Capítulo 15: La bella durmiente
Emma estaba allí, durmiendo en los brazos de Killian, y podía jurar que no había lugar más perfecto. Hace varios días que pasaban las noches redescubriéndose una y otra vez; y Emma no podía creer que todavía no se hayan cansado, ni aburrido. Le resultaba sorprendente, aunque quizás no tanto, quizás eso era lo que significa enamorarse. Encontrar alguien que ames y te guste siempre, aún cuando lo odies por momentos. La verdad era que cada vez que estaba con él le costaba más contener sus sentimientos. Ella estaba enamorada de él, y podía sentir que él correspondía sus sentimientos porque lo demostraba con cada cosa que hacía. Ella estaba enamorada de él, y ya que por ahora no podía decirlo con palabras, por lo menos lo decía con sus besos y caricias.
Las horas de sueño se vieron interrumpidas por la mañana temprano, el celular de ella sonando insistentemente una y otra vez. Emma bostezó, se refregó los ojos para quitarse algo del sueño acumulado, y giró en la cama en busca de su celular. Lo más difícil fue tener que salir de los brazos de Killian, para así poder llegar a la mesa de luz donde estaba abandonado aquel aparato tecnológico que le permitía comunicarse con otros.
- No atiendas. – Dijo él, abrazándola por detrás para volver a estar en contacto con ella.
- Es mi papá. – Informó ella mirando la pantalla de su celular. – Tengo que atender, hace como una semana que ni los veo. – Explicó.
- ¿Tanto tiempo? – Preguntó él, dejando un beso en uno de los hombros de ella.
- Al parecer alguien me tiene ocupada. – Comentó ella, generando que él ría.
Llamada
- Hola. – Saludó Emma al atender el celular.
- Hola Emma. – Saludó Encantador. – Perdón por despertarte. – Se disculpó con sinceridad.
- No te preocupes. – Dijo ella, sin darle importancia al asunto. - ¿Necesitas algo? – Pidió saber el motivo de la llamada.
- ¿Aparte de verte? – Bromeó él a modo de reproche. – Tu madre y yo nos encontramos a un amigo de nuestro mundo y necesitamos ayuda para hacerlo volver allí. – Explicó.
- Bien, vamos para allá. – Propuso ella.
- ¿Vamos? – Preguntó él haciéndose el sorprendido, como si no supiera que ella estaba con el famoso Capitán Garfio en ese instante.
- Si. – Asistió ella. – Llevamos el desayuno. – Agregó.
- Bien, los esperamos. – Aceptó él.
Fin de la llamada
- ¿El deber llama? – Preguntó Killian, una vez que ella cortó la llamada.
- Si, al parecer una semana de descanso es mucho para la salvadora. – Contestó ella, con cierto tono de queja.
Se ducharon, se cambiaron, y fueron a comprar el desayuno. Luego fueron para el departamento de sus padres. Encantador y Blancanieves le presentaron al Rey Phillip, un amigo de un Reino vecino al de ellos. Relataron un par de anécdotas de los momentos que habían vivido juntos, y de cómo había vuelto la memoria de Phillip al encontrarse con sus amigos. Después se pusieron a hablar de la maldición.
- Necesito encontrar a mi hijo y a mi esposa. – Dijo Phillip, luciendo muy perturbado.
- No te preocupes que los vamos a encontrar. – Prometió Encantador.
- En esta familia somos expertos en eso. – Aseguró Blancanieves con esperanza.
- Lo más difícil es que mi hijo es muy pequeño, a penas tiene un año, no quiero que nada malo le pase. Espero que este a salvo. – Expresó Phillip sus preocupaciones.
La mente de Emma hizo un retroceso en ese instante. Se imaginó a sus padres decidiendo enviarla a ella a este mundo para salvar a todos de la maldición de Rumpelstiltskin. Y dolía, dolía mucho pensar eso. ¿Cuánto tiempo les habría llevado decidirlo? ¿Cómo hicieron para confiar en que un bebé iba a ser la salvación de todos? ¿Sintieron miedo de la separación, de qué algo malo pueda sucederle, de qué quizás nunca volvieran a verse? Emma había decidido perdonarlos, en verdad había querido hacerlo y quería hacerlo. Estaba convencida de que ellos lo habían hecho con las mejores intenciones, pero ella no podía entenderlos. Cuando las imágenes de las distintas familias adoptivas por las que pasó empezaron a aparecer en su mente, se dio cuenta que era momento de dejar de pensar en eso porque no era la situación acorde para hacerlo.
- Iré al registro de menores haber si puedo averiguar algo. – Dijo Emma de repente, levantándose de su lugar decidida a irse de allí cuanto antes.
- ¿Te acompaño? – Preguntó Killian. Hace rato que se había dado cuenta que había algo que la estaba molestando, por eso prefirió dejarlo a su elección, por si ella prefería o necesitaba estar a solas por un momento.
- No es necesario, los mantendré informados. – Respondió ella, señalando su celular a modo de justificación.
