—Aquí está. La foto de Manya Sladkiy y de la escena donde se produjo su crimen.
En medio de la imagen, se distingue a una mujer que produce recuerdos lejanos en la mente de Souta, que empieza a sentir dolor de cabeza de repente, algo por otra parte normal si se sabe, como sabe él, quién es esa mujer en realidad. No le sorprende el distinguir algunos rasgos suyos parecidos a los de él mismo. Piel pálida, ojos castaños, cabellos largos y negros sin flequillo y dos mechones presidiéndole la cara. Va vestida sobria y discreta, en lila y rosado predominantemente. Souta se sujeta la cabeza, frunciendo el ceño. Algunas imágenes perdidas en el limbo causa de la amnesia están saliendo a la luz.
Tal y como ha explicado el de la bata blanca, en medio del pecho se aprecia ropa arañada fruto de un cuchillazo y una mancha roja cubriéndole buena parte del tórax, que en una esquina hace una forma algo extraña. Y no está seguro al respecto, pero al domador le da la impresión de que todavía hay restos de lágrimas bajo sus ojos.
—Esta mujer… Es… Es Manya Sladkiy, ¿No?—pregunta Yukiko, mirando la fotografía con perplejidad.—Manya… Sladkiy… Manya… Manya… ¡Agh!
Su voz repitiendo el nombre de la diseñadora se distorsiona en su mente hasta poder llegar a escuchar ese nombre, "Manya", una y otra vez resonando en su cabeza con una voz ligeramente diferente a la suya, algo más aguda. Mientras tanto, llega a ver a la misma mujer que ahora presencia fallecida en la foto sonriéndole con calidez y sencillez.
—¿Yukiko?—la llama Kokoro.
—¡Yo…! ¡Yo…! ¡Manya…! ¡Ella…! ¡Ese lugar…! ¡Agh! ¡Agh! ¡M-mi cabeza!
Otras imágenes de esa mujer desfilan incesantes por su memoria. Incluso, ella misma llega a verla en su mente tirada en el suelo, sangre manando de su pecho, tal y como muestra la foto. Algo borrosamente, recuerda haberla visto en la situación de la foto. Recuerda haberla visto muerta.
De improviso, la imagen de ese Kazami joven vuelve a llenar sus recuerdos. Presencia otra vez esa escena en la que el repostero le tendía una especie de golosina en forma extraña a ella, que iba ataviada con ese vestido blanco, y esa voz a la que no había asociado ningún portador cobra un nuevo significado.
"No le sientan bien. No debería comer dulces."
Al girar el campo de visión, ahora sí que puede ver a una mujer morena articular esas palabras, con expresión de preocupación e inseguridad. La misma mujer que sale en la foto. Manya Sladkiy.
Sigue mirando alrededor, y distingue otras similitudes. El enmoquetado es el mismo, lo mismo la distribución de los muebles o el empapelado de las paredes. Reconoce esa sala de fiestas que ha mencionado Chusei Kokoro en su memoria.
Solo entonces, se da cuenta. Ella estuvo allí en una ocasión.
—Y-yo… ¡Ah! Y-yo... —tartamudea, ojiplática, mientras se sujeta la cabeza.
—Yukiko, ¿Qué pasa? ¿Qué te pasa?—interviene Souta, observándola con atención.
—¡Mi cabeza! ¡Y-yo…! ¡M-Manya…! ¡K-Kazami…!
—¡Está recordando algo!—anuncia el doctor Kokoro, estando seguro ahora de que son recuerdos.
Por su parte, Yukiko también piensa que así es, pero no sabe cómo corroborarlo. La miríada de imágenes nuevas y viejas al mismo tiempo que aparecen desfilando por su mente ocupan todo su pensamiento.
—¿Qué recuerdas, Yukiko? Dinos, ¿Qué ves, qué oyes? ¡Cualquier cosa!—le pide Souta, mirándola con curiosidad.
—¡E-ella…! ¡Ella está ahí! ¡Manya…! ¡Manya está ahí!
