—Disculpe, señorita, ¿Podemos ayudarla?—la intercepta el doctor, con una sonrisilla en su cara de circunstancias.
—Pues posiblemente.—admite, pensativa.—¿Sabe alguno de ustedes donde recórcholis está la celda especial? ¡Llevo horas buscando!
—Pues la has encontrado.—revela Souta, con una risilla irónica.—Es esta misma.
—¡Oh, menos mal! Ya iba siendo hora… ...Por cierto, este lugar es muy raro. Parece un templo, además que de aislada no tiene mucho.—puntualiza la muchacha, con sarcasmo.
—Es una larga historia. ¿Para qué buscabas este lugar?—le pregunta Yukiko, extrañada.
—Ah, sí. Casi me olvido por completo. Pregunto por el doctor… Crusei Komono, ¿Sabéis dónde puede estar?—demanda, risueña.
—...Pero bueno, ¿Alguien sabe hablar en este agujero?—inquiere el pelirrojo, retóricamente.
—Quizás quiera decir "Chusei Kokoro", señorita. Y ese soy yo mismo, el doctor de esta prisión. ¿En qué puedo servirla?—se presenta el médico, con una educación formidable y porte soberbio.
La muchacha suspira de alivio. Al parecer, ha dado más vueltas que un trompo.
—Oh, es usted. Vale, sí, coincide con la descripción de "moreno guapo" que me dieron.—añade, determinante.—Por eso dije mal su nombre. La chica que me lo dio estaba tan metida en su mundo que yo qué sé qué decía.
—...La guardia entusiasta ataca de nuevo.—bromea Yukiko, con posado inocente.
—En fin, un placer, doctor. Le estaba buscando porque necesito su ayuda, no es que me guste conocer a médicos porque sí… ¡N-no digo que sea feo, creo que es usted un doctor muy atractivo! ¡Ay! ...Creo que me estoy yendo del tema.
—¿Me necesita, para qué en particular?
—A un preso al que estaba visitando le ha sentado mal el café, y era por si usted sabía de algo para curarle. Está en su celda, con mi adorable primita.
—Muy bien, enseguida iré a encargarme. ...A veces se me olvida que trabajo aquí.—admite el doctor Kokoro.—Dígame dónde es y acudiré con sumo gusto.
La jovencita musita algo y, con una despedida formal, con su reverencia, de lo más educada, el doctor Kokoro abandona la celda y se pone camino a su destino. Mientras tanto, por propia voluntad, parece que la muchacha que le ha llamado se ha quedado frente a la celda especial, porque sí.
—¿Y vosotros quiénes sois, parejita? ¿Acaso sois novios?—inquiere, preguntona, con una sorisilla cómplice.
—¡¿T-tú también con eso…?!—protesta Souta. Entre esa chica y Yukiko, ya tiene bastante.
—No, qué va. Somos hermanos.—explica, con una sonrisa enorme.—Soy Yukiko, y el pelirrojo cascarrabias es Souta.—se presenta.
—¡Encantada! Yo me llamo Maya Fey, ¡Mucho gusto!
La susodicha es una muchacha bajita con un aspecto singular. Sus cabellos negros se recogen en un monete y en varios mechones adornados por abalorios, sus ojos oscuros irradian bastante simpatía, así como su sonrisa. Viste con un kimono claro con adornos liliáceos, así como un collar en forma de 9 de color anaranjado. En ningún momento ha dejado de sonreírles con gracia.
—Encantados.—responde Yukiko, mirándola con ojo crítico.
—Tú también te has fijado, ¿No, Yukiko? Quiero decir, la gente no suele ir así vestida por la calle. No es que tenga ninguna queja, la verdad, ya estoy más que acostumbrado a tus pintas.—comenta Souta, burlándose de Yukiko.
—¡Oye, eres un…! ¡No hables tanto, payaso hipócrita!—contraataca, refiriéndose a su atuendo circense.
—No voy con eso por la calle, mona. Mona, literalmente, ya sabes...—añade, riéndose.
—Vaaale, lo admito, este aspecto no pasa desapercibido para casi nadie. ...No voy así porque sí, ¿Sabéis?—explica Maya, con una pose graciosa.—Es porque soy médium, de la tradición Kurain.
—¿Médium?—repite Souta, de repente picándole la curiosidad.
