Capitulo 6: Los siete enanitos

Emma entró al bar "The Rabitt Hole" y se sentó en la barra a esperar a su marca. Cuando Steve llegó, se presentaron y se fueron a sentar en una mesa apartada. Pidieron unos tragos, y empezaron a conversar para poder conocerse un poco.

- ¿Tienes hermanos? – Preguntó él.

- No, no tengo. – Negó ella. - ¿Vos? – Preguntó.

- Si, tengo tres hermanos. – Asistió él. – Pero no te preocupes, ninguno es más lindo que yo. Y de hecho, son todos bastante molestos. – Agregó intentando sonar gracioso.

- Estoy segura que ellos opinarían lo contrario ya que al parecer les debes a todos una gran cantidad de dinero. – Dijo ella mientras jugaba con el sorbete de su trago.

- ¿Qué? – Preguntó él confundido, escupiendo un poco del trago que se había llevado a la boca de la sorpresa.

- Ellos están pidiendo una recompensa por tu cabeza por todo el dinero que te robaste de la empresa familiar. – Respondió ella.

Al terminar de decir esas palabras, Steve tiró lo que quedaba de su trago sobre ella, se levantó de su silla, y comenzó a correr. "¿Por qué todos tenían que hacer las cosas complicadas e intentar escapar?", se preguntó Emma mientras se levantaba de su silla para seguirlo. Al menos esa vez no le habían revoleado la mesa completa encima, aunque el trago seguro dejaría una mancha en su vestido.

- ¿Por qué haces esto? – Preguntó él frustrado cuando vio que su auto estaba con las gomas pinchadas. – Yo te puedo pagar más que mis hermanos. – Agregó intentando buscar una alternativa.

- Es mi trabajo. – Dijo ella a modo de explicación.

Steve no se conformó con eso, la empujó contra la pared, y salió corriendo por la calle. El empujón la agarró desprevenida, haciéndola pisar mal, y generando que uno de sus tacones se rompiera. Maldijo ante eso, y comenzó a correr detrás de ese hombre. Ya la situación la había cansado, y quería darle un fin. Corrió hacia la esquina donde se había dirigido aquel hombre, cuando lo encontró tirado en el piso. Killian estaba allí, él lo había detenido y tenía uno de sus pies sobre su pecho para no dejarlo levantarse.

- ¿Qué haces acá? – Preguntó ella mientras esposaba a Steve.

- Vine a ayudarte. – Respondió él como si fuera lo más simple del universo.

- No necesito tu ayuda, podía manejar esto sola perfectamente. – Protestó ella.

- Lo sé. – Concordó él. – Pero cuando vi que estabas en aprietos, no pude evitar intervenir. – Agregó a modo de justificación.

Ella quería seguir discutiendo porque sentía que Killian acababa de cruzar un límite, que estaba invadiendo su vida personal. Ella siempre se había cuidado sola, y no necesitaba que nadie lo haga por ella. Pero justo llegó la patrulla, y decidió que era mejor concentrarse en su trabajo. Una vez que Steve fue apresado y ella recibió su recompensa, se volvió hacia Killian quien la estaba esperando junto a su auto amarillo.

- Buen trabajo Swan. – La halagó él.

- ¿Nunca te vas a cansar de perseguirme? – Preguntó ella, ignorando sus lindas palabras y el efecto que tenían en ella.

- No, yo no te estoy persiguiendo, solo me estoy asegurando de que estés bien y a salvo. – Discutió él.

- No necesitas hacerlo… - Comenzó a decir ella.

- Lo sé. – La interrumpió él. – Pero ¿Qué hay si aparecen las personas que acabaron con Walsh? ¿O qué hay si aparece algún villano? El mundo mágico es más complejo de lo que piensas, y yo puedo ayudar. – Expresó con sinceridad su accionar.

- Bien, quizás un poquito de razón en algo tengas. – Aceptó ella considerando lo que acababa de escuchar. Ella sabía que con él tenía muchas más chances de sobrevivir a cualquier catástrofe mágica que se le pudiera llegar a presentar, después de todo él era parte de ese mundo.

- Quizás entonces debas agradecerme. – Sugirió él de modo insinuante.

- Gracias. – Dijo ella, con una media sonrisa algo irónica.

- ¿Solo un gracias? ¿No hay un beso? – Cuestionó él tocándose sus labios provocativamente.

- No podrías manejarlo. – Contestó ella con convicción.

- Quizás tú eres quien no puede manejarlo. – Retrucó él.

Killian la estaba desafiando, y ella nunca daba marcha atrás en un desafío. Ese pirata la había atraído desde el primer momento que lo vio, así que quizás la idea de besarlo no era tan terrible. Lo miró por unos segundos, y se concentró en verlo con aspecto normal y no con aspecto de pirata. Eso de poder ver ambas identidades era algo tan desconcertante, a lo que todavía no había podido acostumbrarse. Quitando todo pensamiento de su cabeza, agarró el cuello de su abrigo para atraerlo hacia ella, y unió sus labios en un beso. Emma notó que él se sorprendió ante el hecho de que ella haya decidido aceptar el desafío. Killian correspondió el beso, abriendo su boca y haciendo que sus lenguas se encuentren. Emma saboreó sus labios con fervor, poniendo toda la atracción que sentía, hasta que se sintió satisfecha y necesitó respirar.

