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Vale, sinceramente no sé qué decir... salvo perdón! Sí, en verano estuve demasiado concentrada en hacer otras cosas como para ponerme a pensar en este capítulo. Tenía parte escrito, pero buf, esto no se consigue sin inspiración y tiempo libre, estos capítulos que están por el medio y tal. Pero en fin, dos de mis escritoras favoritas publicaron hace poco, así que me uno a la corriente!

Dedicado a Zeldi-chan, como prometí! Gracias por tu felicitación!

Bueno, muchísimas gracias a Sam, Fierce Dark oni Link, Zeldi-chan, Isuam y Ayuchan por sus reviews!

A leer lo que hace Marthy-monkey!


Cerré de nuevo los ojos, sentado y apoyado en la pared. Decidí pasar el primer día al lado del "inodoro", ya que era lo único que realmente necesitaría. O eso pensé, porque no había nada que me indicara cuanto tiempo llevaba allí, pero tenía la garganta reseca y mucha, mucha sed. Me moví, molesto, y entonces noté algo; algo que me hizo saber que había cometido un grave error al quedarme al lado del inodoro. Una pequeña corriente de aire, que probablemente fuera una especie de gas. Aquello me estaba resecando la garganta.

- Mierda...- me llevé las manos a la cabeza.- Realmente quieren hacerme sufrir.

Parecía que no era posible sobrevivir a esos tres días intentando no beber agua. De la misma forma, también era posible que el lugar en el que me encontraba fuera el único "seguro", ya que precisamente aquella corriente de aire me indicaba que no querían que estuviera mucho tiempo ahí.

De vez en cuando, escuchaba un sonido que conocía bastante bien. Por lo visto, me estaban vigilando con cámaras. Lo que significaba que estaba completamente a su merced.

Harto de estar sentado y muerto de sed, me levanté y me puse a idear un plan para llegar hasta la maldita botella. No sabía si tantear el suelo en busca de un camino sólido sería una buena idea, ya que podrían estar controlándolo y sorprenderme en mitad del proyecto. Por el sonido que había hecho aquella baldosa al desmoronarse, no parecía que fuera una simple caída.

Como no se me ocurría nada más, opté por la opción de tantear el suelo. Al principio, pegado a la pared, fui dando pequeños pasos, dando un pisotón a las baldosas antes de ponerme sobre ellas. Me iba bastante bien, hasta que una cayó. Entonces me quedé quieto. Tras respirar hondo, pisé la que estaba al lado, sin apartarme de la pared. También cayó.

- Maldita sea- murmuré.

Ahora pisé la que estaba a mi lado. Cayó. Aquello empezaba a asustarme. Estaba empezando a rodearme por un círculo de vacío. Decidí que aquel era un camino sin salida e intenté volver sobre mis pasos. Entonces, ocurrió algo que me dejó helado. Gracias a esa tenue luz que emanaba de la caja, pude ver que un pincho enorme emergía del suelo, rompiendo la baldosa por la que había pasado antes para llegar a donde estaba, nada mas pisarla. Con el corazón latiendo a mil, no me atrevía ni a agacharme. Me quedé totalmente inmóvil, sobre la baldosa en la que estaba.

Sin darme tiempo a tranquilizarme, empezaron a sonar unos pitidos. Al principio llevaban un intervalo de más o menos un segundo, pero de pronto empezaron a ser más seguidos. Aquello me recordó a varios videojuegos. Parecía una cuenta atrás. Al sentir el pequeño temblor en la baldosa en la que me encontraba, decidí hacer lo que tantas veces vi en las películas a las que Roy me arrastraba. Salté con todas mis fuerzas el hueco que las baldosas habían dejado y eché a correr como un loco hacia la caja, sintiendo el temblor de algunas baldosas que pisaba. Nada más saltar, escuché un desagradable sonido, igual que el anterior. Debía haber sido otro de esos "pinchos". Antes de llegar a la caja había otro hueco, bastante grande. Pero no podía detenerme, por lo que aceleré todo lo que pude y salté. Parecía que no iba a llegar, pero conseguí agarrarme a una de las baldosas del otro lado. Miré hacia abajo y pude ver que aquello que me esperaba tras las baldosas no era otra cosa que un mar de pinchos. Pero no tuve mucho tiempo para pensarlo, pues sentí un ligero temblor en la baldosa a la que estaba agarrado.

- ¡No!- grité.

Usé todo lo que me quedaba de fuerza y me impulsé hacia arriba, a la vez que la baldosa caía. De milagro, llegué a la siguiente baldosa y me subí a ella rápidamente, por si volvía a ocurrir lo mismo, pero no pasó nada. Me di cuenta de que estaba justo frente a la cajita con la botella, situada sobre lo que parecía una mesita de una pata. Temblando por el esfuerzo, me levanté y la observé. Había un dos botones en la mesa. Encima del de la izquierda, ponía Box, y en el de la derecha ponía Break.

Supuse que el de la izquierda abría la caja, y el de la derecha iniciaba ese minuto de descanso que mencionó la mujer. Sonreí; había un botón que no pensaba pulsar.

Inspiré hondo y me concentré. Entonces, sin darme tiempo para pensarlo, levanté el puño y lo estampé contra la caja. Conseguí hacerle una pequeña grieta a costa de destrozarme la mano. Entonces, de una patada, la rompí. Pequeños trozos de cristal luminisciente salieron despedidos en todas direcciones, exceptuando una parte de la caja que quedó agrietada pero no se rompió.

- Perfecto- murmuré, sonriendo.

