A diferencia del día anterior, Souta ha podido dormir un poco. No ha sido la siesta más larga de su vida, cosa que por otra parte se espera, pero al menos ha logrado reponer algo de energía. Al día siguiente, a diferencia del anterior, no camina en plan zombi debido al sueño, por lo menos.
—Buenos días, marmota.—saluda Souta, con una sonrisa maliciosa.
—Ja, ja, me parto. Buenos días, Souta. Aunque bueno… ...Con la cara que traes eso debe de ser solo una expresión.—comenta la morena, con cara de circunstancias mientras le observa con ojo crítico.—Pareces agotado, ¿Estás bien?
—¿Hm? Ah, sí, sí estoy bien. Es solo que… No he dormido mucho… Para variar, claro.—ironiza Souta, bostezando antes de arquear una ceja.—Bah, pero no es nada serio…
No le sorprende una réplica así por parte de Souta, así que como sabe que aguantará perfectamente, decide no insistir más en el tema. Pronto, su atención se desvía a otra cosa.
—Hey, ¿Y esa cosa que tienes en la mano? ¿Qué es?
El pelirrojo decide comprobarlo, porque no se ha dado ni cuenta de que sujetaba algo. Se trata del vestido blanco de Yukiko, que sacó anoche de la cajonera para echar un ojo a la etiqueta y debió de quedarse dormido antes de volver a guardarlo.
—Aah, esto… Es… ¿Recuerdas la noche que conociste al señor Houinbou? Llevabas este vestido puesto, y él llevaba guardándolo desde entonces, ya que te dio ese kimono que te abrigaba más.
—Oh… Vaya, ya no recordaba cómo era.—admite ella, agazapándose para tocar la tela.—La verdad es que era muy bonito, lástima que se rompiese…
—Blanco nieve, realmente apropiado...—comenta Souta, algo escéptico.
—Cierto… Pero, qué raro, ¿Qué te ha dado por mi vestido a estas alturas, Souta?—pregunta, extrañada.
—¿Ehm? Pues… No, nada… Es que… ¿Te acuerdas que nos fijamos en la etiqueta? Pues me puse a pensar que igual el vestido tenía otra igual por dentro, donde a lo mejor se aclaraba qué querían decir esas letras tan raras… No sé, me dio por pensar en eso.—improvisa Souta, probando a sonar creíble.
Yukiko sigue extrañada, pero coge el vestido de las manos de su amigo y le da la vuelta para comprobar si había alguna etiqueta como la que tanto le ha llamado la atención al pelirrojo.
—...Yo no veo ninguna otra etiqueta. Aunque claro… Igual estaba cosida al jirón que falta. No, ahora en serio, ¿Esto es una broma? Te da por cada cosa más extraña…
—Qué me vas a contar...—accede, con sarcasmo.
Pronto traen el desayuno, por lo que han de dejar la conversación para más tarde. Kuro y Tasuke también se incorporan, descansados después de tanto jugar juntos el día anterior, y terminan e reponer fuerzas comiendo un poco también.
—Hey, Souta, antes de que te avisen para ir a hacer cualquier actividad...—empieza Yukiko, señalando los futones revueltos.—Hay que hacerse la cama, ¿Recuerdas?
—¿Quién eres ahora, mi madre?—bromea Souta, sacándole la lengua.
—No seas vago, Sarushiro.—le devuelve la mueca.
—¿Qué más da? ¡Si la desharé esta noche otra vez!—se hace de rogar.
—Pero te van a echar bronca, listillo. ...Si el señor Houinbou te oyese, te hinchaba a collejas.—asegura, mirándole con determinación.
—¡No! ¿En serio? ¡Estoy muy asustado, buaaa, no puedo, no puedo, no puedo!—sacude la cabeza, con una expresión triste irónica.
Pronto, ha de protestar mientras se frota la cabeza, como si se hubiese dado un golpe en ella con algo invisible.
—¡Jooo, qué daño! —se queja, con los labios fruncidos.
—...Te lo dije.—añade Yukiko, sorbiendo su bebida.
—Oye, tengo otra idea. ¿Lo echamos a suertes?
