—No hay duda. Aquí es… La celda de ese maldito bastardo.
Caxap se ha acomodado en un cojín que ha visto tiempos mejores, aunque al animal no parece importarle. Si se encuentra tan cómodo debe tratarse porque el lugar no le es desconocido, además de que el horripilante olor a dulce indican que esa celda solo puede pertenecer a alguien al que Souta conoce y odia.
—No sé qué puede haber aquí, pero voy a lograr inculpar a ese cabrón por lo que le hizo a Yukiko. ...Aunque primero tendría que entrar, preferiblemente sin forzar el cierre.
Su mirada se dirige a Kuro y Tasuke, el segundo subido encima del primero cual pasajero de un carruaje, y ambos entienden cuál es el mensaje que les está transmitiendo el pelirrojo.
Sin más mediaciones, se ponen manos a la obra. Tasuke se alza a lomos de Kuro hasta quedar también a la altura del cierre, y con un par de movimientos hábiles, imposible determinar la procedencia de su aprendizaje, la cerradura cede, abriéndose la reja con un sonido chirriante.
—...Os debo un tentempié bien jugoso a cada uno, chicos. Buen trabajo.—les acaricia, con una sonrisa de amistad.
Cuando los dos emiten su sonido característico, Souta comprueba una vez más que no hay moros en la costa y se desliza silencioso al interior de la celda.
—Aprovecharé ahora que ese imbécil todavía no ha llegado.
Primeramente, el domador tantea la escena con la mirada, para hacerse una idea de los lugares que merezcan más punto de interés. No hay demasiadas cosas en la estancia, sin embargo, solamente una mesa con un par de sillas bajas sencillas, la cama de Caxap a un lado, una cajonera discreta y escasa decoración.
—Veamos… La cama de Caxap parece bastante normal, a parte de que no quiero que me saque un ojo si me acerco, gracias. No quiero acabar tuerto como ese cabrón. La mesa está completamente vacía. ¿...Qué habrá en esa cajonera?
Sigiloso como un ninja, el pelirrojo se acerca mientras Kuro y Tasuke hacen, de algún modo, de vigilantes, tanto estando atentos a las afueras como a Caxap, a quien a veces gruñen sin que al gato le importe lo más mínimo. "Su dueño le ha pegado parte de sus subnormalidades", piensa Souta con desprecio.
Mientras registra superficialmente el mueble, Souta se pone a pensar en qué espera encontrar en su interior. Quizás un par de zapatos con la suela manchada de pringuebeige cuya huella coincida con la marca de la puerta, o tal vez una receta escrita la composición de la cual coincida con lo que provocó que el azúcar de Yukiko se disparase tan peligrosamente.
—Primer cajón, allá vamos…
Dentro de dicho cajón, hay algunos objetos variados, como algún escaso libro de recetas, alguna que otra estatuilla decorativa y cajitas pequeñas.
—Bueno, hasta aquí todo bastante normal… Como me encuentre con sus calzoncillos, alguien va a morir.—se dice a sí mismo, horripilándose ante la desagradable situación.
No está muy seguro de si va a servir de algo, pero Souta decide abrir las cajitas, una por una, para ver qué hay en el interior. La mayoría de ellas están completamente vacías. En una especialmente pequeña encuentra lo que parece ser un anillo de oro, con alguna inscripción en su interior que ha quedado bastante ininteligible.
—Parece… ...No, mejor lo dejo estar.—Souta sacude la cabeza, dejándolo donde estaba.
Sigue comprobando cajas, y en ninguna parece haber nada, hasta que queda únicamente una, en el fondo del cajón. Antes de abrirla, Souta la agita para ver si contiene algo, y aunque la reacción es mínima, sí que parece contener algo ligero dentro.
