luz pacífica que le indica que su final ya está cerca. Antes de eso, sin embargo, quisiera poner de manifiesto su último deseo, el más importante para él que espera que se cumpla desde allí a donde vaya. Le gustaría…"

—"...Que aprovechasen el favor que servidor ha hecho, pidiendo únicamente a cambio de su gesto que esto les sirva a los dos acólitos para permanecer siempre juntos, unidos por un vínculo de confianza y aprecio muy especial, y en consecuencia que vivan una buena vida, ya que nunca estarán solos. Ahora, su acólito Souta tiene a la joven Yukiko, y ella le tiene a él. Ha aprendido a confiar en alguien, por lo que servidor no podría estar más orgulloso de él, de su acólito… De su hijo. Y por supuesto, sobra decir que servidor nunca les va a dejar solos, sino que siempre estará ahí con ellos, tanto en sus corazones como más cerca de lo que se imaginan. Servidor les quiere infinitamente a ambos, y aunque de momento no quiere que la joven Yukiko lea esto mientras se recupera, el acólito Souta puede decirle algo: que servidor la quiere a ella también como su hija propia. Y eso, por descontado, también para él. A ese fiel acólito que nunca le abandonó y le apreció tanto hasta el punto de convertirse en su propio hijo… Gracias por compartir su vida con la de servidor. Que no lloren demasiado por su partida, pues nunca se ha ido. Un adiós muy relativo, y toda mi estima hacia ellos. Ryouken Houinbou."—termina Souta, en voz alta, con la cara bañada en lágrimas silenciosas otra vez.

Llorando con suavidad, Souta atesora el papel en sus manos, temblándole el labio por la emoción del momento.

—...Souta, ¿Te encuentras bien? "En resumen, servidor nunca ha conocido el verdadero nombre de ese individual, quien no debería saber que Yukiko continúa con vida. Servidor, incluso a día de hoy, ardería en deseos por encontrar a un hombre tan cobarde y ajustar las cuentas necesarias."

Tanto Souta como el doctor Kokoro no pueden evitar una sonrisilla de satisfacción. Ryouken les ha pegado con sus enseñanzas su modo de pensar, pues lo que han deducido lo ha aclarado el asesino ciego en la carta justo después.

"Eso es algo que a servidor le hubiese gustado que se cumpliese. Con sus influencias, ha intentado encontrar algún rastro de ese hombre, sin ningún éxito. Sin ni siquiera percatarse, servidor se ha ido haciendo mayor, y cada vez ha quedado más debilitado, reduciendo mucho las cosas que era capaz de hacer. Sin embargo, ha logrado hacer algo tan grande como cuidar de sus dos acólitos hasta el mismo fin de sus días, y eso es algo que le llena de felicidad. En definitiva, encontrar a ese hombre y hacerle pagar por intentar acabar con alguien inocente mediante mentiras y desconfianza es solo un deseo que servidor deja pendiente, aunque eso no le importa demasiado comparado con el peso de su último deseo.

Servidor, desde hace mucho tiempo, está viendo una luz, una luz pacífica que le indica que su final ya está cerca. Antes de eso, sin embargo, quisiera poner de manifiesto su último deseo, el más importante para él que espera que se cumpla desde allí a donde vaya. Le gustaría…"

—"...Que aprovechasen el favor que servidor ha hecho, pidiendo únicamente a cambio de su gesto que esto les sirva a los dos acólitos para permanecer siempre juntos, unidos por un vínculo de confianza y aprecio muy especial, y en consecuencia que vivan una buena vida, ya que nunca estarán solos. Ahora, su acólito Souta tiene a la joven Yukiko, y ella le tiene a él. Ha aprendido a confiar en alguien, por lo que servidor no podría estar más orgulloso de él, de su acólito… De su hijo. Y por supuesto, sobra decir que servidor nunca les va a dejar solos, sino que siempre estará ahí con ellos, tanto en sus corazones como más cerca de lo que se imaginan. Servidor les quiere infinitamente a ambos, y aunque de momento no quiere que la joven Yukiko lea esto mientras se recupera, el acólito Souta puede decirle algo: que servidor la quiere a ella también como su hija propia. Y eso, por descontado, también para él. A ese fiel acólito que nunca le abandonó y le apreció tanto hasta el punto de convertirse en su propio hijo… Gracias por compartir su vida con la de servidor. Que no lloren demasiado por su partida, pues nunca se ha ido. Un adiós muy relativo, y toda mi estima hacia ellos. Ryouken Houinbou."—termina Souta, en voz alta, con la cara bañada en lágrimas silenciosas otra vez.

Llorando con suavidad, Souta atesora el papel en sus manos, temblándole el labio por la emoción del momento.

—...Souta, ¿Te encuentras bien?

—...S-sí, lo siento… En el fondo, todo eso lo tenía muy claro… Pero saber que hasta el último minuto estuvo pensando en mí, en nosotros… Leer sus últimas palabras y ver que iban dedicadas a nosotros...—menciona, con una sonrisa sincera.

Solemne, el doctor Kokoro asiente, sonriendo tristemente.

