YOSSU! DOS POR UNO! eso por el tiempo de espera... ya, igual por el tiempo que he tardado debería traer terminadas todas mis historias... e.e
Disclaimer: blablablablablabla Nintendo blablablabla
Pues nada, a leer!
Fue recuperar la consciencia y darme cuenta de que me dolía todo, pero en distintas proporciones. Por ejemplo, el torso me escocía cada vez que rozaba mi piel contra la superficie en la que me encontraba, recordándome que me había clavado dios sabe cuántos cristales. Las manos me ardían terriblemente, debía estar sintiendo las llamas del infierno al que había llegado...
O no.
Al abrir los ojos, me di cuenta de que no estaba en el infierno, sino en una extraña habitación de paredes y suelo metálico. Estaba en una cama, enganchado a demasiados aparatos para mi gusto, de estos que hay en los hospitales. Escuché un ruido a mi lado y giré la cabeza, cerciorándome por el pinchazo que me dio de que tal vez no debería haberlo hecho.
Efectivamente, no tendría que haberlo hecho.
Dos enormes ojos dorados me observaban desde detrás de una máscara plateada y una capa violeta oscuro. Del susto di un pequeño brinco y sentí en todo el cuerpo como si me estuvieran matando a latigazos. Solté un pequeño grito de dolor.
- ¡Ah!¡Se ha despertado!- era la voz de un hombre. Alguien con quien no había tenido el placer de encontrarme antes, parecía ser.- Luigi, avisa a Ike.
- S-sí.
¿Luigi? Ahora todo tenia sentido, debía de ser una especie de mafia italiana. ¿Pero qué tenían los italianos contra Smash Ville? No tenía sentido...
"Espera, ¿ha dicho Ike?"
- ¡No!- grité, pero el tal Luigi ya se había ido.
- Vaya, vaya, te has levantado con ánimos- comentó un hombre bigotudo, no muy alto, que llevaba bata de doctor.
- Todos los ánimos que pudiera tener me los acabáis de derrumbar- repuse, molesto.
Se rió. Definitivamente, allí debían ser muy felices.
- ¿Hay algo que no te duela?- me preguntó.
- No- respondí. Señalé a aquella bola con grandes ojos amarillos que me observaba desde al lado de la cama.- ¿Qué es?
- Un biorobot, un prototipo- murmuró, distraído.- Se llama Meta Knight, y acaba de dejarnos impresionados a todos. Ambos nos habeis dejado boquiabiertos.
- ¿Eh?
Antes de que la conversación continuara, se abrió la puerta de la habitación. La persona a la que menos ganas tenía de ver apareció ante mis ojos, con su maldita sonrisa.
- Vaya, Lowell, te has despertado.
- Premio a la obviedad- murmuré.
- Veo que tu experiencia en el Cubo no ha influído en tu irritable personalidad.
- Estupendo, parece que no estás ciego. Así podré arrancarte los ojos yo.
El doctor nos observaba en silencio mientras discutíamos en tono sarcástico. Sólo nos interrumpió cuando se acercó a mí para desengancharme de una de las máquinas. Tras unos instantes de silencio, Ike se giró hacia Meta Knight. El bicho aquel seguía mirándome.
- ¿Por qué me está mirando así?- pregunté, frunciendo el entrecejo.
- No lo sé- respondió Ike.- Sólo sé que él te salvó la vida allí dentro.
Abrí mucho los ojos.
- ¿Qué?¿Cuándo...?
- Caíste desde el gancho hacia el mar de pinchos- dijo Ike, girándose para mirarme.- Cuando llegué, él te sujetaba mientras volaba hacia mí.
Me quedé en silencio y observé los ojos de aquel extraño ser que por algún motivo me había salvado.
- Eh... gracias, supongo- murmuré.
El bicho asintió. El bobo de Ike se sorprendió y echó a reír.
- ¡Esto es la monda!- exclamó.- ¡Ahora hasta asiente, Mario!
- En efecto, es muy interesante- comentó el doctor, asintiendo con la mano en el mentón.- Se lo comentaré a Master Hand en el informe.
- Estás ganándote la fama, ¿eh?- me dijo Ike.- Directo al jefe.
Bufé.
- Me importa una mierda tu jefe, sólo quiero saber donde están Zelda y Roy- siseé.
Ike se me quedó mirando, sin duda sorprendido por mi repentina agresividad. Luego ladeó su sonrisa.