—Por una caja más, ya que estamos…
Como algunos dirían en cualquier situación irónica, "La última tiene premio". Souta se encuentra con algo inusitado en la última caja, aunque de premio tiene poco. Lo extrae con cuidado para percatarse de que es una tela de color níveo. Cuando dicho retal se encuentra fuera de su recipiente, Souta empieza a incomodarse al comprobar que no es un paño ni nada por el estilo, porque es solo un jirón algo deshilachado y roto.
—E-esta tela… Es muy parecida a la del...—murmura, ojiplático.
Tiene una sospecha muy clara, pero la confirma al ver que a pesar de su mal estado la tela tiene algo cosido en un bordado. Se trata de una etiqueta, y como sospechaba, contiene un logo que conoce demasiado bien: la "J" y la "E" de Jade Erz.
—¡Qué puñetas…!—masculla, tapándose virulentamente la boca.—E-esto es… ¡E-el jirón que le falta al vestido de Yukiko!—chilla, alarmado.
Eso ya eran palabras mayores, ¿Qué hace Yutaka Kazami con un pedazo del vestido de Yukiko? Y no de uno cualquiera, sino el que llevaba una noche bastante particular en su vida. Es entonces cuando recuerda lo que Ryouken decía en su carta, que el jirón arrancado sugería una pelea directa entre Yukiko y alguien más. ¿Acaso su atacante cuando la morena tenía seis años era el mismo que la había atacado casi 14 años después?
—N-no puedo creer esto, no puedo, no puedo, no puedo...—se dice a sí mismo, angustiado.—Ese maldito no puede tener esto, es imposible… Eso supondría que… Que conocía a Yukiko desde el principio. ¡Ah!—se asusta de repente.—Ahora que lopienso… Kazami era el mejor amigo de Holic. Para participar en ese apestoso concurso, Holic tuvo que contarle que era escultor, y bastante famoso, para que confiase en sus dotes artísticas para ganar… Por lo tanto, él conocía el secreto de Paul Holic… ¡Él sabía que usaba dos nombres!—deduce Souta, completamente desquiciado.
El pelirrojo intenta tranquilizarse, pero le está siendo bastante complicado.
—E-espera un momento… S-si lo que estoy pensando es cierto… Eso supondría que el que le pidió al señor Houinbou que matase a Yukiko… Fue Kazami. ¡¿Qué rayos?! Alguien tan pasota como ese viejo con gorro no se tomaría una molestia así por nada. Si fue él de verdad… Yukiko tenía 6 años, a esa edad cuesta creer que hiciese algo que le supusiese una molestia… ¡Tuvo que tener una buena razón para ello! ...Pero no se me ocurre qué puede ser.
Sigue con su razonamiento, pero no puede evitar pensar que algo así es completamente irracional, una auténtica locura. ...Pero si lo piensa detenidamente, si encontrase un motivo adecuado, por el resto de aspectos, ¿Por qué no podría serlo? La posibilidad, aunque mínimamente, existe. Aunque por supuesto, por mucho que la posibilidad exista, sin un motivo para hacer algo así no irá a ninguna parte, y más conociendo de sobras al repostero. Ha de encontrar la respuesta, ha de saber a qué estaba jugando, por qué hizo algo así si fue él, qué rondaba la mente de Kazami para querer librarse de ella.
—Quizá… A lo mejor, o a lo peor, no sé… Haya algo en el cajón de abajo. No se me ocurre qué puede ser, pero es una posibilidad… P-pero no estoy seguro de que sea nada bueno…
Ante sus pensamientos, Souta se tapa los ojos en un gesto bastante inocente para alguien que no lo es tanto, y luego desliza sus manos a los oídos, con una expresión parecida. Finalmente, llega a una conclusión consigo mismo, y sacude la cabeza.
—¡N-no! ¡N-no puedo pensármelo! Si hay una oportunidad para descubrir lo que está ocultando esa escoria, es esta, y dadas las circunstancias, dudo que haya alguna más… Además, vine para que pagase por herir a Yukiko, y eso pienso hacer. Confío en Yukiko, y por eso, ¡No pienso permitir que alguien, y menos tan gentuza, le haga daño!
