Capítulo 9: La Reina Malvada
Emma fue al departamento de Mary Margaret, o mejor dicho Blancanieves, o aún mejor su madre. Fue a su habitación y guardó todas sus pertenencias en un par de cajas. Lo mejor iba a ser irse, ya que todavía no estaba lista para convivir con sus padres. Sabía que lo que estaba haciendo era escapar y correr, y sabía que eso no estaba bien… Pero era lo único que sabía a hacer cuando no podía manejar sus sentimientos.
- Emma estás acá. – Dijo Blancanieves con una sonrisa, al encontrar a su hija en el departamento.
- ¿Qué son esas cajas? – Preguntó Encantador al ver que Emma llevaba un par de cajas con ella.
- ¿Te estás yendo? – Preguntó Blancanieves horrorizada al notar las intenciones de la otra.
- Lo siento, pero no puedo quedarme aquí. – Se disculpó Emma, haciéndose camino hacia la puerta de salida.
- Pero Emma somos tus padres y finalmente estamos juntos como siempre quisimos… - Comenzó a decir Blancanieves.
- Yo también siempre quise que estemos juntos. – La interrumpió Emma bruscamente. – Pero de todas las cosas que he imaginado en mi vida, que mis padres sean personajes de Cuento de Hadas es algo totalmente inesperado y shockeante. – Intentó explicar una de las tantas sensaciones contradictorias que estaba explotando dentro de ella.
- Emma sabemos que esta situación no es la ideal, pero nos merecemos la oportunidad de conocernos. – Rogó Encantador, agarrando la mano de su esposa para contenerse mutuamente.
- Lo sé, pero necesito tiempo y espacio. – Dijo Emma con la voz empapada de emociones. – Por favor déjenme ir. – Pidió miserablemente, casi en un susurro.
Sus padres se quedaron callados y quietos ante su pedido. Emma sabía que seguramente estaban dolidos por su pedido, pero a la vez lo estaban considerando porque no querían obligarla a hacer algo que ella no quiera. Sin darles oportunidad a responder, se fue del departamento. Guardó las cajas en el baúl de su auto y se fue a desayunar a "El Bosque Encantado".
Estaba tomando su chocolate caliente cuando algo llamó su atención, una mujer. No cualquier mujer, sino La Reina Malvada. Al parecer ese pequeño restaurante era sin dudas un lugar perfecto para encontrar personajes de cuentos. Viéndola recordó las historias que leyó sobre ella en el libro, su verdadero nombre, y los conflictos con sus padres. Emma no sabía si Regina estaba al tanto de su verdadera identidad, así que decidió no intervenir y continuó con su desayuno. Pero al parecer Regina tenía otras ideas, porque se ubicó en el banco frente a ella.
- ¿Sabes quién soy? – Preguntó Regina al sentarse frente a ella.
- ¿Debería? – Retrucó Emma.
- Si eres quien pienso que eres, deberías saber quien soy. – Dijo Regina misteriosamente.
- Eres Regina, la Reina Malvada. – Dijo Emma mirándola fijamente a los ojos.
- Así que tú eres la salvadora, lo sospeché desde que note que eras la exacta mezcla de tus padres. – Comentó Regina, como si eso fuera algo totalmente revelador.
- Preferiría que me digas Emma. – Aclaró Emma. – Ahora que estamos al tanto de quienes somos, ¿Qué te parece si buscamos tu final feliz? – Ofreció.
- ¿Vas a ayudarme? – Preguntó Regina sorprendida.
- Por supuesto. – Respondió Emma, sin siquiera dudarlo.
- Pero soy la enemiga de tus padres, he intentando matarlos más de una vez. – Discutió Regina.
- Eso no importa, cada persona tiene su versión de su historia. No todo es blanco o negro, todos tenemos luz y oscuridad. Y yo soy la salvadora, y voy a dar los finales felices sin importar si sean supuestamente héroes o villanos. – Aseguró Emma con convicción.
- Woow, eso fue pasional. – Dijo Regina considerando lo que la otra había dicho.
- ¿Emma? ¿Qué estás haciendo con Regina? – Cuestionó Encantador interrumpiendo la conversación.
- ¡Alejate de nuestra hija, no vamos a dejar que la lastimes! – Exclamó Blancanieves ubicándose frente a su hija.
- Los Charming, diría que un gusto verlos pero estaría mintiendo. – Comentó Regina irónicamente.
- Te quiero lejos de mi familia. – Exigió Encantador.
