Sin que ninguno de los dos sea especialmente consciente de ello, llega la noche una vez más. Nunca lo dirían, pues la luz que de repente han encontrado en sus vidas es suficiente para no pensar en ninguna oscuridad. Para la cena, Yukiko abandona su cuaderno, y pese a que Souta tiene ciertas sospechas hacia ella, decide no sacar el tema… De momento.

Ahora que nadie corre el riesgo de sufrir de inanición por muchas desvelaciones que se hayan presentado, el pelirrojo y la morena pueden compartir un poco de tiempo con los animales. A raíz de la "visita" que les ha hecho Ryouken anteriormente, Kuro se encuentra bastante más animado que anteriormente, y Tasuke igualmente, sobre todo al notar que su amo está mucho más contento que antes. En lo que a la gata se refiere, no se ha movido de allí en todo el día, y mientras el perro y el mono juegan con Souta, ella se relaja en la falda de Yukiko, maullando cuando la acaricia.

La tranquilidad corre la amenaza de torcerse cuando Kuro deja de prestar atención al juego para empezar a ladrar y a gruñir. Pronto, todos se giran para ver qué se cuece, llegando a la conclusión que nunca mejor dicho. La figura de Yutaka Kazami, seguida por la de un guardia, se para delante de la celda especial. Inmediatamente, en la cara de Souta se implanta un profundo gesto de odio y desprecio. Intenta decirse a sí mismo que ya es tarde, que ya no hay secretos entre ellos, y que no podrá hacerle nada a Yukiko porque no se lo permitirá.

—...Buenas noches, jovencitos.

—...Lo eran hasta que apareciste.—le escupe, mosqueado.

Yukiko también centra su atención en él, mirándole ahora con diferentes ojos. En su expresión, se establece del mismo modo una profunda enemistad.

—Cuide sus palabras, reo Sarushiro.—le regaña el guardia.—Verán, estamos buscando a la mascota del reo Kazami, ¿La han visto?

—¿Habla de…?

La pregunta de Souta queda interrumpida por un maullido de la misma que es objeto de la búsqueda, quien de repente también se une a Souta y a Yukiko, mostrando aversión a su dueño, más que de costumbre y abandonando su desdén habitual.

—Debí imaginarme que estabas aquí, Caxap. Eres un bicho muy desobediente.

—Sinceramente, no creo que la culpa sea de la gata.—le espeta Yukiko, a la defensiva.—Quizás si se preocupase un poco más por ella, no se iría a donde le plazca, lo que pasa es que no le hace caso.

—...Mira, niña, no necesito lecciones de una muchacha impertinente como tú. No creo que tengas que venir tú a darme consejos sobre mi propio gato.

—Por eso sabe taaaan bien que en realidad es una gata, ¿Verdad?—le reta Yukiko.

—¿C-cómo…?

Acaba de responder a la pregunta inconscientemente.

—Pareces sorprendido. ¿Y después de esto todavía vienes aquí a tocarnos las narices con que no sabes dónde está tu mascota? Patético. ...Pero no me sorprende.

Kazami parece meditar un instante, cerrando los ojos y quedándose muy callado.

—Hm… Vaya, parece que de nuevo mi dañada vista vuelve a jugarme malas pasadas.

—Claro, claro… ¿Por qué no admites que la gata no te importaba lo más mínimo todo este tiempo? Es que creo que de tantas hipocresías voy a vomitar.—le recrimina el pelirrojo, muy serio.

—Perdona, chaval, pero creo que me he perdido.

—No me extraña. Hay tanto que te da igual que ya no te acuerdas de todo.

—Solo espero que no deje abandonada a la pobre gatita.—le impone Yukiko, haciendo alusión a lo acaecido con ella misma.

—¿Perdona?

—No. No te perdono.—le replica, rápidamente, Yukiko, con una chispa de irascibilidad en sus ojos.

