Aquí estoy de nuevo, tras otro ataque de inspiración! Traigo el capítulo 7! Siete capítulos ya... y eso que parecía que se iba a quedar en cinco (con ese horrible parón de año y medio o así). En fin, espero que lo disfrutéis.
Muchas gracias a todas las que comentan mis fics, realmente me ayudáis mucho! Sin ese apoyo probablemente habría desistido de intentar acabar mis fics.
Le dedico este capítulo a Sam, por su cumple (ya sé que llego tarde, pero más vale tarde que nunca :D) y por nuestro reencuentro. Y a Isuam por ser siempre la primera en leer! XD
Y ahora, a leer!
Mi primer impulso fue intentar apartarme, agitándome violentamente todo lo que podía en aquella situación. Ike tenía bien sujetas mis manos, además de que agarrándome del pelo conseguía que no pudiera mover la cabeza para rechazar su boca.
Pero eso no fue lo que me congeló, no. Fue otra cosa, mucho peor. Tras unos instantes, yo estaba comenzando a corresponderle. Me estaba dando cuenta de que la situación no me desagradaba en absoluto. De que, incluso, empezaba a disfrutar.
Sin dejar de besarme, Ike cambió la posición de su pierna y la colocó entre las mías, presionando su rodilla contra mi...
Le mordí. Le mordí tan fuerte que creí que le arrancaba la lengua. Ike soltó un grito de dolor y se apartó violentamente de mí, tirándome de la camilla por el impulso. Él también cayó al suelo, derribando la mesita de las herramientas también.
- ¡La madre que te...!- rugió, con las manos en la boca, un poco manchadas de sangre que le brotaba del labio inferior.- ¡Argh!
Al oír el jaleo, el doctor Mario entró apresuradamente. Yo, desde el suelo, acabé de quitarme las agujas que me mantenían enganchado a aquella máquina infernal.
- ¡¿Se puede saber que demonios estabas haciendo, gorila de mierda?!- grité furioso.
Notaba mi cara ardiendo y sentía una picazón enorme en las mejillas y en cierta zona, un poco más abajo del obligo.
- Ike, enséñame la boca- dijo Mario, intentando quitarle las manos de delante.
El grandullón seguía farfullando cosas ininteligibles, probablemente insultos, quizá quejidos, pero seguro que nada bueno. Cuando el doctor consiguió verle la boca, suspiró.
- Menudo bocado te ha pegado- murmuró.
Ike me miró con rabia. Yo le correspondí.
- Para que vuelvas a acercarte, imbécil- le gruñí.
- Te voy a...- el gorila hizo ademán de levantarse y venir a por mí, pero Mario le sujetó y le dio un capón.- Joder.
- Cálmate, he dicho- dijo el doctor.- Coge uno de esos caramelos para la boca, ve a la cafetería a que te pongan un vaso con hielo y cómetelo despacio. Vé chupando.
- Eso debe dársele muy bien- comenté con el tono más irritante que pude.
- ¡Se acabó, yo te-
- ¡Basta!
Todo se quedó en silencio. Miré a la puerta y vi a un hombre que ocultaba su cara bajo una capucha blanca y cuyo detalle visual más llamativo eran los dos extraños guantes que llevaba. Me sorprendió el hecho de que tanto Mario como Ike agacharan la cabeza.
- Master Hand- dijo Mario.- Perdón por todo el jaleo.
Curioso nombre.
- No quiero saber lo que ha pasado aquí- comentó el encapuchado.- Ike, haz lo que el doctor te ha mandado y no des más problemas.
- ...Sí, señor- murmuró el grandullón, levantándose y saliendo de la habitación, no sin dirigirme una mirada de "ya verás cuando te pille", a la que yo respondí con otra de "chupa bien fuerte ese hielo, que sé que tienes ganas", aunque dudo que Ike hubiera entendido el significado. Tenía que perfeccionar mi comunicación visual.
Pero ya tendría tiempo para eso. Volví a posar mi mirada sobre el encapuchado. Parecía que por fin tenía al jefazo ante mis ojos.
- Marth Lowell, realmente me estás dando dolores de cabeza- ese fue el saludo de Master Hand.
- Un placer- respondí, aún en el suelo, rodeado de agujas.- No habría tenido ninguno si no hubiera secuestrado a mis amigos. Y encima, a mí con ellos.
El encapuchado se rió.
- Perdón si los negocios de mi empresa no son de tu agrado- dijo, con sorna.- Pero tendrás que acostumbrarte, porque vas a ser parte de ella a partir de ahora.
Aquello me hizo recordar lo que dijo la mujer rubia antes de empujarme a aquella horrible habitación oscura. Algo sobre un proceso de integración. Le miré, incrédulo.
- Como comprenderás, rechazo tu "oferta"- desafié.
- Como comprenderás, no puedes hacerlo- cortó Master Hand.- En cuanto tus heridas te permitan caminar con normalidad, comenzarás el proceso de integración.
- ¿Y qué pasa si me niego?
- Adivina quién lo pagará.
Mi arrogancia terminó ahí. Me quedé callado. Master Hand hizo un gesto al doctor, quien asintió y encendió la gran pantalla que había en la pared. En ella apareció lo que se veía desde la cámara de seguridad de la celda en la que estaban Roy y Zelda.
- Ahí están tus amigos- prosiguió el encapuchado.- Si no quieres que les pase nada, será mejor que empieces a obedecer.
