Capitulo 5: Caperucita Roja
Los siguientes días fueron difíciles para Emma. Mientras comenzaba a asimilar toda la "locura" de que los Cuentos de Hadas eran reales, intentaba conseguir el "final feliz" de su "supuesta" madre. Era raro vivir con su "supuesta" madre, cuando ella no sabía quien en realidad era, y a Emma por momentos todavía le costaba creerlo. A pesar de lo absurda que resultaba la situación cuando intentaba pensarlo racionalmente, debía admitir que Mary Margaret (o mejor dicho Blancanieves) se estaba ganando poco a poco un lugar en su corazón, el lugar de una amiga.
Intentando calmar su atolondrada mente, que últimamente parecía no tener descanso, fue a desayunar al pequeño restaurante "Bosque Encantado". Aquel lugar se había vuelto su sitio favorito para comer, sin importar que estuviera repleto de personajes de cuentos. Ver a aquellos personajes en su rutina diaria de sus vidas de mentira le generaba ciertos sentimientos contradictorios; por un lado la hacía recordar que no estaba loca y eso estaba sucediendo, y por otro le hacía sentir una gran presión ya que supuestamente ella debía devolverlos a sus cuentos.
- Emma, ¿Puedo hacerte una pregunta por más extraña que resulte? – Preguntó Granny, la dueña del bar, luego de servirle su pedido usual.
- Claro. – Asistió Emma, luego de tomar un sorbo de su chocolate con canela.
- ¿Sabes quién soy? – Preguntó Granny, mirándola intensamente a los ojos.
- Granny, la dueña de este restaurante… - Comenzó a decir Emma.
- No. – La interrumpió Granny. - ¿Sabes en verdad quién soy? – Re preguntó, con cierta emoción en su voz.
Emma miró a la mujer detalladamente y la vio, la vio por quien en verdad era. La pregunta la agarró desprevenida, y no sabía que hacer en aquella situación. Ante eso, decidió reaccionar por lo que su instinto le dictaba, y en ese momento le indicaba que aquella mujer que tenía delante de sus ojos sabía perfectamente su verdadera identidad.
- Eres la viuda de Luca, eres la abuela de Caperucita Roja. – Respondió Emma.
- Lo soy. – Asistió Granny, dedicándole una sonrisa llena de alivio. – Es un placer conocerte salvadora. – Dijo con respeto.
- Yo, no… bueno, gracias. El placer es mío. - Negó Emma con su cabeza, atropellándose ella misma con sus palabras. No estaba acostumbrada a que las personas la traten como si fuera alguien importante.
- Necesito tu ayuda. – Pidió Granny. - Necesito volver a mi mundo, y para eso necesito que mi nieta sepa quien es. – Explicó a la vez que dedicaba miradas a su nieta desde la distancia, quien estaba ocupada atendiendo otras mesas.
- ¿Cómo es que sabes quien en verdad eres? – Preguntó Emma con curiosidad.
- Desde que encontré mi ballesta en el sótano. – Contestó Granny.
- De acuerdo, no te preocupes, yo te ayudaré. – Aceptó Emma, aunque no tenía idea de cómo hacerlo.
Emma quería ayudar a Granny, no solo porque era su supuesta misión y responsabilidad como salvadora, sino porque ella se lo había pedido personalmente. Aparte toda persona se merecía tener una familia, y eso de que no sepan quienes eran y a donde pertenecían la hacía sentir desgarrada ya que ella sabía lo que se sentía al estar en esa situación.
Al no tener idea de que hacer, ni como seguir con todo eso, decidió hacer lo único que su cabeza consideraba como una posible opción: ir por Killian Jones. Aquel misterioso y apuesto pirata la estaba empezando a hacer sentir cosas que jamás había sentido, y eso hacía que quiera evitarlo y correr lo más lejos de él que le fuera posible. Pero a su vez, era su única opción; él sabía sobre los Cuentos de Hadas, él sabía sobre la historia de los distintos personajes, y él posiblemente iba a saber como ayudarla. Así que, por más que no le agradaba la idea, fue al Jolly Roger en búsqueda de su asistencia.
- Swan, que sorpresa encontrarte por aquí. – Comentó él, sonriendo al verla.
- ¿Por qué? – Cuestionó ella.
- Me haz estado evitando. – Respondió él.
