Otra que perdura fuera del sueño es la sonrisa que lleva implantada Souta mientras duerme, reflejo también de esa felicidad que está presente en su corazón ahora, otra cosa que todavía está patente incluso después del sueño que acaba de tener. Cuando terminó de leer esa historia que Yukiko le preparó como "regalo de bodas", se quedó dormido y, como ya había supuesto desde el principio, ha soñado con el contenido de dicha historia. Antes le había dicho a Yukiko que no hiciese tonterías de esa clase… Y se arrepiente de sus palabras.
Se incorpora, medio adormecido todavía, frotándose los ojos. Todavía es negra noche fuera de los barrotes, y el aire gélido del invierno circunda el lugar. Sin embargo, ya no le afecta tanto como anteriormente. Ahora, con el corazón cálido, Souta puede hacer frente al frío. Incorporado en su futón, Souta gira la cabeza , para encontrarse a Yukiko sobre el futón, tapada con la manta.
—¿Yukiko?
Quizás el sueño de la morena sea algo que también se ha conservado desde el sueño. Cuando su mirada se acerca a ella, sin embargo, descarta esa teoría. Perezosamente, Yukiko abre un ojo, cruzándose con la mirada de su hermano.
—...Debí imaginármelo.
—¿Lo has leído?—inquiere, picaresca.
—...Sí. Así es.
—¿Y qué te ha parecido?—pregunta, balanceando la cabeza en señal de inocencia.
—Que te corrompí demasiado.
La morena, no obstante, asiente. No se lo toma como algo que no sea un cumplido, en realidad.
—Gracias.
—No. Gracias a ti, Yukiko. Me ha gustado tu regalo.
—¿Sí? ¿Te gustó mi historia?
—Sí, eso también.—responde el pelirrojo, aumentando la magnitud de sus palabras.
Eso a la morena la hace muy dichosa, por lo que se incorpora también y ambos se dan un abrazo tierno, mientras sonríen.
—Por cierto, ¿Quieres un consejo para la próxima?
—Dime.
—La próxima vez que escribas algo de carácter poco y/o bastante obsceno sobre Manosuke y yo… No te incluyas. Plomo.
Yukiko le saca la lengua, burlesca. A volumen bajo, ninguno puede evitar una risilla ante sus ocurrencias.
—Me alegro de que mis hermanitos se lo hayan pasado en grande. Debes de estar agotado, ¿Eh?
—No empieces. Ya he tenido bastante.
—Pues no parecía ser ese el caso, don ojitos brillantes por la lascivia.
—Lo decía por ti, pesada. Y sí, para qué negarlo. El problema aquí es que nos cortas el rollo.
Con una ceja alzada y una sonrisa inquisitiva, Yukiko sacude la cabeza mientras se encoge de hombros. Souta, al verla, se podría decir que la imita.
—¿Hum? Hey, hermanito, ¿Qué es eso?
Señalando a la entrada de la celda, Souta decide acercarse para comprobarlo. No sabe si solo es un déjà vu, pero se encuentra con un sobre y una nota breve.
—Eh, ¿Qué es esto?
Se agazapa para comprobarlo, tomando la nota. Esta vez, está escrita a tinta negra, con una caligrafía elegantísima, que recuerda haber leído en alguna ficha médica o similar.
"Hola, Souta, Yukiko. Me he pasado por aquí para daros esto, pero ya estábais durmiendo y no iba a despertaros. En este sobre está impresa esa foto que os saqué a los tres juntos. Sin embargo, eso no es lo único que hay. ¿Recordáis lo que comenté de que esta era "vuestra primera foto juntos"? He podido comprobar que me equivocaba. Moví algunos hilos, superado por mi curiosidad, y descubrí algo por mi cuenta, algo muy oculto que no ha salido a la luz hasta ahora, justo como todo este parte, es comprensible: no es lo que más difiera. Creo que lo mejor será que lo veáis por vosotros mismos. A mí, personalmente, me gustó. Espero que a vosotros también. Un saludo, Chusei Kokoro."
—Es una nota del doctor Kokoro. Al parecer, vino a traernos esa foto cuando estabamos dormidos.