- ¿Realmente le harías algo a Roy?- pregunté, con cautela.- ¿De qué sirve capturarlo para luego matarlo sin sacar beneficio de él?
El encapuchado guardó silencio unos momentos. Luego sonrió.
- Nadie ha dicho que fuera a hacerle nada a Feres- comentó.
Lo que iba a seguir a aquello no me gustaba ni un pelo.
- Pero no está solo, ¿verdad?- prosiguió.- Sé de gente que pagaría bastante por esa muchacha. Y no para hacerle mimos, precisamente.
Tenía que admitirlo. Había perdido. Realmente, había perdido nada más ser secuestrado aquella noche. Suspiré.
- ¿Qué tengo que hacer?- pregunté.
- Así me gusta- respondió el jefe.- De momento, recuperarte.
Tras aquella conversación, Master Hand se fue y yo estuve los dos días siguientes en aquella habitación, con el médico. El doctor Mario me comentó que Master Hand había prohibido las "visitas", sobretodo la de Ike. Aquello ayudó enormemente a mi recuperación. Realmente no sabía qué había pasado en aquella ocasión; tampoco sabía por qué había llegado a disfrutarla. Mi cabeza daba vueltas cuando pensaba en ello, así que sencillamente dejé de hacerlo. Prefería pensar en qué me iba a ocurrir de ahí en adelante.
Un día antes de que me fueran a dar el alta, recibí una visita inesperada. Era la mujer rubia a la que tantos problemas había dado el primer día. Se llamaba Samus.
Yo estaba en mitad de mi comida cuando la mujer entró sin llamar. Tanto Mario como yo nos giramos hacia ella.
- ¿Samus?- preguntó el doctor.- ¿Qué haces aquí? Master Hand prohibió las visitas.
- Tengo permiso- dijo.- Tenía ganas de hablar con el chico. Ha causado revuelo desde que llegó, ha sobrevivido tres días y tres noches en el cubo, y ahora se convertirá en uno de los nuestros. Tengo mucho interés.
- Oh, vaya, qué honor- murmuré.
La mujer me miró y sonrió.
- Hiciste una gran actuación en el cubo, te felicito- me dijo, acercándose.- Me quedé muy impresionada.
- Saco lo mejor de mí en las situaciones límite- respondí, encogiéndome de hombros y metiendo otra cucharada de sopa en mi boca.
Se rió un poco, pero no como lo haría una chica amable y simpática, sino más bien como una mercenaria ruda y veterana.
- Añade que soy todo un cómico, por lo visto- murmuré.
- ¿Sabes qué otra cosa me ha sorprendido?
- Sorpréndeme.
Ella sonrió con mi "juego de palabras". Al final iba a resultar ser amable...
- Que hayas sido capaz de sacar de sus casillas a Ike.
No, no era amable.
- ¿Podrías no mencionar a ese gorila inepto?- pedí.
Se volvió a reír.
- Es que me ha llamado mucho la atención- continuó.- No suele inmutarse por nada, pero cuando salió de esta habitación estaba hecho una furia y con cara de humillación. Aunque no sé los detalles.
- No fue para menos- comenté, triunfal.
Ella me miró.
- ¿En serio? Pobrecito, qué mal lo tratas- dijo, sin el mínimo ápice de compasión en su voz.- Y eso que cuando estabas a punto de morir en el cubo salió corriendo a por ti, a ver si conseguía salvarte.
Me quedé mirándola, sorprendido. ¿Por qué haría eso el gorila inepto? Inconscientemente me lleve la mano a los labios, con la mirada perdida.
- Heeeh...- murmuró Samus.
Me sobresalté y me metí tal bofetón que Mario tuvo que ponerme hielo después. Samus soltó una de sus carcajadas.
- ¡Sí que eres raro!- exclamó, entre risas.- Ya sé por qué Ike te tiene en estima.
Aquello realmente empezaba a mosquearme.
- ¿Has venido aquí a molestarme?- pregunté.
- Samus...- murmuró Mario.
- Calma, calma, como dije, sólo quería hablar- dijo ella.- Ya sólo me queda decir una cosa.
La miré, esperando a que hablara.
- Ya se te ha asignado un compañero-tutor. Será el encargado de tu "adiestramiento", de vigilarte y de enseñarte de qué va todo esto.
- Así que ahora me van a adiestrar como a los perros- murmuré.
Samus sonrió y salió sin decirme quién sería mi compañero. Mario tampoco lo sabía, así que sólo quedaba esperar. Aquello iba a ser sin duda lo más dificil de mi estancia allí: intentar fingir integrarme, buscando a la vez la forma de salir de ahí con Roy y Zelda.
En cuanto a mi compañero... sólo diré que hay alguien ahí arriba a quien le gusta hacerme sufrir.
Y ESA PERSONA SOY YO! MUAHAHAHAHAHAHAHAHAAHAHAHA
Nah, ahora en serio, Marthy, sé que lo disfrutas. Creo que me centraré en Fate antes que en Hacia el fin de las tinieblas, ya que la primera es más antigua. De la Isla, intentaré ir actualizando, pero ya sabéis que es la que más me cuesta XD. Es duro intentar retomar el ritmo después de haber pausado tanto tiempo. Pero lo intentaré!
Dios cómo me gusta cuando Marthy se pone arrogante. Pobre Ike. No os preocupéis, ya tendrá sus ocasiones de devolvérsela...kukukuku.
Y con esto y un bizcocho...
Reviews y Ciaossu!