- Yo no te he estado evitando. – Negó ella protestando.
- Claro que lo haz estado haciendo, pero no te preocupes lo entiendo y no necesito explicaciones al respecto. – Dijo él con gran calma y seguridad. – Entonces, ¿Me vas a decir qué haces aquí? – Pidió saber, después de un largo silencio donde solo se dedicaron a observar el mar.
- Necesito tu ayuda. – Admitió ella un poco avergonzada.
- ¿De qué final feliz estamos hablando esta vez? – Preguntó él comprendiendo su pedido de ayuda.
- Caperucita Roja, necesito que ella recuerde quien es, así ella y su abuela pueden volver a su cuento. – Contestó ella, sintiéndose aliviada y agradecida de que él no la haya molestado, ni hecho pasar un mal momento ante su admisión de necesitar la ayuda que un principio había rechazado.
- Bien, pensemos entonces. – Indicó él, asimilando todo lo que ella acababa de informarle. - ¿Cómo lograste que los demás recuerden quienes eran? ¿Cómo lo hiciste con Cenicienta y el Príncipe Azul? ¿Y con Hansel, Gretel y Michael? – Cuestionó mientras se despeinaba su cabello con su mano.
- Ella recordó quien era cuando tuvo a su hija, y Thomas cuando la conoció. Hansel y Gretel cuando encontraron el colgante de su padre, y Michael cuando se reencontró con ellos. – Relató ella, recordando en su cabeza cada uno de esos momentos.
- Y yo con mi barco. – Agregó él. – Es decir que recordamos cuando encontramos algún objeto de gran valor e importancia, o nos reencontramos con alguna persona significativa. – Dijo sacando sus conclusiones.
Que ella haya decidido ir por Killian fue realmente productivo. Juntos pudieron pensar y sacar ciertas conclusiones sobre lo que estaba sucediendo con la maldición que había enviado a los personajes de Cuentos de Hadas al Mundo Sin Magia. Juntos decidieron ir a conversar con Granny, para intentar buscar algo que pueda hacer que Ruby pueda recordar que es Caperucita Roja.
- Tengo una idea de cómo Ruby puede recordar su identidad. – Informó Emma a Granny.
- Bien. – Asistió Granny. – Pero, ¿Qué hace él aquí? – Preguntó bruscamente, señalando a Killian.
- Más respeto que yo si recuerdo mi identidad. – Advirtió Killian.
- Si lo haces, ¿Por qué estás perdiendo el tiempo ayudando a la salvadora, cuándo deberías estar intentando vengarte de Rumpelstiltskin? – Dijo Granny presionándolo a que pierda la compostura.
- ¡Eso no es de tu incumbencia! – Exclamó Killian.
- ¡Claro que lo es! ¡Ruby es mi nieta y esto se trata sobre ella! – Discutió Granny.
- ¡Basta! – Los interrumpió Emma levantando su voz sobre los otros para callarlos. – Yo confío en Killian, y eso es todo lo que necesitas saber. Si aceptas mi ayuda, aceptarás también la de él. – Dijo con convicción dirigiéndose hacia la temperamental mujer.
- ¿Cómo planean ayudar a mi nieta? – Preguntó Granny, después de un instante de considerar las condiciones de los otros.
- Necesitamos algo de extremo valor para ella, algo o alguien que sirva como llave para recuperar sus recuerdos. – Explicó Emma.
- Bien, creo que sé perfectamente que es lo que podemos usar. – Dijo Granny pensativamente.
Granny se dirigió hacia el interior del restaurante y desapareció por unos largos minutos. Cuando volvió, llevaba una capa color rojo con ella. Según su criterio ese sería el objeto que devolvería la memoria a su nieta, o por lo menos tenía la fe y la creencia de que así sería. Emma agarró la capa y fue a enfrentar a Ruby, después de todo ella era la salvadora y era hora de que a poco se vaya haciendo cargo de eso.
- Ruby. – Llamó Emma yendo hacia la morocha.
- Hola Emma. – Saludó Ruby. - ¿Quieres qué te sirva lo de siempre? – Ofreció amablemente.
- No. – Negó Emma. – Quería darte un regalo, esto es para vos. – Informó entregándole la capa.
- Gracias. – Agradeció Ruby, con una mezcla de sorpresa y confusión.