—Vamos a verla, anda. Seguro que ha quedado genial.
Lo que realmente llama la atención de Souta es lo que menciona el médico después de la foto que se tomaron por la mañana. No sabe exactamente qué puede ser, y le pica la curiosidad.
Bajo la impaciente mirada de Yukiko, el pelirrojo abre el sobre y de él saca una foto. En ella, salen Manosuke, Yukiko y él mismo en ese orden, de izquierda a derecha, todos muy sonrientes y aparentemente bastante unidos. Es una buena foto, una que por fin ha logrado capturar la felicidad.
—¡Oh, qué chula!—exclama Yukiko.—Esta me la pido, faltaría más.
—No corras tanto. Todavía hay algo en el sobre.
Ante la repentina curiosidad de la morena, Souta le explica lo que cuenta el doctor Kokoro en su nota, sobre algo que demuestra que esa foto anterior no es el primer recuerdo de los tres. Algo aparentemente muy bien escondido, que fue el propio Kokoro quien descubrió.
—¿Qué puede ser?
—Creo… Creo que es otra foto. Acercando la mirada, Souta comprueba que así es, que se trata de papel fotográfico. Y aunque solo se ve el reverso de la imagen desde dentro del sobre, la fecha impresa en él ya es bastante reveladora de por sí: veinticuatro de diciembre del 2000.
—E-ese día… Fue el día que naciste, Yukiko.
—¿Oh? ¿Una foto del día que nací?
No pueden estar completamente seguros, pero lo averiguan al poco tiempo. Con delicadeza, puesto que deduce que se trata de algo sumamente frágil, Souta extrae la segunda foto del sobre y le da la vuelta, para comprobar su contenido. Muchas cosas sucedieron ese 24 de diciembre, pero la que él ha mencionado resulta ser la correcta.
Recuerda el ambiente: es el que vio en los recuerdos de haber ido a la casa de Manosuke cuando tenían ambos seis años. Además, ahí está el ajedrez para corroborarlo, en una esquina. En el centro de la foto, se encuentran dos niños pequeños, una sonrisa brillante implantada en sus rostros, sujetando entre ambos con muchísimo cuidado a una bebé morena con un collar particular en su cuello. No puede sonreír, porque está dormida y porque vive desde hace solo unas horas, pero por su expresión tranquila, parece estar a gusto con ambos.
—E-esto...—tartamudean ambos, al unísono.
—Esta… Esta eres tú, Yukiko.—afirma el pelirrojo, señalando a la recién nacida retratada en la foto.—Y estos somos Manosuke y yo.
—Oh...—suspira, ojiplática.—Sí, lo recuerdo. Son los mismos niños que vi en esa foto que me enseñó Manya cuando tenía seis años. Sois… Vosotros. Una foto del día que nací… En la que estaba con mis hermanitos.
—Aparentemente, quedó oculta en algún lugar. El doctor Kokoro tuvo que ir a la escena para investigar por su cuenta, y lo descubrió. Algo que la poli no vio durante casi 20 años.
—Y ahora está aquí, delante de nuestras narices. Esta fue la primera foto que nos tomamos los tres juntos, en realidad. Es… Es muy bonita.—opina la morena, con los ojos húmedos.
Souta, por su parte, tampoco aparta la mirada de la foto, atónito.
—Nunca recordé que una foto así existía. Se me borró también con la amnesia, claro… Y al parecer, hoy era el día para que todo lo que quedó oscuro en mi mente viese la luz… Tanto los recuerdos que no recordaba como los que sí pero eran oscuros de por sí.
—No podemos perderlas, Souta. Son nuestras fotos, nuestros recuerdos.
—...Eso mismo te digo yo a ti, torpe.
—¡No sería capaz de perder esto!—protesta, mientras atesora las imágenes en sus brazos.—Cuántas cosas en tan poco tiempo…
—Sí… Pero supongo que eso es bueno. Hubiese sido mucho peor vivir en la mentira toda nuestra vida…Yukiko lo corrobora, asintiendo solemnemente, mientras por su cabeza desfilan muchas imágenes, recuerdos y vivencias de toda clase, cosas tan misceláneas que han desembocado en alegría y felicidad, por lo que el pelirrojo, una vez más, está en lo cierto.
