En compañía de un amigo (o de varios), el tiempo pasa más deprisa, por lo que pierden la noción de las horas y solo vuelven en sí cuando el doctor Kokoro aparece en la celda ya bien entrada la noche, sujetando un montón de papeleo consigo.
—Souta, ya estoy aquí.—le indica, con discreción.
—Vaya, buenas noches, doctor Kokoro.—le saluda Yukiko.
—¿Eh? ¿Yukiko? ¿Todavía estás despierta? Q-qué raro, pensaba que ya estarías dormida...—cuestiona Chusei Kokoro, mostrándose algo incómodo mientras se acerca el taco de papeles un poco más al pecho y se coloca bien sus gafas.
—Ya, pero ahora que estoy bien no me canso tanto y no necesito ir a dormirme tan pronto. Hizo usted un gran trabajo, ¿Sabe?
—S-sí, pero no se preocupe… Si enseguida nos iremos a dormir.—le indica Souta, apartando un poco la mirada.
A Yukiko le pica la curiosidad sin poder remediarlo. La actitud de ambos hombres parece algo extraña, aunque no sabe exactamente por qué. Decide, sin embargo, no darle demasiada importancia de momento.
—¡Jo, Souta! Eres un aguafiestas...—protesta Yukiko, como si fuese una niña pequeña.
—Nada de quejarse. Oficialmente estoy al mando, así que yo...mando.—aclara Souta, con sorna.
—¿Quién te ha dejado al mando, Souta? Porque que yo recuerde nadie lo ha votado…
—No, nadie lo ha hecho. Pero yo tomo mis propias decisiones, querida.—contraataca, sonriendo malvadamente.
Ambos empiezan a discutir un poco, hasta que Yukiko tiene que resignarse e irse a dormir, con el argumento de que todavía tiene que hacer reposo y no abusar. Da las buenas noches a todos, dedica un gesto de respeto hacia las velas del altar, y se queda dormida al poco en su futón. Tasuke y Kuro se han empeñado en seguir jugando al juego que practicaban antes de la llegada del doctor, hasta que se han quedado dormidos uno al lado de otro, pues también se han acabado cansando.
Finalmente, la celda se sume en un profundo silencio. Cuando el pelirrojo comprueba que Yukiko está completamente dormida, ya puede empezar su charla con el doctor Kokoro, que aparentemente promete ser interesante, pese a que el sentido de esa palabra no esté bien definido en esa situación.
—Lo siento, Souta… Si hubiese sabido que Yukiko seguía despierta, hubiese venido un poco más tarde, para no levantar ninguna sospecha.—se disculpa el médico, algo apurado.
—No se preocupe. De hecho, todavía me cuesta acostumbrarme a que Yukiko ya está curada. ...Antes también me ha pasado...—recuerda el pelirrojo, apartando la mirada y quedándose un poco ruborizado.—Pero tranquilo, creo que no ha sospechado nada, al menos por ahora. Aprovechemos.
—Muy bien, pues allá vamos.
—Por lo que veo… Ha sido una búsqueda intensa, doctor Kokoro. Qué cantidad de papeleo.—comenta Souta, echando un vistazo al montón de folios que carga el moreno de las gafas.
—Bueno… No se me da mal encontrar información que busco. Soy un pequeño experto tratando la información, ya sabes...—bromea el doctor, adoptando un tono malicioso lleno de guasa.
Souta no puede evitarlo y suelta una pequeña carcajada maligna. Sabe perfectamente cuál es el sentido oculto de esas palabras.
—En fin, ya me dejo de bromas, pasemos a lo importante….—trunca, mientras distribuye ordenadamente los papeles por la zona del suelo próxima a la que usa para tomar asiento.
—Está bien. Dígame, ¿Qué es lo que ha encontrado?—pide el domador, picado por la curiosidad desde la noche anterior.
El doctor Kokoro carraspea, colocándose bien las gafas que protegen sus ojos verdes, mientras consulta algunos papeles.
—Bueno, he comprobado todo lo que me dijiste de ese tal Paul Holic, alias Isaku Hyoudou, y el incidente IS-7. Todo lo que me contaste era cierto, por supuesto, eso salía en los archivos. Paul Holic trabajaba como escultor en Francia, y aunque se mudó aquí, no abandonó ese trabajo. La gente nunca le había visto, solo sabían que era un escultor con mucho talento, pero en realidad vivía como Isaku Hyoudou para tapar quién era en realidad… Seguramente porque al no saber ni siquiera quién era el artista, el valor de sus obras era mayor.
