Capítulo 14: La Bruja del Mar
Emma y Killian iban caminando juntos de la mano. A ella le encantaba caminar aferrada a la mano de él. Ese simple gesto era algo muy importante para ella, era un gesto de unión y confianza. Sonrió al pensar que en otro momento de su vida jamás habría dejado que un hombre la tome de la mano, ni tenga gestos tan íntimos como Killian tenía con ella. Pero el capitán pirata lo había cambiado todo desde que apareció en su vida. Estaban por entrar al restaurante "El Bosque Encantado", cuando alguien salió apresuradamente de allí, casi chochándose con ellos.
- Capitán. – Dijo la mujer reconociendo a Killian.
- Úrsula. – Devolvió Killian la especie de saludo.
- Diría que es un placer, pero ambos sabemos que eso no es cierto. – Comentó observándolo con desprecio.
- Yo… - Comenzó Killian a intentar de formular alguna clase de respuesta.
- Ahórrate la molestia, no quiero verte, ni escucharte. – Lo interrumpió Úrsula.
La mujer de tez oscura, cabello negro y largo, continuó su camino. Se fue a un paso veloz, como queriendo escaparte cuanto antes de allí. Emma notó que la situación había sido incómoda para ambos, y al sentir lo tenso que estaba Killian le acarició la mano que tenían unidas en búsqueda de reconfortarlo. Miró a la mujer alejarse de ellos, y por un momento la vio con muchas patas, o mejor dicho tentáculos.
- ¿Cómo es que se conocen? – Preguntó ella, una vez que Úrsula había desaparecido de la vista de ellos.
- Ella es simplemente uno de los tantos monstruos de mar a la que tuve que enfrentarme en mis largos años de pirata. – Respondió él, su voz temblorosa por los nervios que tenía.
- Hay más, ¿No? – Dijo ella percibiendo que había una historia entre ellos. - ¿Qué es? – Insistió.
- Nada. – Contestó él rápidamente, sin siquiera tomarse unos segundos para pensarlo.
- Me estás mintiendo. – Dijo ella dando cuenta de su mentira.
- Emma, yo no tengo nada para decir. – Dijo él sin dar el brazo a torcer.
- Bien, pero ella pertenece a su mundo y es mi misión devolverla allí, así que mejor me voy a encargar de eso. – Decidió ella, algo enojada ante el hecho de que él no quiera aclararle la situación.
Úrsula pertenecía a los Cuentos de Hadas y ella era la salvadora, y su misión era devolver a los personajes a sus cuentos. Así que dejo a Killian allí, ya que en ese momento estaba enojada y no podía tolerar estar con él, y se fue por la dirección en que Úrsula se había ido. No importaba cuál era el pasado que esa mujer o bruja de mar tenía con Killian, lo que importaba era que ella tenía que devolverla al lugar de donde había venido para que pudiera seguir existiendo.
- ¿Por qué me estás siguiendo? – Preguntó Úrsula agarrándola desprevenida y empujándola contra la pared.
- Porque sé quien eres. – Respondió Emma sin intenciones de liberarse del agarre de la situación.
- Claro que lo sabes, si eres la nueva noviecita de Garfio. – Comentó Úrsula molesta, haciendo un sonido de burla.
- Lo sé porque soy la salvadora. – Aclaró Emma. – Déjame ayudarte a volver a tu mundo. – Pidió con sinceridad.
- ¿Cómo piensas ayudarme? ¿Cómo piensas hacerme regresar? – Cuestionó Úrsula soltándola, pero manteniendo su mirada juzgadora y sospechosa.
- Ya tienes tu memoria y sabes quien eres, así que solo falta conseguir tu final feliz. – Respondió Emma, explicando como funcionaba el proceso por las experiencias que había tenido hasta ese momento.
- Entonces no hay manera que regrese, porque mi final feliz es un imposible. – Dijo Úrsula con bronca.
La bruja la empujó haciéndola caer al piso, y luego se fue corriendo para no darle tiempo a reaccionar. Cuando Emma se levantó, ya no había rastro de la otra. Y de repente, no supo como avanzar con la situación. No sabía porque la bruja no había querido su ayuda. No sabía porque creía que su final feliz era imposible, ni tampoco sabía siquiera cuál era. No sabía que relación había entre Úrsula y Killian, y tampoco sabía porque ninguno de los dos le había dicho sobre ello. Lo único que sabía es que esa mujer no le había dado la sensación de ser una bruja.