- Será mejor que hables con cierta cautela y respeto con el jefe- comentó.- No querrás volver a pasar una experiencia como la del Cubo, ¿verdad?
- Como te descuides acabarás en ese sitio horrendo, clavado en un pincho debajo de todos tus estúpidos compañeros- repuse, enfadado.
A Ike le tembló un poco la sonrisa. Parecía que intentaba mantener la compostura ante mis palabras. Sonreí para mis adentros. Estaba ganando.
- No creo que tú pudieras conmigo, princesita, ya lo hemos dejado claro en dos ocasiones. A no ser que te guste ser atrapado por mí, claro está. En ese caso puedo hacerlo tantas veces como quieras.
Eso no me gustó nada y perdí los estribos. La casualidad hizo que mi mano se topara con un bisturí entre las herramientas de medicina que había en una mesita al lado de mi camilla y, sin dudarlo, se lo lancé directamente a la frente. El doctor se sorprendió, el bicho ni se inmutó.
Pero no lo conseguí.
El grandullón había parado el bisturí justo antes de que éste le alcanzara. Sin embargo, sonreí al ver como unas gotas de sangre le bajaban por la cara y su cinta se partía en dos. El silencio reinó en la sala durante unos instantes.
- Mario, llévate a Meta Knight y déjanos solos- dijo de repente Ike, sin ningún tipo de sonrisa en su cara. El flequillo ahora le tapaba los ojos.
El doctor se puso nervioso e intentó calmarle.
- Ike, cálmate, piensa que le estamos acorralando, acaba de salir del Cubo y aún no se ha recuperado- le dijo.- No tienes que ponerte así-
- He dicho que nos dejes solos- cortó Ike.
Mario suspiró y no dijo nada más. Llamó a Meta Knight y los dos salieron. Estábamos solos. Yo me puse nervioso, pues no me apetecía pasar por una sesión de golpes cuando aún estaba medio enganchado a una máquina extraña.
- Voy a quitarte las ganas de hablarme de esa forma, Lowell- dijo Ike de repente, acercándose.
Yo me puse en alerta.
- Si quieres pelea la vas a tener- gruñí.
- Eso espero, si no no sería tan divertido- contestó él, dejando caer el bisturí al suelo.
- Vas a atravesar la puerta del puñetazo que te voy a meter- dije, levantándome.
Pero no conseguí levantarme. Sentí un fuerte golpe en la espalda, acolchado por la camilla, y me desorienté. Cuando quise darme cuenta, me encontré sujetado firmemente contra la camilla. No podía moverme. Ike me mantenía pegado a la camilla con una mano en mi hombro izquierdo y la otra cogiéndome las mías, además de que tenía aprisionadas mis piernas bajo su pierna derecha. La situación no me gustó ni un pelo.
- ¿Qué decías de atravesar una pared...?- preguntó, susurrándomelo al oído.
Me estremecí. Por alguna razón, me ardía la cara.
- S-suéltame...- gruñí.
- Mírate, hace un momento hablabas de pegarme puñetazos y ahora no puedes ni levantar el puño- susurró.- Me pregunto qué voy a hacer contigo, princesita...
Me revolví todo lo que pude, furioso.
- ¡Maldita sea, aléjate de mí, gorila!
Ike se rió.
- ¿Gorila?
- ¡Te arrancaré esa cabeza de idiota que tienes!- gritaba yo, demasiado enfadado para pensar siquiera en lo que le decía.
- Ajam- asintió, mirándome con cara divertida. El cabrón estaba disfrutando.- ¿Y qué más vas a hacer?
Saqué mi carta de triunfo.
- Pedir perdón a tu madre por lo de aquella noche- exclamé.
Al grandullón se le borró la sonrisa de la cara y pasó de agarrarme el hombro a cogerme del pelo, tirando hasta que estuve completamente apoyado en la almohada. Dejé escapar un pequeño jadeo de dolor. Sentí cómo se subía más a la camilla.
Me congelé. Su cara estaba muy cerca de la mía, seria.
- Sólo por eso no seré amable, Marth- susurró.
Lo que pasó después no lo entendí hasta unos instantes más tarde, cuando sentí sus labios sobre los míos y su lengua dentro de mi boca.
Si es que soy cabrona de nacimiento. OS QUIERO! Espero no tardar mucho en actualizar! 3
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