Sabe de sobras que un o una médium es alguien que puede ponerse en contacto con los muertos, por lo que inmediatamente cierto asunto se le pasa por la cabeza.
—Hm, así que médium… ¿Pero esto va en serio, o no es más que una fantasmada? ...Que conste, Souta, no lo he dicho a propósito.—inquiere la morena, curiosa.
Antes de que Souta pueda llegar a reírse siquiera y que reciba un suspiro de Yukiko en consecuencia, la susodicha tiene plantado delante de su cara ese collar brillante en forma de nueve.
—¡No es ninguna broma, Yukiko! Soy una médium de categoría, sin ánimo de presumir.—aclara, dejando ver que pretende más bien todo lo contrario.—¿Acaso queréis una demostración?
La propuesta de Maya ha logrado hacer brillar los ojos de Souta. No sabe exactamente por qué, pero no lo encuentra una mala idea.
—Está bien, vamos a comprobarlo.—accede, serio, mientras se levanta hacia su cajonera.
—Vaya, qué curioso. Creía que precisamente tú serías el último en creer en estas cosas, Souta.
—¡Vale! Acepto el desafío. Decidme a quién queréis que canalice, y eso haré. Os vais a quedar pasmados...—asegura Maya, inquisitiva.—Aunque para ello… Estaría genial que tuviera una foto de a quien tengo que canalizar.
—Ya lo he pensado. Aquí tienes.
El pelirrojo, con una seriedad mortífera implantada en el rostro, le tiende a la espiritista la fotografía en la que salen retratados Manosuke y él. Como él sigue vivo, por descarte, la respuesta se hace más que obvia.
—Hey, muy buena, te me has adelantado.—le felicita Maya, con aprobación solemne.—Veamos… Oh, este eres tú, ¿Cierto, Souta? Así que supongo que es el hombre de al lado. ¿Es tu hermano? —...No, qué va. Creo que te has equivocado de orden en las preguntas. Esa última debería haber ido cuando has preguntado por Yukiko y por mí, por lo que ahora...—titubea para sí mismo, riéndose ligeramente.
—¿Eh? ¿De qué estás hablando?
—Nada, nada.—le resta importancia al asunto, sabiendo que se está riendo por evitar llorar. Lo último que quiere.—Este tío se llama Manosuke Naitou.—anuncia, mucho más serio.
—¡Souta!—le llama Yukiko, alarmada. No se imaginaba que, precisamente él, quien ha estado evitando el tema tanto tiempo, se lance a algo así.
La médium, dando más señales de que está preparada, se remanga, desafiante.
—¡De acuerdo! Allá voy. Dadme unos momentos…
Maya se arrodilla en el suelo y, bajando la cabeza y pasando una mano por el místico colgante del 9, murmura ciertos palabros incomprensibles. Al otro lado de la celda, Souta y Yukiko no dejan de mirarla, expectantes. No creen demasiado en esas cosas, pero en caso de que funcione, han de estar preparados. En más de un sentido.
—Souta...—susurra Yukiko, desviando la mirada un instante hacia él.
El pelirrojo, sencillamente, no responde. Está demasiado ocupado fijando la vista en la escena, quizás poniéndose en el caso de que llegase a funcionar. Pero no, eso es imposible, no hay forma humana de contactar con los muertos… Siempre ha creído ese código firmemente. Aunque lo que ocurre a continuación cambia su parecer, si más no, parcialmente.
En caso de que funcionase, cosa que desde el principio dudaban, cualquiera esperaría un saludo mínimamente cordial, sin embargo no reciben eso. Para Souta, eso es prueba de que no puede ser otra persona.
—Joder, qué oscuro está esto.
Esa voz… Ruda, maleducada, algo ronca… No hay duda. Menos la hay cuando comprueba que la estatura de la menuda Maya ha aumentado muy considerablemente, además de que sus ojos negros se han tornado marrones, y su afeminada cara ha derivado en facciones masculinas y rudas… Como el canalizado mismo. Porque Souta le conoce bien. Y el que no le conozca, solo debe guiarse por la fotografía.
—Atiza...—suspira Yukiko, en voz baja, la mar de sorprendida. Básicamente, es la única que dice algo porque Souta se ha quedado con el habla y la voz extinta.
—Hostia… Souta.—le llama el encauzado, aparentemente centrándose algo más.—Casi creería que estás soñando otra vez… De no ser por esa cara que llevas. ¿Qué pasa?