El único lugar donde podía llegar a encontrar una pista era el libro de Cuentos de Hadas. Así que Emma regresó al Jolly Roger, fue al camarote, y agarró el libro. Pasó las páginas con rapidez y algo de torpeza, hasta encontrar la historia de Úrsula. Miró las hojas por unos cuantos minutos, pero sin importar cuanto las miró, no pudo leerlas. Leerlas se sentía como una traición a Killian. No estaba segura del todo, pero si había una relación entre ellos, seguro iba a aparecer en la historia. Y Emma quería enterarse por él, no por leerlo en una historia. Mandó un mensaje a Killian pidiendo de encontrarse y fue a la cubierta a mirar el océano mientras lo esperaba. Había algo mágico en mirar el océano, había algo en el movimiento de las olas y el olor a sal que siempre le traía calma. Y así, Emma, se perdió en sus pensamientos donde imaginaba millones de posibilidades en las que Úrsula y Killian podían estar relacionados. También pensó en como él siempre respetaba los tiempos de ella y la dejaba avanzar cuando ella estaba lista para hacerlo; y por eso llegó a la conclusión que él se merecía lo mismo. Ella iba a confiar en él, e iba a darle el espacio y tiempo que necesitara para hablar de ello.
- Aquí estoy. – Dijo él, asustándola ya que ella estaba demasiado perdida en sus pensamientos. Se sentó a su lado a mirar el océano. - ¿Para qué me hiciste venir? – Preguntó después de unos largos minutos de silencio.
- En el libro está la historia de Úrsula. – Respondió ella, mostrando el libro de Cuentos de Hadas, que estaba sobre sus piernas.
- Entonces ya sabes nuestra historia. – Dijo él en un tono amargo.
- No. – Negó ella. – No pude leerla, no sin tu consentimiento. Solo pido que no me mientas. – Explicó con calma.
- Tenemos una historia y nada linda. – Comentó él, a penas atreviéndose a admitir aquella mínima parte de todo lo que había entre ellos.
- ¿Le rompiste el corazón? – Preguntó ella, animándose a indagar un poco sobre la situación.
- Peor. – Respondió él, su voz saliendo un poco temblorosa.
- No necesitas contarme la historia, yo te voy a dar el tiempo y espacio que necesites para hacerlo. – Expresó ella sus intenciones, al notar que él todavía seguía tenso.
- ¿Por qué? – Preguntó él, dando un suspiro de alivio, pero confundido de que ella no exija saber todo.
- Porque pase lo que pase, siempre voy a elegir ver lo mejor en ti. – Dijo ella con confianza, mirándolo intensamente a los ojos.
- Y yo en ti. – Dijo él conmovido, uniendo su frente contra la de ella.
Emma dejo que él vea toda la sinceridad con la que ella estaba hablando reflejada en sus ojos, le acarició las mejillas suavemente, y le dio un pequeño beso en los labios para contenerlo y asegurarle que eso era real. Después lo refugió en sus brazos, y le hizo caricias en la espalda mientras miraban el sol esconderse por el horizonte. Disfrutaron de compartir aquel momento tranquilo juntos, hasta que el celular de ella los interrumpió.
- Lo siento, es el rastreador que le puse a Úrsula. – Se disculpó ella, incorporándose y levantándose del piso de madera de la cubierta del barco.
- ¿Aceptó tu ayuda? – Pidió saber él.
- No, de hecho no, pero tendré que seguir insistiendo hasta que lo haga. – Respondió ella con sinceridad.
- Iré contigo. – Decidió él, levantándose del piso para unirse a ella.
- No es necesario que lo hagas. – Aseguró ella, recordándole todo lo que acababan de hablar de que estaba bien que él se tome tiempo y espacio para enfrentar aquella historia.
- Lo sé. – Asistió él. – Pero yo sé como conseguir su final feliz, porque fui yo quien se lo robó. – Confesó avergonzado.
- Killian… - Comenzó a decir ella, dándole la posibilidad de que lo deje detenerlo por si se arrepentía de lo que estaba diciendo.
- Ella era una sirena y lo que más amaba era cantar. Su padre Poseidón, el Dios del Mar, quería que ella usará su voz para hacer que los barcos se hundan, pero ella se negaba a hacerlo. – Relató él como si estaría contando un cuento de niños.
- Eso fue valiente de ella. – Dijo ella, apreciando las decisiones de vida de la otra.
- Si, ella era una heroína, en vez de hundir barcos los salvaba. Un día me salvó a mí, a mi barco, y a mi tripulación; y nos hicimos amigos – Dijo él con una sonrisa triste.
- Pero la historia no terminó bien. – Intervino ella, siguiendo el hilo de la historia.