- Eso fue… - Empezó a decir él descansado su frente contra la de ella.

- Una cosa de una vez. – Terminó ella por él, apartándose de su lado bruscamente. – No me sigas, solo vete a hacer lo que sea que los personajes de cuento hacen. – Dijo con frialdad.

- Como desees. – Aceptó él, llevándose su mano hacia su boca.

Si él supiera lo que esas palabras querían decir para Emma, no las habría dicho. Porque "como desees" en el idioma de la película favorita de Emma significaban "te amo". Pero eso era imposible porque ellos apenas se conocían.

Emma se fue corriendo. Corrió porque cuando lo besó sintió algo fuerte y real, sintió algo que podía llegar a transformarse en algo más que una simple atracción. Había una conexión entre ellos, era como si sus almas se habrían reconocido en ese extraordinario beso. Así que lo mejor era correr y escapar, porque él era un personaje de un Cuento de Hadas, y eso significaba que iba a tener que regresar a su historia en algún momento. ¿Para qué intentar algo que sabían que nunca iban a poder tener? Aparte ni que fueran a funcionar, para ella las relaciones siempre terminaban mal. Ellos pertenecían a mundos distintos, así que lo mejor era mantener las distancias.

Y así es como pasó la siguiente semana ignorando a Killian. Evitó sus llamados, y evitó todos los sitios donde podía llegar a cruzárselo. Luego de agarrar una nueva marca, decidió tomarse un descanso y sentarse en el bar a tomar unos tragos. Se hundió en el alcohol castigándose a si misma por dejar que un simple beso con Killian Jones, el Capitán Garfio, la haya afectado tanto. Había estado ignorando todo lo referente a los Cuentos de Hadas, y al ser la "Salvadora" desde el beso. Emma sabía que estaba siendo ridícula con todo eso, pero no tenía idea de que hacer ni como reaccionar. Ella no había pedido tener semejante responsabilidad en sus manos, ni había querido que un beso la afectara tanto. ¿Y por qué sus pensamientos tenían que volver siempre al beso?

- Emma. – La reconoció un hombre sentándose a su lado.

- ¿Cómo sabes mi nombre? – Preguntó ella.

- Eres la salvadora, todos sabemos tu nombre. – Respondió el hombre, señalando a los amigos que estaban junto con él.

- Los siete enanitos. – Dijo ella reconociéndolos. – Pero, ¿Por qué son seis? – Cuestionó ella confundida.

- Uno de nosotros todavía no recuperó la memoria. – Explicó uno de ellos.

- Necesitamos tu ayuda para que recuerde, así todos podemos volver a nuestra historia. – Agregó otro.

- ¿Qué están haciendo? ¿Están molestando a esta chica? – Cuestionó el séptimo, finalmente apareciendo.

- No, ella es Emma, mi sobrina. – Mintió uno de ellos, buscando una excusa para no levantar sospechas en el otro.

Emma tomó varios tragos con aquellos hombres a los que veía como los siete enanitos de Blacanieves. Estar borracha la hacía sentir que todo aquello era más absurdo y loco de lo que era. Después de un rato, Leroy, o mejor dicho "Gruñón", la acompañó hasta su departamento. Insistió en acompañarla diciendo que en verdad ella era una sobrina para él, por su amistad con su madre. Leroy se despidió de ella en la puerta de su edificio, y le dijo que al otro día se reunirían para planear como devolverle la memoria a "Dormilón".

Cuando Emma se despertó, se sintió totalmente desconcertada y mareada. Su estómago estaba revuelto, y su cuerpo cansado. Tener una resaca era algo completamente apestoso. Se dio una ducha, y cuando fue a la cocina Mary Margaret la estaba esperando con una taza de café.

- Gracias. – Agradeció Emma por el café y la aspirina.

- De nada. – Dijo Mary Margaret. - ¿Este comportamiento se debe a tu pelea con Killian? – Preguntó tomando coraje.

- Yo no estoy peleada con Killian. – Negó Emma.

- ¿Entonces por qué ya no viene por aquí? ¿Y por qué te haz estado llenando de trabajo y quedándote en bares tomando alcohol hasta tarde? – Cuestionó Mary Margaret.

- Dios, suenas como si fueras mi madre. – Protestó Emma. Cuando fue consciente de su propio comentario sintió algo de dolor, porque en verdad ella era su madre.

- Emma solamente estoy preocupada por ti porque eres mi amiga, y he notado tus cambios en estos días. – Justificó Mary Margaret, mirándola con aprecio.

El momento fue interrumpido por el timbre. Emma abrió la puerta, y de repente los seis enanitos que si tenían memoria estaban dentro de su departamento. Se había olvidado de que ellos iban a venir para que los ayude. Lo mejor iba a ser actuar rápido, ella no podía dejar, ni arriesgar que hagan algo tonto delante de Mary Margaret.

- ¿Quiénes son? – Preguntó Mary Margaret con curiosidad.