—¿Dónde está Manya, dónde? ¿En la sala de fiestas de la foto, quizás?—inquiere el médico, mostrándole de nuevo la foto.
Yukiko, sin apartar las manos de sus oídos, sacude la cabeza para decir que sí.
—¡Y él…! ¡Él…! ¡Ella habla con él!
—Vale, vale, tranquila. ¿Quién es "él", Yukiko? ¿Puedes ver a alguien más?
—Un… Un hombre… ¡Es…! ¡Ah! ¡Es él! ¡Es…!
El pelirrojo puede llegar a intuirlo, sin embargo continúa alerta y a lo que tiene que decir.
—¡Es…! ¡Kazami! ¡Kazami está ahí también!
—¿Kazami? ¿El mismo que viste antes, de joven? ¿Está ahí, en la sala de fiestas?—insiste Kokoro, sin apartar la vista de ella.
La morena, cerrando los ojos con fuerza, asiente.
—¿Y cómo sabes que Manya y él estaban hablando, Yukiko?
—Porque… Porque yo… Yo también estoy ahí.
—¿Estás con ellos allí? ¿Tú estuviste en la sala de fiestas?
—...S-sí. Cuando era… Era pequeña. Yo era pequeña…
Incluso es capaz de llegar a deducir la edad que tenía entonces, por el vestido que llevaba. Esa es la mayor pista que tiene.
—Yo llevaba… Llevaba el vestido blanco…
—Entonces tenías 6 años. De hecho, estoy bastante seguro de eso. Y también creo que esa noche fue la noche en la que conociste al señor Houinbou y, por tanto, perdiste tus recuerdos.—completa Souta, mortalmente serio de nuevo.
Pero sigue habiendo algo extraño en lo que está diciendo y recordando la morena. No le sorprende que vea a Kazami la noche que llevaba ese vestido, por tanto, la noche que su muerte fue planeada, pero… Sigue habiendo algo que no encaja. Por ejemplo, ¿Qué hacía Manya Sladkiy ahí, precisamente entonces? Teniendo en cuenta quien él sabe que es, no debería sorprenderle, pero es que esa mujer fue encontrada muerta esa misma noche. Además, las casualidades no existen.
—¿Kazami te dijo algo, Yukiko?
—...Él… Me dio… Dijo que era una mariposa… Era… de un color parecido a la piel, creo.
—¿Una mariposa, color de la piel? ...Ah, ya entiendo. ¿Sabes si sujetaba esa mariposa con dos cosas parecidas a espadas?
—¡S-sí! ¡Sí, eso es!
—No era una mariposa real. Era un dulce en forma de mariposa. ...Pero tú lo viste, y supongo que lo probaste. Pero… Ya eras diabética por aquél entonces, ¿No?—razona Souta, en pose pensativa.
Chusei Kokoro puede corroborar eso último. Él mismo hizo el chequeo a Yukiko, y el diagnóstico indicaba que lo más probable era que esa diabetes fuese de nacimiento, al ser un efecto de la enfermedad.
—Entonces… ¿Recuerdas si te pasó algo al comer ese dulce con diabetes?
—Y-yo… N-no estoy segura… P-pero Manya… Manya le dijo… Le dijo que los dulces no me sentaban bien. Pero yo no lo sabía…
Definitivamente, hay algo raro en eso último. No solo la presencia de Manya Sladkiy ahí le resulta bastante misteriosa, sino que además la mujer sabía, si no de la enfermedad de Yukiko, de los efectos que provocaba en ella. Es como si Manya la conociese más que solamente de haber escuchado su nombre.
—¿Kazami le dijo algo a ella?
—N-no. Creo que no… N-no recuerdo que ese hombre dijese nada...Pero ¡Ah! Recuerdo que… Que yo…
—¿Tú qué?
—L-le dije algo a Manya, sí. Le dije que me sentía mal.
A ninguno de los dos le sorprende eso. Si Yukiko ya era diabética por aquel entonces, que sufriese de la tripa o similar es más que probable.