- Poseidón se enteró de nuestra amistad, y como sabía que yo estaba buscando una manera de acabar con Rumpelstiltskin me ofreció que me iba a dar tinta de calamar a cambio de que yo le quitará la voz a Úrsula. – Explicó cerrando los ojos por un instante ante el disgustante recuerdo.
- ¿Tinta de calamar? – Preguntó Emma confundida.
- No cualquier tinta, sino la de él. Es mágica y puede paralizar a cualquier tipo de magia. – Contestó él.
- Pero no la usaste, sino Rumpelstiltskin estaría paralizado y no habrían venido todos a este mundo por su maldición. – Dijo ella, intentando terminar de comprender todo lo que había ocurrido.
- La usé, pero no funcionó, él ya había encontrado la pócima que contrarrestaba el efecto de la tinta. – Aclaró él.
- Así que perdiste tu amistad por nada. – Concluyó ella, sintiendo empatía.
- Exacto. – Asistió él. – Pero quizás ahora pueda recuperarla. – Dijo con algo de esperanza.
Killian fue hacia su camarote y Emma lo siguió. Él se puso a revolver sus cosas con gran urgencia, hasta que finalmente encontró lo que estaba buscando. Festejó cuando lo hizo, y la enfrentó con una sonrisa. El objeto era una concha de mar. Killian le explicó que la voz de Úrsula estaba atrapada allí dentro.
Al otro día, después de dar una cuantas vueltas por la ciudad, hallaron una vez más a Úrsula. Esa vez la encontraron en el acuario. Después de una larga discusión, lograron convencerla de que fuera con ellos al Jolly Roger. Killian se disculpó por todo lo que había ocurrido entre ellos, y Úrsula aunque no podía aceptar todavía las disculpas (al menos no de manera sincera), tampoco le reprochó nada.
- Bien, ya te disculpaste, ahora quiero mi voz. – Dijo Úrsula seriamente.
- Aquí está. – Dijo Killian entregándole la concha.
- ¿Están seguros que esto va a funcionar? – Preguntó Úrsula.
- Tu voz siempre te hizo feliz, no creo que haya nada más que te merezcas que tenerla devuelta. – Respondió Killian honestamente.
- Aparte con intentarlo no pierdes nada, de última si tu voz no es lo que necesitas para volver a tu cuento seguiremos buscando hasta encontrar lo que lo haga. – Aseguró Emma, intentado calmarla y animarla a actuar.
Úrsula tomó un suspiro para agarrar coraje, y abrió la concha. Todos estaban exaltantes, esperando que algo mágico ocurra, pero nada lo hizo. En ese momento la concha era como cualquier objeto común, pero Emma podía sentir algo mágico. Para romper la tensión del momento, Emma se ofreció a examinar la concha.
- Tu voz solo puede ser liberada por quien hizo el hechizo. – Explicó Emma una vez que comprendió como funcionaba el objeto. No tenía idea como lo había hecho, pero eso era lo que su instinto mágico le decía.
- Poseidón. – Dijeron Killian y Úrsula a la vez.
- ¡Esto es estúpido, jamás tendría que haber confiado nuevamente en ti! ¡Jamás voy a tener mi final feliz y siempre te voy a culpar de ello! – Exclamó Úrsula enojada, reprochándole a Killian todo lo que había pasado.
La bruja se hizo camino hacia la cubierta del barco, queriendo volver a escaparse. Pero Emma no quería que se fuera, quería ayudarla. Así que la siguió, y Killian también. Cuando Úrsula estaba por salir del barco, este se tambaleó hacia un costado, evitando que la bruja vuelva a tierra.
- ¿Qué esta pasando? ¿Me estás reteniendo con tu magia aprovechando que solo en este mundo funciona la tuya? – Cuestionó Úrsula enfrentando a Emma con bronca.
- Yo no estoy haciendo nada, esta no es mi magia. – Respondió Emma.
- La magia de la salvadora no es la única que funciona en este mundo, la magia de los dioses lo hace en todos. – Dijo Poseidón, apareciendo mágicamente con un reflejo de luz azul.
- Papá. – Dijo Úrsula, sorprendida al reencontrarse con su padre.
- Hija lamento que hayas estado sufriendo todo este tiempo por mi culpa, mis intenciones nunca fueron hacerte mal. – Se disculpó Poseidón.
- Yo solo quería usar mi voz para alegrar a las personas con mi canto. – Dijo Úrsula emotivamente.
- Lo sé. – Asistió Poseidón. – Tu madre era igual. Es hora de que deje de castigarte solo por el hecho de que me recuerdas a ella. – Explicó tomando la concha en sus manos.