El muy idiota solo puede preguntar algo así sabiendo que está muerto y que alguien vivo le está viendo. Definitivamente, no tiene muchas luces. Por eso Souta sabe perfectamente que es él. En ese momento, se encuentra delante de Manosuke. —Souta… ¿Por qué me miras así? Soy yo… Soy Manosuke. ¿Ya te has olvidado de mí...Saru?
—M-Manosuke...—susurra Souta, ojiplático.
Está a un paso de estallar de la emoción que siente en ese instante. No puede permitirlo. No con tanta facilidad. Una vez más, tiene que domar sus sentimientos. Y más enfrente de quien está. Y sabe que, para sacar conversación, hay algo de lo que nunca se cansará con respecto a Manosuke.
—Souta...—le sonríe Manosuke, algo picarescamente.
—M-Manosuke… ...Llevas un jodido vestido de tía.
Acto seguido, el pelirrojo se echa a reír a pleno pulmón, a su exagerada manera, incluso con lágrimas cayéndole por los ojos. Quizás iban a ser lágrimas de otra cosa, pero de momento, han de ser de risa. Y es que Manosuke siempre está ahí para ser blanco de las burlas, se lo tiene merecido. Y más cuando todavía lleva la indumentaria que llevaba Maya.
—S-Souta, de verdad… Eres… Eres...—le comenta Yukiko, pero es inútil. Contagiada por las carcajadas de Souta, echa a reír también, pese a que intenta disimularlo.
—Vaya recibimiento...—protesta Manosuke, algo serio, aunque enseguida se le pasa.—Estás muy mono cuando sonríes, Souta. Aunque bueno, es normal, claro.—afirma, sonriendo.
De repente, parece que a Souta se le han pasado las ganas de risa, pues solo se le queda mirando, un ligero rubor tiñendo, para su desgracia, sus blancas mejillas. Solo le oye mascullar algo entre dientes, pero Yukiko deduce que si no empieza ella la conversación, nadie lo hará, porque la provocación de Manosuke y los insultos de Souta al respecto pueden durar eternamente.
—E-es increíble… ¡Realmente eres tú! Manosuke... —exclama la morena, en un principio de sonrisa estupefacta.—Al fin nos conocemos.
—Oh, eres tú… Souta me ha hablado bastante de ti, chiquilla… En sueños.—explica Manosuke, con una sonrisa algo perversa.
—¡Uooooooh!—chilla Yukiko, contentilla.—¡Es muy romántico!
—¡T-tú!—le grita Souta, mostrando sus dientes a la defensiva, pese a que ruborizado.
—Je. Me caes bien, chiquilla.—se conchaba el guardaespaldas, pasándole una mano por la cabeza a ella.
—¡Encantada de conocerte, Manosuke! Soy Yukiko.—se presenta, alegre.—¿Has visto, Souta? ¡Tendrías que aprender de él!
—¿Acaso quieres que sea un completo gilipollas? ¡Entonces, perfecto!—protesta el pelirrojo.
Haciendo caso omiso del pelirrojo, ambos sonriendo sin embargo a modo cómplice, Manosuke le da su manaza a Yukiko, por lo visto bastante alegre también, tal y como la morena, que la acepta gratamente.
—Mucho gusto, Yukiko. Hay que tener agallas para enfrentarse a Saru, parecías más asustadiza cuando le di la patada en el culo a ese viejo. Aunque claro, supongo que es porque se cayó de morros delante tuyo.
—¡Oh!—se sorprende ella.
—¿Fuiste tú, imbécil? ¿Es por tu culpa que Kazami estaba en el suelo y oía insultos cuando llegué de la celda de castigo?
A modo de provocativa respuesta, Manosuke hace una especie de torpe reverencia.
—De nada.—admite, con una sonrisa de 36 dientes.
—...Tch. Vaya retrasado.—se mofa Souta, sonriendo malvadamente.
Mientras tanto, Yukiko solamente aplaude el gesto. Y pese a que uno lo demuestre más que el otro, a ambos le parece que el primario acto de Manosuke ha sido de lo más justificado.
—Souta me pidió que te cubriera las espaldas, Yukiko. Y eso pensaba hacer. Todo por mi Saru… Y bueno, por ti, claro.—se jacta, orgulloso.