- ¿Se pueden calmar? – Pidió Emma interrumpiendo el enfrentamiento. – Yo simplemente la estoy ayudando a obtener su final feliz. – Explicó a sus padres.
- Pero, ella intentó matarnos tantas veces. – Dijo Blancanieves confundida.
- Lo sé. – Asistió Emma. – Pero yo soy la salvadora, y debo obtener los finales felices de todos si no queremos que ninguna historia deje de existir. – Justificó. – Vamos Regina. – Indicó a La Reina Malvada.
Emma salió de "El Bosque Encantado" seguida por Regina. Agradeció mentalmente que La Reina Malvada la haya seguido, y que sus padres hayan decidido no unirse a ellas. Si ellos eran rivales con tanta historia y no estaban dispuestos a dejar el rencor de lado, era preferible que ella se encargue del asunto sola.
- ¿Cuál piensas que es tu final feliz? – Preguntó Emma mientras caminaban por la calle, sin destino.
- No lo sé. – Respondió Regina.
- Vamos, hay algo que tiene que haber. – Insistió Emma. – He leído tu historia, sé que no eres tan terrible como piensas y crees. – Agregó recordando como la madre de Regina había asesinado a su amor.
- Mmm quizás haya algo, un hada me dijo que iba a ser feliz cuando encuentre a mi alma gemela y que iba a reconocerla porque tenía un tatuaje de un león. – Dijo Regina pensativamente.
- Bien, debes volver a tu mundo para encontrarlo entonces, porque en este mundo hay un millón de personas con tatuajes de león. – Dijo Emma considerando lo que la otra confesó.
- Quizás esto sea inútil, yo soy una villana... – Comenzó a decir Regina frustrada.
- No termines eso, déjame ayudarte. – La interrumpió Emma. - ¿Qué crees que necesitarías para ser feliz? – Preguntó.
- Me gustaría ser madre. – Admitió Regina. – Pero no puedo, hace tiempo tomé una poción que no me permite tener hijos para que mi madre no pueda casarme con cualquier hombre que quiera. – Explicó.
- Bien, en este mundo quizás si haya solución para eso. – Dijo Emma.
Emma llevó a Regina a una clínica y la dejó haciéndose muchos exámenes. Allí le dirían si podría tener hijos, o si necesitaba hacer algún tratamiento. Para aprovechar el tiempo de espera, fue al Jolly Roger y dejó sus cajas en camarote de Killian. Después de acomodar sus cosas, se sentó en la cubierta a observar el océano.
- ¿Linda vista? – Preguntó Killian uniéndose a ella.
- Pensé que observar el horizonte podría traer calma, pero quizás sea mejor el ron. – Comentó ella con cierto humor.
- Aquí tienes princesa. – Dijo él dándole su petaca. – ¿Estás segura que quieres quedarte aquí? – Preguntó él, luego de que compartieron un par de tragos.
- Si. – Asistió ella.
- Pero tus padres… - Comenzó a decir él.
- ¿Otra vez con eso? – Preguntó ella interrumpiéndolo. – Ya tuvimos esa conversación. – Se quejó.
- No, yo quise tenerla, pero tú escapaste. – Le recordó él. - Emma sé que es complicada la situación con tus padres, pero creo que todos se merecen una oportunidad. – Expresó con calma.
- No sé si estoy lista. – Confesó ella. - ¿Qué pasa si no soy lo que esperan, si los decepciono? – Cuestionó tristemente.
- Eres más que suficiente. – Aseguró él.
- Aún si lo soy, ellos me abandonaron. – Protestó ella sintiéndose dolida.
- Lo hicieron para salvarte. – Retrucó él.
- Lo hicieron para salvar a todos, porque ellos son héroes. – Discutió ella.
- Emma, ellos son buenas personas, te aman, y quieren conocerte. Para ellos fue difícil la separación. – Intentó él hacerla razonar. – Ahora tienen la posibilidad de conocerse, ¿Estás segura que quieres desaprovechar la oportunidad? – Pidió saber mientras le acariciaba suavemente la espalda.
- No sé si estoy lista para tenerlos cuando sé que voy a perderlos. Ellos van a tener que regresar a su cuento en algún momento. – Admitió ella lo que tanto la estaba asustando. Lo peor es que ese mismo temor lo estaba teniendo con Killian, pero no estaba lista para decírselo. Al parecer nunca estaba lista para nada.
- Sé que es difícil, pero el amor vale la pena Emma. Cada momento que puedas tener con ellos vale la pena, aún si luego van a separarse. – Dijo él lo que pensaba.
