Capítulo 17: Dragones
Emma estaba felizmente refugiada en los brazos de Killian. Le gustaba esos momentos tranquilos que juntos compartían después de cada pasional sesión donde intentaban demostrarse todo lo que sentían con sus cuerpos. Le gustaba recorrer su cuerpo y examinar cada cicatriz, le gustaba escuchar las historias que había detrás de cada una. Pero esa noche se encontró curiosa por otra cosa, por su tatuaje. Hace tiempo que quería preguntarle por eso, y sentía que finalmente estaba lista para hacerlo. Y si él no quería lo respetaría, y le daría su tiempo.
- Cuéntame sobre Milah. – Pidió ella, acariciando suavemente el tatuaje que él tenía en su brazo.
- Ella era morocha y tenía ojos verdes. – La describió él.
- ¿Verdes como los míos? – Preguntó ella, ya que él se había quedado callado, perdido en sus pensamientos.
- No, los de ella eran más oscuros. – Respondió él. – Tenía un espíritu libre y valiente, siempre estaba lista para la siguiente aventura. – Agregó con una sonrisa.
- Seguro era una gran pirata entonces. – Comentó ella intentando imaginarla.
- De hecho no, nunca pudo aprender bien a usar una espada, no tenía paciencia para esas cosas. – Dijo él riendo. – Le gustaba mucho dibujar, se pasaba horas en la cubierta dibujando los amaneceres y atardeceres sobre el mar, y los distintos puertos que visitamos. – Relató.
- ¿La amabas? – Preguntó ella, aunque ya sabía la respuesta quería escucharla de su parte.
- Si, mucho. – Asistió él. – Aunque no me di cuenta hasta el momento que Rumpelstiltskin vino a enfrentarnos, siempre me quede con la culpa de no habérselo podido decir. – Confesó con un profundo dolor.
- Estoy segura que ella lo sabía. – Le aseguró ella acariciándole la mejilla para contenerlo un poco.
A ella le gustaba pensar que él podía demostrar lo que sentía con las acciones, igual que ella. Él le demostraba que la amaba con todo lo que hacía por ella. Y ella esperaba poder demostrarle lo mismo a él con todo lo que hacía. Todavía no habían intercambiado las palabras "te amo" en voz alta, pero sorprendentemente eso no la ponía nerviosa. Lo que había entre ellos era especial, y cuando fuera el momento indicado ya iban a poder expresarlo con palabras. Por ahora bastaba con los besos, las caricias, las uniones de sus manos en cualquier momento, los entendimientos con una simple mirada…
Al otro día, fueron a almorzar al Bosque Encantado con sus padres. Por suerte ya habían finalizado las tensiones que habían surgido entre ellos cuando tuvieron el encuentro con Philip. Emma todavía no compartía la decisión que sus padres habían tomado cuando la enviaron a ese mundo para salvar a todos, pero estaba empezando a aceptarlo y soltarlo. Ellos eran héroes y tenían otra lógica en esos pensamientos, una lógica mágica llena de esperanza que en el mundo en que ella creció sola no era así. Ella no quería que eso del pasado definiera su relación, ella quería dejarse amar y amarlos, quería que formaran esa familia que por tanto tiempo todos ellos habían estado deseando.
Pero el almuerzo se vio interrumpido cuando Emma pudo ver algo a través de la ventana que le llamó la atención. Emma salió del restaurante sin dar ninguna explicación, y se paró en la vereda a ver el edificio de en frente. Había un dragón en la terraza.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué te fuiste así? – Cuestionó Encantador ubicándose al lado de su hija.
- ¿Estás bien? – Sumó Killian preocupado.
- Si, estoy bien. – Asistió Emma reaccionado. - ¿Es eso un dragón? – Preguntó, señalando a la criatura.
- Si, lo es. – Respondió Blancanieves mirando asombrada al dragón.