—...No sabes muy bien la magnitud de lo que acabas de decir, Manosuke. Si me escuchas, te voy a dar una buena razón para haber dicho eso, créeme. No te creas que te he llamado para decirte hola.
—¿Te "he" llamado? Souta, podrías haber dicho "nosotros". Admite que lo estabas deseando.—le pica Yukiko, inquisitivamente pícara.
El pelirrojo solo puede comenzar a sudar, dándose por aludido. Maldición.
—Oh, ¿No es una monada, Saru? Tú entiendes de esto, seguro que opinas que Yukiko es adorable, ¡Me encanta esta chica!—admite Manosuke, también algo malévolo.
—Y no es por nada, pero más te va a encantar cuando te diga quién es en realidad.—interviene Souta, tajante.
Manosuke puede comprobar que ni siquiera Souta está de humor para devolverle una burla. Esto debe de ir en serio.
—¿Que quién es? Pues es Yukiko, ¿No? Venga, no me acojones, ¿A qué viene esa cara tan larga, Saru? Hey, Yukiko, ¿Me ayudas a…?
Manosuke se gira en busca de la morena con una sonrisilla bromista, pero al ver que incluso ella se ha quedado más seria que de costumbre cuando Souta lo ha mencionado, no puede hacer más que quedarse de pasta de moniato.
—¿Tú también? Joder, ¿Qué pasa? Estáis los dos iguales…
—...No creo que eso sea solo por el incómodo silencio, sabes.
—Es todo tan complicado...—añade Yukiko, apartando ligeramente la mirada hacia arriba.
Incluso alguien como Manosuke puede comprobar, por las expresiones de ambos, que se trata de un asunto difícil, y como sabe que para Souta no suele haber nada difícil salvo que eso involucre sentimientos de algún tipo, ya puede deducir más o menos la magnitud de lo que están hablando. Por lo tanto, hasta Manosuke tiene que fruncir el ceño ligeramente.
—...Manosuke, esta es Yukiko. Mi hermana… Y la tuya.
En unos instantes, acompañando al ceño fruncido de Manosuke están sus ojos abiertos como platos y una expresión en los labios de estupefacción.
—¿P-pero qué diablos…?—masculla, producto de la sorpresa.
Primero clava su mirada en Souta, luego en Yukiko. Ella solo asiente con la cabeza, solemne.
—¿Te crees que es una broma? Pues no, poco tiene esto de broma.
—…¿Hermana? ¿...Pero de los dos, dices?
—Sí, así es.—asiente Yukiko.
—...Hostia, pero eso es imposible, ¿No?—farfulla el guardaespaldas, sin enterarse demasiado.
—La madre que te parió...—bufa Souta, tachándole de ignorante.—Aunque bueno, ahora que lo digo… Por ahí van los tiros, más o menos.
—Pero joder, ¿De qué cojones me estáis hablando? Si me lo explicáis, a lo mejor pillo algo. Si me dijeráis que es hermana de uno, pues aún, ¡Pero cómo que de los dos! Vamos, no me jodáis, de toda la vida eso es imposible.
—...Parece que cuando decías que no era muy listo lo decías en serio, Souta.—le comenta Yukiko, por lo bajini.
—Si lo quieres decir así… Yo prefiero decir que es un completo gilipollas.—se ríe Souta, encogiéndose de hombros.
Sin embargo, antes de que Manosuke siga diciendo que no lo entiende a su más puro estilo grosero, deciden tomar la iniciativa de explicárselo. Le ponen en antecedentes, sobre todo Souta, de lo que ha ido descubriendo en los últimos días, en especial a Jade Erz, su madre. Por supuesto, el guardaespaldas no la recordaba ni lo más mínimo, pero Souta le cuenta toda la historia: sobre las madres de ambos, también sobre Paul Holic, el adulterio fruto del cual nació Yukiko, la muerte de su madre… Todo.
—Me cagüen la puta...—blasfema Manosuke, apropiadamente a cuadros.—¡No tenía ni puta idea de nada de eso!
—Vaya, no me digas. Me sorprende muchísimo que no tengas ni idea de algo.—ironiza Souta, algo molesto, quizás al volver a recordar todo eso.—Pues esa es la verdad. ¿Lo entiendes ahora, idiota?