De todo eso, incluso Kazami puede llegar a deducir que las "amenazas" de Souta iban en serio, y ahora la morena ya lo sabe todo. Quién es, lo que le pasó… Todo. Y que ahora recuerda muchas cosas. Lo muestra al exterior, al menos para quien sepa interpretar el significado, quedando ojiplático con gesto defensivo, así como al mismo tiempo hilos de sudor bajan por su frente.

—Sí, Yukiko tiene razón, y más después de que te haya supuesto un problema al haber encontrado esa cápsula tóxica del demonio en el pescado de Yukiko. Si la gata no lo hubiera descubierto, ahora Yukiko ya habría pasado a mejor vida. Y yo, seguramente, ya habría hecho sopa con tus huesos, maldito.

Como dándole la razón, la gata maúlla, cínica. Aunque de hecho, hace bien.

—Y ya que tienes tendencia a abandonar a todo el que no te interesa, más te vale no hacerle daño a la gata, y entonces sí que tendrás que vértelas conmigo.—le desafía Yukiko, hablando seriamente.

—...Me estás diciendo, niña… ¿Que vas a venir a sermonearme solo en caso de que le haga algo al gato este? Como si no tuviera nada mejor que hacer…

—Oh, solo no, y eso te lo digo hasta yo.—se mete Souta.—Yukiko va a estar descansando una temporada a raíz de la complicada operación que le hicieron. Cuando esa temporada se acabe, y tenga sus recuerdos en orden, los pondremos por escrito o lo que sea que haga falta y se lo llevaremos a algún tribunal, para que reabran ciertos casos. Supongo que tú ya sabes a qué me refiero.

La morena le escucha atentamente: sabe de sobras que Souta no confía demasiado en la justicia, después de todo, por lo que más bien se está tirando un farol. Es un modo de vengarse de alguien a quien, por muy liberado de miedos que esté, no perdonará jamás. Hacerle vivir con el miedo que él mismo vivió. Ya está harto, pero lo que le hizo a su hermana, así como a él mismo, no quedará impune.

—...Buena suerte intentando demostrar algo con los recuerdos nublados de esta chiquilla arrogante.

—Gracias a ti por demostrarme que hay algo que demostrar.

La tensión se podría cortar con un cuchillo: las miradas serias de Souta y Yukiko se clavan en el de repente afectado Kazami, mientras los animales también están a la defensiva con él, como si al momento menos pensado fuesen a atacarle.

—¿Se puede saber de qué están hablando ustedes dos, reo Sarushiro, señorita Yukiko?

—No hace falta explicar nada. Yo tampoco quiero hablar más del tema. Solo de pensarlo, yo… Ugh…

—Yukiko, ¿Te encuentras bien?

—Sí, sí… No te preocupes, me ha dado un pinchazo en la cabeza, pero no es nada… Estoy bien.

Se hace un silencio que la última en hablar rompe.

—¿Pero alguien sabe cómo estaría mejor? Si el señor guardia me hiciese un favor… Y revisara el brazalete del reo Kazami.—anuncia, contraatacando.

Souta le ha explicado lo sucedido varias veces, y el cómo si ese brazalete estuviera en buenas condiciones o no era vital para comprender quién quiso atacarla. Ella tampoco piensa perdonar al repostero por nada de lo que le hizo, y hará lo que sea necesario si puede arrojar un poco de justicia que Kazami se tiene tan merecida. Sin embargo, de momento se conforma con un adelanto.

—¿Qué le ocurre a su brazalete?

—¡...Nada de nada! En lugar de perder el tiempo con pequeñeces, lo que debería revisar es el sentido común de esa mocosa.—se altera, claramente afectado.

—Cierto es que a veces se le cruzan los cables… Pero en todo caso, no perdemos nada por intentarlo, ¿No? Si no tienes nada que ocultar, majete, no tienes nada que perder.

