Capitulo 16: Sobre creer en las hadas y perdonar mentiras
La estaban siguiendo. Lo sabía porque lo sentía en cada parte de su ser. Si había algo positivo que había aprendido de su pasado en el sistema de adopciones y su trabajo como agente de fianzas, era a estar siempre cuidándose la espalda para protegerse. Al tener miedo de que sea algún hombre de "La Sombra" decidió dirigirse hacia un lugar donde no fuera posible cruzarse con alguno de sus padres o con Killian, ya que no quería poner sus existencias en peligro. Aceleró el paso y se metió en un callejón. Cuando quien la perseguía alcanzó su lugar ella lo atrajo hacia dentro del callejón sosteniéndolo por los brazos y empujándolo contra la pared.
Observó a su acosador por unos largos segundos y suspiró aliviada al no encontrar ninguna insignia de "La Sombra" en él. Era un hombre morocho, de ojos celeste cielo y barba a medio crecer. Emma pudo verlo como un niño por un instante y no comprendió el sentido de eso.
- ¿Por qué me estás siguiendo? – Preguntó ella presionando fuertemente el cuello del otro para que no pueda escaparse.
- Porque sé quien eres. – Respondió él con sinceridad.
- ¿Eres de "La sombra"? – Preguntó ella, mirando para sus costados para ver si él había venido con algún compañero/a de apoyo.
- No, pero desafortunadamente me encuentro obligado a trabajar para ellos. – Contestó él, su voz sonando nerviosa. – Yo soy del mundo de "Los Cuentos de Hadas" y necesito que me ayudes a regresar, antes que ellos nos atrapen y que se me acabe el tiempo. – Explicó lo mejor que pudo.
- Ya es demasiado tarde. – Dijo ella apartándose de él.
Emma se alejó del extraño unos pasos y sacó su arma del cinturón de su jean lo más rápido que pudo para enfrentar a los tres hombres de "La Sombra" que acababan de aparecer. Ella nunca se había sentido partidaria de tener que usar esa fuerza mayor, pero contra aquellas personas intentaba que no le importase. Porque después de todo la mayoría de ellos no eran exactamente personas, ya que cuando ella les disparaba se volvían simplemente polvo como por arte de magia. ¿Era eso lo mismo que matarlos? La realidad es que no tenía la menor idea, pero prefería no cuestionárselo mucho porque sino se iba a volver más loca de lo que ya estaba. Al final el instinto de supervivencia era lo que tenía que ganar. Emma se encargó de dos de ellos, y su acosador de encargó del tercero. Una vez que se deshizo de aquellos dos que habían venido por ella, se volvió hacia su acosador quien estaba tirado en el piso.
- ¿Estás bien? – Preguntó ella extendiéndole la mano.
- Si. – Dijo él, aceptando la mano de ella para incorporarse.
- Debemos irnos. – Dijo ella mirando hacia fuera del callejón, en la esquina se podía ver a más hombres de "La sombra" venir hacia donde estaban ellos.
Empezó a andar en paso firme y rápido para escapar, pero de repente vio que su acosador se había quedado retrasado y eso la hizo sentir intranquila. ¿Por qué la estaba dejando ir? ¿Por qué no iba con ella? ¿Por qué había dicho que se le estaba acabando el tiempo? Y así, miles de por qué.
- ¡Apurate! – Exclamó ella volviéndose hacia él, teniendo que retroceder varios pasos para poder hacerlo.
- Vete, yo solo te retrasaré. – Indicó él, caminando rengo.
- ¿Estás herido? – Preguntó ella, notando la incomodidad del otro al caminar.
- No, es solo como te dije, no tengo tiempo. – Respondió él, y se levantó su pantalón para dejar ver su pierna. Sólo que en vez de haber una pierna humana de carne y hueso, había una pierna de madera.
- ¿Eres Pinocho? – Preguntó ella sorprendida, sacando conclusiones entre su pierna de madera y su aspecto a niño que antes había podido ver.