—La tripa, ¿Verdad?
—...Me picaban los ojos. Y… Pierdo nitidez de imagen…
No es médico, pero incluso esto sorprende al domador. No suele ser normal que un problema digestivo afecte a los ojos.
—¡Claro, la vista! La ceguera de Yukiko no era de nacimiento. Lo que la causó fue la ruptura de la retina y los capilares oculares debido a su ritmo cardíaco anormal acelerado. Es lo que dije: si comió muchos dulces, eso pudo provocarle circulación acelerada y romperle las arterias de los ojos.
—Así que ese bastardo fue quien la dejó ciega con sus porquerías. Es para joderse.—reniega Souta, con una pincelada de rabia.—Pero espera, Yukiko. ¿Se lo dijiste...a Manya? ¿Es que la conocías de antes?
—Eso creo. Tengo recuerdos anteriores de esa mujer, pero no son muy precisos… Le dije lo que me pasaba y me acompañó a otra sala. Cuando entramos… Ahí estaba él.
—Kazami...—aclara el doctor de ojos verdes, atónito a más no poder.
De nuevo, la morena articula un asenso con su cabeza.
—Yo me quedé… Cerca de la puerta. Pero Manya se acercó a él. Y ella… Ella le dijo algo… ¡Ugh!—explica, presionando sus manos a su cabeza con más fuerza.
Souta nota que el dolor que está experimentando es mayor. Demasiados recuerdos de una sentada. Doloroso, pero necesario. Como lleva siendo todo ese asunto.
—Tranquila… Tranquila...—le susurra el pelirrojo, no más calmado que lo que intenta que esté ella.—Dime, ¿Puedes retener con claridad lo que le dijo?
Ante la petición de Souta, Yukiko hace un esfuerzo por concentrarse todo lo que puede, para tratar de recordar lo que ella misma oyó estando ahí. Sin embargo, no puede evitar sentirse muy confusa.
—¡Pero Souta…! ¡¿De dónde vienen todos estos recuerdos?! ¡N-no entiendo nada!—chilla, desesperada, cubriéndose las orejas.
—...Yukiko, escucha. Es muy importante que nos cuentes lo que recuerdas. Luego lo entenderás, de verdad. Pero ahora cuéntanos. Por favor.—le pide encarecidamente el pelirrojo.
Aunque todavía muy perdida, la morena asiente con un gesto tembleque y se concentra.
—…"Yutaka… No esperaba encontrarte aquí ahora, pero aprovecharé que ahora estamos solos aquí para hablar contigo. Creo que, después de seis años, tenemos una charla pendiente."
Tanto Kokoro como Souta escuchan con la mayor de las atenciones. Yukiko cierra los ojos para recordar mejor, tan bien como puede, y reproducir las palabras de la mujer que le vienen a la mente. Mientras tanto, Souta toma nota mental de todo lo que oye, intentando ligarlo a lo que ya sabe.
—"Quise hablar contigo muchas veces, muchas. Regresé, y no estabas en casa. Nunca apareciste. ...Tampoco Souta."
—¿Souta? ¿Esa mujer sabía de ti, Souta?—interviene el doctor Kokoro, sorprendido.
—Luego lo aclararemos.—asegura el susodicho, serio.—¿Qué más, Yukiko?
—"Ahora te he encontrado, y ya iba siendo hora. Creo que me debes unas cuantas explicaciones." ...Ahora, hay una pausa… Yo me quedo mirando todo aquello desde lo lejos, en la puerta.
—¿Kazami dice algo en algún momento, Yukiko?—inquiere el domador, curioso.
—...No, no, creo que no… Se quedó ahí, callado… Cerró los ojos, escuchando. ...Así es como lo recuerdo.
El propio Souta cierra sus ojos. Solo es un recuerdo, pero lo considera bastante creíble, dentro de lo que cabe. Deduce que a, esas alturas, Manya ya habría recibido la comprometedora carta, por lo que sabría muchas cosas nuevas, desagradables. Solo alguien tan indiferente como Kazami podría quedarse tan pancho ante una situación como esa.