- Unos amigos que estoy ayudando en un caso. – Respondió Emma.

- Bien, los dejaré tranquilos. Aparte tengo que ir a dar clases. – Dijo Mary Margaret levantándose de su asiento. – Pero Emma, nuestra conversación queda pendiente para después. – Advirtió.

Mary Margaret ofreció café a todos, agarró sus cosas, y se fue del departamento. Emma estuvo agradecida de que ninguno de los enanitos se haya dignado a decir nada ilógico o inexplicable ante los oídos su madre. Según parecía estaban bien entrenados por la situación con Dormilón.

- Esa era Blancanieves. – Comentó Gruñón.

- Nuestra Reina. – Agregó Mocoso.

- Tu madre. – Sumó Feliz.

- Lo sé. – Asistió Emma.

- Ella necesita recuperar su memoria y volver a nuestra historia. – Dijo Gruñón.

- Ya sé. – Dijo Emma algo frustrada. – Pero ahora vamos a enfocarnos en Dormilón. – Les recordó. - ¿Cómo recuperaron ustedes sus memorias? – Preguntó.

- Gracias a nuestros martillos de la mina, cada uno lo encontró en su lugar de trabajo, pero Dormilón todavía no. – Explicó Feliz.

Dormilón trabajaba conduciendo una de las líneas del subterráneo, así que decidieron ir a recorrer las vías de cada línea en búsqueda del martillo de Dormilón. Por suerte fue bastante sencillo encontrar el martillo; aunque no trabajar juntos a los enanos, ya que ellos se la pasaban peleando continuamente. Había algo totalmente contradictorio entre el optimismo incansable de Feliz, y el pesimismo amargo de Gruñón. Pero por suerte las diferencias no hicieron que dejaran de hacer lo que fuera por uno de sus amigos.

- ¿Qué hacen acá? – Preguntó Dormilón confundido. Se había quedado dormido en el tren que manejaba.

- Tenemos un regalo para darte. – Respondió Feliz.

- Pero no es mi cumpleaños. – Retrucó Dormilón.

- No importa, es un regalo, así que debes aceptarlo. – Dijo Gruñón entregándole el martillo con su nombre grabado en el.

Cuando Dormilón agarró el martillo, recuperó su memoria, y festejó recibiendo a sus amigos con un gran abrazo. Después del reencuentro todos ya se encontraban listos para volver a su cuento. Se despidieron de ella con muchos agradecimientos amables, y consejos sobre como manejar el alcohol y a los hombres; luego desaparecieron tras el portal de luz. Emma los vio desaparecer, y se preguntó como debería ser poder ver aquel portal de luz. ¿Podría ella verlo algún día? ¿O una vez que terminaría de devolver a los personajes a sus Cuentos, todo lo relativo a la magia y la fantasía desaparecerían de su vida?

Emma fue a su departamento, se preparó un chocolate, y se acomodó en el sillón a descansar. A pesar de que toda esa historia se había solucionado rápido, se sentía completamente agotada. Aparte sabía que no todo siempre iba a ser así de sencillo, y eso estaba empezando a darle algo de miedo. ¿Qué pasaría si regresaban esos hombres de negro que habían ido en búsqueda de Walsh, el mono volador? Killian había dicho que no los conocía. Así que, ¿Qué significaba eso? ¿A qué mundo pertenecían? ¿Y por qué estaban persiguiéndola a ella y a los personajes de Cuentos?

- ¿Puedo unirme? – Preguntó Mary Margaret y se sentó a su lado cuando la otra asistió. - ¿Qué pasó con Killian? – Preguntó al notarla preocupada.

- Nos besamos. – Respondió Emma.

- ¿Y eso que significó? – Preguntó Mary Margaret con curiosidad.

- Nada, simplemente fue algo del momento, nos estábamos sintiendo bien y nos besamos. – Contestó Emma quitándole importancia.

- Yo creo que si significó algo, sino no te estarías haciendo tanto problema. – Dijo Mary Margaret intentando hacerla razonar.

- Yo no… - Comenzó a decir Emma con la voz repleta de vulnerabilidad, pero se quedo callada, pérdida en sus pensamientos y sentimientos entrecruzados.

- Entiendo que tu vida seguramente no ha sido fácil, y por eso construiste todos estos muros alrededor de tu corazón. – Expresó Mary Margaret lo que conocía y suponía de la otra. – Pero Emma, esos muros podrán evitar que salgas lastimada, pero también evitan que las personas te puedan amar. – Dijo a modo de reflexión y consejo.

Su madre tenía razón, ella había construido muchos muros alrededor de su corazón. Su vida había estado repleta de traición y abandono. ¿Cómo le explicaba a esa mujer que ella era un personaje de Cuento de Hadas? ¿Cómo le explicaba que ella era su madre? ¿Cómo le explicaba que no sabía como era amar y ser amada? Quizás era hora de arriesgarse, y empezar a dejar caer sus muros. Pero como en ese momento no tenía ninguna respuesta certera, se recostó en sillón y descansó la cabeza en las piernas de Mary Margaret para darle la posibilidad de que la contenga y la consuele.