—¿Qué quieres decir?
—Hacemos una partida de… Yo qué sé, piedra, papel o tijeras, por decirte algo. El que gane se libra de hacer la cama, mientras que el que pierda tiene que hacer las dos.
—¡Pero tendrás morro…!
—Anda, no seas así. ¿Aceptas o te rajas? Porfa…
—¿No tienes ganas de hacerte la cama, me equivoco?
—...Ni la más mínima. Me da una pereza… Creo que debería dormir mejor.
—Bueno, está bien. Pero solo por esta vez,¿Entendido, pelirrojo?—le desafía ella.
Souta asiente con la cabeza, a regañadientes. Acto seguido se preparan para la mini-partida.
—Piedra, papel o tijeras.—pronuncia Souta, marcando un ritmo.
—Un, dos, tres…—le sigue Yukiko.
—¡Ya!—exclaman al unísono.
Souta abre la palma de su mano mientras que Yukiko muestra el puño encogido. Papel gana a la piedra.
—He ganaaado...—canturrea infantil Souta, mientras se ríe estrambóticamente.
—¡Jo, ya te vale, eres un tramposo!
—Hey, querida, ganar no significa ser un tramposo, sabes.
—¡No es justo!
—La vida es injusta, chata. Contra antes te acostumbres, mejor.
Con expresión victoriosa, Souta se acomoda en el suelo mientras Yukiko se queda meditando su terrible venganza. Aprovecha que la morena está despistada para sacar la última carta de Ryouken de su escondite y releerla disimuladamente para sus adentros. Para su suerte, la morena parece no percatarse de ello.
Souta vuelve a leer todas las palabras que escribió su figura paterna en esos papeles, esta vez mezclándolas con la información que le ofreció el doctor Kokoro la noche anterior. Empieza a llegar a sus propias conclusiones, como persona inteligente que es,y todo ese asunto no deja de parecerle algo extraño, porque sin duda, lo es.
"¿Quién pudo decirle al señor Houinbou que se llamaba Paul Holic, alias Isaku Hyoudou?" se pregunta para sí mismo el pelirrojo, con los ojos cerrados para pensar mejor. Llega a la teoría de que alguien que conociese que Paul Holic e Isaku Hyoudou eran la misma persona, tenía que ser un hombre (a juzgar por la descripción de Ryouken, de unos 50 años aproximadamente por aquel entonces) relativamente cercano al susodicho, puesto que otro no hubiese tenido la posibilidad de averiguarlo.
—Alguien cercano a él… ¿Por ejemplo quién?—se pregunta, susurrándose.
Mala espina empieza a apoderarse de él, sin embargo sus pensamientos son interrumpidos por un fuerte gruñido.
—Eh, Yukiko, entiendo que estés de mala uva, pero gruñe más bajito, por favor, te vas a irritar la garganta.—interviene Souta, riéndose pérfidamente.
—Eres muy gracioso, chato. Pues que sepas que yo no he sido.—asegura Yukiko, con una ceja alzada.
—Keh heh heh...—ríe Souta, de nuevo adoptando inintencionadamente el estilo de risa de su padre.—Entonces, ¿Quién ha sido?—pregunta, desviando la mirada.
Debería habérselo imaginado. Se trata de Kuro, que ha empezado a gruñir a una presencia ajena a la habitual, y tan pronto como se percata de ello, Tasuke corre hacia él para buscar protección en su amo.
—Eh, chicos, ¿Qué ocurre?—pregunta, acercándose para comprobar qué ocurre.
En medio de la celda, y seguramente habiendo accedido por la compuerta pequeña para los animales, se encuentra un gato negro de pelaje majestuoso y brillante, ojos almendrados y ambarinos característicos de un felino, con un pañuelo rojo atado al cuello. Souta no puede evitar reconocerlo.
—Hey, es Caxap… ¿Qué hace aquí?—inquiere, sorprendido.
—Souta, ¿Qué pasa?—cuestiona Yukiko, acercándose a la escena.