—Antes de hablar… Manya sacó algo que llevaba, y lo mostró… Estaba lejos, pero… Pude entreverlo. Creo que era un sobre… De él, sacó un trozo de papel doblado.
—La carta de Jade...—intuye el domador, imaginando la escena.—¿Y luego qué?
—Luego… Luego Manya habló… "Recibí esto hace mucho, pero créeme cuando te digo que su contenido no se me ha podido olvidar nunca. Es una carta de Jade. En ella me habla de muchas cosas… Incluso de ti, Yutaka."
La morena hace una pausa, quizás expresando que entonces también hubo una o que está haciendo un esfuerzo mayor para mejorar la imagen que tiene de entonces.
—"...¿No piensas decir nada? ¡Sabes perfectamente de que estoy hablando, Yutaka! ¿No dices nada en tu defensa? ¡Yutaka! ¡Me engañaste!"
Por su parte, Chusei Kokoro no puede salir de su asombro en ningún momento.
—¿Que Kazami la "engañó"? ¿A qué se refería Manya Sladkiy?
—...Creo que estará claro dentro de poco.—farfulla Souta, una sombra atravesándole la cara.
—"¿En qué estabas pensando, Yutaka? ¿Por qué lo hiciste? ¡¿Cómo pudiste jugar así conmigo?! ¡¿Cómo pudiste abandonar a Yukiko de esa manera?! ¡Lo sabías, claro que lo sabías! ¡Y te dio igual!"
En el momento en que Souta pueda empezar a creer que esto solamente puede corroborar lo que ya sabe, es posible que la "conversación" cambie de temática. De hecho, así lo hace. Lo que dice Yukiko a continuación no se lo esperaba.
—"Además, puede pasar el que me hagas daño, ¡Pero nunca te perdonaré que me hayas separado de Souta!"
—¿E-eh?—titubea, algo más afectado.
—"Esto me ha hecho ver, por fin, que he sido una estúpida todo este tiempo. He tardado en darme cuenta, pero ahora, no pienso permitir que nada ni nadie me separe de mi hijo. Cuando intenté localizaros hace ya tiempo, no os encontré a ninguno de los dos… He estado removiendo cielo y tierra todo este tiempo. ...Nunca lo he encontrado. No he podido encontrar a mi niño. Pero ahora… Ahora le veré, y nada nos volverá a separar."
Pese a que ya lo sabía, el pelirrojo no puede evitar cubrirse los ojos en un acto inconsciente, demostrando que incluso sabiéndolo de antemano le está afectando el oír estas palabras, palabras dichas por, ahora todos sabiéndolo, su propia madre. Y el pensar en el hecho de que apareció muerta esa misma noche, ya habiéndose ubicado en la situación, le hace sospechar qué fue lo que pasó a continuación.
Sin embargo, decide no intervenir por el momento y guardarse sus pensamientos y sentimientos para sí, como ha hecho siempre. A Yukiko le está resultando tarea de titanes al asolarla tanta información nueva, además de tan chocante, por eso mismo no quiere cortar tajantemente sus memorias a mitad, por lo que la deja seguir.
—"¿Dónde está Souta, Yutaka?" ...No hay respuesta.
—¿Qué? ¿Kazami no le dijo nada ante algo así?—pregunta el doctor Kokoro, tremendamente ojiplático y desquiciado ante la narración de un suceso así.
—...No… No dice nada…. N-no recuerdo que le dijese nada…
—...No creo que sea falta de memoria, Yukiko. Al fin y al cabo, no es que no se lo quisiese decir… Es que, simplemente, no lo sabía. Ni lo sabía, ni le importaba.
