Capitulo 7: La Sombra
Emma fue a la comisaría a recoger la recompensa de los dos últimos casos que había resuelto. Luego de recibir el dinero estaba lista para irse, pero algo llamó su atención. Uno de los oficiales se presentó a sus ojos como un hombre lobo. Usando su lógica, reconoció a aquel hombre como Graham.
- Graham. – Lo llamó ella reconociéndolo.
- ¿Te conozco? – Preguntó él observándola con curiosidad.
- No. – Negó ella. – Pero tenemos una conocida en común. – Agregó a modo de explicación.
- ¿Quién? – Preguntó él con intriga.
- Ruby. – Contestó ella.
- Yo no conozco a ninguna Ruby. – Comentó él, después de tomarse unos largos segundos para pensar.
- Si la conoces, solo que no la recuerdas. – Explicó ella. – Pero eso ahora no importa, lo que importa es que necesito tu ayuda. – Dijo intentando buscar una excusa que suene razonable para que él deba pasar el tiempo con ella.
- Te escucho. – Indicó él, haciéndola saber que prosiga.
- Necesito resolver un caso de un criminal que está asesinando lobos ilegalmente para vender su piel. – Informó ella, pensando que quizás la idea de que su invento sea algo relacionado con lobos haga que él aceptara.
- ¿Y qué te hace pensar que yo te voy a ayudar con eso? – Cuestionó él, algo a la defensiva.
- Ruby me dijo que tenías un cariño especial por los lobos, pero si no quieres ayudarme… - Dijo ella mientras comenzaba a hacerse camino hacia la salida.
- De acuerdo, te ayudaré. – La interrumpió él haciéndola detener. – Pero para empezar, ¿Quién eres? – Pidió saber.
- Emma Swan. – Se presentó ella dándole la mano y dedicándole una sonrisa.
Y así fue como al día siguiente, ambos se encontraron yendo en auto hacia uno de los bosques más cercanos a la ciudad de Bostón, el Bosque llamado "Upton State". El viaje fue tranquilo, compartieron un par de anécdotas personales para conocerse un poco y escucharon música. Cuando llegaron al Bosque, comenzaron a explorarlo. Emma no tenía la menor idea de lo que estaban haciendo, ni qué hacer, ni cómo actuar. Pero se mostró segura y siguió adelante con su plan.
Después de aproximadamente dos horas de caminar sin sentido, se empezó a sentir algo decepcionada y perdida. Por eso dejo que Graham tomara el mando. Por suerte, él parecía tener mejor sentido de la ubicación y la conexión con los lobos, porque después de apenas unos minutos de qué el era quien los dirigía un lobo apareció ante ellos. Graham la sorprendió cuando se acercó al lobo y le acarició la cabeza, sin tener la mínima sensación de miedo.
- Eres Emma, la salvadora. – Dijo él reconociéndola.
- ¿Hay algo qué pueda hacer para que las personas dejen de llamarme con ese título? – Preguntó ella algo frustrada y él negó con la cabeza. – Puedes decirme simplemente Emma. – Ofreció con una media sonrisa.
- Supongo que al final esto no era un viaje de trabajo. – Comentó él comprendiendo la situación. - Gracias por haberme ayudado y haberme devuelto la memoria. – Agradeció.
- De nada. – Dijo ella tímidamente, siempre se sentía raro que le agradezcan. – Ahora que tienes tu memoria, debes volver con Ruby. – Sugirió.
- Si, con Ruby, tengo que decirle de una vez que la amo. – Asistió él sonriendo al pensar en la mujer que se había ganado su corazón.
- Ella también te ama y te está esperando. – Dijo ella sintiendo alegría.
- ¿Puedes llevarme a ella? – Pidió él lleno de ilusión.
- No, ella regresó al mundo de ustedes, a su cuento. – Contestó ella.
- Ohh, que bueno que ya esté en casa. – Dijo él sintiendo una mezcla de sentimientos.
- Ella tenía que ir con su abuela, y tenían que cuidar de toda la manada. Pero me pidió que te busque, me pidió que te hiciera volver a ella. – Explicó ella, sintiendo que él necesitaba saber todo eso.
- Si, entiendo. – Asistió él. - ¿Fue su idea qué me trajeras a ver lobos? – Preguntó con curiosidad.
- No, eso fue todo idea mía. – Contestó ella con sinceridad.
- Mmm, eres inteligente. – La halagó él.
- Bueno para algo soy la salvadora, ¿No? – Dijo ella humorísticamente.
- Si, definitivamente. – Dijo él soltando una pequeña risa.
- Bien, hora de que vuelvas a tu mundo. – Dijo ella volviéndose a centrar en lo que tenían que hacer. - ¿Ves el portal? – Preguntó.