- Preferiría que me digas August. – Dijo él.
- Bien, hora de irnos August. – Dijo ella, pasando el brazo de él sobre los hombros de ella para ayudarlo a avanzar más rápido.
El camino hacia su auto amarillo fue duro, y en un par de ocasiones tuvieron que detenerse a disparar a algunos de los hombres de "La Sombra". Pero una vez que entraron al auto pudieron estar a salvo. Camino al departamento de sus padres August le contó su historia. Le contó como su padre Marco había deseado que él fuera un niño de verdad y su deseo fue concebido. Pero él había fallado a su padre, desde que él había muerto August no había llevado una vida digna y eso hizo que poco a poco se estuviera convirtiendo nuevamente en un títere de madera. También le explicó que la única razón por la que había aceptado trabajar para "La Sombra" en atraparla a ella, fue porque ellos le habían prometido magia para curarlo, magia que podía hacerlo humano por siempre.
- Entiendo. – Aceptó ella, una vez que él terminó su relato.
- No, no lo entiendes, ni deberías hacerlo. Tampoco tendrías que estar ayudándome, cuando casi logró hacer que te atrapen. – Protestó él, sintiéndose culpable.
- Sólo estabas intentando sobrevivir, yo puedo entender eso. – Aseguró ella, demostrándole que hablaba en serio. – Pero no creo que hayas elegido la mejor forma, aún si me habrían atrapado no creo que ellos te habrían dado su magia con buenas intenciones, seguro había una trampa. – Expresó lo que pensaba de todo eso.
- Tienes razón. – Asistió él, después de considerar lo que ella había dicho.
- Deberías perdonarte a ti mismo todos los errores, después de todo no hay nada más humano que cometer errores. – Aconsejó ella.
- Yo no tengo nada que perdonarme, no necesito esas cosas. – Dijo él, algo ofendido.
- No mientas. – Le recordó ella al notar como una de sus manos se convertía en madera. - No necesitamos la magia de ellos, lograremos enviarte a tu mundo cuando encontremos tu final feliz. – Dijo, explicando su plan.
- No creo que haya final feliz para mi, aún si vuelvo a mi mundo me convertiré en madera. – Dijo él, sintiéndose totalmente derrotado.
- Encontraremos la forma, por algo soy la salvadora. – Dijo ella intentando ser positiva. Ella nunca era así, pero estaba intentando aprender eso de sus padres.
Una vez que llegaron al departamento Emma presentó a August a sus padres y Killian, y juntos explicaron toda la situación. Pasaron todo el día y toda la noche intentado buscar una solución, pero no había nada. En un último intento de desesperación Emma intentó usar su magia, ya que no podía soportar como el cuerpo de August iba quedando repleto de madera. Pero su magia no funcionó, y él quedo hecho madera de vuelta. Sintiendo que había fallado, decidió ir a caminar y tomar aire. Lo hizo a solas porque necesitaba estar tranquila, necesitaba estar a solas con su mente. Aunque en realidad no había nada menos tranquilo que eso. Caminó por las calles del barrio de sus padres hasta llegar a una plaza. Se sentó en la fuente y observó la caída del agua un largo rato. En un momento vio a un niño tirar una moneda para pedir un deseo a la fuente y eso le dio una gran idea. El deseo de su cumpleaños se había cumplido, ella ya no estaba sola, tenía a sus padres y a Killian con ella. Así que quizás era hora de pedir un deseo, de pedir un deseo por alguien más.
Sacó una moneda de su bolsillo, cerró los ojos, y al lanzar la moneda a la fuente pidió su deseo: "Que August vuelva a ser un hombre".
- Ese fue un deseo muy interesante. – Dijo la voz de una mujer.
- Campanilla. – Dijo Emma abriendo los ojos y reconociendo a la extraña.
- Un gusto conocerte salvadora. – Dijo Campanilla sentándose a su lado.
- ¿Vas a cumplir mi deseo? – Preguntó Emma con curiosidad.