Adoptando una expresión mucho más seria, suelta un largo resoplido e intenta tranquilizarse a sí mismo. Traga saliva, respira hondo y paulatinamente desliza la maneta del segundo cajón hacia él mientras adentra el primero sobre su correspondiente dintel.
Primeramente, lo único que ve es ropa y más ropa, de colores mayoritariamente apagados y con aspecto clásico, por lo que deduce que deben de ser indumentarias de Kazami. Pese a que hay bastantes prendas, Souta está dispuesto a comprobar cada una de ellas si hace falta, e incluso aunque se tope con algo horripilante, en más de un sentido.
—No… No… Esto tampoco… Esto ¿Eh? ...Madre mía, qué horterada.—bromea para quitarle hierro al asunto consigo mismo, lanzando y desperdigando cada cosa quecomprueba, con intención de luego ordenarlo y ¿Echándole la culpa al gato? No, nunca haría eso, los animales no tienen que pagar las consecuencias de los humanos.
—Nada… Nada… Maldita sea… o menos mal, depende. En todo caso, parece que no me voy a encontrar nada. …¿Hum? Anda, un delantal… Qué sorpresa.—ironiza, desganado.
El delantal en sí fue, algún día, blanco, aunque ahora más bien adopta color beige claro, del desgaste. Es un delantal de cintura, y solo cuenta con un bolsillo grande en el centro.
—...Maldita sea, qué asco, sigue apestando a dulce. A dulce, y a bastardo, lo cual en este caso significa MÁS dulce.—protesta Souta, con una mueca.
A modo de desagrado, Souta coge la prenda con los dedos, como si estuviese contaminada, y la lanza lejos para no verla siquiera. Al final, acaba cayendo muy cerca de Caxap, a quien le llama la atención y remoloneando se pone a examinar el delantal por sí mismo. Souta, aunque no puede decir que adore a Caxap, espera que la curiosidad no acabe matando al gato.
—...Nada, parece ser. Voy a poner un poco de orden a todo esto… Por si acaso.
Mientras el pelirrojo pliega la ropa que ha desordenado tan bien como sabe, hasta llegar a un punto en el que no se nota la diferencia, Caxap sigue jugueteando con el delantal.
—Ostras, el delantal. Caxap, ven aquí, dame eso. Por mí podrías quemarlo si pudieses, pero ahora no. Anda, dámelo.
El gato no parece tener ninguna intención de obedecer al pelirrojo, por lo que continúa a lo suyo. Sin que Souta diga nada, Kuro y Tasuke salen a ayudar, acercándose al felino con cautela, hasta que finalmente logran separarlo de la tela, y el domador aprovecha para cogerla del suelo.
—Je, menos mal. Gracias, chicos. Ahora puedo…
Para doblarlo mejor, Souta sacude un poco el delantal, sin fijarse en el gran bolsillo tenía la abertura hacia abajo, cosa que provoca que algo se precipite al suelo. Al comprobarlo, el pelirrojo ve que del delantal ha caído lo que parece ser un sobre abierto, con una esquina salpicada en un líquido rojo intenso.
—¿Eh? ¿Y esto qué es?
Sorprendido, y empezando a temerse algo malo, Souta ignora el delantal y se agazapa para recoger la carta del suelo, con suma delicadeza ya que se ve frágil. Se trata de un sobre con el precinto roto, señal de que la carta que contiene ha sido leída. La mancha roja, según Souta, es, probablemente, sangre, lugar extraño para contenerla. En el interior del sobre, hay un papel doblado, igualmente manchado.
—Así que una carta… ¿Quién se la mandaría a ese anormal?
Mirando toda la superficie del sobre, Souta no ve que el nombre del repostero esté escrito por ninguna parte.
—Qué raro… No es el destinatario de esta carta. Ni siquiera es el remitente. Entonces, ¿Qué rayos hace con ella?—se pregunta Souta, con mirar algo incómodo.