—En realidad, somos medio hermanos. Es por eso. Souta lo leyó todo en una carta que el cafre de Kazami tenía en su celda, y hace relativamente poco me lo contó a mí. ...Espera… Es posible que…
—¿Qué?—inquieren ambos, mirándola.
—Mira, Manosuke.—le llama la atención la morena, mostrándole el collar de los abalorios y el caballo.—Este collar me lo hicisteis Souta y tú cuando teníais seis años… Antes de caer en amnesia. ¿Te resulta familiar?
Elguardaespaldas fija su atónita mirada en el colgante, que reconoce como su pieza predilecta de su preciado ajedrez. Al mirar la base, distingue esa M de Manosuke que hay gravada en ella, cosa que le hace venir una punzada a la cabeza.
—¡J-joder! ¡M-mi cabeza!
—¿Ha estallado la última neurona que te quedaba, eh?—le pincha Souta, malicioso.
—Muy gracioso, Souta. Está recordando algo… A mí me ha pasado lo mismo antes.
—S-sí… Ese collar… Joder, es que es chungo de retener la imagen… Pero sí, sí, me suena…
"Tengo una idea mejor. Podemos hacerle un collar a tu hermanita, Manosuke. Haremos una cadenita con esto que me ha dado mi mamá, y tú le harás el colgante con… Con una pieza de ajedrez, por ejemplo. Como te gusta mucho, así tu hermana sabrá que se lo has hecho tú." La voz del pequeño Souta resuena también en su cabeza.
—¡Eh! Ostras, sí que lo estoy viendo. Yo tuve esta cosa en las manos… El collar. ¿H-hermanita? Joder, joder, joder...—chilla el guardaespaldas, sujetándose la cabeza.
—Pues claro, zopenco, si te lo estoy diciendo… Esa "hermanita" es Yukiko, ¿Necesitas un croquis?
—Y ahora veo… Estoy viendo… Es una mujer...Rubia, vestida de negro…
—Esa es tu madre. Ahora, yo también la recuerdo...—añade Souta, algo más serio.
—Sí, creo que sí… Ah, joder… Y lleva… Lleva un bebé en brazos…
Parece que, por fin, Manosuke empieza a comprender por sí mismo. Interrumpe sus cavilaciones, aparentemente atando cabos, y de repente sigue a Yukiko con la vista.
—¿Esa...Esa eras tú?
Con aparente alivio porque Manosuke lo haya entendido y con una media sonrisa, Yukiko asiente con la cabeza.
—¡Hostia! Esa niña era mi hermana… ¡Y esa niña eras tú, Yukiko!—repite, más seguro de sí mismo.
—Sí, esa era yo. Tú también eres mi hermano, como Souta. Y ahora ya lo sé.
—Claro, yo también estaba ahí. Pero tampoco tenía ni idea de que era mi hermana entonces. Tuvieron que pasar catorce años para que me enterara. Y en tu caso, como eres un imbécil, podrían haber pasado otros catorce y seguirías sin pillarlo.
—Tranquilo, Saru, no te enfades, no todos somos tan listos como tú. El caso es que lo he pillado. Y ¡Joder, tengo una hermanita!—exclama, con una enorme sonrisa ligeramente al estilo malvado, aunque no intente dar a entender tal cosa.
—Y yo tengo otro hermanito, je.—anuncia Yukiko, alegre.—Me alegro de haberte podido conocer, Manosuke… Hermanito.
Con una gran sonrisa ambos, Manosuke le desordena el pelo a la morena mientras ella protesta, divertida, hasta que al final acaban dándose un abrazo.
—Je, je, Yukiko, hermanita pequeñaja…
—¡Eres tú que eres enorme, Manosuke!—le dice, con un ojo cerrado a causa del abrazo.—Y ahora, para celebrarlo…
Yukiko se separa del abrazo y da la vuelta al lado de Manosuke mientras este no se mueve. Cuando llega a su espalda, se aúpa y le coge del cuello, Manosuke sujetándola con las manos rápidamente para que no se caiga. Tanto Souta como el propio Manosuke van a preguntarle qué hace, pero ella misma se adelanta.
—¡Arre, caballito, arre! ¡Souta es el monito, y tú el caballito! Vamos, muévete, arre.—chilla la morena, con gracia.
Inmediatamente, Manosuke adopta una cara de circunstancias que hace que Souta, además de por la escena, se parta de risa.