Mirando los ojos de él, sintió que podía entender perfectamente sus sentimientos. Él siempre leía perfectamente sus sentimientos. Emma esperaba que él haya entendido que el comentario también iba para él, y con su respuesta comprendió que así era. Para él el tiempo que puedan llegar a compartir valía la pena. Pero, ¿La tenía? ¿Valía la pena vivir tantos momentos juntos y descubrir sus sentimientos, cuándo sabían que iban a tener que separarse? ¿Valía la pena el sufrimiento que iban a pasar al separarse? Rozando sus narices y sintiendo como la mano de él acariciaba su mejilla, le gustaba creer que todo eso si valía la pena.
- Debo ir por Regina. – Dijo ella cuando su celular sonó anunciando un mensaje.
- ¿Quieres qué vaya contigo? – Propuso él.
- No, mejor quédate e intenta buscar información sobre Pan y su organización. – Contestó ella.
- De acuerdo. – Aceptó él.
Emma le dejó a Killian su notebook con su sesión de contacto con la base de datos de la policía y el FBI. Tal vez buscando allí podrían encontrar algo que les sirva sobre "La Sombra". Emma fue a la clínica y se encontró con Regina. La doctora Grey les informó que todos los exámenes de Regina habían salido bien y que estaba en perfectas condiciones para tener hijos.
- ¿Ves el portal? – Preguntó Emma.
- No. – Negó Regina.
- Solo tú puedes verlo. – Dijo Emma presionándola.
- No lo veo. – Volvió a negar Regina, algo irritada.
- Pero si ya sabes que puedes ser madre, ¿Por qué no puedes seguir adelante? – Dijo Emma pensando en voz alta. – Todavía no lo crees, ¿Cierto? – Pidió saber a la otra.
- ¿Qué cosa? – Preguntó Regina confundida.
- Todavía no crees que puedes tener un hijo porque no confías en la ciencia de este mundo. – Aclaró Emma, comprendiendo la situación.
- No es que no lo crea, es que mi mundo es distinto. – Dijo Regina concordando con la otra. – Esos exámenes podrán decirme que puedo tener un hijo, pero después allá es otra historia. – Intentó argumentar lo que estaba sintiendo.
- Está bien que no creas en la ciencia, pero quizás puedas creer en la magia. – Dijo Emma con una sonrisa, al ocurrírsele una idea.
- Pero este es el mundo sin magia. – Dijo Regina, aún más confundida que antes.
- Pero yo soy la salvadora, y eso hace que tenga magia, o por lo menos eso dijeron los amigos de Pan. – Explicó Emma.
Esperando que su idea funcione, llevó sus manos al estómago de Regina y deseó que la morocha nunca hubiera tomado esa poción, deseó que pueda tener hijos. Sus manos se iluminaron en una luz blanca, la cual salió expulsada de sus manos y penetró en el cuerpo de la otra iluminándola completamente por un instante.
- Eso fue… - Comenzó a decir Regina.
- Magia. – Terminó Emma por ella.
- Estoy curada, puedo sentirlo. – Dijo Regina con una sonrisa. – ¿Cómo sabías que eso iba a funcionar? – Cuestionó curiosa.
- No lo sabía, de hecho nunca antes había usado mi magia. – Respondió Emma honestamente.
- Eso es increíble, tu magia, nunca sentí nada tan poderoso y lleno de paz. – Expresó Regina intentando buscar las palabras correctas para hacerlo. - ¿Es ese el portal? – Preguntó señalando una luz blanca que veía a una pequeña distancia.
- No lo sé, como te dije solo tu puedes verlo. – Le recordó Emma.
- Gracias por todo. – Agradeció Regina con sinceridad.
- No necesitas hacerlo, solo sé feliz y encuentra al hombre del tatuaje de león. – Dijo Emma.
- En verdad eres la salvadora, nunca lo olvides. – Aconsejó Regina.
- Lo intentaré. – Prometió Emma.
Regina desapareció en una luz blanca por arte de magia, al igual que todos los otros personajes que había ayudado a volver a sus cuentos. Emma sonrió. Había algo nostálgico en eso, pero a la vez hermoso. Se sentía en paz al devolver a las personas a donde pertenecían. Pero a la vez las separaciones siempre le habían generado tristeza. Había vivido tantas separaciones en su vida gracias al sistema de adopciones, y aún así no tenía la más mínima idea de cómo hacer para asimilarlas y sobrevivirlas. ¿Qué pasaría cuándo sea el turno de sus padres? ¿Qué pasaría cuando sea el turno de Killian?