Emma pudo ver exactamente el momento en que Ruby recuperó su memoria, y con ella su identidad: Caperucita Roja. En sus ojos apareció reconocimiento, un brillo especial que antes no había. Unas lágrimas escaparon de sus ojos. Miró a Emma con una sonrisa y la fundió en un abrazo inesperado.
- Emma, no puedo creer lo grande que estás. – Dijo Caperucita Roja, saliendo del abrazo y dedicándole una mirada llena de cariño, orgullo, y admiración.
- Yo… - Comenzó a decir Emma confundida.
- Soy tu madrina. – Aclaró Caperucita Roja. – Tu madre y yo somos mejores amigas. – Agregó soltando una risa llena de alegría.
- Roja. – Llamó Granny interrumpiendo el momento.
- Abuela. – Dijo Caperucita Roja reconociendo a la otra mujer y recibiéndola con un abrazo.
- Ahora que recuperaste la memoria, podemos volver a nuestro cuento. – Dijo Granny con entusiasmo.
- Si, veo la luz del portal. – Asistió Caperucita Roja.
- Yo también la veo. – Asistió Granny. – Así que en verdad eres la salvadora. – Dijo volviéndose hacia Emma. – Gracias por todo. – Agradeció.
- De nada. – Dijo Emma tímidamente.
- Cuídate mucho, y cuida a todos. Tu misión es más peligrosa de lo que piensas. – Aconsejó Granny.
- Lo haré. – Asistió Emma.
- Y yo la ayudaré. – Agregó Killian.
- Me sorprendiste para bien pirata. – Comentó Granny finalmente aprobándolo.
- Me alegra haberlo hecho. – Dijo Killian guiándole un ojo.
- Vamos Roja. – Indicó Granny a su nieta.
- No, no puedo. – Dijo Caperucita Roja. - ¿Qué hay de Graham? – Preguntó.
- El portal está abierto para nosotras en este momento, no podemos perder la oportunidad porque sino corremos el riesgo de desaparecer para siempre. – Le recordó Granny.
- Lo sé. – Asistió Caperucita Roja mordiéndose el labio. – Emma, ¿Crees que podrías hacerme un favor más? – Pidió a la ahijada que acababa de conocer.
- Por supuesto. – Asistió Emma.
Y así es como Caperucita Roja le relató su historia. Emma ya la había leído en el libro que tenía sobre los Cuentos de Hadas, pero escucharlo personalmente desde la perspectiva del personaje era mucho más real e interesante. Caperucita Roja tenía la maldición de convertirse en lobo las noches de luna llena, y accidentalmente una noche (antes de saber de su maldición) asesinó a Peter, su primer amor. Poder recuperarse de eso le llevó unos largos años, y de hecho todavía no terminaba de perdonárselo. Pero tenía su capa roja, que la ayudaba a poder controlar su maldición. Los motivos de su maldición la llevaron a conocer a Graham, y a unirse a su manada. Había muchos sentimientos entre ellos, pero hasta el momento no habían podido explorarlos, por eso necesitaba asegurarse de que Graham regresará a ella en algún momento.
- ¿Lo harás? – Preguntó Caperucita Roja llena de ilusión.
- Te prometo que cuando lo encuentre lo ayudaré a recuperar su memoria y volver a su cuento. – Juró Emma. – Y también le diré que estás enamorada de él. – Agregó con una sonrisa.
- Eso deja que sea yo misma quien se lo diga. – Pidió Caperucita Roja.
- Trato hecho. – Aceptó Emma estrechando su mano.
Caperucita Roja y su abuela desaparecieron en una intensa luz blanca, siguiendo el portal que las llevaba a su cuento. Emma sintió paz, haberlas ayudado a regresar a su cuento la había hecho sentir extremadamente bien. Killian la invitó a cenar, y ella aceptó porque ambos se merecían un festejo tras poder haber devuelto otros personajes más a sus cuentos. Quizás lo mejor era rechazarlo si no quería que haya malos entendidos, ni que haya posibilidades de que algo suceda entre ellos. Pero en ese momento estaba feliz, y por algún motivo quería compartirlo con él. Una historia más se había vuelto a color en el libro, haciendo que Emma sienta esperanza de que a poco todo iba a ir acomodándose en su lugar.