Cogí la botella con la mano sana y guardé varios trozos de cristal luminisciente en mis bolsillos, además de coger el trozo grande que no cayó al suelo. Me entraban ganas de reír al imaginar la cara que tendrían en ese momento los que me estuvieran vigilando, pero me retuve. De hecho, el dolor en la mano me quitó todas las ganas de soltar una carcajada. Tras abrir la botella y dar un buen trago, pulsé el botón de "descanso".

Las luces se encendieron repentinamente. Entonces pude, por primera vez, observar el lugar en el que me encontraba. Era una habitación grande y de forma cúbica, con paredes de grandes azulejos metálicos e igual suelo. Pude ver los grandes agujeros que había en la superficie, probablemente donde minutos antes estaban baldosas.

De pronto, las luces se apagaron y se volvieron a encender. Aquello me sorprendió y, por un momento, me agarré a la especie de mesa sobre la que había estado posada la botella, que en realidad era más bien como una pequeña columna de azulejos. Había contado diez segundos justos, así que supuse que era una especie de aviso de cuenta atrás. A los veinte segundos volvieron a apagarse y encenderse. Sentí algo bajo mis pies, y entonces lo comprendí. La plataforma en la que me encontraba había empezado a temblar, señal de que iba a caerse. A medida que pasaban los segundos, temblaba mas fuerte. Cuando habían pasado treinta segundos, la luz se volvió a ir y volver. Parecía que debía llegar otra vez al lado del inodoro, pues me fijé en que era la única zona que no temblaba como un flan. Era como si todo el suelo de la sala se fuera a caer a los pinchos, exceptuando esa parte. Al verme de nuevo en peligro de morir atravesado, el corazón volvió a latirme desenfrenadamente; notaba el pulso en el lateral de la cabeza y una horrible sensación de nervios en el estómago. Me encontraba, literalmente, ante un abismo de agujas afiladas, el cual debía arriesgarme a saltar si quería evitar una muerte dolorosa.

Sentí miradas en mí a pesar de que era el único que estaba en la sala. Involuntariamente, dirigí mi mirada momentáneamente a las cámaras que observaban desde las esquinas superiores de la habitación. Seguro que más de uno se lo estaba pasando en grande.

- Maldita sea, el que tiene el trabajo de dar espectáculo es Roy, no yo...- murmuré, llevándome la mano a la nuca.

Me metí la botella en la chaqueta, pues era de cristal y no podía tirarla a donde quería llegar, introduje el cristal luminisciente más grande en mi bolsillo, cogí carrerilla y salté. Sentí el impulso repentino de cerrar los ojos, pero me obligué a resistirlo, porque necesitaba toda mi atención para agarrarme al otro lado.

Fue difícil, muy difícil. Aún no me explico como lo conseguí; mis manos rozaron la plataforma y parecía que iban a resbalar, en parte por el temblor, pero no sé cómo, me mantuve colgado, levemente apoyado en el pico de uno de los pinchos que tantos problemas me habían dado. Notaba cómo el acero iba poco a poco atravesando la suela de mis converse y, maldiciendo en bajo y usando toda la fuerza que me quedaba, pues no quería quedarme sin pie, me subí a la plataforma.

En ese tiempo, los intervalos entre los apagones eran cada vez menores, lo cual afirmaba que, efectivamente, era una cuenta atrás. Y parecía que pronto iba a acabar. No me di tiempo para descansar, simplemente corrí con toda mi alma, hasta llegar al lado del inodoro. Jamás pensé que un váter pudiera hacerme ir corriendo hacia él más rápido que hacia... lo que fuera que me pudiera interesar.

Tras un molestísimo parpadeo que me dejó medio ciego, las luces se apagaron definitivamente. Entonces, ocurrió.

Todo, absolutamente todo el suelo alrededor de las cuatro baldosas en las que estábamos el inodoro y yo, se desplomó. Fue tal el estruendo que el eco perduró en la sala durante veinte minutos, haciéndose posteriormente el silencio. Suspiré.

Parecía que había superado la prueba, al menos la primera. Sin embargo, no escuché nada; nadie me dijo nada, se burló de mí o me felicitó con el sarcasmo que había observado en las escenas criminales de ciertas películas. Simplemente reinó el silencio, al cual ya me iba acostumbrando, aunque no me resultó nada fácil. Después de todo, ¿cómo iba a ser sencillo acostumbrarse al silencio cuando tienes todos los días a un molesto y exultante pelirrojo saltando a tu alrededor?

- Maldita sea...- murmuré, cansado, pensando en todo lo ocurrido.- Sólo espero que esos dos hayan tenido más suerte que yo.

Pasaron las horas, y el sueño me llevó. No sabía cuánto llevaba sin dormir, pero desde luego debía ser mucho tiempo, porque me había sido imposible conciliar el sueño por la preocupación por Roy y Zelda, y en general, por la situación en la que me encontraba.

Me desperté con la garganta muy reseca y cogí la botella de agua, bebiéndome la mitad, aunque poco a poco. Saqué uno de los cristales del bolsillo y fui alumbrado por una tenue luz, escasa pero suficiente para dejarme con la boca abierta.

- ¿Pero qué...?

Gracias al cristal, pude ver la habitación casi entera. Una nueva disposición del suelo, con distintos niveles, había aparecido de la nada. La segunda botella estaba en una baldosa situada en el centro de un agujero, sobre un mar de pinchos, a la altura de mi cabeza, sujeta en la mesita con la caja de cristal luminisciente, como la anterior. Supuse que la única forma de llegar a ella era saltando.

- Vale, está claro que quieren matarme.


TATATACHÁAAAAAAAAAAAAAAAN

Sí, es un mono. Sí, está loco. Sí, soy mala por haberos abandonado tanto tiempo...

Hay tantas injusticias en el mundo...

Como ahora, por ejemplo, que me voy corriendo! NO HAY TIEMPOOO! XD

Ciaossu! Y reviews!