- No. – Negó Campanilla. - Porque este es el mundo sin magia. – Explicó al notar la decepción de la otra.
- Pero, aún así hay magia. – Discutió Emma. - ¿Sino como explicas la mía? – Cuestionó perpleja.
- Es verdad. – Asistió Campanilla. – La realidad es que hay magia en todos los mundos, solo que en algunos puede usarse y en otros no. En este mundo nadie cree en la magia, por eso no puede usarse. Pero la tuya es distinta porque eres producto del verdadero amor, y las personas de este mundo si creen en el amor, por eso tu magia puede funcionar. – Reveló el hada, su voz sonando como si estuviera repleta de sabiduría.
- ¿Por qué no puedo hacer que August sea un hombre entonces? – Preguntó Emma tristemente. Lo que Campanilla acababa de explicarle le sirvió para entender muchas cosas, pero a la vez la hizo sentir decepcionada con ella misma por no poder ser capaz de controlar su magia.
- Porque August fue convertido en persona por un Hada, y esa misma Hada fue quien le puso el castigo de que ante sus errores iba a convertirse nuevamente en madera. Sólo un Hada puede reactivar la magia de otra Hada. – Contestó Campanilla.
Emma pensó un largo rato todo lo que Campanilla acababa de revelarle, y de repente se le ocurrió una gran idea. Campanilla era un Hada, así que ella podía volver a hacer de August un humano. Entonces, quizás la clave estaba en empezar por creer en Las Hadas.
- Eres un Hada, o sea puedes salvarlo. – Dijo Emma volviéndose hacia Campanilla. – Haremos que las personas crean en las Hadas… - Empezó a explicar su idea.
- Aún si lo lográramos no es posible, yo he perdido mis alas. – La interrumpió Campanilla, sintiéndose avergonzada.
- ¿Qué significa eso? – Preguntó Emma sin comprender a lo que se refería el Hada.
- Que no he seguido las reglas de la magia de las Hadas y las personas dejaron de creer en mí, incluso yo misma lo hice. – Respondió melancólicamente el Hada. – Ya es tarde. – Dijo sacudiendo su cabeza, como en señal de querer acomodar sus ideas.
- Nunca es tarde. – La contradijo Emma.
- Pero, yo me enamoré y eso no está bien, eso no se puede. Es mi castigo. – Dijo Campanilla, reprochándose a si misma sus faltas.
- No estoy de acuerdo con eso, todos tenemos derecho a enamorarnos y a amar. – Dijo Emma con convicción. – Yo creo en vos, ahora solo queda que vos creas en mí. ¿Crees? – Pidió saber ofreciéndole su mano a modo de pacto.
- Creo. – Aceptó Campanilla, y después de pensarlo por unos interminables segundos se aferró a la mano de la otra.
Y así se pusieron en campaña en lograr que el mundo sin magia crea en las Hadas. Sus padres, Killian, Campanilla y ella invadieron todo espacio público con niños, y relataron historias de Hadas. Contaron la historia del Hada caída, la historia del Hada que solo podía volver a ser Hada si las personas creían en ella. La contaron en escuelas, hospitales, plazas y teatros. La contaron tantas veces y a tantas personas, que de a poco los niños y niñas empezaron a creer en las Hadas nuevamente.
- Bien, creo que ya tengo la magia suficiente como para devolverle la vida. – Dijo Campanilla, comprobando que su magia funcionara.
- ¿Pero? – Preguntó Emma presintiendo que todavía quedaba algo inconcluso.
- Yo puedo devolverle su vida como humano, pero no puedo romper el hechizo de que ante sus errores se vuelve a transformar en madera. – Explicó Campanilla.
- ¿Y cómo podemos hacer para romper ese hechizo? – Preguntó Encantador preocupada.
- Solo el Hada Azul puede romperlo porque ella fue quien lo hizo. – Contestó Campanilla.
- No es justo, tiene que haber otra manera. – Se quejo Blancanieves ante las inconsistencias de la magia.