- La única persona que puede hacerse dragón es Maléfica y es una mujer muy peligrosa. – Comentó Encantador, recordando las historias que Philip y Aurora le habían contado.
- Peligrosa o no hay que hacer algo, "La sombra" la va encontrar enseguida si sigue en su forma de dragón. – Dijo Emma haciéndose camino hacia el edificio.
- No, Emma es peligroso, ella puede lastimarte. – Dijo Blancanieves deteniéndola.
- Es una villana. – Agregó Encantador.
- ¿No pensaron que quizás tal vez no puede controlar sus poderes? – Preguntó Emma pensativamente. - ¿Les parezco peligrosa por todavía no saber usar mi magia? ¿O les parece peligrosa Ruby cuando no tiene su capa y se vuelve un lobo? – Continuó cuestionando para hacerlos razonar.
- No eres peligrosa, y Ruby tampoco. – Aseguró Encantador con convicción.
- Entonces Maléfica quizás tampoco lo sea, capaz sea que todavía no sabe controlar sus poderes. Y yo tengo que intentar ayudarla, soy la salvadora. – Expresó lo que pensaba y sentía. - Confíen en mí – Pidió, deseando con toda su alma lo que había deseado toda su vida, tener padres que la acepten y confíen en ella tal cual era.
- Confiamos. – Aprobaron Encantador y Blancanieves a la vez, después de intercambiar una conversación con sus miradas.
Emma subió a la terraza del edificio. Al ver la criatura tan de cerca sintió cierto terror, era mucho más grande e increíble de lo que había imaginado. Jamás había creído que los dragones existieran, y sin embargo estaba a punto de enfrentarse a uno. Respiró profundo un par de veces para tomar coraje y emprendió camino hacia el dragón a paso lento.
- Soy Emma, la salvadora. – Se presentó ella, cuando notó que el dragón la había percibido. – Estoy aquí para ayudarte. Necesitamos que puedas volver a ser humana para que los hombres de "La sombra" no puedan encontrarte. – Explicó con calma y seguridad. – Sé que es difícil controlar estos poderos, a mi me resulta muy difícil controlar los míos, así que no me quiero imaginar lo complicado que debe ser convertirse en dragón. – Dejó salir en voz alta sus pensamientos. – Pero tienes que intentarlo así puedo ayudarte, tienes que volver a tu forma humana. – Pidió con amabilidad.
Al notar que el dragón parecía no tener intenciones de atacarla, se acercó hacia ella y comenzó a acariciarla. Cuando el dragón entró en confianza, magia empezó a salir entre ellas dos. La magia de Emma y la del dragón se mezclaron, hasta que el dragón volvió a su forma humana.
- Eso fue increíble. – Dijo Emma maravillada ante la situación.
- Gracias por ayudarme. – Agradeció la mujer. Era alta, flaca y tenía el cabello color castaño oscuro. – La verdad es que es muy difícil controlar mis poderes, todavía ni siquiera lo logré por completo en mi mundo, así que imagínate. – Explicó a la vez que se quejaba.
- No eres Maléfica. – Dijo Blancanieves uniéndose a la conversación. Una vez que el dragón había vuelto a su estado de mujer, todos fueron al encuentro.
- Soy Lily, la hija de Maléfica. – Se presentó la mujer. – Tú eres Emma. – Dijo señalando a la que se había presentado y la había ayudado. - ¿Y ellos? – Preguntó.
- Mis padres, Encatador y Blancanieves. – Los presentó Emma. – Y él es mi novio. – Dijo Emma señalando a Killian.
- Capitán Killian Jones. – Agregó Killian.
- Garfio. – Dijo Lily reconociéndole al ver su garfio.
- Exacto. – Asistió Killian.
- ¿Quién diría qué un pirata y una princesa iban a ser novios? – Preguntó Lily curiosa.