- Si. – Respondió él una vez que lo identificó.
- No tan rápido, nadie va a cruzar ese portal. – Dijo una voz desconocida.
De repente cinco personas de negro los rodearon. Emma los reconoció como los hombres que había entrado a su departamento y se habían desecho de Walsh. ¿Qué hacían allí? ¿Qué es lo que querían? ¿Por qué los perseguían? Miles de preguntas pasaron por la cabeza de Emma, pero lo único que consiguió hasta ese entonces fue leer "La sombra" en el símbolo que todos tenían en sus trajes.
- ¿Quiénes son y qué quieren? – Preguntó Emma con su arma lista y preparada en sus manos.
- Son dos contra cinco, no tiene sentido que peleen. – Dijo una de las personas de negro.
- Yo no voy a… - Comenzó a protestar Emma.
- Ellos tienen razón, lo mejor es que bajemos nuestras armas así no nos lastiman. – La interrumpió Graham, posando una de sus manos en el hombro de ella para calmarla.
- Bien. – Aceptó ella sintiéndose insegura.
Pero no estaba bien, porque cuando bajaron sus armas las personas de negro dispararon a ella y a Graham. Sus armas eran extrañas y disparaban algo parecido a un dardo. El de Graham brilló y luego hizo que él desapareciera, quedando solo cenizas de polvo como prueba de lo que había sido su existencia. Graham había desaparecido igual que Walsh. Sintió un gran dolor ante esa idea, porque eso significaba que Ruby y Graham nunca iban a poder confesarse el amor que sentían. Emma se sacó el dardo, sintiendo como el pánico empezaba a invadirla. Ese iba a ser su fin, aunque su dardo no había brillado todavía. De repente sus ojos se cerraron, y la oscuridad la invadió…
Emma se despertó. Al recuperar la conciencia recordó todo lo sucedido, y sintió la necesidad de correr, de escapar. Pero cuando intentó moverse, no pudo hacerlo. Estaba acostada en una mesa de metal en un sótano. A medida que pasaban los segundos sintió como el miedo se iba apoderando de ella. Querer escaparse y no poder hacerlo la estaba desesperando. Aparte necesitaba explicaciones. ¿Quiénes eran? ¿Significaba algo ese símbolo con el escrito "La sombra" que había visto en sus trajes? ¿Por qué la tenían allí? ¿Qué iban a hacerle?
Al rato alguien prendió una luz y entró al sótano.
- Que bueno que estés despierta. – Comentó alguien haciéndose camino hacia ella.
- ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? – Cuestionó Emma.
- No creo que estés en el lugar de ser la que haga preguntas. – Dijo la mujer morocha burlonamente.
- ¿Qué le hicieron a Graham? – Preguntó Emma insistente.
- Ya no debes preocuparte por Graham, él ya no existe. – Dijo la otra con frialdad. – El problema es que tú si sigues existiendo. – Agregó seriamente.
La mujer le clavó un dardo muy parecido al que le habían clavado antes, la diferencia es que este dardo era de otro color y era más grande. La mujer se alejó de ella, y se dirigió nuevamente hacia la salida del sótano. Emma sintió un dolor empezar a invadirla, así que intentó moverse y liberarse con todas las fuerzas que tenía.
- Yo que tú no lo intentaría tanto, es un imposible que te escapes. – Le aconsejó la otra y cerró la puerta detrás de ella.
Emma volvió a quedar a oscuras en el sótano. Usó todas sus fuerzas para liberarse, pero le fue inútil. Lo peor de todo es que sus fuerzas se agotaban, y el cansancio empezaba a hundirla otra vez. Miró el dardo detenidamente, tenía miedo de que este brillara y la haga desaparecer. Pero no lo hizo, al menos no en el tiempo que fue consciente de ello.
Cuando volvió a abrir los ojos había dos personas con ella, una mujer y un hombre. Ambos trabajan en silencio a su alrededor. La mujer era la que había entrado antes y le había clavado el dardo. El hombre era un extraño, y más que un hombre era un joven adolescente. Aunque mirándolo detalladamente se dio cuenta que no era un extraño y logró reconocerlo porque lo había visto en el libro de Cuentos de Hadas, era un niño perdido.
- Félix. – Dijo ella reconociéndolo.
- Veo que me reconoces, aunque no tengo idea cómo podes hacerlo. – Dijo observándola con curiosidad.
- ¿Qué es "La sombra"? ¿Qué quieren conmigo? ¿Qué le hicieron a Graham? – Cuestionó ella alborotadamente.
- Bien, supongo que no hará daño darte algunos detalles. – Dijo él considerando las preguntas de la otra. - ¿Tamara quieres hacerme el honor de ser quien cuente nuestra historia? – Pidió a la mujer morocha que había entrado con él, y se había dedicado a conectar cables en Emma silenciosamente.