—Mira, Manosuke, ¿No es adorable?—se mofa Souta, con una risa estrepitosa.
—Pues sí, listillo, soy mucho más adorable que tú, hm.—se pica ella, sacándole la lengua a su hermano pelirrojo.
Inmediatamente, Manosuke la mira desde abajo, aparentemente de broma aunque no exactamente del todo.
—¡Eh, eh, so, Manosuke! Sé lo que estás pensando. Tranquiiiiilo, sé de sobras que Souta es tuyo, ¿Vale?
El guardaespaldas la mira con aprobación mientras Souta se queda un poco confundido, a la par que un ligero rubor surge bajo sus ojos.
—Y-Yukiko, oye, no empecemos...—le susurra el pelirrojo, mosqueado porque conoce su reacción, y apartando la mirada.
Manosuke no puede evitarlo, pero ahora Yukiko se conchaba con él. Se aúpa para bajar de su espalda para quedarse mirando cómo el guardaespaldas se acerca a Souta, con una sonrisa y un brillo muy especial en los ojos.
—Oye, Souta… Que aunque me ponga muy contento por conocer a Yukiko… Eso no significa que no me ponga contento por volver a verte… Me encanta poder estar contigo.
—I-i-idiota...—tartamudea Souta, ruborizándose más todavía.
Siguiéndoles con la vista de cerca, Yukiko les mira, con una sonrisilla de admiración.
—Cuando te he dicho que eras adorable, lo he dicho muy en serio, sabes. Estás adorable ahora mismo…
—M-maldita sea… Manosuke...—reniega Souta, entre dientes, con una mueca que quizás empezó siendo de enfado, pero ahora se está deformando sin querer en una que demuestra resistencia, debilidad por algo. Seguramente por quien tiene delante.
Otro que también está haciendo un esfuerzo por contener sus instintos más primarios es Manosuke, que pronto termina por ceder un poco y acerca su cara a la de Souta, lo que incrementa el rubor en las mejillas de ambos. Los labios de ambos están muy cerca…
—Y-Yukiko… A-ayúdame, ¿Quieres?—balbucea Souta, sus mejillas tan rojas como su pelo.
El pelirrojo, que estaba buscando que su hermana hiciese algún comentario que bajara a Manosuke de las nubes (y, tal vez, a él también del mismo modo), solo recibe su simpática para todos excepto para él negación. Con una sonrisilla, niega con la cabeza.
—De eso nanay, Souta. Deja de resistirte y dale un besito, ¡Si lo estás deseando!—inquiere Yukiko, con una sonrisa.
Al verle tan ruborizado, la morena solo sonríe: aunque no lo admite, sabe que Manosuke es capaz de hacerle muy feliz, así que por eso no piensa impedirlo. Sin embargo, Souta no se lo toma tan bien como ella….
—A-ahora entiendo por qué vosotros dos también sois hermanos… ¡L-los dos sois unos traidores!
—¿Perdona?—pregunta la morena, exagerando.—La culpa es tuya, ¿Por qué no admites directamente lo que sientes?—protesta, autoritaria.—¡Además, aprovecho esto para decirte que eres un incestuoso, "Saru"!
—¡¿I-incestuoso?!—repite Souta, echando la cabeza para atrás, ojiplático.
—¡Sí! ¡Un incestuoso!—le recrimina, acercándose a él.—Hermanito, ¡Amas a mi otro hermanito! Eso, de toda la vida, creo yo, ¡Se ha llamado incesto!
—¡Aah! ¡Creo que no te importaba tanto cuando eras tú la que escribía obscenidades sobre nosotros dos!—contraataca Souta, muerto de la vergüenza.
—Encima que tengo que ver a mis dos hermanos besándose, ¡No admites que le quieres! ¡Tú sí que me sacas de quicio, Saru!
—¡Te he dicho que no me llames así, mocosa entrometida!
En el fondo, la morena solo lo ha dicho de broma, pero todo eso conlleva a una discusión entre los dos, puesto que Souta tardará en admitirlo, además de que está muy cortado por la vergüenza. Manosuke, con una sonrisa maliciosa, no puede evitar mirar la escena.
—¡¿Y tú de qué te ríes, cretino?!—le espeta Souta.—¡Todo es culpa tuya!