Kuro no deja de gruñir al gato, que se mantiene fríamente impertérrito, y Tasuke se sube a hombros de Souta, escondiéndose haciendo uso de su larga cabellera roja. A pesar de eso, nada impide a Yukiko acercarse a echar un vistazo el porqué de la conducta de sus amigos del reino animal.
—¡Anda! Si es un animalito, ¿Qué es, Souta?
—¿Hum? Es… Es un gato.
—Conque así son los gatos, ¿Eh? Es muy mono… Hola, bonito… Hola...—le llama ella, ofreciéndole su mano, simpática.
A pesar del carácter irascible de Caxap, decide dejarse tocar por la morena, quien le acaricia con suavidad.
—Vaya, es muy suave. Qué lindo es este gato, ¿Cómo ha llegado aquí?—inquiere, sin dejar de acariciarlo, sonriente.
—Ni idea, pero es raro caerle bien a Caxap.
—¿"Caxap"? ¿Así se llama? Es un nombre un poco raro… Por cierto, ¿Cómo sabes tú su nombre, Souta?
Como si quisiese contestar a la pregunta, el gato deja ir un paulatino y perezoso maullido. Al escucharle, Yukiko reacciona con sorpresa.
—¡Hey! Ese sonido...—reconoce, ojiplática.
—¿Qué ocurre? Es un maullido normal, ¿Te sorprende?
—Es que… Yo he escuchado un maullido como ese antes… ¿Dónde fue?
Souta espera la respuesta, de repente algo inquieto.
—¡Ah, sí! Fue cuando… Cuando noté que me empujaban y me corté al sujetarme con ese clavo sin querer, ¿Recuerdas? Antes de caerme, escuché un maullido, aunque no sabía qué animal lo había que nunca antes había escuchado un gato, o no me acuerdo…
—Antes de caerte… ¿Escuchaste a Caxap? ...Bueno, de hecho, ya no me sorprende mucho…
—¿A qué te refieres con eso, Souta?
Enseguida capta el significado oculto de esa frase.
—Souta, ¿Tú sabes quién es el dueño de Caxap?—inquiere, seria.
De nuevo, el gato parece querer contestar a la pregunta. Maúlla, y pegando un brinco, se pone a caminar con la cola larga erguida hacia la salida, seguido por los ladridos de Kuro.
—¿Se va…?
—...Voy a seguirle.—se propone Souta, esta vez serio.—Ya sé a dónde me llevará, seguramente, pero quiero comprobar algo. Ahora solo necesito salir de aquí sin que me vean.
Alzándose de su asiento, Souta esconde más provisionalmente la carta de Ryouken bajo su almohada para que Yukiko no pueda encontrarla de momento.
—Souta, ¿Qué vas a hacer? No te irás a meter en ningún lío, ¿Verdad?—inquiere la morena, algo preocupada.
—No te preocupes, no creo que tarde mucho. Quédate aquí, ¿Vale? Lo único que necesito es una manera de abrir esta verja…
Los animales parecen expertos en contestar a las preguntas de los humanos, al menos por ese día. Tasuke se acerca a Kuro y le chilla algo al oído, y como si le hubiese entendido, ambos animales salen de la celda y se colocan enfrente de ella. Acto seguido, Tasuke se aúpa con la ayuda de Kuro hasta llegar a la altura del cerrojo, que abre con un par de movimientos hábiles.
—¡¿Q-qué rayos…?!—se sorprende Souta, echando la cabeza hacia atrás, sudando.
—Im...Presionante...—corrobora Yukiko, ojiplática y cubriéndose la boca.
Ante la estupefacción de ambos jóvenes, Tasuke deja ir una sonrisa mostrando sus dientes y haciendo un gesto de aprobación que dirige a su compinche Kuro, que ladra en señal de complicidad.
—En serio, sois, sois…—exclama Souta, boquiabierto.
De repente, la sorpresa se transforma en una curiosa mixtura de malicia y orgullo.
—Sois geniales. Yo… Estoy tan orgulloso...—bromea, fingiendo que se seca una lágrima.
A pesar de una situación como esa, Yukiko no puede evitar reírse.
—Los alumnos se han convertido en maestros, parece ser.—sonríe ella, conchabándose.