Más se acentúa ese sentimiento de pesadumbre cuando llega a leer bien el reverso de la envejecida carta. Con tinta algo corrida pero legible todavía están escritos los nombres del destinatario y el remitente. Mejor dicho, la destinataria y la remitente.
—Remitente… ¿Qué? Jade Erz...—pronuncia, ojiplático en el mal sentido.—Y destinatario… ...Manya Sladkiy. …¡¿Qué clase de broma pesada es esta?!—chilla el pelirrojo, afectado.
Sacude la cabeza, preocupado. ¿Cómo ha ido a parar una carta como esa a manos de Kazami? Lo que resultaron ser dos nombres de dos diseñadoras fallecidas y enterradas en el pasado últimamente han salido a la luz de la manera más extraña posible. Demasiada casualidad.
"¿Acaso el acólito cree en las casualidades?".
Las palabras del monje budista resuenan una vez más en la cabeza del pelirrojo. Siempre que tiene una mala sensación en cuanto a lo que casualidades se refiere, los vocablos que le dijo su padre cuando llegó Yukiko después de tanto tiempo resuenan en su mente.
—No. Definitivamente, esto no puede ser una coincidencia. Tiene que haber una conexión entre todo esto.—se dice Souta, a sí mismo.—Y yo pienso descubrirla.
Deseando con todas sus fuerzas el no tener que arrepentirse de su decisión, Souta aparta la tapa del sobre y extrae de su interior el papel doblado, desplegándolo con suavidad. Dispuesto a leer todos y cada uno de los secretos que puede esconder esa carta tan misteriosa.
A primer vistazo general, el pelirrojo comprueba que, por su desgaste, la carta debe de ser bastante antigua. Lo corrobora al verificar la fecha en la esquina superior derecha: 24 de diciembre del 2000. Una fecha para nada aleatoria. La caligrafía puede haberse considerado elegante, aunque está escrita de un modo algo distorsionado, señal de que el escritor (en este caso, la escritora) se encontraba agitado (agitada) mientras redactaba, además de que la tinta se ha deteriorado y corrido en algunas zonas, eso sin contar que el pegote rojo carmesí también ha traspasado a la carta en sí. Pese a todo, todavía se puede leer, por suerte… O por desgracia.
Sujetándola con mucho cuidado, Souta toma una última bocanada de aire antes de comenzar. En una especie de intento por almacenar oxígeno, señal de que el mensaje de la misiva deja sin respiración a cualquiera.
—Allá voy… Vamos a ver qué tenía que decirle Jade Erz a Manya Sladkiy tan interesante que incluso atrajo la atención de esa escoria…
Último suspiro, y Souta analiza con su mirada cada palabra de la carta, supuestamente preparado para cualquier cosa que pueda decir. O al menos, eso creía al principio…."Chère Manya:
No se me da muy bien esto, pero he de hacerlo. Première, porque no puedo seguir ocultándote algo así, porque eres mi mejor amiga y las amigas no se mienten. Y deuxième, porque no tengo el valor suficiente para decírtelo a la cara. En parte, no me sorprende. No soy más que un cobarde, incapaz de actuar en consecuencia frente a nada de lo que ha hecho. Tampoco espero que me perdones, ya que no lo merezco. Nunca te pediré que me perdones. No tengo derecho. Aun así, ya te he traicionado bastante, y no dejaré que te quedes sin saber algo así… Pese a que me odies cuando lo sepas. No me importa. ...Bueno, sí que me importa, porque eres mi amiga, pero no te culparía.
Este último mes he sido la mujer más feliz del mundo. Después de tantísimo tiempo, demasiado, el trabajo me ha permitido volver a ver a quien más quiero en este mundo: a Manosuke, mon petit garçon. No ha habido ni un solo día de mi vida en el que no haya pensado en él; absolutamente ninguno. Le quiero muchísimo, mucho más de lo que nunca llegará a saber. Te diría que nunca llegarías a saber cómo de contenta me pongo al verle, pero tan pronto como lo pienso, me doy cuenta de que ce n'est pas vrai. Tú sabes muy bien como me siento, non? Imagino que te debe pasar algo parecido cuando después de tantos meses puedes volver a casa y abrazar a ton petit Souta.