Y así abandonó el departamento antes que alguien más pueda decir algo. Necesitaba irse de allí lo antes posible. Bajó las escaleras apresuradamente, y una vez que estuvo en la calle se sentó para intentar recuperar sus fuerzas, y estabilizar su respiración y sus emociones.
- Emma, ¿Estás bien? – Preguntó Blancanieves, sobresaltando a la otra porque no esperaba que la hayan seguido.
- No, no estoy bien. – Negó Emma, su instinto le decía que lo mejor era ser sincera en ese momento.
- ¿Qué pasa? – Preguntó Encantador preocupado.
- Sé que me enviaron a este mundo para salvar a todos, pero no puedo entender cómo creyeron que eso era una buena idea. – Dijo Emma, levantándose del suelo para poder enfrentar bien a sus padres. - ¿No tuvieron miedo de qué algo malo me pase? ¿No sentían dolor o tristeza al saber que íbamos a pasar tantos años separados? – Cuestionó, su voz débil y temblorosa.
- Claro que tuvimos miedo, no hubo momento en que no lo tuviéramos. – Respondió Encantador. – Pero nosotros no sabíamos que íbamos a pasar tantos años separados, se suponía que la maldición iba a desatarse el mismo día que te enviamos a este mundo. – Explicó lentamente, como si estaría recordando cada momento.
- Pero la maldición no funcionó, pasamos muchísimos años separados. Y yo acá, creciendo sola. – Reprochó ella. – Y aún si la maldición habría funcionado a tiempo, ¿Cómo esperaban que un bebe los salvará? – Pidió saber, sin poder comprender la fe y las responsabilidades que habían puesto en ella al principio de su vida.
- Todos decían que eras la única opción, las profecías de las Hadas e incluso Regina, todos sabían que eras producto del verdadero amor y eso hacía que tengas magia tan pura y poderosa que incluso funciona en el mundo sin magia. – Relató algunas de las razones que los había llevado a decidir enviar a Emma por el armario mágico.
- Si te habrías quedado con nosotros, todos habríamos estado maldecidos y habríamos vivido aquí separados e infelices. – Justificó Encantador.
- Pero no lo sabes, quizás habríamos estado juntos, podríamos haber buscado otra manera de solucionar esto juntos como estamos haciendo ahora. – Discutió Emma, sin poder soltar su enojo.
- Nosotros solo hicimos lo que creímos mejor, jamás quisimos lastimarte. – Argumentó Blancanieves, un poco a modo defensivo y otro poco a modo de promesa para que su hija le crea.
- No hubo día que no pensáramos en vos, no hubo día en que no intentáramos buscar la forma en venir a buscarte. Jamás nos dimos por vencidos. – Sumó Encantador a lo expuesto por su esposa.
- Yo no estoy enojada, ni quiero reprocharles nada, pero necesito un momento. No puedo lidiar con esto, todavía me cuesta. – Dijo Emma honestamente.
Le dolía lastimar a sus padres con la distancia que estaba poniendo entre ellos, pero la necesitaba. Todavía había heridas del sistema de adopciones que no podía curar. Emma fue al registro de menores, y gracias a su pasado en el, y su matrícula de agente de fianzas enseguida obtuvo la información que buscaba. Emma recuperó a Phillip Junior de un hogar para niños huérfanos y luego lo regresó a su padre.
- Muchas gracias, no tenes idea lo que significa esto. – Agradeció Phillip, agarrando a su hijo en sus brazos.
- No tenes que agradecer, al parecer encontrar a las personas viene implícito no solo en ser la salvadora, sino en ser partícipe de mi familia. – Comentó ella, y notó como a sus padres se les dibujaron sonrisas orgullosas en sus caras.
- Bien, ahora ya podemos regresar. – Dijo Phillip.
- ¿Regresar? ¿Pero cómo? ¿Ves el portal? – Cuestionó Emma confundida.
- Si, así que hora de que vaya a casa. – Respondió Phillip.
- Pero, ¿Qué hay de Aurora? ¿Cómo vamos a hacer para que recupere la memoria si vos y su hijo no están en este mundo? – Continuó Emma, poniendo en voz alta sus preocupaciones.
- Nosotros hicimos un acuerdo, el primero que encontraba a nuestro hijo debía regresar a nuestro mundo para ponerlo a salvo y para hacerse cargo del Reino. – Informó Phillip.
- No seas egoísta. – Dijo Emma juzgando su elección.
- No soy egoísta, soy el Rey y tengo responsabilidades. – Explicó Phillip, justificándose.
- Tu esposa también es tu responsabilidad. – Discutió Emma.
La conversación se fue volviendo cada vez más tensa e incómoda, cada uno muy aferrado en su postura. Encantador tuvo que intervenir para que no digan cosas feas e hirientes, cosas de las que después uno puede llegar a arrepentirse porque simplemente las dice en la adrenalina del momento. Emma finalmente lo convenció para que le diera un día, si en ese día no encontraban a Aurora no haría nada para detenerlo si él se quería ir.