—Bueno, tengo que aprovechar antes de perder a ese gato de vista. Estos dos me acompañan, creo que igual podrán ayudarme, je… En fin, quédate aquí, ¿Vale? Si algún guardia te pregunta, diles que otro guardia nos está acompañando a algún otro lugar. Y no te preocupes, si me pillan, me inventaré algo con tal de que no te echen bronca a ti.—asegura Souta, sincero.
Yukiko esboza una sonrisa más conmovida que la anterior.
—Souta… No iba a ponerte ninguna pega. No es que fuese a chivarme o nada por el estilo, y nunca, pasase lo que pasase, se me pasaría por la cabeza venderte, sabes.—declara, sonriente.
—Je… Ya, ya lo sé. Por si acaso, pero ya lo sé.—afirma, sonriente también.—Es solo que… No me gustaría que cargaras con las culpas de algo que he hecho yo.
—No te preocupes por eso ahora. No sé a dónde quieres ir, pero ve. Eso sí, ten cuidado, por favor.
—No te quepa duda. Sé cuidarme solito… Aun así gracias.
La morena asiente, señal de que no es nada. Tomando ese indicio como carta blanca para proceder a ir a donde se le antoje, Souta se pone en marcha, sin apartar la vista de Yukiko hasta que la propia lejanía la impide divisarla en la celda.
Cuando ya ha dejado bastante atrás la celda especial, centra su mirada en su delantera, y en su destino. El gato Caxap, con su característico desdén, le está conduciendo a algún sitio interesante, y ese solo puede ser la celda de su dueño… La celda de Yutaka Kazami.
—Le prometí que no había acabado… Y yo cumplo mis promesas… Sé lo que le hizo, y no se lo pienso perdonar. Y además…
Hay algo que ronda la cabeza de Souta desde hace un buen rato. Sin embargo, es solo una suposición, y de momento decide centrarse en las sospechas que tiene más aseguradas. Con su habilidad, logra dar esquinazo a los guardias hasta encontrarse de frente con una celda vacía, de la cual proviene un nauseabundo olor a dulce.
—No hay duda… Aquí es. La celda de ese maldito bastardo.
Por si le quedaba alguna duda, cosa que no sucedía, al ver a Caxap accediendo a ella y acomodarse completamente habituado al lugar se le resuelven todas. Suspira para sus adentros, y da un paso hacia delante cuando comprueba que no hay ningún testigo cerca.
Y de mientras, Yukiko también sabe cumplir un pacto en la celda.
—Sigh… Bueno, será mejor que me ponga con los futones… Para perseguir gatos no es vago, pero para hacerse la cama sí… Este Souta...—reniega, sorprendiéndose de lo maternal que puede sonar.
La morena agarra la almohada de su compañero pelirrojo para apartarla y poder plegar bien las sábanas, pero en su lugar se encuentra con varios papeles que se precipitan por el suelo al haber movido bruscamente la almohada. Unos papeles aparentemente en blanco.
—¿Hm? ¿Qué es esto? Son hojas en blanco… ¿Eh? Oh, no están en blanco… Es braille.—deduce, pasando sus dedos por el papel.—¿Qué podrá ser, algún escrito de Souta?
Desliza sus dedos por una hoja al azar, y se sorprende a cada nueva palabra que lee. Le ha ido bien comenzar accidentalmente por el final, pues eso le ha dado la respuesta que estaba buscando.
—"Gracias por compartir su vida con la de servidor. Que no lloren demasiado por su partida, pues nunca se ha ido. Un adiós muy relativo, y toda mi estima hacia ellos. Ryouken Houinbou." Esto es… ¿Una carta del señor Houinbou hablando de su 'adiós'? Además… Si pone "a ellos", en plural, ¿Por qué no la he leído todavía, si está abierta?
Dicen que la curiosidad mató al gato, pero aunque no desea nada malo ni para Caxap ni para ella misma, no puede evitarlo si tiene relación con su difunto maestro. Tomando los folios en orden, se olvida del futón para ponerse a leer toda esa carta de la A a la Z. Aunque quizás pueda arrepentirse en un futuro bastante próximo.