Y aunque cuando vuelvo a ver a mi hijo me siento la mujer más feliz de la tierra, no he podido evitar sentirme también la más miserable. Al principio, ni siquiera me reconoció. Ya casi ni se acordaba de mí. Después, parece que le vino a la cabeza, y se puso contento de volverme a ver después de tantísimo tiempo. Así mismo me lo dijo. Le conté, aussi, pese a que ha pasado suficiente tiempo como para que se enterase en ese momento, que tendría un hermano dentro de poco. Y el pensar en eso, junto con el sentimiento de antes de hacerlo, solo me ha servido para reforzar la idea de lo absolutamente pésima madre que he sido.
Ahora, ha pasado ese "poco", aunque debería de haber sido más. A lo mejor de tantas zurras cada día se me ha provocado que esto sucediera. En este momento, ya poco importa en relación a mí misma, lo único que me tiene preocupada es que, por culpa de esto,ella parece no estar todo lo sana que debería estarlo. Supongo que esto es algo para demostrarme que soy una mala madre y no puedo ponerle ningún remedio por mucho que me esfuerce. Lo único que me consuela un poco es que Manosuke parece estar muy feliz con su hermana, pese a que solo la conoce de hace unas pocas horas. Les quiero mucho a los dos, y nada me haría más dichosa que el verles felices a ambos. Aunque yo como madre haya fallado en algo tan básico.
Hace muy poco, Manosuke estaba jugando y ha venido Souta a verle. Tu hijo es un encanto, tímido pero es adorable. Debes de quererle mucho… Entonces, ambos se han puesto a cuidar de ella un ratito. Junto con los dos, se veía muy tierno. Manosuke no dejaba de hablarle de su hermana, muy contento, como nunca antes le había visto y me hubiera gustado tanto. No se apartaba en ningún momento de su menuda y morena hermana, y Souta le escuchaba con una sonrisilla tímida muy mona. Entre los dos, le han hecho a la pequeña un collar precioso: Souta le ha puesto unos abalorios que al parecer le diste tú y Manosuke le añadió un caballo negro de su ajedrez como colgante. Debe de apreciarla mucho para poner de por medio su valioso ajedrez. Después, con sumo cuidado, se lo han puesto a la pequeña alrededor del cuello, y de ahí no se lo han sacado para nada. El verla con esos abalorios me recuerda a ti, eso y que le he puesto un nombre que me comentaste que te me hablas de tu país natal, Rusia, y de lo que te gustaría volver a visitarlo de vez en cuando para jugar con Souta en la nieve. Y aprovechando que hoy ha nevado mucho más que cualquier otro día que haya vivido, creo que el mejor nombre que podría ponerle a ma belle fille no podría ser otro que Yukiko, ¿No te parece? Esto me ha hecho pensar. Me gustaría poder ver feliz a Manosuke mucho más a menudo. Es más, me gustaría verle así siempre, y no separarme de su lado nunca. Es verdad que este es el trabajo de mis sueños, después de toda la clase de miserias que me han tocado pasar, pero debería haber priorizado a Manosuke, porque es lo más importante que tengo, además de Yukiko ahora. Y no lo he hecho. No he sido buena madre, Manya. Porque no he sabido cuidar a lo que más me ha importado.