Intenta resistirse, pero por suerte el guardia se muestra bastante curioso y lo comprueba. Tal y como todos sospechaban, y muchos sabían a la perfección, el brazalete no reacciona, está estropeado. Por eso Kazami ha estado gozando de libertad por la prisión totalmente inmerecida.

—Ahora sabemos que el que va a donde le place no es Caxap… Sino tú.

Sin embargo, el guardia no puede asegurar que la rotura haya sido ocultada deliberadamente, pero tanto da. Ahora el secreto ha quedado descubierto, y muerto el perro se acabó la rabia.

—Acompáñeme, reo Kazami. Vamos a comprobar qué es lo que ha sucedido.

—...S-sí...—reniega, bufando.

Cuando está seguro que el guardia no le escucha, se vuelve ligeramente.

—¡Vosotros, mocosos, os vais a arrepentir! ¡Esta me la vais a pagar!

—Creo que ahí te equivocas, viejo bastardo.—le intercepta Souta, remarcando el insulto.—Por mucho que seamos nosotros los que te tengamos que pagar algo, en cuyo caso lo que pasaría sería que TÚ nos tendrías que pagar una menos. Y anda que no te quedan.

—Disfruta de tu libertad en la cárcel… Mientras la tengas.

Humillado y frustrado, Kazami abandona la escena, claramente molesto. La felina le despide con un maullido conforme no le apetece volver a verle, y por si no fuera poco con las mofas que esto conlleva, más gracia les hace el oír un tropezón y cómo el guardia le dice a Kazami que tenga cuidado con no tropezar.

—Ahí te has lucido, Manosuke.—le dice Souta al aire, sabiendo de sobras que habrá alguien que le escuche por ahí.

—Sí, te lo agradezco, no me apetecía levantarme yo.—se conchaba Yukiko, cruzándose de brazos.

Tanto Kuro como Tasuke lanzan sonidos de alivio al ver que alguien tan mezquino ya se ha largado y que ya no puede hacer nada contra ellos. No más.

—Y tú no te preocupes, gatita. No tienes que volver a estar con ese indeseable.—la tranquiliza Yukiko, acariciándola.—Si no te importa, puedes quedarte conmigo. A mí no me importa.

La gata parece haber corregido su carácter irascible también, pues se muestra bastante positiva ante la propuesta de la morena, acomodándose en su falda.

—...Estoy harto ya. ...No quiero volver a verle su maldita cara en lo que me queda de vida.—protesta Souta, cubriéndose las orejas.

—Ya… Ni yo. Ya nos ha hecho bastante daño.

Ambos suspiran al unísono. Están cansados, tanto física como moralmente. Ha sido un día agotador. En ambos sentidos.

—Yo… Yo creo que me voy a dormir, Yukiko. Estoy reventado. Ya te irás tú a dormir cuando quieras.

—No, no, ahora que lo dices, creo que tienes razón. Necesito una buena siesta. ...Buenas noches, Souta. ¿Huy? ¿Qué tienes en la cara, Souta?

—¿El qué?

—A ver, acércate…

Extrañado, el pelirrojo acepta y acerca su cara a la suya, mientras la morena le pasa un dedo por la mejilla.

—Ah, no, no, pensaba que era una mancha de la cena, pero no, habrá sido algo de la luz… Pero… ¡Uf!

—¿Y ahora qué te pasa?

—No quiero ser repelente, pero podrías irte a lavar los dientes de vez en cuando, ¿No, hermanito?

—¿Me estás llamando cerdo, acaso?

—¡Anda, ve!—le apresura, con una pataleta.

—¡Bueno, bueno! No me muerdas, tampoco.

Aunque solo sea para evitar discutir con ella, el pelirrojo se levanta a regañadientes y acompañado por un guardia, sale un momento de la celda.

—...Qué capullo. ¿Cómo lo hace para que el aliento le huela siempre tan bien?—se pregunta Yukiko, risueña.