Cuando el Dios del Mar abrió la concha, esta vez si sucedió algo mágico. Una luz dorada salió de la concha y el canto de una sirena se pudo escuchar en el aire. Úrsula abrió la boca y su voz volvió a ella mientras tarareaba alegremente una de sus canciones favoritas. Padre e hija hicieron las paces y se perdonaron, y así Úrsula pudo regresar a su cuento. Úrsula se despidió de ellos y les agradeció por su ayuda, luego desapareció a través del portal que la llevaba devuelta a su mundo.
- ¿Qué pasa? ¿No estás contento de que Úrsula haya regresado a su cuento? – Cuestionó Emma, al sentir que Killian seguía en un estado de perturbación.
- Es solo que todo esto me ha hecho recordar y pensar muchas cosas. – Dijo él, rascándose detrás de una de sus orejas para calmar sus nervios. – Yo soy un villano. – Admitió.
- Eras un villano. – Lo corrigió ella.
- Hice cosas tan terribles en nombre de mi venganza. – Continuó él, reprochándose a si mismo.
- Pero ya no eres ese hombre. – Insistió ella, dando un paso hacia él para invadir su espacio personal.
- Tengo miedo de perder mi final feliz por haber sido un villano. – Confesó él su mayor temor.
- Si tenes miedo de perder tu final feliz, significa que lo encontraste. – Dijo ella asimilando lo que él acababa de confesar. - ¿Qué es? – Preguntó, sintiendo temor de que finalmente él este listo para regresar a su cuento.
- Tú. – Respondió él, su voz llena de emoción y sus ojos fijos en los de ella.
Ella era su final feliz. Emma jamás había pensado que iba a ser la felicidad de alguien, pero ahí estaba él frente a ella demostrándole que eso era real y posible. Sus ojos azules estaban llenos del más puro y sincero amor, haciendo que ella sienta mariposas en su estómago y temblor en sus piernas. Una lágrima de emoción cayó suavemente por su mejilla, y él se encargó de secarla dedicadamente con su dedo pulgar. Y ahí, en esa simple respuesta, Emma se dio cuenta que él la amaba. Y es más, hasta se dio cuenta que ella lo amaba a él. Pero todavía no podía expresarlo con palabras, así que cerró el pequeño espacio que los separaba y unió sus labios en un beso repleto de profundos e intensos sentimientos.
Beso a beso, la situación se fue volviendo cada vez más pasional. Se dejaron llevar por el amor que sentían, y decidieron que estaban listos para dar el siguiente paso en su relación. Todo fue simple y natural, sin necesidad de expresarlo con palabras. Ellos se entendían con sus gestos y sus miradas. Estaban listos para eso y querían hacerlo juntos. Emma no sabía cómo habían hecho para esperar tanto tiempo, ni para saber cómo ese era el momento indicado en el que ambos estaban listos, pero lo hicieron. Emma nunca había visto las relaciones sexuales como algo más que eso, pero con Killian todo era distinto y tenía otro sentido. Emma quería generar una conexión con él, otra conexión más de las tantas que ya tenían. Quería hacerle el amor y quería que él le haga el amor, mejor dicho quería que se hagan el amor mutuamente. Emma lo desvistió, tomando el mando de la situación, y besó cada centímetro de piel que estuvo a su alcance. Examinó cada pequeña cicatriz de su cuerpo, y se tomó un momento para acariciar cada una de ellas. Una vez que estuvo satisfecha con su exploración, dejó que él haga lo mismo con ella, confiando en su relación y dejándose fundir en el placer. Se unieron, y Emma pudo jurar en ese momento que nunca había sentido nada tan maravilloso como tenerlo a él dentro de ella. Se hundieron en un pequeño baile desesperado, pero a la vez en perfecto ritmo, hasta que ambos alcanzaron explotar de placer y amor. Después de probar unas cuantas posiciones, y sentirse satisfechos de tantas caricias y besos compartidos, se abrazaron y dejaron que el cansancio los lleve al mundo de los sueños.
Antes de quedarse dormida no pudo evitar sonreír plenamente y aferrarse a él con más fuerzas. Estaba feliz de que haya sido él quien logró abrir el corazón de ella, derrumbó sus paredes, y le enseñó lo que era el amor. Y el amor como habían dicho sus padres, siempre valía la pena. Ahora solo tenían que encontrar una forma de mantenerse juntos, ya fuera ella yendo al mundo de los Cuentos de Hadas o él quedándose en el mundo sin magia.