—Eso me pareció escuchar. Ese tío cobraba una pasta gansa con el temita de las esculturas, pero aún así siempre estaba en la ruina, porque era un derrochador de mucho cuidado.
—Exacto. A eso se dedicó antes de su muerte. Como me comentaste, el incidente tomó el nombre específico de IS-7. Paul Holic murió asesinado en las finales de un concurso de repostería, pese a que el cuerpo fue conservado por más de 18 años porque lo congelaron sin darse cuenta en uno de las esculturas de sorbete helado que había hecho para la ocasión. Su asesino no era otro que Yutaka Kazami, amigo suyo con el que colaboró en el concurso hasta las finales, donde su confianza se rompió y Holic amenazó con contar el secreto de la hipogeusia de Kazami, hundiendo su carrera para quedarse el premio, y Kazami no tuvo otra que matarle para silenciarlo.
—...Algo muy típico de ese hijo de puta. Cuando le conviene, bien que actúa, sí… Todo por el maldito premio, y para curar su maldita enfermedad… Ojalá en ese libro hubiese habido algo para curarle el retraso que tenía...—bufa Souta, molesto.
Por miedo a que algo le afecte, el doctor decide no presionar en ese tema por un rato, hasta que se calme.
—L-lo siento, es que…—maldice Souta, suspirando y haciendo gestos con las manos.
—No te preocupes. Bueno, pues si todo está bien, continúo. Eso es lo que he encontrado con respecto a Paul Holic, ya que no hace mucho el caso fue reestudiado y se llegó a nuevas conclusiones. Pero cuando se investigó por primera vez, el caso fue desestimado, porque el cuerpo no apareció, y otras cosas. Pero no creo que esas cosas vengan demasiado al caso.
—Ya me sé esa historia, no se preocupe. Y dígame, ¿Ha encontrado algo sobre algún conocido de Paul Holic que pudiese saber todo eso que le dijo al señor Houinbou de él?
—...Hm… La verdad es que no. Al ser su identidad un secreto, poquísimos sabían que en realidad era Paul Holic. Es posible que tuviese amigos, pero le conocían como Isaku Hyoudou, y nunca llegaron a saber que era Paul Holic, y él tampoco tenía ningún motivo para decírselo, ¿Qué ganaría? Solo podría perjudicarle a la larga.
—Entiendo… La verdad es que eso tiene sentido… Pues entonces hemos llegado a un punto muerto.—se lamenta Souta, aunque luego no puede evitar reír un poco, comparando el punto 'muerto' con el 'muerto' en sí.
—Por lo tanto… ¿Quién podría saber su secreto para luego contárselo al señor Houinbou? Es algo que todavía no se me ha ocurrido… —murmura el doctor Kokoro, suponiendo para sus adentros.
Souta, por su parte, hace lo mismo, pensativo.
—Entonces, ¿No hay nada nuevo que sepamos de él?—pregunta Souta, sonando algo decepcionado.
—...Bueno… Rebuscando en archivos algo más específicos, encontré algo que da que pensar… Aunque no sé si tendría algo que ver con todo esto. —plantea el doctor, serio.—Ni siquiera es algo que implique a Holic directamente, pero…
—¿Qué es, doctor Kokoro? Cuente. Quizás tenga más que ver de lo que nos creemos en un principio...—le pide Souta, sorprendido.
—Como quieras.—accede, y poniéndose serio, procede a explicarlo.—Unos días después del incidente IS-7, se descubrió el cuerpo de una mujer, y más tarde comprobaron que era la casa de Hyoudou, aunque nunca llegaron a saber que tal era Holic.
—¿Cómo? ¿Una mujer muerta en su casa?—recalca el pelirrojo, sorprendido.
—Así es. Sin embargo, la autopsia resultó incierta, porque no murió ese mismo día, y no se pudo establecer el día de la muerte. Solo se supo que se murió por desangre de la yugular. Y fue algo muy desconcertante…
—¿Desconcertante...En qué sentido?
—Esa mujer era una famosa diseñadora de moda, así que era un poco raro que apareciese en un lugar como ese, muerta. Pese a que era muy famosa, nadie pudo seguir la pista de lo que le pasó para acabar así. A mí me sonaba incluso su nombre en aquella época, y aunque tú eras pequeño y sufriste amnesia, a lo mejor te suena su nombre: se llamaba Jade Erz. No es precisamente desde su pasado, pero ese nombre sí que le resulta familiar a Souta. Esa mujer de la que habla el doctor es la misma que diseñó una de las telas que usó para los trajes del show, de la que le habló la guardia alegre.