Ahora que no hay moros en la costa, Yukiko coge lo que parece ser un sobre grande sellado con cera de vela que ella mismo ha colocado en forma de corazón, maliciosamente a propósito.

—¡Ya verás qué cara va a poner!—se ríe, para sí misma.—Espera, voy a escribirle una nota para que sepa de qué va esto…

Cumple lo que se ha propuesto, y arranca la hoja para colocarla junto al sobre, guardando los enseres de escritura bajo su almohada y echándose a reír para sí sola. Sin embargo, tan pronto como oye pasos que se acercan, se da prisa en cubrirse con la manta su futón al mismo tiempo que ensaya su mejor cara seria, que adoptará para una brillante actuación de teatro haciéndose la dormida.

—Ya estoy de vuelta, las encías me sangran y te podrías ver reflejada en mis dientes, ¿Ya estás contenta? ¿Yukiko?

Extrañado, el pelirrojo se acerca al futón de Yukiko, para verla seria y con los ojos cerrados, moviéndose ligeramente para acomodarse.

—Increíble, se ha quedado frita.—menciona, encogiéndose de hombros.—Incluso todos ya están dormidos, Kuro en su caseta, Tasuke en su cama y la gata acurrucada a su lado. ¿Esto es una conspiración?

Se ríe para sí mismo, no obstante la risa se le corta en seco al comprobar que sobre su futón hay algo que, sin duda, no estaba ahí antes. Un sobre tamaño folio, con un sello peculiar y un papel en blanco al lado. Quizás sí que sea una conspiración, después de todo.

—¿Qué rayos es esto?

Coge el sobre, y pese a que no es artista en el más puro estricto de la palabra, distingue la forma que adopta la cera sobre el cierre. Un corazón.

—Huy...—masculla Souta, con sarcasmo, y desviando su desconfiada mirada hacia la "durmiente" Yukiko.—Esto es cosa de esta bruja, estoy seguro.

Deja el sobre un momento sobre su regazo para comprobar el pedazo de papel. Como sospechaba, es una nota en braille, y nada le sorprende su remitente… Ni su mensaje.

"¡Hey, hermanito! Aunque estás agotado, espero que saques un ratillo para leer un cuento antes de dormir, pese a que dudo que puedas dormir después de leerlo. Te dije que te daría un regalo de bodas, y lo he cumplido. Aquí lo tienes, para ti para siempre, con todo mi amor y para celebrar el tuyo. Con cariño, tu querida, preciosa y adorable hermanita, Yukiko."

—La madre que la parió… Por qué me olía algo así.—ironiza, dándose un poco por aludido.—...Bueno, vamos a ver. A saber lo que puede haber ahí… Aunque bueno, podría ser peor. Al menos no me ha mangado el dólar veinte.—se ríe.

De nuevo, su risa no va a ser muy duradera, pues moviendo un poco la mano, comprueba que hay otra línea debajo de la nota.

—¿Hum?

"P.D.: Te "cojo prestado" el dólar veinte que encontré en tu bolsillo para comprarme otra libreta, porque ya me estoy quedando sin espacio para mi base de datos. Lo pongo entre comillas porque no te los pienso devolver."

—¡Pero será…!—se da por aludido Souta, ojiplático y abriendo la boca.

Quizás sea por la reacción del momento, porque el pelirrojo no llega a apreciar el cómo Yukiko pierde la compostura por un momento y se echa a reír silenciosamente, cada vez con más dificultad.

—Esta payasa… Luego dice de mí. En fin… ...Miedo me da, pero allá voy.

Suspirando primero, Souta rompe el sello (con especial miramiento en no partir el corazón por la mitad) y saca del sobre los papeles que hay en el interior. Esos papeles, aunque no se ve debido a la naturaleza braille de su mensaje, contienen una historia, una historia que Souta lee con paciencia. Al poco de empezar, ya sospecha que acabará soñando con eso. Y eso mismo acaba pasando.