- ¿Y quién diría que iba a haber un dragón en una terraza en medio de la ciudad de Bostón? – Preguntó Emma, imitándola. – Mejor salgamos de aquí antes que nos encuentre alguno de los hombres de Pan. – Agregó, empezando a planear como seguir con todo eso.
Llevaron a Lily al departamento de sus padres, le dieron de comer, le dejaron bañarse y cambiarse con ropa limpia. Después comenzaron a buscar a Maléfica, ya que según Lily su final feliz era encontrar a su madre. Todo lo que Lily había tenido en su vida era a su madre, ella era su única familia.
Después de un par de días encontraron la primera pista, pero como estaba relacionada con los hombres de Pan Emma convenció a todos de que era mejor que solo fueran Lily y ella. Fueron a unas oficinas abandonadas en un edificio, y aunque no encontraron allí a Maléfica si encontraron mucha información sobre dragones.
- Tenías razón, nos están buscando. – Dijo Lily frustrada, encontrando papeles y más papeles que tenían información sobre dragones.
- Están buscando a todas las criaturas mágicas, porque Pan quiere y necesita magia. – Aclaró Emma.
- Eso no está bien. – Dijo Lily sacudiendo su cabeza. - ¿Y si encontraron a mi mamá? ¿Y si ella ya no existe como me contaste de Walsh y Graham? – Cuestionó comenzando a entrar en estado de pánico.
- Ella sigue existiendo porque está en el libro. – Respondió Emma, intentando calmarla con los hechos. – Hay que seguir intentando, hay que encontrarla antes que ellos lo hagan. – Dijo tratando ser positiva.
Pero todo pensamiento positivo quedo olvidado cuando un par de hombres de "La sombra" las encontraron. Corrieron por todo el edificio, hasta que Emma la convenció a Lily para que escapara. Lily tomó el ascensor y Emma distrajo a los hombres de "La sombra", haciendo que la persigan por las escaleras. A ella no podían hacerla dejar de existir porque su magia la protegía, así que de última podía soportar un par de golpes o heridas. Y de última si la lastimaban como para llegar a morir... bueno, morir no era lo mismo que dejar de existir.
Emma subió las escaleras lo más rápido que pudo, evitando que la alcancen. Cuando no hubo más pisos para seguir subiendo, empezó a recorrer los pasillos en busca de otra salida, hasta que llegó a la terraza. Eso había sido un error, ahí si estaba atrapada. Agarró su pistola y usó las dos balas que le quedaban para deshacerse de dos hombres que quedaron transformados en polvo. Pero todavía quedaban cinco hombres más y no tenía escapatoria. Intentó usar su magia, pero el terror de la situación hizo que no funcionara. Así que corrió hacia el borde y miró el edificio de al lado. Solo tenía segundos para decidir que hacer. ¿Enfrentar a esos cinco hombres sabiendo que probablemente iba a perder o intentar saltar para llegar al edificio de al lado? Ella no sabía volar, no tenía esa clase de poder. Pero quizás su poder podía darle confianza como para transportarse telepáticamente o algo de eso. Cuando los hombres estuvieron a punto de alcanzarla, tomó carrera y saltó.
Estaba cayendo, ese era el fin, iba a morir cuando cayera a la tierra tras el fuerte impacto. Pero el impacto nunca llegó, algo la sostuvo. Un dragón. Emma pudo notar en seguida que ese dragón no era Lily, lo que probablemente significaba que era Maléfica. El dragón voló alto en el cielo con ella cargada en su espalda, y lanzó fuego hacia los hombres sombras haciendo que todas ellas desaparezcan. Luego descendió sobre la terraza. Cuando Emma volvió a estar con sus pies sobre el cemento, el dragón volvió a su forma humana.
- Gracias por salvarme. – Agradeció Emma volviéndose hacia la mujer.
- Gracias a vos, por salvar a mi hija y a mí. – Dijo Maléfica, devolviendo el agradecimiento.
- Yo no te salvé. – Negó Emma confundida.