—Jade Erz… Lo cierto es que oí su nombre hace poco, sí. ¿Sabe esa señorita guardia que trató de tirarle los tejos con lo del boca a boca? Me trajo una tela para hacer disfraces para un show que representamos el día que vino a reunirse con el señor Houinbou. Y esa tela era diseño de esa tal Jade Erz, así como también me dijo que estaba muerta. Pero por supuesto, no tenía ni idea de todo eso, ¿Qué haría esa mujer en casa de Holic?—comenta el pelirrojo, desconcertado como se ha quedado el doctor.
—Ah, sí, esa muchacha tan alegre… Ja, qué jovencita tan dicharachera.—recuerda el médico, con una sonrisa simpática.—En fin, volviendo al tema… Yo tampoco tengo ni idea, y más cuando apareció muerta unos pocos días después de que Holic muriese también… Pero he traído una foto de la escena del crimen. Me ha costado mucho acceder a ella, ya que es un caso desestimado, pero lo he logrado.—se felicita Kokoro.—Te la enseño, y juzgas por ti mismo.
—Por mí estupendo.—accede el pelirrojo, sin el menor entusiasmo.
Sin embargo, si antes de ver esa fotografía su curiosidad era inexistente, se va desarrollando conforme se fija en los detalles. En el centro de la fotografía se aprecia a la víctima, la diseñadora Jade Erz. Su aspecto sorprende mucho a Souta, y no porque no se la había imaginado así, que tampoco, sino porque algo le da mala espina.
La mujer en cuestión tenía no más de 30 años, complexión delgada y bastante esbelta, así como una altura considerable. Sus cabellos, largos por una zona y rapados por otra, se extendían rubios sobre el suelo y cubriéndole parte de la cara, de piel clara y aparentemente delicada y ojos entreabiertos (seguramente por espasmo postmortem) color de chocolate. Su vestimenta podría considerarse muchas cosas menos discreta, pues vestía prendas cortas en su mayoría de tono negro brillante con detalles a cuadros blancos en alguna zona, flamantes tacones, un brillante colgante en forma de ¿Pistola? adornando su cuello herido y bastante y soberbio maquillaje. Realmente, esa fémina guarda considerable parecido con cierto alguien…
—Souta, ¿Estás bien? Te has quedado pálido, ¿Qué te pasa?—le pregunta el doctor, sorprendido.
—E...Esta mujer… E-es igual a…
—¿A quién? ¿A quién se parece tanto?
Souta no responde, solamente hurga un momento entre sus pertenencias más recónditas y escondidas para traerle al doctor una foto en la que salen Manosuke y él bastante contentos el uno con el otro, aunque eso en ese instante sea lo que menos relevancia tiene…
—¡Atiza! Llevas razón… El color de pelo y el de ojos, los rasgos de la cara, incluso el estilo de ropa…—exclama el doctor, con la mirada ojiplática en la foto.
—¡Jade Erz es igualita que Manosuke!—chilla Souta, cubriéndose la boca con las manos.
—¿C-cómo puede ser…? Son muy parecidos… ¿Cómo es posible?
—...Creo que sé por qué.—replica Souta, serio aunque no por ello menos sorprendido.—Estoy casi seguro de que esa diseñadora en realidad se llamaba Jade Holic…. Y era la madre de Manosuke.
Chusei Kokoro, sin poder evitarlo, imita el gesto de Souta, con sus brillantes ojos verdes abiertos de par en par.
—E-entonces… Eso explicaría por qué estaba en un lugar tan inusual… Porque, al fin y al cabo, también era su casa. ¿Por qué aparecería asesinada?—plantea la cuestión Kokoro, llegando al meollo del asunto.
—Lo cierto es que se me ocurren muchas cosas, pero cualquiera podría ser, así que ni idea. Lo que no sé es si Holic sabía algo así o la mataron después de que él muriera… Al no haber autopsia certera, no lo sabremos…
De pronto, Souta desvía su mirada hacia otro punto.