—¿Y sabes qué es lo que nos iría bien ahora? Dormir un poco. Entre sueños y recuerdos, terminaremos por no pegar ojo hoy.
—¿Y eso te sorprende?
—...Pues la verdad es que no. Pero anda, nos irá bien para estar despejados.—aconseja Souta, puesto que lo cierto es que sí que le vendría bien dormir un poco después de tantas peripecias.
Aunque protestando un poco al principio, Yukiko acepta, llevándose las fotos consigo, de las cuales no piensa separarse jamás. Con mucho cuidado, las incorpora a su famosísimo cuaderno, que guarda debajo de su almohada. Ya acostada, revisa las páginas una vez más. Primero, se fija en la foto de su nacimiento, y el reconocer a Souta y Manosuke a los seis años al igual que la foto que le mostró Manya Sladkiy en su momento le trae recuerdos de ese instante en particular.
"Tarde o temprano, conoceré a Souta y a Manosuke, a mis hermanos. ¡Y montaremos nuestro propio circo!". Las palabras que ella misma dijo resuenan en su cabeza, y le provocan una lánguida sonrisa. Desvía un poco la mirada, para fijarse en el retrato más reciente, cuando por fin eso se ha cumplido, y ha logrado conocer a sus hermanos por fin.
—Yukiko...—la llama Souta, alzando una ceja.
—Vale, vale, no muerdas. Ya voy.—cede la morena, cerrando su cuaderno y guardándolo bajo su almohada.
Acto seguido, ambos se tapan en sus respectivos futones, con sumo cuidado con no despertar ni a Kuro ni a Tasuke ni a la gata, que duermen profundamente. Con un susurro, se desean buenas noches, pero antes de que ninguno de los dos pueda dormirse, Yukiko le dedica una mirada demandante, y una sonrisilla.
—Porfa, hermanito, ¿Puedo, puedo…?
—...Anda, ven.—se rinde Souta, con una sonrisa sencilla y sincera.
Con un gesto de victoria, Yukiko se destapa rápidamente para juntar su futón con el de Souta y taparse junto a él, abrazándole.
—Ay, esto está mejor… Mucho mejor.—opina, contenta.
—Pero te duermes, ¿Eh? Venga, a dormir, buenas noches.
—Buenas noches…
Ambos se acomodan e intentan cerrar los ojos y descansar un poco. Yukiko en ningún momento quita sus brazos de alrededor de Souta, y él tampoco va a quejarse.
"¡Psst! ¡Psst!", susurra una voz cerca suyo. La morena, esperándoselo, levanta un poco la mirada sin incorporarse, para distinguir la silueta de Manosuke en medio de la sala. El de la cresta no quita la vista de su hermana pequeña, desafiante.
"Sé que es tu hermano también… Pero no te pases, hermanita. Te estaré vigilando." la "amenaza", con los dedos en V alternando entre sus propios ojos y los de ella.
Yukiko no dice nada, solo hace ademán de reírse ligeramente mientras sigue abrazando a Souta, y sorprendentemente, sin temer por su vida. Conmovida, nota como le acarician la cabeza.
Al poco rato, ambos cierran sus ojos paulatinamente, aunque perfectamente podrían haber acabado cayendo los párpados por su propio peso. Antes de dormirse, en su mente circulan muchas cosas: recuerdos, revelaciones, imágenes… Todo. Y pese a que cuando se duermen su vista se queda en blanco, eso no significa que vayan a dejar de ver nada por el mero hecho de estar dormido.
Souta ha demostrado, por experiencia propia, que los sueños ayudan a conquistar límites y fronteras que el mundo real existen. Y Yukiko también lo ha vivido, recientemente. Precisamente por ello, no hay razón para que uno de ellos se quede sin poder ver al resto en sueños. Porque al igual que todo, y más ahora que lo han comprobado, están mucho mejor acompañados… Todos juntos.