Tú siempre has estado a mi lado, mon amie, siempre me has escuchado y has tratado de ayudarme. Cuando añoraba a Manosuke, bastaba que te lo contase para que vinieras a animarme como podías, y me consolabas cuando lloraba en silencio al recordar viejos tiempos de mala vida y cada una de las muchas veces en las que Paul me ha pegado, insultado, humillado, o peor. Cuando he tenido tu amistad me faltaba mi hijo, y ahora que he vuelto y estoy dispuesta a todo para recuperar a mi hijo, he traicionado tu amistad. Y siempre ha sido por mí, por querer cumplir mi sueño, por querer plantar cara a lo que me han hecho a mí, siempre a mí, a mí y a nadie más. Por mi egoísmo, no hago más que herir a mis seres queridos. Je suis une grande imbécile.
En realidad, Manosuke y Yukiko solo son medio hermanos. No podía soportarlo más. Por mucho que amase a Paul, había llegado a los extremos. Si se trataba de mí, quizás podría haberme resignado, como siempre. Pero hace unos meses, un día que pude escaparme para ver a Manosuke para poder felicitarle el cumpleaños aunque con retraso, descubrí que Manosuke no tenía ni idea del dinero que le mandé para que se comprase lo que quisiera por su cumpleaños. Su padre nunca se lo dijo, se quedó el dinero para sí, y dejó a su hijo sin regalo. Nunca le perdonaré que le hiciese eso a Manosuke, pero como siempre, no soy lo bastante fuerte para encararme a él. No puedo ni dar la cara por mi hijo. Soy una fracasada. Tanto que tampoco pude enfrentarme a él ni pedirle explicaciones cuando llegó a casa oliendo a perfume de mujer. Y, si te he de ser franca, sospecho que no es la primera vez, le conozco demasiado. No sé si me callo porque tengo miedo a que me atice como siempre hace, o porque tengo miedo a descubrir que es verdad porque je l'aime. O quizás sea por las dos cosas. Me humilla, y con lo ruda que puedo llegar a ser, no hago nada. Me guardo el dolor para mí porqueme siento incapaz de poner fin a esto, aunque sea lo mejor para moi. Le amo demasiado.
En momentos como este, solo tengo a dos personas en las que confiar: en Manosuke, c'est clair, pero no podía contarle eso. Bastante daño le he hecho ya apenas estando con él. En ese momento, solo me quedabas tú, Manya. Solo podía contártelo a toi. Sabía que me escucharías, así que fui a verte para sentir que alguien me escuchaba. Oui, je sais, ya sé lo que estás pensando. No recuerdas que nunca te hablase de eso. Así es. Nunca llegué a decírtelo. Lo intenté, fui a buscar tu confianza una vez más, y fue entonces cuando terminé rompiéndola. Te fallé. Y no sabes cuánto me arrepiento.
Fui a verte a tu casa, pero no estabas. Únicamente estaba en casa ton mari, Yutaka. Cuando le pregunté, me dijo que te habías ido al parque con Souta, para poder estar con él el único día que nos quedábamos en la ciudad entonces. Por muy deprimida que estuviese, no pude evitar sonreír por ti. Me ofreció quedarme a merendar en lo que te esperaba, y como realmente necesitaba verte, acepté. Una vez tomando un café y un bollo, acabamos por hablar de Paul, yo la primera en sacar a la luz todos sus defectos por los que lo detesto. Sería su mejor amigo, pero no se molestó en negármelo siquiera. Y entonces, sacre moi, acabé por pensar que ya estaba harta de que Paul jugase así conmigo, y decidí vengarme. Se acabaría eso de estarme callada mientras se gastaba todo el dinero que yo gano para Manosuke en alcohol y putas, me daba igual todo lo que pudiera pegarme. Y no se me ocurrió nada más estúpido que engañarle también. Estaba fuera de mí, pero eso no me es excusa. Yutaka es su mejor amigo, eso le enfurecería como al que más. Mi venganza se cumplió. Paul ya no era el único infiel en nuestra relación.
De nuevo, fui una completa egoísta. Oui, me vengué de las infidelidades de mon mari siéndole infiel con su mejor amigo. Pero fue a costa de traicionarte. Una vez me di cuenta de la tontería tan grande que hice, me odié de nuevo. Te pido mi más sincero perdón, Manya. Lo hice sin querer, porque estaba deseando vengarme, pero nunca quise hacerte daño. No me lo perdonaré nunca. Harías bien en odiarme, y no te culparé por ello. Me merezco todo lo malo que pueda ocurrirle a alguien.