—¿Qué vas a hacer ahora, Souta? ¿Estarás bien después de todo esto?—demanda el doctor, preocupado por él como le encomendó su maestro.

—B-bueno… Un golpe así no podré superarlo jamás, para qué negarlo… Pero como él me ha dicho, siempre estará aquí, ¿No? Y yo no soy nadie para desmentirle, así que, como he hecho siempre, le creeré. Saber que me seguirá cuidando como siempre lo ha hecho me aliviará, aunque yo no crea en nada de esto…—explica con una sonrisa y los hombros alzados.—Además… Ahora que tengo a Yukiko, y después de lo que se ha sacrificado el señor Houinbou por ella, y por la lealtad que nos tenemos, tampoco puedo dejar que le ocurra nada… Y por mí no tema, doctor Kokoro, soy alguien que ha aprendido a cuidarse a sí mismo.—declara, solemne.

De pronto, la sonrisa de Souta desaparece y su faz se torna seria, completamente seria.

—Y por supuesto, voy a averiguar quién fue ese cobarde que quiso acabar con Yukiko a costa de mentir al señor Houinbou. Y cuando lo haga, no van a haber excusas que le valgan.—se propone, en serio.—Cumpliré esa voluntad por el señor Houinbou.

—...Me alegro de escucharlo. El maestro Houinbou estaría muy orgulloso de su acólito… O de su hijo.—sonríe el doctor, simpático.—Si necesitas mi ayuda, cuenta conmigo para lo que necesites.

—Se lo agradezco, creo que le necesitaré para que me ayude a buscar algunas cosas… Si no recuerdo mal, ¿No era usted el informador sin parangón del señor Houinbou? Me hubiera hecho gracia verles cuando todavía se dedicaban al "negocio", ya sabe...—menciona, riendo levemente.

Kokoro no puede evitar una risa, trayéndole a la mente viejos recuerdos.

—Así es, algo por el estilo. Todavía recuerdo aquellos tiempos… Yo no era más que un estudiante de medicina por aquel entonces, pero el señor Houinbou también me ayudó entonces. Solo era un crío sin mucha esperanza para el futuro, y él me echó un cable para poder estudiar medicina, lo que me gustaba y lo que se me daba bien. A cambio, le fui leal siempre. No deja de hacerme gracia. El señor Houinbou, en vista de muchos, es la persona menos adecuada para ir salvando niños por ahí, y aun así lo ha hecho no pocas veces. En el fondo, era una buena persona. Yo, por mi parte, no tengo duda de ello.—recuerda Chusei Kokoro, con la mirada perdida en busca de memorias.

Souta le escucha, fascinado por esas historias. No podría estar más de acuerdo con respecto al asesino ciego. Por su parte, también puede afirmar que era una buena persona en el fondo.

—Oh, perdona, me he puesto a divagar sobre mi vida, cuando tenemos materias más importantes que atender. —...Ah, no, a mí no me molesta... —asegura Souta, indiferentemente.

—Bueno, estábamos en que te prestaré mi ayuda encantado. Ahora que la operación de Yukiko ha concluido, tengo más tiempo para usar. Puedo desplegar mis influencias y lograr algo de información de donde sea.

—Por favor. Supongo que lo primero sería tratar de encontrar algo de información en lo respecta a Paul Holic, para ver si logramos encontrar a alguien relacionado con él que pudiese tener algo que ver. Yo, por mi parte, sé algunas cosas. Era el padre de Manosuke, cosa que todavía me tiene a cuadros…-y nunca más apropiado-. Y sé que trabajó como escultor en Francia una temporada, y aparentemente vivía bajo el nombre de Isaku Hyoudou para ocultar que era dicho escultor en realidad. Fue asesinado el 24 de diciembre del 2000, y el asesino no fue otro que… Ese bastardo...—cuenta Souta, con una pincelada de rabia al revivir todo eso.—El incidente IS-7, seguro que encontrará todo mejor explicado en alguna parte.

—Perfecto, creo que me acordaré. Volveré mañana por la noche, y hablaremos cuando Yukiko ya esté dormida de nuevo. El señor Houinbou tenía razón, creo que será mejor que no entere de esta clase de cosas por el momento, podría causarle algún shock en su estado todavía debilitado.

—Muy bien.—asiente Souta, serio.—Cuento con usted, doctor Kokoro, para averiguar quién fue, y poder cumplir así el deseo del señor Houinbou.

Con una reverencia a modo de despedida, el doctor Kokoro se marcha, dispuesto primero a dormir y poco y luego a mover todos sus hilos. Souta, por su parte, esconde la última carta de Ryouken en algún lugar donde a Yukiko no se le ocurra buscar y encontrarla. Cuando se incorpora después de esconderla, intenta conciliar el sueño, cosa que no logra. Hay demasiadas cosas rondándole la mente, más desde que ha leído esa carta. Todo ha pasado demasiado rápido, los sentimientos se mezclan con las ideas, resultando prácticamente imposible sacar nada en claro. Y aunque en el fondo abandona la esperanza de poder razonar con nada, Souta no puede evitar pensar y pensar todo el tiempo.