—Hey, ¿Qué es ese objeto pequeño que la víctima tiene cerca de la mano? Parece…
—Sí, es una pieza de ajedrez. Si no me equivoco, creo que es un caballo negro. Mira, al lado de ella se puede ver un tablero de ajedrez, con todas las piezas que había en la escena. Quizás estaba jugando una partida con alguien… Al fin y al cabo, era su casa, ¿No?
—Y encima, el ajedrez. No hay duda de que esa tiene que ser su madre, es que seguro.—menciona Souta, boquiabierto.—Y sí, parece que tenía una pieza de ajedrez en la mano. Pero…
—¿Pero qué?—inquiere el médico, leyendo una sombra de duda en los ojos de Souta.
—Hay algo en esta foto que me parece raro… Más en concreto, lo digo por ese tablero de ajedrez…
—¿Y cuál podría ser el problema? Yo no veo nada fuera de lo corriente en él…
Souta examina con detenimiento la imagen más de cerca, y comprueba su hipótesis, dándose la razón con asombrosa rapidez.
—A este ajedrez le falta una pieza. Contando la que tenía la víctima en la mano, hay un total de 31 fichas, 16 blancas y 15 negras, por lo que falta una ficha negra. —afirma el domador, con toda seguridad, como si nunca lo hubiese comprobado y lo supiese de antemano.
Kokoro lo comprueba, y evidentemente tiene que darle la razón, porque está en lo cierto.
—Impresionante, Souta… ¡Tienes razón! No se te escapa una, ni me había fijado en eso…
—Espere, voy a comprobarlo otra vez y le digo qué ficha falta…
Lanza un segundo vistazo a la foto, y enseguida vislumbra la pieza extraviada, aunque nada más pensar en cuál es, le hace venir otro de sus malas vibraciones.
—Falta… Falta el otro caballo negro.
—Vaya, qué curioso… Igual se perdió, y tenían que jugar sin él. Es algo pequeño, fácil de perder.
—Podría ser… Pero no sé por qué, pero algo me dice que no fue así… No me pregunte porque no estoy seguro de por qué, pero es una sensación que me ha dado….
El doctor Kokoro decide no replicarle, entre otras cosas porque no podría cambiar un mero presentimiento.
—A lo mejor, después de todo, nos haga falta saber más sobre esa tal Jade Erz… Quizás lleguemos a ver si tenía alguna relación con Holic, después de todo…
—No hará falta esperar. Me tomé la libertad de investigar un poco sobre ella, ya que encontré la foto...—confiesa el doctor Kokoro, aliviado.
—Guau, a esto llamo yo eficiencia y lo demás son tonterías. Bien hecho, doctor Kokoro.—le felicita Souta, informalmente.
No hay tiempo para felicitaciones, sin embargo. Deciden dejarse de preámbulos y pasar directamente a la sustancia del asunto.
—Veamos… Jade Erz, al parecer, se inició en la moda a los 23 años o por ahí, toda una promesa. Empezó cuando se vino aquí, porque es nacida y crecida en Francia.
—Es cierto, eso me dijo esa guardia, que era francesa… Ahora sí que no puede ser coincidencia… Al fin y al cabo, Holic trabajó en Francia. Demasiada casualidad, ¿No cree?—dictamina el pelirrojo, perspicaz.
—Ajá, sin duda. Bueno, pues comenzó a los 23, y pronto se vio que era buena en la materia. Continuó trabajando en eso hasta los 30, edad a la que murió.
—Lo que yo decía… 30 años. Entiendo, hasta ahora todo tiene más sentido. ¿Y en su biografía no se mencionaba a esa otra diseñadora de la que me habló esa chica? Me comentó que eran muy amigas, y si lo eran y Jade Erz resulta ser en realidad la esposa de Holic, pudo contarle algo a su amiga sobre él. ¿Cómo me dijo que se llamaba? ¿Martha? No, no era así. Vale, ya lo tengo. Manya, Manya Sladkiy, creo que era.—recuerda Souta, atando cabos.
—¿Manya Sladkiy?—repite Kokoro, con algún problema para la pronunciación.—Eso no suena a nombre de por aquí… A ver… ¡Ah, sí! Algo dice sobre ella, sí. Según explicó en alguna entrevista que le hicieron, o algo del mundo de los famosos que nunca alcanzaré a comprender demasiado bien, esa Manya era muy amiga suya, así como su compañera de profesión. Se conocieron aquí, justo cuando la carrera de ambas estaba despegando. Al parecer, tenían la misma edad, y un gran talento para los diseños de moda, por lo cual se hicieron amigas. Pero sobre la tal Manya no tengo nada más, nunca pensé que llegaríamos a estos extremos.