—Es que… Ahora, he podido fijarme en que Yukiko es muy parecida a ti, sabes. Ha salido a ti, tan mona como tú, ¿No lo ves? Yo voto porque la adoptemos.—propone Manosuke, riéndose.
—¡Oh! ¡Yo voto por eso también!—se ríe también la morena, más que nada, por mucho que sea broma, por cómo le está afectando a Souta, que se ruboriza todavía más.
—Pues ya está, asunto cerrado. Dame un besito para celebrarlo.
Souta ha pasado de estar rojo solamente por la vergüenza a estarlo además por la resignación mezclada con un poco de furia.
—¡¿Pero es que estáis mal de la cabeza, vosotros?!—grita, con vergüenza.
—Souta, tranquilízate, hermanito. Era una broma. Excepto la parte que soy adorable, claro.
—Y excepto lo del besito.—añade Manosuke, pícaro.
La morena intenta que Souta lo admita por fin, aunque los gestos estúpidos de Manosuke no es que le animen demasiado. Sacudiendo la cabeza, Yukiko protesta para sí misma que a veces ha de lidiar con críos. Se dice a sí misma que el guardaespaldas le quiere, y cuando se trata de él, siente urgencia por darle un beso. Por otra parte, Souta también le quiere, ella lo sabe muy bien, pero es incapaz de admitirlo por las buenas. Por lo tanto, la solución es sencilla. Un poco a escondidas, Yukiko aprovecha la confusión para ponerse detrás de Souta y, a la mínima que calcula que hay posibilidad, le da un suave empujón que hace que los labios de ambos acaben sellados por un beso. "Ahora ya no hay quien les separe." piensa, animadamente. Solo para darse cuenta de que, con su pícaro gesto, ella también es un poco niña. Una cosa que los tres pueden llegar a tener en común.
Manosuke y Souta comparten un apasionado beso que ambos estaban deseando desde hace un buen rato, y ahora que ya lo han empezado, les costará parar, pues les está gustando lo indecible. Triunfante, la morena les mira, con una expresión risueña.
—Ya iba siendo hora.—declara, sonriente.
—...La directora de la peli de la otra vez ataca de nuevo, ¿Eh, Yukiko?—le inquiere Manosuke, eufórico.
—¡Sí! Y, ejem, en compensación, espero que me protejas de tu amado a continuación.—masculla, inocentona.
—...N-no estoy molesto, Yukiko.—le responde Souta, con una de sus sonrisillas inocentes.
—Así me gusta, Souta. Tienes que admitir las cosas, solo quería ayudarte… Así que no me tienes que zurrar ni nada…
—No, ¿Cómo iba a hacerte eso? Ven que te dé un besito, hermanita… Con las babas de Manosuke, claro.—le propone, volviéndose malicioso al final de la frase.
—¡Ostras!—se alarma Yukiko, poniendo pies en polvorosa.—¡E-eso no, por favor! ¡T-ten piedad! ¡Me contagiarás su estupidez!
—¿...Has visto, Manosuke? Incluso antes de que la adoptáramos, la he educado muy bien.—declara Souta, articulando un gesto perverso.
Incluso aunque todo eso no es más que otra de las burlas del pelirrojo hacia él, Manosuke no puede evitar una sonora carcajada.
—Seh, ya lo veo. No necesitaba pruebas para saber que eres increíble.
—...C-cállate...—le espeta, ruborizándose un poco.
La respuesta del pelirrojo provoca que reciba una colleja por parte de cierta morena.
—¡A-au!
—Nada de protestar, Souta. Sé que tenéis mucho de qué hablar, así que me perderé un ratito con los animales, ¿De acuerdo? Pero nada de intentar evitar nada, ¿Me has oído?
—...Qué eres, ¿La apuntadora?
Nueva colleja, nueva protesta.
—¿Me has oído o no?—demanda, autoritaria.
—¡S-síii!
Yukiko hace una señal de aprobación a sí misma y se dispone a retirarse a una esquina de la celda, pero antes se detiene otro momento y fulmina a su otro hermano con la mirada.
—Y tú, Manosuke, que te quede esto claro. He dicho hablar, y solo hablar, ¿Clarito? Te estaré vigilando.—le "amenaza" con seguridad, pese a que Manosuke le saca bastante estatura.
Con otro gesto amenazante, ahora sí, se retira de la escena, provocando que Souta, se encoja tímidamente de hombros y Manosuke se eche a reír como un loco.