Y así pasaron todo el día buscando a Aurora, pero llegó la noche y todavía no habían encontrado ni una pista de ella. Emma estaba frustrada y preocupada. El día había sido agotador, primero por todo el tema de su pasado y sus padres, y después por todo lo que significaba que Aurora fuera abandonada. Emma no podía entender como Phillip estaba dispuesto a irse a su mundo sin ella. Ellos estaban casados, ellos eran amor verdadero, ellos eran el final feliz del otro. ¿Cómo Phillip iba a dejarla a ella sin su esposo y sin su hijo? ¿Cómo iba a hacer Aurora para recuperar su memoria y conseguir su final feliz sin ellos?
- ¿Qué te tiene tan perdida? – Preguntó Killian, alcanzándole una taza con chocolate caliente.
- Nada. – Respondió ella, aceptando la taza y haciendo hombros.
- Emma, si esto es respecto a tus padres y… - Comenzó él.
- No, no es eso. – Negó ella, interrumpiéndolo. – Es sólo que no entiendo como Phillip está dispuesto a dejar a su mujer en este mundo. – Admitió con cierta tristeza.
- Yo tampoco lo puedo entender. – Compartió él sus sentimientos. – Emma, yo jamás te abandonaría. – Aseguró, después de unos minutos de silencio.
- Lo sé. – Asistió ella, queriendo creer eso más que nada en el mundo. – Pero, hay algo que no entiendo. – Agregó pensativamente.
- ¿Qué? – Preguntó él.
- Que Phillip vea el portal a su mundo sin Aurora – Respondió ella.
- No lo sé, quizás tenga que ver con el trato que ellos hicieron, quizás eso lo deja tener la conciencia tranquila y le permite seguir adelante sin ella. – Dijo él intentando buscar una lógica a todo eso.
- Killian, vos me dijiste que soy tu final feliz. – Comentó ella, sintiéndose vulnerable ante lo que venía rondando en su cabeza.
- Lo eres. – Aseguró él con sinceridad y confianza.
- ¿Entonces por qué no puedes ver el portal? – Preguntó ella, su voz quebrándose ante la idea de tener que separarse o de lo que él sienta por ella no sea tan fuerte como para hacerlo volver a su mundo.
- Emma, yo jamás me voy a ir de este mundo sin vos. – Dijo él, invadiendo el espacio personal de ella y quitándole la taza de sus manos para dejarla sobre la mesa. – Tú eres mi final feliz, y eso significa que te vienes conmigo, o me quedo contigo. – Explicó con calma, a modo de promesa.
Había algo que él se estaba guardando, algo que estaba conteniendo, y a Emma no le gustaba eso. No tenía idea de que podía ser, pero a la vez se sentía tranquila de lo que él estaba prometiendo. Para él ella era su final feliz. Emma sabía y sentía que él estaba siendo sincero con eso. Y ella quería ser su final feliz, y quería que él fuera su final feliz. Ella quería creerle que iban a encontrar la forma de mantenerse juntos, sin importar en que mundo fuera. Descansó su frente contra la de él, y respiró hondo un par de veces para tratar de calmarse y aspirar su perfume.
- Bien. – Aceptó ella, rozando suavemente su nariz contra la de él.
Se besaron y el mundo se detuvo en aquel mágico roce de labios. Emma sintió como el amor que sentía por él salía expulsado libremente de su cuerpo. Y por primera vez en su vida sintió su magia adentro de todo su cuerpo, como si estaría despertando y reaccionando ante las sensaciones del amor que él generaba en ella. Después de otra fantástica y pasional sesión donde unieron sus cuerpos, Emma se refugió en sus brazos y dejo que el sueño se apodere de ella. Dormir en los brazos de Killian se sentía el lugar más perfecto del mundo, se sentía el lugar donde podía estar a salvo. Ella no quería, ni podía perder esa conexión que tenían entre ellos. Y así se quedo dormida, pensando que iban a tener que encontrar una forma de no tener que separarse.
Al otro día Phillip ya estaba dispuesto a regresar a su mundo junto a su hijo, pero por suerte su padre llamó antes de que él pudiera irse. Encantador y Blancanieves encontraron a Aurora en el Hospital donde él había estado internado. Aurora estaba en coma, al igual que Encantador en el momento que lo encontraron. Phillip besó a su mujer y ella despertó mágicamente gracias al amor verdadero que compartían.
- Phillip. – Dijo Aurora con una sonrisa, reconociéndolo.
- Hola amor. – La saludó Phillip, acariciándole suavemente las mejillas.
- ¿Qué haces acá? ¿Por qué no volviste a nuestro mundo? – Preguntó Aurora sorprendida.
- Porque unos amigos me recordaron que el amor es mi final feliz, y yo no podía irme sin ti. – Respondió él con sinceridad.
Phillip y Aurora se besaron, y luego se reencontraron con su hijo. Finalmente toda la familia estaba reunida, y así regresaron a su mundo de los Cuentos de Hadas. Emma sonrió, al final ellos habían logrado estar juntos y tener su final feliz, al final había valido la pena no perder la esperanza.