Yukiko, hasta ahora absorta en sus pensamientos referentes a sus memorias, no puede evitar perder un poco la visión de las mismas para desviar su mirada a Souta, a quien ve afectado, con la mirada ausente, muy serio. Mira hacia abajo, para pensar en qué puede decirle en un momento así, pero al hacerlo, se topa con esa fotografía tétrica de la escena del crimen, lo que hace revivir todavía más recuerdos, y un dolor de cabeza más punzante.
—¡Aagh! "Y-Yutaka… D-dime dónde está Souta… Dímelo… D-dime que está bien, que está a salvo… Dime dónde está mi hijo… Yutaka, por favor…"
Entre dientes, el doctor Kokoro deja ir alguna blasfemia casi inaudible, completamente aturdido por la situación. El pelirrojo, por su parte, solamente frunce el ceño inconscientemente, sin poderse sacar todo lo que está diciendo Yukiko de la cabeza, a quien cada vez más la mixtura de nervios y demasiados recuerdos secretados en el fondo de su cerebro está empezando a afectarle de verdad.
—…"...No lo sé".
—¿Hum? ¿Qué no sabes, Yukiko?—cuestiona Kokoro, sorprendido de repente.
El doctor no lo ha entendido, no obstante ese no es el caso de Souta.
—¡¿Que no lo sabía?! ¡Solo se le ocurrió decir algo así! ¡M-maldita sea…! ¡Esa escoria de la peor calaña…!—masculla Souta, golpeando el suelo con el puño.
—…"¡¿C-cómo que no lo sabes?! ¡¿Dónde está Souta?!" ¡Agh! "¡¿Dónde está?!"
—...Yukiko...—la llama Souta, centrando su anterior mirada perdida en ella.
El pelirrojo está comprobando que, de repente, la morena no se encuentra demasiado bien. Se sujeta la cabeza con fuerza, moviéndola de un lado a otro, con respiración agitada. Es entonces cuando le da por pensar que quizás es ahora cuando la operación, mejor dicho, sus secuelas, dan acto de presencia para demostrar que no es precisamente el mejor momento para revivir cierta clase de cosas, especialmente tantas.
—¡Agh! "¡¿D-dónde está Souta?! ¡¿D-dónde está?!" ¡Agh!—grita, cada vez aumentando más el volumen de su voz.
—¡Yukiko!—la llama otra vez Souta.
—¡Ella…! ¡Ella estaba llorando…! ¡D-dijo que esta vez no se callaría! P-pero entonces… ¡Entonces…!—chilla, abriendo mucho los ojos.—¡Kazami…! ¡Él…!
—Yukiko, ¿Qué pasa? ¡Estás temblando!—comenta el doctor.
Mientras tartamudea y el efecto le provoca temblores, rememora algo demasiado difícil para ella.
—¡Kazami…! ¡Él…! ¡Sacó un cuchillo de su delantal…! ¡Yo…! ¡Yo lo vi! ¡Lo recuerdo! ¡Ahora lo recuerdo! ¡N-no entendía mucho lo que pasaba…! ¡Mis ojos…! ¡Cada vez veía peor, pero... pude verlo! Iba… Iba a acercarme… Pero… ¡De pronto, un grito resonó en mis oídos, y Manya cayó al suelo! ¡Había mucha sangre, me asusté! É-él… Kazami… Se quedó ahí de pie… Cogió ese pedazo de papel que sujetaba ella antes… Y se lo guardó.
Souta comprende entonces muchas cosas. El porqué la carta estaba manchada con sangre… Y otro motivo a lado del lazo de sangre. Eso era a lo que llevaba dándole vueltas a la cabeza durante un buen rato. Si Kazami quería librarse de ella por quién era, bastaba con abandonarla de nuevo, como hizo con él. Pero no fue así. Kazami tenía que librarse de Yukiko a toda costa. Porque había presenciado algo en su contra que no debería haber presenciado. Había escuchado todo lo que Manya dijo, y le vio cometer el asesinato. Si la niña hablaba, al igual que si lo hacía Manya, su reputación se partiría en dos. Por eso, no tuvo elección. Tuvo que matarlas a ambas.