- Nosotros ya encontraremos la forma de solucionarlo, pero mientras tanto conformémonos con que vuelva a ser humano. – Dijo Killian, logrando tranquilizar a todos.
Campanilla se colocó al lado de la cama donde August estaba acostado, extendió sus manos arriba del cuerpo de él y cerró los ojos para concentrarse en su magia. Estaba por comenzar el proceso, cuando hubo una interrupción.
- Espera. – Pidió Killian frenando al Hada. – Tengo una idea. – Dijo a modo de explicación cuando todos lo miraron ofendidos por la interrupción.
- ¿Qué idea? – Preguntó el Hada.
- Amor. – Dijo él volviéndose hacia Emma. – Eres la salvadora y tienes la magia más pura del mundo, estoy segura de que tu magia puede romper el hechizo. – Dejo saber lo que creía con todo su ser.
- Yo no… - Comenzó a decir Emma sintiéndose insegura.
- No hay nada que no puedas hacer que no quieras Emma, eres magnífica. – Aseguró él dándole su voto de confianza como siempre hacia.
- Es buena idea intentarlo. Mi magia puede volverlo humano y la tuya romper el hechizo. – Intervino Campanilla, coincidiendo con Killian. – Yo creo en nosotras. – Agregó, dándole la misma confianza que Emma antes le había dado a ella.
- Yo también creo. – Aceptó Emma, ubicándose del otro lado de la cama de August. – Aparte no se pierde nada intentándolo. – Sumó.
Y el intento valió la pena, porque ambas magias funcionaron. August volvió a ser un hombre, y una vez en ese estado pudo confirmar que la magia de Emma también había funcionado. Él siempre había vivido con una presión en el pecho, sintiendo el peso del hechizo, pero ahora ya no lo sentía. Emma sonrió feliz ante la superación de esos hechos.
- Emma, antes de irme me gustaría decirte algo sobre Peter Pan. – Dijo Campanilla.
- Él fue de quien te enamoraste, ya lo sé. – Dijo Emma, presintiendo lo que relacionaba al Hada con aquel Demonio.
- Eres perceptiva. – Dijo Campanilla con una sonrisa. – Quizás sea porque ya conoces lo que es el amor gracias a un pirata. – Comentó de muy buen humor, dirigiendo una pequeña mirada a Killian que las miraba desde lejos.
- Quizás. – Dijo Emma sonrojándose.
- Pero hay más que te quiero decir. – Dijo Campilla, retomando la conversación y poniéndose seria. – Si quieren derrotar a Pan deben saber que primero deben matar a su sombra. – Confesó el gran secreto que sabía.
- ¿Cómo se mata a una sombra? – Preguntó Emma, sintiéndose abrumada y agotada ante todo lo que tenía que ver con Pan.
- Supongo que con lo que se mata a toda sombra, con luz. – Dedujo Campanilla pensativamente.
- ¿Y a él? ¿No es inmortal? – Cuestionó Emma.
- La sombra es el primer paso, el resto sé que hay un arma de la que él siempre tuvo miedo pero nunca me reveló su nombre. – Respondió Campanilla con sinceridad.
- No entiendo porque me dices todo esto cuando lo amabas. – Comentó Emma intentando terminar de comprender al Hada. Campanilla había resultado ser distinta a toda idea de Hada que Emma había tenido en su vida, y ese distinta había sido en el buen sentido.
- El destruyó mi corazón, y si alguien te ama de verdad no destruye tu corazón. – Justificó Campanilla.
Y la Hada una vez más la sorprendió. Emma podía entender perfectamente su actuar, después de todo eso mismo ella había vivido con Neal. Él había roto su corazón, él no la había amado como había dicho que lo hacía. El amor creado en base a mentiras tarde o temprano se terminaba destruyendo, desvaneciendo. Y si ella y Neal estarían en el lugar de Campanilla y Pan, Emma estaba segura que habría elegido lo mismo que la Hada... Hay verdades que no se pueden callar.