—No… No se preocupe… P-pero si nos paramos a pensarlo, podría ser lo que le he dicho antes. Al ser tan amiguitas, Jade podría saber algo de su marido, si suponemos que era la mujer de Holic después de todo, cosa que no me parece muy arriesgado asumir después de todo, y habérselo contado a la tal Manya. Ella no pudo ser la que fue a ver al señor Houinbou, porque fue un hombre, pero a lo mejor ella se lo dijo a alguien más… Ya entiende a donde quiero ir, ¿Verdad?
—Sí, tranquilo. Estás insinuando que Manya podría haber hablado con alguien y ese alguien fuese el que quiso atacar a Yukiko, por algún motivo que desconocemos. Es solo una posibilidad, pero si podemos sacar algo en claro, deberíamos investigarlo.
—Exacto. Yo, como pista, puedo decirle lo que me comentó la guardia. Si no entendí mal, creo que era rusa o algo por el estilo, y también murió, como Jade. Quizás le sirva.
—Perfecto, tomo nota. Mañana, quedamos aquí a la misma hora y te cuento lo que he averiguado, ¿De acuerdo?
Souta asiente, tragando saliva, pues algo en su propia descripción de la amiga de Jade Erz le ha resultado peculiar, aunque no comenta nada por el estilo.
—¿Hay algo más que quiera comentarme, doctor Kokoro?
—No, no especialmente… Creo que ya no tengo nada más, pero seguiré indagando, por supuesto. Ah mira, esto es lo que me quedaba, pero es solo un detalle nimio, que encontré buscando sobre Jade Erz. Es un póster suyo, échale un vistazo, si quieres.
Souta, aunque no sabe muy bien para qué, le echa un fugaz vistazo. Distingue a la misma mujer de la escena del crimen, aunque con un porte más formidable y sin ninguna herida, con una expresión facial picaresca que reflejaría mucho mejor el estilo salvaje con el que vestía. Sin duda, esa mirada confiada con un brillo de inseguridad intuido, los cabellos rubio chillón con zonas rapadas con maquinilla eléctrica, la indumentaria sobria, mayormente oscura… Prácticamente es la versión femenina de lo que recuerda de Manosuke.
—Estás pensando en que se parecía a Manosuke, ¿Verdad? Lo cierto es que, desde que me has mostrado la foto de Manosuke, no dejo de darle vueltas al tema también. Porque… Rayos, es que son iguales.—comenta el doctor Kokoro, fijándose en la foto.
La diseñadora, bastante favorecida, está rodeada de un fondo llamativo, y al lado de ella hay unas letras majestuosas y elegantes: como cabía esperarse, una "J" y una "E" de su nombre y apellidos.
—¿J y E? ¿De qué me suena a mí eso…?—se dice Souta, hasta que chasquea los dedos cuando se le ocurre.
Antes de que el moreno de las gafas pueda preguntarle, el pelirrojo se apresura a la cajonera donde Ryouken guardaba algunas cosas, y de ella saca el vestido blanco sin un jirón que llevó Yukiko la noche que se cruzó con el asesino ciego. Comprueba la etiqueta que hay, y lo relaciona. El logo que sale en la etiqueta son la J y la E, símbolo de Jade Erz.
—Entonces… ¿El vestido que llevaba Yukiko fue diseñado por Jade Erz? ¿Eso encaja de alguna manera con todo esto?
—Bueno, Jade Erz fue muy famosa, no es tan raro encontrarse de vez en cuando con un vestido diseñado por ella…
—Claro, lleva usted razón… Seguro que no tiene demasiado que ver…
—Bueno… Ahora sí que creo que ya te he mostrado todo lo que he averiguado. Seguiré investigando, sobre todo sobre esa Manya Sladkiy y mañana te cuento, ¿De acuerdo?
—...Sí, por supuesto. Gracias por todo.
El doctor Kokoro se despide con una de sus reverencias de respeto y se marcha, mientras Souta adopta un denso silencio, indicio de que está pensando en todo lo nuevo que ha averiguado. Se pregunta si todo lo que han descubierto tendrá que ver de algun manera con lo que su figura paterna quería descubrir… Solo queda esperar. Y confiar en que tanto esfuerzo de búsqueda y suposiciones dé su resultados.