Se me cayó el alma a los pies cuando descubrí que, aparentemente sabiéndome poco con el dolor que sentía, esperaba un hijo fruto de ese adulterio. Entonces, no pude soportarlo más, la culpa me impedía dormir, no podía más. Intenté contártelo entonces, pero con tu amistad y tu apoyo me anulaste y no pude, no fui capaz. Cobarde fui, y lo sigo siendo. Et ajourd'hui ha nacido Yukiko, y cuando la miro me acuerdo de todo el daño que te he hecho, y aun ahora que tengo a dos hijos a los que adoro, el pensar que te he fallado me duele muchísimo.
Yukiko es hija de Yutaka… Tu marido. También es medio hermana de Manosuke… Y de Souta. Eso es lo que te he ocultado todo este tiempo, el motivo por el que te he traicionado… Y mi mayor pena ahora mismo. Primero perdí a mi hijo cuando apenas le he hecho caso todo este tiempo… Luego te perdí a ti como amiga cuando te traicioné. Soy una miserable, una amiga deplorable… Aun así, voy a pelear por Manosuke, nunca más me separaré de él, renuncie a lo que tenga que renunciar. Y pese a todo, quiero a Yukiko muchísimo, no me importa lo que haya pasado… También es mi hija. Paul todavía no lo sabe… No sé qué me puede pasar, pero tengo que ser valiente. Será très dificile, pero lucharé por mis hijos, y no pensaré en mí nunca más. Aussi, les contaré la verdad cuando sea el momento. Se acabaron los engaños, que solo sirven para hacer daño.
Del mismo modo, me gustaría recuperar a mi mejor amiga. No me sorprendería que me odiases, porque me lo he ganado a pulso, pero de la misma forma no me extrañaría que me perdonases, porque tienes un corazón que no te cabe en el pecho. Siempre has sido la mejor amiga que podría haber deseado, siempre has estado ahí cuando lo he pasado mal, te has antepuesto a ti misma por mí… No te lo puedo pagar peor de lo que te lo he pagado. Yo solo te pido mi más sincero perdón, y hacerte saber que siempre me arrepentiré de haberte hecho daño por mucha alegría que me haya traído Yukiko.
Junto a la lettre, te envío también el que será mi último vestido. La robe que cierra la carrera de diseñadora de Jade Erz. Puedes quemarlo, romperlo, o hacer lo que te plazca con él. Me da igual. Si para poder estar con mi querido Manosuke he de renunciar al trabajo de mis sueños, que así sea. He cometido muchos errores, he herido a la gente que más quiero, y no quiero hacerlo una vez más. Por eso, no me separaré de Manosuke jamás… Del mismo tiempo que alejarte de mí es lo que más te convendrá. No te mereces una amiga como yo, Manya. Te diría que es porque no quiero hacerte más daño… Pero antes te he prometido que nunca más pensaré en mí.
Aunque no te merezca, siempre serás mi mejor amiga. Te deseo la mejor de las suertes en la vida, porque te la has ganado. Todavía no me he muerto, todavía soy descarada, o eso quiero hacer ver, por lo que querría pedirte algo: no dejes que Souta se quede sin saber que tiene una hermana. Se merece saber la verdad. Al fin y al cabo, ninguno de los tres tienen la culpa de lo mala persona que soy.
Lo dejo todo por Manosuke, al que quiero con locura. Y que la vida me castigue como me merezco, siempre y cuando no involucre en ello ni a mi hijo, ni a Yukiko, ni siquiera a Souta. Ni a ti, por supuesto. Ninguno de vosotros merece nada malo, y espero que no lo tengáis.
Adieu, Manya. Je t'adore beaucoup.
Jade"