- Si, lo hiciste. – Discutió Maléfica. – Yo estaba atrapada en este edificio. Mi hija me encontró luego de que tú distrajiste a esos hombres para que ella se pudiera escapar. – Explicó la situación.
- Mamá. – Dijo Lily corriendo hacia ella y dándole un abrazo. - ¿Están bien? – Preguntó.
- Más que bien, ese vuelo fue lo más fantástico que viví en mi vida. – Apreció Emma entusiasmada.
- Si, mamá es increíble, ella si ya puede controlar sus poderes por eso pudo hacer todo eso. – Dijo Lily orgullosa, admirando a su madre.
- Y algún día tú también lo harás cariño. – Aseguró Maléfica.
- ¿Es ese el portal? – Preguntó Lily señalando hacia un espacio.
- Sólo ustedes pueden verlo. – Respondió Emma.
- Lo es. – Asistió Maléfica.
- Gracias por ayudarnos. – Agradeció Lily.
- Por cierto, quizás te sirva esta información. – Dijo Maléfica volviéndose hacia Emma antes de entrar al portal. - ¿Sabes qué Pan es inmortal? – Preguntó.
- Si. – Asistió Emma.
- Hay un poderoso hechicero que tiene la clave para derrotarlo, se llama Merlín. – Informó Maléfica.
- ¿Y cómo puedo encontrarlo? – Preguntó Emma.
- No lo encuentras, él te encuentra a ti, tiene el poder de aparecer cuando se lo necesita. – Explicó y luego desapareció a través del portal.
Después de pensar un rato en todo eso, Emma se fue para el Jolly Roger. Después de ese enfrentamiento ante los hombres de "La sombra" y la nueva información, se sentía agotada como para seguir haciendo su trabajo de salvadora. Cenó con Killian, y luego dejo que él le haga masajes en la espalda mientras descansaban.
- ¿Y vos? ¿Me contarías sobre tu primer amor? – Pidió él, interrumpiendo los pensamientos de ella.
- Se llamaba Neal. – Contestó ella, después de tomarse un largo rato para tomar fuerzas para poder hablar de eso. – Lo conocí cuando salí del sistema de adopciones. Él tampoco tenía familia y era más grande que yo, y algo en su forma de ser me hizo sentir protegida y amada. – Relató con cierta melancolía.
- ¿Él rompió tu corazón? – Preguntó él, después de un rato de absoluto silencio.
- Si, él me traicionó, me abandonó, y… - Dijo ella, su voz quebrándose al recordar todo.
- No es necesario que hablemos de ello. – Dijo él, dándole un par de besos reconfortantes en la espalda.
- Él era un ladrón, y como buen ladrón me tendió una trampa. – Continuó ella dejando caer las lágrimas que tenía acumuladas en sus ojos. – Fui a prisión por un crimen que él cometió, y a él nunca lo encontraron, ni siquiera lo encontré yo una vez que salí de cumplir la condena. – Liberó ella el dolor que había guardado por tanto tiempo y nunca había compartido con nadie.
- Si algún día lo encuentro lo haré probar mi garfio. – Dijo él sintiendo furia ante ese hombre por todo el mal que había causado a ella.
- Mejor que no lo encontremos. – Dijo ella, su corazón dando un salto de alegría ante como él la defendía y quería protegerla.
- Yo jamás te haría algo así. – Prometió él, secándole las lagrimas suavemente.
- Lo sé. – Asistió ella y hundió su cabeza en el pecho de él.
Se refugió en los brazos de él, y dejó que la calme y consuele como siempre hacía. Él la hacia sentir a salvo, la hacía sentir amada. Él la amaba y ella también lo amaba. Ambos probablemente lo sabían, pero todavía no era el momento para decirlo. Emma se prometió a si misma que algún día iba a estar lista para decírselo con palabras. Pero por el momento, se aferró a él en un abrazo fuerte, y dejó que el sueño la invada lentamente.