—L-lo vi… ¡L-lo vi! ¡E-estaba muy asustada!—grita, como si lo estuviese en ese preciso instante.—Me quedé ahí quieta… ¡P-pero Kazami clavó su mirada en mí! ¡Muy serio, se acercó a mí y yo no pude hacer nada! ¡Apenas veía nada, y tenía miedo! ¡M-me empujaron, y me caí al suelo! ¡Salí corriendo como pude, y me tiraron del vestido!
—Fue Kazami… ¡También intentó matarte entonces! Él tenía el jirón que te rompió del vestido, cuando intentó retenerte. ¡B-bastardo!—farfulla el domador, serio.
—C-creo que… Logré salir a la calle… Por algún sitio. Pero de repente… Todo se vuelve muy oscuro… Ya no veo nada de nada… No veo nada…. Pero de repente, cerca de mí, escuché algo…
Souta sabe a qué se refiere Yukiko, así que lo interpreta: de su bolsillo, saca la campanita de Ryouken, de la que nunca se separa, y la tañe, de modo que su tintineo inunda el aire.
—¡L-las campanitas…! ¡Cada vez estaban cerca de mí! ¡Lo recordé, pensé que estaba en peligro! ¡Cuando escuché un gruñido de perro, eché a correr a ciegas! ¡No entendía nada, y tenía mucho miedo!
—Yukiko... —la llama el doctor, preocupado cuando comprueba que todo esto no le está sentando demasiado bien.
—¡Y luego tropecé con algo, y empecé a caer hacia abajo! ¡Agh! ¡E-empecé a gritar y a gritar! ¡Agh! ¡Y entonces... ! ¡Entonces…! ¡Aaaaah!
El pelirrojo sabe qué es lo que significa eso. Fue entonces cuando se dio un golpe en la cabeza, lo que sumado al frío le ocasionó la amnesia. No hay recuerdos nuevos a partir de ahí. Yukiko ha terminado de revivir todo lo que había olvidado. Ha sido muy doloroso para ella.
Probablemente, ha sido demasiado repentino. No termina de estar completamente rehabilitada después de tan costosa operación, y eso en el peor momento puede llegar a pasarle factura. Así termina sucediendo, pues la morena nota un intenso dolor de cabeza que supera al resto y que provoca que, sin previo aviso, pierda el conocimiento, asolada por todo lo desagradable que acaba de recordar. Demasiado para ella.
—¡Yukiko!—chilla el pelirrojo, al notar que Yukiko cierra los ojos y pierde el equilibrio.
Entre él y el doctor Kokoro, logran sujetarla para que no se caiga, y tumbarla sobre el futón para que repose.
—Tranquilo, solo se ha desmayado. No creo que sea nada grave, solo tenemos que dejarla descansar un momento. Todo esto ha sido demasiado para ella en tan poco tiempo.
Con la mirada perdida, Souta asiente, asimilando por su parte todo lo que acaba de escuchar por boca de Yukiko. Tampoco está siendo nada fácil para él.
—Mientras se despierta, Souta, ¿Podrías ponerme un poco al corriente de lo que está pasando aquí?
Meditando, el pelirrojo llega a la conclusión de que Chusei Kokoro está en lo cierto, por lo que, haciendo un supremo esfuerzo, le pone al día de muchas cosas que él sabía de antemano. Le habla sobre algún que otro significado perteneciente a lo que Yukiko ha dicho antes de desmayarse, sobre el contenido de la carta… Y sobre la verdadera identidad de varias personas.
Le hubiese gustado, para ahorrarse el comentarlo otra vez, que Yukiko hubiese estado despierta para que le hubiese escuchado decir la verdad. Por muy duro que todo fue todos. Pero no es el caso. Yukiko se ha quedado traspuesta para recuperarse tan difícil situación, aunque no por ello todo va a ser más fácil para ella. Mientras asimila unos recuerdos, por si no tuviera ya bastantes, su cerebro le proyecta otros distintos. En forma de sueño.