- "La Sombra" somos una agrupación que nos encargamos de recolectar magia. Como la magia no pertenece a este mundo, es peligro que este aquí. – Explicó Tamara.
- ¿Y qué hacen con la magia que recolectan? – Preguntó Emma. Pero ninguno le respondió, ambos se quedaron en silencio. – Pan la usa para mantener con vida a "Nunca jamás". – Dijo sacando sus propias conclusiones, por lo que había leído en los Cuentos de Hadas.
- Exacto, al parecer eres inteligente. – Dijo Félix con cierta ironía. – Por algún motivo los dardos que funcionan con todos, no funcionan contigo. Así que tendremos que intentar otros métodos. – Informó con una sonrisa malvada.
- Estás hecha de pura magia, es sorprendente. – Dijo Tamara observando información en una de las maquinas que había. – Pan va a disfrutar mucho cuando tenga tu magia. – Comentó soltando una risa.
A partir de ese momento, Emma fue expuesta a rayos de luces ultravioletas, sustancias químicas extrañas (quizás lo más apropiado era decirle pociones), y descargas eléctricas. Emma se sentía exhausta, y todo su cuerpo dolía. Hasta su mente dolía. Todo lo que había tenido que asimilar en ese último rato, era más de lo que podía tolerar. Lo peor de todo era que no tenía la menor idea de cuanto había sido ese rato. Podrían haber sido unas pocas horas, o unas tantas que lograban llegar a días. Intentó ser fuerte y resistió todo lo que pudo, hasta que la oscuridad volvió a invadirla.
De pronto sintió una mano acariciar sus mejillas, y luego unos brazos comenzar a sacudirla. De a poco una voz se hizo perceptible ante sus oídos, una voz que repetía una y otra vez su nombre sin cesar. Esa voz era conocida y eso le daba paz. Abrió los ojos y se encontró con Killian.
- Emma, al fin reaccionas. – Dijo él, dejando escapar un suspiro de alivio. - ¿Estás bien? – Preguntó mientras le terminaba de desatar los cables que la tenían atada.
- ¿Qué haces acá? – Preguntó ella, sorprendida de que él estuviera allí por ella.
- Vine a salvarte. – Respondió él como si fuera lo más simple del mundo, a la vez que la ayudaba a sentarse. – Cuando no regresaste de tu viaje con Graham, Mary Margaret se preocupó y me llamó para saber si yo tenía alguna información sobre ti. – Añadió al notar la mirada insistente de ella, pidiendo a grito explicaciones.
- Graham, lo mataron. – Susurró ella dejando escapar unas lágrimas de sus ojos.
- Lo sé, su historia desapareció del libro. – Informó él, con respeto y preocupación ante ese terrible suceso.
- No deberías estar aquí, ellos pueden deshacerte de ti como lo hicieron con Graham y con Walsh. – Dijo ella sintiendo pánico ante la idea de que él pueda dejar de existir.
- Jamás te dejaría luchar contra ésto sola. – Dijo él con convicción ofreciéndole su mano para que se pusiera de pie. – Aparte, no debes preocuparte por mí, yo soy un sobreviviente. – Justificó mirándola intensamente a los ojos.
Él estaba con ella. Él no quería que enfrentara las cosas sola. Él quería luchar junto con ella. Emma nunca había tenido eso, y que de repente alguien con quien sentía tan fuerte conexión quiera hacerlo hizo que quede maravillada. No entendía porque él estaba dispuesto a tanto por ella, a arriesgar su vida de esa manera. Pero se sentía bien. Y encima, si lo pensaba, estaba segura de que ella haría lo mismo por él. No sabiendo como hacer para contener todos esos sentimientos en su cuerpo, hizo lo único que sentía correcto en ese momento. Lo besó. El tiempo se detuvo en ese beso. Ella sintió que ese beso era más mágico que el primero, porque esa vez ella había dejado caer sus muros y estaba expresando todas sus emociones en el.
- Por más que disfrute de estar besándote, lo mejor va a ser irnos de aquí antes de que alguien tenga la oportunidad de detenernos. – Dijo él, descansando su frente contra la de ella y rozando sus narices suavemente.
- Tenes razón. – Asistió ella.
- Vamos. – Dijo él uniendo sus manos.
Ella dejó que él agarre su mano y empiece a guiarla hacia la salida. Pero ella seguía sin fuerzas. De un momento a otro, se sintió mareada y sus piernas temblaron. No era lo suficiente fuerte para estar moviéndose en esos momentos. Su vista se vio invadida de puntos negros y cayó, pero él estuvo ahí para sostenerla. Lo último que supo antes de perder la conciencia, fue que él se hacia paso hacia la salida con ella agarrada a salvo en sus brazos.
